Chronicles of Chicora Wood

Chapter 2

Chapter 21,601 wordsPublic domain

RUDECINDA: Pero primero me vas a entregar lo que me pertenece; mi parte de la herencia...

ZOILO: Pediselá a tu amigo el diablo, que se la llevó con todo lo mío.

RUDECINDA: [Espantada.] ¿Cómo?

ZOILO: ¡Llevándosela!

RUDECINDA: ¡Ah! ¡Madre! ¡Ya lo maliciaba! ¿Conque me has fundido también? ¿Conque me has tirado mis pesitos? ¿Conque me quedo en la calle? ¡Ah!... ¡Canalla! ¡Sinvergüenza! La...

ZOILO: [Imponente.] ¡Phss! ¡Cuidado con la boca!

RUDECINDA: ¡Canalla! ¡Canalla! ¡Ladrón!

ZOILO: ¡Rudecinda!

RUDECINDA: ¡No te tengo miedo! Te lo viá decir mil y cincuenta veces... ¡Canalla! ¡Cuatrero! ¡Cuatrero!

ZOILO: [Hace un ademán de ira, pero se detiene.] ¡Pero hermana! ¡Hermana!... ¿Es posible?

RUDECINDA: [Echándose a llorar.] Madre de mi alma, que me han dejado en la calle... me han dejado en la calle... Mi hermano me ha robao... [Se va por el foro llorando a gritos. ZOILO, abrumado, hace mutis lentamente por la primera puerta de la izquierda.]

Escena XV Prudencia y Juan Luis

[Después de una breve pausa, aparece PRUDENCIA. Mira cautelosamente en todas direcciones, y no viendo a nadie corre hacia la derecha, deteniéndose sorprendida junto al portón.]

PRUDENCIA: [Ademán de huir.] ¡Ah!

JUAN LUIS: Buenas tardes. ¡No se vaya! ¿Cómo está? [Tendiéndole la mano.]

PRUDENCIA: [Muy avergonzada.] ¡Ay, Jesús!... ¡Cómo me encuentra!...

JUAN LUIS: [Reteniendo la mano, después de cerciorarse de que están solos.] ¡Encantadora te encuentro, monísima, mi vidita!

PRUDENCIA: [Apartándose.] ¡No... no!... Déjeme... Váyase... ¡Tata está ahí!

JUAN LUIS: [Goloso, avanzando.] ¡Y qué tiene! ¡Dormirá! ¡Vení, prenda!

PRUDENCIA: [Compungida.] No... váyase, sabe todo. Está furioso.

JUAN LUIS: ¡Oh! Ya lo amansaremos. ¿Recibiste mi carta?

PRUDENCIA: Sí. [Después de mirar a todos lados, con fingido enojo.] Usté es un atrevido y un zafao, ¿sabe?

JUAN LUIS: ¿Aceptás? ¿Sí? ¿Irás a casa de Martiniana?

PRUDENCIA: Este... Jesús, siento ruido. [Huyendo hacia el foro.] ¡Tata! ¡Lo buscan! [Mutis por segunda izquierda.]

JUAN LUIS: ¡Arisca la china! [Se pasea.]

Escena XVI Zoilo y Juan Luis

ZOILO: ¿Quién me busca? ¡Ah!

JUAN LUIS: [Confianzudo.] ¿Qué tal, viejo amigo? ¿Cómo le va? ¿Está bueno? Le habré interrumpido la siesta, ¿no?

ZOILO: Bien, gracias; tome asiento. [Pronto aparecen en cada una de las puertas PRUDENCIA, RUDECINDA y DOLORES; curiosean inquietas un instante y se van.]

JUAN LUIS: No; traigo un amigo y no sé si usted tendrá gusto en recibirlo.

ZOILO: No ha de ser muy chúcaro cuando no le han ladrao los perros.

JUAN LUIS: Es una buena persona.

ZOILO: Ya caigo. El capitán Butiérrez, ¿no? [Se rasca la cabeza con rabia.] ¡Ta güeno!...

JUAN LUIS: Y me he propuesto que se den un abrazo. Dos buenos criollos como ustedes no pueden vivir así, enojados. De parte de Butiérrez, ni qué hablar...

ZOILO: [Muy irónico.] ¡Claro! ¡Ni qué hablar! Mande no más, amigazo. ¡Usted es muy dueño! Vaya y digalé a ese buen mozo que se apee... Yo voy a sujetar los perros.

JUAN LUIS: [A voces desde la verja.] ¡Acérquese no más, comisario! Ya está pactado el armisticio. [Va a su encuentro.]

Escena XVII Los mismos y Gutiérrez

JUAN LUIS: [Aparatoso; empujando a Gutiérrez.] Ahí lo tiene al amigo don Zoilo, olvidado por completo de las antiguas diferencias... [Hierático.] Pax vobis .

Gutiérrez: [Extendiendo los brazos.] ¡Cuánto me alegro! ¿Cómo te va, Zoilo?

ZOILO: [Empacado, ofreciéndole la mano.] Güen día...

Gutiérrez: [Cortado.] ¿Tu familia, buena? [Pausa.]

ZOILO: Tomen asiento.

JUAN LUIS: Eso es... [Ocupando el sillón.] ¡Siéntese por acá, comisario! [Señala una silla.] Tiempo lindo, ¿verdad? Don Zoilo, ¿usté no se sienta? Arrime un banco, pues... [ZOILO se sienta.] Las muchachas estarán de tarea seguramente. Hemos venido a interrumpirlas... Seguro que han ido a arreglarse. Dígales que por nosotros no se preocupen. ¡Pueden salir así no más, que siempre están bien! [Pausa embarazosa.]

Gutiérrez: [Por decir algo.] ¡Qué embromar! ¡Qué embromar con las cosas!

JUAN LUIS: ¿Con qué cosas?

Gutiérrez: Ninguna. Decía por decir no más. Es costumbre.

Escena XVIII Los mismos y Rudecinda

RUDECINDA: [Un tanto transformada y hablando con relativa exageración.] ¡Ay!... ¡Cuánto bueno tenemos por acá!... ¿Cómo está, Butiérrez? ¿Qué milagro es éste, don Juan Luis? Vean en qué figura me agarran.

JUAN LUIS: Usted siempre está buena moza.

RUDECINDA: ¡Ave María! No se burle.

GUTIERREZ: [Ofreciéndole su silla.] Tome asiento.

RUDECINDA: ¡No faltaba más! Usté está bien; no, no, no. Ya me van a traer. [A voces.] ¡Robusta, sacá unas sillas! ¿Y qué tal? ¿Qué buena noticia nos traen? ¿Qué se cuenta por ahí? Ya me han dicho que usté, Butiérrez...

ZOILO: ¡Rudecinda! Vaya a ver qué quiere Dolores.

RUDECINDA: No; no ha llamado.

ZOILO: [Alzándose.] ¡Va... ya a ver... qué... quiere... Dolores!

RUDECINDA: [Vacilante.] Este... [Después de mirar a ZOILO.] Con permiso. [Vase.]

Escena XIX Los mismos, menos Rudecinda

JUAN LUIS: ¡Qué muchacha de buen genio esta Rudecinda! ¡Siempre alegre y conversadora... ¿Y no tenemos un matecito, viejo Zoilo? Lo encuentro medio serio. Seguro que no ha dormido siesta. Mi padre es así; cuando no sestea, anda que parece alunao.

GUTIERREZ: [Cambiando de postura.] ¡Qué embromar con las cosas!

Escena XX Los mismos y Prudencia

PRUDENCIA: [Con mucha cortedad.] ¡Buenas tardes!

JUAN LUIS: [Yendo a su encuentro.] ¡Viva!... ¡Salió el sol! ¡Señorita!

PRUDENCIA: Bien, ¿y usté?

GUTIERREZ: ¡Señorita Prudencia! ¡Qué moza!

PRUDENCIA: Bien, ¿y usté? Tomen asiento. Estén con comodidad.

JUAN LUIS: Gracias; siempre tan interesante, Prudencita. Linda raza, amigo don Zoilo.

ZOILO: Che, Prudencia. Andá, que te llama Rudecinda.

PRUDENCIA: ¿A mí? ¡No he oído!

ZOILO: He dicho que te llama Rudecinda.

PRUDENCIA: [Atemorizada, yéndose.] ¡Voy! Con licencia. [Vase.]

Escena XXI

Los mismos, menos Prudencia

JUAN LUIS: Pues yo no he oído.

ZOILO: [Alterado.] ¡Pero yo sí, canejo! ¿Me entiende?

JUAN LUIS: Bueno, viejo. Tendrá razón; no es para tanto.

GUTIERREZ: ¡Hum!... Qué embromar... Qué embromar con las cosas...

ZOILO: Ta bien. Dispense. [Aproximando su banco a JUAN LUIS.] Diga... ¿Tendría mucho que hacer aura?

JUAN LUIS: ¿Yo?

ZOILO: El mismo.

JUAN LUIS: ¡No! Pero no me explico...

ZOILO: Tenía que decirle dos palabritas.

JUAN LUIS: A sus órdenes, viejo. Ya sabe que siempre...

GUTIERREZ: [Alzándose.] Andate pa tu casa, Pedro, que paece que t'echan.

ZOILO: Quedate no más. Siempre es güeno que la autoridad oiga también algunas cosas... Este, pues. Como le iba diciendo. Usté sabe que esta casa y este campo fueron míos; que los heredé de mi padre, y que habían sido de mis agüelos... ¿no? Que todas las vaquitas y ovejitas existentes en el campo, el pan de mis hijos, las crié yo a juerza de trabajo y de sudores, ¿no es eso? Bien saben todos que, con mi familia, jue creciendo mi haber, a pesar de que la mala suerte, como la sombra al árbol, siempre me acompañó.

JUAN LUIS: No sé a qué viene eso, francamente.

ZOILO: Un día... déjeme hablar. Un día se les antojó a ustedes que el campo no era mío, sino de ustedes; me metieron ese pleito de reivindicación; yo me defendí; las cosas se enredaron como herencia de brasilero, y cuando quise acordar amanecí sin campo, ni vacas, ni ovejas, ni techo para amparar a los míos.

JUAN LUIS: Pero usted bien sabe que la razón estaba de nuestra parte.

ZOILO: Taría cuando los jueces lo dijeron, pero yo dispués no supe hacer saber otras razones que yo tenía.

JUAN LUIS: Usted se defendió muy bien, sin embargo.

ZOILO: [Alzándose terrible.] No, no me defendí bien; no supe cumplir con mi deber. ¿Sabe lo que debí hacer, sabe lo que debí hacer? Buscar a su padre, a los jueces, a los letrados; juntarlos a todos ustedes, ladrones, y coserles las tripas a puñaladas, ¡pa escarmiento de bandoleros y saltiadores! ¡Eso debí hacer! ¡Eso debí hacer! ¡Coserlos a puñaladas!

JUAN LUIS: [Confuso.] ¡Caramba, don Zoilo! ¡Por favor!

GUTIERREZ: [Interviniendo.] ¡Hombre, Zoilo! ¡Calmáte! ¡Respetá un poco, que estoy yo acá!

ZOILO: [Serenándose.] ¡Toy calmao! ¡Ladiáte de ahí!... ¡Eso debí hacer! ¡Eso! [Sentándose.] No lo hice porque soy un hombre muy manso de sí, y por consideración a los míos. Sin embargo...

JUAN LUIS: Repito, señor, que no acabo de explicarme los motivos de su actitud. Por otra parte, ¿no nos hemos portado con bastante generosidad? ¡Lo hemos dejado seguir viviendo en la estancia! ¡Nos disponemos a ocuparlo bien para que pueda acabar tranquilamente sus días.

ZOILO: [Irguiéndose.] ¡Cállese la boca, mocoso!... ¡Linda generosidad! ¡Bellacos!

JUAN LUIS: [Poniéndose de pie.] ¡Señor!...

ZOILO: ¡Linda generosidad! Pa quitarnos lo único que nos quedaba, la vergüenza y la honra, es que nos han dejado aquí... ¡Saltiadores! ¡Parece mentira que haiga cristianos tan desalmaos!... ¡No les basta dejar en la mitad del campo al pobre paisano viejo, a que se gane la vida cuando ya ni fuerzas tiene, sino que entoavía pensaban servirse de él y su familia para desaguachar cuanta mala costumbre han aprendido! ¡Ya podés ir tocando de aquí, bandido! Mañana esta casa será tuya... ¡Pero lo que aura hay adentro es bien mío! ¡Y este pleito yo lo fallo! ¡Juera de aquí!

JUAN LUIS: ¡Pero, señor!

ZOILO: [Agarrando el talero.] ¡Juera he dicho!

JUAN LUIS: Está bien... [Se va lentamente.]

ZOILO: [A Gutiérrez, que intenta seguirlo.] Y en cuanto a vos, entrá si querés a sacar tu prenda. ¡Pasá no más, no tengás miedo!

GUTIÉRREZ: Yo...

ZOILO: ¡Ah!... ¡No querés! Bueno, tocá también. Y cuidadito con ponérteme por delante otra vez. [Gutiérrez mutis.] ¡Herejes! ¡Saltiadores! ¡Saltiadores! [Los sigue un momento con la vista, balbuceando frases incomprensibles. Después recorre con una mirada las cosas que le rodean, avanza unos pasos y se deja caer abrumado en el sillón.] ¡Señor! ¡Señor! ¡Qué le habré hecho a la suerte pa que me trate así!... ¡Qué, qué le habré hecho! [Deja caer la cabeza sobre las rodillas.]

Categoría:Subpáginas