Artigas en el nacimiento de la Liga Federal

Chapter 2

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Resultaron en esta elección representantes del pueblo de Corrientes, Don Juan Francisco Cabral y don Ángel Mariano Vedoya por la Capital. Por San Roque el propio Artigas, cuya situación en este caso hace recordar a la del General Miranda elegido diputado por la aldehuela de Pao para el Congreso que proclamó en 1811 la Independencia de Venezuela. Por Riachuelo fue designado el Teniente Serapio Rodríguez. Don Juan B. Fernández por Itatí y por Esquina, don Bartolomé Lescano, a quien sustituyó ulteriormente don Sebastián Almirón. Respecto a la representación propiamente entrerriana, nada hemos logrado averiguar hasta el momento, lo que por razones obvias deploramos y como, sin asegurarlo, creemos que nada se ha publicado aún, nos permitimos aprovechar la ocasión para pedir a los distinguidos colegas presentes, que agoten en lo posible la investigación de este particular en las fuentes documentales que tengan a mano a objeto de que se colme el vacío señalado, doblemente penoso por ser un vacío histórico y porque precisamente se sitúa en la ilustre tierra que dio albergue a este Congreso, el segundo en el tiempo – netamente federal de toda América, siendo el primero, como se sabe, el Colombiano que cruzó como en vía crucis por Santa Fe, Ybagué, Leiva, Tunja… VI La representación Uruguaya

La deplorable ausencia de antecedentes que acabamos de anotar en lo que respecta a intervención de Entre Ríos en el Congreso de Concepción, se repite en grado apenas menor, en lo referente a Uruguay.

A ello ha contribuido quizá el hecho de que en la misma época, Artigas había convocado a la reunión de un Congreso Provincial, que al fin no se llevó a cabo, en Mercedes. Pero sea lo que fuere, lo cierto es que representantes de la antigua “Banda” unificada, ahora con Montevideo y su jurisdicción en un solo gobierno, concurrieron a Concepción y hay que pensar que ellos y no Artigas sólo, como se ha pretendido, fueron los electores de Miguel Barreiro – miembro del Congreso con certeza – para la misión que éste envió a Buenos Aires y más adelante examinaremos.

Los únicos rastros por ahora hallados de la presencia y actuación de representantes del Uruguay en la magna reunión de esta ciudad, se encuentran en la auto-biografía del Dr. Francisco Martínez, médico de Maldonado y según su dicho – como lo creo – Diputado de este Pueblo. Dice Martínez: “Honrado con este encargo (se refiere al de haber sido electo Diputado “cerca del General Artigas”) pasé a Montevideo a solicitar del Gobierno el competente permiso para pasar a Paysandú a desempeñar mi Comisión, y tan luego como me fue concedido partí para dicho punto en busca del General. Inmediatamente después de mi llegada me embarqué con él en dirección al arroyo de la China lugar indicado para la reunión y a nuestro arribo encontramos reunido un crecido número de Diputados por Córdoba-Corrientes, Sta. Fe, Entre Ríos y Estado Oriental. Después de haberse discutido el objeto de aquella reunión se acordó nombrar una Comisión de su seno para que fuera a desempeñar una misión a Buenos Aires y al efecto fueron electos los Sres. Cabrera Diputado por Córdoba; Dr. Cosio por Entre Ríos y D. Miguel Barreyro por el Estado Oriental.

Anotemos de pasada, para terminar este capítulo, la precisión apuntada por Martínez con respecto a la representación del Dr. Cosio. Es un dato interesante para ser tenido en cuenta cuando se inicie la búsqueda de antecedentes relativos a integración de la diputación de Entre Ríos en el Congreso. VII

De los antecedentes que acabamos de examinar en un recorrido casi en fuga, emergen asociados – diríase que obstinadamente – como temas de preocupación continuada y general, dos conceptos que conviene destacar para que se comprenda y aprecie el Congreso de Concepción en toda su gran significación histórica y patriótica. Uno de esos conceptos se entreteje y forma con los detalles de la minuciosidad casi cargosa que documentan el afán de las autoridades de los seis “Pueblos Libres” – armonizados bajo la garantía de Artigas – de mostrarse y subrayar su posición de “Soberanos”. El otro consiste en las probanzas de su común y unánime intención de propender sin mengua – desde luego – de la libertad adquirida a la “restauración nacional” (en el sentido de reintegración del virreinato ya disgregado) promovida y realizada de la única manera equitativa, lógica y políticamente posible; esto es: en un sistema de gobierno republicano, democrático, federalista.

No eran, por cierto, contradictorios estos conceptos y no se diga por lo mismo que se destacaban juntos, pero se sentían distintamente. Existiría, sí, derecho a creerlo si “La Nación” ahora disuelta viniese del fondo de los tiempos y fuese no una construcción arbitrariamente organizada desde afuera y sujeta hasta 1810 a las modificaciones de estructura y límites que también desde afuera se impusieran, sino una elaboración sucesiva realizada en la medida del esfuerzo y del querer de sus progenies nativas.

Recién ahora estaban los criollos en aptitud de resolver en lo suyo por sí mismos, y ¿por qué entonces se les iba a negar el derecho de hacerlo siendo así que al Rey se le había reconocido hasta pocos años antes uno mucho más amplio, como el de pasar en cualquier tiempo pueblos de la jurisdicción de un virreinato a la de otro?

De su aspiración sincera a la unión nacional dio, por lo demás, nuestro federalismo, necesariamente revolucionario, la mejor prueba al constituir en esta ciudad de Concepción el primer mecanismo de unión de Pueblos Libres.

No habían entonces pactos preexistentes que obligasen a ninguna asociación y ésta cuajó, sin embargo. Pero hay más; las Provincias que concurrieron a la honrosa cita, que se nos antoja como anticipo frustrado de la Confederación creada al fin por la conjunción del sable de Urquiza y el pensamiento de Alberdi, fueron precisamente todas las que por oír la exhortación publicada en 1812 por la Sociedad Patriótica de Buenos Aires, no tuvieron que esperar a la reunión del glorioso Congreso de Tucumán para poder sentirse de hecho y de derecho desvinculadas del Soberano español y de cualquier otro Gobierno o poder extraño a ellas mismas.

He aquí las comprobaciones correspondientes. Córdoba Independiente

No por razones de prioridad, que no existen, sino para repetir el orden que establecimos en el Capítulo anterior de esta explicación, empezaremos nuestro examen por Córdoba la docta.

Amplísima y terminante en la prueba que ya existe publicada con respecto a proclamación de una absoluta independencia de hecho y derecho de parte de este pueblo.

En el fragmento del Poder conferido al Dr. Cabrera que anteriormente hemos leído se alude a dicha situación de plena soberanía al encargarlo que procure remover “cuantos obstáculos sean impeditivos de la más pronta reunión del Congreso General”, pero con la condición de que actúe “sobre las bases más sólidas y análogas a los intereses de la causa común y particulares de esta Provincia así en su actual independencia (nótese) como para la sucesiva forma que pueda adoptarse hasta la resolución del citado Congreso”.

En la Gaceta de Buenos Aires correspondiente al 6 de Mayo de 1815 se halla transcripto un oficio del Gobernador Díaz al Cabildo de aquella ciudad de fecha 25 de abril en la que a cierta altura se lee: “Este Pueblo (alude naturalmente a Córdoba) siguiendo las huellas que han dirigido a V.E. y ayudado especialmente del Ejército de la Banda Oriental, había publicado ya su independencia provincial”, etc.

Pero, ¿cómo y cuándo se operó la respectiva proclamación? Don Eduardo H. Celesia en su obra ya varias veces citada, nos proporciona la copia de un documento que satisface esas preguntas.

Es una nota que con fecha 18 de abril el Gobernador Díaz dirigió a su Teniente de la Rioja y su texto dice así: “La Soberanía de la Provincia de Córdoba en el momento de haber recuperado este alto carácter por los auspicios de los S.S. Generales Don José Artigas de los Orientales y Don Ignacio Álvarez del Ejército Libertador de Buenos Aires, ha creído de necesidad indicar a todos sus habitantes la representación de que ya se hallan revestidos como Provincianos libres e independientes de toda otra autoridad que no sea la de esta capital por el Bando que se ha publicado el 17 del presente: de él incluyo a Ud. una copia para que se publique igualmente en esa ciudad y en todos los pueblos y lugares poblados de su dependencia con cuanta solemnidad fuese posible. Dios guarde a Vd”, etc.

Tenemos, pues, sin que haya lugar a dudas, que databa del 17 de abril de 1815 la independencia cordobesa. Algún día quizás – lo esperamos – aparecerá el bando de proclamación a que alude Don José Javier Díaz en el documento que leímos y será entonces hora de analizar su alcance y los motivos invocados por la Soberanía recuperada.

Por lo demás, en concordancia con la situación de capacidad política absoluta que se adquiría, Córdoba creó su bandera definitiva propia sobre la base de los colores rojo, azul y blanco adoptados por Artigas el 30 de enero de 1815 para enseña de la futura confederación.

No se sabe aún, pero creemos que podrá averiguarse con relativa facilidad cómo era el diseño del emblema cordobés, que existía y tremolaba por otra parte en las épocas de Bustos y López. Paz lo suprimió momentáneamente en 1830, pero reapareció otra vez después de su derrota y así dice un periódico de aquella ciudad de junio de 1831, al hacer crónica de una celebración: “Las ventanas y los altos estaban guarnecidos de las banderas tricolores”, etc. Santa Fe Independiente

De hecho, Santa Fe se constituyó en dueña de su destino el 24 de marzo de 1815 al deponer a las autoridades nombradas por el gobierno de Buenos Aires. De derecho, presumimos que pasó a actuar como soberana el 2 de abril. Ese día – anota el “Diario” de Andino que ya hemos citado otras veces – “eligió el Ilustre Cabildo a D. Francisco Antonio Candiotti de Gobernador”, resolución que ya supone, por sí misma, cumplida la formalidad de una proclamación.

Pero si a ello se agrega lo que apuntó el memorista con referencia al 3, se alcanza – al parecer – la evidencia que buscamos.

Ese día limítase Andino a decir: “se plantó la bandera en medio plaza de Independencia; tres días de luminarias con salvas”.

La gran celebración señalada es seguro indicio de un acto local de trascendencia y luego el hecho de existir ya entonces en la ciudad una plaza de la Independencia y el más significativo aún de izar la bandera, esto es, una bandera propia y nueva, redondean nuestra versión.

Como la cordobesa, la enseña de Santa Fe era tricolor y se formó con tres franjas horizontales: la roja arriba, la blanca en medio y la azul abajo.

Durante el Gobierno de Estanislao López y después en toda la época de la Confederación, esta bandera tremoló siempre en Santa Fe. Entrerríos Independiente

La independencia entrerriana fue proclamada por el Coronel Hereñú en Paraná o la Bajada a fines de marzo de 1815.

Es sabido que en esos turbulentos días casi paralelamente se produjeron la derrota de Holemberg en Espinillos y consiguientemente la definitiva evacuación del Paraná por las tropas porteñas y el desplomo de la resistencia que aún hacían a Ramírez, Verdún, Manduré, etc., los tenaces defensores de Buenos Aires en el litoral del Uruguay.

La independencia proclamada por Hereñú es sin duda objetada si se considera su carácter de simple jefe militar con poderes no emanados del pueblo, pero si se toma en cuenta que ese pueblo estaba todo en armas y precisamente luchando bajo las órdenes de dicho caudillo o de otros que concordaban en el esfuerzo, verdad es que la reserva no tiene razón de ser.

Ardía todo el Entre Ríos desde 1814 en el vivo anhelo de adquirir la Independencia. En ese sentido no bastó por cierto para aquietarlo, el decreto del Directorio de setiembre de 1814, que lo elevó a la categoría de Provincia y señaló a esta ciudad por Capital.

¿Ya era tarde para tales concesiones? Los pueblos ya no creían en ellas sino en lo adquirido por el propio esfuerzo y en la extensión necesaria para poder defenderlo.

Son elocuentemente confirmatorias de lo expresado, algunos de los recuerdos apuntados por don Hilarión de la Quintana en sus Memorias. Así, dice a cierta altura: “Logré interceptar comunicaciones de un hacendado pudiente y relacionado en Buenos Aires (nos preguntamos, ¿sería Writh?) y de don Juan Castris el Padre Amaro, el Coronel Hereñú y otros, dirigidos a llamar a Artigas contra mí”.

Expresa en otra ocasión: “Había yo notificado de lo crítico de mi posición, por medio del soldado N. Paván, que hoy está en Buenos Aires, a uno que me llamaba tío, residente en su estancia frente a Gualeguaychú, y de quien me había propuesto instruir sobre el estado de las cosas, por la incomunicación en que me hallaba con el ejército y Buenos Aires, en la estancia de don Ángel Mariano Elía, con quien iba a hablar, pero no fue posible marchar a aquel punto por la aparición de Otorguez a mi frente, y por lo mismo comisioné para esta entrevista a don Cipriano Urquiza. Aquél mi sobrino había dado aviso a Otorguez, y éste a Romarate, de mi próxima llegada, y habría sido víctima de esta perfidia, si hubiese verificado mi viaje. A las dos horas de estar Urquiza en la estancia de Elía, fue cerrada la casa por las tropas españolas que requerían a gritos por mi persona: Urquiza pudo escapar rodeado de peligros, hasta que vino a darme aviso. El sargento Taboada se había pasado a Otorguez, y repasó a tomarme la caballada. Fue denunciado y lo prendí. Conociendo que Otorguez trataba de ponerse en estado de atacarme, en la diligencia que hacía para proveerse de caballada, pues esto era lo único que le faltaba, y lo único que hacía respetable mi perpetua fuerza, envié a don Juan Suárez, hombre de mi confianza y Comandante del pueblo del Arroyo de la China, a comunicar mi estado al Gobierno de Santa Fe, y a las pocas horas volvió diciéndome que el hacendado pudiente, de quien he hecho mención, le brindaba con el mando de setecientos hombres que tenía emboscados para unirse todos a Otorguez, prenderme con fuerza. Todos eran los riesgos en que me encontraba.

“Monté, pues, mi tropa en el momento, que a la sazón no pasaba ya de ciento cuarenta hombres, y mandé al Mayor Pinto para que me esperase en Jacinta, donde yo estaría o me le uniría muy pronto, y le encargué caminase con la mayor precaución. Mi designio secreto era prender a aquel hacendado, y para ello caminé con solo veinte hombres. Pinto marchó, y a la madrugada hizo adelantar la artillería, la que fue sorprendida y con la misma le hicieron fuego hasta que capituló, permitiéndosele retirarse a Santa Fe: supe esta noticia por un vaqueano que tomé en el camino y que era uno de los que iban a dar aquel aviso a dicho vecino. Viéndome en aquel estado, y convencido de que ya éste no estaría en el punto que había indicado Suárez, sino reunido a los enemigos, varié de rumbo hacia el Sur con dirección a Gualeguaychú. En este punto se habían sublevado ya tres compañías y desertado para unirse con las tropas de Artigas. Rodeado de divisiones contrarias, hallándose Otorguez con mil cuatrocientos hombres, y Romarate en Sandú, y yo sin más fuerza que 20 hombres por haberse deshecho la que encargué al Mayor Pinto, resolví mi retirada al Gualeguaychú, en que permanecí veinticuatro horas, y hallándome sin esperanza de más recursos, me embarqué para Buenos Aires con los veinte hombres, y un patriota, que existe en ésta, testigo de mis situaciones”.

A la vista de todos estos episodios alusivos a un estado general de excitación y angustia, salta arriba la convicción de que nadie reclamaba con más resolución, unanimidad y vigor que Entre Ríos la proclamación fuera de fórmulas hecha por Hereñú.

Por lo demás, como derivación o consecuencia lógica del estado de Independencia apareció pronto la bandera tricolor que debía definirlo. Quien la diseñó e hizo por primera vez es cosa que aún ignoramos, como no sabemos tampoco – con certeza – en qué lugar del territorio fue enarbolada inicialmente.

La forma de esa bandera que tuvo ocasión de lucir años más tarde por todos los mares de América, era así: “una línea vertical que dividía el paño en dos partes iguales y dos rayas horizontales que lo subdividían en tres franjas proporcionales”. Los colores del paño distribuíanse así: “en los rectángulos superiores uno azul y otro encarnado, los dos rectángulos medios blancos y los rectángulos inferiores uno azul y el otro encarnado”. Corrientes Independiente

La independencia absoluta de Corrientes fue proclamada el 20 de abril de 1814 en dicha ciudad, como punto final del siguiente recorrido de hechos.

En marzo 11 de 1814 la Compañía de Milicias veteranos locales del Teniente Juan Bautista Méndez se sublevó triunfalmente deponiendo al Teniente Gobernador designado por Buenos Aires, don León Domínguez.

Ocho días después de este suceso, el Cabildo de la ciudad con el beneplácito – desde luego – de Méndez, se dirigió a Artigas aceptando la protección que anteriormente había ofrecido, al paso que manifestándole la resolución de seguir sus ideas. Decíale: “el pueblo de Corrientes ha arrojado ya de su seno al jefe que miraba con tedio los triunfos que han conseguido las armas de V.S., ábrese una nueva época en que no tienen objeto las prevenciones del oficio a que se contesta habiéndose colocado el Cabildo en aptitud de aceptar con toda libertad el noble y generoso ofrecimiento que V.S. le hace de sus fuerzas, para proteger su causa y sus intereses”.

El 29 respondió Artigas al Cabildo y en la misma fecha ofició a Méndez concordando en aconsejar en ambas notas que fuera efectuada la proclamación de la absoluta independencia.

La nota enviada a Méndez dice:

“Me he impuesto de la muy estimable comunicación de Vd. datas 15 y 21 del corriente, y consecuente he oído además al ciudadano José Enrique Arévalo, del celo infatigable con que Vd. se decide a la felicidad verdadera de su país. Es muy digno de toda consideración. Yo no dudo que todo quedará allanado y colmados nuestros deseos comunes, restableciendo los intereses de esa provincia a pesar de los miserables satélites de los déspotas que alimentan ideas de bajeza o ignominia. Yo me apresuro por adelantar la organización del país, y con esa mira oficio en esta fecha a ese muy Ilustre Cabildo, para que convoque un Congreso provincial, el que con toda brevedad deberá reunirse en la Sala Capitular y ser presidido por el mismo Ilustre Ayuntamiento, como aquel es un acto únicamente del pueblo. Allí deberá celebrarse la independencia y libertad de la Provincia, e instalar a gobierno con todas las atribuciones consiguientes; y bajo ese establecimiento formalizará, en consecuencia, su preciosa liga con los demás pueblos del territorio y con nosotros, declarándome yo su protector.

“Ud. por su parte, véase con la misma Ilustre corporación, y pase también sus circulares, con ese objeto, de suerte que ambas autoridades cooperen juntas a ese fin, activándolo todo lo posible para cuanto antes haya un orden fijo sobre el que deba girar el resto. Yo descanso en las virtudes de Ud. muy seguro de sus desvelos, y me vanaglorio que en ellos hallaré el país un procedimiento de equidad y justicia.

“Dios guarde a Ud. muchos años. Cuartel General, 29 de Marzo de 1814. José Artigas

“Señor Don Juan B. Méndez, Gobernador de Corrientes”.

La respuesta de Artigas al Cabildo expresa: “Lleno de una satisfacción sin igual, he leído la muy honorable contestación de Ud. data 20 del corriente. Yo había mirado con dolor el extravío a que se abandonaba la razón en unos momentos que debían ser destinados a fijarla después de un examen riguroso, sobre las noticias que dieron mérito al desorden. La imprudencia de Don José León Domínguez iba ya precipitando el ascenso del pueblo y preparando una crisis amarga a un negocio cimentado en la beneficencia. Felizmente, todo ha cambiado de aspecto por la brava resolución del 10 del actual corriente, según ya me había instruido el nuevo Tte. Gdor. V.S. está plenamente convencido de la equidad de mis intenciones y calculará el exceso de júbilo presente por el sentimiento q´ me causaba ver a Domínguez decidido a empeñar a ese generoso pueblo en sus maquinaciones abominables.

“Yo tengo la honra de dirigir a Ud. mis más dignas felicitaciones por ese acto en que hemos oído y apoyado el espíritu público en una noble confianza, que sofocando los temores infundados se garantirá en la equidad de los hechos mismos. Yo dedicaré todos mis desvelos para corresponder a las esperanzas de ese digno pueblo en su nueva reforma, protegiendo sus intereses con todos los recursos de la Liga.

“Con esta mira me parece de necesidad establecer un orden fijo que poniendo expéditos sus resortes, establezca el giro de sus negocios. V.S. sabe muy bien que es necesario unir, que los países se mantengan mucho tiempo del modo uniforme a que los precisa el momento que sigue a la convulsión. Ésta puede ser reproducida sucesivamente mientras dure la incertidumbre del destino, y las diferentes clases del estado no pueden conservar en equilibrio reposado en la expectación. Tampoco puede ocultarse a V.S. la precisión de mantener en todo el grado posible aquella uniformidad respectiva, que no removiendo cosa alguna q´ pueda servir a la confianza de los pueblos, presenta en su feliz combinación todas las ventajas de la reciprocidad de intereses con las demás para la precisa seguridad. Es preciso pues que ese pueblo puesto en pleno goce de sus derechos restablezca su dignidad y grandeza entrando a su ejercicio; es preciso que exprese su voluntad, que se constituya; y en fin es preciso que se organice y establezca sus intereses.

“Todos los pueblos situados a los largo del Uruguay y Paraná están bajo un mismo pie de reforma y han saludado el restablecimiento de armonía en general, de la prosperidad, la vida y la paz y la libertad de los sucesos de Gualeguaychú, Espinillo, Bajada, Concepción y La Cruz y luego que se fije en todo el territorio el plan de su seguridad, se verificará la organización, consultando cada una de las provincias todas sus ventajas peculiares y respectivas y quedarán todas en una perfecta unión entre sí mismas; no en aquella unión mezquina que obliga a cada pueblo a desprenderse de una parte de su confianza en cambio de una obediencia servil, si no en aquella unión que hace al interés mismo sin perjuicio de los derechos de los pueblos y de su libre y eterno ejercicio.

“Si mis pensamientos hubieran sido menos delicados yo me avergonzaría de haberlos concebido pero adorador eterno de la soberanía de los pueblos, solo me ha valido de la obediencia con me han honrado para ordenarles que sean libres. Yo, lo único q´ hago es auxiliarlos como a amigos y hermanos, pero ellos son los que tienen el derecho de darse la forma que gusten y organizarse como les agrade, y bajo su establecimiento formalizarán a consecuencia su preciosa Liga entre sí mismos y con nosotros, declarándome yo su protector.

“Bajo ese principio es para mi muy glorioso decir a V.S. que a la mayor brevedad convoque en Congreso Provincial que deberá reunirse en esa Sala Capitular y ser presidido por V.S. mismo: el que declarando su libertad e independencia instalará su gobierno con todas las atribuciones consiguientes.