Apuntes biograficos de escritores, oradores y hombres de estado de la Republica Argentina

Part 8

Chapter 83,855 wordsPublic domain

Vuelto á su patria, pasó al lado del General San Martin á desempeñar en las gloriosas campañas de Chile el cargo de Auditor de guerra. No debió este empleo á otra influencia que á la de su mérito reconocido por las autoridades chilenas segun consta de documentos oficiales. Un solo dia no se apartó de su jefe en aquellas rudas y peligrosas operaciones militares. En la noche del espantoso desastre de Cancha-rayada, el Auditor se separó de San Martin á la altura del pueblo de San Fernando para pasar á Mendoza, en donde tomó parte indirecta, pero probablemente decisiva, en la suerte de los hermanos Carrera, acusados de delito de lesa patria. Condenados estos á la pena capital por el fiscal de la causa, quiso oir el gobernador de Mendoza el parecer de algunos letrados y entre estos el del Dr. Monteagudo: este se pronunció por la necesidad de cumplir una sentencía justificada por la indudable naturaleza del delito de que eran acusados los reos.

Monteagudo mantuvo la confianza del libertador de Chile, con quien pasó al Perú desempeñando el mismo empleo de Auditor del ejército.

Las relaciones entre Monteagudo y San Martin eran de data antigua; venian desde el movimiento semi-popular y semi-militar que derrocó la junta de que era secretario D. Bernardino Rivadavia, el dia 8 de Octubre de 1812. Monteagudo fué el alma de aquella revuelta, que San Martin apoyó, desplegando en la plaza principal de Buenos Aires, la lucida linea de sus granaderos á caballo.

En 3 de Agosto de 1821, el jeneral San Martin se declaró _Protector_ del Perú y formó un ministerio en el cual dió el departamento de guerra y marina al Dr. Monteagudo. Duró en el manejo de este ramo de la administracion hasta el 1ᵒ de Enero de 1822, pasando en este dia á desempeñar el ministerio de _Estado_ y _Relaciones Esteriores_. El cumplimiento de los deberes de tan elevados puestos le trajeron muchos compromisos y sinsabores, y por último le ocasionaron el horrible fin que tuvo, en la flor de su edad, el dia 28 de Enero de 1825. En una de las calles principales de Lima, frente al convento de San Juan de Dios que sirve hoy de paradero interior al ferro-carril del Callao, exhaló el aliento varonil y patriótico bajo el golpe del bárbaro y traidor cuchillo de un negro, instrumento de alguna venganza fanática que aun permanece entre misterios. Bolivar mandaba entonces en el pais, y Monteagudo conservaba el puesto oficial que le habia acordado San Martin.

El Dr. Monteagudo promovió activamente la instruccion pública en el Perú, mientras influyó en los consejos de su gobierno. La biblioteca pública de Lima le reconoce como á su principal fundador. A él tambien es debido la inspiracion y redaccion del decreto de 10 de Enero de 1822 creando el establecimiento literario con el título de _Sociedad Patriótica de Lima_, compuesto de 40 miembros, con el fin que aparece en el artículo 8ᵒ que dice así: “El objeto de esta sociedad es discutir todas las cuestiones que tengan un influjo directo ó indirecto sobre el bien público, sea en materias políticas, económicas, ó científicas, sin otra restriccion que la de no atacar las leyes fundamentales del pais ó el honor de algun ciudadano.” En el notable considerando de este decreto asienta su redactor que la instruccion pública es la primera necesidad de las sociedades, y que el gobierno que no la fomenta comete un crímen que la mas distante posteridad tiene derecho á vengar, maldiciendo su memoria. Como todos los creadores jenerosos de instituciones análogas en nuestra América, tuvo la honrada sencillez de creer que la _sociedad patriotica_, incorporaria pronto á la patria de _Baquijano_ y de _Olacide_ á la lista de aquellos pueblos célebres por los continuos esperimentos que se hacen en ellos _de la fuerza intelectual que es la última barrera de la tirania_.

El viaje á Europa tuvo gran influencia sobre las maneras y las opiniones de Monteagudo. El demócrata exaltado regresó dispuesto á volver de sus primeros pasos y á influir para que la revolucion sesgase de la direccion que él habia contribuido á imprimirla. Este cambio está confesado por él mismo, en una memoria que escribió en Quito y que la prensa del Pacífico ha reimpreso varias veces; contraida á esplicar los principios políticos que le habian guiado en la administracion del Perú.[8] El _Censor de la Revolucion_ que publicó en Chile en 1819 fué el agua con que pretendió apagar la hoguera levantada por las ráfagas del _Martir ó Libre_.

El futuro biógrafo de este sobresaliente argentino tomará talvez por epígrafe de su trabajo los siguientes versos de D. Estevan Echeverria, que describen con rara y armoniosa concision el camino de aquel bello meteoro del cielo de nuestra política:

................Monteagudo, El de gran corazon é injenio agudo, Del porvenir apóstol elocuente, Que entre las pompas del marcial estruendo, Fué desde el Plata hasta el Rimac, vertiendo La fé viva y la lumbre de su mente.

(AVELLANEDA, _poema_).

D. MANUEL JOSÉ DE LABARDEN.

El nombre del Dr. D. MANUEL JOSÉ DE LABARDEN, estaria hoy envuelto en el olvido mas profundo, si el primer periódico que se publicó en Buenos Aires al comenzar el siglo presente, el _Telégrafo Mercantil_, no hubiese dado á luz la oda reimpresa en la página 370 de la _Lira Argentina_. Aquella oda tiene por asunto _el magestuoso rio Paraná_, y parece escrita en el año de 1801.

Sin embargo la fama literaria del Sr. Labarden debia ser grande en los años inmediatamente anteriores á la revolucion. El Dr. D. Vicente Lopez al comenzar su canto _El Triunfo Argentino_ (Noviembre de 1807) pide silencio “al sublime acento de aquel hijo de Apolo” para dar salida al entusiasmo de su pecho.

El Sr. Labarden nació en Buenos Aires, siguió la carrera del foro, y desempeñó el cargo de Auditor de guerra del ejército reconquistador en 1807. Su muerte ha debido tener lugar por los años 1812 ó 13.

Refiere la tradicion que él fué el promotor de la primera casa de comedias que se edificó en Buenos Aires, la cual estuvo situada en el parage que hoy ocupa el mercado público. Aquel edificio, que no debia ser muy sólido ni muy suntuoso, pereció por las llamas el año 1793. De esta aficion al arte dramático que se atribuye al Dr Labarden, da testimonio afirmativo una trajedia que de su pluma se conserva con el título de _Siripo_, personage muy conocido en los fastos de la historia novelesca y primitiva del Rio de la Plata. Esta trajedia se representaba frecuentemente en Buenos Aires en los aniversarios de sucesos prósperos de la revolucion, despertando mucho entusiasmo en los espectadores. No la conocemos, pero sabemos que existen copias de ella en Buenos Aires. Seria una buena accion el rescatarla de una pérdida segura, conservándola en los archivos de algunos de los cuerpos literarios que acaban de fundarse en Buenos Aires.

El Dr. Labarden fué de carácter amable, caballeroso, culto de maneras, dado al trato social, y al mismo tiempo enemigo del bullicio y de la multitud, tanto como su maestro Horacio:

_Odi profanum vulgus, et arceo._

Amó la vida retirada y las tranquilas tareas del campo, en las cuales procedió con el acierto de un hombre ilustrado. Por una casualidad rara podemos asegurar que él antes que nadie tuvo la idea de mejorar con la cruza de razas mas perfectas, la calidad de las ovejas del Rio de la Plata. En un libro de cuentas de la casa de comercio de D. Tomas Antonio Romero, aquel “jenio vasto y emprendedor”, como le llama el Sr. Funes, hemos hallado con fecha 10 de Diciembre de 1794, la partida siguiente: “Por 187 ps. ½ rs. corrientes que han tenido de costo y gastos _diez carneros y veinte ovejas_ que de su cuenta y riesgo se embarcaron en Cadiz abordo de la fragata Santa-Ana, como consta por menor de su respectiva cuenta.... etc.”

Este ganado lanar no podia ser sino merino, pues bien notorio es que la España posee esa especie; que en aquel suelo es en donde adquirió, siglos hace, la perfeccion que la distingue, y que de allí se estendió á Alemania primero, y despues á Francia bajo el reinado de Luis XVI.

En aquella época residió el Dr. Labarden en lo que es hoy Estado Oriental y entonces se decia, la _otra banda_, en una estancia llamada _del Sauce_ en las cercanias del pueblo del _Colla_. Sospechamos que desempeñaba el cargo de administrador de las propiedades rurales de la Corona conocidas con el nombre de Estancias del rey. En el mismo libro de la casa de Romero, aparece comprada en 1793, para el mismo Sr. Labarden, y por el precio de 10 ps. 2½ rs. _la obra de Barcarcel sobre Agricultura_. En aquel año tenia esposa y madre vivas.

D. BERNARDO VERA Y PINTADO.

El Dr. D. BERNARDO VERA Y PINTADO, nació el año 1780 en Santa Fé de la Vera-Cruz, ciudad natal del jesuita D. Javier Iturri y de D. Juan Baltazar Maciel, afamados por su literatura.

Ligado por relaciones de parentezco á la familia del teniente general D. Joaquin del Pino, que mas tarde fué Virey de Buenos Aires, se trasladó con este á Chile el año 1799. En la Universidad de San Felipe completó su carrera literaria graduándose en cánones y en leyes.

En esta real Universidad, para recibir grados por aquella época, era preciso prestar seis exámenes solemnes: cinco de instituta y uno de cánones y leyes en el cual se absolvian, cuando menos, treinta y tantas proposiciones relativas á ambas facultades. Los catedráticos eran cuatro: dos de _prima de leyes_, uno de _decreto_ y otro de _instituta_. Los jóvenes que se dedicaban al foro, no solo concurrian á la Academia de práctica, sino tambien al estudio de algun abogado de nombradía durante los cuatro años del curso jeneral de derecho. La Universidad percibia _cien reales_ por cada grado.

El Dr. Vera se distinguió desde muy temprano y se granjeó la simpatía de los hijos de Chile, _por sus talentos_ y _su carácter jeneroso_, segun la espresion de uno de ellos. Desempeñó varios destinos públicos antes de la revolucion y formó numerosos discípulos en la Academia práctica de jurisprudencia que estuvo algunos años bajo su direccion.

El primer suceso que atrajo la atencion pública sobre su persona al abrirse la era que comienza en 1810, fué un acto despótico del presidente Carrasco. Urgido este por los conflictos que le rodeaban al recrearse la revolucion, tomó una medida que vino á mostrar toda la popularidad del Dr. Vera. Siguiendo aquel mandatario los consejos de la Audiencia, se decidió á poner presos á aquellos individuos que mas indicados estaban de conspiradores ante el partido peninsular. Fué el Dr. Vera uno de los tres que en la noche del 25 de Mayo cayeron en poder de la fuerza armada, estando en una casa particular. Trasladados á un cuartel, se les hizo salir inmediatamente, y en la alta noche, para el puerto de Valparaiso escoltados con 12 dragones á caballo. Llegados allí los pusieron á abordo del fragata Astrea; en donde, y mas tarde en el castillo de San José, se les siguió una causa.

Los padecimientos de aquellos patriotas irritaron los ánimos de los Santiagueños, y el Cabildo tuvo el noble corage de interesarse por su suerte ante la autoridad de Carrasco. Pero, equivocado este mandatario sobre la situacion de las cosas y afectando una enerjia que no era natural en su carácter, hizo que los detenidos en la fortaleza de San José se embarcasen en la corbeta _Miontina_ próxima á zarpar para el Callao. Vera quedó en tierra so pretesto de enfermedad.

Mientras tanto los principales vecinos de Valparaiso que habian tomado relacion con los presos, se interesaban por su suerte é influian para que se revocasen las órdenes del Presidente. La solicitud que con este objeto le dirijieron, llegó á la capital el 11 de Julio y con ella se tuvo un conocimiento exacto de la aflijida situacion en que se encontraban aquellos que eran ya considerados como victimas de la causa del pueblo. Subió de punto la exaltacion de este. Juntóse por todas partes la poblacion en corrillos, y como resultado de la voluntad jeneral se pidió la reunion estraordinaria del Cabildo. Verificóse esta; pero muy al principio de la sesion se convirtió en _Cabildo abierto_, es decir en una asamblea de notables en la cual podian estos discutir y deliberar en razon de lo estraordínario de las circunstancias y la gravedad del objeto.

Aquella reunion de ciudanos nombró una diputacion cerca del Presidente, la cual fué desairada por éste. Entonces el pueblo le notificó en términos mas enérgicos su voluntad, y despues de varios incidentes que agravaron el descontento general y los motivos de queja del vecindario, se vió Carrasco en la necesidad de separarse del mando, pretestando el mal estado de su salud. Este fué el primer paso á la independencia de Chile.

El 18 de Setiembre se efectuó en aquella república el mismo cámbio político que habia tenido lugar en Buenos Aires, el 25 de Mayo de 1810. Cuatro dias despues de aquella fecha entró en Santiago el Dr. Vera. “Volvió este á la capital (dice el historiador español de la revolucion de Chile, el P. Martinez) con innumerable acompañamiento de los personages de la ciudad que en carruages y á caballo lo recibieron y entraron como en triunfo, celebrando y admirando á este sugeto como á una de las primeras columnas que debian de erijir y sostener el plan de la revolucion.”

Instalado el primer congreso chileno fué nombrado el Dr. Vera secretario de ese cuerpo teniendo por compañero de taréas al famoso clérigo de la buena muerte Camilo Henriquez. Uno y otro pertenecian al partido republicano como decididos parciales del Dr. Rozas, el Moreno de la revolucion chilena.

Estos dos amigos consagraron tambien sus talentos á despertar é ilustrar el espíritu público por medio de los escritos periódicos. Asi que se pudo obtener una imprenta, fundó Camilo Henriquez el primer periódico que conoció el pueblo chileno, con el título _la Aurora_. Vera fué su cooperador incansable, y sus articulos llevan por firma el siguiente anagrama de su nombre ó de sus dos apellidos: _David Parra y Bedernoton_.

Fué el Dr. Vera el primer representante del gobierno de Buenos Aires cerca del de Chile; cargo que tenia por objeto uniformar la marcha de ambos en la empresa que acababan de acometer, y atender la propaganda de la idea revolucionaria por todo el litoral del Pacífico. En este cargo se desempeñó con tanta actividad como desprendimiento. La jenerosidad fué siempre en él un rasgo muy visible de su carácter. En las penurias que padecia el erario de su patria adoptiva, el Dr. Vera no trepido en ofrecer el fruto de su trabajo y de su economía para ayudar á la marcha naciente de la revolucion. La Junta de gobierno contestó á tan noble ofrecimiento en los términos siguientes: “La Junta se cubre del mayor gozo cuando ve desprenderse á V. de todos sus bienes por amor á la causa comun: contará siempre con su fidelidad, le distinguirá entre los mejores patriotas, y le será de la mayor satisfaccion tener oportunidad de acreditar su reconocimiento. Asi lo entenderá V. en respuesta á su representacion fecha del dia.--Febrero 7 de 1811.”

Vera fué instado varias veces por D. Bernardino Rivadavia, cuando era éste secretario del Gobierno de Buenos Aires en 1812, para que pasase á aquella capital á ocupar un destino. Con este motivo, en una carta confidencial le contesta, dándole idea de sus aptitudes y hábitos, de la manera siguiente: “_Santiago 24 de Julio de 1812_.... Cuando V. se empeña en convidarme con esa capital me hace mas honor que el que merezco porque no me conoce. Permítame que le hable con toda la franqueza que me caracteriza. Yo no soy á propósito para comision alguna militar: abomino esta carrera. Tampoco tengo aquella luz de alta política que en las circunstancias exije la grande estension del gobierno superior de un Estado naciente. Mis talentos no pasan la raya de comunes; tal cual expedicion en la pluma, y el deseo de formarme por principios de pura reflexion y estudio sobre el hombre, acaso los hago aparecer mas de lo que son. Carezco de erudicion, porque ni he sido muy aplicado á la historia, ni me ha sobrado tiempo para dedicarme á ella: ahora empiezo. Casado cinco años hace en Chile con una jóven indotada y con dos hijos, el foro ha hecho toda mi subsistencia. Lo desamparé desde que acepté la Diputacion de Buenos Aires. Su corta renta es la que sufraga á las urgencias diarias porque nada he guardado ni he podido guardar de los honorarios de la abogacía que siempre han seguido la naturaleza de mi génio desprendido de intereses.... Diré mas: soy honrado: amo la justicia, y mi corazon solo deja de ser benigno cuando se le ataca. Los derechos de los pueblos y la libertad bien reglada, son mi manía”....

No sabemos precisamente en que fecha, pero es indudable que atravesó la cordillera y llegó á Buenos Aires, en donde desempeñó empleos y comisiones de mucha importancia. En una de estas se unió al general San Martin, gobernador de Cuyo entonces, á cuyo lado sirvió de secretario.

En toda época tuvo la fortuna el Dr. Vera de prestar sus servicios á la revolucion de Chile y al progreso social de aquel pueblo que le daba hospitalidad. O’Higins le encargó la redaccion del manifiesto justificativo de la independencia que se preparaba á declarar. Habiendo cedido el jeneral San Martin los 10,000 pesos que por indemnizacion de gastos de viaje le habia concedido el Cabildo para fomentar la biblioteca pública de Santiago, fué nombrado Vera para aplicar aquella cantidad al noble objeto á que era destinada.

Pero, en nuestro modo de ver, el gran servicio prestado por nuestro compatriota á la sociedad chilena, fué el haber contribuido á templarla en el fuego que iba cundiendo desde las orillas del Plata, y á despertar en ella ese entusiasmo atrevido sin el cual se quedan los pueblos á medio andar en el camino de un gran propósito.

El Dr. Vera que se confiesa poco dado á la historia, habia nacido poéta y acertaba sin violencia á herir el corazon con sus versos, sus canciones eran populares; todos las repetian;--y el autor mismo cubierto con el gorro frígio, resucitado por los jacobinos franceses, aparecía en los banquetes patrióticos entonando himnos que habia compuesto pocas horas antes. Compréndese, cual seria el entusiasmo que se despertaba en los que le oian y juntaban sus voces á la suya, al leer las estrofas de uno de aquellos ráptos líricos:

El augusto dia Empezó á brillar En que los esclavos Puedan respirar.

El hombre recobra La gran magestad Que naturaleza Le quiso donar.

Las generaciones Nos bendecirán, Cuando á nuestro esfuerzo Libres se verán.

De padres á hijos La voz pasará, Y esta noble historia, ¡Que honor nos hará!....

Al principiar esta noticia hemos dado intencionalmente una idea de los estudios universitarios en Chile. Requerian una reforma, y el 10 de Agosto de 1813 ya se inauguraba una escuela verdaderamente nueva con el título modesto de _Instituto_, sentada sobre tan buenas bases que desde entonces acá ha continuado mejorándose y progresando. El Dr. Vera contribuyó á la solemnidad de aquel acto componiendo el himno que en él se cantó y cuyo asunto es la glorificacion de las ciencias que ivan á cultivarse en adelante con mejores métodos y bajo mas felices auspicios. El coro del himno es la siguiente cuarteta:

_La Patria nos convoca_ _Con noble y suave voz,_ _A rendir á la ciencia_ _El merecido honor._

Creemos que es digna de conservarse en la memoria la mayor parte de esta composicion que falta en la Lira Argentina.

No hay libertad sin luces; Al pueblo oscurecido De sus grillos el _ruido_ Jamás le despertó: La gran filosofia Del error ha triunfado, Y alegre ha levantado Su augusto pabellon.

La patria jenerosa Hoy sus luces nos brinda; Habrá quién no se rinda A su tierna mocion? O Libertad! ó Patria, O época luminosa, La juventud virtuosa Os llama á su favor.

O padre de los hombres Que libres les formaste, El bien que les donaste No lo usurpe el error! Que de una vez acabe Al último tirano, Esa divina mano, Que á Chile protejió.. .. ..

Libertado Chile completamente de la dominacion española, volvió el Dr. Vera á contraerse á su ejercicio de abogado, y á escribir para los periódicos sin descuidar la direccion de los jóvenes que se ponian al amparo de sus luces y de su esperiencia. En estas tareas le tomó la muerte en la madrugada del 27 de Agosto de 1827.

El sentimiento público rodeó su féretro. Los artículos necrológicos que se publicaron en su obsequio se reimprimieron en grandes telas de seda á costa de sus numerosos amigos; y uno de los discípulos pronunció un elógio funebre (que corre impreso) en la Capilla del Instituto Nacional.

Como epílogo de los anteriores apuntamientos transcribiremos la rápida y exacta pincelada con que el Sr. D. Manuel Antonio Tocornal retrata al Dr. Vera, en su conocida _Memoria sobre el Gobierno Nacional de Chile_.

“Se repetirán siempre con entusiasmo (dice aquel distinguido é ilustrado chileno) los himnos á la patria que entonó el Dr. Vera en los primeros dias de nuestra existencia política.... Elocuente, vivo y animado hasta en el trato familiar, fué uno de los jenios que honran nuestra naciente literatura.... Jamás abandonó su patria adoptiva que le contó en el número de los defensores de su independencia”.

D. JULIAN LEIVA.

El Dr. D. JULIAN LEIVA “Abogado de mucho crédito en el foro argentino, en una época en que no faltaban talentos que lo ilustrasen”, segun se espresa D. P. de Angelis en uno de los prólogos de los _Documentos Históricos_, es una de las entidades literarias del pais cuyo nombre y producciones merecen sacarse del olvido.

El Dean Funes en la pág. 11 del tom. 1ᵒ de su _Ensayo_, hace terminante mencion de un dictámen critico del _erudito_ Dr. Leiva, sobre la parte histórica de las obras de D. Félix de Azara. Existe en nuestro poder un m. s., en el cual me parece reconocer, de una manera inequívoca, la forma de escritura del Sr. Leiva. Es una representacion al Virey con fecha de febrero de 1803, en nombre del _Procurador Sindico de esta Capital_, contraida á convencer de la necesidad que habia de formar nuevas poblaciones en las vastas campañas que corren al medio dia de Buenos Aires habitadas entonces por los indios. Escribió tambien el informe que el Virey Arredondo elevó á su corte sobre materias de su gobierno, publicado por primera y única vez en la mencionada coleccion de documentos.

Por estos antecedentes y por el tenor de la carta al Dr. Funes que damos á luz y poseemos orijinal, con algunas enmendaturas de mano ajena que manifiestan la intencion de un plagio, se deduce que el Dr. Leiva fué hombre versado notablemente en el estudio de nuestras antigüedades históricas y de los hechos administrativos que se relacionan con el conocimiento del pais en que habia nacido.

El Dr. Leiva, debió haber hecho sus estudios de leyes y jurisprudencia en la Universidad de San Felipe, pues pertenecia al foro chileno por los años de 1783.

En los dias de la revolucion, desempeñaba el Dr. Leiva el cargo de Síndico Procurador, y como tal, era de su incunvencia la citacion del pueblo para los cabildos abiertos. Sabido es que el 24 de mayo se elijió popularmente una junta presidida por el Virey. Pesada bien esta resolucion, se resolvieron los patriotas á provocar una nueva asamblea de vecinos, y como á la media noche del 24, se encaminó á casa del Dr. Leiva una comision de aquella con el objeto de preparar lo necesario para el plan que se proponian. Un testigo ocular ha descripto la entrevista de los comisionados con el Dr. Leiva, del modo siguiente: