Apuntes biograficos de escritores, oradores y hombres de estado de la Republica Argentina
Part 14
En las obras poéticas, la poesia es todo. Aunque cuanto la constituye pueda caber en una noble prosa como está probado por repetidos ejemplos, es preciso convenir, sin embargo, en que hay mucho de arte en la poesia y que por consiguiente ella debe halagar el oido con los sonidos,--fin que solo se consigue plenamente por medio de la versificacion, es decir por el período medido y por consonante. Estamos persuadidos de que el Sr. Magalháes habria dado un grado mas de perfeccion á su poema, si le hubiese compuesto en estancias regulares, ó en octavas italianas á imitacion _das Luciadas ó del Curamurú_ de Duráo. La _rima es una esclava_ para el que conoce su idioma y tiene imajinacion: solo es estorbo, por dicha, para aquellos versificadores á quienes, segun el dicho epigramático de Horacio, no pueden soportar ni los postes. La lenta rémora del consonante sazona, por decirlo así, al pensamiento que busca una forma definitiva al bregar con ella, saltan chispas de gracia, de novedad y eficacia que el prosador no habria hecho brotar jamás en el camino llano de su pluma: Manzoni la ha llamado con razon _inspiratrice_, porque es un verdadero jenio, aunque subalterno, en el coro de los que inspiran la labor del poeta.
Los escritores que hacen sensacion en nuestros paises meridionales, no deben apoyar ningun mal ejemplo en literatura, porque hay en nosotros una lijereza, una laxitud innatas que nos inclinan á buscar sendas fáciles y á ahorrarnos trabajo mental.
La poesia, que puede considerarse como el lujo superfluo de la república de las letras, es preciso que se presente siempre, como el oro y la seda, bajo las formas mas acabados y como fruto de un esmero artístico en consonancia con la preciosidad de la materia primera, si es permitida esta espresion profana. No se crea por esto que carece de armonía, de número ni de entonacion el verso libre en que está escrita la Confederacion de los Tamoyos. No aceptamos este jénero de versificacion por mas que Heredia y Basilio de Gama en América, y Quintana y Moratin en Europa, hayan dado bellísimas muestras de lo que pueden el talento y el estilo para producir armonia con instrumentos mal encordados.
Lunares mas visibles que este hemos creido encontrar en la obra de que nos ocupamos.
Parece que la organizacion del autor no estuviese predispuesta sino para sentir y pintar la voluptuosidad perfumada y luminosa de la naturaleza inanimada. El amor á Dios y á la patria, se presentan tambien en el poema con la conveniente exaltacion y con todo el calor con que la esperimentan las almas de buen temple. Pero el amor humano, el amor entre esos dos seres que desde la tentacion del paraiso se dicen al oido palabras que producen incendios y que los ata por el mas santo y dulce de los vínculos, ese amor no se muestra en los labios de personage alguno del poema; dejando asi sin pulsar la cuerda á que el corazon del hombre es mas sensible, y malogrando la ocasion de beber en la fuente inexhausta de la inspiracion mas viva. El casto Virjilio comunicó hasta cierto punto su carácter al pio Eneas; pero supo revivir en el pecho de la reina de Cartago _los vestigios de la antigua llama_. Es tanto mas sensible este vacio cuanto que aquella pasion, como todas las demas que mueven á la humanidad, reviste caracteres especiales y aspectos distintos segun el grado de civilizacion que ocupa en la escala social y segun otras influencias que el _vate_ debe tomar en cuenta tanto como el fisiolojista. Que enérgico y orijinal debió ser aquel afecto en hombres que amaban á sus padres y á la patria con la vehemencia de Aimbire! Aimbire ama, es verdad, á Iguazú; no quiere vivir un momento mas que ella; pero deseamos conocer como se espresaria ese amor en el lenguage del desierto adornado con las imájenes sujeridas á la pasion por los torrentes y las selvas.
El chileno _Oña_, que hemos citado al principio, no solo salpica su poema con escenas amorosas, sino que interesa con ellas el alma y los sentidos, pintando al desnudo las gracias sin atavio de _Fresia_, jugueteando con su amante en las aguas corrientes de Arauco sombreadas de enredaderas y propicias al misterio.
La belleza airada y celosa de _Moema_ forma uno de los episodios que salvarán del olvido el poema épico de la _Conquista de Bahia_, escrito por un fraile Agustino.
Las relaciones místicas entre el _saibá_ y la doncella son de un efecto esquisito; pero el amor humano se compone, segun la espresion de un poeta, no solo de «los delirios del alma sino tambien de los estremecimientos de la carne.»
Por que condenar á la india brasílica al conocido destino de Atala? Acaso no santifica la relijion los apetitos lejítimos que la naturaleza pone en nuestras entrañas? Hay ausencia completa de la muger en el poema del Sr. Magalháes. Iguazú es un pimpollo, una promesa, pero no una esposa. No hay alli como en la _Araucana_, por ejemplo, madre alguna que arroje el hijo á su cobarde compañero; ni una Glaura, ni una Tegualda _en fuerte hora nacida_, «espaciosa de pecho y de dientes engastados en fino coral.» En aquel Eden de poesia no hay una sola Eva.
Notaremos tambien algunas contradicciones en el carácter de Iguazú. En su bella y sentida cancion que hemos traducido habla ella del amante querido. ¡Habíase despertado en su corazon el sentimiento del amor de esposa cuando no era todavia una muger, cuando todavía, segun la poética espresion del autor, no habia abierto el broche á los besos del colibrí aquella azucena silvestre! ¿Sientan bien, por otra parte, las sombras de la melancolía sobre aquella tierna niña, siendo así que las aflicciones de esa dolencia vaga del alma son fruto por lo general de cierta esperiencia de la vida y del ejercicio de la sensibilidad?
Algo podiamos añadir á esta crítica en cuanto al uso de lo maravilloso que el autor ha introducido en la máquina de su poema. El sueño de Jagoanharo le permite al poeta desenvolver las pájinas de la historia futura de su patria; pero por mas elevacion que haya logrado dar á la intervencion de Satanás en las filas opuestas á la cruz, enarbolada por los misioneros, no quisiéramos ver allí lo que no nos parece estemporáneo ni mal traido en las octavas del Tasso, en consideracion á la época en que nació la _Jerusalem libertada_.
Anjel antes de luz, hoy de tenieblas maldito Lucifer! perdiste el cielo.....
Todo esto es muy bello. Seria, empero, mas natural y no menos poético, poner en el corazon de un europeo influyente las pasiones á las venganzas del angel caido.--El autor de la Araucana dice terminantemente que los conquistadores españoles _mas que otras gentes_, eran
_Adúlteros, ladrones, insolentes._
Serian de mejor condicion los lusitanos? Con semejantes calidades no podia faltar entre ellos alguno que produjese los mismos fines para que sirve la evocacion del espíritu malo entre los Tamoyos.
Deseariamos tambien que la erudicion del Sr. Magalháes y su menudo conocimiento en las costumbres primitivas de su pais no lo llevase á referir algunas que son aberraciones de la inocencia y la ignorancia y perjudican al carácter varonil de aquel llas razas. El ejemplo de ternura conyugal tal cuase leé en la pájina 69 del poema, no nos sensibiliza ni le creemos un rasgo noble.
Si cuando las mujeres de nuestros _querandies_ se entraban con sus recien nacidos á las aguas del Plata, hubiesen ocupado sus varones el lugar que dejaban en el hamaca, no esperimentariamos por ellos profunda simpatía, ni les ofreceriamos (como lo hacemos ahora) a la juventud bonarense como dignos de la resurreccion que sabe dar el injenio á los pueblos estintos que solo viven en los anales de la historia.
El Sr. Magalhaes ha hecho con su poema un servicio á las letras americanas, dando una prueba mas, entre las poquísimas que existen, de la posibilidad que hay de interesar el sentimiento y la imajinacion con nuestras crónicas primitivas, dándolas por fondo las peculiaridades de nuestra espléndida naturaleza. Es por esta razon que hemos escrito la presente noticia, sintiendo no haber contraido á ella mayor estudio y meditacion. El Sr. Magalháes puede con mas razon que su compatriota el autor del poema _Uraguay_, decir al suyo: _¡serás leido!_ Lo será en todas partes. Para sus paisanos será no solamente un poema sino una buena accion.
Bajo estos dos aspectos recomendamos tambien su lectura á la jeneracion jóven de Buenos Aires que hoy se prepara para ilustrarlo en un dia proximo con las producciones de su espíritu privilejiado.
EL Dr. D. TEODORO M. VILARDEBÓ.
Como si estuviese dotada de un instinto infernal de dominacion, la fiebre pestilente acaba de conseguir victoria sobre uno de sus mas denodados é intelijentes adversarios. El jeneroso orgullo del que se consideraba fuerte por la ciencia, ha sido castigado por la mano misteriosa de la naturaleza. El Dr. Vilardebó ha muerto de la fiebre amarilla en la noche del Sábado al Domingo 29 de Marzo último, á la cabecera de los enfermos, esforzándose por tranquilizar los ánimos aterrados por la secreta y rápida circulacion de la muerte, como espira gloriosamente el guerrero al pié de su bandera.
En medio del silencío egoista que se apodera de las poblaciones azotadas por la peste, no han faltado en Montevideo ecos que repitan el dolor especial causado por la muerte de aquel hombre distinguido.
El Dr. Vilardebó habria sido estimado en cualquier parte del mundo por sus luces, por su noble carácter, por su constante devocion á las ciencias y al estudio; pero en esta parte de América donde tan pocos de sus hijos se consagran por puro amor, por irresistible vocacion al cultivo de los conocimientos recónditos que tienen por base la observacion y cálculo, era una especie de escepcion y un objeto de orgullo para los hombres de su propio orijen.
Nosotros no podemos hacer una biografia de la noble víctima. Hemos estado privados por largos años de su agradable trato y de sus instructivas conversaciones. No estamos iniciados en la marcha de su espíritu desde el año 1843, ni de sus proyectos científicos, ni de los trabajos á que ha sabido consagrarse despues de aquella época, aparte del ejercicio de su profesion de médico. El Dr. Vilardebó, bajo aquellas formas sociales y amables con que aparecia revestido en público, ocultaba la severa y elevada rejion en que se mantenian sus ideas constantemente. Su silencioso gabinete era el oasis de sus sueños en ese arenal que atravesaba como médico en las horas de su práctica de cada dia.
El Dr. Vilardebó comenzó sus estudios mayores en la Universidad de Cervera. Creyendo que su vocacion le llamaba á consagrarse á las matemáticas, hubo de dedicarse á ellas esclusivamente, y aun fué invitado para rejentar allí una cátedra de cálculo trascendente. Otra era la profesion á que su destino le llevaba. De España pasó á Francia para dedicarse á la medicina y fué discípulo de la escuela de Paris hasta recibir en ella su diploma conquistado con un trabajo asiduo, una conducta ejemplar y lucidos actos científicos, de cuyo mérito puede dar testimonio la notable tésis que leyó para recibir el grado de Doctor en la famosa Universidad de aquella capital. Al frente de esa tésis habia escrito con ternura el nombre de su padre, pensando al escribirle en los servicios próximos que iba á ofrecer á su querida patria despues de una larga ausencia y de muchos desvelos.
La fama de su mérito se adelantó á él en América. Poco antes de partir para Montevideo, habia sido elejido para componer una comision de distinguidos profesores franceses encargados oficialmente de estudiar en el Norte de Europa el carácter y los sintomas del cólera en sus primeras invasiones en aquella parte del mundo.
Esto era por los años 1830 y tantos: estaba entonces en la plenitud de su robustez y de su fuerza: su estatura era alta, su semblante simpático, sus modales benévolos y cultos, y su palabra pura y perfectamente acentuada no dejaba nunca traslucir que poseia fundamentalmente muchos idiomas estranjeros, porque había cultivado con preferencia el que amaba y respetaba como heredado de sus padres. No nos engaña la aficion de amigos. Podemos citar un ejemplo práctico del encanto de la conversacion íntima del Dr. Vilardebó, con tal que ella se contrajera á materias científicas y graves. A las oraciones de una tarde del verano de 1841 se reclinó nuestro amigo en una hamaca correntina, colgada á las paredes de nuestra habitacion. Era la primera vez que descansaba el cuerpo sobre las redes de aquel lecho americano, y las observaciones que hizo con este motivo nos autorizaron para decirle: «Querido Doctor: haga V. de cuenta que se encuentra V. en este momento en las soledades primitivas de Nueva Granada y que ha hallado V. allí como A. Humboldt á aquel pobre americano _del Pozo_, sediento de los raudales de la ciencia europea, que el sábio viajero describe con tanta admiracion en una de sus obras. Hábleme V. de Paris, del Paris intelectual que V. conoce tanto, de los profesores que allí se distinguen, de las teorias científicas á la moda, y de las verdades inconclusas que la observacion ha arrancado del avaro seno de la naturaleza.» Con qué modestia y con cuanta gracia, comenzando por la parte pintoresca de las costumbres de las escuelas francesas, fué remontando hasta la parte árdua y elevada á que le convidábamos á subir! El sol del dia siguiente bañaba las azoteas de la blanca y rizueña Montevideo, cuando nos despediamos despues de haber pasado una noche _ática_, como él decia, inolvidable para nosotros. Seriamos incapaces de reproducir lo que dijeron de bueno y de interesante los lábios que hoy están para siempre mudos. Pero un biógrafo del famoso físico, M. Ampere, hablando del inmenso saber de este profesor, ha descripto con una rara fidelidad el cuadro que acabamos de dibujar con vagos perfiles. «Habló _trece horas_ con una lucidez no interrumpida: y como el mundo es infinito, y todo en él se encadena, y Ampere le conocia zona por zona y de un círculo al otro, sus palabras corrian sin cesar: si el cansancio no le hubiese detenido, creo que aun continuaria. ¡Oh ciencia! Esta vez habiais puesto bien á descubierto el puro, bullente y sagrado manantial de tus verdades!»
Ocupaba mucho al Sr. Vilardebó la idea de hacer un estudio formal de la historia política y natural del pais de su nacimiento. Y como la historia civil del territorio oriental está ligada desde la conquista á la jeneral del antiguo Vireinato del Rio de la Plata; se estendian á todo él sus investigaciones. Llegó á reunir muchos é importantes mapas, planos parciales y documentos escritos para servir á sus miras, y aun redactó unas _décadas_ que, mas que un trabajo histórico completo, eran un cuadro cronolójico de acontecimientos y descubrimientos esplicados con los preciosos materiales que habia sistemado laboriosamente. El estudio de las razas extintas de la gran familia guaranítica que habian poblado las tierras comprendidas entre el Uruguay y el Plata, habíale llamado su atencion con preferencia, y deben existir entre sus papeles apuntes útiles sobre esta interesante materia y en especial sobre el carácter, hechos y costumbres de aquellos famosos charruas que fueron rebeldes por siglos á la espada y á la doctrina de la civilizacion. Creemos que los primeros pasos que se dieron en Montevideo para formar una asociacion de personas, que se contrajesen á la jeografia y á la historia patria, fueron dados por el Sr. Vilardebó. Esta idea se realizó mas tarde, quedando hasta ahora en estado de jérmen, como quedan siempre entre nosotros las ideas de esta naturaleza.
El segundo viaje que emprendió á Europa el Sr. Vilardebó debió tener por objeto, si no estamos mal informados, el perfeccionar sus conocimientos para realizar sus escursiones científicas en el territorio oriental. Al ocuparse de la geografia práctica, al estudiar la geolojía especial de aquel suelo, advertió que las nociones generales que poseia sobre estos ramos no eran suficientes para llegar á la perfeccion á que aspiraba, y para responder á las exijencias que tiene en la actualidad el mundo científico. Adelantado ya en la vida, pudiendo gozar de la independencia que ya habia conquistado, se resignó por amor patrio y por devocion al estudio, á volver á la humilde condicion de discípulo, interrogando los sábios especiales y sentándose en los bancos del aula como en los años de su primera juventud. El aspiraba á determinar astronómicamente los puntos principales que habian de servirle de base para formar en seguida la red trigonométrica de su cartas, asi como aspiraba con este segundo objeto á perfeccionarse en el manejo de los instrumento jeodésicos. En el estudio de los minerales, y de la formacion de los terrenos, en la clasificacion de los abundantes restos fósiles que en esos mismos terrenos están como incrustados desde las épocas antediluvianas, aspiraba igualmente á presentarse digno de los jeólogos y de los paleontógrafos mas acreditados. Es lástima que las inquiétudes políticas y otras causas de desaliento que militan en América para esterilizar los mejores propósitos, hayan detenido al Sr. Vilardebó en este camino tan honroso como útil. Su espíritu debe haber padecido mucho con los obstáculos que encontró invencibles para la prosecucion de sus miras, pues hemos sido testigos de la satisfaccion con que decia hablando de la firme resolucion que tenia de entregarse á ese género de trabajos: «Para quien desea formarse un nombre en la carrera científica, nada es tan penoso como la indecision del rumbo que haya de seguir. Yo le he hallado ya. Mi ocupacion en adelante será el estudio de la naturaleza y de la historia civil de mi pais.».... La muerte lo ha sorprendido sin haber satisfecho tan laudable ambicion. Esta es la historia del hombre.
Lo repetimos, el espíritu y el carácter del Dr. Vilardebó eran sérios y reflexivos. El profesaba principio de que no se puede ejercer en la vida mas que un sacerdocio, y que los ocios del medico son la meditacion y el estudio. El profesaba tambien la máxima de Plinio el viejo: para él, _vivir era velar_. Si las cuestiones de la política intestina de su pais no le eran indiferentes por la relacion que tienen con la felicidad pública, nunca quiso tomar una parte activa en ellas, dejando la jestion de los negocios de estado á cabezas mas audaces ó á personas mas presumidas de entender la táctica de los movimientos gubernativos. El era uno de esos pocos hombres con que contamos en estos paises para que se coloquen á la cabeza de la falanje científica que es preciso organizar alguna vez para sacar de la pereza en que yacen las fuerzas de la naturaleza y devolverlas activas á las necesidades de un pais que se desarrolla como un niño bien constituido,--á pasos de gigante.
Si hay un consuelo para los amigos del Dr. Vilardebó al verle detenido en la vida, no por el cansancio de los años sino por el veneno traidor de una épidemia inesperada, es sin duda la idea de que ha sucumbido en el lugar de honra á donde le llamaban sus deberes. La actitud del médico que sucumbe al mal que en aquel momento combate, es mas modesta, pero no menos meritoria que la del soldado que dá la vida en su puesto. Nosotros, sin embargo, colocamos al Sr. Vilardebó mas arriba de los héroes de espada, dándole el lugar que merece entre los hombres sabios y rectos que se sacrifican por la humanidad. Tenemos á la vista la carta de un digno y respetable europeo que ha tratado al Dr. Vilardebó hasta sus últimos instantes y de ella estractamos las siguientes palabras: «Estoy convencido por esperiencia propia de que hay almas tan nobles y sublimes en el seno de las civilizaciones jóvenes, como en el de las antiguas. Vilardebó me recordará siempre la verdad de este principio, que para mi es sin contradiccion.»
Quien conoce el mérito moral é intelectual de la persona que escribe estas palabras, sabe que ellas son el mayor elojio que se puede escribir sobre el sepulcro del amigo malogrado á quien deseamos paz.
HONORES FUNEBRES.
El Domingo á las 11 de la mañana fueron llevados al Cementerio del Norte los restos mortales del Dr. D. Vicente Lopez.
Seguía al ataud una larga fila de carruages conduciendo lo mas distinguido de esta sociedad, que espontáneamente acudia á rendir el último tributo de respeto ó de amistad al ilustre finado.
Terminadas las preces religiosas el Dr. D. Juan Maria Gutierrez pronunció sobre la tumba el bello y sentido discurso que insertamos en seguida. El Sr. D. Mariano Varela dijo en seguida algunas palabras muy oportunas, y otro caballero tomó tambien la palabra para hacer el elojio del varon justo que despues de tantos servicios á la Patria, ha ido á descansar en el seno de su Creador.
(_El Orden_ del 14 de Octubre de 1856.)
Discurso
PRONUNCIADO POR EL DR. D. JUAN M. GUTIERREZ, EN EL SEPULCRO DEL
Doctor Don Vicente Lopez.
_Señores!!_
La muerte no ha completado su triunfo sobre el hombre que aquí yace. La tierra ha caido sobre sus restos, pero no el olvido. Las jeneraciones argentinas al sucederse unas á otras, trasmitirán á la mas remota posteridad el nombre, las virtudes, el patriotismo y el claro talento del Sr. Dr. D. Vicente Lopez y Planes.
El que narrase la vida tan llena y completa de este varon benemérito, haria á la vez la historia laboriosa de nuestra patria desde los primeros años de este siglo. El fué uno de esos séres privilejiados que recibieron de la Providencia las dotes necesarias para emprender la obra de la rejeneracion de América. El pertenece á esa jeneracion denodada que en los campos de batalla, en las asambleas, en los consejos del gobierno, por medio de la accion y de la palabra, estaba destinada por Dios para transformar una colonia en una nacion independiente.
En diferentes climas de este mundo, mi corazon se conmovió siempre, como el corazon de un hijo cuando una de esas almas bien templadas remontaba al cielo. En este momento yo lamento la pérdide de uno de los padres de mi patria y tambien de mi inteligencia. A este último título, escusadme, señores, si ante esos lábios elocuentes que ha enmudecido el sueño eterno, se atreven á abrirse los mios. Yo no soy capaz ni siquiera de comprender todo el valor moral de ese republicano segun el evangelio; de ese justo acrisolado por la filosofia; de esa cabeza escojida é indagadora que tras las huellas de Newton sabia seguir el curso de los astros, y cantar inspirado como Fr. Luis de Leon sus misterios y sus armonias reveladas por el sentimiento de lo infinito.
Señores, somos argentinos: somos hombres de amor, de sentimiento y de entusiasmo. Estas magnificas cualidades hervian ardientes en el alma del Dr. Lopez: él fué nuestro compatriota por escelencia. Nuestro amor debe derramarse á torrentes sobre su tumba como nuestras lágrimas.
Las fuerzas morales tuvieron para él en las dificultades de la vida, dos fuertes columnas de apoyo la relijion de sus padres y la relijion de la Patria.
Le habeis conocido, Señores: Aquel manso filósofo, cuya palabra escojida, mesurada, armoniosa, acariciaba amorosamente el oido de quien la escuchaba; aquel cristiano que amaba al prójimo como á si mismo; aquel hombre de paz que estudió por inclinacion la ciencia de distribuir la justicia,--ese mismo fué un guerrero intrépido y audaz cuando el peligro de la patria puso una espada en sus manos de ciudadano. Las insignias de maestro en leyes, le fueron colocadas en la Universidad de Chuquisaca sobre el uniforme de capitan de Patricios con que se habia distinguido en las famosas acciones de guerra de 1806 y 1807, en las calles y suburbios de la ciudad que tanto amó.
Bautizado por los peligros en la religion de la gloria, la gloria estará siempre desvelada sobre su tumba.
El Dr. Lopez fué una de esas criaturas á quienes Dios tanto ama, que los identifica con su patria, dándoles un instante de inspiracion para que en él reasuman y den forma al instinto característico de esa mísma patria en toda su prolongada duracion.