Apuntes biograficos de escritores, oradores y hombres de estado de la Republica Argentina
Part 1
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La página de Fe de Erratas: estas erratas se han corregido en el texto.
(nota del transcriptor)
BIBLIOTECA AMERICANA.
TOMO VII.
APUNTES BIOGRAFICOS DE ESCRITORES, ORADORES Y HOMBRES DE ESTADO DE LA REPUBLICA ARGENTINA.
POR EL DR. D. JOSÉ MARIA GUTIERREZ.
Siendo esta obra propiedad de la Biblioteca Americana, el Editor perseguirá ante los tribunales, á quien la reimprima sin su permiso.
APUNTES BIOGRAFICOS DE Escritores, Oradores y hombres de Estado DE LA REPUBLICA ARGENTINA.
POR EL Dr. D. JUAN M. GUTIERREZ.
....Je voudraís que chacun écrivit ce qu’il sait, et autant qu’il sait, non en cela seulement, mais en tout autre sujet.
M. MONTAIGNE, Ess. L. I, Chap. 3.
BUENOS AIRES. Imprenta de MAYO, Calle de Belgrano núm. 107. 1860.
ADIOS!
Con este tomo queda aplazada por ahora la publicacion de la _Biblioteca Americana_. Son bien notorios y conocidos los sucesos políticos que nos obligaron á suspenderla á mediados del próximo pasado Mayo, y no juzgamos necesario ni creemos oportuno entrar en este momento en el análisis de las diversas causas que nos impiden continuarla hoy; pero como muchos suscriptores han tenido la bondad de escribirnos, manifestándonos el deseo de que se publicase al menos el tomo anunciado y pendiente de los APUNTES BIOGRÁFICOS del Dr. D. Juan M. Gutierrez, hemos hecho un arreglo con D. Cárlos Casaballe, á fin de complacer á dichos suscritores y complementar las MÁXIMAS Y PENSAMIENTOS de aquel distinguido escritor.
Al despedirnos, pues, de nuestros constantes favorecedores, solo nos resta rogarles admitan este último tomo, protegiendo asi el desinterés y buena voluntad con que el Sr. Casaballe ha querido imprimirlo por su cuenta y riesgo, contando principalmente con el crecido número de suscriptores que tenia la Biblioteca cuando se suspendió. Por nuestra parte nos darémos por muy satisfechos, si al alejarnos de Buenos Aires vinculamos nuestro recuerdo y ponemos punto á nuestras tareas literarias con la publicacion de este libro por tantos conceptos recomendable.
Desde Montevideo para donde partimos mañana hacemos ardientes votos por la felicidad de Buenos Aires y la union de la República Argentina, como la comprendieron sus ilustres fundadores, esperando que si no nos es dado mas adelante llevar á feliz término la obra emprendida, otros habrá mas capaces que, en época mas propicia, sabrán fecundizar la idea en jérmen que nosotros apesar de todos nuestros esfuerzos no hemos logrado ni lograremos tal vez desarrollar. Entre tanto como la esperanza es lo último que abandona al hombre, confiamos todavia, y estrechando la mano á nuestros amigos, les decimos unicamente: ADIOS!
Buenos Ayres, 2 de Enero de 1860.
A. MAGARIÑOS CERVANTES.
P. D.--Esto escribiamos hace tres meses: y recien en el dia de la fecha, 4 de Abril, llegan á nuestras manos las primeras pruebas del mencionado libro. En una estensa y afectuosa carta, nos esplica el Sr. Casaballe los motivos agenos á su voluntad, que han retardado la impresion, y como esta circunstancia, nacida principalmente del escesivo trabajo de que se vé amenudo recargada la imprenta de Mayo, ha dado márgen á diversas interpelaciones, trascribimos á continuacion la carta que al efecto publicamos en los periódicos de Montevideo.
Solo nos resta añadir respecto de dicha carta, que resueltos á llevar adelante los propósitos en ella consignados, bajo las condiciones y en la forma espresada, la reproducimos aqui con el doble objeto de que llegue á noticia de los suscritores que no la hayan leido, y como una promesa que si obstáculos insuperables no lo impiden, mes mas ó menos, ha de convertirse en realidad.
Dice asi:
Sres. Redactores de la _Tribuna_.
Buenos Aires.
Montevideo, Marzo 14 de 1860.
Muy señores mios.--Uno de mis amigos ha tenido la bondad de enviarme, dentro de una carta que he recibido con bastante retraso, por estar equivocada la direccion, un párrafo inserto en la _Tribuna_ del 7 del corriente, en que ustedes tienen la bondad de dirigirme algunas preguntas á _nombre de la literatura del Rio de la Plata_.
“¿Por qué, dicen ustedes, hoy que la oliva de la paz dá sombra á estos pueblos, no continúa el señor Magariños Cervantes la publicacion de la Biblioteca Americana?
“Obras de esa naturaleza no deben cesar jamás, por su intrinseca importancia, cuanto por el estimulo que despiertan en la juventud etc.”
Agradeciendo cordialmente esta afectuosa indicacion, que ya me habian hecho otros periódicos y varios suscritores, les diré que al alejarme de Buenos Aires en Enero de este año, dejé á D. Cárlos Casaballe un tomo del Dr. D. Juan M. Gutierrez con un pequeño prólogo en el que me despedia de los suscritores y esplicaba las razones que me obligaron á suspender la Biblioteca un mes despues del pronunciamiento de los pueblos de la Confederacion.
Ignoro los motivos que habrán impedido al señor Casaballe cumplir la formal promesa que me hizo de imprimirlo: probablemente la escases de operarios será la causa. Yo creyendo que el referido tomo se publicaria mas pronto, juzgué inútil hacer ninguna advertencia al público, y por ese motivo he guardado silencio hasta ahora, en que la interpelacion de la _Tribuna_ me pone en el deber de romperlo.
La favorable acojida que obtuvo esa publicacion, que al suspenderse por los sucesos de la guerra, contaba con novecientos suscritores en la República Oriental, Estado de Buenos Aires, Confederacion y Paraguay, segun consta de las listas publicadas al fin de cada tomo, me hizo creer en la posibilidad de que alcanzase larga vida, y mas de una vez he ideado diversas combinaciones para llegar á ese resultado.
Una de ellas era publicar un periódico político, comercial, judicial y literario, órgano de los intereses permanentes y generales de la República Oriental, titulado EL URUGUAY, y que por el fondo y por la forma justificase su título; y si lograba reunir una suscricion suficiente á costear los crecidos gastos que demanda, agrandarlo de manera que se pudiesen dar cabida en él mas adelante, á los tomos de la Biblioteca, de modo que los suscritores recibiesen cada mes el periódico y un libro intercalado en él por el mismo precio de otro cualquier diario.
La nueva situacion en que ha entrado el pais desde el 1ᵒ de Marzo y otras circunstancias que seria largo esponer, me han hecho volver á pensar en mi antiguo proyecto; pero al ir á ponerlo en planta, he tropezado con dificultades mas serias de lo que me imaginaba.
Y no vayan ustedes á creer que los obstáculos nacen de las autoridades ó cosa parecida: no: son por ahora puramente materiales. Nada temia ni temo del Gobierno ni de los partidos, porque el móvil, las tendencias, los principios que ese periódico sostendria, no pueden ser mas dignos y elevados.
Espondrelos aqui en breves palabras, para justificar lo que avanzo, copiando un párrafo del prospecto que tenia escrito desde el 2 de Marzo.
“EL URUGUAY, caso que se publique, no levantará ninguna bandera de partido: periódico _nacional_, en la noble espresion de la palabra, y consagrado únicamente á los intereses permanentes y generales del pais, buscará la solucion de nuestros problemas sociales, no en pequeñas y transitorias cuestiones que solo conducen á perpetuar, con mengua de todos, los odios que nos dividen, sino en el estudio práctico de la Constitucion: en la recta observancia de la ley; en el respeto á las autoridades emanadas de ella, en el mutuo y franco cumplimiento de los derechos y deberes que asigna é impone á Gobernantes y á gobernados; en la propaganda de los altos principios de la democracia; y finalmente en el análisis y difusion de las buenas doctrinas, aplicables á nuestras necesidades: esas doctrinas que abarcan los diversos ramos del saber humano, relacionados con los elementos que constituyen la vida política, económica, intelectual y moral de las naciones; y que valen la pena de que á su triunfo consagren sus esfuerzos todos los hombres de corazon é inteligensia, sin mas recompensa acaso que el aplauso y simpatia de los buenos.
“El jérmen de este pensamiento se encuentra en varias de mis publicaciones anteriores (véase el programa de la _Revista española de ambos mundos_ y Biblioteca Americana t. 5ᵒ pag. 273) y desde que regresé de Europa se ajita en mi cabeza. ¿Habrá llegado el momento de realizarlo? Lo ignoro aun; pero de él forma parte la Biblioteca Americana, aunque no me sea posible continuarla inmediatamente; puesto que, prescindiendo de lo que dejo apuntado mas arriba, compromisos contraidos y las atenciones de mi estudio de abogado que no pienso ni quiero cerrar, no me permitirán consagrar al mismo periódico sino una parte de mi tiempo, como tantos otros letrados que han sido y son á la vez periodistas; ya que por desgracia todavía la vida de escritor público entre nosotros, si bien tiene mas importancia de lo que jeneralmente se crée, no es una profesion que recompense los disgustos y compromisos que ocasiona, ni dá al que la ejerce la consideracion que merece cuando se desempeña con altura y dignidad.”
Esta sencilla exposicion convencerá á ustedes que no he renunciado completamente á mis antiguos propósitos, y que la literatura del Rio de la Plata tiene en mi todavia un obrero aunque humilde, decidido y perseverante.
En fin, obras son amores, y concluyamos que esta carta ya se va haciendo muy estensa. Voy, pues, á trabajar con doble empeño para llevar á cabo mi idea, que necesariamente exije algun tiempo antes de poderla plantear como deseo; pero sino logro vencer las dificultades materiales, ó no veo condiciones favorables para el desarrollo del fin que me he propuesto, quedará aplazada la aparicion del URUGUAY, para tiempos mejores, y con él la continuacion de la BIBLIOTECA. Entre tanto aprovecho la ocasion que ustedes me ofrecen para disculparme con los suscritores de aquella publicacion y darles las esplicaciones que anteceden. Por consiguiente agradeceria á ustedes lo mismo que á sus cólegas de Montevideo me hicieran el obsequio de reproducir esta carta, si la creen digna de ocupar un lugar en sus columnas; hay en ella algunas ideas que conviene popularizar, y me interesa que esos suscritores y mis amigos personales sepan al menos que no depende de mi buen deseo complacerles desde luego, sino de circunstancias superiores á mi voluntad.
Esperando que asi lo hagan, les doy las gracias de ante mano y me repito etc.
_Alejandro Magariños Cervantes._
BIOGRAFIA DE D. BERNARDINO RIVADAVIA.
Los hombres notables de la revolucion argentina de quienes nos separan el tiempo y la muerte, soportan bajo sus humildes sepulcros el doble peso de la losa y de la indiferencia.
La vida de nuestro pueblo ha sido turbulenta, rápida como un torrente. Nos hemos derrumbado por sus aguas, sin hallar aquel reposo que exige la contemplacion de la historia para poder distinguir con claridad la fisonomia de los personajes que en ella se ilustraron.
Mientras tanto, los pueblos, como las familias se robustecen para las luchas en que la virtud sale triunfante, volviendo la vista en las horas de conflicto á las imágenes respetadas de los antepasados que conservó el arte ó perpetua la tradicion.
Quien, en los momentos de fragilidad, en las indecisiones de la conciencia, no ha hallado el buen camino á la luz de la mirada de su padre, aun arrojada desde la region de la muerte? Nos retraemos de una accion que nos reprobaria desde su tumba aquel á quien hemos amado y respetado en vida.
Y como el ciudadano es un hombre, y el pueblo es la coleccion de las familias, y la patria el hogar de una sociedad entera; ese mismo poder morijerador que ejerce sobre el individuo el recuerdo de sus antecesores, se ejerce tambien sobre las naciones por la memoria de los varones eminentes que son sus gloriosos projenitores.
El viento de nuestras querellas ha llevado en pedazos á nuestros viejos próceres. Es preciso buscar la huella de sus pasos en los caminos del destierro, en el pavimento de las cárceles, en la sombra triste á donde les confinó la injusticia ajena ó los propios desengaños.
Es necesario lavar de sobre ellos las manchas de lodo con que les salpicó el carro revolucionario, reparar sus mutilaciones, colocarles en dignos pedestales, á fin de que la juventud les venere y se estimule al bien para no ser bastarda de tan noble genealogia.
Son estas, sin duda, las consideraciones que han inspirado el pensamiento de formar la presente galeria de hombres célebres del pais, entre los cuales se coloca con justicia en primera línea á D. BERNARDINO RIVADAVIA.
Fueron sus padres, el abogado de la Real Audiencia D. Benito Gonzalez de Rivadavia y Da. Maria Josefa Rivadavia, y nació en esta ciudad de Buenos Aires el dia 20 de Mayo de 1780.
Era diez años menor que D. Manuel Belgrano y dos menor que D. José de San Martin, célebres generales de nuestra independencia: menor tres años que el Dr. D. Mariano Moreno, aquel que como un meteoro brillante cruzó el cielo de Mayo y se apagó en la inmensidad del oceano.
La profesion del padre y las tempranos propenciones del espíritu llevaron naturalmente al Sr. Rivadavia á la carrera de las letras.
Los _reales estudios_ existian en Buenos Aires desde el año 1772, época en que se fundaron, con los bienes secuestrados á los jesuitas, bajo la direccion del digno y desgraciado santafesino Dr. D. Juan Baltazar Maciel.
El personal docente del _establecimiento académico_, como denomina el historiador Funes al primer colegio Bonaerense, se componia de dos preceptores de latinidad, de los cuales uno debia enseñar la retórica; de un maestro de filosofia y tres de teologia. Estas cátedras reunidas y aumentadas tal vez en número, pasaron á formar el colegio de San Cárlos en donde desde el año de 1785 se educaron los hijos de Buenos Aires que no querian ó no podian trasladarse á la antigua universidad de Córdoba.
La enseñanza de la lengua latina se mantuvo á la altura de las necesidades de la escolástica, hasta que la fortuna trajo al pais al presbitero D. Pedro Fernandez, literato imbuido en las bellezas de los clásicos latinos, á cuya difusion entre los jóvenes se consagró durante cinco años desde el de 1790.
Fué en la escuela de este hombre útil y modesto, en la que se inició el Sr. Rivadavia en los rudimentos del saber, segun la disciplina ordinaria. El mérito del maestro se mide por la gratitud que le conserva el discípulo.
“Mientras el Sr. Rivadavia tuvo influencia en los destinos de nuestro pais (dice el ilustrado editor del _Triunfo Argentino_) se hizo un deber en protejer al viejo presbítero que habia sido su maestro: razgo noble que le agradecemos en lo mas profundo de nuestra alma.”
El pobre anciano Fernandez, entendido en agricultura y aficionado á los campos, como Virgilio cuyas geórgicas y églogas sabia de memoria, aceptó con gusto la direccion de una colonia de estrangeros, establecida en _la chacarita de los colegiales_ en donde el nombre del Rector Chorroarin debia salvarse del olvido segun las intenciones del decreto de 25 de Setiembre de 1826. Bastóle este delito para que pasada la Presidencia se le dejase morir en la oscuridad y en la miseria.
Muchos porteños distinguidos en las letras, en la magistratura y en la diplomacia, y que han prestado eminentes servicios á la patria fueron condiscípulos del Sr. Rivadavia.
Educáronse con él, el inspirado autor del himno nacional, fundador del Departamento Topográfico y creador de la estadística entre nosotros, Dr. D. Vicente Lopez: el que supo fundir cañones, dispararlos con valentia y coronarse con laureles tan inmortales como los del héroe, cantando la _Libertad de Lima_, D. Estevan de Luca: el elocuente orador en el púlpito y en la tribuna parlamentaria, Dr. D. Julian Segundo de Agüero: el que fué digno de arrancar con sus virtudes á la lira de D. Juan Cruz Varela una de las mas entonadas elejias de la musa argentina, Dr. D. Matias Patron......
Todos estos conocieron al Sr. Rivadavia en la íntima familiaridad de las aulas, sin que pudieran comprender entonces que la frente noble y desenvuelta, sombreada por abundante cabello renegrido, que el aspecto grave y la seriedad adulta de aquel jóven eran otras tantas promesas de las calidades de iniciador y de reformador que habia de desenvolver en alto grado cuando invistiese la autoridad para cuyo lustre habia nacido.
En la flor de la vida y en medio de la monotonia de la existencia colonial se encontraban aquellos jóvenes, cuando la inesperada agresion británica vino á sacudirles como con el golpe de una corriente galvánica.
El pueblo de Buenos Aires se alzó á manera de un solo hombre. Todos los habitantes fueron soldados. Uno de los condiscípulos ya mencionados del Sr. Rivadavia, recibió la insignia de doctor en leyes sobre el uniforme de capitan de Patricios. Con el mismo grado sirvió el Sr. Rivadavia en el batallon de gallegos, el cual se señaló en varios encuentros con el enemigo, muy especialmente en el lance de la desgraciada defensa de los pasos del Riachuelo contra las legiones del Mayor Crawfur.
El francés D. Santiago Liniers fué el héroe de la _Defensa_ y de la _Reconquista_ en los años de 1806 y 1807. Sus hechos meritorios despertaron los celos del Cabildo hasta el punto de empeñar esta corporacion todo su influjo para que la corte de España no le recompensase con el mando efectivo del vireinato, acéfalo por la fuga cobarde de Sobremonte y por las medidas tomadas contra este indigno mandatario por la Audiencia gobernadora.
Los adversarios del vencedor obraron en seguida mas abiertamente contra él y llegaron hasta los hechos. La primera revolucion armada que presenció Buenos Aires fué la que tuvo lugar el 1.ᵒ de Enero de 1809, especie de tumulto militar sofocado principalmente por la actitud decidida que los patricios tomaron unánimes en defensa de la autoridad de Liniers. “Cuando los españoles se divídieron entre Liniers y Alzaga (dice un escritor argentino) Rivadavia se puso del lado del primero porque la idea americana en ello ganaba, y su resolucion fué de gran peso para hacer inclinar la balanza en favor de Liniers.”
Los que están al cabo de las curiosas complicaciones de aquella época, aseguran que este no solo era el caudillo querido del pueblo por sus brillantes proezas, sino porque los sucesos le habian colocado, sin que él mismo lo percibiese, á la cabeza de los instintos patrios, despertados con el sentimiento del propio valor, en oposicion al prurito de superioridad y predominio del partido peninsular.
El jérmen de la revolucion habia llegado hasta nuestras playas, sin duda, con las ideas de la filosofia política de la Francia moderna; pero puede decirse tambien que la revolucion de 1810, tan favorable al desenvolvimiento del comercio inglés en estas regiones de América, fué avivada indirectamente con el toque de las generalas con que el tambor argentino, convocaba á la defensa contra los soldados de la Gran Bretaña.
La posicion en que la fuerza de las cosas habia colocado á Liniers, era ya de suyo una poderosa razon para que el Sr. Rivadavia se hubiese conducido para con él de la manera que hemos visto en el suceso del 1.ᵒ de Enero. Pero, militaba á mas una circunstancia personal que comprometia su gratitud para con el gefe bizarro de la defensa de Buenos Aires.
Liniers, para arrancar de manos de sus enemigos domésticos una arma terrible, dispuso que la jura de Fernando VII se verificase el dia 21 de agosto de 1808, inmediatamente despues que llegó á este puerto la noticia de la exaltacion de aquel monarca al desacreditado trono de sus padres. Aquella ceremonia debia tener lugar con el aparato y la pompa de que era capaz una ciudad rica y populosa, y ocupar en la fiesta un lugar señalado el Alferez real; empleado de cuenta cuya única incumbencía era pasear erguido el estandarte de la conquista.
El virey Liniers, nombró para desempeñar aquel cargo al capitan Rivadavia suscitándose con motivo de este nombramiento un conflicto de competencia de autoridad entre el virey y el cuerpo capitular del cual salió este triunfante, eligiendo en consecuencia otro alferez real mas de su amaño que el criollo Rivadavia.
“No era aquel tiempo de abrir al pueblo los secretos,” dice el mas sentencioso de nuestros escasos historiadores. Mal interpretaria las disposiciones del ánimo del Sr. Rivadavia, quien juzgare de ellas y de sus ideas de entonces, por el papel que se disponia á desempeñar en las festividades de la jura réjia. En medio de aquel concurso y de aquel júbilo popular, usando de las espresiones del mismo escritor, no dejaban de encontrarse algunos patriotas de fino tacto político, á cuya vista no se escapaban los primeros crepúsculos del dia que iba á nacer para la América, y cuya inclinacion nativa llevaba sus juramentos á la patria, como acreedora de mejor derecho.
La vida entera del Sr. Rivadavia nos autoriza para asegurar que era él del número de aquellos patriotas avisados que disimulaban ante la muchedumbre y preveian para todos la próxima aurora de una luz que ardia y brillaba en el interior de cabezas privilejiadas.
Sérias dificultades se presentaban á los hijos del pais para la eleccion de una carrera.
Aquellos mismos que habian nacido en el seno de familias acomodadas, si no éran abogados ó sacerdotes, no encontraban colocacion lucida en la sociedad sin grande pena y con sacrificio de mucho tiempo.
Las ciencias matemáticas no se han cultivado entre nosotros hasta mucho despues de 1801. La escuela de náutica, abierta por el distinguido ingeniero D. Pedro A. Cerviño, durante la administracion del virey D. Joaquin del Pino (1801 á 1804) no mereció sinó una fuerte reprobacion de la córte. Los ingenieros que median las propiedades rurales eran los _pilotos_ mercantes que habian aprendido á cuartear la aguja náutica en las puertas de Cádiz ó del Ferrol.
La literatura, esta madre amorosa con que nos ha dotado la sociedad moderna, si daba fama escasa no proporcionaba, por cierto, medios sobrados de subsistencia. Las carreras, pues, eran reducidas en número, ó mas bien dicho, estaban limitadas á tres para los hijos del pais,--el foro, la iglesia, la oficina. El comercio, puede decirse con verdad que estaba reservado con todo el provecho y la respetabilidad que proporcionaba su ejércicio á los españoles europeos.
El cultivo general de la inteligencia no debia servir mas que para tormento de quienes le emprendian. La imprenta materialmente imperfecta y escasa, erizada de peligros y embarazada con las mil trabas de la legislacion, no presentaba estímulo para producir, ni facilitaba empleo de provecho al que se sentia capaz de escribir para el público.