Antología portorriqueña: Prosa y verso
Part 14
del héroe vigoriza la campaña el beso de la Patria, perfumoso, que laurel inmortal guarda á su hazaña.
Así ¡Patria!, en gemido doloroso, clamar pudo el colono sin ventura al amparo del lábaro glorioso.
Así puede de Patria la estructura, que á la tierra natal une el derecho, quebrantarse al poder de la natura.
* * * * *
No el dardo suspicaz vibre en acecho. Nací colono; mas la sangre fiera á que brindan mis venas cauce estrecho
la heredé con mi nombre y mi bandera. Esa triple divisa hereditaria herrumbre corrosiva no tolera.
Yo quiero que en mi tumba solitaria la cruz, que al nombre maternal va unida, recoja de mis hijos la plegaria,
formulada en la lengua esclarecida que, de cultura al verbo prodigioso, estremeció la América escondida.
Yo espero que mi fúnebre reposo ampare con su sombra esa bandera que dió á mi cuna pabellón hermoso,
y que, al soplo de brisa placentera, muestra ufana el ibérico linaje que el polvo de los siglos no vulnera.
Tributo á esos emblemas vasallaje. Mas ¡Patria! he de llamar, en tanto viva, con el vehemente paternal lenguaje,
á la encantada Boriquén nativa, que encendió con su sol mis ilusiones, que las cenizas de mi hogar cautiva,
que entraña en su vigor mis afecciones, y con el jugo de mi carne muerta ha de nutrir sus ásperos terrones.
Hijo del siglo, mi razón abierta ofrezco á la sanción cosmopolita que del progreso la virtud concierta.
¡Fraternidad universal! me grita la ciencia en sus arranques soberanos. ¡La aurora avanza de esa luz bendita!
Pero mientras los ímpetus tiranos de expoliación y odio no concedan todo el globo por Patria á los humanos,
á mis labios dejad que, libres, puedan Patria llamar á la región querida donde en goces de amor las horas ruedan;
donde la paz fructífera se anida bajo el regio dosel de los palmares, en que repite el aura embebecida,
como intensa oración de los hogares, del trabajo el exámetro estridente, perfumado por lirios y azahares,
cortado por el ritmo persistente de un mar que copia en su cristal sereno el zafiro de un cielo trasparente.
* * * * *
¡Esa es mi Patria! De verdura lleno, un risco que á la errátil golondrina abrigo, amor y pan brinda en su seno.
¡Esa es mi Patria! Concha peregrina que en su regazo recogió mi cuna al instable vaivén de onda marina.
Enlazada mi suerte á su fortuna, fué su amargo sufrir mi sufrimiento, nuestra sed de justicia sólo una.
En su amor se templó mi sentimiento, y al culto de su gloria y su grandeza erigió mi razón un monumento.
Sí; yo anhelo que luzca su belleza: no cual inverecunda cortesana que arroja al lodazal su gentileza,
ni así como odalisca, flor liviana de uno en otro serrallo trasmitida, gaje ó juguete de opresión villana.
La quiero entre los pliegues guarecida de esa insignia que trajo á sus riberas el numen de cultura bendecida;
mas no aherrojada en cárceles severas, ni herida por torpeza desdeñosa ni desangrada por pasiones fieras.
La quiero ver, matrona vigorosa, mostrando en el festín de sus mayores de virtudes diadema primorosa;
uniendo su dolor á los dolores que un ¡ay! arranquen al materno pecho; al honor nacional rindiendo honores;
Libre, alzando su voz por su derecho, en el íntimo pacto de familia, de sus amantes hijos en provecho.
¡Así quiero á mi Patria! Así concilia su lealtad, su reposo y su grandeza la fe consoladora que me auxilia!
Así de Boriquén cedo á la alteza toda la sangre que en mis venas corre, todo el fuego que exalta mi cabeza.
Favor no busco ni ambición me acorre. Ni laurel de la Patria es necesario; que harta dicha obtendré, si me socorre
un rayo de su sol como sudario, en su peña por tumba una hendidura, y por salmo piadoso, funerario, el himno redentor de su ventura.
FRANCISCO J. AMY
Entre los literatos y poetas portorriqueños del siglo XIX era Francisco Javier Amy el más versado en idiomas extranjeros, y el que aportó mayor caudal de otras literaturas á la del país.
Nació en Arroyo el 2 de agosto de 1837. Antes de haber cumplido 14 años se trasladó á los Estados Unidos, en donde aprendió pronto el idioma inglés, recibió su educación en la Episcopal Academy, Cheshire, Connecticut. Á los 17 años ejercía ya la enseñanza de los idiomas inglés y español, y escribía algunas producciones en prosa y verso para el _Waverley Magazine_ y otras publicaciones de Nueva Inglaterra.
Volvió á Puerto Rico en 1858 para realizar algunas propiedades heredadas de uno de sus tíos, y aceptó aquí algunas proposiciones que se le hacían para el cargo de corresponsal extranjero de varias casas comerciales. Pero habituado á la vida de la libertad en los Estados Unidos, no se avenía bien con las prácticas restrictivas del régimen colonial que imperaba en Puerto Rico, y no tardó en volverse para el Norte de América, en donde se naturalizó como súbdito americano.
Regresó más tarde á Ponce, donde fundó, en unión del Dr. Zeno Gandía, una revista literaria y científica titulada _El Estudio_, y publicó una colección de poesías, unas originales y otras traducidas por él concienzudamente. Este libro se titula _Ecos y Notas_.
En 1888 volvió á los Estados Unidos, en donde publicó un nuevo libro de prosa y de verso, titulado _Letras de Molde_, y dió á la literatura inglesa una preciosa traducción de _El Sombrero de Tres Picos_, de Alarcón, con el título de _The Cocked Hat_ Publicó también, durante algunos años, _La Gaceta Ilustrada_, de Nueva York, y escribía para varios periódicos en inglés y en castellano.
Al efectuarse en Puerto Rico el cambio de soberanía después de la guerra hispanoamericana, fué requerido Amy por el nuevo gobierno en calidad de traductor oficial, cargo en el que prestó importantes servicios al gobierno y al país.
Producto de su observación directa y de su honrada sinceridad al apreciar procedimientos y opiniones de la política del país, fueron los artículos que forman su libro _Predicar en Desierto_, no bien apreciados en la época en que los dió á la publicidad.
Pero su obra culminante fué sin duda el libro titulado _Musa Bilingüe_, colección de poesías escritas en idioma inglés y traducidas con gran acierto al castellano por el mismo Amy y otros buenos poetas, y de poesías castellanas, hispanoamericanas y portorriqueñas puestas en verso inglés por insignes poetas de lengua inglesa ó por el mismo Sr. Amy. Hay en todas sus traducciones una gran fidelidad y respeto al pensamiento y áun al estilo del autor. Era realmente un traductor modelo, y elegía bien los autores y las obras.
De los poetas angloamericanos tradujo poesías famosas de Bryant, de Longfellow, de Whittier, de Whitman y de Stedman; de los británicos tradujo poesías selectas de Moore, de Hood y de algunos más. Tradujo también al inglés algunas joyas poéticas de Cuba y Puerto Rico.
La influencia de su labor en la poética de este país fué beneficiosa: contribuyó á moderar el excesivo floreo retórico y la adjetivación más abundante que apropiada, y puso algún freno á los alardes innecesarios de la verbosidad y la fantasía, ampliando por otra parte los buenos modelos y los horizontes de la inspiración.
Su estilo, como su carácter, era sobrio, preciso, austero á veces, pero siempre decoroso y correcto.
Fué siempre admirable su laboriosidad, y actuó valientemente en su mesa de trabajo hasta que le rindió su enfermedad mortal, cuando había él cumplido más de 75 años de vida.
Falleció el día 30 de noviembre de 1912.
La siguiente traducción de una de las composiciones de Longfellow más difíciles de reproducir en otro idioma, puede dar una idea de la capacidad de Amy para esta clase de trabajos.
EL VIEJO RELOJ
En un confín de la rústica aldea Alzase antigua mansión imponente, Cuyo portal, con sus lóbregas formas, Olmos añosos en sombra mantienen; Y en la antesala un reloj carcomido Va repitiendo, pausado y solemne: ¡Por siempre,--nunca! ¡Nunca,--por siempre!
Allí en su rígida caja de roble, Con sus inquietas agujas, parece Un viejo monje en su negra capucha Que se persigna y murmura sus preces; Que con acento fatídico y grave Á cuantos llegan les dice entre dientes: ¡Por siempre,--nunca! ¡Nunca,--por siempre!
Suaves sus golpes se escuchan de día, Mas de la noche en las horas silentes, Cual misteriosas pisadas, sus ecos Acompasados los tímpanos hieren; Y á cada puerta de aquella morada Llegan y dicen en tono doliente: ¡Por siempre,--nunca! ¡Nunca,--por siempre!
Horas fugaces de gozo y de vida, Horas tremendas de luto y de muerte; Todas las raudas mudanzas del mundo Marca el reloj, sin que nada le altere; Sin que un instante su lengua ominosa El estribillo monótono deje: ¡Por siempre,--nunca! ¡Nunca,--por siempre!
Franca acogida encontraba el extraño De esa mansión al cruzar los dinteles; Vivo chispeaba el hogar espacioso, Mientras bullía ruidoso el banquete: Mas, entre brindis y risas llegaba, Cual de un espectro, el augurio solemne: ¡Por siempre,--nunca! ¡Nunca,--por siempre!
Allí los niños jugaban gozosos; Allí las cándidas almas ardientes Á sus ensueños de amor se entregaban... ¡Oh, rica edad que al fugarse no vuelve! Así contaba el reloj, cual avaro, Esos de dicha momentos tan breves: ¡Por siempre,--nunca! ¡Nunca,--por siempre!
De aquella alcoba salió deslumbrante La desposada en su traje de nieve; En el salón silencioso y obscuro Vióse tendido el cadáver inerte; Y á cada pausa en los rezos, marcaba Lento el reloj su tic tac elocuente: ¡Por siempre,--nunca! ¡Nunca,--por siempre!
Todos dispersos están los que un día Vida prestaron al tétrico albergue; Y al exclamar melancólico: "¡Cuándo, Cuándo otra vez se unirán los ausentes!" Como en los tiempos pasados, escucho Sólo del viejo reloj los vaivenes: ¡Por siempre,--nunca! ¡Nunca,--por siempre!
¡Nunca en el mundo falaz, engañoso! ¡Por siempre allá de la mística muerte En el tranquilo, amoroso regazo, Donde sin penas ni afanes se duerme!... Esto el vetusto reloj de los siglos Á todos dice en su lengua solemne: ¡Por siempre,--nunca! ¡Nunca,--por siempre!
MANUEL MARÍA SAMA
Nació en Mayagüez, el día 22 de Mayo de 1850, y allí recibió la instrucción primaria.
Cuando Sama crecía, era Mayagüez una de las poblaciones más literarias de Puerto Rico. Su proximidad á Santo Domingo, en donde había ya en aquel tiempo propensión á las revueltas políticas, hacía que afluyeran allí los personajes desterrados ó emigrados temporalmente de aquella República, y entre ellos solían venir publicistas, poetas y profesores de enseñanza, que contribuían á mantener y propagar entre los mayagüezanos el amor á las letras.
Empezó á florecer allí hacia el año 65, cuando Sama tenía quince años, una juventud literaria inteligente y no exenta de entusiasmo. Freyre, Bonilla, José María Monge, Bonocio Tió, y algunos más, publicaban en un periódico local artículos y poesías, y Brau empezaba á manifestar su afición á las letras desde el cercano pueblo de Cabo Rojo.
Sama entró desde muy joven en el movimiento literario que le rodeaba. Poseía un temperamento poético exquisito y una gran delicadeza de sentimiento. Por la pureza de sus afectos y la elegancia y aliño de su dicción, parecía un espíritu femenino en cuerpo varonil. No gustaba de la sátira ni de riñas literarias, ni tampoco era aficionado á las luchas políticas, aunque fué siempre un consecuente liberal. Agitaba solamente las ideas generosas sin contradecir á nadie, y le entusiasmaban los actos de cultura y las cosas bellas. Fué siempre un cooperador decidido de las acciones nobles y benéficas.
En unión de su buen amigo Monge, publicó la notable colección de _Poetas Puertorriqueños_; escribió un buen número de composiciones poéticas, muy estimables por su dulzura y elegancia; escribió y publicó un drama sentimental, titulado _Inocente y Culpable_, de escenas emocionantes y de hermosos versos; una disquisición histórica sobre el viaje de Cristóbal Colón á Puerto Rico, y una loa en verso relativa al descubrimiento de América. Obra suya fué también una interesante _Bibliografía Portorriqueña_, laureada en certamen público del Ateneo.
Fomentó una familia muy en harmonía con su propio carácter dulce y con sus gustos delicados, y vivía en perpetuo idilio.
Hacia la edad de cincuenta años se sintió enfermo, y vivió una temporada con su familia en las amenas alturas de Aibonito. Más tarde se trasladó á San Juan, en donde fué electo presidente del Ateneo, cargo que desempeñó con inteligencia, actividad y buen éxito.
Vivió siempre de su trabajo personal, fué muy estimado entre los hombres de letras, y entre lo más culto y distinguido de la sociedad portorriqueña.
Falleció en Miramar, San Juan, el día 5 de Abril del presente año.
La siguiente poesía suya es una de las más celebradas por su ternura y sentimiento, y una de las que da más aproximada idea de su estilo y de su complexión literaria:
DESDE EL MAR
Á mi madre
¡Madre! deidad tutelar De mi purísimo amor, Oye el humilde cantar Que da á las brisas del mar El errante trovador.
Oye del dulce instrumento Las plácidas barcarolas Que, en alas del sentimiento, Mezcla á las notas del viento Y al murmullo de las olas.
Para cantarte, lugar Digno me ofreció mi anhelo; Lejos de mi patrio hogar, Asunto me brinda el mar Y cubre mi frente el cielo.
Aquí la mente adormida Despierta, y sube hasta Dios; Aquí el amor nos convida; Aquí, madre de mi vida, Debemos hablar los dos.
Hoy que mi tierra adorada Se pierde en el horizonte, Y en vano ansiosa mirada Busca la cumbre elevada Del más elevado monte;
Hoy que en brazos del dolor Miro el corazón deshecho, Y te llamo en derredor... Comprendo todo el amor Que guardo dentro del pecho.
¿Y cómo, madre, no amarte, Y eterno culto rendirte, Y templo en el alma alzarte, Y como á Dios adorarte, Y como á Dios bendecirte,
Si eres tú el ángel divino Que cubre de hermosas flores Las zarzas de mi camino, Tú el astro de mi destino, Tú el amor de mis amores?
¡Ah! Si en mi pecho encendiste De la patria el fuego santo, Tú la inspiración me diste, Y amorosa recibiste De mi lira el primer canto.
Tú el honor me hiciste amar, La caridad ejercer, Y la virtud respetar... Tu me enseñaste á rezar, ¡Tú me enseñaste á querer!
¡Mil y mil veces bendita Sea la madre dulce y tierna, Que deja en el alma escrita Una ventura infinita Con una esperanza eterna!
¡La que de moral herida Con besos el dolor calma, Y, gozosa y sonreída, Nos da mitad de su vida Y la mitad de su alma!
¡Bendita la que atesora Bienes de eterna belleza, Que luz de los cielos dora, Y que por nosotros llora, Y que por nosotros reza!
¡Ay madre! á nada, en mi anhelo. Puedo mi amor comparar; Miro el mar..., al éter vuelo,... Y es más inmenso que el cielo, Y más profundo que el mar.
Amor, que luz deja en pos Como la noche rocío; Tan grande, que sólo dos Podemos guardarlo: Dios, Y un corazón como el mío.
No importa que suerte impía De tus brazos seductores Me arrebate, madre mía; Siempre serás mi poesía Y el amor de mis amores.
Siempre las plácidas brisas, Del hijo que adoras tanto Y que hoy ¡triste! no divisas, Te llevarán las sonrisas Y el perfume de su llanto.
Y si la mar irritada, Rompiendo el alma en pedazos, Me ofrece tumba ignorada, Sin contemplar tu mirada, Sin reclinarme en tus brazos;
No por el bien que yo adoro Abrigues, madre, temor; Enjuga el amargo lloro, Que yo salvaré el tesoro De mi purísimo amor.
ANTONIO CORTÓN
Era uno de los literatos más capaces y de más elegante y atildado estilo de la América española.
Nació en San Juan de Puerto Rico, el día 29 de mayo de 1854, y fueron sus padres don Francisco Javier Cortón, empleado de la administración civil en el país, y doña Asunción del Toro.
Adquirió en esta ciudad la instrucción primaria, cursó las asignaturas del Bachillerato en el Seminario Conciliar, y publicó su primeros ensayos literarios y políticos en varios periódicos de esta ciudad.
En el año 1873 se trasladó á Madrid en compañía de su madre, ya viuda, con el propósito de seguir la carrera de Derecho y estudiar Filosofía y Letras en la Universidad Central; pero su pereza ingénita y su carácter algo voluntarioso, que en vano trataba de modificar su cariñosa madre, le apartaron de las aulas antes de haber alcanzado el triunfo completo de sus estudios.
Dedicóse al periodismo, al que era desde jovenzuelo muy aficionado, y para el cual poseía condiciones excepcionales. Hacia el año 1876 publicó en _La Prensa_, de Mayagüez, una serie de artículos de ciencia política y social, abogando por el establecimiento del matrimonio civil en Puerto Rico, artículos que dieron ocasión á discusiones apasionadas y á denuncias contra el citado periódico. Casi al mismo tiempo obtuvo plaza de redactor en _El Globo_, importante diario que recibía inspiraciones del ilustre Castelar, y que era su órgano más autorizado en la prensa. Cortón publicó en ese diario madrileño muchos artículos notables, y entre ellos dos biografías americanas de gran interés, una del general Guzmán Blanco, y otra de Toussaint Louverture.
En el año 1881, asociado á varios jóvenes residentes en Madrid, entre los que figuraban Díaz Valero, Ortiz de Pinedo, Gamir Soldado, Guerra y Alarcón y el malogrado García Vao, fundó una sociedad llamada en un principio "Juventud antiesclavista," y más tarde Círculo Nacional de la Juventud, de la cual fué Cortón Secretario y Bibliotecario. En este Círculo leyó una interesante _Memoria_ sobre _Patria y Cosmopolitanismo_, que fué muy celebrada por la prensa española, traducida al francés y publicada en _La Gironde_, de Burdeos. Fué redactor literario del famoso _Correo de Ultramar_, que dirigía en París don Julio Nombela, desempeñó durante más de dos lustros el cargo de corresponsal de _El Buscapié_, de Puerto Rico, é ingresó en la Redacción de _El Liberal_, de Madrid, considerado ya como uno de los mejores diarios de España y aún de Europa. Dirigió durante muchos años la edición barcelonesa de este gran _rotativo_, y llegó á ser uno de sus primeros cronistas, allí donde cultivaban este difícil género _Fernanflor_, Zozaya, Dicenta, Gómez Carrillo y otros celebradísimos ingenios. Las crónicas de Cortón se distinguían casi siempre por la importancia del asunto, la gracia y viveza de la dicción, la sagacidad de las observaciones, el humorismo picante y lo certero del juicio, cualidades características de este ameno y talentoso escritor.
Publicó en sus mocedades un estudio de costumbres literarias femeniles titulado _La literata_, lleno de intención satírica, de donaire y de sutileza de ingenio. Algunos años después dió á la estampa una deliciosa colección de estudios literarios y de crítica y sátira con el título de _Pandemonium_, que contribuyó poderosamente al acrecentamiento de su fama de escritor de estilo primoroso y ameno. Más tarde publicó la casa de Maucci, con el título de _El fantasma del separatismo_, una serie de estudios políticos y sociales que había escrito Cortón en defensa de las justas aspiraciones de las provincias catalanas á su autonomía administrativa, estudios que llegaron á tener notable resonancia cuando se publicaron en _El Liberal_.
Fué Cortón durante muchos años Secretario de la Sociedad de Escritores y Artistas, de la que era Presidente el insigne poeta Núñez de Arce, que le distinguió siempre con su amistad.
Su obra culminante entre las que llegó á publicar, y aparte del tesoro de observación, de pensamiento y de gracia que deja desparramado en sus crónicas no recopiladas, es la que publicó en 1911 con el título de _Espronceda_. Se proponía continuar la serie, y anunciaba la próxima publicación de otros estudios análogos acerca de Larra, Zorrilla y otras figuras importantes de las letras españolas en el siglo XIX.
El libro _Espronceda_ es de lo más bello, juicioso y concienzudo que ha producido la historia literaria y la crítica, en idioma castellano.
Al constituirse en Puerto Rico el Gobierno autonómico, en 1898, fué electo Diputado á Cortes, cargo en el cual prestó servicios importantes á su país.
Á fines del año 1913, cuando los amigos y admiradores de Cortón empezaban á impacientarse por la tardanza del nuevo libro de la serie comenzada, llegó de Madrid la noticia de haber fallecido allí, á los 58 años de edad, aquel esclarecido escritor portorriqueño.
Murió pobre, pero deja á su patria una viuda que le llora, un hijo inteligente, menesteroso de recursos para continuar su educación, y un nombre digno de figurar honrosamente en la Antología portorriqueña.
El gracioso artículo siguiente pertenece á su libro _Pandemonium_.
SARASATE
No tengo que reprocharme el haber dado nunca el nombre glorioso de artista á cualquier rascatripas, por el mero hecho de gastar melenas ó de exhibirse todas las noches en el Paraíso del teatro de la Opera. No creo, por lo tanto--y en esto me opongo al parecer de algunos maestros--que sea un timbre de gloria, digno de perpetuarse en los anales de la provincia, el que uno de sus hijos, residente en la corte, haya formado dignísima parte de la orquesta de uno de sus teatros líricos. Porque, artista, en la verdadera acepción del vocablo, es el compositor, el creador, no el ejecutante; no el que interpreta, con mayor ó menor fidelidad, la obra ajena, sino el que extrae de su cerebro la idea musical y le da forma en el pentágrama. No es posible calificar con un mismo nombre ni comprender en una misma categoría á Stradella, Cimarosa, Pergolese, Rossini, los grandes melodistas, á Palestrina, Händel, Bach, Beethoven, los armonistas, y á la Patti, la Nilsson, Gayarre, Sarasate y Monasterio, los grandes intérpretes. Y aun dentro de la creación, de la composición artística, hay jerarquías diversas y múltiples, que nacen de la mayor ó menor transcendencia de la obra de cada uno; que no es lo mismo componer, verbi gracia, la sinfonía pastoral de Beethoven y las romanzas de las zarzuelas del plagiario Gaztambide, como no son lo mismo tampoco, en la esfera de la pintura, un paisaje de Beruete y el maravilloso Cristo en la cruz, de Velázquez.