Antología de prosistas castellanos
Part 9
[262] _Sobresanar_ «cerrar una herida sólo por la superficie, quedando dañada la parte interior.»
[263] Nótese la supresión de la conjunción _y_. Aunque el estilo de Mendoza es cortado, más que nada lo es por la afectada omisión de conjunciones y verbos; el pensamiento, en cambio, permanece en suspenso a través de una porción de frases seguidas.
[264] Los rebeldes buscaron apoyo en los moros de Africa y en el Sultán Selim II, quienes les proporcionaron algunas armas y soldados.
[265] En la lengua corriente se suprimiría _los_, o se haría resaltar más su fuerza demostrativa sustituyéndolo por _aquellos_.
[266] Esta protesta de sinceridad recuerda la del comienzo de las _Historias_, de Tácito: «Sed incorruptam fidem professis, nec amore quisquam et sine odio dicendus est.»
[267] El historiador Zurita le llama _Calaluz_, nombre hoy desconocido.
[268] Aquí _se perdieron_, no quiere decir ‘murieron’, según entienden muchos, sino ‘fueron desbaratados’; pues el Conde de Ureña salvó la vida, como se verá.
[269] _Suyo_, es decir, del Duque de Arcos. Debe evitarse la ambigüedad a que frecuentemente se presta el uso del posesivo.
[270] Toda esta descripción está imitada de Tácito (Anales I, 61) cuando refiere cómo Germánico, en tiempo de Tiberio, al ir a combatir con Ariminio, visitó el campo de Teutoburgo (al Norte de Westfalia, entre el Ems y el Weser), donde bajo el reinado de Augusto había sido derrotado y muerto Varo, perdiéndose con él tres legiones. Mendoza imita frases y palabras de Tácito: «In quo reliquiæ Vari, legionumque insepultæ dicebantur... incedunt mœstos locos, visuque ac memoria deformes.
[271] Tácito: «Medio campi albentia ossa, ut fugerant, ut restiterant, disjecta vel aggerata; adiacebant fragmina telorum, equorumque artus...»
[272] _Señales aportilladas_, llenas de _portillos_. Este es el nombre castizo, en vez de ‘brecha’, que es palabra moderna y de origen extranjero.
[273] Tácito: «Referebant hic cecidisse legatos, illic raptas aquilas, primum ubi vulnus Varo adactum, ubi infelici dextra et suo ictu mortem invenerit...»
[274] El pueblo, a quien conmovió profundamente la muerte de don Alonso de Aguilar, no perdonó al Conde de Ureña el haberse salido con vida de la batalla de Sierra Bermeja, lo cual dió ocasión «a los cantares y libertad española», según frase del mismo Mendoza. Un cantarcillo preguntaba:
Decid, buen Conde de Ureña, ¿dónde don Alonso queda?
Hubo varios romances cantando el desastre. Uno, muy famoso, empieza con este sentido lamento:
¡Ríoverde, Ríoverde, tinto vas en sangre viva! Entre ti y Sierra Bermeja murió gran caballería; murieron duques y condes, señores de gran valía...
El hijo de don Alonso, don Pedro, peleaba de rodillas y mal herido al lado del héroe, quien le suplicaba le abandonase para ir a consolar a su madre; pero hubiera perecido con su padre si no le hubiese separado de allí don Francisco Alvarez de Córdova.
[275] Don Alonso, al oir que luchaba con el odiado y terrible Ferí, recogió sus últimas fuerzas para herirle, pero le faltó aliento y fué rematado.
[276] Tácito: «Utque signis et aquilis per superbiam insulserit (Ariminius).»
[277] Los soldados de Germánico no oran por sus compañeros, sino que entierran sus huesos juntamente con los del enemigo: «Trium legionum ossa, nullo noscente alienas reliquias an suorum humo tegeret, omnes, ut coniunctos, ut consanguineos, aucta in hostem ira, moesti simul et infensi condebant.» Mendoza no debió haber copiado estas hermosas palabras, pues las oraciones de los españoles no beneficiaban igualmente a amigos y enemigos.
FRAY LUIS DE GRANADA
(1504-1588)
El _Libro de la Oración y Meditación_ se imprimió por primera vez en 1567, y la _Introducción al Símbolo_, en 1582. El lenguaje castellano había servido ya, no sólo para escribir libros de entretenimiento, sino para tratar asuntos graves y doctrinales en manos de Fray Antonio de _Guevara_, Juan de _Valdés_, Florián de _Ocampo_, etc. Sin embargo, antes de Fray Luis de Granada, sólo el beato _Juan de Avila_ († 1569) había empleado el romance en cuestiones de mística y teología de un modo genial, entre varios de segundo orden.
«El Venerable Ávila, dice Capmany, había creado, por decirlo así, un lenguaje místico de robusto y subido estilo, y el Venerable Granada lo hermoseó, lo retocó con lumbres y matices y le dió número, fluidez y grandiosidad en las cláusulas.»
Granada es el tipo acabado de la lengua oratoria del siglo XVI; el espíritu popular de la predicación cristiana aparece en él unido a las más altas cualidades artísticas de la persuasión; por la amplitud del período recuerda a Cicerón, en quien se inspiraba; alguno le llamó el _Cicerón de España_. Su principal empeño en el terreno del arte parece haber sido enriquecer la construcción sintáctica sacándola de la sencillez ordinaria de la conversación a la complejidad y magnificencia del discurso elevado. En su obra latina _Retórica eclesiástica_, código de sus principios artísticos, se desentiende de la que allí se llama _composición sencilla o simple_, diciendo que «no está sujeta a la ley de los números ni tiene períodos _muy largos_, y della usamos nosotros _en el trato familiar_»; en cambio, estudia con prolijidad la _composición doble_ que «usa de oraciones torcidas y _largas_»; a menudo deja traslucir su predilección por las más complicadas construcciones, así que dice de una de sus clases: «Cuanto más larga, tanto es más elegante, con tal, empero, que guarde tasa en esta extensión.»
Es preciso notar en su período largo que ni suele serlo en exceso, como el de algunos oradores de hoy día, ni tiene ordinariamente la redondez del silogismo, sino que fluye más bien por la simple adición de miembros; y se muestra la inexperiencia del que por primera vez intenta una reforma, en que esa adición está, las más veces, hecha con conjunciones meramente copulativas, y sobre todo por medio del relativo _el cual_ (comp., página 89, nota 172), que aparece, no sólo usurpando casi completamente el puesto de su sinónimo _que_, sino que se usa mucho cuando para nada haría falta ligar dos miembros con los lazos de relativo y antecedente, y sería menos pesado, por ejemplo, enlazarlos por la simple copulativa y un demostrativo: _Los santos mártires, siendo vencidos y muertos, vencieron y triunfaron del mundo; lo cual muestra_ (y esto muéstralo) _una carta del Emperador Maximino, el cual_ (quien) _después de haber intentado_, etc. (Símbolo II.º, 13.º, § 3). _Esto nos declaran los cuatro postreros capítulos del libro de Job, en los cuales_ (donde) _hablando Dios con este santo, le da conocimiento de su omnipotencia...; para lo cual_ (para ello) _comenzando por las partes mayores del universo... discurre luego por todas las otras menores...; después de lo cual_ (y después) _desciende a tratar de los animales_ (Símbolo I.º, 1.º).
En los trozos que siguen se pueden ver muestras de los principales aspectos del estilo de Fray Luis: el tono grandilocuente e inflamado de la Meditación sobre el Juicio final; el tono retórico y declamador empleado en la consideración del Descendimiento, que no parece que la escribió, sino que la habla desde el púlpito, y la placidez risueña y candorosa con que se deleita en la pintura de animales y plantas en la primera parte del _Símbolo de la Fe_.
LIBRO DE LA ORACIÓN Y MEDITACIÓN
La meditación para el jueves en la noche es sobre el Juicio final.--Señales que le precederán; confusión del pecador ante el Juez.
Así estará el aire lleno de relámpagos y torbellinos, y cometas encendidos. La tierra estará llena de aberturas y temblores espantosos, los cuales se cree que serán tan grandes, que bastarán para derribar, no sólo las casas fuertes y las torres soberbias, más aun hasta los montes y peñas arrancarán y trasformarán de sus lugares. Mas la mar sobre todos los elementos se embravescerá, y serán tan altas sus olas y tan furiosas, que parecerá que han de cubrir toda la tierra. A los vecinos espantará con sus crescientes, y a los distantes con sus bramidos, los cuales serán tales que de muchas leguas se oirán.
¿Cuáles andarán entonces los hombres[278], cuán atónitos, cuán confusos, cuán perdido el sentido, la habla[279] y el gusto de todas las cosas? Dice el Salvador que se verán entonces las gentes en grande aprieto y que andarán los hombres secos y ahilados[280] de muerte, por el temor grande de las cosas que han de sobrevenir al mundo. ¿Qué es esto (dirán), qué significan estos pronósticos, en qué ha de venir a parar esta preñez del mundo, en qué han de parar estos tan grandes remolinos y mudanzas de todas las cosas? Pues así andarán los hombres espantados y desmayados, caídas las alas del corazón y los brazos, mirándose los unos a los otros; y espantarse han tanto de verse tan desfigurados, que esto sólo bastaría para hacerlos desmayar, aunque no hubiese más que temer. Cesarán todos los oficios y granjerías, y con ellos el estudio y la cobdicia de adquirir; porque la grandeza del temor traerá tan ocupados sus corazones, que no sólo se olvidarán destas cosas, sino también del comer y del beber, y de todo lo necesario para la vida. Todo el cuidado será andar a buscar lugares seguros para defenderse de los temblores de la tierra, y de las tempestades del aire, y de las crescientes de la mar. Y así los hombres se irán a meter en las cuevas de las fieras, y las fieras se vendrán a guarecer en las casas de los hombres, y así todas las cosas andarán revueltas y llenas de confusión. Afligirlos han los males presentes, y mucho más el temor de los venideros; porque no sabrán en qué fines hayan de parar tan dolorosos principios. Faltan palabras para encarescer este negocio, y todo lo que se dice es menos de lo que será. Vemos agora que cuando en la mar se levanta alguna brava tormenta, o cuando en la tierra sobreviene algún grande torbellino o terremoto, cuáles andan los hombres, cuán medrosos y cuán cortados, y cuán pobres de esfuerzo y de consejo; pues cuando entonces el cielo, y la tierra, y la mar, y el aire del mundo haya su propia tormenta; cuando el sol amenace con luto, y la luna con sangre, y las estrellas con sus caídas, ¿quién comerá, quién dormirá, quién tendrá un solo punto de reposo en medio de tantas tormentas?...
El Señor vendrá como una tempestad y torbellino arrebatado[281]; y sus pies levantarán una grande polvareda delante de sí. Indignóse contra la mar, y secóse, y todos los ríos de la tierra se agotaron. El monte Basán y Carmelo se marchitaron, y la flor del Líbano se cayó. Los montes se estremecieron delante dél, y los collados quedaron asolados...
Luego comenzará a celebrarse el juicio, y tratarse de las causas de cada uno, según lo escribe el profeta Daniel por estas palabras: Estaba yo (dice él) atento, y vi poner unas sillas en sus lugares, y un anciano de días se asentó en una dellas; el cual estaba vestido de una vestidura blanca como la nieve, y sus cabellos eran también blancos, así como una lana limpia. El trono en que estaba asentado eran llamas de fuego, y las ruedas dél como fuego encendido, y un río de fuego muy arrebatado salía de la cara dél. Millares de millares entendían en servirle, y diez veces cien mil millares asistían delante dél. Miraba yo todo esto en aquella visión de la noche, y vi venir en las nubes uno que parescía hijo de hombre. Hasta aquí son palabras de Daniel; a las cuales añade Sant Joan, y dice: Y vi todos los muertos, así grandes como pequeños, estar delante deste trono y fueron abiertos allí los libros; y otro libro se abrió, que es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos según lo contenido en aquellos libros, y según sus obras. Cata aquí, hermano, el arancel por donde has de ser juzgado; cata aquí las tasas y precios[282] por donde se ha de apreciar todo lo que heciste; y no por el juicio loco del mundo, que tiene el peso falso de Canaan en la mano, donde tan poco pesan la virtud y el vicio. En estos libros se escribe toda nuestra vida con tanto recaudo, que aun no has echado la palabra por la boca, cuando ya está apuntada y asentada en su registro...
Pues qué sentirá entonces cada uno de los malos, cuando entre Dios con él en este examen, y allá dentro de su consciencia le diga así: Ven acá, hombre malaventurado, ¿qué viste en mí, porque[283] así me despreciaste, y te pasaste al bando de mi enemigo? Yo te levanté del polvo de la tierra, y te crié a mi imagen y semejanza, y te di virtud y socorro con que pudieses alcanzar mi gloria. Mas tú, menospreciando los beneficios y mandamientos de vida que yo te di, quisiste más seguir la mentira del engañador, que el consejo saludable de tu Señor. Para librarte desta caída descendí del cielo a la tierra, donde padescí los mayores tormentos y deshonras que jamás se padescieron. Por ti ayuné, caminé, velé, trabajé y sudé gotas de sangre. Por ti sufrí persecuciones, azotes, blasfemias, escarnios, bofetadas, deshonras, tormentos y cruz. Por ti, finalmente, nascí en mucha pobreza, viví con muchos trabajos, y morí con gran dolor. Testigos son esta cruz y clavos que aquí parescen, testigos estas llagas de pies y manos que en mi cuerpo quedaron; testigos el cielo y la tierra delante de quien padescí, y testigos el sol y la luna que en aquella hora se eclipsaron. Pues ¿qué heciste desa ánima tuya, que yo con mi sangre hice mía? ¿En cúyo[284] servicio empleaste lo que yo compré tan caramente? ¡Oh generación loca y adúltera! ¿Por qué quisiste más servir a ese enemigo tuyo con trabajo, que a mí, tu Criador y Redemptor, con alegría? Espantáos, cielos, sobre este caso, y vuestras puertas se cayan[285] de espanto, porque dos males ha hecho mi pueblo: a mí desampararon[286], que soy fuente de agua viva, y desamparáronme por otro Barrabás. Llaméos tantas veces, y no me respondísteis; toqué a vuestras puertas, y no despertastes; extendí mis manos en la Cruz, y no las mirastes; menospreciastes mis consejos, y todas mis promesas y amenazas. Pues decid agora vosotros, ángeles; juzgad vosotros, jueces entre mí y mi viña: ¿qué más debí yo hacer por ella de lo que hice?
Pues ¿qué responderán aquí los malos, los burladores de las cosas divinas, los mofadores de la virtud, los menospreciadores de la simplicidad?...
Meditación para el sábado por la mañana. Descendimiento de Cristo y llanto de la Virgen.
Pues cuando la Virgen lo tuvo en sus brazos, ¿qué lengua podrá explicar lo que sintió? ¡Oh ángeles de paz, llorad con esta sagrada Virgen, llorad cielos, llorad estrellas del cielo; y todas las criaturas del mundo acompañad el llanto de María! Abrázase la madre con el cuerpo despedazado; apriétalo fuertemente en sus pechos (para esto sólo le quedaban fuerzas), mete su cara entre las espinas de la sagrada cabeza, júntase rostro con rostro; tíñese la cara de la Madre con la sangre del Hijo, y riégase la del Hijo con las lágrimas de la Madre. ¡Oh dulce Madre! ¿es ese por ventura vuestro dulcísimo Hijo? ¿Es ese el que concebistes con tanta gloria y paristes con tanta alegría? Pues ¿qué se hicieron vuestros gozos pasados? ¿Dónde se fueron vuestras alegrías antiguas?[287] ¿Dónde está aquel espejo de hermosura en quien vos os mirábades?[288] Ya no os aprovecha mirarle a la cara; porque sus ojos han perdido la luz. Ya no os aprovecha darle voces y hablarle; porque sus orejas han perdido el oir. Ya no se menea la lengua que hablaba las maravillas del cielo. Ya están quebrados los ojos que con su vista alegraban al mundo. ¿Cómo no habláis agora, Reina del cielo? ¿Cómo han atado los dolores vuestra lengua? La lengua estaba enmudecida; mas el corazón allá dentro hablaría con entrañable dolor al Hijo dulcísimo, y le diría: ¡Oh vida muerta! ¡Oh lumbre escurescida! ¡Oh hermosura afeada! ¿Y qué manos han sido aquellas que tal han parado[289] vuestra divina figura? ¿Qué corona es ésta que mis manos hallan en vuestra cabeza? ¿Qué herida es ésta que veo en vuestro costado? ¡Oh summo Sacerdote del mundo! ¿qué insignias son éstas que mis ojos ven en vuestro cuerpo? ¿Quién ha manchado el espejo y hermosura del cielo? ¿Quién ha desfigurado la cara de todas las gracias? ¿Estos son aquellos ojos que oscurescían al sol con su hermosura? ¿Estas son las manos que resuscitaban a los muertos a quien tocaban? ¿Esta es la boca por do salían los cuatro ríos del paraíso?[290] ¿Tanto han podido las manos de los hombres contra Dios? Hijo mío, y sangre mía, ¿de dónde se levantó a deshora esta fuerte tempestad? ¿Qué ola ha sido ésta que así te me[291] ha llevado? Hijo mío, ¿qué haré sin ti? ¿A dónde iré? ¿Quién me remediará? Los padres y los hermanos afligidos venían a rogarte por sus hijos, y por sus hermanos defunctos; y tú con tu infinita virtud y clemencia los consolabas y socorrías; mas yo que veo muerto a mi hijo y mi padre, y mi hermano y mi Señor[292], ¿a quién rogaré por él? ¿Quién me consolará? ¿Dónde está el buen Jesu Nazareno, Hijo de Dios vivo, que consuela a los vivos, y da vida a los muertos? ¿Dónde está aquel grande Profeta poderoso en obras y palabras?
INTRODUCCIÓN AL SÍMBOLO DE LA FE PARTE PRIMERA
Admirable providencia para la conservación de las frutas. La granada.
Pues la hermosura de algunos árboles cuando están muy cargados de fruta ya madura, ¿quién no la ve? ¿Qué cosa tan alegre a la vista, como un manzano o camueso, cargadas las ramas a todas partes[293] de manzanas, pintadas con tan diversos colores, y echando de sí un tan suave olor? ¿Qué es ver un parral, y ver entre las hojas verdes estar colgados tantos y tan grandes y tan hermosos racimos de uvas de diversas castas y colores? ¿Qué son estos, sino unos como[294] hermosos joyeles, qué penden deste árbol? Pues el artificio de una hermosa granada ¡cuánto nos declara la hermosura y artificio del Criador![295] El cual por ser tan artificioso no puedo dejar de representar en este lugar. Pues primeramente Él la vistió por de fuera con una ropa hecha a su medida, que la cerca toda, y la defiende de la destemplanza de los soles y aires; la cual por de fuera es algo tiesa y dura, mas por dentro más blanda, porque no exaspere[296] el fructo que en ella se encierra que es muy tierno; mas dentro della están repartidos y asentados los granos por tal orden, que ningún lugar, por pequeño que sea, queda desocupado y vacío. Está toda ella repartida en diversos cascos, y entre casco y casco se extiende una tela más delicada que un cendal, la cual los divide entre sí; porque como estos granos sean tan tiernos, consérvanse mejor divididos con esta tela, que si todos estuvieran juntos. Y allende desto, si uno destos cascos se pudre, esta tela defiende a su vecino, para que no le alcance parte de su daño... Cada uno destos granos tiene dentro de sí un hosecico blanco, para que así se sustente mejor lo blando sobre lo duro, y al pie tiene un pezoncico tan delgado como un hilo, por el cual sube la virtud y jugo, dende lo bajo de la raíz hasta lo alto del grano; porque por este pezoncico se ceba él, y cresce, y se mantiene, así como el niño en las entrañas de la madre por el ombliguillo. Y todos estos granos están asentados en una cama blanda, hecha de la misma materia de que es lo interior de la bolsa que viste toda la granada. Y para que nada faltase a la gracia desta fruta, remátase toda ella en lo alto con una corona real, de donde paresce que los reyes tomaron la forma de la suya. En lo cual paresce haber querido el Criador mostrar que era ésta reina[297] de las frutas. A lo menos en el color de sus granos tan vivo como el de unos corales, y en el sabor y sanidad desta fruta ninguna le hace ventaja. Porque ella es alegre a la vista, dulce al paladar, sabrosa a los sanos, y saludable a los enfermos, y de cualidad que todo el año[298] se puede guardar. Pues ¿por qué los hombres que son tan agudos en filosofar en las cosas humanas, no lo serán en filosofar en el artificio desta fruta, y reconoscer por él la sabiduría y providencia del que de un poco de humor de la tierra y agua cría una cosa tan provechosa y hermosa? Mejor entendía esto la Esposa en sus cantares, en los cuales convida al esposo al zumo de sus granadas, y le pide que se vaya con ella al campo para ver si han florescido las viñas y ellas.
PRIMERA PARTE
Pintura del pavo real.
Entre estos animales el que más claro parece que conoce su hermosura es el pavón, pues vemos que él mismo hace alarde de sus hermosas plumas, con aquella rueda tan vistosa, que por muchas veces que la veamos, siempre holgamos de verla y de sentir la ufanía con que él extiende aquellas plumas, preciándose de su gentileza y haciendo esta demostración della. La cual hace las más veces[299] cuando tiene la hembra presente, para aficionarla más con esto. Y cuando quiere ya deshacer la rueda, hace un grande estruendo con las alas para mostrar juntamente valentía con la hermosura. En lo cual todo vemos una imitación de las cosas que se pasan en la vida humana...
Y tratando primero del fin que tuvo el que la crió, parece que así como en la fábrica de aquellos animalillos pequeñitos nos quiso mostrar la subtileza y grandeza de su poder y sabiduría (la cual en tan pequeña materia pudo formar tantas cosas), así en la hermosura desta ave nos quiso dar una pequeña muestra o sombra de su infinita hermosura. La razón[300] que a esto me mueve es ver que este plumaje tan grande (que es de vara y media de largo) no sirve ni para cubrir el cuerpo desta ave (pues excede tanto la medida dél), ni tampoco ayuda para volar, porque antes impide con su demasiada carga; y pues habemos de señalar en esta obra algún fin, no veo otro sino el que está dicho...
Y dejando aquellos ramales[301] o cabellos que van acompañando el asta de las plumas de la cola hasta el cabo dellas (que son todos harpados y de hermosos colores), vengamos a aquel ojo que está al cabo dellas, formado con tanta variedad de colores, y éstos tan finos y tan vistosos, que ningún linaje de las tintas que han inventado los hombres podrá igualar con el lustre y fineza destos. Porque en medio deste ojo está una figura oval de un verde clarísimo, y dentro dél está otra cuasi de la misma figura y de un color morado finísimo, y éstas están cercadas de otros círculos hermosísimos[302], que tienen gran semejanza con los colores y figuras del arco que se hace en las nubes del cielo; a los cuales sucede en torno la cabellera, hermosa también, de diversos colores, en que se remata la pluma. Y en este ojo o círculo que decimos, hay otra cosa no menos admirable, y es que los cabellos o ramales de que esta figura se compone están tan pegados unos con otros, y tan parejos y iguales en su composición, que no parece que aquella figura es compuesta de diversos hilos, sino que es como un pedazo de seda continuada que allí está.
Pues ¿qué diré de la hermosura del cuello que sube del pecho hasta la cabeza, y de aquel color verde que sobrepuja la fineza de toda la verdura del mundo? Y lo que pone más admiración es que todas aquellas plumillas que visten este cuello son tan parejas y tan iguales entre sí, que ni una sola se desordena en ser mayor o menor que otra. De donde resulta parecer más aquella verdura una pieza de seda verde, como dijimos, que cosa compuesta de todas estas plumillas. No faltaba aquí sino una corona real para la cabeza desta ave; mas en lugar della tiene aquellas tres plumillas que hacen como diadema, y son el remate de la hermosura desta ave[303]. Y como tengan estas tres plumicas tanta gracia, y no sirvan más que para su hermosura, vese claro que de propósito se puso el Criador a pintar esta ave tan hermosa. Lo que aquí se ha dicho, entenderá mejor quien pusiere los ojos en una pluma destas, porque más sirve para esto la vista que las palabras. Y no se debe echar en olvido que la hermosura y colores de todo este plumaje no es como la de las flores[304], que en breve se marchita, sino es perpetua y estable, y por eso sirve para otras cosas que se hacen dellas.
NOTAS