Antología de prosistas castellanos
Part 8
[211] Está el personal neutro, con valor de demostrativo, representando una proposición anterior, que es _el pedir limosna_. Hoy diríamos _eso me parece bien_.
[212] Hoy el genitivo partitivo forzosamente ha de ir precedido de _uno_, _alguno_, _poco_, _mucho_, _cual_, etc. Luna corrigió también el arcaísmo poniendo _una dellas_. En un romance, dice Fernán González altaneramente al enviado del rey: «villas y castillos tengo, todos a mi mandar son; _dellos_ me dejó mi padre, _dellos_ me ganara yo; esto es, _algunos de ellos_ los heredé, _otros_ me los gané yo.
[213] Esto es, _a aquella_; véase atrás pág. 95, nota 199.
[214] Otro caso de omisión de la conjunción _que_. (Sigue un juego de palabras en que _trabajo_ se toma en el doble sentido de necesidad o aflicción del cuerpo, o sea hambre del amo, y de fruto del trabajo o mendicidad del criado: «deseaba que aquel pecador socorriese su miseria con el miserable fruto de mi trabajo».)
[215] «_Aparejo_, lo necesario para hacer alguna cosa» (Covarrubias).
[216] Alusión al refrán _ayúdate y ayudarte he_ o _ayúdate y te ayudará Dios_.
[217] En _lo había gana_ se mezclan dos construcciones antiguas: _había gana de ello_ + _lo había en gana_; en la primera se usa _haber_ en el sentido de tener, y la segunda es análoga a otras: _haber en voluntad_, _haber en deseo_. Para Luna el giro era ya anticuado, y puso: «como aquel que tenía buena gana».
[218] _Almodrote_, cierta salsa que se hace en aceite con ajos, queso y otras cosas machacadas en el mortero.
[219] Alusión al hambre llamada _salsa de San Bernardo_, y al refrán «No hay mejor salsa que el buen apetito».
[220] Esto es, ‘paso compasado’; hoy se dice «por sus pasos contados», con toda regularidad, orden y lentitud.
[221] _Cabeza de lobo_, la ocasión que uno toma para aprovecharse de ella más de lo razonable, como el que mata un lobo y lleva la cabeza por los lugares de la comarca para que todos le den algo en recompensa del bien que ha hecho en matar un animal dañino. Así lo explica Covarrubias. Antes, en el Diccionario de Alonso Sánchez de la Ballesta, Salamanca, 1587, hallamos: «_La cabeza del lobo_; cuando buscamos algún artificio para sacar dineros, le llamamos cabeza de lobo, porque los que la muestran sacan de los lugares sus provechos por haber quitado la vida al enemigo del ganado.» El Diccionario de la Academia, hasta su edición 14.ª, no traía más que la frase, evidentemente corrompida, _ser cabeza de bobo_.
[222] _Pasar_ significa tener lo necesario para vivir. No hace falta para nada corregir, como hace Luna, _con que él lo pasase bien_.
[223] _Cornado_, una moneda que tenía grabada una corona (_coronado_); la usaron los reyes desde Sancho IV; era de muy baja ley la que mandó batir Alfonso XI en 1331, para remediar la falta de dinero, por lo cual se siguió gran carestía. Por desprecio se dice «no valer un cornado». No es conocida la frase _de trueco_, que Luna desecha, escribiendo: «aunque no haya cornado ni blanca»; claro es que _trueco_ tiene aquí la acepción de ‘cambio’ de la moneda.
[224] Véase pág. 109, sobre cuánto regateaba un hidalgo el quitar su bonete para saludar.
[225] ‘Llevando esta vida’ o ‘haciendo tal vida’.
[226] Lugar de Toledo, no lejos de la Catedral, entre la calle de las Cordonerías, de la Chapinería, de la Obra Prima y del Hombre de Palo.
[227] _Lacería_ vale trabajo, miseria, y metafóricamente el sustento con que se pasa miserablemente la vida.
[228] Se notará que Lázaro abusa un poco de los juegos de palabras; aquí creo que quiere decir: ‘muy pasado, enjuto o demacrado, como la fruta pasa, me pasaba la vida con aquello’.
[229] En vez de _los_, la edición de Burgos pone _lo_, que pudiera ser un pleonasmo representando a la frase siguiente: _sin comer_.
[230] _Quebrar el ojo al diablo_, hacer lo mejor, más justo y razonable, pues así se le disgusta y da tormento; se usa, en general, _quebrar los ojos a uno_ por desplacerle o desagradarle.
[231] Este _le_ se refiere a objeto demasiado lejano, así que otras ediciones corrigieron: «en qué emplearía mi real que fuese mejor...»
[232] _Su_ pleonástico precediendo al genitivo posesivo, como hoy «su padre de usted».
[233] Este _me_ es lo que se llama un _dativo ético_, muy usado para indicar, por medio de un pronombre en dativo, la persona que moralmente se interesa en la acción del verbo. Es frecuente en griego y latín: «Depresso incipiat jam tum _mihi_ taurus aratro ingemere.» (_Georg._ I, 45.)
[234] «Este modo de llorar los muertos se usaba en toda España (dice Covarrubias, s. v. «endecha» en 1610), porque iban las mujeres detrás del cuerpo del marido, descabelladas, y las hijas tras el de sus padres, mesándose y dando tantas voces, que en la iglesia no dejaban hacer el oficio a los clérigos, y así se les mandó que no fuesen; pero hasta que sacan el cuerpo a la calle están en casa lamentando, y se asoman a las ventanas a dar gritos cuando le llevan, ya que no les dejan ir tras él.» Hoy día todavía se hace cosa semejante en algunas aldeas.
[235] Luna quitó el arcaísmo, poniendo _con gran priesa_. Hoy se conserva el uso de _a_ para indicar el modo, en vez de _con_ en la frase adverbial _aprisa_, que está por _a prisa_. Compárese también _a voces_, _a empujones_, etc., etc.
[236] Elipsis familiar: ‘ve por algo de comer’, ‘por lo de comer’. Luna retocó: «ve a buscar de comer».
[237] Hoy, _hacienda_, significa, comúnmente, finca rural o riquezas de otra clase; pero antes valía también negocio en general.
[238] Giro ya desusado para Luna, que corrigió «no más sino por no quitar el sombrero». Hoy diríamos: «no más que por no quitar el sombrero». Los comparativos hoy se construyen, ordinariamente, con _que_; pero también a veces con _de_: «más grande _de_ lo que parece»; y siempre que a _más_ le sigue un numeral cardinal, y no está en una frase negativa, es obligatorio el _de_: «iban más _de_ veinte hombres»; con negación, es potestativo.
[239] Nótese la vacilación leísta; antes dijo _quitárselo_ y _os lo quitaba_.
[240] Esto es _en el día de hoy_. La relación de tiempo se expresa muchas veces sin preposición, y aquí se suprime para evitar la repetición: _en que en el día_.
[241] _Hidalgo_ era sinónimo de _noble_, en general; pero más concretamente designaba el ínfimo grado de nobleza; es decir, la persona de linaje noble que no tenía título ninguno especial. Como dependían directamente del Rey, sus personas, casas y heredades estaban exentas de la jurisdicción señorial; de ahí el orgullo del pobre amo de Lázaro.
[242] La fórmula _manténgaos Dios_ y _Dios mantenga_, es saludo rústico muy usado en nuestro teatro antiguo. Fray Antonio de Guevara, en una de sus epístolas familiares, fechada en Avila, 1533, dice: «Acá, en nuestra Castilla, es cosa de espantar y aun para se reir las maneras y diversidades que tienen en se saludar... Unos dicen _Dios mantenga_, otros dicen _manténgaos Dios_, otros _en hora buena estéis_... Todas estas maneras de saludar se usan solamente entre los aldeanos y plebeyos, y no entre los cortesanos y hombres polidos; porque si, por malos de sus pecados, dijese uno a otro en la Corte _Dios mantenga_ o _Dios os guarde_, le lastimarían en la honra y le darían una grita. El estilo de la Corte es decirse unos a otros: _Beso las manos de vuestra merced_.»
[243] Que me hartaba con tanto «manténgaos Dios»; juego de palabras, basado en el sentido propio de «mantenimiento», ‘alimento’.
[244] La Academia sólo registra el significado moderno de limitado, hombre de cortos alcances. Covarrubias no conoce éste, y sólo nos da el que conviene a las palabras del Lazarillo; «ser un hombre limitado, es ser corto y poco liberal».
[245] _Todo el mundo_, aunque gramaticalmente es singular, es por el sentido un plural.
[246] Las ediciones posteriores: _servir a éstos_.
[247] _Lo más más cierto_, refuerzo del adverbio por repetición; como si dijera: «lo muy más cierto» (comp. adelante pág. 239, n. 491, _menos menos_).
[248] _Ser librado_, recibir libranza u orden de pago; _librar_, expedir la libranza el que debe una cantidad. _Recámara_, el aposento que está más adentro de la cámara donde duerme el señor, y donde el camarero le tiene sus vestidos y joyas.
[249] _Asienta hombre_, esto es, «se asienta uno»; _hombre_ era muy usado en sentido pronominal indefinido, como el francés _on_.
[250] Hoy _gran privado suyo_, como ya modernizó Luna. Antiguamente el posesivo se podía colocar entre el sustantivo y otro determinante; v. gr.: _un mi amigo_ por _un amigo mío_.
[251] _Malsinar_ es delatar, y _malsín_ el cizañero o delator. («El que de secreto avisa a la justicia de algunos delitos con mala intención y por su propio interés», Covarrubias.)
DIEGO HURTADO DE MENDOZA
(Hacia 1503-1575)
El último tercio del siglo XVI (incluyendo los primeros decenios del XVII) señala el punto más alto de gloria a que llegó nunca la prosa castellana, tanto en hermosura como en difusión por todo el mundo civilizado. Se presenta originalísima y genial en dos géneros, por cierto bien opuestos: el más sublime lenguaje místico, capaz de encerrar todos los secretos de la filosofía del amor divino, y la más descarada lengua picaresca, implacable en la pintura satírica de la numerosa casta de amigos de la holganza y del hambre. Pero, además, el castellano aparece ya diestro en tratar toda clase de asuntos científicos y artísticos, y cumplidos los votos que en 1588 hacía el padre Malón de Chaide, se encuentran ahora «todas las cosas curiosas y graves escritas en nuestro vulgar, y la lengua española subida en su perfección, sin que tenga envidia a alguna de las del mundo, y tan extendida cuanto lo están las banderas de España, que llegan del uno al otro polo».
El estilo medio de esta época es, por su buen gusto y condiciones artísticas, muy superior al de todas las otras; en el siglo XVII comenzará ya la decadencia con los abusos increíbles del culteranismo y del conceptismo. Respecto al vocabulario, en el siglo XVI hallamos el mayor uso literario de voces castizas, o sea del fondo más antiguo de la lengua, y por lo tanto más conformes con la índole y genio propio de la misma; luego el caudal léxico se acrecentó tanto como se enturbió, en el siglo XVII con multitud de neologismos y cultismos, y en el XVIII con extranjerismos.
* * * * *
Dúdase de que don Diego Hurtado de Mendoza sea el autor de la _Guerra de Granada_; pero las razones presentadas están lejos de ser decisivas[252], y por ahora podemos continuar respetando la atribución tradicional de la obra, tanto más cuanto que el estilo de ésta y el de la correspondencia diplomática de don Diego que se conserva, ofrece notables puntos de semejanza[253].
Con la _Guerra de Granada_, la prosa histórica española deja definitivamente de producir meras crónicas o sencillas relaciones cronológicas, al uso de la Edad Media, para emplearse en narraciones más artísticas al uso de la historia clásica, adornadas con discursos, retratos, descripciones, episodios y digresiones sobre antigüedades y usos. Mendoza tomó por modelos a Salustio y a Tácito, y les imita en su estilo conciso y cortado, al cual da realce con frecuentes sentencias y reflexiones morales.
La concisión de Mendoza, como dice bien Capmany, es algunas veces extremada, en lo que sin duda afectó el autor particular estudio, de tal manera que deja a veces el sentido obscuro u ambiguo. Este defecto nace principalmente de la construcción de las frases; algunas parecen mutiladas, digámoslo así, y otras mal enlazadas, por faltarles las voces copulativas que ligan los miembros del período o señalan las secciones o tránsitos de uno a otro: modos de hablar que sólo admite la lengua latina, muy opuestos a la índole y claridad de la castellana[254].
Este defecto lo veremos colmado después con peor exceso por los prosistas místicos.
Alguno atribuyó también a la pluma de Mendoza el _Lazarillo de Tormes_; pero hoy nadie sostiene tal atribución. Nada absolutamente tienen de común la corriente y familiar manera de contar que se observa en la novela, con la estudiada y llena de ambición literaria que nos ofrece la _Guerra_.
GUERRA DE GRANADA PRÓLOGO
Mi propósito es escribir la guerra que el Rey Católico de España Don Felipe II, hijo del nunca vencido Emperador Don Carlos, tuvo en el reino de Granada contra los rebeldes nuevamente convertidos[255], parte de la cual yo vi[256] y parte entendí[257] de personas que en ella pusieron las manos y el entendimiento. Bien sé que muchas cosas de las que escribiere parecerán a algunos livianas y menudas para historia, comparadas a las grandes que de España se hallan escritas[258]: guerras largas de varios sucesos; tomas y desolaciones de ciudades populosas; reyes vencidos y presos, desposeídos, restituídos y otra vez desposeídos, muertos a hierro[259]; discordias entre padres e hijos, hermanos y hermanos, suegros y yernos; acabados linajes, mudadas sucesiones de reinos; libre y extendido campo y ancha salida para los escritores. Yo escogí camino más estrecho, trabajoso, estéril y sin gloria[260], pero provechoso y de fruto para los que adelante vinieren: comienzos bajos, rebelión de salteadores, junta de esclavos, tumulto de villanos, competencias, odios, ambiciones y pretensiones; dilación de provisiones, falta de dinero, inconvenientes o no creídos, o tenidos en poco, remisión y flojedad en ánimos acostumbrados a entender, proveer y disimular mayores cosas; y así no será cuidado perdido considerar de cuán livianos principios y causas particulares se viene a colmo de grandes trabajos, dificultades y daños públicos, y cuasi fuera de remedio; veráse una guerra al parecer tenida en poco y liviana dentro en casa[261], mas fuera estimada y de gran coyuntura, que en cuanto duró tuvo atentos y no sin esperanza los ánimos de príncipes amigos y enemigos, lejos y cerca; primero encubierta y sobresanada[262], y al fin descubierta, parte con el miedo y la industria y parte criada con el arte y ambición; la gente, que dije pocos a pocos junta, representada en forma de ejércitos; necesitada España a mover sus fuerzas para atajar el fuego; el rey salir de su reposo y acercarse a ella; encomendar la empresa a Don Juan de Austria, su hermano, hijo del Emperador Don Carlos, a quien la obligación de las victorias del padre moviese a dar la cuenta de sí que nos muestra el suceso; en fin, pelearse cada día con enemigos, frío, calor, hambre, falta de municiones, de aparejos en todas partes, daños nuevos, muertes a la contínua: hasta que vimos a los enemigos, nación belicosa, entera, armada y confiada en el sitio, en[263] el favor de los berberíes y turcos[264], vencida, rendida, sacada de su tierra y desposeída de sus casas y bienes; presos y atados hombres y mujeres; niños cautivados, vendidos en almoneda o llevados a habitar a tierras lejos de la suya: cautiverio y transmigración no menor que las que de otras gentes se leen por las historias. Victoria dudosa y de sucesos tan peligrosos, que alguna vez se tuvo duda si éramos nosotros o los enemigos los[265] a quien Dios quería castigar, hasta que el fin della descubrió que nosotros éramos los amenazados y ellos los castigados. Agradezcan y acepten esta mi voluntad libre y lejos de todas las cosas de odio o de amor[266] los que quisieren tomar ejemplo o escarmiento, que esto sólo pretendo por remuneración de mi trabajo, sin que de mi nombre quede otra memoria.
LIBRO IV, CAPÍTULO LXXIII, DE LA GUERRA DE GRANADA
El Duque de Arcos, encargado por el Rey de las operaciones militares en la sierra de Ronda, va a reconocer el fuerte de Calalui, donde, en 1501, habían sufrido una gran derrota los cristianos, en la que había muerto don Alonso de Aguilar, hermano mayor del Gran Capitán. Mendoza, imitando a Tácito, hace una sentida y patética descripción del lugar y del suceso.
(El Duque) mandó apercibir la gente de la Andalucía y de los señores de ella, de a pie y de a caballo, con vitualla para quince días, que era lo que parecía que bastase para dar fin a esta guerra. En el entretanto que la gente se juntaba, le vino voluntad de ver y reconocer el fuerte de Calalui[267], en Sierra Bermeja, que los moros llaman Gebalhamar, adonde en tiempos pasados se perdieron don Alonso de Aguilar y el Conde de Ureña[268]: don Alonso señalado capitán y ambos grandes príncipes entre los andaluces; el de Ureña abuelo suyo[269] de parte de su madre, y don Alonso bisabuelo de su mujer.
Salió de Casares descubriendo y asegurando los pasos de la montaña, previsión necesaria por la poca seguridad en acontecimientos de guerra y poca certeza de la fortuna. Comenzaron a subir la sierra, donde se decía que los cuerpos habían quedado sin sepultura[270]; triste y aborrecible vista y memoria. Había entre los que miraban nietos y descendientes de los muertos o personas que por oídas conocían ya los lugares desdichados. Lo primero dieron en la parte donde paró la vanguardia con su capitán por la escuridad de la noche, lugar harto extendido y sin más fortificación que la natural, entre el pie de la montaña y el alojamiento de los moros. Blanqueaban calaveras de hombres y huesos de caballos, amontonados, desparcidos, según, cómo y dónde habían parado; pedazos de armas, frenos, despojos de jaeces[271]. Vieron más adelante el fuerte de los enemigos, cuyas señales parecían pocas y bajas y aportilladas[272]. Iban señalando los pláticos de la tierra dónde habían caído oficiales, capitanes y gente particular[273]; referían cómo y dónde se salvaron los que quedaron vivos, y entre ellos el Conde de Ureña[274] y Don Pedro de Aguilar, hijo mayor de Don Alonso; en qué lugar y dónde se retrajo Don Alonso y se defendía entre dos peñas; la herida que el Ferí, cabeza de los moros, le dió primero en la cabeza y después en el pecho, con que cayó; las palabras que le dijo andando a brazos: _¡Yo soy Don Alonso!_; las que el Ferí le respondió cuando le hería: _Tú eres Don Alonso, mas yo soy el Ferí de Benestepar_, y que no fueron tan desdichadas las heridas que dió Don Alonso como las que recibió[275]; dónde mataron los capitanes rendidos, dónde tomaron los estandartes, dónde los despedazaron y escarnecieron[276]; cómo lloraron a Don Alonso amigos y enemigos. Mas en aquel punto renovaron los soldados el sentimiento; gente desagradecida sino en las lágrimas. Mandó el general hacer memoria[277] por los muertos, y rogaron los soldados que estaban presentes que reposasen en paz, inciertos si rogaban por deudos o por extraños, y esto les acrecentó la ira y el deseo de hallar gente contra quien tomar venganza.
Vista la importancia del lugar si los enemigos lo ocupasen, envió dende a poco el Duque una bandera de infantería que entrase en el fuerte y lo guardase. Vino en este tiempo resolución del Rey que concedía a los moros cuasi todo lo que le pedían, que tocaba al provecho dellos, y comenzaron algunos a reducirse...
NOTAS
[252] Don Lucas de Torre en el _Boletín de la Acad. de la Hist._, LXIV, 1914, págs. 461 y sigs., ha negado la atribución a Mendoza de la _Guerra de Granada_, sosteniendo que ésta es una mera prosificación de los diez y ocho primeros cantos de _La Austriada_ de Juan Rufo, poema publicado en 1584. Ahora bien, las relaciones entre ambas obras son precisamente las contrarias; _La Austriada_ es _La Guerra_ puesta en verso, como puede verse, por ejemplo, comparando el segundo fragmento que aquí publicamos de la historia, con los versos correspondientes del poema: este se aparta mucho más de la fuente de inspiración, Tácito, que _La Guerra_. Así en _La Austriada_, XVII, 94, etc.:
Causaba horror, mancilla y desconsuelo la vista aborrecible y lastimera de huesos a que el hado y la ventura negaron la funebre sepultura...
Más exacto es el «se decía...» etc., de _La Guerra_.
Víanse infinidad de calaveras de hombres, y huesos grandes de caballos, según y donde y como las guerreras aventuras pudieron derriballos...
Más exacto es el «blanqueaban... amontonados, desparcidos..., donde habían parado», de _La Guerra_.
Referían algunos qué oficiales y qué personas otras señaladas en cada parte el alma habían rendido.
_La Guerra_: «donde habían caído». La imitación de Tácito se halla borrada ya en esta otra octava:
Mas el buen general, porque la historia y pasos fuesen más bien empleados, por los muertos mandó hacer memoria sobre aquellos peñascos encumbrados; de todo corazón piden victoria con plegaria solene los soldados, que el lamentable objeto y remembranza les aumenta el deseo de venganza.
(Impreso lo anterior, hallo aprovechada la comparación del segundo pasaje aquí citado de la _Austriada_, en un importante artículo de R. FOULCHÉ-DELBOSC, _L’autenticité de la Guerra de Granada_, Revue Hispanique, t. XXXV, 1915, pág. 512.)
[253] A. MOREL-FATIO, _Quelques remarques sur «La Guerra de Grenade», de don Diego Hurtado de Mendoza_, (en el Annuaire de l’École pratique des Hautes Études 1914-1915), págs. 36-43 del extracto.
[254] Morel-Fatio en el estudio citado, insiste muy severamente en los defectos de Mendoza: la pobreza del vocabulario, que trae abuso de ciertas voces y repeticiones desairadas; asonancias y aliteraciones; imitación a veces inhábil de Salustio y Tácito; frases mal construídas, o dispuestas artificiosamente para dar a un pensamiento cualquiera cierto aire de profundidad que le sienta mal. No se puede, sin embargo, asentir a varias de las censuras hechas por el Sr. Morel-Fatio a los pasajes que cita como ejemplo de los defectos señalados.
[255] Poco después de la conquista de Granada, a raíz de una insurrección de los moros, Cisneros logró que se bautizaran de 50 a 70.000; otros muchos se desterraron al Africa. (Año 1500.) Claro es que estas conversiones en masa fueron seguidas de frecuentes apostasías y reconversiones.
[256] Mendoza, a causa de una pendencia habida en el palacio real con don Diego de Leiva, fué desterrado a Granada en 1569, cuando hacía ya cuatro meses que la rebelión había comenzado. Allí pasó los seis últimos años de su vida. Estaba ligado con parentesco a los principales actores de las cosas de Granada: el padre de Mendoza, segundo Conde de Tendilla y primer Marqués de Mondéjar, había sido gobernador de Granada en 1492, y su hermano mayor don Luis lo era aún algunos años antes de la guerra; el Marqués de Mondéjar, capitán general al comienzo de la campaña, era sobrino del escritor.
[257] _Entender_, por oir o escuchar, es bastante usado en nuestros clásicos; así como _exprimir_ por _expresar_, _sujeto_ por _asunto_; voces que hoy serían tenidas por galicismo imperdonable, no siéndolo.
[258] No alude Mendoza a ser su obra historia de un suceso particular, que otras muchas había ya de esta índole (AVILA Y ZÚÑIGA, _Comentario de la guerra de Alemania_; PERO MEJÍA, _Relación de las comunidades de Castilla_, etc.), sino a la pequeñez que se podía achacar a la rebelión de los moriscos.
[259] Hoy no es muy corriente el uso de la preposición _a_ para indicar el instrumento, aunque se conservan las frases _a sangre y fuego_, _quien a hierro mata_, etc.
[260] Tácito dice: «In arcto et inglorius labor.» La enumeración que antecede también recuerda algo el prólogo de las _Historias_, de Tácito: «Haustæ, aut obrutæ urbes... corrupti in dominos servi, in patronos liberti; et quibus deerat inimicus, per amicos oppressi.»
[261] Mendoza explica en su historia cómo el desamor al bien público y la mala administración prolongaron excesivamente la guerra, juntamente con el egoísmo y pereza de los que no querían acabarla pronto. _Dentro en_, arcaísmo por _dentro de_.