Antología de prosistas castellanos

Part 6

Chapter 64,161 wordsPublic domain

[133] Las ediciones de Burgos 1499 y Sevilla 1501 dicen «Eras y Crato médicos» y «piedad de silencio». Como no existen tales médicos Eras ni Crato, otras ediciones trataron de corregir, y así hallamos: «Crato y Galieno» y «piedad de Celeuco» (1514, 1595); «Erasistrato y Galieno» y «piedad de Seleuto», «p. Seleucal» (1570 y otras, alguna en vez de «seleucal» estropea «celestial»). Nuestra corrección es la más sencilla: _eras e crato_ es confusión facilísima por _erasistrato_, dado que la _c_ y la _t_ en la escritura medieval tiene forma muy semejante, y _silencio_ por _sileuco_ o _seleuco_ también se confunden, dada la igualdad de _n_ y _u_ en la mayor parte de las grafías. Esta corrección es también la única exacta: Calisto alude a una anécdota de _Valerio Máximo_, VII, 3, según la cual, habiendo Erasístrato, médico, conocido que la enfermedad de Antíoco es de amor, logra que el rey Seleuco padre de Antíoco, por salvar la vida de su hijo, le ceda piadosamente el amor de Estratónica de quien el joven está enamorado. Esta anécdota fué muy famosa desde la Edad Media; Juan de la Cueva la refirió en un romance y Moreto le dedicó una comedia, _Antíoco y Seleuco_. Como se ve, el médico Galieno no debe figurar para nada; es por tanto sólo exacta a medias la corrección de la edición de 1570; así como las otras, aunque todas revelan conocimiento de la anécdota de Valerio Máximo. En vista de ellas, es graciosa la seguridad con que un anotador moderno, después de lanzarse a afirmar que no hubo tal médico Erasístrato, introduce en el texto los nombres de Hipócrates y Galeno, para luego ilustrarnos escribiendo que Galieno o Galeno nació en Pérgamo, hijo de fulano, y que Hipócrates fué famoso médico nacido el año tantos de la Olimpíada tal.

[134] _Pleberio_ es el padre de Melibea, en el corazón del cual desea Calisto que obre la piedad de Seleuco, para que sea benigno con un enfermo de amor.

[135] Una de las oraciones de infinitivo a que hemos aludido. ‘No creo que vaya conmigo’.

[136] Refrán que GONZALO CORREAS (_Vocabulario de refranes_, página 54) pone en dos formas «Asaz es señal...» etc. y «Asaz es de mal no querer sanar.»

[137] La edición de Sevilla 1501 y las siguientes: _desenconan_. La forma de la edición de 1499 es aceptable, a pesar del verbo _enconar_ que precede. Se mezclan mucho formas como _malancolia_, _melancolía_, _melanconia_. CORREAS en su _Vocabulario_, pág. 195 _a_, da como refrán «Lágrimas y suspiros mucho desenconan el corazón dolorido.»

[138] CORREAS, pág. 136 _a_, da el refrán completo; «Esperar salud en muerte ajena, se condena.»

[139] Hoy «Echar la soga tras el caldero» como ya pone COVARRUBIAS (s. v. caldero) «es, perdida una cosa echar a perder el resto; está tomado del que yendo a sacar agua al poço, se le cayó dentro el caldero, y de rabia y despecho, echó también la soga, con que le pudiera sacar atando a ella un garabato o garfio.»

[140] La edición de 1514, para evitar la ambigüedad que se origina de estas dos preposiciones a juntas, puso aquí «en quien.»

[141] Romance divulgadísimo en los siglos XVI y XVII. La música con que lo cantaba Sempronio podía ser la que da LUIS VENEGAS DE HENESTROSA en su _Libro de cifra nueva_, Alcalá 1557, o la que pone JUAN BERMUDO en su _Declaración de instrumentos musicales_, 1555. Tan popular se hizo el comienzo de este romance cuando se trataba de algún despiadado, que en el _Rinconete_ de CERVANTES la Cariharta, enojada con Repolido, le llama «ese marinero de Tarpeya, ese tigre de Ocaña», es decir que el primer verso había cristalizado en un disparate popular, semejante al otro que equivale a «tigre de Hircania.»

[142] «Como de lo vivo a lo pintado (cuando hay gran diferencia en algo») CORREAS pág. 361. Una comedia de CLARAMONTE lleva el título _De lo vivo a lo pintado_. Es hoy frase muy corriente.

[143] Esta misma exclamación la repite Lucrecia en el otro trozo de _La Celestina_ que aquí publicamos, p. 75, arriba.

[144] «Meter aguja y sacar reja.» (Cuando se da poco para sacar mucho) CORREAS; «Dar aguja y sacar reja: quando con pequeño don se alcança cosa de mucho interesse» COVARRUBIAS.

[145] «Como coger agua en cesto» (A trabajo perdido) CORREAS _Vocabulario_ pág. 597 _b_.

[146] «_Ruda_, es yerva conocida, y aunque de grave olor, tiene muchos provechos en sí, y por el mucho uso della y ser a todos tan común, dezimos de alguna persona ser mas conocida que la ruda.» COVARRUBIAS.

[147] _Tia_ usado como título de respeto para las personas ancianas del pueblo; así como _madre_ en boca de Alia y de Melibea. Celestina, en cambio, llama «señoras» a éstas. Lucrecia antes (p. 74) llamó también _madre_ a Celestina.

[148] Frase obscura. Parece que Celestina alude al uso jurídico de prestar juramento una persona acompañada de otras varias que juraban con ella: ‘tan buena como mi tela sea mi vejez y la de quien quisiere apoyarme en este juramento’.

[149] _Cuentas_ significa ‘el rosario’: Celestina ofrece rezarlo cuatro veces.

[150] Refrán que también tiene la forma de «Viva la gallina y viva con su pepita.»

[151] Refrán que hoy es más bien: «Cada uno habla (o cuenta) de la feria como le va en ella.»

[152] Comp. la frase «Ese es otro cantar» significado ‘eso es distinto’.

[153] Refrán que tenía múltiples formas: «Dondequiera hay una mala legua.» «En cada cabo hay dos leguas (o un rato) de mal quebranto.» «A cada cabo hay tres leguas de quebranto.» CORREAS, pág. 292 _b_, 119 _b_, 14 _a_.

[154] Hoy se dice «_No ver_ uno _la hora de_ una cosa», para denotar el deseo grande de que llegue el momento de que algo suceda. Se entiende ‘no ver nunca llegar la hora’, es decir que la impaciencia hace que parezca muy largo el tiempo. En la forma antigua, _la hora que_ está por ‘la hora en que’. Compárese la frase _aun vea el hora que_ por ‘ojalá llegue tiempo que’ o ‘en que’ _Mio Cid_, pág. 488↓38, 779↓10.

[155] Refrán.

[156] _Dios-os-salve_, o _Dios-te-salve_, nombre humorístico de la ‘cicatriz’ o ‘costurón’.

[157] _Filosomía_ ‘fisonomía’.

[158] Tomado de Petrarca, como otros varios pasajes de este trozo.

EL LAZARILLO DE TORMES

Autor anónimo anterior a 1554

Las primeras ediciones conocidas de esta novela son tres, impresas en Burgos, Alcalá y Amberes, en el mismo año 1554; las tres suponen otra anterior de la cual ellas derivan.

La prosa castellana había tenido en la Edad Media un cultivo temprano y aventajado; nos admira ya en el siglo XIII con Alfonso el Sabio, en el XIV con don Don Juan Manuel, y produce, en tiempos de los Reyes Católicos, obras tan notables como la _Celestina_. Bajo el reinado de Carlos V tomó mayor vuelo; aplicáronla a la exposición doctrinal Fr. Antonio de Guevara, Hernán Pérez de Oliva, Juan de Valdés, etc., y apareció como maestra consumada en la novela. En este terreno no es ciertamente su mérito mayor haber servido a narraciones _idealistas_ de aventuras en los Libros de Caballerías, pues este género decaía ya de su viejo esplendor, que en el siglo XIV había producido el Amadís de Gaula; un nuevo lenguaje de la narración se desarrollaba ahora, a mediados del siglo XVI, complaciéndose en la pintura satírica de tipos y costumbres sociales, tomados de la realidad, con todo el vigor y crudeza con que en ella se ofrecen, y este es sin duda el aspecto más importante que ofrece la prosa en tiempo del Emperador. Con estas narraciones _realistas_ que forman la llamada novela picaresca (por abundar en tipos de pícaros, truhanes, vagos, espadachines y ladrones), España dió a la literatura universal el primer modelo de la novela moderna de costumbres.

El _Lazarillo_, aparecido en los últimos tiempos del emperador Carlos V, es la más antigua de estas novelas picarescas, la más popular en España[159] y la más conocida en Europa, y nos ofrece como una novedad (a pesar de la _Celestina_) el cultivo de la lengua popular y corriente, en que no escasean las incongruencias gramaticales que consigo arrastra la viveza de la conversación; por eso en el prólogo, el pobre Lázaro, antes de empezar a referir su historia, disculpa el _grosero estilo_ en que por fuerza ha de contarla.

En este estilo llano, propio para la pintura de escenas de la vida ordinaria, parecido al que cincuenta años más tarde empleará Cervantes, es el Lazarillo admirable modelo. Su lenguaje se distingue especialmente por una sobriedad magistral; cada palabra va derecha a lograr un marcado efecto pictórico y satírico.

Esta excelencia, sin embargo, no nos ha de impedir el notar cierta falta de habilidad en la construcción de una frase un poco larga, y alguna dificultad en las transiciones, embarazadas con adverbios y conjunciones inútiles o pesados: _en este tiempo_, con el sentido de ‘luego’ o ‘entonces’, _finalmente_, _de manera que_, etc.; pero éste no es defecto suyo propio, pues algo análogo hallamos en casi todos los escritores de este siglo, como Mendoza, Granada y León; cada vez menos, conforme la lengua va ganando en experiencia. Advirtamos también que es enteramente inexacta la apreciación que en 1620 emitió un implacable corrector y discreto continuador del Lazarillo, Juan de Luna, diciendo que la frase de esta antigua obra era «más francesa que española». Quizá le chocaba el uso abundante del pronombre personal acompañando a las formas verbales, donde, por no haber necesidad de insistir en la persona, se omite hoy: _yo por bien tengo_, _yo oro ni plata no te lo puedo dar_, _yo hice_, _yo dormí_ (pág. 94), y otros casos así, que Luna corrigió en su edición, y que se hallan también, por ejemplo, en Mendoza; o frases como _no curé de lo saber_ (je n’ai cure de le savoir), o voces tales como _coraje_ o _luengo_[160], que son del más castizo castellano, por más que no le parecieran corrientes a Luna; como éste era maestro de español en Francia, se le antojaban tomadas del francés cuantas expresiones oía en su idioma patrio que a él no le eran familiares y se asemejaban a otras francesas.

LAZARILLO DE TORMES TRATADO III

Lázaro[161], herido desgraciadamente por un clérigo avaro, a quien servía en Maqueda, abandona este pueblo y sirve en Toledo a un hidalgo tan presumido como pobre y holgazán.

Desta manera me fué forzado sacar fuerzas de flaqueza, y poco a poco, con ayuda de las buenas gentes, di conmigo en esta insigne ciudad de Toledo, adonde, con la merced de Dios, dende a quince días se me cerró la herida; y[162] mientras estaba malo siempre me daban alguna limosna; mas después que estuve sano todos me decían: «tú, bellaco y gallofero[163] eres; busca, busca un amo a quien sirvas.» ¿Y adónde se hallará ése[164], decía yo entre mí, si Dios agora de nuevo (como crió el mundo) no lo criase? Andando así discurriendo de puerta en puerta con harto poco remedio (porque ya la caridad se subió al cielo), topóme Dios con un escudero[165] que iba por la calle con razonable vestido, bien peinado, su paso y compás en orden; miróme y yo a él, y díjome: «mochacho, ¿buscas amo?» Yo le dije: «sí, señor».--«Pues vente tras mí, me respondió, que Dios te ha hecho merced en topar conmigo; alguna buena oración rezaste hoy». Y seguíle, dando gracias a Dios por lo que oí, y también que[166] me parecía, según su hábito y continente, ser el que yo había menester. Era de mañana cuando este mi tercero amo topé, y llevóme tras sí gran parte de la ciudad. Pasábamos por las plazas donde se vendía pan y otras provisiones; yo pensaba y aun deseaba que allí me quería cargar de lo que se vendía, porque esta era propria hora[167] cuando se suele proveer de lo necesario; mas muy a tendido paso pasaba por estas cosas. «Por ventura no lo ve aquí a su contento, decía yo, y querrá que lo compremos en otro cabo.»

Desta manera anduvimos hasta que dió[168] las once: entonces se entró en la iglesia mayor, y yo tras él; y muy devotamente le vi oir misa y los otros oficios divinos, hasta que todo fué acabado y la gente ida. Entonces salimos de la iglesia, y[169] a buen paso tendido comenzamos a ir por la calle abajo; yo iba el más alegre del mundo, en ver que no nos habíamos ocupado en buscar de comer; bien consideré que debía ser hombre, mi nuevo amo, que se proveía en junto[170], y que ya la comida estaría a punto, y tal como yo la deseaba y aun la había menester. En este tiempo dió el reloj la una, después de medio día[171], y llegamos a una casa, ante la cual, mi amo se paró y yo con él, y derribando el cabo de la capa sobre el lado izquierdo, sacó una llave de la manga y abrió su puerta y entramos en casa, la cual[172] tenía la entrada obscura y lóbrega, de tal manera, que parecía que ponía temor a los que en ella entraban, aunque dentro della estaba un patio pequeño y razonables cámaras[173]. Desque fuimos entrados, quita de sobre sí su capa, y preguntando[174] si tenía las manos limpias, la sacudimos y doblamos, y muy limpiamente soplando un poyo que allí estaba, la puso en él; y hecho esto, sentóse cabo della, preguntándome muy por extenso de dónde era y cómo había venido a aquella ciudad, y yo le di más larga cuenta que quisiera; porque me parecía más conveniente hora de mandar poner la mesa y escudillar la olla, que de lo que me pedía; con todo eso, yo le satisfice de mi persona lo mejor que mentir supe, diciendo mis bienes y callando lo demás, porque me parecía no ser para en cámara[175].

Esto hecho, estuvo ansí un poco, y yo luego[176] vi mala señal, por ser ya casi las dos y no le ver más aliento[177] de comer que a un muerto. Después desto, consideraba aquél tener cerrada la puerta con llave ni[178] sentir arriba ni abajo pasos de viva persona por la casa; todo lo que yo había visto eran paredes, sin ver en ella silleta, ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal arcaz como el de marras[179]; finalmente ella parecía casa encantada. Estando así, díjome: «tú, mozo, ¿has comido?»--«No, señor, dije yo, que aun no eran dadas las ocho cuando con vuestra merced encontré.»--«Pues, aunque de mañana, yo había almorzado, dice, y cuando ansí como algo, hágote saber que hasta la noche me estoy ansí; por eso, pásate como pudieres, que después cenaremos.» Vuestra merced crea, cuando esto le oí, que estuve en poco de caer de mi estado[180], no tanto de hambre como por conocer de todo en todo la fortuna serme adversa. Allí se me representaron de nuevo mis fatigas, y torné a llorar mis trabajos; allí se me vino a la memoria la consideración que hacía cuando me pensaba ir del clérigo, diciendo que aunque aquél era desventurado y mísero, por ventura toparía con otro peor; finalmente, allí lloré mi trabajosa vida pasada y mi cercana muerte venidera; y con todo, disimulando lo mejor que pude:[181] «señor, mozo soy que no me fatigo mucho por comer, bendito Dios[182]; deso me podré yo alabar entre todos mis iguales, por de[183] mejor garganta, y ansí fuí yo loado della hasta hoy día de los amos que yo he tenido.»--«Virtud es esa, dijo él, y por eso te querré yo más: porque el hartar es de los puercos, y el comer regladamente es de los hombres de bien.»--Bien te he entendido, dije yo entre mí; maldita tanta medicina y bondad como aquestos mis amos, que yo hallo, hallan en la hambre. Púseme a un cabo del portal, y saqué unos pedazos de pan del seno, que me habían quedado de los de por Dios.

Él, que vió esto, díjome: «Ven acá, mozo, ¿qué comes?» Yo lleguéme a él, y mostréle el pan; tomóme él un pedazo, de tres que eran, el mejor y más grande[184], y díjome: «¡Por mi vida, que parece éste buen pan!»--«¡Y cómo agora, dije yo, señor, es bueno!»--«Sí, a fe, dijo él; ¿adónde lo hubiste? ¿Si[185] es amasado de manos limpias?»--«No sé yo eso, le dije; mas a mí no me pone asco el sabor dello.»--«Ansí plega a Dios», dijo el pobre de mi amo, y llevándolo a la boca comenzó a dar en él tan fieros[186] bocados como yo en lo otro. «¡Sabrosísimo pan está, dijo, por Dios!» Y como le sentí de qué pie coxqueaba[187], dime priesa, porque le vi en disposición, si acababa antes que yo, se comediría[188] a ayudarme a lo que me quedase; y con esto acabamos casi a una. Mi amo comenzó a sacudir con las manos unas pocas de migajas, y bien menudas[189], que en los pechos se le habían quedado, y entró en una camareta que allí estaba, y sacó un jarro desbocado, y no muy nuevo, y desque hubo bebido, convidóme con él. Yo, por hacer del continente, dije: «Señor, no bebo vino.»--«Agua es, me respondió, bien puedes beber.» Entonces tomé el jarro y bebí, no mucho, porque de sed no era mi congoja. Ansí estuvimos hasta la noche, hablando en cosas que me preguntaba, a las cuales yo le respondí lo mejor que supe. En este tiempo metióme en la cámara donde estaba el jarro de que bebimos, y díjome: «Mozo, párate[190] allí, y verás cómo hacemos esta cama, para que la sepas hacer de aquí adelante.» Púseme de un cabo y él del otro, y hecimos la negra cama, en la cual no había mucho que hacer, porque ella tenía sobre unos bancos un cañizo, sobre el cual estaba tendida la ropa... Hecha la cama, y la noche venida, díjome: «Lázaro, ya es tarde, y de aquí a la plaza hay gran trecho; también en esta ciudad andan muchos ladrones, que siendo de noche, capean[191]; pasemos como podamos, y mañana, viniendo el día, Dios hará merced; porque yo por estar solo no estoy proveído; antes he comido estos días por allí fuera, mas agora hacerlo hemos[192] de otra manera.»--«Señor, de mí, dije yo, ninguna pena tenga vuestra merced, que sé pasar una noche, y aun más, si es menester, sin comer.»--«Vivirás más, y más sano, me respondió, porque, como decíamos hoy, no hay tal cosa en el mundo para vivir mucho, que[193] comer poco.» Si por esa vía es, dije entre mí, nunca yo moriré, que siempre he guardado esa regla por fuerza, y aun espero en mi desdicha tenella toda mi vida. Y acostóse en la cama, poniendo por cabecera las calzas y el jubón[194], y mandóme echar a sus pies, lo cual[195] yo hice; mas maldito el sueño que yo dormí, porque las cañas y mis salidos huesos en toda la noche dejaron de rifar y encenderse[196], que con mis trabajos, males y hambre, pienso que en mi cuerpo no había libra de carne. Y también, como aquel día no había comido casi nada, rabiaba de hambre, la cual con el sueño no tenía amistad; maldíjeme mil veces, Dios me lo perdone, y a mi ruin fortuna. Allí lo más de la noche y lo peor, no osándome revolver por no despertalle, pedí a Dios muchas veces la muerte.

La mañana venida, levantámonos, y comienza a limpiar y sacudir sus calzas y jubón, y sayo y capa; ¡y yo que le servía de pelillo![197]; y vísteseme muy a su placer de espacio; echéle aguamanos, peinóse y puso su espada en el talabarte, y al tiempo que la ponía, díjome: «¡Oh, si supieses, mozo, qué pieza es esta! No hay marco de oro en el mundo porque yo la diese; mas así, ninguna de cuantas Antonio[198] hizo, no acertó a ponelle los aceros tan prestos como ésta los tiene»; y sacóla de la vaina, y tentóla con los dedos, diciendo: «Vesla aquí, yo me obligo con ella[199] cercenar un copo de lana.» Y yo dije entre mí: «Y yo con mis dientes, aunque no son de acero, un pan de cuatro libras.» Tornóla a meter, y ciñósela, y un sartal de cuentas gruesas del talabarte, y con un paso sosegado y el cuerpo derecho, haciendo con él y con la cabeza muy gentiles meneos, echando el cabo de la capa sobre el hombro, y a veces so[200] el brazo, y poniendo la mano derecha en el costado, salió por la puerta, diciendo: «Lázaro, mira por la casa en tanto que voy a oir misa, y haz la cama, y ve por la vasija de agua al río, que aquí bajo está; y cierra la puerta con llave, no nos hurten algo, y ponla aquí al[201] quicio, porque si yo viniere en tanto, pueda entrar.» Y súbese por la calle arriba con tan gentil semblante y continente, que quien no le conociera pensara ser muy cercano pariente al Conde Claros[202], o a lo menos camarero que le daba de vestir.

Bendito seáis vos, Señor, quedé yo diciendo, que dais la enfermedad, y ponéis el remedio. ¿Quién encontrará a aquel mi señor, que no piense, según el contento de sí lleva, haber anoche bien cenado y dormido en buena cama, y aunque agora es de mañana, no le cuenten[203] por muy bien almorzado? Grandes secretos son, Señor, los que vos hacéis, y las gentes ignoran. ¿A quién no engañará aquella buena disposición y razonable capa y sayo, y quién pensará que aquel gentil hombre se pasó ayer todo el día sin comer, con aquel mendrugo de pan, que su criado Lázaro trujo un día y una noche en el arca de su seno, do no se le podía pegar mucha limpieza, y hoy, lavándose las manos y cara, a falta de paño de manos, se hacía servir del halda del sayo?[204] Nadie, por cierto, lo sospechará. ¡Oh Señor, y cuántos de aquestos debéis vos tener por el mundo derramados, que padecen por la negra que llaman honra[205] lo que por vos no sufrirían!...

Púseme a pensar qué haría, y parecióme esperar a mi amo hasta que el día demediase, y si viniese[206], y por ventura trajese algo que comiésemos; mas en vano fué mi esperanza. Desque vi ser las dos, y no[207] venía y la hambre me aquejaba, cierro mi puerta y pongo la llave donde mandó, y tórnome a mi menester; con baja y enferma voz y inclinadas mis manos en los senos, puesto Dios ante mis ojos, y la lengua en su nombre, comienzo a pedir pan por las puertas y casas más grandes que me parecía; mas como yo este oficio le hobiese mamado en la leche, quiero decir que con el gran maestro el ciego lo aprendí, tan suficiente discípulo salí, que aunque en este pueblo no había caridad, ni el año fuese muy abundante, tan buena maña me di, que antes que el reloj diese las cuatro, ya yo tenía otras tantas libras de pan ensiladas[208] en el cuerpo, y más de otras dos en las mangas y senos. Volvíme a la posada, y al pasar por la tripería, pedí a una de aquellas mujeres, y dióme un pedazo de uña de vaca con otras pocas de tripas cocidas.

Cuando llegué a casa, ya el bueno de mi amo estaba en ella, doblada su capa y puesta en el poyo, y él paseándose por el patio. Como entro, vínose para mí; pensé que me quería reñir la tardanza, mas mejor lo hizo Dios. Preguntóme do[209] venía; yo le dije: «Señor, hasta que dió[210] las dos estuve aquí, y de que vi que vuestra merced no venía, fuíme por esa ciudad a encomendarme a las buenas gentes, y hanme dado esto que veis»; mostréle el pan y las tripas que en un cabo de la halda traía, a lo cual él mostró buen semblante, y dijo: «Pues esperádote he a comer, y de que vi que no veniste, comí. Mas tú haces como hombre de bien en eso, que más vale pedillo por Dios que no hurtallo; y ansí él me ayude como ello[211] me parece bien, y solamente te encomiendo no sepan que vives comigo, por lo que toca a mi honra, aunque bien creo que será secreto, según lo poco que en este pueblo soy conocido: ¡nunca a él yo hubiera de venir!»--«De eso pierda, señor, cuidado, le dije yo, que maldito aquel que ninguno tiene de pedirme esa cuenta ni yo de dalla.»--«Agora, pues, come, pecador, que si a Dios place presto nos veremos sin necesidad; aunque te digo que después que en esta casa entré, nunca bien me ha ido: debe ser de mal suelo, que hay casas desdichadas y de mal pie, que a los que viven en ellas pegan la desdicha. Esta debe de ser, sin dubda, de ellas[212]; mas yo te prometo, acabado el mes, no quede en ella, aunque me la den por mía.»