Antología de prosistas castellanos

Part 5

Chapter 53,956 wordsPublic domain

El estilo de _La Celestina_ renueva y esmera las principales perfecciones con que los escritores del siglo XV venían moldeando el idioma. La elocuencia en la expresión de las pasiones, buscada afanosamente en las novelas sentimentales de Rodríguez del Padrón o de Diego de San Pedro, se depura en _La Celestina_, haciéndose mucho más intensa y menos afectada; la irrestañable charla popular que desborda en el arcipreste de Talavera, se encauza aquí más viva e intencionada y menos monótona; sobre todo, el diálogo, que hasta entonces apenas existía, pues no se ejercitaba sino en la sucesión de discursos desgranados, ahora se articula y se anima, y se matiza maravillosamente en ésta que es, a la vez, primer ensayo y obra maestra de la prosa dramática española.

Valdés mismo señala los excesos que empañan esa naturalidad y elegancia por él ponderadas en _La Celestina_. «Es verdad que peca el estilo en dos cosas, las cuáles fácilmente se podrían remediar...: la una es en el amontonar de vocablos, algunas veces tan fuera de propósito como _magníficat a maitines_; la otra es en que pone algunos vocablos tan latinos que no se entienden en el castellano, y en partes adonde podría poner propios castellanos, que los hay.» Ambos defectos son los principales de la época, y de ellos no se libra _La Celestina_, si bien los presenta atenuados.

Ya hemos visto, al hablar del arcipreste de Talavera, a qué aspiraciones artísticas respondían esos que tan a menudo nos aparecen como defectos. Rojas da también un curso lento a la expresión, y busca con la redundancia la elevación del estilo: «¿En quién hallaré yo fe? ¿Adónde hay verdad? ¿Quién caresce de engaño? ¿Adónde no moran falsarios? ¿Quién es claro amigo? ¿Quién es verdadero amigo? ¿Dónde no se fabrican traiciones?»--«Hasta que ya los rayos illustrantes de tu claro gesto dieron luz en mis ojos, encendieron mi coraçón, despertaron mi lengua, estendieron mi merescer, acortaron mi covardía, destorcieron mi encogimiento, doblaron mis fuerças, desadormescieron mis pies e manos...» De esta reiteración usa mucho más Rojas que el arcipreste de Talavera, y especialmente le sirve para matizar el habla popular.

La similicadencia y la rima son en cambio muy poco usadas por Rojas: «Tú lloras de tristeza, juzgándome cruel; yo lloro de plazer, viéndote tan fiel»; «Por Dios que, sin más dilatar, me digas quién es esse doliente que de mal tan perplexo se siente, que su passion y remedio salen de una mesma fuente». En cambio propende mucho a la trasposición del verbo al final de la frase, como a menudo se observará.

Atendiendo al otro defecto señalado por Valdés, podemos decir que Rojas, lo mismo que el arcipreste de Talavera, usa del latinismo menos que los exagerados escritores de aquel siglo, tales como don Enrique de Villena o Juan de Mena. En los trozos aquí publicados se hallarán algunos ejemplos: _inmérito_, _mixto_, _ilícito_, _súbito_, _perplexo_, siempre pocos.

Este suave cultismo de vocabulario y de construcción responde bien a la elegante gravedad del diálogo, a la viveza sentenciosa, a la fragancia humanística que trasciende de toda la obra, ora entre citas expresas de la antigüedad clásica, ora en imitaciones de ellos no declaradas;[123] y esa elevación de forma y de fondo permite a Rojas trazar sus escenas, aun las de más bajo y crudo naturalismo, dentro de un ambiente ideal, y estilizar sus tipos, aun los más repugnantes, revistiéndolos de la dignidad propia de la tragedia.

Porque tragedia es _La Celestina_. El primitivo título de _Comedia_ se justifica por el tono de la mayoría de las escenas; pero del desenlace surge la glorificación del Amor, como divinidad terrible que triunfa a costa del lloro y la muerte de sus servidores, y según esta concepción, ya en las primeras páginas de la obra late la tragedia. Y si bien, por lo general, la acción fluye tranquila o se remansa en el primoroso diálogo tan propenso a la más reposada amplitud, luego, contrastando con esa calma, el desenlace se precipita en relámpagos sangrientos, engendrados por los furiosos torbellinos del amor y de la codicia del oro.

Esta obra fuerte y elegante está, sin embargo, construída con una lengua todavía insegura, rebelde, que ostenta muy marcados caracteres de transición. Por la soltura de la construcción, y, sobre todo, por la suavidad y gracia con que la frase se pliega al pensamiento, la lengua de _La Celestina_ es hermana de la de los grandes escritores del siglo XVI; pero por sus formas gramaticales está muy ligada aún al período medieval. Signo muy visible de esta vacilación es la _f_- inicial que se conserva en pugna con la _h_- que después triunfó; _fazer_, _fermosura_, etc., conviven en _La Celestina_ con _hazer_, _hermosura_, etc. Además usa muchas formas y construcciones arcaicas, como _vies_ por ‘veías’, _fueste_ por ‘fuiste’, _morciélago_ por ‘murciélago’, _pelligeros_ por ‘pellejeros’, _encomparable_, _enefable_, _empedir_, _engenio_, _acordarse a una cosa_ por ‘_acordarse de una cosa_’, todas las cuales aparecen ya en la edición de Sevilla, 1501, remozadas tal como hoy se usan.[124]

COMEDIA DE CALISTO Y MELIBEA

PRIMER AUTO.--Entrando Calisto una huerta empós de un falcón suyo, falló í a Melibea, de cuyo amor preso, començóle de hablar; de la qual rigorosamente despedido, fue para su casa muy sangustiado.[125]

CALISTO.--En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.

MELIBEA.--¿En qué, Calisto?

CALISTO.--En dar poder a natura que de tan perfeta hermosura te dotasse, y fazer a mi inmérito tanta merced que verte alcançasse, y en tan conveniente lugar que mi secreto dolor manifestarte pudiesse. Sin duda encomparablemente es mayor tal galardón que el servicio, sacrificio, devoción, y obras pías que por este lugar alcançar tengo yo a Dios ofrescido. Ni otro poder mi voluntad humana puede complir.[126] ¿Quien vido en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre como agora el mio? Por cierto los gloriosos sanctos que se deleitan en la visión divina, no gozan más que yo agora en el acatamiento tuyo. Mas, ¡o triste! que en esto deferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor de caer de tal bienaventurança, y yo misto[127] me alegro con recelo del esquivo tormento que tu absencia me ha de causar.

MELIBEA.--¿Por grand premio tienes esto, Calisto?

CALISTO.--Téngolo por tanto en verdad, que si Dios me diesse en el cielo la silla sobre sus sanctos, no lo ternía por tanta felicidad.

MELIBEA.--Pues aun más igual galardón te daré yo, si perseveras.

CALISTO.--¡O bienaventuradas orejas mías, que indignamente tan gran palabra haveis oido!

MELIBEA.--Mas[128] desaventuradas, de que me acabes de oir; porque la paga será tan fiera qual la merece tu loco atrevimiento, y el intento de tus palabras, Calisto, ha seído.[129] ¿De ingenio de tal hombre como tú, haver de salir para se perder en la virtud de tal muger como yo? ¡Vete, vete de aí!

CALISTO.--Iré como aquel contra quien solamente la adversa fortuna pone su estudio[130] con odio cruel.

* * * * *

CALISTO.--¡Sempronio, Sempronio, Sempronio! ¿Dónde está este maldito?

SEMPRONIO.--Aquí estoy, señor, curando destos cavallos.

CALISTO.--¿Pues cómo sales de la sala?

SEMPRONIO.--Abatióse el girifalte y vínele endereçar[131] en el alcándara.

CALISTO.--¡Assí los diablos te ganen, assí por infortunio arrebatado perezcas, o perpetuo intollerable[132] tormento consigas, el qual en grado incomparable a la penosa y desastrada muerte que espero traspassa! ¡Anda, anda, malvado, abre la cámara y endereça la cama!

SEMPRONIO.--Señor, luego hecho es.

CALISTO.--Cierra la ventana y dexa la teniebla acompañar al triste, y al desdichado la ceguedad. Mis pensamientos tristes no son dignos de luz. ¡O bienaventurada muerte aquella que deseada a los afligidos viene! ¡O si viniéssedes agora Erasistrato, médico[133], sentiríades mi mal! ¡O piedad de Sileuco, inspira en el Plebérico coraçón,[134] porque sin esperança de salud no embíe el espíritu perdido con el desastrado Píramo y de la desdichada Tisbe!

SEMPRONIO.--¿Qué cosa es?

CALISTO.--¡Vete de aí, no me fables, sino quiçá, ante del tiempo de mi rabiosa muerte, mis manos causarán tu arrebatado fin!

SEMPRONIO.--Iré, pues solo quieres padecer tu mal.

CALISTO.--¡Vé con el diablo!

SEMPRONIO.--No creo, según pienso, ir[135] comigo el que contigo queda. ¡O desaventura! ¡O súbito mal! ¿Qual fue tan contrario acontescimiento, que assi tan presto robó el alegría deste hombre y, lo que peor es, junto con ella el seso? ¿Dexarle he solo o entraré allá? Si le dexo, matarse ha; si entro allá, matarme ha. Quédese, no me curo; más vale que muera aquel a quien es enojosa la vida, que no yo que huelgo con ella. Aunque por al no deseasse vivir, sino por ver a mi Elicia, me devría guardar de peligros. Pero si se mata sin otro testigo, yo quedo obligado a dar cuenta de su vida. Quiero entrar; mas puesto que entre, no quiere consolación ni consejo; asaz es señal mortal no querer sanar;[136] con todo, quiérole dexar un poco; desbrave, madure, que oído he dezir que es peligro abrir o apremiar las postemas duras, porque más se enconan. Esté un poco: dexemos llorar al que dolor tiene, que las lágrimas y sospiros mucho desanconan[137] el coraçón dolorido; y aun si delante me tiene, más comigo se encenderá, que el sol más arde donde puede reverberar. La vista a quien objecto no se antepone, cansa; y quando aquel es cerca, agúzase. Por esso quiérome sofrir un poco; si entretanto se matare, muera; quiçá con algo me quedaré, que otro no lo sabe, con que mude el pelo malo. Aunque malo es esperar salud en muerte agena,[138] y quiçá me engaña el diablo; y si muere matarme han, y irán allá la soga y el calderón.[139] Por otra parte dizen los sabios que es grande descanso a los afligidos tener con quien puedan sus cuytas llorar, y que la llaga interior más empece. Pues en estos estremos en que estoy perplexo, lo más sano es entrar, y sofrirle y consolarle; porque si posible es sanar sin arte ni aparejo, más ligero es guarescer por arte y por cura.

CALISTO.--Sempronio.

SEMPRONIO.--Señor.

CALISTO.--Dame acá el laúd.

SEMPRONIO.--Señor, vesle aquí.

CALISTO:--

¿Qual dolor puede ser tal, que se iguale con mi mal?

SEMPRONIO.--Destemplado está esse laúd.

CALISTO.--¿Como templará el destemplado? ¿Como sentirá el armonía aquel que consigo está tan discorde; aquel[140] a quien la voluntad a la razón no obedece; quien tiene dentro del pecho aguijones, paz, guerra, tregua, amor, enemistad, injurias, pecados, sospechas, todo a una causa? Pero tañe y canta la más triste canción que sepas.

SEMPRONIO.--

Mira Nero de Tarpeya a Roma como se ardía; gritos dan niños y viejos, y él de nada se dolía.[141]

CALISTO.--Mayor es mi fuego, y menor la piedad de quien yo agora digo.

SEMPRONIO.--No me engaño yo, que loco está este mi amo.

CALISTO.--¿Qué estás murmurando, Sempronio?

SEMPRONIO.--No digo nada.

CALISTO.--Dí lo que dizes, no temas.

SEMPRONIO.--Digo, que ¿cómo puede ser mayor el fuego que atormenta un vivo que el que quemó tal çibdad y tanta multitud de gente?

CALISTO.--¡Cómo? Yo te lo diré: mayor es la llama que dura ochenta años que la que en un día passa, y mayor la que mata una ánima, que la que quema cient mill cuerpos. Como de la apariencia a la existencia, como de lo vivo a lo pintado[142], como de la sombra a lo real, tanta diferencia ay del fuego que dizes al que me quema. Por cierto, si el del purgatorio es tal, más querría que mi spíritu fuesse con los de los brutos animales, que por medio de aquél ir a la gloria de los sanctos.

SEMPRONIO.--¡Algo es lo que digo![143] ¡A más ha de ir este hecho. No basta loco, sino ereje.

CALISTO.--¿No te digo que fables alto quando fablares? ¿Qué dizes?

SEMPRONIO.--Digo, que nunca Dios quiera tal, que es especie de heregía lo que agora dixiste.

QUARTO AUTO.--Celestina andando por el camino habla consigo misma, fasta llegar a la puerta de Pleberio, onde halló a Lucrecia, criada de Pleberio. Pónese con ella en razones; sentidas por Alisa, madre de Melibea, y sabido que es Celestina, fázela entrar en casa. Viene un mensajero a llamar a Alisa; váse.

LUCRECIA.--¿Quien es esta vieja que viene haldeando?

CELESTINA.--Paz sea en esta casa.

LUCRECIA.--Celestina, madre, seas bienvenida. ¿Qual dios te traxo por estos barrios no acostumbrados?

CELESTINA.--Hija, mi amor; desseo de todos vosotros; traerte encomiendas de Elicia, y aun ver a tus señoras vieja y moça, que después que me mudé al otro barrio, no han sido de mi visitadas.

LUCRECIA.--¿A esso solo saliste de tu casa? Maravíllome de tí que no es essa tu costumbre, ni sueles dar passo sin provecho.

CELESTINA.--¿Más provecho quieres, bova, que cumplir hombre sus desseos? Y tambien como a las viejas nunca nos fallecen necesidades... ando a vender un poco de hilado.

LUCRECIA.--¡Algo es lo que yo digo! en mi seso estoy, que nunca metes aguja sin sacar reja.[144] Pero mi señora, la vieja, urdió una tela, tiene necessidad dello; tú de venderlo; entra y espera aquí, que no os desavenirés.

ALISA.--¿Con quien hablas, Lucrecia?

LUCRECIA.--Señora, con aquella vieja de la cuchillada, que solía vivir aquí en las tenerías, a la cuesta del río.

ALISA.--Agora la conozco menos; si tú me das a entender lo incógnito por lo menos conocido, es coger agua en cesto.[145]

LUCRECIA.--¡Jesú, señora! Más conosçida es esta vieja que la ruda.[146] No sé como no tienes memoria de la que empicotaron por hechizera...

ALISA.--¿Qué oficio tiene? Quiçá por aquí la conoceré mejor.

LUCRECIA.--Señora, perfuma tocas, haze solimán y otros treynta oficios; conoce mucho en yiervas, cura niños, y aun algunos la llaman vieja lapidaria.

ALISA.--Todo esso dicho no me la da a conocer. Díme su nombre, si le sabes.

LUCRECIA.--¿Si le sé, señora? No ay niño ni viejo en toda la cibdad que no le sepa ¿havíale yo de ignorar?

ALISA.--¿Pues por qué no le dizes?

LUCRECIA.--He vergüença.

ALISA.--Anda, bova, díle, no me indignes con tu tardança.

LUCRECIA.--Celestina, hablando con reverencia, es su nombre.

ALISA.--¡Hí, hí, hí! ¡Mala landre te mate si de risa puedo estar, viendo el desamor que deves de tener a essa vieja, que su nombre has vergüença nombrar! ¡Ya me voy recordando della! ¡Una buena pieça! No me digas más; algo me verná a pedir; dí que suba.

LUCRECIA.--Sube, tia.[147]

CELESTINA.--Señora buena, la gracia de Dios sea contigo y con la noble hija. Mis passiones y enfermedades han impedido mi visitar tu casa, como era razón; mas Dios conoce mis limpias entrañas, mi verdadero amor, que la distancia de las moradas no despega el querer de los coraçones; assí que lo que mucho desseé, la necessidad me lo ha hecho complir. Con mis fortunas adversas otras, me sobrevino mengua de dinero; no supe mejor remedio que vender un poco de hilado, que para unas toquillas tenía allegado; supe de tu criada que tenías dello necessidad; aunque pobre, y no de la merced de Dios, veslo aquí, si dello y de mí te quieres servir.

ALISA.--Vezina honrrada, tu razón y ofrecimiento me mueven a compassión, y tanto, que quisiera cierto más hallarme en tiempo de poder complir tu falta, que menguar tu tela. Lo dicho te agradezco; si el hilado es tal, serte ha bien pagado.

CELESTINA.--¿Tal, señora? Tal sea mi vida y mi vejez, y la de quien parte quisiere de mi jura.[148] Delgado como el pelo de la cabeça, igual, rezio como cuerdas de vihuela, blanco como el copo de la nieve, hilado todo por estos pulgares, aspado y adreçado. Veslo aquí en madexitas; tres monedas me davan ayer por la onça, assí goze desta alma pecadora.

ALISA.--Hija, Melibea, quédesse esta muger honrrada contigo, que ya me parece que es tarde para ir a visitar a mi hermana, su muger de Cremes, que desde ayer no la he visto, y tambien que viene su paje a llamarme, que se le arrezió desde un rato acá el mal...

CELESTINA.--¿Y qué mal es el suyo?

ALISA.--Dolor de costado, y tal, que según del moço supe que quedava, temo no sea mortal. Ruega tú, vezina, por amor mío, en tus devociones, por su salud a Dios.

CELESTINA.--Yo te prometo, señora, en yendo de aquí, me vaya por essos monesterios, donde tengo frailes devotos míos, y les dé el mismo cargo que tú me das; y demás desto, ante que me desayune, dé quatro bueltas a mis cuentas.[149]

ALISA.--Pues, Melibea, contenta a la vezina en todo lo que razón fuere darle por el hilado; y tú, madre, perdóname, que otro dia se verná en que más nos veamos.

CELESTINA.--Señora, el perdón sobraría donde el yerro falta; de Dios seas perdonada, que buena compañía me queda. Dios la dexe gozar su noble juventud y florida mocedad, que es el tiempo en que mas plazeres y mayores deleites se alcançarán, que a la mi fe, la vejez no es sino mesón de enfermedades, posada de pensamientos, amiga de renzillas, congoxa continua, llaga incurable, manzilla de lo pasado, pena de lo presente, cuydado triste de lo por venir, vezina de la muerte, choça sin rama que se llueve por cada parte, cayado de mimbre que con poca carga se doblega.

MELIBEA.--¿Por qué dizes, madre, tanto mal de lo que todo el mundo con tanta eficacia gozar y ver dessean?

CELESTINA.--Dessean harto mal para sí, dessean harto trabajo; dessean llegar allá, porque llegando viven, y el vivir es dulce, y viviendo envegescen. Assí que el niño dessea ser moço, y el moço viejo, y el viejo más, aunque con dolor; todo por vivir, porque como dizen: viva la gallina con su pepita.[150] ¿Pero quien te podría contar, señora, sus daños, sus inconvenientes, sus fatigas, sus cuidados, sus enfermedades, su frío, su calor, su descontentamiento, su renzilla, su pesadumbre, aquel arrugar de cara, aquel mudar de cabellos su primera y fresca color, aquel poco oír, aquel debilitado ver, puestos los ojos a la sombra, aquel hundimiento de boca, aquel caer de dientes, aquel carecer de fuerça, aquel flaco andar, aquel espacioso comer? Pues ¡ay, ay, señora!, si lo dicho viene acompañado de pobreza, allí verás callar todos los otros trabajos quando sobra la gana y falta la provisión, que jamás sentí peor ahito que de hambre.

MELIBEA.--Bien conozco que dize cada uno de la feria segund le va en ella,[151] assí que otra canción cantarán los ricos.[152]

CELESTINA.--Señora, hija, a cada cabo ay tres leguas de mal quebranto;[153] a los ricos se les va la bienaventurança, la gloria y descanso por otros alvañares de asechanças que no se parescen, ladrillados por encima con lisonjas. Cada rico tiene una dozena de hijos y nietos que no rezan otra oración, no otra petición, sino rogar a Dios que le saque d’en medio; no veen la hora que[154] tener a él so la tierra y lo suyo entre sus manos y darle a poca costa su casa para siempre.

MELIBEA.--Madre, pues que assí es, gran pena ternás por la edad que perdiste. ¿Querrías bolver a la primera?

CELESTINA.--Loco es, señora, el caminante que enojado del trabajo del día quissiese bolver de comienço la jornada para tornar otra vez aquel lugar, que todas aquellas cosas cuya possesión no es agradable, más vale poseellas que esperallas, porque más cerca está el fin dellas quanto más andado del comienço; no ay cosa más dulce ni graciosa al muy cansado que el mesón, assí que aunque la mocedad sea alegre, el verdadero viejo no la dessea, porque el que de razón y seso carece, quasi otra cosa no ama sino lo que perdió.

MELIBEA.--Siquiera por vivir más, es bueno dessear lo que digo.

CELESTINA.--Tan presto, señora, se va el cordero como el carnero;[155] ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni tan moço que oy no pudiesse morir; assi que en esto poca avantaja nos levais.

MELIBEA.--Espantada me tienes con lo que has hablado; indicio me dan tus razones que te aya visto otro tiempo. Díme, madre, ¿eres tú Celestina, la que solía morar a las tenerías, cabe el río?

CELESTINA.--Señora, hasta que Dios quiera.

MELIBEA.--Vieja te has parado; bien dizen que los dias no se van en balde[156]; assí goze de mí, no te conosciera sino por esa señaleja de la cara. Figúraseme que eras hermosa; otra pareces, muy mudada estás.

LUCRECIA.--¡Hi, hi, hi! Mudada está el diablo. ¿Hermosa era con aquel su Dios-os-salve[156] que traviessa la media cara?

MELIBEA.--¿Qué hablas, loca? ¿Qué es lo que dizes? ¿De qué te ríes?

LUCRECIA.--De como no conoscías a la madre en tan poco tiempo en la filosomía[157] de la cara.

MELIBEA.--No es tan poco tiempo dos años, y más que la tiene arrugada.

CELESTINA.--Señora, ten tú el tiempo que no ande, terné yo mi forma que no se mude. ¿No has leido que dizen: Verná el día que en el espejo no te conozcas?[158] Pero también yo encanecí temprano, y parezco de doblada edad, que assí goze desta alma pecadora y tú desse cuerpo gracioso, que de quatro hijas que parió mi madre yo fui la menor. Mira como no so vieja como me juzgan.

MELIBEA.--Celestina amiga, yo he holgado mucho en verte y conoscerte; también hasme dado plazer con tus razones. Toma tu dinero y vete con Dios, que me parece que no deves haver comido.

NOTAS

[123] Algunas de estas imitaciones advierte Menéndez Pelayo en su fundamental estudio sobre la _Celestina_, publicado en los _Orígenes de la Novela_ III, 1910, pág. XLII, etc.--Alguna vez el cultismo de Rojas se exacerba, por ejemplo en el discurso final de Pleberio, pagando demasiado tributo a una erudición huera y tosca, muy de moda entonces.

[124] Sin razón el Sr. Foulché-Delbosc, corrige estas formas como «erratas y deficiencias», en la pág. 174 de su reimpresión de la edición de _La Celestina_ hecha en Burgos, 1499.

[125] _Sangustiado_ forma derivada de otra perdida, *_esangustiado_ (del latín *ex-angustiatus), como el verbo arcaico _secutar_ por _esecutar_ (del latín executare), o el vocablo vulgar _sagerao_ por _exagerado_. En la traducción del _Coloquio de las Damas_, del Aretino, por Fernán Juárez, se halla «una muy gran sangustia... muy sangustiada» N. Bibl. A. E., XXI, 261 _b_.

[126] ‘Ni hay otro poder (que el divino de que Calixto viene hablando) que pueda satisfacer mi voluntad humana’. Las ediciones modernas unen esta cláusula a la anterior con una coma, que no tiene sentido. La edición antigua pone punto.

[127] _Misto_, adverbio, que se opone a _puramente_: los santos se glorifican de una manera absoluta, sin reserva; mi alegría está mezclada de dolor. Como consecuencia del lugar final que tiende a ocupar el verbo, el adverbio se le antepone: «Fortuna medianamente partió lo suyo», «haz tu lo que bien digo y no lo que mal hago», etc., en el mismo Auto primero de _La Celestina_.

[128] _Mas_ por ‘mas bien’: «--Y allá hablaremos largamente... cerca destos amores.--Mas dolores; que por fe tengo que de muerto o loco no escapa desta vez». Auto VIII.

[129] ‘y cual ha sido el intento’. Respeto la puntuación de la edición incunable. Las ediciones modernas ponen punto y coma o punto tras _atrevimiento_.

[130] _Estudio_ ‘diligencia, empeño’ (comp. _estudiarse_ ‘esforzarse’ página 48).

[131] _Endereçar_ ‘arreglar’ volver a colocar en la percha al gerifalte que se había abatido. Con los verbos de movimiento hoy va el infinitivo regido de la preposición _a_ pero, antiguamente no: «se van omillar» etc. _Mio Cid_, pág. 349↓35. La edición de Sevilla 1501 ya elimina el arcaísmo y pone «vinele a endereçar».

[132] Es frecuente en la _Celestina_ la _ll_, contraria a la etimología en _tollerar_ y _callentar_; sin duda se pronunciaba _tol-lerar_ por falso cultismo, como se pronunciarían _intel-lectual_, _fal-lacia_ y otras voces que en latín presentan dos _ll_ y en romance una sola.