Antología de prosistas castellanos

Part 4

Chapter 44,028 wordsPublic domain

Dominaba entonces en el estilo trabajado una fuerte corriente de latinismo, la cual iba a menudo mezclada con italianismo, ya que desde el siglo anterior, autores italianos, como Boccaccio, por ejemplo, deslumbraban a nuestros escritores con una extraña elegancia de hipérbaton y léxico latinizantes. Este exotismo, que revestía formas muy crudas y exageradas, aparece templado en el _Arcipreste de Talavera_. El hipérbaton llega, es verdad, a casos extremos, como, por ejemplo, el de la separación del sustantivo y del adjetivo: «face la vista perder, e mengua _el olor_ de las narices _natural_... el gusto de la boca pierde...; pues _las potencias_ del ánima _tres_ todas son turbadas»; pero esto es raro en nuestro autor. El rasgo que más abunda en él es la colocación del verbo al final de la frase: «non es muger que de sí muy avara non sea en dar, cavilosa en la mano alargar, temerosa en mucho emprestar, abondosa en cualquier cosa tomar, generosa en lo ageno dar...» También el cultismo propagaba el uso de varios participios de presente: «su conosciente o amigo»; «otros mançebos aun hoy bivientes.» Además, hay que señalar el latinismo, y el extranjerismo en general, como copiosa fuente de renovación del vocabulario; así el Arcipreste usa _sustancia_ por ‘hacienda, bienes’, _estudiarse_ por ‘esforzarse’, _superbioso_ por ‘soberbio, soberbioso’, acumulando a veces estos neologismos: «el vasallo contra el señor, e el servidor contra su _maestro_, el _súbdito_ contra su _subyugante_.»

A menudo en esta época se buscaba también la elegancia mediante un amplio desarrollo del concepto; el giro espacioso de la frase tendía a dar cierta majestad solemne a la expresión; la insistencia en la idea procuraba una mayor viveza y eficacia de la imagen: «La Pobreza alçó sus ojos en alto, e començó de mirar la pompa e loçanía e locura e vanagloria, la jactancia e orgullo que la Fortuna consigo traía... Pues tú dizes que fazes e desfazes, viedas e mandas, ordenas e dispones todas las cosas del mundo, e que son a tu govierno e mando las baxas e aun las altas.» Véase la reiteración de un pensamiento que va a parar a una cita del Arcipreste de Hita: «¿Quien es tan loco e fuera de seso que quiere su poderío dar a otro, e su libertad someter a quien non deve, e querer ser siervo de una muger que alcança muy corto juizio, e demás, atarse de pies e de manos en manera que non es de sí mesmo, contra el dicho del sabio que dize: Quien pudiere ser suyo non sea enagenado, que libertad e franqueza non es por oro comprada?, e exemplo antiguo es, el qual puso el Arçipreste de Hita en su tractado.»

La abundancia, que seduce al Arcipreste de Talavera, degenera a menudo en verbosidad, aun en los trozos doctrinales del libro: «¡Ay del triste desventurado, que por querer seguir el apetito de su voluntad que brevemente pasa, quiere perder aquella gloria perdurable de paraíso que para siempre durará! ¡Si el triste del ombre o muger sintiese drechamente qué cosa es perdurable, o para siempre jamas, o por infinita _secula seculorum_ aver en el otro mundo gloria o pena!» Esta verbosidad cuadra bien cuando se aplica a reflejar el lenguaje del pueblo, según se verá en los trozos que publicamos.

Otra manera de elegancia fué la similicadencia, moda que todavía hallamos en vigor durante el siglo XVI, por ejemplo, en Fray Antonio de Guevara. El _Arcipreste de Talavera_ nos la ofrece, sobre todo, en los párrafos de afectada viveza: «Plégale a Nuestro Señor... que así velemos e nos aperçibamos, e del enemigo Satanás nos guardemos, e de los viçios nos corrijamos, e de los pecados en bien nos enmendemos.» Muy comúnmente se llega a la prosa rimada, como se ve en el ejemplo de posposición del verbo, que ponemos arriba. Y es notable que estas rimas abunden en la charla vulgar, según puede verse en los trozos aquí insertos, mostrándonos un curioso giro de la locuacidad vehemente, hoy enteramente desusado.

Otro ejercicio del ingenio popular, antes más desarrollado que hoy día, era el uso abundante de los refranes, y el Arcipreste de Talavera no dejó de emplearlos para caracterizar el habla callejera, siendo en este particular un inspirador directo del autor de la _Celestina_ e indirecto del _Quijote_, como nota muy bien Menéndez Pelayo[92]. Pero este crítico atribuye a nuestro Arcipreste el mérito de haber adivinado el ritmo del diálogo, a lo cual no podemos asentir. El Arcipreste compone, sí, admirables discursos familiares, pero el diálogo no alcanza en él más desarrollo que en el _Lucanor_, por ejemplo. Para ver roto el estrecho molde medieval de la mera sucesión de discursos, necesitamos llegar a _La Celestina_.

ARCIPRESTE DE TALAVERA PARTE II, CAP. I

De los viçios e tachas e malas condiçiones de las perversas mugeres, e primero digo de las avariçiosas.

Por quanto las mugeres que malas son, viçiosas e desonestas o enfamadas, non puede ser dellas escripto[93] nin dicho la meitad que dezir o escrevir se podría por el hombre,[94] e por quanto la verdad dezir non es pecado, mas virtud, por ende digo primeramente que las mugeres comunmente por la mayor parte de avariçia son doctadas; e por ésta razón de avariçia muchas de las tales infinitos e diversos males cometen: que si dineros, joyas preçiosas e otros arreos intervengan o dados les sean, es dubda[95] que a la más fuerte non derruequen, e toda maldad espera que cometrá la avariçiosa muger con defrenado apetito de aver, asi grande como de estado pequeño...[96]

Asy la muger piensa que non ay otro bien en el mundo sinon aver, tener e guardar e poseer, con sulíçita guarda condensar,[97] lo ageno francamente despendiendo e lo suyo con mucha industria guardando. Donde por esperiencia verás que una muger en comprar por una blanca más se fará de oir que un ombre en mil maravedis. Item, por un huevo dará voces como loca e fenchirá a todos los de su casa de ponçoña: «¿Qué se fizo este huevo? ¿quién lo tomó? ¿quién lo levó? ¿Adole[98] este huevo? Aunque vedes que es blanco, quiçá negro será oy este huevo. ¿Quién tomó este huevo, quién comió este huevo? Comida sea de mala ravia. ¡Ay huevo mio de dos yemas, que para echar vos guardava yo! ¡Ay huevo mio, qué gallo e qué gallina salieran de vos! del gallo fiziera capón que me valiera veinte maravedises e la gallina catorze, o quiça la echara e me sacara tantos pollos e pollas con que pudiera tanto multiplicar, que fuera causa de me sacar el pié del lodo. Agora estarme he como desventurada, pobre como solía... ¡Ay huevo mio de la meajuela redonda, de la cáscara tan gruesa, ¿quién me vos comió? ¡Ay Marica, rostro de golosa, que tú me has lançado por puertas: yo te juro que los rostros te queme, doña vil, suzia, golosa! ¡Ay huevo mio, y que será de mi! ¡Ay triste, desconsolada, Jesús, amiga, y cómo non me fino agora! ¡Ay Virgen María, cómo non rebienta quien vee tal sobrevienta![99] ¡Non ser en mi casa señora de un huevo! Maldita sea mi ventura e mi vida si non estó en punto de rascarme[100] o de me mesar toda. ¡Ya,[101] por Dios! ¡guay de la que trae por la mañana el salvado, la lumbre, e sus rostros quema soplando por la encender; e fuego fecho, pone su caldera y calienta su agua e faze sus salvados por fazer gallinas ponedoras; y que, puesto el huevo, luego sea arrebatado! ¡Ravia, Señor, y dolor de coraçon, endúrolos[102] yo, cuitada, e paso como a Dios plaze, e liévamelos el huerco! ¡Ya, Señor! e liévame deste mundo, que mi cuerpo non goste más pesares nin mi ánima sienta tantas amarguras. ¡Ya, Señor! por el que tú eres, da espaçio a mi coraçon con tantas angosturas como de cada dia gusto. ¡Una muerte me valdríe más que tantas, ya por Dios!». Y en ésta manera dan bozes e gritan por una nada.

Item, si una gallina pierden, van de casa en casa conturbando toda la vezindat: «¿Do mi gallina la ruvia, de la calça bermeja, o la de la cresta partida, çenizienta escura, cuello de pavo, con la calça morada, ponedora de huevos? ¿Quién me la furtó? Furtada sea su vida. ¿Quién menos me fizo[103] della? Menos se le tornen los días de la vida. ¡Mala landre, dolor de costado, ravia mortal comiese con ella; nunca otra coma, comida mala comiese, amen! ¡Ay gallina mia, tan ruvia! un huevo me dabas tú cada día; aojada te tenia el que te comió, asechándote estaba el traidor; desfecho le vea de su casa[104] a quien te me comió; ¡comido le vea yo de perros aina!, ¡cedo sea! ¡véanlo mis ojos, e non se tarde! ¡Ay gallina mia, gruesa como un ansarón, morisca de los pies amarillos, crestibermeja! más avía en ella que en dos otras que me quedaron. ¡Ay triste! aun agora estava aquí, agora salió por la puerta, agora salió[105] tras el gallo por aquel tejado. El otro día, ¡triste de mí, desaventurada, que en mal ora nascí, cuitada!, el gallo mio bueno cantador, que asi salían dél pollos como del çielo estrellas, atapador de mis menguas, socorro de mis trabajos, que la casa nin bolsa, cuitada, él bivo, nunca vazia estava. ¡La de Guadalupe señora, a ti lo acomiendo! señora, non me desampares ¡ya, triste de mí! que tres días ha entre las manos me lo llevaron. ¡Jesús, quánto robo, quánta sinrazón, quánta injustiçia! ¡Callad, amiga, por Dios; dexadme llorar, que yo sé qué perdí e qué pierdo oy! E cada uno le duele lo suyo ¡y tal joya como mi gallo! ¡Cuitada, e agora la gallina! Rayo del cielo mortal e pestilençia venga sobre tales personas: espina o hueso comiendo se le atravesase en el garguero, que Sant Blas non le pusiese cobro. Non diré, amigas, aina diría que Dios non está en el cielo, ni es tal como solía, que tal sufre e consiente. ¡Oh Señor, tanta paciencia e tantos males sufres! ¡ya, por aquel que tu eres, consuela mis enojos, da lugar a mis angustias, sinon raviaré o me mataré o me tornaré mora![106] Agora, noramala, si Dios non me vale, non sé qué me diga. Dexadme, amiga, que muere la persona con la sinrazon, que mal de cada rato non lo sufre perro nin gato: dapno de cada dia, sofrir non es cortesia: oy una gallina e antier un gallo, yo veo bien mi duelo, aunque me lo callo. ¿Cómo te feziste calvo? Pelo a pelillo el pelo levando. ¿Quién te fizo pobre, María? Perdiendo poco a poco lo poco que tenía.[107] Moças, venid acá. ¿Non podeis responder?--Señora.--Ha, agora, landre que te fiera, y ¿dónde estavas? dy, ¿non te duele a ti asi como a mí? Pues corre en un punto, Juanilla, ve a casa de mi comadre, dile si vieron una gallina ruvia de una calça bermeja. Marica, anda, ve a casa de mi vezina, verás si pasó allá la mi gallina ruvia. Perico, ve en un salto al vicario del arçobispo que te dé una carta de descomunión que muera maldito e descomulgado el traidor malo que me la comió. Bien sé que me oye quien me la comió. Alonsillo, ven acá, para mientes e mira que las plumas no se pueden esconder, que conocidas son. Comadre, ¿vedes qué vida ésta tan amarga? yuy, que agora la tenía ante mis ojos. Llámame, Juanillo, al pregonero, que me la pregone por toda esta vezindad. Llámame a Trotaconventos, la vieja de mi prima, que venga e vaya de casa en casa buscando la mi gallina ruvia. ¡Maldita sea tal vida, maldita sea tal vezindad! que non es el ombre[108] señor de tener una gallina, que aun non ha salido el umbral, que luego non es arrebatada. Andémonos, pues, a furtar gallinas, que para ésta[109] que Dios aqui me puso, quantas por esta puerta entraren ese amor les faga que me fazen.[110] ¡Ay gallina mia ruvia! y ¿adónde estádes vos agora? Quien vos comió bien sabia que vos quería yo bien, e por me enojar lo fizo. Enojos e pesares e amarguras le vengan por manera que mi ánima sea vengada. Amen. Señor, asi lo cumple tú por aquel que tú eres: e de quantos milagros has fecho en este mundo, faz agora éste porque sea sonado.»

Esto e otras cosa faze la muger por una nada. Son allegadoras de la ceniza, mas bien derramadoras de la farina.[111] En las faldas rastrando e en las mangas colgando, e otros arreos desonestos que ellas trahen, non ponen cobro, por do sus maridos, parientes e amigos desfazen ¡y ponen cobro en el huevo e la gallina! E aun ellas mesmas dizen quando las faldas las enojan: el diablo aya parte en estas faldas, e aun en la primera que las usó; mas non maldize[112] a sí mesma que las trae. E si alguno ge lo retrae, responde: pues fago como las otras. E bien dize verdad, que ya la muger del menestral, si vee la muger del cavallero de nuevas guisas arreada, aunque non tenga que comer, cayendo o levantando, ella así ha de fazer, o morir.[113] Non son sino como monicas: quanto ven, tanto quieren fazer: «¿Viste fulana, la muger de fulano, la vezina, cómo iva el domingo pasado? Pues quemada sea, si este otro domingo otro tanto non llevo yo, e aun mejor.» Quantas ropas visten las otras, de qué paño, qué color, qué arreos, qué cosas traen consigo, yo te digo que tanto paran mientes en estas cosas que non se les olvidan después: «fulana llevava ésto, çutana vestía ésto», por quanto en aquello ponen su corazón e voluntad, mas non en el provecho de su casa, estado e honra, sinon en vanidades e locuras, e en cosas de poca pro.

PARTE II, CAPÍTULO XII

De como la muger parlera siempre fabla de fechos agenos.

La muger ser mucho parlera, regla general es dello:[114] que non es[115] muger que non quisiese siempre fablar e ser escuchada. E non es de su costumbre dar logar a que otra fable delante della; e si el dia un año durase, nunca se fartaría de fablar e non se enojaría día nin noche. E por ende verás muchas mugeres que de tener mucha continuaçión de fablar, quando non han con quien fablar, están fablando consigo mesmas entre sí. Por ende verás una muger que es usada de fablar las bocas de diez ombres atapar e vençerlas fablando e maldiziendo. Quando razón non le vale ¡bia[116] a porfiar! e con esto nunca los secretos de otro a otra podríe çelar. Antes te digo que te deves guardar de aver palabras con muger que algund secreto tuyo sepa, como del fuego: que sabe, como suso dixe, non guarda lo que dize con ira la muger; aunque el tal secreto de muerte fuese, o venial, o lo que más secreto le encomendares, aquello está reptando o escarvando por lo dezir e publicar, en tanto[117] que todavia fallarás las mugeres por reconçillos, por renconadas e apartados diziendo, fablando de sus vezinas e de sus comadres e de sus fechos, e mayormente de los agenos. Siempre están fablando, librando[118] cosas agenas: aquélla cómo bive, qué tiene, cómo anda, cómo casó e cómo la quiere su marido mal, cómo ella se lo meresçe: cómo en la iglesia oyó dezir tal cosa; e la otra responde tal cosa; e así pasan su tiempo dependiéndolo en locuras e cosas vanas, que aquí espaçificarlas seríe imposible. Por ende general regla es que donde quier que ay mugeres ay de muchas nuevas.[119]

Alléganse las benditas en un tropel, muchas matronas, otras moças de menor e mayor hedad, e comiençan e no acaban, diziendo de fijas agenas, de mugeres estrañas; en el invierno al fuego, en el verano a la frescura, dos o tres horas, sin mas estar diziendo: «tal, la muger de tal, la fija de tal, ¡a osadas, quién sé la vee?, ¿quién non la conosce! ovejuela de Sant Blas, corderuela de Sant Antón ¡quien en ella se fiase!» etc... Responde luego la otra: «¡o bien si lo sopiésedes, como es de mala luenga! ¡ravia Señor, allá irá! ¡por Nuestro Señor Dios, embaçada estaríades comadre! ¡quien se la vee, simplezilla!» etc..., todo el dia estarán detrás mal fablando.

E si quieres saber de mugeres nuevas, vete al forno, a las bodas, a la iglesia, que allí nunca verás sinon fablar la una a la oreja de la otra, e tomar las unas compañías con las mal querientes de las otras; e afeitarse e arrearse a porfía, aunque sopiesen fazer malbarato de su cuerpo por aver joyas, e ir las unas mas arreadas que las otras, diziendo: «pues mal gozo vean de mí si el otro domingo que viene tú me pasas el pié delante». Ayúntanse las unas loçanas de un barrio contra las otras galanas de la otra vezindad: «Pues agora veamos a quáles mirarán más, e quáles serán las más fabladas e presçiadas; ¿quiçá si[120] piensan que non somos para plaça?[121] ¡mejor que non ellas! aunque les pese e mal pese, sí somos, en verdad. ¡Yuy, amiga! ¿non vedes como nos miran de desgaire? ¿Quieres que les demos una corredura e una ladradura? Riámonos la una con la otra e fablemos así a la oreja, mirando fazia ellas, e vereis como se correrán; o antes que ellas se levanten pasemos aina delante dellas, porque los que miraren a ellas, en pasando nosotras, fagan primero a nosotras reverençia antes que non a ellas, e esta les daremos en barva aunque les pese, quanto a lo primero.» E estas e otras infinitas cosas largas de escrevir estudian las mugeres e urden, en tanto[122] que nunca donde van e se ayuntan fazen sino fablar e murmurar e de agenos fechos contractar. Do podemos dezir la muger ser muy parlera e de secretos muy mal guardadora. Pon ende quien dellas non se fia non sabe qué prenda tiene e quien de sus fechos se apartase e más las olvidare, bivirá más en seguro: desto yo le aseguro.

NOTAS

[92] _Orígenes de la novela_, I, 1905, pág. CXIX.

[93] Construcción vacilante. El complemento se anticipa en nominativo, con una oración de relativo: _las mugeres que_... y luego se reproduce acerca del verbo mediante el pronombre _dellas_, provisto de la preposición conveniente. Sin tal anticipación del complemento se diría: «Por cuanto no puede ser escrito de las mugeres que malas son la mitad...»

[94] _El hombre_ tiene aquí el sentido pronominal indefinido de ‘uno’. Mas abajo señalamos otro ejemplo de este uso.

[95] _Dubda_ significa ‘temor’; ‘es de temer que no derriben a la mas fuerte’, usando el _no_ afirmativo con los verbos de temor: ‘es de temer que la derriben’.

[96] Hipérbaton: «la muger asi grande como de estado pequeño.»

[97] _Condensar_, más comúnmente _condesar_, significaba ‘guardar’.

[98] _Adole_ y _dole_, adverbio interrogativo con el pronombre enclítico, expresión elíptica usual aun en el siglo XVI: ‘do le hallaré’ Un romance popular usa juntas la forma elíptica y las completas, que explican este giro:

¿Do los mis amores? ¿dolos? ¿do los andaré a buscar?

[99] _Sobrevienta_, ‘caso impensado, sorpresa, sobresalto’.

[100] _Rascarse_ en el sentido de ‘arañarse’ o ‘despedazarse’ la carne; ésto y mesarse el cabello eran señal de duelo.

[101] _Ya_ interjección antigua de origen árabe.

[102] _Endurar_ ‘sufrir, padecer’.

[103] Curiosa perífrasis: «_fazer_ a uno _menos_ de una cosa» significaba ‘quitar a uno una cosa’; en latín «minus fecit» ‘quitó, robó’; véase _Mio Cid_, pág. 343↓5.

[104] La pena antiguamente impuesta a los traidores era el derribarles la casa, y esta pena quiere la mujer que sea aplicada al traidor que le robó la gallina.

[105] Las ediciones impresas del libro del Arcipreste ponen _saltó_. Antes el verbo _salir_ tenía también el significado de ‘saltar’.

[106] Entre las estrepitosas señales de dolor que da la mujer, lamentando su gallina, no podía faltar la amenaza de renegar de la fe. No de otro modo, quejándose de una gran deshonra, dice doña Lambra a su marido en el romance: «Si desto no me vengais, mora me quiero tornar.»

[107] Nótense las rimas continuadas. Sin embargo parece que no hay aquí más refrán popular que el que corresponde al que registra el Marqués de Santillana bajo esta forma «¿Cómo te feçiste calvo? Pelo a pelo pelando.»

[108] _El ombre_ con valor pronominal: ‘no es uno dueño de tener una gallina’. Véase arriba la nota segunda de este trozo.

[109] _Para_ y _par_ son preposiciones usadas en las fórmulas de juramentos (comp. «par Dios») y véase _Mio Cid_, pág. 387↓36 «_para ésta_, especie de amenaza que se hace poniendo el dedo índice sobre la naríz, y equivale a ‘tú me la pagarás’» (_Dicc. de Autoridades._)

[110] _Ese_ usado como pronombre de identidad, véase arriba, página 42, nota 86; _amor_ ‘gracia, buena voluntad’ y «fazer amor a uno» significaba ‘agasajarle’, y también ‘perdonarle’ (véase _Mio Cid_, página 465↓3). La frase del Arcipreste significa, pues, ‘la misma gracia les haré que a mí me hacen’, ‘no perdonaré a ninguna gallina como no perdonan a las mías’. Nótese también la anteposición de _quantas_ en nominativo, en vez de _aquantas_, y la especificación de su relación con el verbo mediante el dativo _les_. Compárese la nota primera de este trozo.

[111] Refrán: «allegadora de la ceniza y derramadora de la harina».

[112] Sintaxis descuidada, singular en vez de plural.

[113] Construcción elíptica: ‘o ha de morir’.

[114] Las oraciones de infinitivo son muy usadas por el Arcipreste. Citaremos ejemplos del mismo tipo que el que anotamos: «Envidiosa _ser_ la muger mala, dubdar _en ello_ sería pecar en el Espíritu Santo». «La muger mala en sus fechos e dichos non _ser_ firme nin constante, maravilla non es _dello_». El pronombre neutro se refiere a toda la oración de infinitivo.

[115] _Ser_ tiene aquí el significado de ‘existir’. Véase _Mio Cid_, página 846↓38.

[116] _Bia_ interjección muy usada por el Arcipreste de Talavera «¡bia al atahona!» (pág. 59), y especialmente con el infinitivo narrativo: «E tómase el tal oro en lazeria farta e muchas fadas malas, e después ¡bia a llorar!» (pág. 167). Emplea esta interjección el _Libro de Alexandre_ 473: «¡via, dixieron todos, mas val que moiramos!».

[117] _En tanto_ es usado por el Arcipreste como conjunción consecutiva, ‘pues’, ‘de modo que’. Al final de este trozo señalamos otro ejemplo.

[118] _Librar_ en el sentido de ‘despachar, arreglar un negocio’.

[119] Nótese la preposición del genitivo partitivo (véase arriba, página 15, nota 22) antepuesta al adjetivo. El giro corriente en la Edad Media era «muchas de nuevas» (_Mio Cid_, pág. 382↓11), compárese el fr. «beaucoup de nouvelles». El giro que usa el Arcipreste es una desviación de ese.

[120] La conjunción _si_ que tantas veces encabeza interrogación indirecta («dime si piensan que...»), se usaba también encabezando interrogaciones directas «¿si piensan que...?», «¿si es pagado?» _Mio Cid_, pág. 852↓4. Hoy se usa en el futuro «¿si pensarán que...?».

[121] _Ser para en plaza_ ‘ser para en público, ser digno de mostrarse en público’. Otra frase algo análoga era: _ser para en cámara_.

[122] Otro ejemplo de _en tanto_ ‘pues’.

FERNANDO DE ROJAS

(Hay memorias suyas hasta el año 1538)

La primera edición conocida de _La Celestina_ o _Comedia de Calisto y Melibea_, es de Burgos, 1499; pero la obra debió ser compuesta hacia 1490. En sus primeras ediciones salió a luz comprendiendo 16 actos. Después, a partir del año 1502, apareció añadida hasta comprender 21, y se duda si estos cinco actos posteriores son obra del mismo autor, Fernando de Rojas, que presenta al público los 16 actos primeros. Además, según la carta «del autor a un su amigo», que va al frente de la edición de 1501, Rojas sólo era autor de los actos segundo a decimosexto, pues el acto primero se da como obra de un anónimo.

Rojas, en la citada carta, dice que ese primer acto le cautivó por «su estilo elegante, jamás, en nuestra castellana lengua, visto ni oído», y tal juicio fué confirmado, respecto de toda la obra, por la posteridad. Antiguamente, Juan de Valdés, en el _Diálogo de la lengua_, dice con su buen gusto habitual: «_Celestina_..., soy de opinión que ningún libro hay escrito en castellano donde la lengua esté más natural, más propia ni más elegante»; y, modernamente, Menéndez Pelayo acomoda esta afirmación a las circunstancias, y la amplía diciendo: «Si Cervantes no hubiera existido, _La Celestina_ ocuparía el primer lugar entre las obras de imaginación compuestas en España.»