Antología de prosistas castellanos
Part 3
«Et desque esto ovo dicho, llamó al deán, et entraron entramos por una escalera de piedra muy bien labrada, et fueron descendiendo por ella muy gran pieça, en guisa que paresçia que estavan tan vaxos que passava el rio de Tajo por çima dellos. Et desque fueron en cabo del escalera, fallaron una possada muy buena, et una cámara mucho apuesta que y avia, ó estavan los libros et el estudio en que avía de leer.»
«De que se assentaron, estavan parando mientes en quales libros avian de començar; et estando ellos en esto, entraron dos omnes por la puerta, et diéronle[71] una carta quel enviava el arçobispo su tio, en quel fazía saber que estava muy mal doliente, et quel enviava rogar que sil quería veer vivo, que se fuesse luego para él. Al deán pesó mucho con estas nuebas, lo uno por la dolençia de su tio, et lo al por que reçeló que avía de dexar su estudio que avía començado. Pero puso en su coraçon[72] de non dexar aquel estudio tan aína, et fizo sos cartas de repuesta et enviólas al arçobispo su tio.»
«Et dende a tres o quatro dias llegaron otros omnes a pie que traían otras cartas al deán, en quel fazían saber que el arçobispo era finado,[73] et que estavan todos los de la eglesia en su eslección, et que fiavan por la merçed de Dios que eslerían[74] a él. Et por esta razon que non se quexasse de ir a la eglesia, ca mejor era para él en quel esleyessen seyendo en otra parte que non estando en la eglesia.»
«Et dende a cabo de siete o de ocho dias, vinieron dos escuderos muy bien vestidos et muy bien aparejados, et quando llegaron a él, vesáronle la mano et mostráronle las cartas en commo le avían esleido por arçobispo. Et quando Don Illán esto oyó, fue al electo et díxol commo gradesçía mucho a Dios por que estas buenas nuevas le llegaran a su casa; et pues Dios tanto bien le fiziera, quel pedía por merçed que el deanasgo, que fincava vagado,[75] que lo diesse a un su fijo. Et el electo díxol quel rogava quel quisiesse consentir que aquel deanadgo que lo oviesse un su hermano, mas que él le faría bien en la iglesia en guisa que él fuesse pagado, et quel rogava que fuesse con él para Santiago et que levasse con él aquel su fijo. Et Don Illán díxo que lo faría.»
«Et fuéronse para Santiago; et quando í llegaron, fueron muy bien reçebidos et mucho onradamente. Et desque moraron í un tienpo, un día llegaron al arçobispo mandaderos del papa con sos cartas en cómmol dava el obispado de Tolosa et quel fazía graçia que pudiesse dar el arçobispado a qui quisiesse. Quando Don Illán oyó esto, retrayéndol[76] mucho affincadamente lo que con él avía passado,[77] pidiól merçed que lo diesse a su fijo. Et el arçobispo le rogó que consentiesse que lo oviesse un su tio, hermano de su padre. Et Don Illán díxo que bien entendíe quel fazía grand tuerto, pero que esto que lo consintía en tal[78] que fuesse seguro que gelo emendaría adelante. Et el arçobispo le prometió en toda guisa que lo faría assí, et rogól que fuesse con él a Tolosa et que levasse su fijo.»
«Et desque llegaron a Tolosa, fueron muy bien reçebidos de condes et de quantos omnes buenos avía en la tierra. Et desque ovieron í morado fasta dos años, llegáronle mandaderos del papa con sos cartas en commo le fazía el papa cardenal, et quel fazía graçia que diesse el obispado de Tolosa a qui quisiesse. Entonçe fué a él Don Illán et díxol que pues tantas vezes le avía fallesçido[79] de lo que con él pusiera, que ya aquí non avía logar del poner escusa ninguna que non diesse alguna de aquellas dignidades a su fijo. Et el cardenal rogól que consentiese que oviesse aquel obispado un su tio hermano de su madre, que era omne bueno ançiano, mas que, pues él cardenal era, que se fuese con él para la corte que asaz avía en que le fazer bien. Et Don Illán quexósse ende mucho, pero consintió en lo que el cardenal quiso, et fuesse con él para la corte.»
«Et desque í llegaron, fueron muy bien reçebidos de los cardenales et de quantos en la corte eran, et moraron y muy grand tienpo. Et Don Illán affincando cada dia al cardenal quel fiziesse alguna graçia a su fijo, et él poníal sos escusas. Et estando assí en la corte, finó el papa; et todos los cardenales esleyeron aquel cardenal por papa. Estonçe fué a él Don Illán et díxol que ya non podía poner escusa de non conplir lo quel avía prometido. Et el papa le dixo que non lo affincasse tanto, que sienpre avría lugar en quel fiziesse merçed, segund fuesse razón. Et Don Illán se començó a quexar mucho retrayéndol quantas cossas le prometiera[80] et que nunca le avía conplido ninguna, et diziéndol que aquello reçelara él la primera vegada que con él fablara. Et pues aquel estado era llegado et nol cunplia lo quel prometiera, que ya non le fincava logar en que atendiesse dél bien ninguno. Deste affincamiento se quexó mucho el papa et començól a maltraer, diziendol que si más le affincasse, quel faría echar en una cárçel, que era ereje et encantador, et que bien sabía él que non avía otra vida nin otro offiçio en Toledo, do él morava, sinon bivir por aquella arte de nigromançía. Et desque Don Illán vió quanto mal le gualardonava el papa lo que por él avía fecho, espidióse dél; et solamente[81] nol quiso dar el papa qué comiese por el camino.»
«Estonçe don Illán dixo al papa que pues al non tenía de comer, que se avría de tornar a las perdizes que mandara assar aquella noche. Et llamó ala muger et díxol que assasse las perdizes. Et quando esto díxo don Illán, fallósse el papa en Toledo deán de Santiago, commo lo era quando í bino; et tan grand fué la verguença que ovo que non sopo quel dezir. Et don Illán díxol que fuesse en buena ventura, et que assaz avía provado lo que tenía en él, et que ternía por muy mal enpleado si comiesse su parte de las perdizes.»
«Et vos, señor conde Lucanor, pues veedes que tanto fazedes por aquel omne que vos demanda ayuda, et non vos da ende mejores graçias, tengo que non avedes por qué trabajar nin aventurarvos mucho por llegarlo[82] a logar que vos dé tal galardón commo el deán dió a don Illán.»
El conde tovo esto por buen consejo, et fízolo assí, et fallósse ende bien. Et por que entendió don Johan que era este muy buen exienplo, fízolo poner en este libro, et fizo estos viessos que dizen assí:
Al que mucho ayudares · et non te lo conosçiere,[83] menos ayuda abrás · desqu’en grand onra subiere.
ENXIENPLO XXXV.--De lo que contesçió a un mançebo que casó con una muger muy fuerte et muy brava.
Otra vez fablava el conde Lucanor con Patronio, et díxole: «Patronio, un mio criado me díxo quel traían cassamiento con una muger muy rica, et aun que es más onrada que él et que es el casamiento muy bueno para él, sinon por un enbargo que í ha; et el enbargo es éste: díxome quel dixeran que aquella muger que era la más fuerte et la más brava cosa del mundo. Et agora ruégovos que me consejedes si le mandaré que case con aquella muger, pues sabe de qual manera es, o sil mandaré que lo non faga.»
«Señor conde Lucanor», dixo Patronio, «si él fuer tal commo fué un fijo de un omne bueno que era moro, consejalde que case con ella; mas si non fuere tal, non gelo consejedes.» Et el conde le rogó quel dixiesse commo fuera aquello.
Patronio le dixo que en una villa avía un omne bueno que avía un fijo el mejor mançebo que podía ser, mas non era tan rico que pudiesse conplir tantos fechos et tan grandes commo el su coraçón le dava a entender que devía conplir; et por esto era él en grand cuydado, ca avía la buena voluntat et non avía el poder.
Et en aquella villa misma avía otro omne muy más onrado et más rico que su padre, et avía una fija et non más, et era muy contraria de aquel mançebo, ca quanto aquel mançebo avía de buenas maneras, tanto las avía aquella fija del omne bueno de malas et revesadas; et por ende omne del mundo non quería casar con aquel diablo.
Et aquel tan buen mançebo vino un dia a su padre et díxole que bien sabía que él non era tan rico que pudiesse darle con qué él pudiesse bevir a su onra, et que pues le convinía a fazer vida menguada et lazdrada o irse daquella tierra, que si él por bien tobiesse, quel parescía mejor seso de catar algun casamiento con que pudiesse aver alguna passada.[84] Et el padre le dixo quel plazía ende mucho si pudiesse fallar para él casamiento que le cunpliesse. Et entonçe le dixo el fijo que si él quisiesse, que podría guisar que aquel omne bueno, que avía aquella fija, que gela diesse para él. Et quando el padre esto oyó, fué muy maravillado et díxol que commo cuidava en tal cosa, que non avía omne que la conosçiesse que, por pobre que fuesse, quisiesse casar con ella. Et el fijo le dixo quel pidía por merçed quel guisasse aquel casamiento; et tanto lo afincó que commo quier que el padre lo tovo por estraño, que gelo otorgó. Et fuesse luego para aquel omne bueno, et amos eran mucho amigos, et díxol todo lo que passara con su fijo, et rogól que pues su fijo se atrevía a casar con su fija, quel plogiesse et gela diesse para él. Quando el omne bueno esto oyó a aquel su amigo, díxole: «Par Dios, amigo, si yo tal cosa fiziesse, seer vos ía muy falso amigo, ca vos avedes muy buen fijo, et ternía que fazía muy grand maldat si yo consintiesse su mal nin su muerte; casó çierto que si con mi fija casase, que sería muerto o le valdría mas la muerte que la vida. Et non entendades que vos digo esto por non conplir vuestro talante, ca si la quisiérdes, a mí mucho me plaze de la dar a vuestro fijo o a quien quier que me la saque de casa.» Et aquel su amigo le díxo quel gradesçía mucho quanto le dizía, et que pues su fijo quería aquel casamiento, quel rogava que le pluguiesse.
Et el casamiento se fizo, et levaron la novia a casa de su marido. Et los moros an por costunbre que adovan de cenar a los novios et pónenles la mesa et déxanlos en su casa, fasta otro día; et fiziéronlo aquellos assí; pero estavan los padres et las madres et los parientes del novio et dela novia con grand reçelo, cuidando que otro día fallarían el novio muerto o muy mal trecho.
Luego que ellos fincaron solos en casa, assentaronse a la mesa; et ante que ella ubiasse a dezir cosa, cató el novio enderredor de la mesa, et vió un perro, et díxol yaquanto bravamente: «Perro, danos agua a las manos»; et el perro non lo fizo; et encomençósse a ensañar, et díxol más bravamente que les diesse agua a las manos; et el perro non lo fizo. Et desque vió[85] que lo non fazía, levantóse muy sañudo de la mesa, et metió mano a la espada et endereçó al perro; et quando el perro lo vió venir contra sí, començó a foir, et él en pos dél saltando amos por la ropa et por la mesa et por el fuego, et tanto andudo en pos dél fasta que lo alcanzó et cortól la cabeça et las piernas et los braços et fízolo todo pedaços, et ensangrentó toda la casa et toda la mesa et la ropa.
Et assí muy sañudo et todo ensangrentado, tornóse a sentar a la mesa, et cató enderredor, et vió un gato, et díxol quel diesse agua a manos; et por que non lo fizo díxole: «¿Commo, don falso, traydor, non vistes lo que fiz al perro por que non quiso fazer lo quel mandé?; yo prometo a Dios que si poco nin más porfías, que esso mismo[86] faré a ti que al perro.» Et el gato non lo fizo, ca tan poco es su costunbre de dar agua a manos commo del perro; et por que non lo fizo, levantóse, et tomól por las piernas et dió con él a la pared, et fizo dél mas de çient pedaços, et mostrando muy mayor saña que contra el perro.
Et assí, bravo et sañudo et faziendo muy malos contenentes[87] tornóse a la mesa et cató a todas partes; et la muger quel vió esto fazer, tovo que estava loco o fuera de seso et non dezía nada. Et desque ovo catado a cada parte, vió un su cavallo que estava en casa[88] (et él non avia más de aquel) et díxol muy bravamente que les diesse agua a las manos; et el cavallo non lo fizo. Desque vió que lo non fizo, díxol: «¡Cómmo, don cavallo! ¿cuydades que por que non he otro cavallo, que por esso vos dexaré si non fizierdes lo que yo vos mandare? Yo juro a Dios que tan mala muerte vos dé commo a los otros; et non ha cosa viva en el mundo que non faga lo que yo mandare, que esso mismo non le faga». Et el cavallo estudo quedo; et desque vió que non fazía su mandado, fué a él et cortól la cabeça, et con la mayor saña que podría mostrar, despedaçólo todo.
Et quando la muger vió que matava el cavallo non aviendo otro, et que dizía que esto faría a quien quier que su mandado non cunpliesse, tovo que esto non se fazía ya por juego et ovo tan grand miedo que non sabía si era muerta o biva. Et él assi bravo et sañudo et ensangrentado, tornóse a la mesa, jurando que si mil cavallos et omnes et mugeres oviesse en casa quel saliessen de mandado, que todos serían muertos. Et asentósse, et cató a cada parte teniendo la espada sangrentada en el regaço; et desque cató a una parte et a otra et non vió cosa viva, bolvió los ojos contra su muger muy bravamente et díxol con grand saña, teniendo la espada en la mano: «Levantad vos et dat me agua a las manos.» Et la muger que non esperava otra cosa sinon quela despedaçaría toda, levantóse muy apriessa et diól agua a las manos; et díxole él: «¡Cómmo gradesco a Dios por que feziestes lo que vos mandé, ca de otra guisa, por el pesar que estos locos me fizieron, esso oviera fecho[89] a vos que a ellos!» Et despues mandól quel diesse de comer, et ella fízolo; et cada que él dezía alguna cosa, tan bravamente gelo dizía et en tal son, que ella ya cuidava que la cabeça era ida del polvo.
Et assi pasó el fecho entrellos aquella noche, que nunca ella fabló, mas fazía lo que él mandava. Et desque ovieron dormido una pieça, díxo él: «Con esta saña que ove esta noche, non pude bien dormir: catad que non me despierte cras ninguno et tened me bien adobado de comer.»
Et quando fue grand mañana,[90] los padres et las madres et los parientes llegáronse a la puerta, et por que non fablava ninguno, cuidaron que el novio estava muerto o ferido, et desque vieron por entre las puertas a la novia et non al novio cuidáronlo más. Et quando ella los vió a la puerta, llegó muy passo et con grand miedo et començóles a dezir: «Locos, traidores ¿qué fazedes e commo osades llegar a la puerta nin fablar?; callad, si non todos, tan bien vosotros commo yo, todos somos muertos.» Et quando todos esto oyeron, fueron muy maravillados, et desque sopieron commo passaron en uno, presçiaron mucho el mançebo que assí sopiera fazer lo quel cunplía, et castigar[91] tan bien su casa. Et daquel dia adelante fue aquella su muger muy bien mandada et obieron muy buena vida.
Et dende apocos dias su suegro quiso fazer assí commo fiziera su yerno, et por aquella manera mató un gallo et díxole su muger: «A la fe don fulán, tarde vos acordastes, ca ya non vos valdría nada si matassedes çient cavallos, que ante lo ovierades a començar, ca ya bien nos conosçemos.»
«Et vos, señor conde, si aquel vuestro criado quiere casar con tal muger, si fuere él tal commo aquel mançebo, consejalde que case seguramente, ca él sabrá como passe en su casa; mas si non fuere tal que entienda lo que deve fazer et lo quel cunple, dexadle que passe su ventura. Et aun conséjovos que con todos los omnes que ovierdes a fazer, que sienpre les dedes a entender en qual manera an de passar conbusco.»
Et el conde obo éste por buen consejo, et fízolo assí, et fallóse dello bien. Et por que Don Johan lo tovo por buen enxienplo, fízolo escrivir en este libro, et fizo estos viessos que dizen assí:
Si al comienço non muestras qui eres, nunca podrás después quando quisieres.
NOTAS
[61] _Libro de los Estados_ 90º (pág. 335_b_ de la Biblioteca de Autores Españoles, tomo LI). Los «fermosos latines», de que se alaba don Juan Manuel, no son «latinismos», como pudiera creerse, pues su lenguaje no es nada propenso al cultismo; la frase tiene un sentido más vago, quiere decir simplemente «expresiones elegantes».
[62] Para el lenguaje de don Juan Manuel, pueden verse: F. DÖNNE, _Syntaktische Bemerkungen zu Don Juan Manuels Schriften_, Jena, 1891, y S. GRÄFENBERG, _Don Juan Manuel_, _El Libro del Cavallero et del Escudero_, en Romanische Forschungen, VII, 1893, p. 523-549.
[63] Los pronombres enclíticos del infinitivo dependiente por medio de preposición, podían ir o con el verbo regente: _tornólas a catar_, o entre la preposición y el infinitivo, como se ve en el texto.
[64] _Tener_ significa ‘pensar’, como en frases modernas: «tengo para mí que...»
[65] Debiera estar escrito _sopiessedes_; seguimos la ortografía del principal de los manuscritos conservados de las obras de Don Juan. Está escrito entre los siglos XIV y XV, y refleja la gran vacilación en el uso de la _s_ y la _ss_ que existía en muchas regiones de España. La imprenta vendrá a regularizar estas vacilaciones, y a seguir una ortografía más precisa, semejante a la de Alfonso el Sabio.
[66] _Pensar de uno_ significaba ‘cuidar de él’; «e pensó dél», traduciendo el latín ‘et curam ejus egit’, _Mio Cid_, p. 793↓19. Análogo es el sentido del verbo en «pensar el caballo, pensar bien sus canes», etc., de donde se deriva el sustantivo _pienso_.
[67] Adviértase continuamente la ambigüedad en el uso del pronombre _él_, que notamos. Comp., pág. 24, nota 53; 33, nota 71; 41, nota 85.
[68] _Guisa_ significaba, en general, ‘manera’, y aquí significa ‘manera de ser’ o ‘condición’. Se decía también «omne de alta guisa», por hombre de elevada posición social.
[69] Esta repetición de la conjunción _que_, fué corriente aun en él período clásico.
[70] _Assossegar_, ‘asentar, pactar’. El significado más corriente del verbo era ya entonces el moderno de ‘sosegar, calmar, pacificar’.
[71] Igual ambigüedad que respecto de _él_, puede notarse en el uso de la forma enclítica del pronombre.
[72] _Poner_ significaba ‘convenir, concertar’, y _poner en su coraçón_ significa literalmente ‘convenir consigo mismo’, es decir, ‘resolver, decidir’.
[73] Hasta el siglo XVII, el auxiliar usado con el participio de los verbos neutros o reflexivos, era _ser_ en lugar de _aver_, así se decía «fué nacido, son llegados, ya eran idos, es levantado», junto a «lo avien fecho», etc. Véase _Mio Cid_, pág. 359↓13.
[74] También se decía _esleirían_. Es el verbo _esleir_ forma popular, en vez de la moderna y culta _elegir_; se conjugaba como el moderno _desleir_, o con variantes propias de estos verbos con hiato.
[75] Esta forma _vagar_, que es la popular, fué sustituída por la culta _vacar_.
[76] _Retraer_, además de ‘referir, contar’, significaba ‘recordar, echar en cara’.
[77] _Lo que con él avía passado_, ‘lo que había tratado con él’, aludiendo a la promesa primera que el deán había hecho. En _Cervantes_ hallamos: «entre los tres passaron un graciosissimo coloquio», _Quijote_, II, 2; ¿«qué coloquios pasó contigo»? I, 31, y después: «de lo que el cura y el barbero passaron con don Quixote cerca de su enfermedad», II, 1; siendo este último uso del verbo, igual al de don Juan Manuel, mal comprendido generalmente.
[78] _En tal_ por ‘con tal’; así dicen todos los manuscritos de la obra.
[79] Esto es: ‘tantas veces le había faltado en lo que con él conviniera’. Comp. «que falleçríe en aquello que pussiera con ellos, e amenguaríe mucho de su prez e de su onrra», _Crónica General_, pág. 38 _a_, 9, y «nada non me compliste... ¿por qué me falesçiste», _Fernán González_, 545 _d_.
[80] ‘Le había prometido’; la forma verbal en _ra_ conservó por mucho tiempo su valor etimológico de pluscuamperfecto.
[81] _Solamente non_ ‘ni siquiera’. Usábase con igual sentido _sol non_: «sol non será pensado», _Mio Cid_, pág. 392↓8.
[82] _Llegar_ por ‘hacer llegar, conducir’; «la merced que Dios le avía hecho en le llegar a tal estado», véase _Mio Cid_, pág. 731↓4; usual aun en el período clásico: «si Dios me llega a tener algo que de gouierno». _Quijote_, II, 5.
[83] _Conoscer_, como _reconocer_, significaba ‘agradecer’. De aquí el derivado más usual, _desconocido_, ‘desagradecido’.
[84] _Passada_ es la ‘manera de vivir’; decimos hoy «un pasar». Así, FR. LUIS DE GRANADA dice: «No pedimos superfluidades ni demasías, sino pan necessario y para de presente, y como una passada, pues no somos nacidos para perpetuarnos acá.»
[85] Nótese en todo este párrafo cómo, aunque se intercala varias veces un sujeto incidental (el perro), no se renueva después la mención del sujeto principal (el novio). Esta concisión sería hoy mirada como defectuosa.
[86] _Esso mismo_, o simplemente _esso_, significaba ‘lo mismo’, ‘igual’. Usábase aun en el período clásico: «como yo esté harto, esso me haze que sea de çanahorias que de perdizes», _Quijote_, II, 55; y «esso estima los palos que las vozes», LOPE DE VEGA.
[87] _Contenente_, ‘gesto, ademán’. Hoy _continente_, significa más bien ‘compostura, aire del semblante o del cuerpo’.
[88] Había costumbre de albergar los caballos en la misma cámara donde las personas. La _Crónica General_ nos dice en su capítulo 791: «et porque a aquella sazón era la guerra con los moros tan grand et tan cutiana, assí los cavalleros et los condes et aun los reis mismos paravan sus caballos dentro de sus palacios et aun, segund cuenta la estoria, dentro en sus cámaras o durmíen con sus mugieres, porque luego que oyessen ferir apellido, toviessen prestos sus cavallos et sus armas». Esta explicación, buscada en la guerra con los moros, es caprichosa; en otros países de Europa se conocía la misma costumbre.
[89] ‘Lo mismo hubiera hecho a vos’. Véase la nota 86 de la página 42.
[90] _Grand mañana_, ‘muy de mañana’ o simplemente ‘de mañana’. «Andidieron de noche, bien fasta los albores; Grant mañana por miedo de algunos pastores, Metiéronse en una cueva los traidores», BERCEO, _Santo Domingo_, 434. Comp. fr. «de grand matin».
[91] _Castigar_, significaba simplemente ‘advertir’, ‘amonestar’ ‘ordenar’.
ALFONSO MARTÍNEZ DE TOLEDO
ARCIPRESTE DE TALAVERA
(1398.--Vivía aún en 1466)
Alfonso Martínez de Toledo escribió una historia de España que tituló _Atalaya de Crónicas_, y unas _Vidas de San Isidoro y de San Ildefonso_; la obra por la que fué y es más conocido es el libro que, según las ediciones antiguas, «tracta de vicios y virtudes, e reprobacion del loco amor, ansi de los hombres como de las mugeres, o segund algunos llamado _Corbacho_». Este nombre se le dió tomándolo de la sátira de Boccaccio contra las mujeres, pero Alfonso Martínez quiso que su libro quedase sin título alguno: «sin bautismo, sea por nombre llamado _Arcipreste de Talavera_ donde quier que fuere levado». Lo acabó el año de 1438.
Este libro es importante en la historia de la prosa castellana por dos razones: representa de un modo especial una manera de estilo elegante que dominó en el siglo XV, y nos ofrece, por primera vez que sepamos, el habla popular tratada bajo una forma artística en prosa. En uno y otro aspecto ejerció marcada influencia; baste decir que en uno y otro, el autor de _La Celestina_ es tributario conocido del Arcipreste de Talavera.