Antología de prosistas castellanos
Part 21
Descubrióse una grandísima redoma de vidrio, dijéronme que llegase, y vi jigote, que se bullía[605] en un ardor terrible, y andaba danzando por todo el garrafón, y poco a poco se fueron juntando unos pedazos de carne y unas tajadas, y déstas se fué componiendo un brazo, un muslo y una pierna, y al fin se coció y enderezó[606] un hombre entero. De todo lo que había visto y pasado me olvidé, y esta visión me dejó tan fuera de mí, que no me diferenciaba de los muertos. ¡Jesús mil veces!, dije, ¿qué hombre es éste, nacido en guisado, hijo de una redoma? En esto oí una voz que salía de la vasija, y dijo: «¿Qué año es éste?»--«De seiscientos y veinte y dos», respondí.--«Este año esperaba yo.»--«¿Quién eres, dije, que, parido de una redoma, hablas y vives?»--«¿No me conoces?, dijo; la redoma y las tajadas ¿no te advierten que soy aquel famoso nigromántico de Europa?[607] ¿No has oído decir que me hice tajadas dentro de una redoma para ser inmortal?»--«Toda mi vida lo he oído decir, le respondí; mas túvelo por conversación de la cuna y cuento de entre dijes y babador. ¿Qué tú eres? Yo confieso que lo más que llegué a sospechar fué que eras algún alquimista que penabas en esa redoma, o algún boticario; todos mis temores doy por bien empleados por haberte visto.»--«Sábete, dijo, que mi nombre no fué del título que me da la ignorancia[608], aunque tuve muchos; sólo te digo que estudié y escribí muchos libros, y los míos quemaron, no sin dolor de los doctos.»--«Sí me acuerdo, dije yo: oído he decir que estás enterrado en un convento de religiosos; mas hoy me he desengañado.»--«Ya que has venido aquí, dijo, desatapa esa redoma.» Yo empecé a hacer fuerza y a desmoronar tierra con que estaba enlodado el vidrio de que era hecha, y díjome: «espera; dime primero: ¿hay mucho dinero en España? ¿En qué opinión está el dinero? ¿Qué fuerza alcanza? ¿Qué crédito? ¿Qué valor?» Respondíle: «No han descaecido las flores de las Indias, aunque los extranjeros han echado unas sanguijuelas desde España al cerro del Potosí, con que se van restañando las venas, y a chupones se empezaron a secar las minas.»--«¿Ginoveses andan a la zacapela con el dinero?, dijo él; vuélvome jigote. Hijo mío, los ginoveses son lamparones del dinero, enfermedad que procede de tratar con gatos[609]. Y vese que son lamparones, porque sólo el dinero que va a Francia[610] no admite ginoveses en su comercio. ¿Salir tenía yo[611] andando esos usagres de bolsas por las calles? No digo yo hecho jigote en redoma, sino hecho polvos en salvadera quiero estar antes que verlos hechos dueños de todo.»--«Señor nigromántico, repliqué yo, aunque esto es así, han dado en adolecer de caballeros en teniendo caudal, úntanse de señores, y enferman de príncipes; y con esto y los gastos y empréstidos[612] se apolilla la mercancía y se viene todo a repartir en deudas y locuras. La verdad adelgaza y no quiebra, en esto se conoce que los ginoveses no son verdad, porque adelgazan y quiebran.»--«Animádome has, dijo, con eso. Dispondréme a salir desta vasija, como primero me digas en qué estado está la honra en el mundo.»--«Mucho hay que decir en esto, le respondí yo; tocado has una tecla del diablo: todos tienen honra y todos son honrados, y todos lo hacen todo caso de honra. Hay honra en todos estados, y la honra se está cayendo de su estado, y parece que está ya siete estados debajo de tierra. Si hurtan, dicen que por conservar esta negra de honra, y que quieren más hurtar que pedir. Si piden, dicen que por conservar esta negra honra, y que es mejor pedir que no hurtar. Si levantan un testimonio, si matan a uno, lo mismo dicen; que un hombre honrado antes se ha de dejar morir entre dos paredes que sujetarse a nadie, y todo lo hacen al revés. Y al fin en el mundo todos han dado en la cuenta, y llaman honra a la comodidad; y con presumir de honrados y no serlo, se ríen del mundo.»--«El diablo puede salir a vivir en ese mundecillo, dijo el. Considérome yo a los hombres con unas honras títeres que chillan, bullen y saltan; que parecen honras, y mirado bien son andrajos y palillos. ¿El no decir verdad será mérito? ¿El embuste y la trapaza caballería? ¿Y la insolencia donaire? Honrados eran los españoles cuando podían decir deshonestos y borrachos a los extranjeros; mas andan diciendo aquí malas lenguas que ya en España ni el vino se queja de mal bebido ni los hombres mueren de sed. En mi tiempo no sabía el vino por dónde subía a las cabezas, y ahora parece que se sube hacia arriba... Dime, ¿hay letrados?»--«Hay plaga de letrados, dije yo; no hay otra cosa sino letrados; porque unos lo son por oficio, otros lo son por presunción, otros por estudio, y déstos pocos; y otros (éstos son los más) son letrados porque tratan con otros más ignorantes que ellos (en esta materia hablaré como apasionado), y todos se graduan de dotores y bachilleres, licenciados y maestros, más por los mentecatos con quien tratan que por las universidades; y valiera más a España langosta perpetua que licenciados al quitar.»--«Por ninguna cosa saldré de aquí, dijo el nigromántico. ¿Eso pasa? Ya yo los temía, y por las estrellas alcancé esa desventura; y por no ver los tiempos que han pasado embutidos de letrados me avecindé en esta redoma, y por no los verme quedaré hecho pastel en bote.» Repliqué: «En los tiempos pasados, que la justicia estaba más sana, tenía menos dotores, y hála sucedido lo que a los enfermos, que cuantas más juntas de dotores se hacen sobre él, más peligro muestra y peor le va, sana menos y gasta más. La justicia, por lo que tiene de verdad, andaba desnuda; ahora anda empapelada como especias. Un Fuero Juzgo con su _maguer_ y su _cuemo_, y _conusco_ y _faciamus_, era todas las librerías; y aunque son voces antiguas, suenan con mayor propiedad, pues llaman sayón al alguacil, y otras cosas semejantes. Ahora ha entrado una cáfila de Menoquios, Surdos y Fabros, Farinacios y Cujacios, consejos y decisiones y responsiones y lecciones y meditaciones; y cada día salen autores, y cada uno con tres volúmenes: _Doctoris Putei_, I, 6, volúmenes 1, 2, 3, 4, 5, 6 hasta 15. _Licenciati Abbatis de Usuris_, _Petri Cusqui in Codicem_, _Rupis_, _Brutiparcin_, _Castani_, _Montocanense de Adulterio et Parricidio_, _Cornazano_, _Rocabruno_, etc. Los letrados todos tienen un cimenterio por librería, y por ostentación andan diciendo: tengo tantos cuerpos; y es cosa brava que las librerías de los letrados todas son cuerpos sin alma, quizá por imitar a sus amos. No hay cosa en que no nos dejen tener razón; sólo lo que no dejan tener a las partes es el dinero, que le quieren ellos para sí. Y los pleitos no son sobre si lo que deben a uno se lo han de pagar a él; que eso no tiene necesidad de preguntas y respuestas: los pleitos son sobre que el dinero sea de letrados y del procurador, sin justicia, y la justicia sin dinero, de las partes. ¿Queréis ver que tan malos son los letrados? Que si no hubiera letrados, no hubiera porfías; y si no hubiera porfías, no hubiera pleitos; y si no hubiera pleitos, no hubiera procuradores; y si no hubiera procuradores, no hubiera enredos; y si no hubiera enredos, no hubiera delitos; y si no hubiera delitos, no hubiera alguaciles; y si no hubiera alguaciles, no hubiera cárcel; y si no hubiera cárcel, no hubiera jueces; y si no hubiera jueces, no hubiera pasión; y si no hubiera pasión, no hubiera cohecho. Mirad la retahila de infernales sabandijas que se produce de un licenciadito, lo que disimula una barbaza[613] y lo que autoriza una gorra. Llegaréis a pedir un parecer, y os dirán: Negocio es de estudio; diga vuesa merced, que ya estoy al cabo; habla la ley en propios términos.--Toman un quintal de libros, dánle dos bofetadas hacia arriba y hacia abajo, y leen de priesa, arremedando un abejón, luego dan un gran golpe con el libro patas arriba sobre una mesa, muy esparrancado de capítulos, y dicen: En el propio caso habla el jurisconsulto. Vuesa merced me deje los papeles; que me quiero poner bien en el hecho del negocio, y téngalo por más que bueno, y vuélvase por acá mañana en la noche; porque estoy escribiendo sobre la tenuta de Trasbarras; mas, por servir a vuesa merced, lo dejaré todo. Y cuando al despediros le queréis pagar (que es para ellos la verdadera luz y entendimiento del negocio que han de resolver), dice, haciendo grandes cortesías y acompañamientos: ¡Jesús, señor! Y entre Jesús y señor, alarga la mano, y para gastos de pareceres se emboca un doblón.»--«No he de salir de aquí (dijo el nigromántico) hasta que los pleitos se determinen a garrotazos; que en el tiempo que por falta de letrados se determinaban las causas a cuchilladas, decían que el palo era alcalde[614], y de ahí vino: _Júzguelo el alcalde de palo_. Y si he de salir ha de ser sólo a dar arbitrio a los reyes del mundo, que quien quisiere estar en paz y rico, me pague los letrados a su enemigo para que lo embelequen y roben y consuman. Dime, ¿hay todavía Venecia en el mundo?»--«Sí la hay, dije yo; no hay otra cosa sino Venecia y venecianos.»--«¡Oh! dóila al diablo (dijo el nigromántico) por vengarme del mismo diablo, que no sé que pueda darla a nadie sino por hacerle mal. Es república esa, que mientras que no tuviere conciencia durará, porque si restituye lo ajeno no le queda nada. ¡Linda gente!, la ciudad fundada en el agua, el tesoro y la libertad en el aire, la deshonestidad en el fuego; y al fin es gente de quien huyó la tierra[615], y son narices de las naciones y el albañal de las monarquías por donde purgan las inmundicias de la paz y de la guerra; y el turco los permite por hacer mal a los cristianos, los cristianos por hacer mal a los turcos, y ellos, por poder hacer mal a unos y a otros, no son moros ni cristianos, y así dijo uno dellos mismos en una ocasión de guerra, para animar a los suyos contra los cristianos. ¡Ea, que antes fuisteis venecianos que cristianos! Dejemos eso, y dime: «¿hay muchos golosos de valimientos de los hombres del mundo?»--«Enfermedad es (dije yo) esa de que todos los reinos son hospitales.» Y él replicó: «Antes casas de orates entendí yo; mas según la relación que me haces, no me he de mover de aquí. Mas quiero que tú les digas a esas bestias que en albarda tienen la vanidad y ambición, que los reyes y príncipes son azogue en todo. Lo primero, el azogue, si le quieren apretar, se va; así sucede a los que quieren tomarse con los reyes más mano[616] de lo que es razón. El azogue no tiene quietud; así son los ánimos por la continua mareta de negocios. Los que tratan y andan con el azogue, todos andan temblando; así han de hacer los que tratan con los reyes, temblar delante dellos de respeto y temor, porque si no, es fuerza que tiemblen después hasta que caigan. ¿Quién reina ahora en España, que es la postrera curiosidad que he de saber; que me quiero volver a jigote, que me hallo mejor?» «Murió Filipo III», dije yo.--«Fué santo rey y de virtud incomparable (dijo el nigromántico), según leí yo en las estrellas pronosticado.»--«Reina Filipo IV días há», dije yo.--«¿Eso pasa? (dijo). ¿Qué, ya ha dado el tercero cuarto para la hora que yo esperaba?» Y diciendo y haciendo subió por la redoma, y la trastornó y salió fuera. Iba diciendo y corriendo: «Más justicia se ha de hacer ahora por un Cuarto que en otros tiempos por doce millones.»
Yo quise partir tras él, cuando me asió del brazo un muerto, y dijo: «Déjale ir; que nos tenía con cuidado a todos; y cuando vayas al otro mundo di que Agrages estuvo contigo, y que se queja que le levantéis: _Agora lo veredes_[617]. Yo soy Agrages: mira bien que no he dicho tal; que a mí no se me da nada que ahora ni nunca lo veáis; y siempre andáis diciendo: _Agora lo veredes, dijo Agrages_. Sólo ahora que a tí y al de la redoma os oí decir que reinaba Filipo IV, digo que ahora lo veredes. Y pues soy Agrages, _agora lo veredes, dijo Agrages_.»
VIDA DEL BUSCÓN LLAMADO DON PABLOS EJEMPLO DE VAGABUNDOS Y ESPEJO DE TACAÑOS
El buscón cuenta cómo estuvo en pupilaje con un compañero suyo de escuela, hijo de un notable segoviano.
Determinó, pues, Don Alfonso de poner a su hijo en pupilaje: lo uno por apartarle de su regalo, y lo otro por ahorrar de cuidado. Supo que había en Segovia un licenciado Cabra, que tenía por oficio de criar hijos de caballeros, y envió allá el suyo y a mí para que le acompañase y sirviese. Entramos primer domingo después de Cuaresma en poder de la hambre viva, porque tal laceria no admite encarecimiento. El era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, pelo bermejo. No hay más que decir[618] para quien sabe el refrán que dice, ni gato ni perro de aquella color. Los ojos avecinados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos; tan hundidos y escuros, que era buen sitio el suyo para tiendas de mercaderes; la nariz entre Roma y Francia...; las barbas descoloridas de miedo de la boca vecina, que, de pura hambre, parecía que amenazaba comérselas; los dientes le faltaban no sé cuántos, y pienso que por holgazanos y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate largo como avestruz, con una nuez tan salida, que parecía se iba a buscar de comer forzada de la necesidad; los brazos secos; las manos como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de media abajo, parecía tenedor, o compás con dos piernas largas y flacas; su andar muy de espacio; si se descomponía algo, se sonaban los huesos como tablillas de San Lázaro[619]; la habla ética; la barba grande, por nunca se la cortar[620], por no gastar; y él decía que era tanto el asco que le daba ver las manos del barbero por su cara, que antes se dejaría matar que tal permitiese; cortábale los cabellos un muchacho de los otros. Traía un bonete los días de sol, ratonado con mil gateras, y guarniciones de grasa; era de cosa que fué paño, con los fondos de caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no se sabía de qué color era. Unos, viéndola tan sin pelo, la tenían por de cuero de rana; otros decían que era ilusión; desde cerca parecía negra, y desde lejos entre azul; llevábala sin ciñidor; no traía cuello ni puños; parecía, con los cabellos largos y la sotana mísera y corta, lacayuelo[621] de la muerte. Cada zapato podía ser tumba de un filisteo. Pues ¿su aposento? Aun arañas no había en él: conjuraba los ratones, de miedo que no le royesen algunos mendrugos que guardaba; la cama tenía en el suelo, y dormía siempre de un lado, por no gastar las sábanas; al fin, era archipobre y protomiseria. A poder, pues, déste vine y en su poder estuve con Don Diego, y la noche que llegamos nos señaló nuestro aposento y nos hizo una plática corta, que por no gastar tiempo no duró más; díjonos lo que habíamos de hacer. Estuvimos ocupados en esto hasta la hora del comer; fuímos allá: comían los amos primero, y servíamos los criados. El refitorio era un aposento como un medio celemín; sustentábanse a una mesa hasta cinco caballeros. Yo miré lo primero por los gatos, y como no los vi, pregunté que cómo no los había a un criado antiguo, el cual, de flaco, estaba ya con la marca del pupilaje. Comenzó a enternecerse, y dijo: «¿Cómo gatos? Pues ¿quién os ha dicho a vos que los gatos son amigos de ayunos y penitencias? En lo gordo se os echa de ver que sois nuevo.»
Yo con esto me comencé a afligir, y más me asusté cuando advertí que todos los que de antes vivían en el pupilaje estaban como leznas, con unas caras que parecían se afeitaban con diaquilón. Sentóse el licenciado Cabra y echó la bendición; comieron una comida eterna, sin principio ni fin; trajeron caldo en unas escudillas de madera, tan claro, que en comer una dellas peligraba Narciso más que en la fuente. Noté con la ansia que los macilentos dedos se echaban a nado tras un garbanzo güérfano y solo que estaba en el suelo. Decía Cabra a cada sorbo: «Cierto que no hay tal cosa como la olla, digan lo que dijeren; todo lo demás es vicio y gula.» Acabando de decillo, echóse su escudilla a pechos[622], diciendo: «Todo esto es salud y otro tanto ingenio.» ¡Mal ingenio te acabe! decía yo entre mí, cuando vi un mozo, medio espíritu y tan flaco, con un plato de carne en las manos, que parecía la había quitado de sí mismo. Venía un nabo aventurero a vueltas, y dijo el maestro: «¿Nabos hay? No hay para mí perdiz que se le iguale: coman, que me huelgo de vellos comer.» Repartió a cada uno tan poco carnero, que en lo que se les pegó a las uñas y se les quedó entre los dientes pienso que se consumió todo, dejando descomulgadas las tripas de participantes. Cabra los miraba, y decía: «Coman, que mozos son, y me huelgo de ver sus buenas ganas.» Mire vuesa merced qué buen aliño para los que bostezaban de hambre.
Acabaron de comer, y quedaron unos mendrugos en la mesa, y en el plato unos pellejos y unos güesos; y dijo el pupilero: «Quede esto para los criados, que también han de comer; no lo queramos todo.» ¡Mal te haga Dios y lo que has comido, lacerado, decía yo; que tal amenaza has hecho a mis tripas! Echó la bendición, y dijo: «Ea, demos lugar a los criados, y váyanse hasta las dos a hacer ejercicio, no les haga mal lo que han comido.» Entonces yo no pude tener la risa, abriendo toda la boca. Enojóse mucho, y díjome que aprendiese modestia, y tres o cuatro sentencias viejas, y fuése. Sentámonos nosotros; y yo, que vi el negocio mal parado, y que mis tripas pedían justicia, como más cano y más fuerte que los otros, arremetí al plato, como arremetieron todos, y emboquéme de tres mendrugos los dos y el un[623] pellejo. Comenzaron los otros a gruñir; al ruido entró Cabra diciendo: «Coman como hermanos, pues Dios les da con qué; no riñan, que para todos hay.» Volvióse al sol y dejónos solos. Certifico a vuesa merced que había uno dellos que se llamaba Surre, vizcaíno, tan olvidado ya de cómo y por dónde se comía, que una cortecilla que le cupo la llevó dos veces a los ojos, y entre tres no la acertaba a encaminar de las manos a la boca.
NOTAS
[577] Alusión al pasaje de San Lucas, I, 41. «et factum est, ut audivit salutationem Mariæ Elisabeth, exultavit infans in utero ejus.»
[578] La omisión de las conjunciones convenientes da alguna oscuridad al razonamiento seguido en este punto.
[579] Este era el largo título oficial aplicado a los reyes en tiempos de Quevedo.
[580] «_Desvanecido_, el flaco de cabeza, o el necio, loco presumido, o que da crédito a las lisonja.» (Covarrubias.)
[581] «La guarda del Rey o del Príncipe, los que ciñen su persona cuando sale en público, y en su palacio están en la antecámara.» (Covarrubias.) Esta acepción no la da el Diccionario de la Academia a _Guarda_, sino sólo a _Guardia_.
[582] Aquí _el que_ hace el doble oficio de sujeto de _vea_ y de complemento de _dejan_, en vez de separar ambos poniendo _aquel_ como sujeto _a quien_ como complemento.
[583] El plural _quienes_ era muy poco usado, aunque no faltan ejemplos desde la primera mitad del siglo XVI (v. CUERVO, _Notas a Bello_, pág. 54).
[584] Véase atrás, pág. 200, n. 416.
[585] El sobreentenderse una vez «_fui enemigo_ de sus designios» y otra «_fui_ tan favorecido» quita claridad a estas elipsis.
[586] El sujeto de esta cláusula absoluta debiera de ir expreso, pues no se adivina hasta que, pasada la oración temporal: «luego que tomó las armas», se llega al verbo principal «le perdoné.»
[587] Confirmación a lo dicho en la nota 268 de la pág. 121.
[588] Compárese lo dicho en la pág. 203, n. 421, respecto al verbo _declarar_.
[589] El sujeto _padres_ e _hijos_ refiérese a aquellos a quienes habla Bruto.
[590] En el sentido de vedar, impedir.
[591] Véase otra vez la nota 416 de la pág. 200.
[592] Véase pág. 167, nota 352.
[593] Hay mezcla de dos construcciones; en una, _fácil_ es calificativo de _puerta_ y rige al infinitivo _entrar_ (tomado en sentido pasivo) mediante la preposición _de_: «puerta fácil de entrar», como se dice «fácil de entender» por «fácil de entenderse» o «de ser entendido», expresión que en latín se haría por gerundio, «facilis ad intelligendum». En la otra construcción, _fácil_ está en sentido neutro, como predicado del verbo tácito, cuyo sujeto es _entrar_: «puerta que era fácil entrar por ella.» Tenemos, pues, la suma «_puerta fácil_ de entrar» + «_puerta por la que_ era fácil entrar.» = «_puerta fácil_ de entrar _por ella_.» La construcción se complica luego por el hecho de que el intransitivo _salir_ no puede tomarse, como _entrar_, en sentido pasivo. Como si dijéramos: «cosa buena de tratar» + «cosa acerca de la que es bueno tratar» = «cosa buena de tratar, pero delicada de insistir sobre ella.»
[594] Envuelve su antecedente _tanto_ o _todo_, y va en neutro denotando la colectividad.
[595] Adjetivo con sentido de adverbio, como en latín _primus_, _a_, _um_, por el adverbio _primum_. Véase atrás pág. 99, nota 213.
[596] _Marca_ es la medida cierta del tamaño ordinario que debe tener una cosa; «espadas de la marca», «paños de marca»; hablando del papel se dice: «de marca menor», «de marca mayor», designando ésta el que es de mayor tamaño que el otro, para estampar mapas, láminas y libros grandes.
[597] _Lo que_ equivale a ‘lo mucho que’, ‘el grado en que’. (BELLO _Gr._, § 976.)
[598] Considera en _ánimas_ el sentido de ‘hombres’.
[599] _Por demás_ equivale a ‘en demasía, con exceso’; acepción que falta en el Diccionario académico. Usaba también _además_, véase pág. 148, nota.
[600] «_Entre cuero y carne_, lo que no penetra, sino que es casi superficial.» (Covarrubias.)
[601] _Arder_, en el sentido transitivo de ‘abrasar’ fué harto frecuente en los tiempos clásicos, pero ya en el siglo pasado lo notaba de raro el Diccionario de Autoridades. En el Diccionario vulgar tuvo la marca de anticuado hasta la décima edición; en la undécima (1869) y duodécima (1884) está rehabilitado (CUERVO, _Dicc._) El mismo Quevedo dice:
Ícaro en senda de oro mal segura arde sus alas por morir glorioso.
[602] Tal vez equivale a ‘esforzó la voz’ por más que parece raro este sentido transitivo de _salir_.
[603] Cosa que se puede trocar _con_ otra (Nebrija). Trocar una cosa _por_ otra (Covarrubias).
[604] El _se_ es un reflexivo impropio, en dativo, que se usa con ciertos transitivos para realzar la parte que el sujeto toma en la acción, como: no sé lo que me digo.
[605] _Bullir_ en el sentido de ‘moverse’, tiene uso reflexivo. Santa Teresa dice: «_no osa bullirse ni menearse_.»
[606] Usado en el sentido anticuado de _aderezar_ o guisar las viandas.
[607] Don Enrique de Villena fué nieto de Don Alonso, Marqués de Villena, primer condestable de Castilla, y después Duque de Gandía, hijo del Infante Don Pedro de Aragón. La madre de Don Enrique fue Doña Juana, hija bastarda del Rey Don Enrique II; «Este Don Enrique fue inclinado a las ciencias y artes mas que a la caballeria;... dexóse correr a algunas viles o raeces artes de adivinar e interpretar sueños y esternudos y señales, e otras cosas tales que ni a príncipe real, e menos a católico cristiano convenían». Murió en Madrid, de cincuenta años, a 15 de diciembre de 1434. Depositaron su cuerpo en el convento de San Francisco. (FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN _Generaciones y semblanzas_, capítulo XXVIII.) El vulgo supuso que Don Enrique, por arte de nigromancia, se había hecho picar en jigote y encerrar en una redoma para volver a segunda vida.
[608] Alude a la errada denominación de Marqués de Villena que vulgarmente se aplica a Don Enrique. Un manuscrito de este _Sueño_ tiene esta variante: «Sabe, dijo, que no fuí Marqués de Villena, que ese título me da la inociencia: llamáronme Don Enrique de Villena, fuí Infante de Castilla; estudié y escribí», etc.
[609] Quevedo usa mucho la voz _gato_ en su acepción de ‘ladrón ratero’.