Antología de prosistas castellanos

Part 2

Chapter 23,990 wordsPublic domain

E quando Nero se vió assí desamparado de todos, andó por sus palacios buscando alguno que lo matasse et no falló. Entonce dixo: «¿Ni é yo amigo, ni enemigo?» Et assí cuemo estava, descalço et en saya, fué corriendo quanto pudo por se echar en el rio de Tibre; mas desque llegó allá, repintiósse; et assí cuemo fué, assí se tornó apriessa, pensando de buscar algún logar ascondido en que assessegasse[40] so coraçón. E vistiósse otra vestidura sobre la saya, et cubrió la cabeça et puso un alquiná[41] ante la cara; et assí descalço como estava, cavalgó en su cavallo, et quatro compañones con él tan solamiente. Et desque llegó al logar o queríe ir, que es a una legua et a un migero de la villa, arrendó so cavallo en una espessura a unas çarças et a unos árvoles; et él fuesse a pie por un sendero que se desviava a una casiella que estava í escondida en muy fuerte logar et much esquivo.[42] Et tanto era el sendero áspero[43] de andar et lleno de çarças, que se ovo a despojar aquella vestidura que vistie et a echarla tenduda sobre los çarçales, porque estava descalço, et a andar sobrella de pies et de manos; et rompiósse toda la vestidura; et llegó él a aquella casiella a grand pena,[44] andando por cuevas e por peñas. E cuemo vinié cansado, echósse a dormir en un lecho muy pobreziello que í estava duna cócedra pequeña et cubierto dun paño viejo et roto.

Otro dia mañana, los que vinieran con él consejávanle que se fuesse et no suffriese tanto porfazo;[45] mas él tenie en coraçón de se matar, et mandó fazer allí ante sí una fuessa a medida de su cuerpo; et desque fué fecha, mandó traer agua con que lo bañassen et fuego con que lo quemassen. E estava Nero llorando et faziendo llanto de quantos males le contescíen, et dizíe: «¡Ay que sotil maestro se pierde oy en mí!» E él tardando en aquesto, vino de Roma un mandadero a aquel logar, quel dixo que todo el senado de Roma lo avíen dado por juizio por enemigo de los romanos, el[46] mandavan buscar pora matallo. E quando él oyó aquesto, fue much espantado, et dos cuchiellos que troxiera consigo, sacólos et començó a catar qual era más agudo; et desí tornólos en sus vainas diziendo que aun no era venida la ora de la su muerte. A las vezes castigava a aquellos sus compañeros que llorassen et fiziessen llanto por él; a las vezes quel dixiessen exiemplos dalgunos que se mataran, por tal de avivalle el coraçón que se pudiesse él matar; a oras denostava la su pereza.

E éll estando en esto, ívanse ya llegando a aquel logar los cavalleros que enviaran depós él los romanos que lo prisiessen et lo levassen vivo. E tanto que lo él sintió, sacó ell un cuchiello et metiósselo por el coraçón, con ayuda pero dell uno de los que í estavan, que primió el cuchiello. E en muriendo, tenie los ojos torvados[47] et tan feos que se espantavan quantos lo veíen. E desta guisa murió Nero ell emperador, seyendo en edat de treinta et dos años; acabósse en él et fue desfecha et destroída toda la compaña de César Augusto, de cuyo linage él descendíe.

1084. Capítulo de commo Garçi Pérez de Vargas tornó por la cofia a aquel logar ó se le cayera.

Otro dia depués que el rey don Fernando fué a posar a Tablada,[48] mandó a los cavalleros de su mesnada que fuesen guardar los erveros.[49]

Garçi Pérez de Vargas, et otro cavallero que avíe a ir con ellos, detoviéronse en el real et non salieron tan aína commo los otros; et en yendo[50] en pos ellos, vieron ante sí, por ó avien a pasar en el camino, ssiete cavalleros de moros. Et dixo el cavallero a Garçi Pérez: «Tornémosnos; non somos más de dos.» Et Garçi Pérez dixo: «Non lo fagamos; mas vayamos por nuestro camino derecho, ca nos non atendrán.» Et el cavallero dixo que lo non quería fazer: ca lo tenía por locura si dos cavalleros, que ellos eran, fuesen cometer[51] de pasar por do estavan siete: et fuese aderredor del real, por non ser conosçido, fasta que fué en su posada.

El real do estava la tienda del rey era un poco en altura, et por o ellos ivan era llano; et el rey don Fernando óvolo a ojo, et los que con él estauan, et vió de commo se tornava el un cavallero et que fuera el otro en su cabo:[52] otrosí vió aquellos siete cavalleros de moros commo le estauan delante, teniéndol el camino por do él avie a pasar: et mandó quel fuesen acorrer. Don Llorenço Suárez que estaba í con el rey, que avíe visto a Garçi Pérez quando saliera del real, et conosçiól en las armas et sabíe que él era, dixo al rey: «Señor, déxenle, que aquel cavallero, que fincó en su cabo con aquellos moros, es Garçi Pérez de Bargas, et para tantos commo ellos son non a mester ayuda; et si los moros lo conosçieren en las armas, non lo osarán cometer, et sil cometieren, vos veredes oy las maravillas que él fará.»

Garçi Pérez tomó las armas quel traye su escudero, et mandól que se parase en pos él et que se non moviese a ninguna parte, sinon así commo él fuesse que así fuese él en pos[53] él. Et en alazando la capellina, cayósele la cofia en tierra, et non la vió; et endereçó por su camino derecho, et su escudero en pos él. Los moros connosçiéronle en las armas commo era Garçi Pérez, ca muchas vezes gelas vieran traer et bien las conosçién, et nol osaron cometer; mas fueron a par dél, de la una parte et de la otra, faziéndol cadamañas et sus abrochamientos[54] una grant pieça; et quando vieron que se non bolvíe a ninguna parte nin se queríe desviar por cosa que ellos feziesen, sinon que todavía iva por su camino derecho, tornáronsse et fuéronse a parar[55] en aquel logar ó se le cayó la cofia.

Quando Garçi Pérez se vió desenbargado de aquellos moros, dió las armas a su escudero; et quando desenlazó la capellina et non falló su cofia, preguntó al escudero por ella; et el escudero le dixo que non gela diera. Et desque fué cierto que se le avíe caido, tomó sus armas quel avíe ya dadas, et díxol que pasase en pos él et que toviese ojo por la cofia allí ó se le cayera. Et el escudero, quando vió que se queríe tornar por ella, díxol: «¡Commo, don García, por una cofia vos queredes tornar a tan grant peligro? et non tenedes que estades bien, quando tan sin daño vos partiestes de aquellos moros, sseyendo ellos siete cavalleros et vos uno solo, et queredes tornar a ellos por una cofia?» Et Garçi Pérez le dixo: «Non me fables en ello, ca bien veyes que non he cabeça para andar sin cofia»; et esto dezíe él porque era muy calvo, que non tenié cabellos de la meitad de la cabeça adelante; et tornóse para aquel logar do ante tomara las armas.

Don Llorenço Suárez quando lo vió tornar, dixo al rey: «¿Vedes commo torna a los moros Garçi Pérez, quando vió que los moros nol queríen cometer? agora va él cometer a ellos; agora veredes las maravillas que él fara, que vos yo dezía, sil osaren atender.»

Los moros quando vieron tornar a Garçi Pérez contra ellos, tovieron que se queríe conbater con ellos, et fuéronse ende acogiendo, que non se detovieron í más.

Quando Llorenço Suárez vió a los moros commo se acogién ante Garçi Pérez, que nol osaron atender, dixo al rey: «Sseñor, ¿vedes lo que vos yo dezía que nol osaríen atender aquellos siete cavalleros de moros a Garçi Pérez en su cabo?[56] Sabet, señor, quel connosçieron; catadlos commo se van acogiendo antél, que nol osan atender. Yo so Llorenço Suárez,[57] que conosco bien los buenos cavalleros desta hueste quales son».

Garçi Pérez llegó a aquel logar do se le cayera la cofia et fallóla í, et mandó a su escudero desçender por ella: et tomóla et sacodióla et diógela; et púsosela en la cabeça, et fuese ende para do andavan los erveros.

Quando los que fueron guardar los erveros se tornaron para el real, preguntó don Llorenço Suárez a Garçi Pérez, ante el rey, quien fuera aquel cavallero que con él saliera del real. Et Garçi Pérez ovo ende grant enbargo, et pesól mucho porque don Llorenço Suárez gelo preguntara ante el rey, ca luego sopo que viera[58] el rey et don Llorenço Suárez lo que a él aquel día oviera contesçido; et él era tal omne et auíe tal manera que nol plazíe quando le retraíen[59] algun buen fecho que él feziese; pero con grant vergüença ovo a dezir que nol conosçíe nin sabíe quien fuera. Et don Llorenço Suárez ge lo preguntó después muchas vezes, quien fuera aquel cavallero, et siempre le dixo que nol conosçíe, et nunca dél lo podieron saber, pero que lo conosçía él muy bien et lo veíe cada dia en casa del rey: mas non queríe que el cavallero perdiese por él su buena fama que ante avíe, ante defendió al su escudero que por los ojos de la cabeça[60] non dixiese que lo conosçía; et el escudero así lo fizo, que nunca lo quiso dezir pero que gelo preguntaron después muchas vezes.

NOTAS

[1] Véase A. G. SOLALINDE, en la _Revista de Filología Española_, II, 1915, págs. 283-288.

[2] _Fincar_ tenía en la Edad Media los significados varios que después asumió el verbo «quedar».

[3] La forma del artículo _ell_ por _el_, usada más generalmente ante vocal, abunda mucho en todas las obras de Alfonso X.

[4] _Dizitres_ por ‘trece’ (hoy en algunas regiones se usan «diez y dos», «diez y tres», o formas análogas); compárese el _dizeocho_ precedente, para la reducción de _diez_ a _diz_ en posición proclítica.

[5] Aun en el siglo XVI era forma corriente _Nero_ en vez de _Nerón_; aquélla deriva del nominativo latino, y ésta, del acusativo.

[6] SUETONIO, _Nero_, 51, dice: «corpore maculoso et faetido, subflavo capillo»...

[7] El verbo _aprender_ hacía su perfecto yo _aprise_, tu _aprisiste_, él _apriso_.

[8] _Sin todo afán_, ‘sin ningún trabajo’; en frases negativas se empleaban indefinidos positivos en vez de los negativos: «nin todos los del vando», ‘ni ninguno de los del bando’. Véase _Mio Cid_, pág. 375↓29.

[9] _Fallar de nuevo_, ‘idear, inventar’.

[10] _Compañón_, ‘compañero’ en un sentido adjetivo de ‘afable’. SUETONIO, _Nero_, 10, «neque liberalitatis neque clementiae, ne ~comitatis~ quidem exhibendae ullam occasionem omisit».

[11] El imperfecto (y tiempos afines) terminaba alguna vez en _ía_ (sobre todo la primera persona, véase unas líneas más abajo _querría_); pero en general terminaba en _ie_, con el acento ora en la _i_, ora en la _e_.

[12] _Defender_, ‘prohibir’.

[13] _Rafez_, ‘rahez’, ‘de poco valor’.

[14] El pronombre enclítico se podía separar del verbo a que se refiere, interponiéndose entre ambos otras partes de la oración. Hoy habría que poner el enclítico inmediato al verbo, ordenándo así: «que no _las probase_ todas y no _las usase_». Véase _Mio Cid_, p. 409↓24.

[15] _Assoora_, ‘de súbito’; compárese igual sentido que tiene hoy «a deshora». SUETONIO, 20, usa el adverbio «repente».

[16] _Joglería_, o juglaría, es el arte del juglar.

[17] _Assacar_, ‘inventar’.

[18] Las formas _o_ y _do_ se usaban indistintamente por _onde_, _donde_.

[19] _Todavía_, ‘siempre’, acepción primitiva, de la cual se pasó a la moderna de ‘aun’. Compárese el francés «toujours» que reúne los dos significados de ‘siempre’ y de ‘aun, en este momento’ (j’ai toujours ma migraine).

[20] _Cosa_ se usaba mucho en expresiones indefinidas negativas, donde hoy se emplea «nada». «Non se podían los moros por cosa defender.» _Fernán González_, 195. El uso duraba en la época clásica: GARCILASO, en la _Egloga II_, escribe: «No t’aconsejo yo, ni digo cosa Para que devas tú por ella darme Respuesta tan azeda i tan odiosa», y TIRSO, en _Marta la Piadosa_, II, «no te diré cosa ya». El uso subsiste en alguna expresión moderna, como «no vale cosa».

[21] _A hurto_, ‘a hurtadillas’, ‘escondidamente’.

[22] _Dellos_, genitivo partitivo ‘algunos de ellos’. Véase _Mio Cid_, pág. 335↓27.

[23] Los traductores que empleaba Alfonso el Sabio para sus obras, no siempre traducen exactamente, ni mucho menos. Aquí, por desconocimiento de las antigüedades romanas, traducen el «triumphare», neutro, como activo. SUETONIO, _Nero_, 25, dice: «eo curru, quo Augustus olim triumphaverat, et in veste purpurea...»

[24] La preposición _a_ indica el modo del adorno; así escribe don JUAN MANUEL «el paño era començado..., et díxol a qué figuras et a qué labores lo començaban de fazer». Véase _Mio Cid_, página 377↓39.

[25] Otro ejemplo de mala inteligencia del texto latino. SUETONIO, _Nero_, 25, escribe: «coronamque capite gerens Olympiacam, dextra manu Pythiam, praeeunte pompa ceterarum cum titulis, ubi et quos quo cantionum quove fabularum argumento vicisset».

[26] _Porfazar_, ‘murmurar, censurar’. En otro pasaje, de la misma Crónica, se lee: «e daquí se levantó grand mormorio entre los romanos, que porfazavan de Cristo et echavan la culpa deste destruimiento a la cristiandat, que dizíen que les no iva assí mal en el tiempo que aoravan los ídolos».

[27] Otro ejemplo de interpolación de palabras entre el enclítico y el verbo: ‘como arriba _os_ dijimos’.

[28] _A menos de_, ‘sin’, expresión usual aun en la época clásica. SUETONIO, _Nero_, 25: «nisi astante phonasco, qui moneret parceret arteriis ac sudarium ad os applicaret».

[29] El verbo _yazer_ hacía su perfecto, yo _yógue_, tu _yoguiste_, él _yógo_.

[30] _Acordar_, como _recordar_, significaba ‘despertar’.

[31] _Governage_, como _gobernalle_, ‘timón’; ‘le faltó el timón’.

[32] Este lucillo o sepulcro es el Mausoleo. SUETONIO, _Nero_, 46 «De Mausoleo, sponte foribus patefactis, exaudita vox est nomine eum cientis».

[33] _Seer_, derivado de ~sedere~, significaba ‘estar sentado’; _la tabla o seíe_ ‘la mesa a que estaba sentado’.

[34] _Yaquanto_ era un indefinido que significaba ‘algo’, esto es: ‘tomó un poco de veneno’.

[35] _Buxeta_ ‘bujeta, cajita, pomo’; SUETONIO, _Nero_. 48: «sumpto... veneno et in auream pyxiden condito».

[36] SUETONIO: «praemissis libertorum fidissimis Ostiam ad classem praeparandam».

[37] _Cometer_, ‘proponer’; véase _Mio Cid_, pág. 583↓5.

[38] Las frases adverbiales _a voces_, _a priessa_, hoy tienden a petrificarse, pero antes admitían toda clase de adjetivos calificativos del sustantivo: _a altas voces_, _a grant priessa_, véase _Mio Cid_, pág. 373↓16.

[39] Los verbos sinónimos _tomar_, _coger_, _prender_, se usaban en forma reflexiva, con el significado de ‘irse’, y «prísose con sus omnes» significa ‘se reunió con su gente, se fué con ellos’. Hoy se conserva el mismo giro en la frase metafórica _tomarse con uno_, ‘reñir con uno’.

[40] _Assessegar_, hoy ‘asosegar’.

[41] _Alquiná_ o _alquinal_, voz de origen árabe, que significa ‘toca, pañuelo’.

[42] Era frecuente, cuando un sustantivo llevaba dos adjetivos, que uno de éstos fuese antepuesto y otro pospuesto, «buena imaginación e fuerte» (véase _Mio Cid_, pág. 415↓25).

[43] Muy a menudo el adverbio de cantidad iba separado del adjetivo a que se refiere, interponiéndose entre ambos el verbo y otras voces: «mucho fué alegre», «tanto es limpia», véase _Mio Cid_, pág. 418↓26.

[44] _A grand pena_, ‘con gran trabajo’.

[45] _Porfazo_, ‘humillación, afrenta’. Véase pág. 16, nota 26.

[46] _El_ es la conjunción, unida al pronombre enclítico apocopado ‘y le’.

[47] No es ‘turbado’, sino ‘torvo, espantoso, airado’.

[48] San Fernando, para asegurar el asedio de Sevilla, se estableció en Tablada, rodeando su campamento de un gran foso.

[49] ‘Herberos’ o ‘forrajeadores’.

[50] El gerundio con _en_, formando una oración incidental temporal, era muy usado antiguamente.

[51] _Cometer_, significaba no sólo ‘acometer’, sino también ‘intentar’.

[52] _En su cabo_ ‘por sí solo’, ‘solo’; se decía _vevir en so cabo_ ‘vivir aparte o solo’; comp. unas líneas más abajo _fincó en su cabo_, ‘quedó solo’.

[53] Nótese en este ejemplo el uso extremamente inhábil y anfibológico del pronombre _él_; una vez se refiere al escudero y otra a Garci Pérez, produciéndose confusión al mismo tiempo que cacofonía. Comp., pág. 32, nota 67.

[54] Dos voces que me son desconocidas, y que sólo el contexto puede explicar.

[55] _Pararse_ significa ‘ponerse, situarse’; «a la puerta se paravan», véase _Mio Cid_, pág. 785↓10.

[56] _En su cabo_, ‘solo’, según se dijo arriba. pág. 23, nota 52.

[57] _Yo so_, etc., es un grito de satisfacción de don Lorenzo, semejante al grito de guerra que daba el señor para animar a los vasallos, afirmando su personalidad: «Yo so el rey de Castilla, que cobdicié este día», _Poema de Alfonso XI_, 1678; «Yo so Ruy Díaz, mio Çid el de Bivar», etc.

[58] Aunque el sujeto del verbo es doble, como va pospuesto, el verbo puede ir en singular: «dixo Raquel e Vidas», véase _Mio Cid_, pág. 362↓32.

[59] _Retraer_, ‘referir, contar’. «Por ont siempre sepades retraer e contar Quanto puede a omne la buena fe prestar», BERCEO, _San Millán_, 199; «Fué por toda la tierra aína retrahido Que era el sant omne desti sieglo transsido», San Millán, 322.

[60] _Por los ojos de la cabeça_, como si dijese ‘por su vida’, ‘pena la vida’. Alude a la pena de ceguera que se usaba mucho en la antigua Edad Media, aunque ya no era corriente en la época de Alfonso X; era la pena inmediata, en gravedad, a la pena capital. También se decía «por los ojos de la cara», o «de la faz». Véase _Mio Cid_, pág. 772↓27.

DON JUAN MANUEL

(1282-1348)

Don Juan, hijo del infante don Manuel, se nos presenta como continuador de las tradiciones literarias fomentadas por su tío Alfonso el Sabio. Don Juan empezó a escribir movido de la admiración que en él despertaban las obras de Alfonso; tanto, que su primera producción es un modesto resumen de la _Crónica General de España_, hecho hacia 1320. En el prólogo de este resumen pondera don Juan el estilo claro, elegante y, sobre todo, conciso, que el Rey Sabio empleaba: «Et púsolo todo complido e por muy apuestas razones e en ~las menos palabras que se podía poner~.»

Procurando emular estas dotes del rey su tío, llegó don Juan a superar a su modelo. Con segura satisfacción del éxito logrado, escribía el autor, hacia 1330, esta crítica de su estilo propio: «Sabed que todas las razones son dichas por muy buenas palabras et por los mas fermosos latines ~que yo nunca oi decir~ en libro que fuese fecho en romance; et poniendo declaradamente complida la razón que quiere decir, ~pónelo en las menos palabras que pueden seer~»[61].

La sobriedad era su preocupación, según puede observarse en su obra maestra _El libro de Patronio_ o el _Conde Lucanor_ (primera parte, escrita entre 1328 y 1332). Este libro es una colección de cuentos tradicionales, así que varios de ellos se encuentran a la vez referidos en otros autores; y si comparamos los de don Juan con los del Arcipreste de Hita (que escribió unos diez años después), observamos un marcado contraste entre la juguetona y verbosa animación del Arcipreste y la mesurada compostura del estilo de don Juan Manuel. Atento éste principalmente a acumular en la frase trabazón lógica y fuerza didáctica, se detiene en desarrollar los sentimientos que pone en juego, se esmera en preparar las situaciones a que la narración conduce; pero, en cambio, mira con manifiesto desvío la ornamentación externa del relato. Tanto propende a no apartarse de la narración seguida, que, a pesar de su fin didáctico, ni siquiera se entretiene en intercalar un discurso sentencioso o una máxima; deja, por lo común, que la moralidad se desprenda del fluir de la acción, y sólo le da una forma aforística al final de cada cuento. No obstante, aunque siempre en forma fugaz, no descuida dar viveza al relato; véase, por ejemplo, la rápida pero feliz descripción de la bajada al subterráneo de don Illán, en el primer cuento que aquí se inserta.

En multitud de rasgos el lenguaje de don Juan Manuel se parece al de la segunda parte de la _Crónica General_; en ambos textos se ven los mismos defectos de la época arcaica, tales como la gran inhabilidad que revela el abuso del pronombre _él_ (pág. 32, nota 67). Además, ni uno ni otro suelen emplear el diálogo; lo corriente es que el personaje principal hable en discurso directo, y el que contesta lo haga en forma indirecta, o sea en tercera persona. Pero, sin embargo, fácil es observar un gran progreso entre los dos autores. Don Juan construye el período en modos más variados que la _Crónica_, y a la ingenua viveza de ésta, sustituye una expresión más intencionada, que sabe lograr ya efectos muy variados, entre los que sobresale la ironía. En fin, por su mayor originalidad de composición, y por la serena y sencilla eficacia de su lenguaje, don Juan se nos muestra indisputablemente como un estilista muy superior[62].

LIBRO DE PATRONIO O DEL CONDE LUCANOR

ENXIENPLO XI.--Delo que contesçio a un deán de Santiago con Don Illán, el grand maestro de Toledo.

Otro dia fablava el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et contaval su fazienda en esta guisa: «Patronio, un omne vino a me rogar[63] quel ayudasse en un fecho que avía mester mi ayuda, et prometióme que faría por mí todas las cosas que fuessen mi pro et mi onra, et yo començel a ayudar quanto pude en aquel fecho; et ante que el pleito fuesse acabado, teniendo[64] él ya que su pleito era librado, acaesçió una cosa en que cunplía que la fiziesse por mí et él púsome escusa; et después acaesçió otra cosa que pudiera fazer por mí et púsome escusa commo a la otra; et esto me fizo en todo lo quel rogué que fiziesse por mí. Et aquel fecho por que él me rogo non es aun librado, nin se librará si yo non quisiere; et por la fiuza que yo he en vos et en el vuestro entendimiento, ruégovos que me consejedes lo que faga en esto.»

«Señor conde», dixo Patronio, «para que vos fagades en esto lo que devedes, mucho querría que sopiésedes[65] lo que contesçió a un deán de Santiago con Don Illán, el grand maestro que morava en Toledo».

Et el conde le preguntó commo fuera aquello.

«Señor conde», dixo Patronio, «en Santiago avía un deán que avía muy grant talante de saber el arte dela nigromançía, et oyó dezir que don Illán de Toledo sabía ende más que ninguno que fuesse en aquella sazón et por ende vínose para Toledo para aprender de aquella sçiencia».

«Et el dia que llegó a Toledo endereçó luego a casa de Don Illán et fallólo que estava leyendo en una cámara muy apartada. Et luego que llegó a él, recibiólo muy bien, et díxol que non quería quel dixiesse ninguna cosa de lo por que venía fasta que oviese comido. Et pensó[66] muy bien dél et fizol dar muy buenas posadas et todo lo que ovo mester, et diól a entender quel plazía mucho con su venida».

«Et después que ovieron comido, apartósse con él[67] et contól la razón por que allí viniera, et rogól muy affincadamente quel mostrasse aquella sçiençia que él auia muy grant talante de la aprender. Et Don Illán díxol que él era deán et omne de grant guisa[68] et que podría llegar a grant estado, et los omnes que grant estado tienen, de que todo lo suyo an librado a su voluntad, olbidan mucho aína lo que otre a fecho por ellos; et él que se reçelava que de que él[67] oviesse apprendido dél aquello que él quería saber, que[69] non le faría tanto bien commo él le prometía. Et el deán le prometió et le asseguró que qualquier bien que él oviesse que nunca faría sinon lo que él mandasse; et en estas fablas estudieron desque ovieron yantado fasta que fué ora de çena. Et de que su pleito fue bien assossegado[70] entre ellos, díxo Don Illán al deán que aquella sciençia non se podía aprender sinon en lugar mucho apartado, et que luego essa noche le queria amostrar do avían de estar, fasta que oviesse apprendido aquello que él quería saber. Et tomól por la mano et levól a una cámara; et en apartándose de la otra gente, llamó a una mançeba de su casa et díxol que toviesse perdizes para que çenassen aquella noche, mas que non las pusiessen a assar fasta que él gelo mandasse.»