Antología de prosistas castellanos

Part 19

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[544] Hoy los indefinidos _uno_, _otro_ no suelen llevar artículo, cuando forman una cláusula distributiva de más de dos miembros; v. BELLO, _Gr._ § 1172. Nótese que el repetir la preposición para empezar la enumeración es familiar. En el estilo limado de hoy se repetiría colocándola al fin del primer miembro de la enumeración: «en las camas estaban: un alquimista en una, en otra un poeta», etc., o mejor simplemente, «un alquimista, un poeta», etc.

[545] Alquimista era el químico antiguo que se empeñaba en hallar la piedra filosofal, o sea cierta sustancia con la cual pudiese componer y sacar artificialmente el oro de otros minerales.

[546] Los arbitristas eran economistas ramplones, que se dedicaban a imaginar _arbitrios_ o proyectos tan sencillos como disparatados, con los que pretendían curar los más complicados males de la hacienda y la administración de los últimos reyes de la casa de Austria. El nombre noble para designar a los hacendistas era el de _políticos_. La palabra _economista_ es sólo de nuestros días.

[547] Igual observación que en la nota 544 de la pág. 262. Hoy _de uno_.

[548] Ars poet. 388. «Nonumque prematur in annum, membranis intus positis.»

[549] Esto es, que le había costado veinte años de _ocupación_, y que había _pasado_ más de los diez años consabidos esperando la publicidad; a esta espera la llama con juego de palabras estado _de pasante_.

[550] _Sujeto_ por ‘asunto’ pasa hoy por galicismo a ojos de muchos. Cervantes dice en otro lugar: «dar sujeto a sus versos».

[551] _Brial_, túnica usada en la antigüedad por hombres y mujeres. _La demanda del Santo Brial_, en lugar del _Santo Grial_ (véase página 230, n. 463), es desatino intencionado, como lo es el decir que el arzobispo Turpín escribió la historia de Artús (véase página 233, n. 475).

[552] Es decir, sin valerse para el consonante del verso de las fáciles terminaciones esdrújulas que ofrece la conjugación, como _mandábamos_, _mandándome_, _mándale_, etc.

[553] De la confusión de las dos expresiones _poco se me alcanza_ + _poco entiendo_, resultó la frase extraña, de Cervantes, _poco se me entiende_.

[554] La construcción: _manando en oro_, es resultado de la confusión de las dos frases _manando oro_ y _nadando en oro_, sin que tenga nada que ver con la construcción intransitiva del latín: «culter manans _sanguine_». El _Guzmán de Alfarache_, por ejemplo, dice: «todos manábamos oro.»

[555] _Potencia propincua_, ‘posibilidad próxima, a pique, muy cerca’.

[556] _El punto fijo_ o _de longitud_ es el medio de determinar exactamente la longitud en alta mar. Como resolver el problema de la longitud en las cartas de marear era tan interesante para las grandes navegaciones de los españoles y portugueses, el gobierno de Felipe III ofreció varios premios a los que hicieran este hallazgo; siendo muchos los que gastaban su vida en tal estudio, que entonces parecía quimérico e imposible, dado el atraso de las ciencias y que aun para Newton fué irresoluble.

[557] ‘Cuando menos lo pienso’. El _Diccionario de Autoridades_ dice: «_Cuando menos se cata_ o _cuando no se cata_, frases para explicar una cosa impensada, que sucede cuando menos se espera o piensa.»

[558] _Carnero_ es la sepultura común destinada en los cementerios a los cadáveres que no tienen enterramiento propio. Díjose de _carne_, como _osero_ o _huesera_ de hueso, sitio destinado en los cementerios a amontonar los huesos. Covarrubias añade: «y los papeles que no son de provecho, y por ser antiguos no se queman, poniéndolos en alguna parte retirada, dicen _echarlos en el carnero_; a imitación del de los muertos.» Esta frase no está en el Diccionario Académico.

[559] _Reduzga_ por _reduzca_, es forma extraña de conjugar los incoativos que se conserva hoy en _yazgo_ al lado de _yazco_. Nació por analogía con verbos tales como _valgo_, _tengo_, etc.

[560] La población de la Península a principios del siglo XVII, antes de la expulsión de los moriscos, se calcula en nueve millones y pico. (DON JOSÉ GARCÍA BARZANALLANA, _La población de España_, pág. 19.)

[561] _Al menorete_ equivale a ‘por lo bajo, por lo poco’.

[562] Hoy se escribe _aechar_, limpiar en el harnero las semillas, quitándoles el polvo, paja y piedras.

[563] El demostrativo _tal_ tiene aquí valor del indefinido _alguno_. Nótese la elipsis siguiente _que (el ayunar) le fuese conveniente_.

[564] _Riyo_, _riyes_ llevaba una _y_ eufónica para evitar el hiato: _río_, _ríes_.

DON FRANCISCO DE MONCADA

(1586-1635)

La _Expedición de los Catalanes y Aragoneses contra Turcos y Griegos_ fué escrita en 1620, pero no se publicó sino en 1623.

Aunque floreció este autor ya en el siglo XVII, no hallamos en él rastros del gusto literario de su época; pertenece por su estilo al siglo XVI, pues se inspira visiblemente en la guerra de Granada de Mendoza.

Es, como él, sentencioso y conciso, pero no extrema tanto la brevedad en el decir, ni su estilo es afectadamente cortado; nótese la amplitud extraordinaria de la frase en todo el Prólogo. El lenguaje de Moncada tiene aspecto muy semejante al moderno, gracias a la trabazón más perfecta de las cláusulas, hija de las condiciones naturales del autor más que de estudio y esmero, ya que el trabajo de corrección y lima se descubre poco en esta obra, según se echa de ver en descuidos tales como el señalado en la página 272, nota 566.

No obstante se descubre en el tono general cierta ligera afectación, por ejemplo, en lo muy a menudo que relega el verbo al fin de la frase.

EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES CONTRA TURCOS Y GRIEGOS

PRÓLOGO

Mi intento es escribir la memorable expedición y jornada que los catalanes y aragoneses hicieron a las provincias de levante, cuando su fortuna y valor andaban compitiendo en el aumento de su poder y estimación: llamados por Andrónico Paleólogo, emperador de griegos, en socorro y defensa de su imperio y casa: favorecidos y estimados en tanto que las armas de los turcos le tuvieron casi oprimido, y temió su perdición y ruina; pero, después que por el esfuerzo de los nuestros quedó libre dellas, maltratados y perseguidos con gran crueldad y fiereza bárbara, de que nació la obligación natural de mirar por su defensa y conservación, y la causa de volver sus fuerzas invencibles contra los mismos griegos y su príncipe Andrónico; las cuales fueron tan formidables, que causaron temor y asombro a los mayores príncipes de Asia y Europa, perdición y total ruina a muchas naciones y provincias, y admiración a todo el mundo. Obra será esta, aunque pequeña por el descuido de los antiguos, largos en hazañas, cortos en escribirlas[565], llena de varios y extraños casos, de guerras continuas en regiones remotas y apartadas, con varios pueblos y gentes belicosas, de sangrientas batallas y victorias no esperadas, de peligrosas conquistas acabadas con dichoso fin por tan pocos y divididos catalanes y aragoneses, que al principio fueron burla de aquellas naciones, y después instrumento de los grandes castigos que Dios hizo en ellas. Vencidos los turcos en el primer aumento de su grandeza otomana, desposeídos de grandes y ricas provincias de la Asia menor, y a viva fuerza y rigor de nuestras espadas encerrados en lo más áspero y desierto de los montes de Armenia; después, vueltas las armas contra los griegos, en cuyo favor pasaron, por librarse de una afrentosa muerte, y vengar agravios que no se pudieran disimular sin gran mengua de su estimación y afrenta de su nombre, ganados por fuerza muchos pueblos y ciudades, desbaratados y rotos poderosos ejércitos, vencidos y muertos en campo reyes y príncipes, grandes provincias destruídas y desiertas, muertos, cautivos o desterrados sus moradores (venganzas merecidas más que lícitas), Tracia, Macedonia, Tesalia y Beocia penetradas y pisadas, a pesar de todos los príncipes y fuerzas del oriente, y últimamente, muerto a sus manos el duque de Atenas con toda la nobleza de sus vasallos y de los socorros de franceses y griegos, ocupado su estado, y en él fundado un nuevo señorío.

En todos estos sucesos no faltaron traiciones, crueldades, robos, violencias y sediciones; pestilencia común, no sólo de un ejército colectivo y débil por el corto poder de la suprema cabeza, pero de grandes y poderosas monarquías. Si como vencieron los catalanes a sus enemigos, vencieran su ambición y codicia, no excediendo los límites de lo justo, y se conservaran unidos, dilataran sus armas hasta los últimos fines del oriente, y viera Palestina y Jerusalén segunda vez las banderas cruzadas. Porque su valor y disciplina militar, su constancia en las adversidades, sufrimiento en los trabajos, seguridad en los peligros, presteza en las ejecuciones, y otras virtudes militares, las tuvieron en sumo grado[566], en tanto que la ira no las pervirtió; pero el mismo poder que Dios les entregó para castigar y oprimir tantas naciones, quiso que fuese el instrumento de su propio castigo. Con la soberbia de los buenos sucesos, desvanecidos con su prosperidad, llegaron a dividirse en la competencia del gobierno; divididos[567], a matarse; con que se encendió una guerra civil tan terrible y cruel, que causó sin comparación mayores daños y muertes que las que tuvieron con los extraños.

Descripción de los Almugávares y de su modo de pelear

La antigüedad, madre del olvido, por quien han perecido claros hechos y memorias ilustres, entre otras que nos dejó confusas, ha sido el origen[568] de los almugávares; pero según lo que yo he podido averiguar, fué de aquellas naciones bárbaras que destruyeron el imperio y nombre de los romanos en España, y fundaron el suyo, que largo tiempo conservaron con esplendor y gloria de grande majestad, hasta que los sarracenos en menos de dos años le oprimieron, y forzaron a las reliquias deste universal incendio que[569] entre lo más áspero de los montes buscasen su defensa, donde las fieras muertas por su mano les dieron comida y vestido.

Pero luego su antiguo valor y esfuerzo, que el regalo y delicias tenían sepultado, con el trabajo y fatiga se restauró[570], y les hizo dejar las selvas y bosques, y convertir sus armas contra moros[571], ocupadas antes en dar muerte a fieras. Con la larga costumbre de ir divagando, nunca edificaron casas ni fundaron posesiones; en la campaña y en las fronteras de enemigos tenían su habitación y el sustento de sus personas y familias: despojos de sarracenos, en cuyo daño perpetuamente sacrificaban las vidas, sin otra arte ni oficio más que servir pagados en la guerra, y cuando faltaban las que sus reyes hacían, con cabezas y caudillos particulares, corrían las fronteras; de donde vinieron a llamar los antiguos el ir a las correrías, _ir en almugavería_.

Llevaban consigo hijos y mujeres, testigos de su gloria o afrenta; y como los alemanes en todos tiempos lo han usado, el vestido de pieles de fieras, abarcas y antiparas de lo mismo. Las armas: una red de hierro en la cabeza a modo de casco, una espada y un chuzo algo menor de lo que se usa hoy en las compañías de arcabuceros. Pero la mayor parte llevaban tres o cuatro dardos arrojadizos; era tanta la presteza y violencia con que los despedían de sus manos, que atravesaban hombres y caballos armados; cosa al parecer dudosa, si Desclot y Muntaner[572] no lo refirieran, autores graves de nuestras historias, adonde largamente se trata de sus hechos, que pueden igualar con los muy celebrados de romanos y griegos.

Carlos, Rey de Nápoles, puestos ante su presencia algunos prisioneros almugávares, admirado de la vileza del traje y de las armas, al parecer inútiles, contra los cuerpos de hombres y caballos armados, dijo con algún desprecio que si eran aquellos los soldados con que el rey de Aragón pensaba hacer la guerra. Replicóle uno dellos, libre siempre el ánimo para la defensa de su reputación: «Señor, si tan viles te parecemos y estimas en tan poco nuestro poder, escoge un caballero de los más señalados de tu ejército, con las armas ofensivas y defensivas que quisiere; que yo te ofrezco con sola mi espada y dardo de pelear en campo con él.» Carlos, con deseo de castigar la insolencia del almugávar, aplazó el desafío y quiso asistir y ver la batalla. Salió un francés con su caballo armado de todas piezas, lanza, espada y maza para combatir, y el almugávar con sola su espada y dardo. Apenas entraron en la estacada, cuando le mató el caballo, y queriendo hacer lo mismo de su dueño, la voz del Rey le detuvo, y le dió por vencedor y por libre. Otro almugávar en esta misma guerra, a la lengua del agua[573], acometido de veinte hombres de armas, mató cinco antes de perder la vida. Otros muchos hechos se pudieran referir, si no fuera ajeno de nuestra historia el tratar de otra largamente.

La duda que se ofrece sólo es del hombre, si fué de nación o de milicia en sus principios. Tengo por cosa cierta que fué de nación, y para asegurarme más en esta opinión, tengo a George Pachimerio[574], autor griego, cuyos fragmentos dan mucha luz a toda esta historia, que llama a los almugávares descendientes de los avares, compañeros de los hunos y godos; y aunque no se hallará autor que opuestamente lo contradiga, por muchas leyes de las _Partidas_ se colige claramente que el nombre de almugávar era nombre de milicia, y el ser esto verdad no contradice lo primero, porque entrambas cosas pueden haber sido; en su principio, como Pachimerio dice, fué de nación; pero después, como no ejercitaran los almugávares otra arte ni oficio, vinieron ellos a dar nombre a todos los que servían en aquel modo de milicia, así como muchas artes y ciencias tomaron el nombre de sus inventores. Pero dudo mucho que hubiese quien se agregase a los almugávares, milicia de tanta fatiga y peligro, sin ser de su nación[575], porque la inclinación natural les hacía seguir la profesión de los padres; ni hay hombre que, pudiendo escoger, siguiese milicia que desde la primera edad se ocupase con tanto riesgo de la vida, descomodidad y continuo trabajo. Nicéforo Gregoras[576] dice que almugávar es nombre que dan a toda su infantería los latinos (así llaman los griegos a todas las naciones que tienen a su poniente); pero no hay para qué contradecir con razones falsedad tan manifiesta, y más contra un autor tan poco advertido en nuestras cosas como Nicéforo.

NOTAS

[565] Imitación de Mariana, quien en el Prólogo de su historia dice: «España, más abundante en hazañas que en escritores...» En las enumeraciones que siguen, recuerda este prólogo de Moncada al de Hurtado de Mendoza, a quien especialmente imita.

[566] Esta frase está construída con gran descuido e inconsecuencia. Deben borrarse los dos primeros _su_, escritos por Moncada, pensando dar otra conclusión a la frase, que luego olvidó. Tal como la termina hay que leer: «porque valor y disciplina militar, constancia, etc...»

[567] Participio absoluto y elipsis del verbo; la frase completa sería: «una vez divididos _llegaron_ a matarse».

[568] _Origen_ es el predicado de _ha sido_, en lugar de _memoria_, que va anticipado. La frase completa sería: _ha sido la del origen_.

[569] Hoy se diría: «forzaron _a_ que buscasen»; Moncada suprimió quizá la preposición, porque la precedía otra con el acusativo «_a_ las reliquias.»

[570] Aunque Moncada suele poner el verbo en plural cuando tiene varios sujetos, aquí usa el singular, porque _valor y esfuerzo_ son una mera redundancia, y como el adjetivo _antiguo_ les precede, y, por lo tanto, ha de ir en singular, contribuye más a presentarlo a la imaginación como sujeto único y no doble.

[571] El castellano antiguo no usaba artículo con los nombres de naciones: «desamparó a castellanos»; «mucho plogo a castellanos.»

[572] Bernardo Desclot y Ramón Muntaner, cronistas catalanes de la Edad Media. La historia del primero llega hasta la muerte de Pedro III el Grande, 1285, y la de Muntaner hasta Jaime II.

[573] «Lengua del agua», orilla, tierra que el agua lame con sus ondas.

[574] Autor de la historia de Andrónico Paleólogo.

[575] Este razonamiento contradícelo Desclot, cap. 79, quien afirma que los almugávares eran de varias naciones, a pesar de que en su tiempo vivían únicamente de entradas y robos en tierra de sarracenos: «e son Catalans e Aragonesos e Serrayns».

[576] Autor de una Historia Bizantina.

DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS

(1580-1645)

Su _Política de Dios_ fué publicada en 1626; en igual año, la _Vida del Buscón_; los dos _Sueños_ titulados: las _Zahurdas de Plutón_ y la _Visita de los Chistes_ en 1627, y el _Marco Bruto_ en 1644.

El siglo XVI había adornado el lenguaje con el período amplio y la frase fluida y encadenada. Fray Luis de Granada y Fray Luis de León, habían adiestrado en su uso la prosa doctrinal; Cervantes, la prosa narrativa. Sólo en los historiadores (sobre todo en Mendoza, bastante menos en Mariana) se advertía la opuesta tendencia, a la frase cortada y breve. Esta manera especial de los historiadores obedecía, según se ha dicho, a la imitación de Salustio y Tácito, y como en el siglo XVII abundan, al par de los historiadores, los escritores moralistas, que se inspiraban habitualmente en las obras de Séneca el filósofo, cuajadas de sentencias, antítesis y simetrías, de ahí que, contrastando con el lenguaje del siglo XVI, predomine en el del XVII la frase elíptica. Era ésta la forma apropiada para el estilo _conceptuoso_ que entonces predominó entre los prosistas (contrario al que dominó en los poetas, el _culterano_); la cláusula corta se prestaba muy especialmente para exponer los _conceptos_, que así llamaban a la comparación primorosa de dos ideas que mutuamente se esclarecen, y en general todo pensamiento agudo enunciado de una manera rápida y picante. Lo que principalmente buscaba el conceptista al escribir, era hacer gala de agudeza e ingenio, por eso muestra gusto especial por las metáforas forzadas, asociaciones anormales de ideas, transiciones bruscas, y gusto por los contrastes violentos en que se funda todo humorismo, que humoristas son los grandes escritores de este siglo, Quevedo y Gracián. En estos autores geniales, el conceptismo aparece lleno de profundidad, la frase encierra más ideas que palabras (al revés del culteranismo, que prodiga más las palabras que las ideas); pero en los autores de orden inferior de este siglo la agudeza suele estribar únicamente en lo rebuscado del pensamiento, en equívocos triviales y en estrambóticas comparaciones. El siglo XVI fué el de esplendor de la prosa castellana, el XVII es ya de decadencia; y uno de los síntomas de ésta es precisamente el buscar como principal sazón de la obra literaria el artificio y la agudeza.

Quevedo es el representante más notable del estilo propio de los autores del siglo XVII y el maestro de casi todos ellos. Es un genio, aunque un genio de la decadencia; modelo en la expresión siempre penetrante y enérgica, en el lenguaje satírico lleno de ironía y escarnio, en el chiste pronto y centelleante, en los abultados rasgos con que esboza los tipos caricaturescos de sus obras festivas y las tétricas fantasías burlescas de sus _Sueños_. El defecto que a veces echa a perder el estilo de Quevedo es la exageración del ingenio, la originalidad extravagante, la oscuridad del concepto; como dice Fernández Guerra: «hacen sudar sus genialidades y agudezas, y sobre todo su lenguaje es tan idiótico y exquisito, que pone a prueba, para sólo entenderlo a veces, a los talentos más ejercitados en el estudio de nuestro riquísimo idioma».

En su lenguaje se mezclan el artificio literario con la castiza llaneza popular; su vocabulario, al par que abunda en términos técnicos y pedantescos, es de los más ricos en toda clase de términos vulgares, sin que retroceda ante lo más grosero y soez, ofreciéndonos así mezcladas las reminiscencias de la poderosa cultura del autor con la vena genial de su inspiración picaresca.

En el manejo de los caudales de la lengua, muestra Quevedo soltura y desenfado tan magistral, que halla siempre en ella instrumento dócil a sus más sutiles y extrañas ocurrencias; se doblegan a los caprichos de su imaginación lo mismo la sintaxis que la significación de las voces, a las que frecuentemente da un valor convencional y de ocasión, o las leyes de composición de las palabras, pues las forja nuevas siempre que las echa de menos para lograr un efecto cómico, creando así un diccionario burlesco suyo propio, lleno de voces tales como _titulecer_, remedo de amanecer; _disparatario_, por vocabulario de disparates; _pretenmuela_, cuando no le parece propio usar «pretendiente», y otros innumerables, algunos de los cuales forman parte de nuestro lenguaje ordinario. La invención de Quevedo en el vocabulario de burlas la continúan otros autores de este siglo, Gracián por ejemplo, en el vocabulario de las ideas abstractas; y de esta labor de enriquecimiento y neologismo proviene la mayor parte del caudal de la lengua moderna que hoy hablamos. La riqueza heredada, que el lenguaje del siglo XVI ostentaba como único tesoro, parecía ya escasa.

POLÍTICA DE DIOS Y GOBIERNO DE CRISTO

En esta obra dirige Quevedo a Felipe IV reglas de buen gobierno fundadas en los textos de la Biblia. Aquí, comentando a San Lucas, VII, y San Mateo, XI, da las señas ciertas del verdadero rey.

Envió San Juan sus mensajeros a Cristo, que le preguntaron si era el que había de venir, el que esperaban, el Mesías prometido, el rey Dios y hombre. Bien sabía San Juan que era Jesús el prometido, y que no había que esperar a otro: no aguardó a nacer para declararlo[577]. ¿Por qué, pues, manda a sus discípulos el Precursor santísimo que de su parte le pregunten a Cristo lo que él sabía? La materia fué la más grave que dispuso el Padre Eterno, y que obró el Espíritu Santo, y que ejecutó el amor del Hijo: tratábase de dar a entender al mundo con demostración que Jesús era hombre y Dios, el rey ungido que prometieron los Profetas; quiso[578] que su pregunta enseñase con la respuesta de Cristo lo que no podía tener igual autoridad en sus palabras. Literalmente lo probaré con el texto sagrado.

Preguntaron a Jesús si era el prometido, el que había de venir; y Cristo respondió con obras sin palabras; pues luego resucitó muertos, dió vista a ciegos, pies a tullidos, habla a los mudos, salud a los enfermos, libertad a los poseídos del demonio; y después dijo: «Id y diréis a Juan que los muertos resucitan, los ciegos ven, los mudos hablan, los tullidos andan, los enfermos guarecen.» Quien a todos da y a nadie quita; quien a todos da lo que les falta; quien a todos da lo que han menester y desean, ese Rey es, ese es el Prometido, es el que se espera, y con él no hay más que esperar. Pobladas están de coronas y cetros estas acciones. No dijo: «Yo soy rey»; sino mostróse rey. No dijo: «Yo soy el Prometido»; sino cumplió lo prometido. No dijo: «No hay que esperar a otro»; sino obró de suerte, que no dejó que esperar de otro.

Sacra, Católica, Real Majestad[579], bien puede alguno mostrar encendido su cabello en corona ardiente en diamantes, y mostrar inflamada su persona con vestidura, no sólo teñida, sino embriagada con repetidos hervores de la púrpura; y ostentar soberbio el cetro con el peso del oro, y dificultarse a la vista remontado en trono desvanecido[580], y atemorizar su habitación con las amenazas bien armadas de su guarda[581]; llamarse rey, y firmarse rey; mas serlo y merecer serlo, si no imita a Cristo en dar a todos lo que les falta, no es posible, Señor. Lo contrario, más es ofender que reinar.