Antología de prosistas castellanos

Part 14

Chapter 143,274 wordsPublic domain

Luego que el negocio de la sucesión estuvo bien sazonado, y oídas las partes y sus alegaciones, se concluyó y cerró el proceso[424]; los jueces confirieron entre sí lo que debían sentenciar. Tuvieron los votos secretos y la gente toda suspensa con el deseo que tenían de saber en qué pararía aquel debate. Para los autos necesarios, delante la iglesia de aquel pueblo hicieron levantar un cadahalso muy ancho para que cupiesen todos, y tan alto que de todas partes se podía ver lo que hacían; celebró la misa el Obispo de Huesca, como se acostumbra en actos semejantes. Hecho esto, salieron los jueces de la iglesia, que se asentaron en lo más alto del tablado, y en otra parte los embajadores de los príncipes y los procuradores de los que pretendían. Hallóse presente el Pontífice Benedicto[425], que tuvo en todo gran parte. A Fray Vicente Ferrer, por su santidad y grande ejercicio que tenía en predicar, encargaron el cuidado de razonar al pueblo y publicar la sentencia. Tomó por tema de su razonamiento aquellas palabras de la escritura: «_Gocémonos y regocijémonos y démosle gloria porque vinieron las bodas del cordero_[426]. Después de la tempestad y de los torbellinos pasados abonanza el tiempo y se sosiegan las olas bravas del mar, con que nuestra nave, bien que desamparada de piloto, finalmente, caladas las velas, llega al puerto deseado. Del templo, no de otra manera que de la presencia del gran Dios, ni con menor devoción que poco antes delante los altares se han hecho plegarias por la salud común, venimos a hacer este razonamiento. Confiamos que con la misma piedad y devoción vos también oiréis nuestras palabras. Pues se trata de la elección del Rey; ¿de qué cosa se pudiera más a propósito hablar que de su dignidad y de su majestad, si el tiempo diera lugar a materia tan larga y que tiene tantos cabos? Los reyes sin duda están puestos en la tierra por Dios para que tengan sus veces, y como vicarios suyos le semejen en todo. Debe, pues, el Rey en todo género de virtud allegarse lo más cerca que pudiere y imitar la bondad divinal. Todo lo que en los demás se halla de hermoso y honesto es razón que él sólo en sí lo guarde y lo cumpla. Que de tal suerte se aventaje a sus vasallos, que no le miren como hombre mortal, sino como a venido del cielo para bien de todo su reino. No ponga los ojos en sus gustos ni en su bien particular, sino días y noches se ocupe en mirar por la salud de la república y cuidar del procomún. Muy ancho campo se nos abría para alargarnos en este razonamiento; pero, pues el Rey está ausente, no será necesario particularizar esto más. Sólo servirá para que los que estáis presentes tengáis por cierto que en la resolución que se ha tomado se tuvo muy particular cuenta con esto: que en el nuevo Rey concurran las partes de virtud, prudencia, valor y piedad que se podían desear. Lo que viene más a propósito es exhortaros a la obediencia que le debéis prestar y a conformaros con la voluntad de los jueces, que os puedo asegurar es la de Dios, sin la cual todo el trabajo que se ha tomado sería en vano, y de poco momento la autoridad del que rige y manda, si los vasallos no se le humillasen. Pospuestas, pues, las aficiones particulares, poned las mientes en Dios y en el bien común; persuadíos que aquel será mejor príncipe que con tanta conformidad de pareceres y votos, cierta señal de la voluntad divina, os fuere dado. Regocijáos y alegráos; festejad este día con toda muestra de contento. Entended que debéis al santísimo Pontífice, que presente está para honrar y autorizar este auto, y a los jueces muy prudentes, por cuya diligencia y buena maña se ha llevado al cabo sin tropiezo un negocio, el más grave que se puede pensar, cuanto cada cual de vos a sus mismos padres que os dieron el ser y os engendraron.»

Concluídas estas razones y otras en esta sustancia, todos estaban alerta esperando con gran suspensión y atención el remate deste auto y el nombramiento del Rey. Él mismo en alta voz pronunció la sentencia dada por los jueces, que llevaba por escrito. Cuando llegó al nombre de Don Fernando, así él mismo, como todos los demás que presentes se hallaron, apenas por la alegría se podían reprimir, ni por el ruido oir unos a otros. El aplauso y vocería fué cual se puede pensar. Aclamaban para el nuevo Rey, vida, victoria y toda buenandanza. Mirábanse unos a otros, maravillados como si fuera una representación de sueño. Los más no acababan de dar crédito a sus orejas; preguntaban a los que cerca les caían quién fuese el nombrado. Apenas se entendían unos a otros; que el gozo cuando es grande impide los sentidos que no puedan atender ni hacer sus oficios. Los músicos, que prestos estaban, a la hora cantaron con toda solemnidad, como se acostumbra, en acción de gracias, el himno _Te Deum laudamus_.

Hízose este acto tan señalado prostero del mes de junio, el cual concluído, despacharon embajadores para avisar al Infante Don Fernando y acucialle[427] la venida. Hallábase él, a la sazón, en Cuenca, cuidadoso del remate en que pararían estos negocios.

NOTAS

[374] Véase G. CIROT, _Mariana historien_, 1915, p. 366.

[375] _Dalle_ por _dar-le_. En los siglos XVI y XVII la _r_ final del infinitivo se solía convertir en _l_ ante la _l_ inicial del pronombre enclítico, y así se decía _decillo_, _servilla_, _escribilles_, _mostrallas_, etc.

[376] _Tener voz de uno_ equivalía a ‘seguir su causa’, ‘mantener su derecho’, pues _voz_ significó el derecho o el título que alguno tiene sobre alguna cosa.

[377] Este rey era Carlos II.

[378] Hijo menor de Don Alfonso XI y Doña Leonor de Guzmán. Casó en 1353 con Doña Juana de Lara, asesinada por orden de Don Pedro. Luego, Don Enrique le instituyó heredero del condado de Vizcaya y del señorío de Lara, como viudo de Doña Juana.

[379] En vez de _se estaba a la mira_, ponen algunas ediciones modernas _se entretenía_, y diez veces más eliminan el verbo _estar_ en los fragmentos de Mariana que aquí se publican. La repetición de vocablos no era entonces defecto tan molesto como hoy lo es; en el párrafo siguiente nótese la repetición del verbo _suceder_ con dos acepciones diferentes.

[380] Hoy úsase como activo _apoderar_ sólo en el sentido de «dar poder a una persona para que represente en juicio a otra»; antiguamente significaba «poner en posesión de algo, hacer dueño» y Mariana lo emplea mucho, por más que en su tiempo ya era poco frecuente. El real o campo de Don Enrique estaba en la Vega; la _Torre de los Abades_ (en el Paseo de la Vega Alta, cerca de la Puerta del Cambrón) fué efectivamente ocupada por soldados de Don Enrique, pero los partidarios de Don Pedro le pegaron fuego para rescatarla. El relato circunstanciado de estos hechos se halla en la Crónica del Canciller Don Pero López de Ayala, contemporáneo de Don Pedro; Mariana le sigue paso a paso, abreviándole.

[381] Nótese el significado (no registrado en el Diccionario de la Academia) del verbo _suceder_, ‘tener feliz éxito’; respondiendo al significado de _suceso_ ‘éxito’. Este significado tiene en latín _succedere_ y _successus_ (res succedit, successus rerum). En otras ediciones se pone _les sucediese_, que parece mejor lección.

[382] Los de Don Pedro quitaron las llaves del arco del puente y éste duró caído hasta que lo reedificó el Arzobispo Don Pedro Tenorio en tiempo de Felipe II. El _Puente de San Martín_ al Oeste y el de _Alcántara_ al Este, son las dos entradas que Toledo tiene por la parte del río.

[383] _¡Mal pecado!_ es una exclamación anticuada de indignación o enojo. Los moros, que seguían a Don Pedro, eran de Granada, cuyo Rey Mohamad fué aliado de Don Pedro.

[384] Sobre las profecías de Merlín, v. adelante la nota al _Quijote_ p. II, cap. 23. Claro es que ésta es una de tantas profecías forjadas en tono solemne después que han sucedido los sucesos que vaticinan; Ayala ya la pone en su Crónica, y parece que no la inventó tampoco él, pues otras Crónicas contienen otra profecía análoga.

[385] _Gormar_ es anticuado (Mariana lo copia de Ayala) por ‘vomitar’, o figurado ‘volver uno por fuerza lo que retenía sin justo título’. _Gormarlo ha_ está por _gormarálo_ (v. atrás pág. 93, nota 192); adelante se halla _caérsele han_ = _caeránsele_; estas formas, corrientes en tiempo de Ayala, eran ya desusadas en el de Mariana. _Péñolas_ por _plumas_ es otro arcaísmo.

[386] Es el famoso caballero francés Beltrán Du Guesclin.

[387] _Al tanto_ parece equivaler a ‘otrosí’, ‘también’.

[388] Era el maestre a nombre de Don Enrique. Había otro a nombre de Don Pedro, llamado Don Martín López de Córdova, ejecutado al ser tomada Carmona, en 1371, por las tropas de Don Enrique.

[389] La preposición _a_ denota muchas veces la causa u ocasión: «a las voces de Constanza salió a los corredores la Argüello». (Cervantes); hoy decimos _a causa de esto_ en vez de _a esta causa_.

[390] Este discurso falta en Ayala y es de la propia invención de Mariana. Tales arengas eran adorno indispensable de la historia al estilo clásico.

[391] La preposición _de_ indicando el medio (morir de muerte violenta, herir de una cuchillada, etc.)

[392] _Tener_ como _venir_, _poner_ y otros verbos análogos, hacían su futuro _terné_, _verné_, _porné_.

[393] Este orden de los dos adjetivos, uno antepuesto y otro pospuesto (supone la elipsis _mejor fiesta ni más alegre fiesta_) era antes corriente, en vez del giro que hoy se usa en la lengua escrita: _mejor ni más alegre fiesta_.

[394] En _habémoslo_, el pronombre _lo_ nos ofrece el uso natural del neutro, pues hace el oficio de representar una proposición entera, ya que equivale a «habemos lo que litigamos», «esto que defendemos», «este negocio o causa que sostenemos». Pero el femenino _la_ se generalizó mucho en lugar del neutro, por sobreentenderse _cosa_ y en vez de _el más diestro lo yerra_, se dijo _la yerra_, _¡la hicimos buena!_, _hacérsela_, _pegársela a uno_ (v. DIEZ, _Gram._ III, 47); aun el plural femenino es muy usado: _pagárselas a uno_; y en el ejemplo de Mariana diríamos hoy: «nos las habemos con una bestia feroz».

[395] El pronombre _nos_ en tiempo de Mariana ya no se usaba ordinariamente sino por _yo_ en documentos redactados por personas de alta dignidad; pero tal como aquí Mariana lo usa, es decir, como plural efectivo en vez del moderno _nosotros_, era un arcaísmo casi sólo conservado en poesía.

[396] Esta calificación que Enrique da a su hermano, según Mariana, es histórica. En los diplomas de la cancillería enriqueña nunca se nombra a Don Pedro con más suaves epítetos: «el traidor tirano que se llamaba Rey», o «aquel mal tirano», o «el traidor hereje tirano».

[397] Hoy decimos: «los moros huyeron los primeros». En ambos casos _primero_ tiene funciones de adjetivo, pero significado de adverbio («los moros huyeron primeramente»), cosa que sucede muy a menudo, lo mismo que en latín, con _solus_, _primus_, _ultimus_ (DIEZ, _Gram._ III, 7), v. gr. «solos Don Antonio y Don Juan no quisieron»; aquí y en el ejemplo de Mariana es evidente la función adjetiva de _solos_, _primeros_, por estar en plural; en el otro ejemplo que ofrece Mariana unas líneas más abajo: «murió sólo un caballero» se puede dudar si _solo_ es adjetivo de caballero, o un adjetivo adverbializado que no hace funciones de adjetivo, sino de adverbio, por lo cual no dejaría de ser masculino aunque se mudara el género del substantivo: «murió sólo una mujer».

[398] El _alcance_ es la persecución del enemigo que huye.

[399] Véase la nota 397, pág. 189. Mariana dió aquí una interpretación exagerada al texto de la Crónica de Ayala, para hacer más prodigiosa la narración. Ayala no dice que muriera sólo un cristiano, sino sólo uno de los principales: «en esta batalla non morieron de los del Rey Don Pedro omes de cuenta, salvo un caballero de Córdoba que decían Juan Ximénez; e la razón porque pocos morieron fué porque los unos posaban en las aldeas, e non eran llegados a la batalla, e los otros que y eran recogiéronse con el Rey al castillo de Montiel.»

[400] «Hacer una cosa _de industria_, hacerla a sabiendas y adrede, para que de allí suceda cosa que para otro sea acaso y para él de propósito.» (Covarrubias.)

[401] _A su salvo_ equivale a _en salvo_, _a mansalva_, sin peligro.

[402] Sobre este _Men Rodríguez_, fantaseó una novela famosa Don Manuel Fernández y González.

[403] La ayuda prestada por Du Guesclin al fratricida fué, en efecto, liberalmente pagada por una de esas famosas _mercedes enriqueñas_, por la que el Caballero francés recibió las villas de Soria, Almazán, Atienza y otras, las mismas que Don Pedro le había ofrecido por mediación de Men Rodríguez.

[404] Aun en tiempo de Mariana existía, si bien muy mitigada, la antigua superstición de que los astros influían en los hechos de los hombres; hacíase por los doctos la salvedad de que su influencia no llegaba a anular el libre albedrío.

[405] El antecedente de _cuya_ está callado, como en la frase de Coloma; «temiendo que entregaría la ciudad a cuya era» (V. BELLO, _Gram._, § 1053); pero lo más singular de la construcción de Mariana es, que ese mismo antecedente tácito es el poseedor a que se refiere el posesivo _su_; es decir, que el antecedente de _cuyo_ va envuelto en el posesivo de la proposición principal (v. CUERVO, _Dicc._ II. 713 _b_) y hay que construir: «fué saludable su muerte de aquel cuya vida fué tan dañosa (aquel cuya vida fué dañosa, su muerte fué saludable)». En el texto latino escribió Mariana: «sed cuius funesta Hispaniæ vita fuerat, mors extitit salutaris».

[406] La reina viuda de Enrique III era Doña Catalina de Lancáster. El infante Don Fernando es el llamado «de Antequera», hijo de Juan I y de su primera mujer Doña Leonor, hija de Pedro IV de Aragón. El Obispo de Cartagena es el judío converso Don Pablo de Santa María, autor de sabias obras de controversia.

[407] _Poner mala voz_, poner tacha, hablar mal, desacreditar.

[408] Acerca del orden de estos dos complementos _de la congoja y de la cuita_, compárese lo dicho en la nota 393 de la pág. 188.

[409] «Virtudes =que= cada cual =les= daba el nombre» está por: «virtudes =a que= cada cual daba el nombre»: en lugar del relativo con preposición _a que_ se puso simplemente la conjunción _que_ y luego se indicó la relación de caso, que la conjunción no podía expresar, por medio del pronombre _les_. Analícese este otro ejemplo de la Diana de Montemayor: «un valle =que= toda cosa =en él= me daba gloria». (V. DIEZ, _Gram._ III. 350).

[410] La frase «tenía recelo en qué pararían aquellas cosas» está por: «tenía recelo de (aquello) en que pararían»; la agrupación desagradable de preposiciones _de en que_ hizo que se suprimiera _de_.

[411] _Cumplidero_ ‘que cumple o conviene’, ‘conveniente.’

[412] «Al que entendían los podría amparar»; a pesar de omitirse la conjunción _que_, las dos proposiciones resultan gramaticalmente unidas por el hecho de estar en subjuntivo el verbo de la subordinada. Es giro bastante común (creo no venga, ordenóle le entretuviese) y que se usa en latín (concedo sit dives, oro dicas). (Véase DIEZ, _Gram._ III, 313). Mariana usa de él a menudo; más abajo dice «para suplicalle aceptase.»

[413] Mariana aprovecha a menudo estos discursos de su propia invención para deslizar en boca de otros sus propias ideas políticas, y aquí sienta el pacto social como origen del poder real, en contra de la opinión del derecho divino de los reyes.

[414] Covarrubias, contemporáneo de Mariana, da como anticuada _alcuña_; «vale linage, casta, descendencia; latine, genus, stemma. Es muy usado término en la lengua castellana antigua, así en las crónicas como en las leyes y contratos».

[415] Era anticuado ya en tiempo de Mariana; el mismo Covarrubias dice: «_ledo_, vocablo castellano antiguo; vale alegre, contento; de la palabra latina _lætus_.»

[416] «Despojaba un niño» y «menospreciaba la reina» son casos raros de acusativo sin preposición, tratándose de nombres de persona cierta y determinada. (Véase CUERVO, _Dicc._ I, 12 _b_). Lope dijo: «no disgustemos mi abuelo», y Fray Luis de León:

Yo con alegre canto mi Dios celebraré y su nombre santo.

Adelante se verá cuánto usaba Quevedo este acusativo sin preposición.

[417] Ediciones modernas corrigen: «camino por donde se enderezó»; y en la pág. 205, línea 8, «sus edictos por los cuales citaron», se corrige en «sus edictos con que citaron». Véase arriba p. 89, n. 172.

[418] _Echar cargo_, compárese _ser uno en cargo_ que vale ‘ser deudor’, frase no apuntada en los Diccionarios.--Tampoco figura en ellos _obligarse_ con el sentido de ‘ganarse el agradecimiento de alguno’; el texto latino de Mariana dice: «novumque Regem officio obstrictum habere.»--En fin, tampoco está en los Diccionarios el adjetivo substantivado _particulares_ con el sentido que usa Mariana de ‘negocios privados o personales’.

[419] Aquí _en que_, y más abajo, equivale a ‘en lo que’, representándose con el neutro _(lo) que_ toda la oración que antecede. La supresión del artículo neutro _lo_ parece más común si le precede preposición _en_: «llamáronla Isla de San Juan, por haber llegado a ella el día del Bautista y por tener su nombre el general; en que andaría la devoción mezclada con la lisonja.» (Solis). Con otras preposiciones disuena: «me preguntó si iba; a (lo) que no respondí», y es imposible sin preposición: «me mandó ir; lo que hice de buen grado».

[420] _Parar_ equivale a _preparar_.

[421] _Declarar_ en el sentido de ‘decidir públicamente sobre la categoría o condición de algo’ se construye hoy, ordinariamente, con un predicado sin _por_: «le declararon y coronaron Rey»; «lo eligieron Rey», al lado de «lo eligieron por Rey». (DIEZ, _Gr._ III, página 11.) En el período clásico ese predicado llevaba ordinariamente preposición _por_; Quevedo dice: «y declararon por tres enemigos del cuerpo a los médicos». (V. CUERVO, _Dicc._ II, página 829.)

[422] Berenguer de Bardají, gran Justicia de Aragón y uno de los principales promovedores del compromiso.

[423] Jurista valenciano, no nombrado desde el comienzo, sino luego, en sustitución de Ginér Rabaxa, que enfermó.

[424] 24 de Enero de 1412.

[425] El aragonés Pedro de Luna o Benedicto XIII.

[426] «Gaudeamus et exultemus et demus gloriam Deo, quia venerunt nuptiæ Agni.» Este versículo del Apocalipsis fué realmente el tema del discurso de San Vicente; pero el discurso en sí mismo es invención de Mariana.

[427] _Acuciar_ por ‘apurar’ o ‘dar prisa para que se haga alguna cosa’, es un arcaísmo que Mariana resucitó con acierto, ya que no tiene buen equivalente en la lengua moderna.

FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA

(1544-1606)

Publicó la _Historia de la Orden de San Jerónimo_ en los años 1600 y 1605.

Escribía con gran esmero, cosa poco acostumbrada entre sus contemporáneos, así que su lenguaje es de lo más puro y correcto que hay en castellano; notable por la elegancia, siempre sobria, que mantiene la alteza de la narración aun cuando ésta se emplee en las más pobres y humildes vidas en que por fuerza había de ocuparse a menudo. Menéndez y Pelayo coloca a Sigüenza entre los primeros estilistas españoles después de Juan de Valdés y Cervantes.

Tenía un concepto de la Historia enteramente artístico; tanto, que llega a señalarle como leyes, en primer lugar, el _estilo_, y sólo en segundo término, la veracidad: «Prometo ser en cuanto pudiere religioso en las leyes de la historia; la primera, que es el estilo y una manera de contar breve, lisa, sin afectación ni afeites, procuraré imitalla en aquellos primeros príncipes de la lengua latina que acertaron en esto felizmente, cultivando con mucho estudio su lengua, lo que en la nuestra pensamos alcanzar sin trabajo. La verdad y la fe, que es lo segundo, y el alma sin la cual ni ésta ni otra merece nombre de historia, será de tanta entereza que ella misma asegurará sin sospecha a los lectores.»

HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN JERÓNIMO PARTE II (1600), PÁGINA 251

Cuenta la vida de Fray Juan de Carrión, llena de humildad simple y candorosa.