Antología de prosistas castellanos
Part 1
NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
* En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_, las negritas entre signos de =igual= y los interletrajes espaciados entre ~tildes~. Las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.
* Las cifras en subíndice son precedidas por «↓» y las cesuras espaciadas en los versos se muestran como « · ».
* Se han respetado las ortografías originales de las distintas épocas. Las inconsistencias ortográficas no se han normalizado.
* Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar. Para su detección se ha tenido en cuenta el texto de la primera edición de esta obra.
* Se han renumerado las notas a pie de página y se han colocado al final de cada capítulo.
PUBLICACIONES DE LA REVISTA DE FILOLOGÍA ESPAÑOLA
VOLÚMENES PUBLICADOS
I
INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA LINGÜÍSTICA ROMANCE
POR W. MEYER LÜBKE TRADUCCIÓN DE A. CASTRO
II
ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS
POR RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL
JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS
RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL
ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS
[Ilustración]
MADRID 1917
Imp. Clásica Española. Cardenal Cisneros, 10.--Teléf. 4430
PRÓLOGO
La edición primera de esta colección de prosistas apareció en 1899. La obra, abandonada desde entonces por mí, aparece ahora en una segunda edición, bastante corregida y aumentada con trozos de algunos autores más.
* * * * *
Es útil la lectura de un autor antiguo, porque su pensamiento puede instruir y educar el nuestro; mas, para que esto tenga lugar, es preciso comprender sus ideas, no en lo que tienen de común a muchos tiempos, lugares y gentes, sino en aquello más escondido y particular propio de tal época, tal región o tal persona, que, comparado con lo que tenemos delante y habitualmente nos rodea, nos ayuda a apreciar mejor lo que esto tiene de bueno o de malo, de pasajero o de permanente, dando seguridad y madurez a nuestro juicio. Por esto el comentario del autor antiguo se debe fijar en lo que la obra comentada difiere más de lo actual, en lo que tiene de más peculiar, por menudo que parezca; pues sólo conseguimos comprender bien el pensamiento de un autor cuando llegamos a entender el sentido especial con que él escribió cada palabra, representándonos en nuestra imaginación lo mismo que él en la suya tenía presente al escribir; en suma, cuando reconstruímos en nuestro entendimiento las menores circunstancias particulares del tiempo y lugar en que fué escrita la obra, cuando llegamos a despertar en nosotros la impresión que los pormenores y el conjunto de la misma hicieron en los contemporáneos del autor cuando la leían.
Claro que es muy difícil siempre acercarse a este ideal, y que es imposible realizarlo tratándose del estudio de autores en la segunda enseñanza; pero, de todos modos, es preciso que las observaciones gramaticales, retóricas y literarias que continuamente han de surgir en la lectura de los clásicos, no se descarríen por el terreno de las consideraciones abstractas y tomen un aspecto principalmente histórico.
Las notas que acompañan a la presente colección, no quieren ser un comentario suficiente para el alumno: no se proponen más que hacer al profesor más llevadera la difícil tarea de poner un trozo antiguo al alcance de los alumnos, y de hacer que éstos entren, en lo posible, dentro de la época, y dentro de la intención y estilo de cada autor.
Las breves introducciones que preceden a cada autor, sólo pretenden dar una orientación general, de muy diverso alcance y carácter en cada caso, para esbozar una sumaria historia del desarrollo de la prosa; sugieren, nada más, algunas cuestiones relacionadas con esa historia.
Las notas son una muestra de las múltiples explicaciones de puntos de gramática, de estilo, y a veces de historia literaria, que ocasionalmente deben hacerse con motivo de la lectura. Claro es que cada profesor tiene que multiplicar estas explicaciones de acuerdo con la índole y objeto principal de su enseñanza. Sobre todo, queda al profesor el comento literario; ha de enlazar el fragmento aquí publicado con la obra entera de donde procede; ha de hacer comprender el plan y fondo de esa obra, relacionándola con el conjunto de la producción literaria española de la época; ha de ahondar en el pensamiento del autor, y descubrir su nota distintiva. En todo debe llevar al alumno a que formule juicios propios sobre las cuestiones tratadas; a que ejercite su discernimiento y su crítica independientemente de las nociones recibidas en los manuales; a que eduque su buen gusto, en fin.
Esta colección proporcionará a los alumnos trozos bastante extensos de obras que no podrían o no deberán leer enteras. Sólo incluye autores hasta comienzos del siglo XIX, porque son los que están más fuera de la mano del estudiante; no porque los autores modernos no deban formar parte, y muy principal, de las lecturas de clase.
Los textos van, en general, ajustados a las ediciones más antiguas de la obra de donde proceden. Para Moratín se sigue la edición de la Academia de la Historia. Para Santa Teresa, Jovellanos y Toreno, la edición de la Biblioteca de Autores Españoles. Para Mendoza se tienen presentes los manuscritos de _La Guerra de Granada_. Para don Juan Manuel se han consultado todos los códices del _Conde Lucanor_. El Arcipreste de Talavera va según la edición de Pérez Pastor.
ADVERTENCIA SOBRE LA LENGUA MEDIEVAL
La antigua lengua castellana, aunque no difiere considerablemente del español moderno, presenta, como es de suponer, bastantes caracteres distintos. Por de pronto diremos sólo que, en cuanto a la pronunciación, la lengua antigua era más rica en sonidos que la moderna.
Distinguía una _s_ sorda y otra sonora (con análoga diferencia que la que existe en francés entre _poisson_ y _poison_); la _s_ sorda se escribía doble entre vocales (_passar_, _escriviesse_), y sencilla cuando era inicial o iba tras consonante (_señor_, _mensage_), o delante de consonante sorda (_estar_, _España_); la _s_ sonora se escribía sencilla entre vocales (_casa_, _cosa_).
Distinguía también la _ç_ (o _ce_, _ci_), sorda, de la _z_ sonora; aquélla era un sonido parecido al que hoy pronunciamos en za, ce, ci, zo, zu; y la _z_ antigua era el mismo sonido, pero acompañado de sonoridad en las cuerdas vocales. Por la pronunciación y la ortografía se diferenciaban, por un lado: _hace_, _haces_, singular y plural del sustantivo moderno «haz», y por otra parte: _haze_, _hazes_, del verbo «hazer», moderno «hacer».
Se distinguían también la sorda _x_ de la sonora _j_ (con análoga diferencia a la que existe en el francés entre las iniciales de _chambre_ y de _jour_). Por la pronunciación y la ortografía se distinguían antes: _rexa_ de ventana y _reja_ de arado.
Se distinguían también una _b_ oclusiva, es decir, pronunciada juntando completamente los labios, como cuando pronunciamos hoy con energía el imperativo _basta_, y una _v_ meramente fricativa, pronunciada con los labios a medio cerrar solamente, como cuando hoy decimos _saber_, _ave_. La distinción existe, pues, hoy día; pero hoy la pronunciación de una u otra _b_ no se atiene a la ortografía, ya que ésta escribe ora _b_ ora _v_, según la escritura latina, sin atender a la pronunciación moderna; además la distinta pronunciación hoy depende sólo de la posición más o menos débil de la consonante (oclusiva, cuando va inicial o tras consonante: _basta!_, _ven!_, _ambos_, _envidia_; fricativa, cuando va entre vocales: _la bestia_, _la voz_, _haber_). Por el contrario, en la lengua antigua la pronunciación de la _b_ o la _v_ dependía de la etimología de la voz, y a veces entrañaba diversa significación en los vocablos: _cabe_, _cave_, de los verbos «caber» y «cavar», se distinguían antes por la pronunciación, hoy tan sólo por la ortografía; y antiguamente se escribía y se pronunciaba la _v_ en muchos vocablos que hoy se escriben con _b_, como _cavallo_, _bever_, y viceversa _bivir_, _bívora_.
Si en la lectura no se acierta a producir o no se quieren hacer estas distinciones, pronúnciense la _ss_ y la _s_ como la _s_ moderna; la _ç_ y la _z_, como la _z_ moderna; la _x_ y _j_, como la _j_ moderna; la _b_ y la _v_, como la _b_ moderna.
ALFONSO EL SABIO
(1220-1284)
Y SUS CONTINUADORES
Mientras la poesía castellana venía cultivándose desde el siglo XII, y había producido, ya hacía mucho, una obra maestra como el _Poema del Cid_, la prosa tan sólo empezó a tener un cultivo literario en el reinado de San Fernando († 1253), y no produjo obras verdaderamente notables sino en la corte de su hijo Alfonso X. La poesía aparece con un carácter popular o nacional, y se enlaza desde su comienzo con la poesía de otros idiomas románicos, con la francesa, con la gallega y la provenzal principalmente. La prosa aparece con un carácter más erudito, ejercitándose en obras científicas o didácticas, copiadas o inspiradas en las literaturas más sabias de entonces: la latina, la árabe y la hebrea. En este primer período de su desarrollo, la prosa se ejercita principalmente en traducir las materias que hasta entonces se expresaban sólo en las lenguas doctas de la época; en las traducciones se procuraba una fidelidad más literal que literaria, y en todo caso los varios estilos de los autores traducidos se sobreponían al estilo del adaptador castellano.
Mucho de esto se ve en varias de las grandes obras emprendidas por Alfonso el Sabio, y muy particularmente en la _Crónica general de España_, que empezó a componerse en su reinado, hacia el año 1270, y en la cual se seguía trabajando durante el reinado de su hijo Sancho IV, en 1289. El estilo de la _Crónica_ ofrece sus sencillos encantos, precisamente a causa de la gran variedad que reviste, según traduce las apasionadas _Heroidas_ de Ovidio, los elocuentes y sentenciosos exámetros de la _Farsalia_ de Lucano, el bullicio anecdótico de _Los Césares_ de Suetonio, la penetrante y cruda minuciosidad de los historiadores árabes, el simbolismo retórico de los poetas musulmanes, los heroicos versos de los juglares castellanos, el bíblico lirismo de San Isidoro o la honda emoción personal del arzobispo don Rodrigo, que a jirones rasgan la dura sequedad de las crónicas medievales.
Así, la prosa de la _Crónica_ tiene el gran atractivo de ser un reflejo multicolor de las más elevadas corrientes de arte que se dejaban sentir en las diversas generaciones que convivieron y se sucedieron en la corte castellana, durante los dos reinados de Alfonso X y de Sancho IV.
Mas a pesar de esta múltiple influencia de los textos traducidos, la _Crónica General_ ofrece una marcada originalidad, lo mismo como compilación histórica representativa de la más vasta cultura de la época, que como obra literaria en que el lenguaje está sometido a una elaboración artística. De diversos testimonios consta que, aunque Alfonso el Sabio no escribía enteramente por sí las obras que llevan su nombre, él dirigía a los redactores a quienes se las encomendaba y corregía lo que éstos hacían, cuidando muy especialmente de que los idiomas doctos, de donde se tomaban las materias diversas, no estropeasen la pureza del castellano, y de que la lengua, en general, fuese elegante. En el prólogo del _Libro de la Esfera_ se dice que el rey «tolló las razones que entendió eran sovejanas et dobladas et que non eran en castellano drecho, et puso las otras que entendió que complían; et quanto al lenguaje endreçólo él por sise»[1].
El vocabulario y la construcción son, en efecto, muy castizos, y el lenguaje, en medio de su sencillez, posee una poderosa eficacia. El relato conserva todavía ciertas fórmulas de las narraciones populares, no hechas para la lectura, sino para la recitación en público, como aquellas en que los juglares se dirigían a sus oyentes. Así, la _Crónica_ se dirige a menudo a su público: _E sabet que... Ya oistes de suso... en esta manera que vos avemos contado... conviene que vos digamos..._ Igual práctica se observa en los primeros prosistas franceses, por ejemplo en Villehardouin.
La inhabilidad para el paso de la narración en verso de los juglares a la narración prosaria de la historia, se observa en la escasez de formas del período, manifestada, sobre todo, en la pobreza extrema de las conjunciones. Es de gran monotonía la larga serie de cláusulas, yuxtapuestas casi únicamente por medio de la simple conjunción copulativa _e_.
Presentamos a continuación dos muestras de la _Crónica_. La primera está escrita en el reinado de Alfonso X, y es principalmente un arreglo, o mejor, una traducción de Suetonio; la segunda está redactada en la corte de Sancho IV, y es una anécdota, probablemente tomada de la tradición oral. Se notará entre ambos trozos alguna considerable diferencia de lenguaje, a pesar de que el primero no representa el habla más antigua empleada en la parte de la _Crónica_ compuesta bajo Alfonso X, ya que la lengua más arcaizante es la usada en los 100 primeros capítulos de la obra. Por ejemplo, la apócope de la vocal _e_ final (_siet_, por «siete»; _franc_, por «franque», moderno «franco»; _yl_, por «y le»; _cuemol_, por «como le»), y a veces la de la _o_ final (_poc a poco_, _much a menudo_, _tod el pueblo_), se practica en el primer trozo de la _Crónica_, siguiendo el uso predominante en el castellano durante el siglo XII y primera mitad del XIII; pero tal apócope es ya casi desconocida en el segundo trozo, usándose, por lo general, tan sólo en el caso del pronombre _le_ cuando va tras las partículas _que_ y _no_, o tras un verbo (_quel_, por «que le»; _nol_, por «no le»; _díxol_, por «díjole»). De este modo, en los escasos veinte años que dura la elaboración de la _Crónica_, observamos a ojos vistas una de las más importantes evoluciones del español literario: la pérdida de las terminaciones agudas en consonante, que le asemejaban antes al francés, y la preferencia marcada por las terminaciones llanas en vocal, que le asemejaban al italiano. Otras muchas diferencias podrían observarse; por ejemplo la preposición _pora_ que se ve en el primer fragmento, tiene ya en el segundo la forma moderna _para_. Por éste y otros casos se manifiesta cómo la lengua literaria evolucionaba, sobre todo en cuanto a la estructura de las palabras, más activamente en este primer período de su desarrollo que durante todos los sucesivos.
CRÓNICA GENERAL DE ESPAÑA
172. Dell imperio de Nero, et luego de los fechos que contecieron en el primer año de su regnado.
Luego que Claudio fue muerto, fincó[2] Nero, su yerno, por emperador de Roma et de todo ell[3] imperio; e avíe dizeocho años quando començó a regnar, e regnó dizitres[4] años et ocho meses...
Este Nero[5] era mesurado de cuerpo, ni muy grand ni muy pequeño, pero avíelo todo lleno de manziellas[6] et de mal olor; avíe los cabellos castaños et la cara fremosa más que de buen donario; no avíe el viso claro, ni veíe bien de los ojos; la cerviz avíe delgada et el vientre colgado, et las piernas muy delgadas. Seyendo niño aprisiera[7] todas las siet artes: et desque se partió daquel estudio, fue muy sotil en assacar de suyo cosas nuevas; assí que trobava muy de grado, et faziélo sin tod affán.[8] E fue de pintar muy maestro a maravilla et de fallar de nuevo[9] muchas estrañas pinturas.
Mostrósse por muy piadoso en el comienço del su imperio, diziendo que no regnava él por sí, mas por mandado de Claudio Augusto; et por ende no dava escusa ninguna de no seer franc et piadoso et compañón[10] a quiquier, ante lo era a todos. Los grandes pechos de que se agraviavan las tierras, todos los tollió et amenguó la mayor partida dellos. A todos los nobles senadores que eran venidos a pobreza, poníeles soldada señalada pora cad año porque pudiessen vevir onradamientre. Quando iudgavan alguno a muerte, yl dizién[11] que escriviesse el su nombre en la sentencia cuemo avíen costumbre de fazer los otros emperadores, dizíe: «¡Dios, quanto querría no saber letras ningunas!» E quando los senadores le dizién gracias por alguna cosa que les prometié, dizié él: «quando lo mereciere, me las daredes». Otrossí mando defender[12] por toda la cibdat que nol presentassen si no fruta et legumbres et estas cosas rafezes.[13]
E sabet que entre todas las otras cosas que ell emperador Nero aprisiera seyendo niño, aprisso ell arte de la música maravillosamientre; et de todas las cosas que los músicos provaron pora mantener las vozes et las aver más altas et más claras, numqua el dexó ninguna que las todas no prouasse et las no usasse cada dia;[14] ca muchas uezes tomava una grand tavla de plomo, et echávasse tendudo en tierra, et poníela sobre sus pechos, et suffríela allí muy grand pieça; e con sabor de cantar, alimpiava ell estómago más vezes et de más maneras que no conviníe; dexava de comer las maçanas et todos los otros manjares que empeecién a la voz.
Estava un dia cantando en el teatro, et tremió la tierra assoora,[15] et estremeciósse el teatro todo, de guisa que se espantaron todos quantos y estavan; mas tan grand sabor avíe el de cantar, que por todo el miedo non quedó fasta que ovo acabada su cantiga. E este desvergonçamiento de cantar en los teatros cuemo joglar fue él tomando poc a poco; ca luego en el comienço cantava encubiertamientre en los juegos que fazíe en su poridad con sus privados et con los joglares de su casa; e desí fuélo faziendo en los theatros ante las gentes; et vencié a todos los joglares de quantas maneras de joglería[16] ellos podien assacar.[17] E era omne que andava much a menudo en su carro por tal que lo catassen las gentes. E nol cumplie de usar destas artes del cantar en la cibdat de Roma tan solamientre, ante lo fazie muchas veces en los puertos de Achaya et en todas las cibdades o[18] avién en costumbre de trobar et cantar a porfía. Los maestros del canto et de los estrumentos avién establecido entre sí, por fazer plazer a Nero, del enviar todas las coronas et las cantigas de los que vencién et eran coronados por ende; et enviávangelas todavía;[19] e él recibielas tan de grado, que fazíe por ellas mucha onra a los mandaderos que gelas traíen, de guisa que les fazíe comer antéll, en logares que no estaua otro sino él et aquellos que eran muy sus privados.
Mientre él cantaba en el theatro, no era ninguno osado de se partir ende, ni ir a ningún logar por cosa[20] que mester le fuesse; e tanto durava i et tan affincadamientre lo fazíe, que alguno de los que estavan i veyéndolo, tan enojados eran de lo oir et de loallo con miedo, que por razón que estavan cerradas las puertas de los castiellos o de las villas, dexávanse despeñar a furto[21] por los adarves a dentro, et dellos[22] faziense muertos por tal que los levassen ende. E viniendo una vez de Grecia a Roma, entró en la cibdat en aquel carro mismo en que Octaviano Augusto venciera sus batallas,[23] et traienlo cavallos blancos, et él vistíe unos paños de pórpola lavrados a[24] estrellas doro, et traie en la cabeça una corona tal cuemo la dell ídolo de Júpiter, e otra en la mano diestra cuemo la de Phyton,[25] et ivan antél grandes compañas de joglares cantando las cantigas et diziendo las fablas de que los él venciera, et contando los logares en que contesciera cada una cosa; e ivan de pos él muchas gentes faziendo muy grandes alegrías; e los cavalleros et los nobles omnes llamávanlo el su vencedor, et fazienle derramar açafrán por las carreras; et yendo él sobrello much a passo, fazienle sacrificios de muchas naturas. E fazie pintar todas sus imágenes a manera de joglar, tañiendo cítolas et otros estrumentos. Et por quel porfazó[26] dello un joglar una vez, firiólo muy mal.
E tan grand estudio poníe en guardar la voz, cuemo uos de suso dixiémos,[27] que por tal de la guardar, cuando avié de llamar algun cavallero, otri lo llamava por él, et lo quel avié a dezir, diziégelo muy quedo. E en el logar de los juegos numqua fazié ninguna cosa a menos de[28] seer í el maestro de las vozes quel castigasse cuemo fiziesse et que no quexasse mucho las venas.
A muchos prometíe su amor porque lo loavan mucho: a algunos prometiógelo cuemo por encubierta, porque lo no loavan tanto como él querie.
Luego de comienço fué glotón et de gran luxuria et muy cobdicioso, mas ívalo començando poc a poco et encubiertamientre, así que cuydavan los omnes que lo fazié con yerro de mancebía; mas desque lo fué usando, bien semejava que avie de natura todos aquellos malos vicios...
178. De lo que conteció en ell año catorzeno.
... E quando Nero oyó aquestas nuevas de cuemo las Españas eran alçadas et Galba con ellas, tóvosse por muerto, et desmayó tanto, que allí perdió toda esperança de bien, assí que yógo[29] por muerto una grand pieça sin fablar; et desque acordó,[30] rompió sus paños et firióse mucho en la cabeça, llamando: «¡Mesquino, ¿qué será de mí?»
E sabet que ante que Nero muriesse, vió algunas señales de su muerte, assí que soñó una noche que andava sobre mar governando una nave, et falleciól el governage,[31] et levávalo su mugier, que era ya muerta, a unas tiniebras much estrechas, et cubríesse todo de formigas aladas; e otrossí abriósse una uez un luziello[32] por si mismo, et salió ende una grand uoz que lo llamó por su nombre.
Estando Nero en Roma en esta cueyta, llegól mandado de cuemol desampararan todas las otras huestes que eran por las otras tierras. Et los mandaderos diéronle las cartas a la tabla o seíe[33] yantando; et con pesar que ovo, trastornó la mesa, et dos vasos que teníe muy preciados, quebrantólos. Et tomó yaquanto[34] de poçón et encerrólo en una buxeta.[35] Et envió algunos de sus afforrados,[36] daquellos en que se él mas fiava, a la cibdad de Ostia a guisar una nave en que fuxiesse. E desí cometió[37] en poridat a alguno de los tribunos et de los centuriones si queríen foyr con él. Et los unos nol queríen responder, et ivan su vía; los otros dizienle descubiertamientre que no queríen; de guisa que uno dixo a muy grandes vozes:[38] «¿Fasta quando nos durará esta mesquindat que es peor que muerte?»
Començó a pensar Nero en muchas guisas por tal de no aver a obedecer a Galba, et asmó si saldríe al mercado de la cipdat, et que se parasse en medio de tod el común, et pidiesse mercet a todos quel perdonassen los males que fiziera fasta entonce; mas ovo miedo que si allá saliesse, ante que al mercado llegasse, seríe todo despeçado; et por ende dexó este cuidar fasta otro dia, et echósse a dormir. A la media noche despertó, et envió mandaderos por todas las casas de sus amigos, que los despertassen et les dixiessen que les rogava que viniessen fasta él. Et ni vinieron los amigos, ni tornaron los mandaderos. E quando el vió aquesto, levantósse, et tomósse[39] con muy pocos, et fué a todas las casas de sus amigos; et nol quiso abrir ninguno; et con grand cueyta tornósse pora su casa, et no falló í ninguno de todas sus guardas, ca fuxieran todos; ca assí cuemo él non se fiava en ninguno, otrossí ninguno non se fiava en él. E los en qui él más se fiava eran dos viles omnes; ell uno avié nombre Nimphidio, et ell otro Gemellio; et estos aborrecieran ya las sus crueldades, et por que veíen que matara muchos de sus amigos, tovieron que assí faríe a ellos; et por ende atoviéronse al consejo de los que lo queríen matar, et desamparáronlo.