Anticuentos

Chapter 4

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Había una vez cualquier cosa que no se qué cosa era aunque era color de rosa y de larga cabellera, una mujer no lo fuera. Cual Ekberg, de pechos feéricos, entre cabeza y cintura, se notaban dos esféricos, que despertaban locuras a Edipos sin ataduras. Canturreando como cisne, enorme como ballena, pareciendo buscar bisne. se pasaba en hora buena de exuberancia rellena, por ver si algún Odiseo, recargada en una roca, proseguía con su paseo, esperando como loca, el comérselo con moca. Pensando la tarascada, en su condena de hambruna, aguardaba una tajada de sabrosa carne hombruna comida cual aceituna. Como un enorme ermitaño era este ser gigantesco que de un bocado, un rebaño se atragantaba grotesco cual molino quijotesco. Y es que tan sola vivía en su gruta submarina que aunque a la playa subía siempre estaba muy mohina por ser medio femenina. De la cintura hacia abajo tenía la cola de un pez y arrastrarse con trabajo en tierra era pesadez; así que ¿cómo la ves? Decían los marineros que habían salvados sus vidas: -Jamás en estos linderos hubo cosas tan temidas como entrar en sus guaridas. Es que después de abrazarnos seducidos por su porte, comenzaba a devorarnos como si fuera el deporte de acabar con su consorte. Antropófaga en verdad era la tal alimaña; mitad era gran beldad pero lo demás patraña y crimen de humanidad. Sin embargo, no quería hacer lo que la obligaba el encanto que en un día una hechicera dictaba, pero condenada estaba. Por eso el cuento, sin duda, comienza de otra manera; cuando aún semidesnuda no era la cosa que era: olorosa sardinera. Se inicia en su dulce infancia, toda inocente y virtud. Princesita era de Francia; siempre tocando el laúd con olor a juventud. Nacida en una real cuna, niña gentil de ternuras; traviesa como ninguna; graciosas sus travesuras decían: eran hermosuras. Pero un día que por la playa jugueteaba la chicuela y bromas de toda laya soportaba el centinela como poca bagatela, acertó a pasar la maga del mar y de los oleajes y quiso la suerte aciaga que su vestuario de encajes la niña lo hiciera rajes. Enfurecida hechicera nadie vio en estas comarcas como la maga vocera de sus hermanas las Parcas que salieron de sus arcas para castigar impías a la nena candorosa que entre tantas alegrías de un mundo color de rosa, no comprendía ser maldosa. Entonces se hizo un revuelo con las furias del océano; oscurecido fue el cielo y al solo mover su mano la hechicera golpeó en sano. Por más que quiso el guardián defender a la princesa; más tardó en ser alquitrán que evitar esta proeza de volverla mujer peza. La maga había pronunciado una oración cabalística y había transformado el hado con su palabra casuística a la princesa Helenística. -En su conciencia se queda el castigo a sus maldades; a los peces hoy remeda sin perder sus mocedades para siempre en las edades. La princesita temblando se convirtió en la sirena que fue creciendo y ganando estaturas de ballena en larga y feroz condena. Una fuerza tremebunda la convertía en criminal y con rabia furibunda la volvía cruel animal hecha una mujer fatal. Angustiada en lo fecundo de su alma, en el fondo noble, con el olor nauseabundo de su cuerpo hecho cual roble luchaba por no ser doble. Sólo una cosa quería; volver a ser como era; romper la ruin felonía que le marcó la hechicera de ser sirenota fiera. Desde entonces los viajeros que van por aquellos lares quedaban tan prisioneros de seductores cantares que los volvían calamares. Entonces la sirenota los devoraba impulsiva y en su mirada se anota: -Ya no quiere seguir viva condenada a esta deriva. Sin embargo no podía nada hacer por transformarse; la maldición no cedía; aunque en vez de conformarse, sólo quería rebelarse. -Si encontrara alguna ayuda que me librara de esta hambre- decía, mientras iba ruda devorando todo fiambre que deshacía como estambre. Así en el fondo del mar transcurría su vida triste; olvidaba travesear sin siquiera hacer un chiste; si lo intentaba, desiste porque brotaba en cruel llanto nunca notado entre el agua; tan solo se oía su canto que era de su trampa, fragua de atraer toda piragua. La sirena canta y canta como trágica soprano y el marinero se espanta con ese grito tirano que ha de llevarlo al arcano. Démosle vuelta a la hoja que tras lo gris hay lo azul y no hay cuento que no escoja un final de terso tul con que se acabe el gandul. Cierta vez el rey Neptuno, quien también era un gigante al tomar su desayuno miró a la furia galante que pasaba en ese instante: -¡Qué buena está esa pescada!- comentó a su secretario, y manejando su espada ordenó a todo el bestiario: -¡Tráiganla! ¡Que no se vaya! No bien la miró tan bella cuando el amor lo flechó: una grandota como ella en ningún océano halló y entonces se le antojó. Comentó al primer ministro, mandamás de tiburones, que no tenía el registro de esta dama sin calzones y de suntuosos pezones. El tiburón muy molesto le dijo que le extrañaba que no supiera de esto: -La sirenota tragaba y ni un hombre les dejaba. Ella a todos engullía y no dejaba ni sobra. A la tiburonería le parecía una maniobra que al mar entero malobra. -Tráiganla. -Lo ordena el rey.- Aunque a nadie le parezca, y como yo soy la ley, he de hacer que se merezca un reglamento esta pesca. Cambio la Constitución de nuestra vida marina y me doy satisfacción de hacer a esta peregrina reina del aguamarina. Voy a nombrarla mi esposa que ya soy viejo soltero y acabaré la escabrosa sospecha que en mi ropero, oculto está un caballero. La sirenota rebelde al principio no quería, mas no hay poder que no suelde cuando se manda a porfía y la obediencia es la vía. Los soldados tiburones llegaron muy acrobáticos; la sirena con sus dones a todos lo vio simpáticos haciéndose diplomáticos. Derrochando el grande diente que lucía su franca risa, la llevaron obediente a Neptuno, que de prisa, declaró que era inocente y de virtud infrecuente. Ella contó con gran pena el maleficio flagrante; narró su triste condena de comedora galante y su sino espeluznante. Conmovido el rey Neptuno planificó la venganza: -Castigo como a ninguno me lo dicta mi balanza. Así que ten esperanza. Como te amo tanto ahora, pero no eres de mi mundo prepárate sin demora a dejar el mar profundo en un menos de segundo. La bruja de superficie se llevará una sorpresa. Cuando mi ordenanza inicie volverás a ser princesa y la bruja se hará peza. El rey Neptuno sonriente, con ojos de enamorado, a la sirena consiente y al mundo la ha regresado de un príncipe enamorado. En ese instante la bruja vio volver a la princesa y la perversa granuja quiso volverla posesa, mas Neptuno la hizo presa. Cayó hasta el fondo del mar rabiosa en toda su inquina; y un tiburón sin rogar, se la comió cual sardina y aquí este cuento termina: Helenística casó con príncipe de gran fama y después de nueve meses de acurrucarse en su cama, nació sirenita dama. Como nadaba muy bien, Neptuno fue su padrino y esto lo digo recién, porque según imagino aquí la cosa termino.

Coctelazo de cuentos...

A mitad del camino de la Villa, muchos años después que Sherezad, existió un mago hidalgo, ¡maravilla!, con más de quinientos en su edad. Heredero del buen Matusalén, como Fausto lo había aprendido todo: alquimia, metafísica y vaivén de los astros danzantes en su nodo. Se pasaba leyendo noche y día en pos de interpretar mil escrituras que narraban con loca fantasía la certeza de haber sido aventuras. Mas no obstante su búsqueda hermenéutica nunca hallaba la luz de epifanías; sumergido entre redes de mayéutica tiraba sus preguntas a los días. -¿Serán o no serán?- elucubraba- ¿O sólo era un engaño colorido que en artes de Babel se enmarañaba haciéndole naufragios al sentido? No era un mundo tan claro en su vereda, aquél que de las páginas brotaba; sus héroes transitorios entre greda resbalaban al fuego de la lava. Incendios de palabras y metáforas; remolinos de enigmas y secretos; pasados extraviados entre anáforas; y símbolos perdidos por discretos. No lograba entender esos mensajes atrapados con músicas antiguas donde en ronda fugaz de personajes se insinuaban historias muy ambiguas. Indagando entre tantos acertijos el mago en cinco siglos se hizo viejo y olvidando cumplir natura e hijos de pronto se miró frente a un espejo. Allí un hombre arrugado y entrecano lo veía con aire melancólico: -Tanto tiempo has vivido y todo es vano en un orbe que ya no es tan bucólico- le insinuaba la imagen rediviva como un filme-recuerdo en su pantalla. Su conciencia explotaba fugitiva, pero no se perdía en esa batalla. -No me cuentes más cuentos, espejero, que ya sé lo que pasa en cada uno; hay que dar nuevo germen al cuentero de modo que al romperlo, lo reúno. Vivamos nuevamente lo contado, sólo que ahora al revés de lo muy dicho; así resultará lo neo narrado: absurda armonía de algún capricho. Entonces se sentó el eterno joven a mezclar nimiedades con grandezas: espero que esta fórmula no roben los piratas de simias sutilezas. Poco a poco brotaron en torrente los flujos de un global imaginario; esencias germinaban en su mente y surgían de un todo visionario. Era el tiempo cuando los españoles dominaban la mexicanidad; la santa inquisición metía sus goles y temblaba toda la humanidad. Entonces la Gran México era chica, pero grande por su fastuosidad; inmersa entre los lagos era rica en palacios y en laboriosidad. Circundada por bosques y montañas, del aire la región más transparente, por doquiera se veían cabañas que habitaba campesina gente. En lo alto de un castillo había una torre como es obvio, a la altura de las nubes, donde un niño su círculo recorre prisionero de un cielo sin querubes. Solamente una esfera portentosa lo entretiene a lo largo de sus días; dentro de ella se ve una móvil rosa que genera cambiantes cuenterías. Otorgado como único consuelo los magos saben bien porqué lo han hecho: desciende en directo del abuelo creador de este universo contrahecho y por eso requieren sujetarlo: trae como herencia confusos poderes; lo más perverso podrá controlarlo y hará escaramuza arrasando seres. Construyendo productos imperfectos, dotados de maldad y otros errores, el cosmos de los grandes arquitectos convulso quedará sin más amores. Henderá, si lo quiere, toda tierra; lanzará desde aquí rayos y truenos; fomentará los odios y la guerra; ladrará sus siniestros desenfrenos. Por eso está mejor tenerlo oculto sin dejarlo aflorar esas ideas; mientras llega el instante de su adulto, hagámoslo vivir artes caldeas. Detenerlo es misión; que nunca crezca ni intuya la verdad calamitosa; que el mundo, lindo cuento le parezca y el hada de los niños le hable hermosa. Inyectémosle universos vicarios donde viva sin vivir realidades; así comprenderá los escenarios que habrán de detallar sus mocedades. Que se haga ya la magia de las hadas; que el niño se dé cuenta de la historia; varitas de virtud sean levantadas y prorrumpan su voz declamatoria. La rosa en pirotecnia de ilusiones comenzó a parpadear raras historias y al niño le brotaban emociones al ver estas escenas gladiatorias: Miró a un gato con botas que al mercado llegaba a negociar con Pulgarcito y pidiendo un merengue bien lavado lo mojaba en café muy calientito. -Sabes chico- le dijo inoportuno- un asunto te traigo muy preciado: Mamá Oca me detesta por gatuno, según los siete cuervos me han chismeado. Los duendes zapateros le aconsejan pedirle a Juan sin miedo de inmediato el morral de conjuros que reflejan en cual de siete vidas pierde un gato. Y todo porque sé el secreto oculto de riquezas del bien muy escondidas en el fondo de un túnel que sepulto no he encontrado en ninguna de mis vidas. La oca que se siente de oro puro embaucó a la hija gris del molinero: -Con tu sombra tan gris entre lo oscuro, espanta al Pulgar y al gato huero. Así podrá ser nuestro el gran tesoro que yace escondido en pozo mágico; nada menos que el pájaro de oro, señor de la ambición y de lo trágico.- Pulgarcito que era grande ambicioso y amaba a las princesas bailarinas dijo al gato con botas, presuroso: -¿Qué comes mi gatito que adivinas? Justamente en todo esto yo pensaba: Ojito, dos ojitos, tres ojitos a estas horas ayer me comentaba y Elisa lista con sus recaditos me dijo muy discreta su espionaje: -Sabe bien quienes quieren la riqueza: la dama con el león, par muy salvaje; tres hilanderas gordas de pereza; y hasta Pulgarcita, linda hermanita, quiere el arcón que la hará poderosa; cubriendo la mesa muy calladita, el día del triunfo será estrepitosa. No obstante amigo de felina raza- siguió Pulgarcito ideando la trama- aunque chiquito nada se me pasa; me monto en tu lomo y vamos al drama. Yo sé de ese arcón que no tiene plata, mas lo que importa aquí no es el dinero, si algún malvado este objeto arrebata la vida caerá en un desfiladero. Hagamos de héroes para compartir; yo salvo lo humano; tú lo animal tan sólo nos falta para conseguir quien salve al hermano ser vegetal. Un soldado de plomo que tirado reposaba en una esquina de la calle de pronto se sintió muy avivado mientras un gato le agarraba el talle. -Ven amigo conmigo, venceremos la malvada ambición que se despierta; los tres por nuestro ideal combatiremos y el mundo del amor saldrá a la puerta. Cual mosqueteros, vamos valientes; el triunfo del mal no hay que permitir; lidiemos con puños, brazos y dientes; depende de nos, el gran porvenir.- Un ruiseñor escuchó esos vocablos; y furtivo los siguió en sus caminos; pasaron por pueblos, ranchos, establos, bosques y montes como peregrinos. El ave Fénix que en ese momento se quitaba cenizas de su hechizo, aleteó impetuosa rumbo al viento en busca del jardín del paraíso. Descubrió al ruiseñor y muy curiosa preguntó el por qué de su sendero. El ave descubrió cosa asombrosa: tres héroes salvarán al bien señero. Pulgarcito unas rojas zapatillas descubrió a la sombra de un abeto; alivio a sus cansadas pantorrillas; regalo de Ave Fénix en secreto. A lo lejos miraron un castillo y un sapo les gritó: ¡Tengan cuidado! No crean en la verdad de tanto brillo, que todo el que lo vio queda cegado. El gato con sus botas tragaleguas llegó hasta una terraza, de un gran salto; no había tiempo de andarse con treguas; mucho menos regodearse allá en lo alto. Vio el gato astuto por la claraboya a un ángel y a la reina de las nieves maniobrando sonrientes la tramoya tejida con telares de hilos leves. Pendientes los músicos ambulantes retozaban sublimes la mazurca y todos, bailarines y cantantes, se sentían en una fiesta turca. La margarita y la alondra preciosas daban reposo a su fino decoro; cisnes salvajes de plumas hermosas reían con los chistes de un verde loro. Nadie sospechaba en aquel festejo el peligro inminente que venía ni la reina de naipes ni el conejo que con presura al tiempo perseguía. La caja de yesca en la chimenea se hallaba feliz de hacer la fogata mientras encima como una presea la fosforera se sentía piñata. La pastora de porcelana iba tintineando de un salón a otro persiguiendo a la yegua fugitiva que buscaba su vagabundo potro. De pronto en una esquina de la sala llegó el emperador muy bien desnudo, excéntrico en su traje de gran gala y todo concurrente quedó mudo. -Reunión de carnaval, sea bienvenida; hoy van a conocer a Verdezuela, verdadera princesa de esta vida, que hoy regresa a esta casa, de su escuela. Graduada en los secretos milenarios viene a recibir la llave eterna que le han dado los magos esteparios para ser la guardián de la caverna. Allí está el gran arcón de las verdades que no deben de saber los bandidos, los malvados, perversos y cofrades, a riesgo de que seamos destruidos. Si es así, se caerá la fantasía que permite soñar en bellos mundos; la existencia será siempre agonía y no habrá más pensamientos profundos. Adiós a la imaginación creadora; rediles planos serán nuestras mentes; prisionera quedará la inventora de todas las culturas y sus fuentes. Acabóse será de la grandeza de vivir la ensoñación de las artes; triunfarán los obtusos sin belleza; las violencias serán sus estandartes. Los viles, los inicuos, los infames serán quienes comanden sociedades de ignominias, injusticias y derrames de traiciones, miserias, falsedades. Malandrines, malignos y tunantes; protervos, fementidos y bribones insolentes, traidores y maleantes invadirán las plazas y rincones. Mas por hoy no hay temor en Utopía, Verdezuela está entrando por el techo; aquí llegan sus rayos de alegría; van cubriendo de paz a todo pecho. La campana hizo un himno de aleluyas; los cinco chícharos lanzaron porras; los hermanitos que montaban grullas precipitaron al aire sus gorras. Verdezuela descendía del cielo iluminando su verde mirada el aposento que con gran revuelo el alma tenía en luz arrobada. Habló de paz y de tiempo magnífico; forjó el elogio de las hermandades. No imaginaban que algo terrífico iba asomando su sed de crueldades. Un ay de espanto cundió en el recinto cuando entró un heraldo de malas nuevas; se había destapado el ruin laberinto donde habitaban maldades longevas. Las fuerzas del mal habían escapado y estaban a punto de la invasión; el reino del bien quedaba eclipsado y en llanto temblaba el buen corazón. Así sin saber el cuándo y el dónde, del piso brotó el ogro Barba Azul, pirata brutal que ya no se esconde, rasgando cortinas de fino tul. Blandiendo su espada de odio gigante, asusta a todos con degolladuras y haciendo brillar su horrible diamante va presumiéndoles con sus diabluras. A ti te cortaré vena tras vena; a aquella con pellizcos la haré trizas; a aquél lo haré jabón; a ésta rellena y nadie quedará, ni sus cenizas. Del piso van brotando mil malosos que invaden el castillo de la mente; Verdezuela, la esperanza, sin gozos no le enturbia la furia malviviente. Contempla a los malévolos serena y el verdor de su vista crece y crece; de improviso se eriza su melena y al diabólico bárbaro estremece. Mamá Oca y los duendes zapateros con la hipócrita dama y su león la retan ambiciosos los primeros en pos de apoderarse del arcón. Juan sin miedo con una hacha sangrante; las tres hilanderas con sus agujas; la Pulgarcita en su mesa parlante; todos vestidos como negras brujas, avanzan con hocicos espumosos. mostrando sus colmillos de vampiros; hirsutos como lobos espantosos y momias resoplando sus respiros. El gato con botas al ver todo esto de un salto torna con sus amiguillos les cuenta al detalle el hecho funesto y por magia surgen mil Pulgarcillos, vestidos todos cual pulcro soldado; un ejército de gatos con botas al instante se ve multiplicado y marchan al combate sin derrotas. El soldado de plomo en batallones dirige a sus valientes capitanes; y batiendo las puertas a empellones penetran al lugar de los desmanes Hasta el lobo y los siete cabritillos se hermanan en la lucha que se inicia. El rey rana saltando en los pasillos se vuelve una vanguardia de pericia. Piel de asno tira lejos la zalea y en príncipe de acero se revela dejándose llevar por la marea que valiente defiende a Verdezuela. Cada vez de los fosos, más canallas emergen execrables y ambiciosos mas no pueden pasarse de las rayas que defienden los héroes animosos. Derrotados en hórrido combate Barba Azul se repliega y sus esbirros enojados lo agarran del gaznate y lo dejan convertido en cirros. Los tres deseos de los heroecitos se ven colmados con la gran victoria: verdores, animales y humanitos guiarán las fantasías de su gloria. Lluvia de música, flores y estrellas loaron con himnos, la eternidad; las bestias del odio con sus querellas se doman siempre con la voluntad. Si abre el abismo los resentimientos y el fuego del mal nos quiere domar tenaces serán nuestros pensamientos; la fuerza sacra no sabe fallar. Entonces el mago Sabelotodo se sorprendió con sus descubrimientos. El enigma eterno hizo su acomodo: voluntad en los buenos sentimientos. La abeja reina se acercó sonriente y meloso beso dio en su mejilla El gallo de las veletas vidente le predijo vientos de maravilla. Entonces un caballo prodigioso que el rey Midas había mandado antier, lo condujo a Hamelin, el ratoso y flautista se tuvo que volver. Nuestro mago cuentero se hizo niño y otro ciclo miró en él renacer. Su capa voladora hecha de armiño, un hada madrina volvió a tejer: - Eres dueño de vida intermitente le dijo al mago de lo insondable- mientras proceses en tu joven mente, el ingenuo fantasear venerable. Y con una sonrisa que presientes, de pronto te habla a ti caro lector, aférrate a ser niño, no te ausentes; en él está el secreto del amor. Aunque viejo con canas y verrugas al niño que en ti tienes, no abandones; él te da la virtud y tus arrugas son prueba del más sabio de tus dones. Mas vale que no crezcas Peter Pan y sigas en país de maravillas con Alicia comiéndote un buen flan enredado en un plato de rosquillas.

Epiloguillo

Aquella vez Sherezada no sabía qué más contar; y temía que el rey Shariar la dejara degollada, pero cual lista mujer siempre salía bien librada; tras de su orgón inspirada al terminar su placer continuó con la cuenteada buscándola en la internerd.

Categoría:Obras de Antonio Domínguez Hidalgo Categoría:1971