Chapter 3
Érase que una vez era un chico de gran sesera; una tierna maravilla que la ciencia no encasilla, porque como es fantasía le dice imaginería. Pues hay tienen que había un niño vestido siempre de armiño y aunque sin padres vivía no pasaba carestía. Después de pasar la guerra, siete años de vida perra, un golpe de suerte insólito lo salvó de ser acólito. Tan rico como ninguno nunca quedaba en ayuno; pero el huérfano decía que el dinero no servía, cuando faltaban amores de ausentes progenitores. Sólo abuelita tenía y una serpiente por tía que envidiosa del pequeño, arrugando siempre el seño se devanaba cual pocos para apagarle los focos y arrebatarle la plata fingiéndose la muy beata. Así la cruela tunante aguardaba aquel instante de poder arrebatarle la fortuna y arruinarle. Fingiéndose la muy santa mil calumnias le levanta. Quería quitarle la herencia y acusarlo de demencia. Como ella era su pariente controlaría el expediente y se haría la cuidadora de todo lo que atesora. -Cómo pudo este muchacho atraer a ese ricacho, si yo por más que hago lucha, la fortuna no me escucha. En cambio este miserable hoy la vive tan amable. Con lo heredado que tiene se pasa de leche el nene. Y es que con nada me explico la suerte que lo hizo rico.- Ignoraba la insolente que aún existe buena gente: Sin parientes ni cosijos Don Sagaz, el empresario había muerto millonario, de dólares, que no de hijos y en sus últimos momentos le brotaron sentimientos de hacer el bien al azar: -Quien pase en estos momentos; a ese lo voy a heredar. El chico de la lotería se la sacó en ese día; cuando él allí transitaba, un dedo lo señalaba. -Ese será mi heredero; es mi decisión y espero que se me cumpla en el acto y de nada me retracto. Muy sorprendido el notario tuvo que anotar el diario. acontecer del ricacho y llamando a aquel muchacho serio le dio las noticias: -En buena hora y albricias. De fábricas y de bancos; dinero por todos flancos; grandes negocios por miles y gerentes muy serviles ahora has de manejar; solamente hay que notar que como aún eres chico tu testamento de rico requiere de un abogado que negocie con cuidado lo que ya es tuyo total, billones de capital. El niño no lo creía; es broma, simple decía; pero al saberlo su abuela de tristeza se consuela. -Vas a tener abuelita, al fin tu propia casita. El señor Sagaz me ha dado todo para adinerado. Mas hay que cuidarlo bien y ponerle algún retén porque en algún descuidillo se me acaba lo riquillo. En medio de mucho llanto lo cobijaba en su manto: -Sacaste la lotería sin jugar siquiera un día y la abuela sollozaba la alegría que no esperaba. La tía cruel y ambiciosa lo maldecía quejumbrosa. -¡Qué suerte la de esta plaga! Quien quite y yo la deshaga. En cualquier forma que sea, yo voy a ser su albacea, pues como es menor de edad de mi será esa heredad y la nariz se le hinchaba tanto como ambicionaba. Pronta fue con licenciados por corruptos contratados, pero el amable notario les miró lo perdulario y los cortó por lo sano; -Lo que piden es en vano pues por ley dijo el difunto que yo controlo este asunto y es toda mi obligación apoyar de corazón a este niño apenas de ocho a quien se nombra Chicocho. Y aunque no tiene apellidos, va a tener los conocidos que lucía el señor Sagaz en su trabajo tenaz: Colodi de los Yepetos vencerá todos los retos. La tía salió furiosa de la oficina lujosa; su narizona más grande como un espada la blande. Todos la miran con risa y su nazón se enchoriza. El buen notario se ríe. Espera que en él confíe y guiñándole un ojillo acaricia al muchachillo. -Es voluntad patronal que te defienda del mal. Como mi sueldo es el triple no hay caso de hacerle al tiple pidiendo lo que ya es mucho para mí que soy santucho. Así que niño querido repara lo que has sufrido. Si tienes tu buena abuela adiós las hambres en vela. No le hagas caso a la harpía que te tocó como tía. Estaré yo muy atento a cualquier malvado intento. Y como a ti no te falta mándala a vivir a Malta y en aquella región griega obséquiale una talega bien provista de oro y plata; así ya no dará lata. Como tú tienes millones inclúyela en excepciones. Fingió la tía contento y se sopló bien el viento pero dentro mascullaba: -¿Qué creen que soy una baba? Encontraré algún pretexto y volveré a este contexto. Ya acusaré este cretino de algún vicio que adivino. Levantando su nariz, ya más larga que lombriz, fingió gratitud fastuosa, mas por dentro era otra cosa. Chicocho estrenó gran casa para todita la raza que aunque no eran familiares recogió de todos lares. Era la gente muy pobre que no tenía ni un cobre y que alguna vez le diera a Chicocho una telera cuando vencido del hambre y flaco como un estambre su piedad algo le daba con lo poco que ganaba. Agradeciéndole a todos que lo limpiaron de lodos compartió el pan hecho a mano como es el deber cristiano. Su abuela al fin muy dichosa de toda esta vida hermosa tan sólo le entristecía cuando a Chicocho veía sentir su ausencia de padres, y pedía a sus comadres: -Llénenlo de ternura, de cariños y dulzura. Pero por más que trataban, poco éxito lograban. La cruenta melancolía parece que no cedía. -Si yo tuviera a mi padre... si yo tuviera a mi madre...- murmuraba en vez de cena su nocturna cantilena. -Ya sé lo que voy a hacer- cambiando de parecer se dijo en ese momento. -¡Magnífico pensamiento! Buscaré a un buen carpintero que me labre con esmero a la pareja querida; a quien le debo la vida. Y llamando al secretario, aunque no era su horario, le pidió que al día siguiente revisara el expediente de escultores en madera y de inmediato pidiera una prueba de su arte mostrándole alguna parte de dos estatuas humanas que parecieran lozanas; personas adultas vivas con miradas emotivas. El secretario admirado cumplió todo lo ordenado y al otro día contrataba al artista que mostraba los mejores manequíes como puntos en las íes. Habló a su abuela Chicocho cuando comía un buen bizcocho y al ver los bellos proyectos dejó sus años senectos y entusiasmada cual joven creyó oír hasta Bethoven. -¡Ay hijito, qué alegría si con esta fantasía que encierra tanta belleza se te aleja la tristeza. Cuando quedaron completas con sus humanas facetas las estatuas alegraron al niño, mas nunca hablaron. Al principio las veía y sentía su compañía mientras su abuela llorando su tesillo iba tomando. Sin embargo poco a poco corrió un rumor: ¡Está loco! Tanto dinero tenido el seso ya le ha fundido. Cómo pólvora se supo y la tía entonces no cupo en sí de felicidad: -¡Pobre loquito a su edad! Como rayo de aguacero creyó ganar el dinero y regresó muy confiada allá por la madrugada. Enredada en su nariz por poco cae en un desliz. Entró en la grande casona sintiéndose gran persona. Y su nariz hecha bola la disfrazaba de estola Vengo a cuidar mi sobrino en su triste desatino. Pero Chicocho era listo y no estaba desprovisto. Cuando entró la tía ambiciosa, se quedó como babosa al ver hablar las estatuas que mirándola muy fatuas le dieron la bienvenida, mientras ella quedó ida sin saber lo que pasaba y su mente se alocaba. Cada estatua habla y habla; y la tía azota cual tabla. La nariz ya la asfixiaba como boa que la apretaba. A cada burda ambición le crecía el narigón. La sacaron los loqueros entre risas y aceleros que despedía la gran dama enloquecida y en brama. Chicocho en una gran farsa contrató una gran comparsa y a la engreída mujer le rajaron el placer. La abuela vio a su sobrina convertida en medicina. Si la nariz le cortaban más y más se la agrandaban. Admirado el hospital la llamó: hija del mal. Era como tener rabia y quedarse siempre en babia. Sin embargo Chicochón seguía mal del corazón; cada estatua sigue muda y ni siquiera saluda. Pagados ya los actores, el siguió con sus dolores. De pronto escuchó una silla moverse rumbo a la orilla y al levantar él su cara vio a su abuelita muy rara. -Hijito mío, le dijo, es hora de regocijo porque esos buenos actores son tus padres, tus amores. En la guerra se perdieron y yo creía que murieron. Cuando llegó al fin la tregua, de cómicos de la legua vivieron por siete años recontándose sus daños. Hoy han visto este lunar que nos es tan familiar. Tiene la forma de un ocho; por eso tú eres Chicocho porque un ocho te sacaste cuando el dinero ganaste. De inmediato sospecharon y así nos localizaron. Ahora si ya no hay guerra, que sea feliz nuestra tierra. Qué suenen los campanarios para que los millonarios repartan bien sus tesoros y hagan que con decoros la humanidad viva a gusto en un tiempo que sea justo.
LA DORMILONA BESTIA DEL BOSQUE
Y ahora un cuento de miedo para los que son valientes. Aunque en mi caso procedo castañeteando mis dientes, porque cosa tan terrible no se espera de los buenos y como es tan increíble, intenten estar serenos. Era el tiempo en que las brujas celebraban aquelarres y metidas en burbujas eran gritos y desgarres. Bailoteaban como locas moviendo sus largas uñas que mas bien eran pezuñas con que rajaban las rocas. Los lobos por fin aullaban a la inmensa luna plena que guinda como gangrena era lo que ya esperaban. Los murciélagos salían cual torrentes, de cavernas hechas nieblas sempiternas que misterios escondían. Las ratas eran ganado de mortecinos establos y aquí me faltan vocablos. para seguirlo narrado: Gusanales putrefactos; turbas de monstruos infectos; momias rellenas de insectos o cadáveres intactos. Esqueletos caminantes, zombis de morados ojos, muñecos vivientes cojos; tarántulas retozantes. Máscaras con colmillos y dientes devoradores; hachas de taladores con sanguinolentos brillos. Todo lo que ustedes saben y lo que ni se imaginan; donde terrores germinan, las buenas noches no caben. Sin embargo, he de decirles que voy a sacar arrojo y no he de causar enojo contando parodias chirles. Así que sigo el relato con relámpagos y aullidos, entre fieros alaridos, y los chirridos de gato. Sucedió que festejaban con sus peculiares danzas las sangrientas alabanzas a todo lo que hechizaban. La reina en crueles modestias sus encantos no mostraba; tan solo se conformaba con su trama de molestias. Había urdido unos chicotes para acabar con los niños, dejarlos en desaliños y volverlos ajolotes. Para los adolescentes también tenía unos brebajes que los harían más salvajes con barros efervescentes. Para preclaros adultos una dosis de cemento y ya sin entendimiento amontonarlos en bultos. y para todos los viejos tenía listas sus pociones; quedarían sin emociones, convertidos en pellejos. Abundaron los elogios a sus funestas hazañas que rebozando mil mañas causarían martirologios. Eran la gran comidilla de todo el grupo alevoso y les parecía gracioso su disfraz de gorda ardilla. Sólo la bruja mayor, antigua entre las antiguas, mostraba risas exiguas y la remordía el rencor. -Cómo es posible aceptar que yo no fuera invitada al palacio de la hada que se siente flor de azahar. Presentar al heredero de estas inmensas comarcas a brujas, ogros y parcas era un acto justiciero. Todos le íbamos a dar el cofre de las maldades; Maquiavelo en las edades mundanas se iba a nombrar. Yo quería que el principito tomara el partido nuestro y hacerlo un mago maestro y no de hadas, hijito. El rey de las canalladas; emperador asesino; el Hitler sería un bovino al lado de estas monadas. Mas su malhadado error ha de costarles muy caro; y el príncipe en desamparo desde hoy no hallará el amor. Aunque busque en la llanura o por los montes amenos; no habrá castillos serenos con princesas y ternura, pues lo voy hacer monstruoso y así ninguna lo quiera. Dándoles adormidera se quedarán en reposo. Vivos estarán en muerte todos sus adoradores; jamás nunca tendrá amores, aquí está echada esta suerte. Porque si el amor entrara podría romperse el encanto, mas causará tal espanto que no creo que alguien lo amara. Voy a encerrarlo entre rejas para que vivo se enrosque y preso en inmenso bosque se quedará sin ovejas. Frunciendo así su berrinche gritaba en pases frenéticos: -Príncipe de los estéticos, te voy a convertir en chinche. Príncipe de la locura siempre estarás solitario como a una bestia que a diario la tratan con cara dura. Aunque ahora estés muy lindo y seas cual Delon o Dean, ya vas a ver chiquitín, si llegas a barbilindo Al mirarla el brujerío la aplaudían como a político: -Lo dejaré paralítico y adormecido en su brío. Por ahora nada puedo, pues lo protegen las hadas de la bondad. ¡Pamplinadas! En mi venganza no cedo: Apenas cumpla veintiuno bestial subirá a su trono y entonces todo mi encono se vengará en más de uno. Como durmientes eternos serán sus acompañantes hasta llegar los instantes de mandarlo a los infiernos. Entonces ya lo verán como una bestia que ruja; se irá volviendo gran bruja y las brujas reinarán. Señorío de negra magia será el reino donde impere y no habrá ni un miserere que evite la antropofagia. Engullida será toda la humanidad por creída; siente comandar la vida, aunque tan sólo la enloda. Mejor que entonces no vivas para evitarte problemas y déjate de anatemas no sea que tú los recibas. La bruja descomunal era estallidos de furia majestuosa y sin incuria estallaba en flor del mal. Si estás aterrorizado, aquí termina este libro; porque según yo calibro no quieres ser devorado. Pero si aún tienes ganas y quieres seguir el gusto; bienvenido, que este susto no habrá de sacarte canas. El príncipe creció rey de grande musculatura; bien dotado; buena altura y sabedor de la ley. -¡Qué bello!- Todas decían y hasta algunos caballeros que parecían muy guerreros al verlo se estremecían. Su padre le recordaba; el trono era su heredad; a los veintiuno de edad; el mando ya le tocaba. -Hoy mismo lanzo proclamas de tu ascensión inmediata. Agrégole esta posdata: Pónganse listas las damas. No puede haber rey soltero así es que se solicita doncella joven, bonita, aunque sea hija de cabrero. Nuestra socialdemocracia regida por un monarca no puede cerrar el arca de la astuta plutocracia. Y así estaba entusiasmado mandando anuncios y cartas; telegramas y pancartas; el mundo estaba enterado. Cuando de pronto el palacio se adormeció como un muerto; sólo el príncipe despierto a creerlo se hacía reacio. Al mirarse en el espejo se preguntaba la causa y sin descanso ni pausa de una bestia fue el reflejo. Corría para todos lados de su suntuoso palacio pero todo aquel espacio estaba lleno de vados. No podía salir de él y como bestia enjaulada sólo rugía entre la nada; náufrago como un batel. Rendido por el cansancio por semanas se dormía y como bestia rugía sacando un aliento rancio. Pero sucedió algo bueno que cambió las maldiciones y los buenos corazones resistieron el veneno. Cabronela, la pastora, vestida color naranja, alegre vivía en su granja mirando pasar cada hora. Cantando sus cancioncillas, como es lógico, con flauta volaba como astronauta pensando en unas cosillas. El príncipe de Candela era su amor imposible; un casamiento risible, pensaba de noche, en vela. Al fin, al amanecer se iba con su cabrerío; ella se metía en el río para enfriarse su placer. Siempre, siempre entusiasmada, soñando tan solo en él; un día bajo un laurel le dijo la Cabre hada: -Cabronela, ahijada mía, se ha decidido que tú derrotes a Belcebú. en poco menos que un día. Rompe tu melancolía y prepara tus ingenios, verás del amor los genios y vencerás a una impía. Sorprendida Cabronela con su ejército de cabras no comprendió estas palabras y siguió en su pastorela. Aquella tarde su padre le trajo una gran noticia: -Hija mía, tú eres novicia, según me dice tu madre; así que estás en la regla del edicto del gran rey que ofrece a toda su grey cumplirla a quien bien se arregla. El príncipe ha de casarse con quien lo admire y lo ame sin mentiras y lo aclame para poder desposarse y como tú me lo has dicho, pues no me tienes secretos hoy que se han roto los vetos para formar regio nicho, lánzate a sus amores porque yo sé que lo amas y hoy las demócratas camas ya se ofrecen sin temores. Cabronela enamorada, llevándose una cabrita, sintiéndose princesita fue a la corte entusiasmada. Pero cuán grande sorpresa cuando vio la brujería: todo un bosque allí crecía y cada vez más se engruesa. De pronto una idea genial le recordó unas palabras: me traeré a todas mis cabras y serán cual vendaval. Más rápida que la liebre, con su ejército caprino un golpe le dio al destino y a los hechizos dio quiebre. Vorágines marabuntas acabaron los enredos y no quedaron ni bledos; lo que hacen mil cabras juntas. Ya sin problemas de acceso Cabronela decidida, sabiéndose protegida entró buscando ese beso. Llegó hasta los aposentos donde dormía el heredero y peor que el peor basurero apestaban virulentos. Acostumbrada a los chivos entró sin respiración, vio a la bestia y su hocicón y le dio besos tan vivos que el príncipe abrió los ojos y el mundo se iluminó; a Cabronela miró y agradeció sus arrojos. -No aspiraba a tanta honra- sonreía la pastora y bella como la aurora, era flor que se abochorna. El príncipe desencantado la besó y la poseyó. De lo mucho que gozó, quedó requete encantado. La cabrera seductora siempre con tierna modestia: -Te voy a amar a lo bestia, hoy que ya soy tu señora.- dijo, mientras que el guapo, dándole beso y abrazo exclamaba en su regazo por ti yo me vuelvo sapo. Y vivieron muy felices según cuentan las historias con que celebran las glorias al clausurar cicatrices. La gran hada de la noche eclipsando profecías, hechizando a las impías, acabó con su derroche de perversas intenciones, de malévolas conjuras, de malignas desmesuras y falaces sinrazones. Con su vara maravilla todo lo fue dominando y según iba alumbrando cantaba esta tonadilla: Cabronela, Cabronela gozó del amor bestial; fue una bestia sin rival su príncipe Gran Candela...
LA SIRENOTA