Anticuentos

Chapter 1

Chapter 13,901 wordsPublic domain (Wikisource)

Primera Edición 1971

{|width="100%" | | align="right" | PÁGINA |- | La historia verdadera de los tres Marranos | align="right" | 3 |- | Crónica real de la hipócrita y malévola Cenizosa | align="right" | 11 |- | La insidiosa vida y hechos perversos del espejo mentiroso | align="right" | 21 |- | Caperucita feroz | align="right" | 33 |- | La casita de Chocolatina | align="right" | 47 |- | Ricitos de Afro | align="right" | 61 |- | Tumbo y Bandi, aventureros | align="right" | 75 |- | Chicocho | align="right" | 89 |- | La dormilona bestia del bosque | align="right" | 107 |- | La sirenota | align="right" | 127 |- | Coctelazo de cuentos | align="right" | 143 |- | Epiloguillo | align="right" | 163 |}

LA HISTORIA VERDADERA DE LOS TRES MARRANOS

Hubo una vez tres hermanos apellidados Marranos y como no eran muy finos, les decían siempre cochinos. Malvados y pendencieros, fingiendo los mil esmeros se creían los muy graciosos cual si fueran buenos mozos y maltratando a la granja se adueñaban de la zanja. Les cobraban por el agua o por pasar en piragua. Se sentían dueños de todo; de paja, madera y lodo. Toda la animalidad los detestaba, en verdad. El más rapaz era un sucio criticando cruel al rucio -Qué bien tocas el flautín- comentaba el muy pillín. El burro que era muy burro le creía tan grande churro y rebuznándole al puerco se envanecía el muy terco: -Has dicho una gran verdad y no es por casualidad. Poetas y fabulistas me han tenido entre sus listas y mi gran música asnal me sale tan natural. Al oír tales burradas soltaban las carcajadas los hermanitos burlones, cual gigantescos ratones, y el rapaz muy satisfecho sacaba su puerco pecho. El Marrano medianín presumía de saltarín y lanzaba tales saltos que en realidad no eran altos, pero si alguien criticaba la pesadez que saltaba mordiscos y bofetones recibían los criticones. Muy esbelto y espigado se las daba de delgado y molestando a la vaca que venía de Humahuaca le decía: -Yo soy más culto. No como tú, puro bulto. La vaca tan enojada regresó a su patria amada. Sus amigos extrañaron las lecciones que rumiaron y conformándose tristes se llenaron con alpistes. Entre tanto el gran Marrano, convertido en gran hermano, a todos les dio un disgusto entre berridos de susto. Infame cual ningún chancho les fue chamuscando el rancho. Huyeron los guajolotes; se quemaron los elotes. Los gallos y las gallinas cacarearon sus inquinas. Los borregos siempre a uno balaron como tribuno. Relincharon los caballos y escaparon como rayos. El perro del hortelano sólo le ladró al Marrano y éste con una pistola con el rabo entre la cola lo hizo huir entre balazos mientras reían los puercazos. Entre que ladras y labras, sus risas eran macabras. Si alguno se rebelaba, de inmediato se empuercaba. Los colgaban de las patas o los embutían en latas. Los convertían en salchichas o en pedazos de babichas. Los clonaban en un rato: conejos cara de pato. Y en esta gran tiranía cada quien medio vivía. ¡Ay qué crueles los tiranos que son como los Marranos! Sin embargo la tortura, por fortuna nunca dura. Un día entre tanto bobo que llega el gran héroe-lobo a darles una paliza que aplaudió la animaliza. Curiosidad de la vida que aparece agradecida de que el malvado lobuno sea bueno como ninguno y su fama de feroz se bendiga como a un dios. Así que como les cuento todo lo cesó con viento. De soplidos en soplidos acabó con los gruñidos y los hermanos Marrano tomaditos de la mano se volaron a la luna donde para gran fortuna en la soledad lunar nadie había por molestar. Aburridos los cochinos se soplaron sus destinos, mas desde esos universos tramaron planes perversos: -Walt Disney, haznos bonitos e inventa tres cochinitos. Y en cociéndose ese arroz malfamó al lobo feroz. Así, queridos lectores, cuidado con los rumores que pasan como verdades y engañan nuestras edades. Antes de aceptar algo, ponle las reatas al galgo. Y colorín coloreando vamos ahora terminando.

CRÓNICA REAL DE LA HIPÓCRITA Y MALÉVOLA CENIZOSA

En tiempos que en los tiempos se perdieron cuando era una vez con su existieron y príncipes, princesas y castillos éranse que se eran con mil brillos, hubo un reino feliz de maravilla donde un rey era amado por la grilla pidiendo a sus dos hijos que casaran con el fin de: las glorias continuaran. Viviendo todos de los presupuestos la dicha evitaba días funestos. Nadie sentía transcurrir las horas y gozaban la dicha sin demoras. Los brindis y los bailes sucedían que a veces en palacio no cabían, entonces los jardines con sus fuentes se apretaban invadidos de gentes. En fin que todo mundo tan contento olvidaba pensar el fin del cuento. Mas entre esta multitud populista había alguien que no entraba en la lista. Andrajosa, escondida en los rincones, condenada a estar siempre entre fogones una pobre madrastra lloriqueaba la vida de maltrato que le daba la hija de su esposo que entre fiestas bailaba muchas danzas deshonestas. Vestida con gran lujo por las brujas Cenizosa brindaba entre burbujas; conquistando burgueses y rancheros; a todos les sacaba sus dineros. Poetas a sus pies llenos de mieles cantaban sus encantos entre pieles. Gozosa de costumbres tan mundanas soberbia despreciaba a sus hermanas: Odiando sus bellezas sin adornos, la envidia ostentaba sin bochornos. Flacucha, mas reía entre la corte a la espera de hallar un buen consorte. Soñaba con un príncipe admirado como nunca mujer lo ha especulado y ansiosa de ser tomada en serio se hacía la virtuosa del salterio. Se pasaba tocando bellos valses y con ellos domaba hasta los alces. Su bruja madrina le había dicho nunca dejes caerte de tu nicho; ataca con dulzura al principado y verás que lo tienes ya casado. Mas ni un noble heredero hacía caso de todo lo tramado para el lazo. Entonces Cenizosa enfurecía y era larga la noche con su día en que urdiendo mentiras y calañas la maldad enredaba de patrañas. Arengaba a la esposa de su padre llamándola asesina de su madre y culpándola cruel de sus fracasos la agredía con uñas y manazos. Sin embargo, la sufriente madrastra aguantaba desplantes de su hijastra; la única esperanza que tenía era ver en sus hijas la alegría de poder disfrutar tantas veladas siendo damas gentiles, respetadas, a pesar de la envidia que la rica sentía por Lucinda y Bonitica, sus buenas hermanastras tan gentiles, no obstante siempre los desprecios viles. El gran duque, su padre, las quería a pesar de malobras que la impía Cenizosa inventaba diariamente; nunca más se vio en cuentos esta mente de calumnias repleta y vanidades según cuenta quien sabe estas verdades. Pisoteando la ropa Cenizosa se fingía inocente y muy graciosa: -Otra vez a enjuagar; están muy sucias. tallen bien, no se olviden; no sean rucias. Cansadas de lavar platos y platos Cenizosa lanzando sus zapatos con el fin de romperlos sin reparos y a las pobres cobrárselos muy caros, tramaba Cenizosa sus venganzas por ser lindas, simpáticas y mansas. De celos la maligna sospechaba que a Lucinda el gran príncipe la amaba y a la tonta y güereja Bonitica cortejaba el menor cual dama chica. Los dos guapos donceles del imperio no dejaban su amor en el misterio. Cenizosa rumiaba su coraje y un cuchillo guardaba en su ropaje. Así andaba su vida sin más nota cuando al fin derramó la última gota: enfermo cayó el duque y moribundo se alejó de inmediato de este mundo. Con los ojos en llanto la madrastra le dijo-¡Nos vamos!-a la hijastra, y Cenizosa contestó: -No creas... No será lo que sé que bien deseas. Los príncipes vendrán en esta tarde para el duelo que harás con gran alarde. Ellos quieren casarse con tus hijas y cual viuda esperan que transijas, mas con este cuchillo a tus espaldas les dirás que se alejen de sus faldas pues tienen compromiso para monjas y no valen promesas ni lisonjas. Les dirás amorosa y convencida: Cenizosa sería la convenida Es hermosa; de todo liberada; puede ser de los dos su gran amada; así nuestra amistad se reconcilia y queda con ustedes en familia. Cuando oyeron los príncipes tal ruego salieron ofendidos y en repliego. Al bajar con tal prisa la escalera, uno perdió su bota en la carrera, ocasión que sedujo a Cenizosa para optar de quien sería la esposa. A la corte fue; sencillo el vestido, sonriendo como quien busca marido y mostró la gran bota abandonada al ministro de risa congelada. El príncipe menor no quiso verla; el príncipe mayor, menos olerla; entonces la gran bruja su madrina, redonda como pálida aspirina, entró amenazante a la gran sala vistiendo a Cenizosa de gran gala, logrando que su imagen seductora al gran rey hechizara sin demora. -¡Oh! –dijo el soberano. -¡Maravilla! De inmediato te vuelvo mi costilla. Suerte curiosa la de esta malvada: la bruja resulta que era su hada. Cenizosa fue reina y cruel madrastra; fieras leyendas en su capa arrastra: a los hijos del rey, el calabozo; Lucinda y Bonitica sin reposo se vieron en cadena y en cocina. El reino poco a poco fue a la ruina. Las fiestas continuaron en palacio a costa de artesanos sin espacio. Cuando el señor rey acabó sus días todo era dominado por harpías. Con tanta noche ardiente y seductora se lo echó la crudela en una hora. Y Ceni gozaba; reina galante; joyas altivas; atuendo elegante. Su exceso de ambiciones en política fue volviendo a su patria, paralítica. Los grillos de los circos y la feria huyeron al exilio en la miseria Tan solo la gran bárbara gozaba con el príncipe enclenque que quedaba. No contenta con su triunfo de malosa, de noche era una negra mariposa que vampira chupaba al campesino y dejaba al obrero sin comino. Arrasaba a los pobres y a los ricos y a todos los dejaba hechos añicos. -¡Piedad!- alguien gritaba a la perversa y ésta untaba con sangre su piel tersa. Mas un día cansados de maltratos los súbditos gruñeron siendo gatos y perros se volvieron tan furiosos que rompieron el cántaro en los pozos. Entonces se rajaron las cadenas y a machetes cayeron las condenas. Nada pudo controlar la rebeldía ni ejércitos del mal ni brujería. La gente vengativa y belicosa terminó por ahorcar a Cenizosa. El pueblo cuando está harto de la escoria arrasa falsedades de la historia. No perdona ni humano ni divino y ninguno se escapa a este destino. Como toda variante de un relato con frecuencia también se cambia el dato; le corrijo la plana al señor filme para ya no dejar que nos esquilme.

LA INSIDIOSA VIDA Y HECHOS PERVERSOS DEL ESPEJO MENTIROSO

Hace tanto tiempo que en verdad ya ni me acuerdo, si en aquella edad sucedió lo que se era y no recuerdo, si fue invierno o primavera, sin embargo haré memoria y buscando en mis archivos narraré la historia como en sus tiempos vivos. Si caía la nieve blanca... y todo eran blancas nieves, de seguro era en invierno cuando esta historia se arranca, aunque no sé si era jueves, o qué día del tiempo eterno. Lo que sí puedo afirmar es que fue un bosque de Europa donde esto pudo pasar pues lo sabe hasta la sopa. Tan solo en aquellos lares suceden estos cantares. Era un castillo de cuento como el cuento de una hada donde vivía muy contento un rey viudo y su hija amada, mas sucedió que faltaba quien ordenara la casa; y faltando aquí una taza la vida no se ordenaba. La niña tierna pedía una dulce compañía; una madre que la amara y de todo la cuidara. Mas dónde encontrar alguna que reuniera el requisito: ser hermosa cual ninguna, con un mirar exquisito, tan blanca como la luna y parecerse a la niña, princesa que en esta viña sola crecía sin cuidado femenino y bien amado. Fue entonces cuando el rey mandó dictar esta ley: -Quien se parezca a mi hija será la reina que rija los destinos de mi pueblo. Su cuarto nupcial amueblo con muebles tamaño regio, músicas de todo arpegio y un vestuario de queen size y junto al king que habráis tendráis la felicidad y grande celebridad. Llovieron las candidatas pero el rey sin dar erratas seleccionó a la doncella que parecióle su estrella. Así fue que Nieves Blancas amamantó a Blanca Nieves; ternura y amistad francas movían mismas palancas. Si en esto no te conmueves, desmiéntelo si te atreves. Amor en una madrastra, sí puede haber por su hijastra. Mas todo en la vida es leve y el tiempo corrió tan breve que apenas era un solsticio cuando otro daba su inicio. Así creció Blanca Nieves tan bella como su madre; momentos de vida leves sostenidos por su padre. Ella nunca había sabido la verdad de su orfandad; Nieves Blanca en su bondad así se había sostenido. Pero después de quince años llegó el momento de fiestas y sonaron las orquestas como en los tiempos antaños cuando sin pensar engaños hubo las bodas honestas. Ahora todo el castillo era vestido con brillo. Llegaron grandes regalos desde vikingos a galos; de México, los frijoles y de la España, los oles. De la Argentina, los tangos y de la India, los mangos. Y del Egipto tan viejo le dieron un bello espejo. Se decía que allí hechizado un cruel mago había quedado. -No lo aceptes Blanca Nieves; no lo aceptes Nieves Blancas. Mirarlo tú no lo debes pues tu corazón estancas. Pero las dos se sonrieron y en encantos no creyeron. Blanca Nieves, Nieves blancas, acomodadas en bancas disfrutaron el festejo sin pensar en el reflejo que sonriente las miraba mientras brutal plan pensaba para deshacer los lazos y hacer de amores pedazos. Cuando acabaron las danzas comentaban entre chanzas, hijastra y madrastra juntas de cariño cejijuntas: -Vamos a ver nuestro espejo y ambas con igual gracejo se miraron sorprendidas: como dos gotas unidas; eran iguales de hermosas. ¿Quién distinguiría dos rosas en un jardín de igualdades o en rosario de piedades? Pero el espejo insidioso mandó un secreto mensaje a la hija y con coraje, de pronto ésta se alejó como si algo descubriera; algo que nunca supiera y que de pronto encontró. Nieves Blancas boquiabierta por la reacción de Blanquita de pronto sintió un alerta que la hizo exclamar: ¡Maldita! Blanca Nieves en su mente se confundía con mil voces. -Haz sido tonta, inocente. A la Nieves no conoces. No es tu madre; es tu madrastra y pronto va a despojarte del trono que ahora comparte con tu padre al cual ya castra. Mejor cuece unas manzanas y dáselas dos semanas; al cabo de quince días sufrirá mil agonías y ya librada de ella tú sola serás la estrella. Entre tanto Nieves Blancas contemplando las barrancas otro alerta recibía: -No has de ensuciarte las manos. Por tanta majadería contrata a los siete enanos que en el bosque cual gitanos viven de bellaquería. Haz que rapten a la Blanca y la dejen hecha lodo, quítale a la Nieves todo y hazte dueña de la banca. Ya sin nada Blanca Nieves, no dará golpes aleves a tu reinado total pues tu marido está mal y el desenlace es fatal. -Aijó, aijó, te vamos a raptar. Aijó, aijó, te vamos a matar. Blanca Nieves seguía oyendo al espejo que mintiendo: -Eres tú la más hermosa y ganarás cautelosa. Nieves Blancas por su lado con una cara de bruja espumando sobrepuja su odio recién nacido por ser la menos hermosa y ya no ser una diosa. Aceptando la manzana que del espejo ha surgido la devora cual villana que disfruta de su crimen. Cayendo al primer mordisco se durmió haciéndole al bizco. Ya nunca despertará, pues nadie la besará. Mientras esto acontecía otra maldad sucedía. En algún rincón del bosque, donde no había guardabosque, Blanca Nieves fue raptada por los siete enanos crueles que haciendo una orgía de infieles hartos de placeres, gimen y le estrellaron el himen. Cuando el rey supo de esto, llegó su final funesto y cayéndose del trono de la tierra se hizo abono. Todo el reino guarda luto y ya no encuentra heredero. El palacio abandonado se quedó sin estatuto. Lo compraron para cine y yo bien que lo disfruto porque soy el espejero, para aquel que me adivine, que se mezcla en la pantalla escondido en las negruras de una sala sin blancuras donde la mentira estalla. Cada vez que tú te mires la vanidad al espejo, es mejor que ni suspires: cuídate de mi reflejo.

CAPERUCITA FEROZ

Había una vez una vez cuando las veces sí cuentan, pues una vez no es ninguna y más de tres ya son renta con que completas alguna. Decía que entre tantas veces, ansiosa en sus intereses, vestida de adolescencia y hormonas a efervescencia, la joven caperucilla buscaba como novilla al buen lobo que a las reses nunca causaba reveses, sin que por fin se le hiciera encontrarlo en esa vera Porque en ese tiempo viejo, tan dócil como un conejo, era la tribu lobuna, sin nostalgias de la luna y en su timidez algo hosca no mataba ni una mosca. Los lobos comían manzanas y gustaban de jaranas; baila y bailando pasaban como inocentes gitanas y cuando al fin acababan todo era hacer caravanas. Danza con lobos segura, sin herida ni pavura sin rivales ni enemigos bailoteaban sus ombligos. Como dulces damiselas saboreándose los higos con cremitas o canelas no pensaban en las carnes ni en pavorosos encarnes. Hombres lobos no existían, cuando más, hombres habían que correteando a las bestias las pinchaban de molestias. Como dicen, sólo el hombre se vestía con ese nombre. Así era su vida entonces, a los lobos me refiero, sin sus colmillos de bronces ni sus ojazos de fiero; apenas gustaban quesos y se deshacían en besos. Aún no tenían la fama de ser el monstruo que brama en las noches embrujadas en pos de grandes tajadas. No combinaba su amor con los cuentos de terror. Sus aullidos de anodino no espantaban ni a un cretino. Por eso a la mocosuela esta gana la desvela: encontrarlo en un recodo y cambiarlo a otro periodo. Ya basta de ser tan brutos con tan buenos atributos como tienen los lobazos; no aprovechar sus abrazos y de paso lo notable que se mira siempre estable. Por eso muy decidida la vemos muy de subida entre el bosque de pinares indagando en todos lares tras su lobo preferido. Va a enseñarle el resoplido que ha aprendido cuando el padre se agasaja con la madre. Con esta idea tan moderna para una chica tan tierna encamina sus propósitos de ofrecerle sus depósitos. Cubierta con su capucha va por el bosque sola cuando mira que una cola asoma en una casucha. Allí está, se dice atenta y retozando contenta se le abalanza al lobato quien huyendo como un gato se mete en la residencia que habita Doña Prudencia. Es la mansión de la abuela quien leyendo una novela no se percata de nieta que quiere iniciar la dieta. Como la abue es partidaria de la crianza de lobeznos no quiere ser rutinaria acurrucando gallinas que acomodadas en fresnos hacen sus escandalinas. Criadora de lobos puros le gusta hacerlos muy duros. Así alegre la rapaza se afila para la caza protegida con mil hierbas que conocen las catervas, atrapa al buen casto lobo que sabemos era un bobo. Tomándolo del pescuezo lo introduce en la bodega y comiéndoselo a besos le dice cual estratega: -¡Ay qué grandes ojos tienes y qué orejas cosquillonas! No sé por qué te contienes y tu dones no me donas; si en clase de biología ya me enseñaron la guía y hasta en mi libro de texto me lo han dicho antes de sexto. Vivamos tiempos actuales; no como antaños, banales, y démosle rienda suelta a los instintos bestiales; tu figura es muy esbelta y en esto somos iguales. El lobo algo avergonzado refirió que la abuelita para eso lo había criado y si descubre estos males, seguro me decapita que tu abuela es despiadada y acaba con la manada. -¡Mi abuela! Exclamó la adolescente ¿Entonces de ella eres cliente? -Traidora abuela de los cuentos; te dejaré hecha esperpentos -Detén tu ferocidad no te irrites con tu vieja; su última felicidad es romper con toda reja. Perdona sus atrevimientos; son sus póstumos alientos. Influida por lo porno, no le queda ni un bochorno y con tanta noveltonta se despicó en esta monta. -Pues yo tengo trece años y mi experiencia comienza. Sé que son puros engaños y qué me crees tú ¿muy mensa? Pero ya no tengo trenza, mírame sin caperuza y me verás muy intensa cuando me quite la trusa. Y causando gran efecto mostró su cuerpo perfecto. Entonces sí, ya no pudo, usar el lobo su escudo y entregado a la doncella le fue gozando lo bella. -Si esto lo sabe tu abuela, pelo a pelo me despela.- Dijo trémulo el lobillo, temblándole hasta el tobillo y ella contestó:-No es mucho, aunque aún no eres muy ducho. -Espero que estés contenta con estos aprendizajes y cuando a tu casa bajes que ninguno se dé cuenta. Mi saber declarativo es procedimiento vivo. -¡Te voy a acusar lobucho si no te haces mi papucho! Me lo has hecho por tres veces y yo lo quiero por meses. -No mientas ingrata dama, aquí ni siquiera hay cama; no seas tan ambiciosa y aprende a no ser golosa. -¿Entonces ya te me alejas? ¿Y entusiasmada me dejas? -Es que tu abuela me espera. Siempre quiere ser primera. Apenas hubo salido el lobo de la covacha cuando la astuta muchacha se fue a buscar ese nido. Subió al cuarto de la abuela y le dijo que en la escuela la querían homenajear, así que debía llegar: -Anda mi viejita, vuela. Con fuerza joven la anciana se fue por una semana y cuando el lobo llegó a la joven encontró disfrazada con peluca y tercera edad fingió hablando como una ruca. El lobo tan despistado otra vez entró en acción y con su gusto abueleado aplicó bien su lección. Mas cuando al cabo del tiempo regresó la abuela fúrica, ¡qué tremendo contratiempo de celos y de destiempo!, pues con bebida cianúrica sin tentarse el corazón, caperuza hecha feroz se volvió matriarca atroz: mandó a su abuela al panteón y se hizo dueña del lobo quien entre sobo y resobo no le daba contención. Harto el cánido del juego quiso aventársela al fuego pero un cazador cercano se dio cuenta del villano y de un balazo potente al pobre lobo acabó y a la granuja salvó. Ella quedó cual demente y enfureció de dolor. Atacando al buen señor lo deshizo diente a diente. Desde entonces cada luna se mira un hembra lobuna convirtiéndose en mujer que saciada en su placer se siente la muy vengada al devorarse a los hombres y como ves, no te asombres, los lobos de la lobada descubrieron que era humana y cambiados ya de giro no le dieron ya respiro con una muerte inhumana. Hecha pedazos la chica el juez la remendó en el acta, aunque la caperucica ¡asombro! quedaba intacta de sangre roja compacta. De tanta ferocidad nadie supo la verdad. La entenderás cuando vieja y te quedes sin pareja, pero entonces ya ni hablar, habrá lobitos que criar... y en estos lugares trópicos; sin peligros licantrópicos de amor te han de devorar.

LA CASITA DE CHOCOLATINA