Antaño i Ogaño: Novelas i Cuentos de la Vida Hispano-Americana

Part 9

Chapter 94,137 wordsPublic domain

--¡Ah! ¡se necesita mucho! ¡Un gran sacrificio! El que me ame ha de peregrinar veinte años sin cesar entre dos grandes ciudades de mi patria, para hallar, al fin de tres mil viajes que ha de hacer en los veinte años sin que la falte ni sobre tiempo, el talisman del PATRIOTISMO que se ha perdido en una de esas ciudades. El dia del hallazgo será dia de gloria, de contento, de paz i de fraternidad; i yo podré volver a ejercer en mi patria mis funciones, pues soi el hada del noble sentimiento perdido. El hombre que acometa tan alta empresa ha de tener un corazon formado para el amor, i no para el odio, profundas convicciones, ardiente fé en el porvenir i perseverancia incontrastable......

--Si no es necesario mas, yo soi ese hombre, esclamó con entusiasmo Mr. Livingston: ponme en camino i fia en mí, Lucero, si no se necesita otra cosa.

--Sí, hai algo mas: el hombre de que hablamos ha de pronunciar de cierto modo en cada una de las dos ciudades tres palabras sacramentales, cuantas veces llegue al término de un viaje.....

--Dímelas, interrumpió con viveza don Guillermo.

--Nó, tratemos primero de tu salvacion; despues debo probarte, i cuando tenga en tí plena confianza, sabrás esas palabras.

--¿I cómo vas a salvarme?

--Voi a pedir a los Jenios tu libertad.

--¿Qué no sabes que estoi sentenciado? Los Jenios me forzarán a cumplir mi condena, a no ser que me permitan cumplir la promesa que he hecho de desencantar a la Libertad, venciendo sin hierro ni fuego a los cuatro monstruos que la aprisionan.

Una sonrisa inefable iluminó el bello semblante de Lucero, i luego, con la ternura que inspira a una persona esperimentada la candorosa inesperiencia de un niño, tomó las dos manos de su amante i con dulzura le dijo:

--Nó, piensa primeramente en hallar el Patriotismo perdido; despues esa virtud celeste, por sí sola, completará lo obra de vencer sin hierro ni fuego a aquellos monstruos.

--Entónces es indudable, replicó Mr. Livingston, que los Jenios me someterán a la sentencia que sobre mí pesa.

--Tampoco; no lo temas, le dijo Lucero: los Jenios practican aquí lo que inspiran a sus adeptos de allá arriba: aquí la voluntad que forma las leyes está sobre las leyes, i éstas no se dictan sino para los indiferentes i para aplicarlas sin piedad a los enemigos; pero para los que las hacen i sus amigos son una regla elástica que se alarga i se encoje como conviene, conservando su forma. Un medianero rara vez deja de alcanzar lo que se desea, cuando pone en juego ciertas influencias; su empeño se convierte en interpretacion, cuando hai necesidad de salvar las formas, o simplemente en mandato, cuando la lei no se opone abiertamente. Así caen las leyes i las sentencias, i así caerá la que te condena, cuando yo haga valer mis relaciones i el interes que hai en tenerme siempre grata para que no anhele volver al imperio que me corresponde como hada del patriotismo.

--Soi tuyo, Lucero de mi alma; me entrego con amor a tu poder i sabiduría. Sálvame, que yo te pagaré con un inmenso amor; i aunque emplée toda mi vida en salvarte, moriré contento, si tú mantienes en mi ancianidad el fuego de mi corazon.

--Nó, tu alma i tu corazon no envejecerán, si te alienta mi amor; i aun cuando el tiempo blanquée tu cabeza i desgaste el vigor de tu cuerpo, yo le volveré su juventud i su hermosura con el primer abrazo que te dé allá en el mundo.

XIV.

El alcázar de los Jenios.

¡Ai, desgraciado del que nace feo! ha esclamado algun poeta dominado del númen de la verdad, mas que del estro de la poesía; i en realidad que no es una ilusion poética la desgracia que trae consigo la fealdad. ¿Qué feo inspiró jamas un amor a primera vista? El feo que logra ser amado, lo consigue siempre a fuerza de mañas, o de bondad de corazon, o de injenio: por eso las mujeres que se ven conquistadas por un feo se escusan amenudo con un--«¡pero si es tan bueno!»--u ocultan su vergüenza bajo el prestijio de la habilidad o del talento de su feo. ¡Mas qué será, Dios mio, del que ademas de tener la fealdad en su cara, tiene la pobreza en el corazon i menguado el entendimiento! A ese solo puede salvarle el capricho femenil, i si no sabe esplotarlo o si no es capaz de aprovecharse de las estravagancias de una mujer, no le queda otro mundo que la celda de un convento, ni otro amor que el de Dios.

Al fin esto es algo: peor es entregarse como Calivan al amor del diablo. ¡I sin embargo, hai tantos Calivanes en este mundo, que sin ser hijos de la bruja Sycorax, tienen una intelijencia grosera, un natural ruin i una figura humana con todos los instintos i deformidades de la figura bruta! ¡Para esos, la maldicion del hombre i de la mujer! El que nace Calivan i no tiene la virtud de la conformidad, i en lugar de hacerse bueno, cultiva la envidia, i se enardece con el odio i el egoismo, es un monstruo que no merece tan siquiera los caprichos de una bella, ni las estravagancias de una fea, porque la mujer que se dejase conquistar por él, no podria disculparse con un--«¡pero si es tan hábil!»

Afortunadamente no se hallaba don Guillermo clasificado en ninguna de estas categorías de la fealdad, como fácilmente se habrá colejido al verle enamorar con solo su presencia a una hechicera tan encantadora por sus gracias como por sus artes. I aquel amor era como todos los que se descifran a primera vista: él i ella se habian leido el corazon el uno al otro, i se habian intimado i casi cristalizado, como si llevaran largos dias de buen trato i de dares i tomares.

Hallábanse los enamorados a las puertas de un inmenso edificio, que era el alcázar de los Jenios, cuando se cambiaron sus últimas promesas. Lucero penetró en el alcázar seguida de su pájaro, el cual no tenia ya ni la forma de tal, ni la del padre Adan en que habia sido cazado: era el mismo hermoso don Guillermo que solia ver en su meson Madama Ferran por las tardes, con la diferencia de que su rostro estaba ahora radiante con las luces del amor i de la esperanza, i no sombreado por las dudas que en otro tiempo le inspiraba Julia.

Lucero se perdió en aquella atmósfera crepuscular que ocupaba los antros del alcázar, dejando a Mr. Livingston en un punto de apoyo desde donde podia descubrirlo todo. No habia allí salones, ni apartamentos, ni bóvedas, ni suelo: era un espacio inconmensurable, infinito, sin luz, porque no eran sus habitantes los Jenios de la luz; ténuemente alumbrado por un claror parecido al de la incierta luna bajo la enramada de una encina, como el que alumbraba el infierno cuando el poeta lo visitó. Sombras diáfanas pero opacas circulaban lentamente, unas verticales, otras inclinadas, éstas recostadas muellemente en el ambiente, i muchas como hendiendo el aire para subir o descender: eran los Jenios, i los habia de todas dimensiones i figuras, pero conservando siempre aquella forma que los pintores dan al alma, cuando la representan desprendiéndose del cuerpo que muere. Voces metálicas, sonoras, vibrantes, como las que arranca una pasion ardiente, surjian de todas partes, al parecer en confusion.

Pero esa confusion era aparente: cuando don Guillermo fué recobrando el imperio de su discernimiento i el uso de sus sentidos, libre ya del estupor que le habia causado la novedad i estrañeza del espectáculo, observó que en todo reinaba un órden admirable, i que los Jenios, poseedores del portentoso poder de abrazar aquella inmensidad con una mirada, con su voz, con su atencion, se comprendian sin estorbo, i se ocupaban familiarmente de sus tareas sublimes. La intelijencia humana del ingles no alcanzaba a descifrar otra cosa, sino que desde aquel centro inconmensurable partia la inspiracion para el mundo profano; pero no podia esplicarse cómo, ni podia distinguir a los mensajeros que trasmitian los apotegmas con que resonaban los antros. A juzgar como puede hacerlo un mortal, se trataba allí de muchos puntos simultáneamente.

En algunos círculos se ocupaban al parecer en dictar la Constitucion política de un pueblo, pues se oia vibrar una o muchas voces que esclamaban:

«Aquella es la mejor de las constituciones políticas, que mas fácilmente puede ser desobedecida i burlada por los que mandan, mediante una sábia interpretacion, o merced a alguna cláusula que destruya las garantías que ella concede.»

«Los abusos de la autoridad son santos, o por lo ménos inocentes: cuando se trata de evitar el uso de la libertad i los abusos de los que obedecen.»

«La fuerza del poder no debe buscarse en la opinion ni en el concurso de los intereses de todos, sino en las armas i en los tesoros; pues la resistencia a las pasiones ajenas i a los intereses ajenos es la mejor política de los que mandan.»

En otras partes se oian proclamaciones que parecian consejos:

«No hai leyes buenas, se decia, si son malos los hombres encargados de aplicarlas: corromped el corazon de los hombres i no tendreis que temer de las reformas.»

«Enseñad a esperarlo todo de la voluntad de los que mandan, i así acostumbrareis a los hombres a respetar la autoridad en las personas que la ejercen i no en las leyes.»

«Haced a los hombres desleales, disimulados e hipócritas, egoístas, orgullosos e intolerantes, i así tendreis defensores contra toda novedad que hiera el sistema actual de vida.»

«Entristeced al pueblo, quitadle todas las ocasiones en que pueda holgarse su espíritu, con el pretesto de atacar los vicios i de evitar la corrupcion, i así lograreis inspirarle aquellas virtudes.»

«Protejed i fomentad la relijion, como aliada del poder, porque miéntras mas relijioso es el pueblo, mejor podrán vuestros aliados ayudaros a conservar el órden.»[13]

[13] Se ha procurado condensar en estos apotegmas terribles toda la filosofía política del partido conservador. Filosofia que se revelaba no en las palabras, sino en los hechos de los pelucones, principalmente en los del gobierno absolutista de la época.

Mas allá se oia que se trataba de prescribir el escudo de armas de una nacion, pues una voz sonora esclamaba de este modo:

«El emblema de un gran pueblo que está bajo nuestros auspicios, no debe componerse del árbol de la libertad ni de los Andes i el sol. Es necesario que los símbolos sean mas adecuados, i si se han de buscar en la naturaleza, debe elejirse una ave de rapiña i un cuadrúpedo montaraz, huraño i tan inútil, que ni siquiera haya sido visto por los hombres: orladas esas criaturas por dos ramas de laurel entrelazadas, formarán un verdadero jeroglífico de ese pueblo.....»[14]

[14] Alude a la reforma del escudo de armas de la República de Chile, que hizo el partido pelucon.

Una luz mas viva ajitó el aire i Lucero, radiante i veloz, apareció a los ojos del ingles, que atónito i abismado, contemplaba i oia con toda su alma lo que pasaba i se decia. Los ojos claros de la hada i su semblante abierto i espresivo, derramaron el consuelo i la esperanza en el corazon de su enamorado.

--Ya estás libre, le dijo, pero necesitas llenar una condicion de ceremonia.

--¿Cuál es? Ordena, Lucero, i serás obedecida.

--Los Jenios te conceden su indulto, pero debes solicitarlo en una representacion respetuosa, en que implores perdon.

Una sombra siniestra cubrió la frente de Mr. Livingston, que bajó los ojos como pesaroso i triste.

--¿Qué te sucede, esclamó Lucero, dudas?

--No dudo, dijo él siempre mústio; ¿pero de qué imploraré perdon? ¿Cuál es mi culpa? ¡Hai mucho de indigno en la víctima que pide perdon a quien oprime sin razon i sin mas lei que la de la fuerza!

Lucero se entristeció, pero reanimándose súbitamente, replicó:

--Una gracia se pide siempre al poderoso.[15]

[15] El gobierno triunfante en aquel tiempo exijia de sus enemigos vencidos que implorasen perdon desde el destierro para volver a la patria.

--Es verdad; observó Mr. Livingston, pero yo no creo que deba pedir gracia, cuando me hallo en el caso de reclamar justicia; i cuando no tengo quien me la haga, ni puedo valerme por mí propio, me resigno a mi suerte, ántes que implorar favor, porque un favor solo ha de pedirse o recibirse, cuando es grato deberlo.

--Comprendo tu dignidad, le dijo Lucero, oprimiéndolo cariñosamente con su brazo; i no solo la comprendo, sino que te amo ya demasiado para que pueda imponerte un sacrificio, ni contrariar tus sentimientos. Pero si no te libertas por este medio, tienes que arrastrar grandes peligros para conseguirlo con una fuga: yo te acompañaré, porque nuestra causa es comun, i padeceré contigo. ¡Vamos!

--¡Imposible! Tampoco debo yo imponerte a tí sacrificios, déjame solo.....

--Me los impones sin ofenderme, i yo los acepto con amor i con la esperanza de que traerá tu libertad mi triunfo. Déjame el placer de ser tu guia, tu salvadora, que él es mas grande que las penas que tenga que sufrir por tí. ¡Vamos! ¡Adelante!

XV.

Digresiones.

No sabemos cuanto tiempo habia pasado desde que don Guillermo fué trasportado como cuerpo muerto de la playa del Pacífico a los antros de la Cueva del Chibato, ni cuanto va trascurriendo desde que emprendió su fuga con Lucero, desde los umbrales del Alcázar de los Jenios en busca de su libertad. Si, como creian los antiguos, el espacio i el tiempo no son mas que simples relaciones de los seres; o si el tiempo como creen otros, no es mas que la determinacion de la duracion, hecha por el entendimiento i revestida de formas por la imajinacion, de todos modos, no podemos saber cómo consideraban esas cosas los habitantes de Espelunco; pues ni conocemos asertivamente sus relaciones, ni tenemos datos sobre el modo como contaban la duracion. Lo mas probable es que no les hubiese alcanzado la correccion Gregoriana, por católicos que fuesen, i que, por consiguiente sus meses i sus años fuesen mui diferentes de los nuestros. ¿Quién sabe si aquel año de noviciado que hacian sufrir a los imbunches no era un siglo? ¡Ya se vé que eso no habria sido tan malo, pues hai espíritus tan tenaces que no se doman jamas! Testigo aquel porfiado prisionero de Chillon, de quien nos cuenta Byron, i a quien no le bastaron ocho años de argolla para dejar de ser republicano; i tambien aquel otro viejo empecinado a quien no abatieron diez i seis años de silencio forzado, ni tres de reclusion rezando los salmos penitenciales, para que dejase de hacer alarde de sus herejías, esclamando _e pur si muove_, cuando se levantó del sitio en que le puso arrodillado la santa Inquisicion para que abjurase sus errores. ¡Rara condicion la de algunos hombres que no saben jamas amoldarse a las circunstancias para pasarlo bien, i que prefieren sacrificarse por una quimera de esas que se llaman teorías o utopias! Bien merecido tienen su mal, i ellos solos lo sufren, con la maldicion del diablo i la befa de la jente sensata que sabe vivir. Nosotros los hombres prácticos, los vividores, como se decia al estilo antiguo, no debemos incomodarnos por mejorar el mundo: si somos súbditos, bien nos viene el obedecer i callar, porque donde manda capitan no manda marinero, i porque al fin i al postre no hai nada mejor que el gobierno; i si por fortuna somos mandones o estamos en peligro de serlo, ahí está nuestro modelo, el ladino Sancho, que cuando se las soñaba en el reino de Micomicon, esclamaba: «¿Qué se me da a mí que mis vasallos sean negros? ¿Habrá mas que cargar con ellos i traerlos a España, donde los podré vender i a donde me los pagarán de contado, de cuyo dinero podré comprar un título o algun oficio con que vivir descansado todos los dias de mi vida? No sino dormíos, i no tengais injenio ni habilidad para disponer de las cosas, i para vender treinta o diez mil vasallos en dácame esas pajas: por Dios que los he de volar, chico con grande, o como pudiere, i que por negros que sean, los he de volver blancos o amarillos: ¡llegaos, que me mamo el dedo!» Así han dejado a los pueblos, mamándoselo, algunos ex-presidentes i ministros americanos que se han ido a vivir descansados todos los dias de su vida a Europa, i a gozar de los frutos de su injenio, que no lo tuvieron ménos grande que Sancho. ¿Hai mas que imitarlos? ¡Bueno es el mundo i bien se está San Pedro en Roma!

Otra cosa que ignoramos es el cómo la hermosa Lucero inició a su querido en sus hechicerías, enseñándole a metamorfosear su figura instantáneamente, a volar por lo alto como pájaro, a arrastrarse como culebra por lo bajo i a resbalarse como pez entre las manos. Ya se ve que todo eso i mucho mas era preciso a quien tenia que andar asendereado i perseguido en un pais donde la policía estaba servida por brujos capaces de dar caza al mismo Cojuelo, si hubiese ido a incomodar i a alterar el órden. Semejante policía no cabeceaba ni roncaba, cuando estaba de servicio, ni incomodaba con pitos ni gritos a los vecinos que la pagaban, ni mostraba su valor sableando a los inermes i estropeando a los beodos, ni probaba su vijilancia dejando robar a los ladrones, sin prenderlos, i aprisionando o espiando a los enemigos de la autoridad que no hacen daño.[16] Nó, aquello era otra cosa, i don Guillermo tenia mucha necesidad de las artes de su dulce amiga para escapar del peligro de las agujas, de que ya le habia salvado una vez.

[16] Se refiere a los hechos de la época en que apareció el cuento, no solo en lo de la policía, sino tambien en los demas puntos que tocan estas digresiones.

¡Ah! cuánto dieran algunos de por acá para alcanzar a poseer esas artes diabólicas! Pero es el caso que debe haber mucho de cierto en lo que pensaba de nosotros el padre Malebranche, cuando sostenia que el alma no obraba de manera alguna sobre el cuerpo, i que Dios es el único que obra sobre el alma i sobre el cuerpo: así es que, por mas que uno desee volverse perro para amar i no sentir, o moscon para fastidiar al prójimo, jamas lo consigue, porque Dios no quiere, i porque el cuerpo solo puede acordar sus movimientos al pensamiento mediante la accion divina. No queda mas recurso que un pacto con el diablo. ¿Pero esto quién lo consigne, ni quién puede verle la cara a ese ánjel? Desde que él acabó sus tareas en el mundo, se jubiló i desapareció para siempre: hoi ya ni se acuerda de nosotros. Estuvo tanto tiempo enseñándonos i nos enseñó tanto, que viendo que en maldades i necedades podiamos darle lecciones, se restregó las manos complacido i se retiró a descansar. Solo allá, de tarde en tarde, cuando aparece un Fausto en el mundo, cosa que no se ha visto mas que una vez, i en Alemania, suele darle el padre viejo permiso para venir a acompañarle.

Ahora hai quien evoca los espíritus i tiene comercio con ellos, pero ese es un negocio absolutamente yankee que no se puede hacer en todas partes ni por todos. Santos i notabilísimos varones ha habido que lo han tomado a lo sério, i aun han lanzado contra los que lo hacen anatemas i escomuniones. ¡Pero quién tiene la fé o las creederas que estos santos necesitan tener! Los yankees de los espíritus se han de estar riendo de esas creederas, como se rien de los que les compran los jamones i moscadas de madera que venden tan barato.

Como quiera que sea, si no hai cuerpo que no tenga su espíritu, en ese grande i admirable órden de la naturaleza, lo cierto es que hai muchos humanos que al parecer no tienen el suyo, a no ser que lo tengan tan escondido como las rocas o los árboles. Pero tanto el arte de evocar esos espíritus ocultos, como las demas artes diabólicas, no se pueden aprender fácilmente en el estado actual de cosas. Desde que la filosofía ha dado al traste con la fé, los brujos han ido a esconderse en los antros de la tierra, i quien no tenga la fortuna de Mr. Livingston, no puede ponerse al habla con ellos ni aprender sus hechizos.

Mas, en obsequio de la verdad i en honor de nuestro héroe, debe reconocerse que lo de brujo no disminuyó en un ápice sus instintos de buen ingles, pues lo primero que hizo en el pais de su peregrinacion, fué instruirse del estado en que se hallaban las garantías de _habeas corpus_, ya que tanto le interesaba conservar el suyo. Pero halló que en materia de prisiones, aquello era una atrocidad, porque sobre estar habitualmente presas, como en un convento, aquellas jentes, sucedia que no habia brujo ni bruja, como quien dice perro ni gato, que no tuviese la facultad de mandar a la cárcel i aun de condenar a muerte a cualquiera estante o habitante, aunque no fuese mas que por verle mala cara. La seguridad individual no era allí conocida, sino por los servidores de los Jenios, que, al fin como de la carda, estaban exentos de los percances que ellos eran encargados de hacer sufrir a los demas. El ingles se asustó de ver que el _habeas corpus_ estaba suspenso sin ceremonia, i nunca perdió el susto por mas que procuraba imitar a los paisanos suyos que por allí encontraba enteramente conformes i contentos con esa inseguridad: pero no advertia que esos eran tambien de la carda, miéntras que él habia desechado las propuestas de afiliacion que en otro tiempo le hizo el juez del crímen de Espelunco.

Pero en cuanto a libertad de pensamiento, era eso otra cosa: los Jenios dejaban la libertad de pensar i la de hablar por lo bajo cuanto se quisiera, con tal que no se pasara de la conversacion privada; i era libre el chismeo i el cuchicheo hasta lo infinito, i se podia hasta soplar a la oreja un _venticello_ de aquellos cuya fuerza describia don Basilio tan sabiamente. No, en ese punto estaban todos a sus anchas i contentos, i hasta se les dejaba campo abierto para hacerse oradores públicos, si querian, pues no se prohibia el hablar a gritos ni a los histriones, ni a los predicadores, ni a los panejiristas del gobierno de los Jenios, siempre que en todas esas loas fuesen estos loados i no enlodados.

La misma libertad existia para el pensamiento escrito: ¡gracias a Dios, existia la libertad de imprenta! La censura estaba rigurosamente abolida para ántes i despues del parto: la autoridad no censuraba ántes de la publicacion lo que parian los escritores, pero tampoco permitia publicar ningun parto que la censurase a ella. La lei era pareja i por consiguiente justa, pues cuando un gobierno no censura previamente las obras, tiene justicia para no permitir la publicacion de escritos en que lo censuren a él o a sus amigos. ¡Qué cosa mas racional! Pero sobre ser justo este plan, produce ademas una ventaja inapreciable, tal es la de que no pueden aparecer otras publicaciones que las que la autoridad fomenta o tolera; i si alguna de estas saca a veces los piés del plato, hai razon para que las otras i la autoridad se le vayan encima, las primeras con el peso de la injuria i la calumnia, i la segunda con su pesantez específica i cuantitativa, para castigarla i anonadarla, pues que faltó al pacto i perturbó el órden.[17]

[17] No se hizo así con este cuento, que se publicó por primera vez en la _Semana_. Se le dejó pasar en silencio. No se escribió ni se habló de él, i se le condenó al aislamiento, como a un apestado.

Mas don Guillermo, ingles al cabo, no comprendia esta libertad de imprenta i se imajinaba que mas bien era una libertad de mentir por escrito con patente autorizada, pues observaba que los escritores eran verdaderos prestijiadores que embaucaban a sus lectores, variando el sentido de las cosas, adulterando los hechos i convirtiendo en liebres todos los gatos. Segun él, habia una perfecta contradiccion entre los hechos que tocaba en la sociedad i los artículos que leia en la prensa; pues miéntras que en aquella todo era malo, atrasado i podrido, para esta no habia gobierno mas justo i liberal, ni mejor administrador, ni pueblo que hiciera mas progresos ni que fuese mas afortunado que el de Espelunco.