Antaño i Ogaño: Novelas i Cuentos de la Vida Hispano-Americana

Part 12

Chapter 124,039 wordsPublic domain

Nada mas propio de un amante desgraciado que meterse en un convento: testigo de ello la célebre poetisa cubana que cuando enviudó por primera vez se retiró a las monjas i no salió de ellas, sino cuando le volvió el estro del consuelo i se reconcilió con el mundo. Otros muchos testigos podrian citarse en apoyo de esa verdad; pero para qué se necesita mas testimonio que el de una mujer que por sí sola equivale a un rejimiento. El dolor, con ser la lei primordial de nuestra flaca naturaleza, es sin embargo siempre una cosa nueva para nosotros, siempre nos toma desprevenidos, i nunca, a pesar de su frecuencia, nos produce efectos análogos, sino bien diferentes i aun contradictorios. En unos desarrolla la sociabilidad hasta el punto de confundir sus efectos con el miedo, porque el dolorido no puede quedarse solo un momento, i halla su alivio en la compañía de otro ser que le comprenda; pero en los enamorados, el dolor desarrolla la mas seca misantropía, los hace ariscos i fieros, insociables i fastidiosos, hasta que pára con ellos en algun convento, como en busca de arrepentimiento, o les inspira el saludable deseo de suicidarse, como para libertar a la especie humana de un ente inútil. Todo eso es natural i sucede porque debe suceder: luego no debemos condenarlo; ni tampoco debemos admirarnos de que nuestro héroe se hubiese hallado tan bien i tan a sus anchas en aquella especie de convento donde le dejamos entrando, que pasados algunos dias, ya no pensaba en salir, porque solo allí podia llorar con libertad la pérdida de su Lucero. I afortunadamente lloraba, que así pudo salvarse de la enfermedad propia de los de su raza, que se suicidan hasta por libertarse del trabajo de abrocharse los pantalones. ¡Qué sábia es la naturaleza! Solamente a los ingleses les ha regalado esa enfermedad que se llama esplin, porque solo ellos son los mas orgullosos de los hombres, i por tanto los que mas necesitan de un mal que les haga comprender que son tan miserables como los demas humanos. Así nos ha dado tambien a los españoles la manía de gobernar demasiado, porque precisamente somos los mortales mas ingobernables, cuando tenemos libertad, acostumbrados por tantos siglos como estábamos a ser arreados a látigo en todo i para todo. Este mal de nuestra casta ha sujerido a algunos sábios el dislate de que no somos aptos para el sistema republicano ni para ejercer nuestros derechos: con la misma lójica podriamos discurrir que el esplin hace a los ingleses incapaces para la cocina, i esto no seria tan erróneo, porque todavía no se ha visto entre los ingleses ni un Botargus, ni un Brillat Savarin, ni un Soyer.

Pero don Guillermo no pasaba todo su tiempo en llorar, que al fin los ojos son una brillante porcion de la humanidad, i naturalmente cumplen tambien con la lei de cansarse de hacer siempre una misma cosa. Largos i frecuentes ratos empleaba en sabrosas i sábias conversaciones con sus albergadores, pero sin llegar jamas a comprenderlos a derechas. Al principio tomólos por escribas i fariseos por lo doctos i leguleyos que eran, i tambien por ciertos ribetes de hipócritas que les hallaba; pero luego varió de parecer i los calificó decididamente de Esenios. No era mui versado el ingles en materias de cultos, ni mucho ménos en conocer órdenes relijiosas, pues todo su saber no pasaba en el asunto de ciertas reminiscencias bíblicas; pero creia encontrar en sus huéspedes los mismos principios i sistema que aquella secta judía profesaba. Hacian vida comun, sin comunidad de bienes; se trataban como hermanos i tenian su espíritu de cuerpo, sin fraternidad; creian en la inmortalidad del alma, pero negaban absolutamente el libre arbitrio, i por tanto nuestra responsabilidad personal, como los Esenios; pues sostenian que todos nuestros actos i pensamientos son el resultado necesario de un órden superior que no comprendemos ni podemos variar; practicaban el celibato, pero sin negar ni desconocer las ventajas del matrimonio, sino solo por motivos de pureza, a diferencia de aquel mozo de perros de que nos habla Victor Hugo, que habia renunciado a varios matrimonios ventajosos, i se habia consagrado a cuidar perros, por la sencilla razon de que estos tienen solo siete especies de rabia i la mujer mil.

Como quiera que fuese, los Esenios de la Cueva, ya que por tales los tomó quien pudo observarlos de cerca, eran allí una potencia, en cuanto no se movia una paja sin su voluntad en todos aquellos contornos: ellos dirijian las conciencias i las opiniones, o mas bien eran los dueños del pensamiento, porque presentándose como ministros de Dios i como intérpretes de su divina voluntad, su palabra era la lei, i su persona merecia una especie de adoracion, como que era el reflejo del poder eterno en cuanto repartian a su arbitrio la bienaventuranza o la perdicion. I para que su analojía con los Esenios antiguos fuese mas perfecta, tenian el mismo talento organizador, pues por medio de asociaciones piadosas, reglamentaban la caridad en su práctica, el sentimiento relijioso en todas las formas imajinables, hasta las de la idolatría, i todos los demas sentimientos i deberes, i aun los usos, trajes, maneras i modales, proporcionándose así un ejército de devotos que no les costaba un centavo, i consiguiendo por medio del ascendiente relijioso mucho mas que cuanto pudo alcanzar Pedro el Grande con todo su poder, cuando se propuso domesticar a los rusos. De esta manera les pertenecia a ellos, mucho mas que a los Jenios, la sociedad entera de Espelunco, i si habia jentes en quienes no tenia mucho prestijio el poder de los Esenios, esas jentes, sin embargo se sometían a él por no aparecer como rebeldes i conservar su buen crédito, o por no chocar lo que en su lenguaje llamaban preocupaciones del vulgo, i que, a pesar de creerlas tales, acataban i reverenciaban como verdades, como justas i sábias creencias.[23]

[23] Esta alegoria representa el poder del clero católico, que en aquella época preludiaba la organizacion de los elementos del partido político clerical.

Don Guillermo, hombre poco vividor, nada práctico, como hemos podido ya conocerlo, no podia estar en paz con las jentes que por indolencia soportaban i aun aprobaban lo que su conciencia rechazaba i su juicio condenaba como malo. A él no le causaba estrañeza que los Esenios no se contuvieran en el verdadero límite de su ministerio, i que arrastrados por la facilidad de conquistar poder, fuesen hasta sojuzgar la razon i pervertir el buen sentido con supercherías i mentiras: al fin en eso no hacian ni mas ni ménos que lo que hace todo ambicioso sin nobleza i todo el que especula con el engaño. Pero lo que no podia soportar era que hombres que se daban el aire de tales, reconociendo aquella invasion i condenándola en secreto, se abstuviesen de elevar su voz i su poder contra ella i la tolerasen con indiferencia o con respeto, ya por indolencia, ya por no poner en peligro su nombre o su quietud. En esto pensaba como ingles de educacion i honradez, pues que en su pais son mui raras esas transacciones de la indolencia i del egoismo con la maldad o el error, o a lo ménos no son tan frecuentes como en los pueblos de nuestra projenie, i tal suponemos al de la Cueva, donde la indolencia raya en imbecilidad i el egoismo en crímen.

Estas i otras observaciones de nuestro héroe casi son capaces de hacernos creer que los habitantes de la Cueva eran medio porros, pues vivian embaucados, imbunchados i estraviados en todos sus actos i pensamientos i a todas horas. Don Guillermo, que habia conocido al pueblo i a los hijos del pueblo cuando corria la caravana con Lucero, estaba últimamente entre los Esenios colocado mui ventajosamente para tratar i conocer a la flor i nata de aquella sociedad, i hallaba que no era ella ménos que el pueblo pobre la víctima de la ignorancia, de la mentira, del fanatismo i de la ambicion. En todas las clases notaba la misma indolencia, el mismo egoismo, el mismo descontento i malestar moral; la misma falta de principios, la misma carencia de amor i de fé por alguna idea o sistema, i por fin, la misma ansiedad por algo nuevo, por algo que variase la situacion social entera: i en nada contribuia la fé relijiosa para consolar ese eterno dolor, porque en realidad no existia tan siquiera esa fé, i lo que se tomaba por tal no era otra cosa que miedo a la vida eterna en unos, especulacion en muchos, i en los mas, principalmente en las mujeres, necesidad de un principio, de un sentimiento, de algo en que ocupar la actividad humana que no hallaba en aquella sociedad muerta para todo lo bueno i lo grande ni empleo, ni estímulo, ni asiento.[24]

[24] Este rasgo pinta la situacion moral de la sociedad chilena en la época que trata de diseñar este cuento.

Es cierto, decia entre sí don Guillermo: si las jentes de allá arriba son como éstas, no pueden ni con mucho tener el sentimiento del patriotismo. ¿Qué atractivo para el espíritu, qué goce para el corazon pueden hallar en una sociedad semejante? Fuera de los afectos domésticos, no hai nada que ligue al individuo con la patria, nada que halague siquiera su orgullo nacional; i fuera de los goces íntimos, el corazon no encuentra ni gloria que lo haga palpitar, ni grandeza que lo atraiga, ni belleza moral que despierte su amor hácia la patria, ni goces ni bienestar que lo adhieran al lugar de su residencia. El hombre se apega a las cosas por el sentimiento, i cuando la sociedad que nos da el ser no tiene medios de insinuarse en nuestros corazones, i por el contrario, nos hace pesada la vida, no puede ni debe contar con nuestro amor. ¡Apostaria que no hai un habitante de Espelunco que no desee ser estranjero!...

* * * * *

El trato con Lucero habia hecho filósofo a Mr. Livingston, i el retiro del claustro en que vivia, el silencio de sus parques i jardines, i mas que todo las penas que le atormentaban, le hacian meditar i moralizar a menudo, i aprovechar las lecciones de la esperiencia: es cosa sabida i mui repetida que los viajes i las desgracias enseñan mas que una biblioteca.

* * * * *

Pero habia una cosa que le hacia perder sus ínfulas de filósofo i le hacia reir en medio de su dolor, i era la pretension que tenian algunos caballeros de los que frecuentaban su asilo de querer hallar un remedio a aquellos males sociales en la monarquía o en el gobierno de un rei.[25] No estaban contentos con la oligarquía de los Jenios, i querian un solo dueño, una familia consagrada que les diera gobernantes de casta, a modo de los aficionados a las riñas de gallos que buscan el pollo fino i lo cultivan desde que es huevo, hasta que tiene estacas que afilarle, con la diferencia de que los galleros se comen en cazuela los pollos que salen malos, miéntras que los monarquistas son comidos vivos por el rei de casta que sale bribon.

[25] Esta pretension, aunque disimulada, era mui comun, sin que faltasen estadistas de profesion que la revelaban i sostenian.

Don Guillermo no discutia con estos políticos, sin embargo de que departia a menudo con ellos, paseándose en los jardines o descansando en los hogares de los Esenios. Ni como discutir con hombres que leian los escritos de algunos españoles a quienes se les ha ocurrido justificar las crueldades de don Pedro el colorin, porque con ellas se proponia dar unidad a la autoridad real; o rehabilitar a Felipe II, porque tambien se proponia otras grandes cosas, como si el fin justificase todos los medios, o como si esos grandes fines no hubieran podido conseguirse sino con enterrar hombres vivos i con quemar en la hoguera, perseguir i espatriar a jeneraciones enteras. Naturalmente esos políticos debian estar enamorados de los gobiernos fuertes, i llamar a Felipe, con cierto obispo electo de acá arriba, el pio, humano i liberal monarca, justificándole porque otra reina herética mató mas cristianos, como si un bandido pudiera escusarse con presentar otro mas bandido que él.[26] Con su pan se lo coman, decia entre sí el ingles: si éstos creen que porque hai grandes naciones bajo el gobierno monárquico, deben esa grandeza a la monarquía i no a una antigua i vasta civilizacion i a otras causas benéficas que se han desarrollado a pesar de esta forma de gobierno, yo les daria que viniesen a remover con veinte yuntas de reyes los hondos males que aquejan a este pais. Nó, no es el despotismo de uno o de muchos, cualquiera que sea su forma, el que puede estinguir la ignorancia, desterrar la mentira, atajar los avances del fanatismo i evitar los estravíos de la ambicion en una sociedad, sino el gobierno que, naciendo del pueblo, respeta su oríjen i corresponde al pueblo, protejiendo sus derechos, haciéndole justicia, sirviéndole con amor, i cimentando su autoridad en el interes comun, en la union de las opiniones, en la fraternidad que surje naturalmente de la concordia i armonía de todas las aspiraciones.

[26] El obispo electo para Chiloé sostuvo esta tésis en un sermon. Este obispo, que no llegó a consagrarse, era el presbítero Tocornal.

Algun egoismo habia al parecer en esta reserva de Mr. Livingston, pero aun sin atenerse al refran que dice: en el pais a donde fueres haz lo que vieres, él necesitaba mucha circunspeccion para no chocar a los que le retenian en un asilo tan seguro, del cual no se atrevia a fugar, miéntras no tuviese siquiera algun conocimiento de la topografía de aquella comarca, para dirijirse en busca de la salida de la Cueva.

¡Terrible situacion la de nuestro amigo! Era víctima del amor como Abelardo, un Abelardo prisionero, sin saber donde, como Monte-Cristo; un Monte-Cristo pobre como Aman; un Aman lleno de paciencia i de esperanza, como Job; un Job dispuesto a sacrificarse por salvar a un pueblo como Marco Curcio. ¿Qué va a ser de él? ¿Cuándo podrá salvarse? ¿Cuál será el premio de tanto sufrimiento?

XX.

Tercer cuadro.

Era una tardecita de invierno, i el sol habia traspuesto los montes vecinos, dejando los parques i jardines de los Esenios iluminados con los últimos reflejos que todavía inundaban la bóveda celeste. Pero la oscuridad invadia ya las grutas i cenadores, los bosquecillos i los laberintos de aquella deliciosa mansion. Un aire sutil penetraba por los ramajes i enfriaba el ambiente.

Don Guillermo, que meditaba o penaba solitario en aquellos sitios, se retiró a los claustros, sintiendo la necesidad de abrigo. Allí notó un movimiento desusado: multitud de notables de la ciudad llenaban los corredores, i secreteaban como tratando sobre algun gran acontecimiento. Poco a poco fueron desapareciendo, pues entreverados con los Esenios, entraban a un salon reservado, i cerraban tras de sí la puerta.

El ingles quiso mostrarse desentendido de todo i ganó otro claustro, tomando una galería en alto que corria al costado del salon i que estaba ya oculta entre las sombras de la noche. Allí se puso a pasear a lo largo i cabizbajo, sin tener en su mente idea fija ninguna: estaba en una de aquellas situaciones en que suele uno encontrarse cuando se propone averiguar un misterio i no halla por donde principiar, ni tiene luz alguna que le dé entrada a la cuestion que quiere resolver. Pero habiéndose acordado ya su vista con la oscuridad del sitio, al poco rato de estar allí, divisó un bulto que le sorprendió, i que estaba inmóvil cerca de una puertecita aislada que habia como única abertura del largo paño de muralla que formaba aquel corredor. Aproximóse a él, i vió claramente que era un viejecillo pequeño, enjuto, de mala pinta, narigon i de ojos grandes que relampagueaban en la oscuridad, como los del tigre. Una conmocion involuntaria le heló la sangre i le hizo dar un chasquido en el corazon.

El viejo, sonriéndose i en una jerga poco intelijible, le preguntó:

--¿Has perdido tú un rosario?

--No, respondió don Guillermo un poco amostazado.

--Ahí está uno colgado en el tirador de esa puerta, le dijo el viejo, i si tú lo quitaras i lo arrojaras bien léjos, me harias un gran servicio.

El ingles, lleno de sospechas, se acercó a la puerta, pasando por detras de su interlocutor, por precaucion, i notó que ademas el viejo tenia en sus espaldas una enorme joroba. Descolgó el rosario, i conoció, en el tacto, que era de cuentas de Jerusalem i que tenia en su estremo una cruz i un corazon pequeño de paño, que sin duda contenia alguna reliquia. Al volverse al viejo, como señalándole el rosario, notó, item mas, que el hombrecillo era cojo, pues dió un paso hácia atras con una pierna tiesa e inflexible que parecia de palo.

--¿Crees tú en la virtud de ese sartal católico, apostólico, romano? le preguntó el viejo.

--No, dijo el protestante, porque no creo que nuestro Señor lo haya autorizado, ni en las sagradas escrituras se encuentra nada que lo autorice.

--Arrójalo, entónces.

--Será mejor colocarlo en esta baranda, replicó el ingles, acercándose a la de los balcones del corredor; basta que haya aquí una cruz.

--Lo mismo da; pero allá, bien léjos, añadió con sonrisa el viejo i haciendo chispear sus ojos: ese talisman no me dejaba abrir la puerta. Me has hecho un favor, porque me interesa mucho asistir de tapado a la conferencia que hai adentro de esa sala. ¿Quieres tú asistir tambien?

Don Guillermo no queria otra cosa, pero dudando aceptar la invitacion que le hacia un desconocido, que no le habia sido presentado, le dijo:

--No sé si deba, pues no sé con quién hablo, aunque me trata de tú.....

--¡Hum! esclamó el viejo, ¡escrúpulos de ingles! I resbalando hácia atras su pierna de palo, hizo un esguince en forma de cortesía, i añadió accionando con su mano derecha: Tengo el honor.... Soi el señor Asmodeo, interventor en todos los negocios humanos, i que ya una vez, hace trece años, tuvo que ver contigo, hijo mio.

Otro tiriton volvió a retirarle la sangre de las estremidades al ingles, al oir esta peregrina presentacion. Se quedó estático, i miéntras tanto el viejo se acercó a la puerta, la tocó con dos dedos para abrirla de par en par sin ruido, i volviendo a repetir su cortesía con el cuerpo i la mano derecha, le dijo:

--_Come in, come along_, conmigo.....

Don Guillermo titubeó; estuvo a pique de arrancar. Pero luego tuvo una corazonada, i siguió a su cortes compañero, entrando a una tribuna alta i balconada que daba vista al interior de una sala espaciosa i de muros altos, sin adorno arquitectónico de ninguna clase.

El viejito se sentó en un taburete de los que allí habia, puso su pierna buena sobre la mala, sacó de su bolsillo una ancha cartera roja, cuyo lápiz revisó, i apoyando su barba en el puño cerrado de su derecha, inundó la sala con sus ojos grandes i redondos, que lanzaban rayos siniestros i que se armonizaban con una perpetua sonrisa que pendia de sus finísimos lábios.

Allá, en el fondo del salon, se divisaba una larga mesa cubierta con tapete verde i rodeada de sillones del mismo color, en los cuales estaban como incrustados los Esenios i los caballeros. A lo largo de la mesa corrian en hileras veinte blandones de metal con sendas hachas de cera verde coronadas por una llama azulada, que despedia reflejos inciertos i que apénas aclaraba los ángulos i la bóveda del salon.

¡Miren qué cuadro! dijo Asmodeo. ¡Miren qué caras! Ninguno de los convidados tiene ni lo negro de la uña del padre Schwartz, pero no por eso dejarán de ir a hacer tertulia en los infiernos a este reverendo inventor de la pólvora. Unos son panzones, otros enjutos; unos viejos, otros mozos; unos soberbios, otros humildes; pero de todos ellos no se puede hacer un buen demonio. I diciendo esto, comenzó a escribir en su cartera, con mano convulsa, pero lijera, veloz, rápida, como si fuera movida por vapor; i sin dejar la operacion, preguntó a don Guillermo: ¿Qué dices tú de esto, hijo?

Mr. Livingston se iba familiarizando con un viejo tan afable, lijero i gracioso; i tomándole por un instante por taquígrafo de algun diario como el TIMES, le correspondió con esta otra pregunta:

--¿Toma usted apuntes para publicar esta sesion?

--¡Qué disparate!, le replicó el viejo con una mirada que avergonzó al ingles. ¿Me has visto cara de chorlito o de escritor que es lo mismo? Mira, en este pais no hai ente inverosímil de esos que estás mirando que no sepa hacer su negocio mejor que los escritores, pues estos nenes cifran toda su dicha en verse reproducidos por la estampa, i por tal de publicar sus ideas en urdiembre, se despestañan i gastan su dinero, tiempo i salud, a sabiendas de que nadie los lee, ni entre ellos mismos, porque nadie sabe leer, aunque algunos sepan decorar. ¡Con qué! ¿Me ves pinta de pertenecer a esa especie de locos? Vamos atendiendo a la sesion: allá tienes un tonel que habla.

I en efecto, un señor casi cuadrado, que se divisaba de frente, llevaba la palabra en ese momento. «Yo vivo retirado del mundo i pensando solamente en estar bien con Dios; pero no por esto me liberto de vejaciones atroces. No hago mal a nadie.....»

--Pero tampoco haces bien, refunfuñaba entre dientes Asmodeo, rasguñando, que no escribiendo en su cartera; ni eres capaz de dar un grano de trigo al gallo de la pasion, porque piensas que con solo rezar por tu alma cumples con el que está allá arriba.

«Yo, agregaba otro de los notables, he consultado con mi conciencia mui detenidamente i hallo que la resistencia es un deber.»

--Así puedes hallarte sábio en tu conciencia, gruñia Asmodeo, porque tú te la formas a tu paladar, pues la conciencia no es sino la opinion que cada cual se forma segun sus creencias, errores, gustos e inclinaciones.

Otro convidado tomó la palabra, protestando que él no pensaba mas que en sus negocios, sin mezclarse en nada, i que, sin embargo, sufria mucho en su persona e intereses.

Pero Asmodeo le acotaba:--Piensas en tus negocios, pero mucho mas en los ajenos, porque tienes los instintos de la sanguijuela, a pesar de tu figura de tábano.

«Yo, esclamaba, uno, hago todo el bien que puedo;» porque estás cansado de hacer mal i temes a la muerte, añadia el viejo siempre tomando notas.

«¡Para qué cansarnos, señores!» gritó con énfasis otro. ¿Quiénes mas acreedores a respeto i consideracion que nosotros, que siempre hemos apoyado el poder i permanecido devotos a nuestra relijion?...

--Sí, dijo Asmodeo riéndose, la devocion es vuestro fuerte. Sois devotos al poder porque os gusta gobernar o porque sacais siempre piltrafas de estar bajo el ala del poderoso; i sois devotos a la relijion de puro miedo al infierno, porque os imajinais saldar con golpes de pecho vuestra larga cuenta con el diablo, i no por amor a Dios ni a su lei, que no conoceis ni por las tapas. En el fondo no teneis mas que egoismo i presuncion, indolencia i orgullo.

--¿I es posible, preguntó el ingles, que todos sean tan malos?

--No, replicó Asmodeo, hai tambien buenos, i con esos no hablo, porque están en minoría, i se limitan a llorar i deplorar la corrupcion jeneral. Allá en el cielo se duerme mucho, amigo, o se pasa el tiempo mui bien entretenido, pues nunca se acuerdan de las cosas de acá abajo i dejan a los buenos sin proteccion, i a los malos sin atajo: por eso es que nuestra cosecha es siempre mejor i mas abundante que la del padre viejo, i por eso es que mas gobernamos nosotros en el mundo que el Dios de los buenos.

En ese momento tomaba la palabra uno de los Esenios, encantando con su dulce semblante i sus suaves ademanes a la concurrencia; pero arrancando al viejito algunas esclamaciones, como éstas: ¡Brigand! ¡Bribon! ¡Rascal! ¡Impostore! ¡Conspirador! ¡Traditore!