Antaño i Ogaño: Novelas i Cuentos de la Vida Hispano-Americana

Part 10

Chapter 103,919 wordsPublic domain

Solo un ingles puede tener la estravagancia de no conocer que hai un derecho natural tan sagrado como el de la defensa propia, i es el del propio elojio. Los ingleses no conocen cuánto cinismo i perversidad hai en revelar nuestros vicios, i en descubrir nuestras lacras, pues ellos hallan mui natural i puesto en razon el censurar a sus gobiernos i el criticar sus vicios sociales. ¡Que falta de patriotismo tan imperdonable! ¡Qué ingratitud! Maldecir de su propia madre, acusando sus vicios, i atacar a su gobierno descubriendo sus pasteles, son verdaderos parricidios que merecen el terrible consorcio del jimio, del gallo i la culebra. Pero los ingleses no solo cometen esos crímenes diariamente, sino que asilan en su tierra a todos los perseguidos i les dejan ámplia libertad para que maldigan de sus gobiernos i desacrediten a su patria, revelando al mundo lo que como buenos patriotas debian callar, basta que se trate de los suyos, pues entre buenos hermanos todo debe quedar en casa. No hai emigrado en Inglaterra que no haya gozado de esa libertad de desacreditar: los españoles de Fernando VII, los franceses de Napoleon, los napolitanos del rei Bomba i hasta los arjentinos de Rosas. ¡Qué mucho, si los malos se dan la mano i se protejen! Pues esos mismos emigrados cometen cuando pueden en sus paises los mismos crímenes, echando sin vergüenza a la estampa sus vicios sociales, i celebrando a los escritores que lo hacen hasta elevarlos a la categoría de clásicos! ¿No han hecho eso los españoles con su Larra i los franceses con una caterva de escritores parricidas? ¿No han elevado estátuas a Voltaire, a Cervantes i a otros maldicientes de este jaez? ¿I los ingleses no se llenan la boca con los nombres del dean Swift i del cura Sterne, dos sacerdotes protestantes tan deslenguados i sarcásticos contra las costumbres de su tiempo, como el benedictino Rabelais?[18]

[18] Esta ironia espresa en compendio las ideas que entónces predominaban contra los escritores independientes.

Pues esa perversidad era lo que echaba de ménos el ingles entre los virtuosos habitantes de la Cueva, quienes, si como criaturas frájiles, tenian sus defectos, como buenos cristianos se los disimulaban, i como buenos patriotas los callaban para no desacreditar su Cueva ni a sus amos.

Viciado por su educacion el criterio de don Guillermo, i agriado su ánimo por la persecucion de que era víctima, no podian ser acertados los juicios que se formaba del pais que recorria; i haciendo abstraccion de ellos, para salvar nuestra responsabilidad, así como de las cuestiones de tiempo i modo que pueden suscitarse sobre la duracion de su peregrinacion en la Cueva i sobre su aprendizaje de las artes diabólicas, sigamos sus pasos hasta el punto donde le encontramos al principio, i basta de digresiones.

XVI.

Primer cuadro.

--_Grandes voces_. ¡No hai que salir! ¡De aquí no nos moverémos! ¡Estamos en paz! ¡aquí no hai riñas ni bulla! Afuera los brujos; ¡Muera la policía![19]

[19] En este cuadro se representa una escena de las que suelen suceder entre el bajo pueblo i la policía, i en ella se hacen notar dos hechos de la época que el cuento describe, los cuales por su singularidad no se han repetido despues. Es el primero la devocion al gobierno absoluto de los comerciantes ingleses, residentes en el pais, los cuales habian hecho causa comun con el partido dominante, hasta el estremo de contarse algunos de ellos que se habian constituido en jefes del partido en Valparaiso, i se entendian como tales con los gobernantes. Esta intervencion de los ingleses se hizo notar en muchos sucesos graves, i aun de carácter oficial, los cuales no se han escapado a la historia; i era corriente en la vida ordinaria. Por ejemplo, cuando llegó a Valparaiso la noticia de que el intendente de Copiapó habia hecho azotar por mano del verdugo a varios ciudadanos que habia encarcelado por venganzas personales, el pueblo estaba consternado, i los ingleses llenaban el salon de la Bolsa, aplaudiendo el atentado, i condenando a los liberales. El autor de este libro estaba allí, i escandalizado por la insolencia, sacó su cartera para anotar el hecho. Un viejo residente ingles se le acercó preguntándole qué escribia.--«Anoto, le respondió, los nombres de los ingleses que tanto celebran la brutalidad del intendente, para tratarlos como merecen el dia en que triunfemos los liberales.» Este dicho se divulgó; los ingleses callaron i principiaron a despejar a toda prisa.

El segundo hecho es el de los garitos que entónces mantenia la policía para enganchar soldados i protejer a sus espías, que eran los que obtenian la ganancia.

--_Un jefe._ ¡Sí saldrán! ¡No se permiten reuniones! ¡Afuera, afuera!

Suenan los sablazos. Un gran grupo de hombres sin armas se echa sobre los sableadores, que retroceden.

--_Algunas voces de estranjeros._ ¡Por aquí, por aquí! ¡Viva la autoridad! ¡Favor a la lei! ¡Rodeadlos, tomadlos presos...!

Reforzados los brujos por los estranjeros, dispersan el gran grupo en fracciones que huyen, i aprehenden a varios hombres que amarran i conducen a la prision. Los ausiliadores quedan en el mismo sitio i dos jóvenes, al parecer estranjeros tambien, se acercan i les hablan en lengua estraña.

--_Varias voces._ Tienen razon esos pobres diablos. Estaban quietos i no daban motivo.

--_Uno de los jóvenes._ ¿Entónces, por qué ayudasteis a perseguirles?

--_Una voz._ Porque es necesario apoyar a la autoridad.

--_El otro jóven._ ¿Aunque no tenga razon?

--_Otra voz._ Ciertamente.

--_Primer jóven._ Habria sido mejor no mezclarse. Nosotros debemos prescindir i mantener neutralidad en todos los asuntos del pais.

--_Otra voz._ Ménos cuando se altera el órden i se pone en peligro nuestra propiedad.

--_Segundo jóven._ Podemos defender nuestra propiedad, no hai duda; pero cuando se halle atacada. La lei i el gobierno nos protejen, i es preciso confiar en esa proteccion, ántes de anticiparnos a su accion. Si con el pretesto de evitar un peligro, nos creemos autorizados para tomar parte en las cuestiones intestinas, podremos equivocamos mui a menudo i nos espondrémos a atacar a nuestra vez el derecho de otros.

--_Otra voz._ No importa: lo que nos conviene es la estabilidad del que manda, sea quien fuere, i cualquiera que sea su conducta. Nosotros no debemos mezclamos en las cuestiones intestinas para averiguar quién tiene razon o a qué lado está la justicia; pero sí debemos en todas circunstancias apoyar a la autoridad, reforzar el poder, aunque sea el de Lucifer, porque eso es lo que conviene a nuestros intereses.

--_Otra voz. ¡All right!_ No discutamos al aire: ¡vamos!

Los dos jóvenes se separaron i siguieron hasta entreverarse en los grupos de jente del pueblo que llenan una espaciosa calle, i que marchan cabizbajos en una misma direccion.

--_Un hombre._ ¡Buen dar, amigos, que no podamos divertirnos onde nos dé la regalada gana!

--_Otro._ Ni cuando ni como queremos, sino como quieren los brujos.

--_Un viejo._ Toa la via ha sio lo mesmo: no hai mas que aguantar. Para morir nacimos i para sufrir vivimos.

--_Una vieja._ Como los burros: en eso nos parecimos i en la paciencia. Bienaventurados los que lloran.

--_Un mozo._ Porque llorarán siempre.

--_La vieja._ Bienaventurados los que han hambre i sed de la justicia porque ellos serán hartos.

--_El mozo._ Para allá me las guardes. Somos pocos todavía; cuando seamos hartos se nos quitará la sed.

--_El hombre._ No hai mas que ir al garito: allí sí que es permitido divertirse.

--_El otro._ ¡I caer en el garlito! ¡Qué se ha de hacer!

--_Uno de los jóvenes._ ¿Por qué no les permiten divertirse donde ustedes quieran?

--_El viejo._ Así está mandao, señor.

--_El jóven._ ¿Quién lo manda?

--_La vieja._ ¡Quien puede! Aquí manda no quien quiere, sino quien puede.

--_El otro jóven._ ¿Quién es el gobernador de esta ciudad?

--_Un hombre._ ¡Quién sabe! Yo no lo conozco ni sé quién es.

--_Varias voces._ Ni yo tampoco. Yo ménos.

--_La vieja._ Yo no conozco mas que a algunos de los brujos que cuidan del órden.

--_El mismo jóven._ ¿Pero sabrán ustedes por qué les permiten ir al garito i no a otra taberna?

--_El mozo._ ¡Miren qué gracia! Porque si allí pierde uno la plata que le adelantan, tiene que quedar obligao a servir!

--_El mismo jóven._ ¿En qué?

--_La vieja._ ¡Preguntón es el jutre!

--_El hombre._ En ir afuera a trer niños.

--_El otro._ I hombres que hacer imbunches.

--_El viejo._ Para aumentar los vasallos.

Una vocería interrumpe el diálogo: es orijinada por una riña que se traba entre varios grupos. Todo se conmueve: los niños silban, las mujeres chillan i los hombres gritan, se revuelven, se entreveran, se golpean. Ayes i blasfemias se perciben en medio de la grita. Algunos hombres ensangrentados huyen. El tumulto se aplaca poco a poco; pero la policía no parece. Solo quedan hombres jadeantes i de miradas atroces. Algunos arreglan sus vestidos, otros rien a carcajadas, i no pocos hai sérios i tristes.

Los jóvenes que se habian visto envueltos en el torbellino, reconocen que han sido despojados por manos diestras de los adminículos que guardaban sus faltriqueras. Pero continúan mezclados con los grupos i siguen la marcha, anudando su diálogo, o mas bien empezando otro, porque sus interlocutores han desaparecido.

--_Primer jóven._ ¿Por qué ha sido la riña?

--_Una mujer._ Porque un hombre quiso vengarse de otro.

--_El segundo jóven._ Contadnos eso.

--_Un hombre._ ¡Con cuánto lo manda!

--_Primer jóven._ Lo suplicamos: no tendriamos con qué mandarlo. Nos han dejado los bolsillos pelados.

Una carcajada universal estalló al oir esta gracia.

--_Otro hombre._ ¡Chuparse el deo no mas! Otra risotada acompañada de rechifla casi hizo avergonzarse a los preguntones. Una mujer comprendió la situacion de los jóvenes i se interesó por ellos, esclamando:

--Yo les contaré, pero vamos andando. Todos se pusieron en marcha. A los lados de los jóvenes caminaban mujeres i niños que los miraban con curiosidad. A alguna distancia iban hombres silenciosos que los miraban de reojo.

--_La mujer._ No era naa, sino que un hombre habia jurao que otro se la habia de penar; lo encontró agora, i le metió el belduque.

Los amigos salieron a la defensa i se formó el pleito.

--_El segundo jóven._ ¿Qué le habia hecho el otro?

--_La mujer._ Le habia levantao el testimonio de que era desertor, i por eso le habian pegado muchos palos i lo habian tenio preso hasta agora.

--_El primer jóven._ ¿I le habian tomado preso por el falso testimonio?

--_La mujer._ No, señor, aquí agarran jente para que sirva, i así lo habian tomao.

--_Otra mujer._ Pero como cualquiera puede libertarse, dando un tanto en plata, éste iba a dar lo que le tocase, i entónces el otro, que es un testimonero, lo acusó en falso.

--_El primer jóven._ ¿Por qué fuerzan así a la jente?

--_Un hombre de atras._ Porque somos pobres, i para el pobre no hai mas que zanja i horca.

--_El mismo jóven._ Se reclama......

--_Una voz._ ¡A quién!

--_Otra voz._ ¡Contra quién!

--_Muchas voces._ ¡Para el pobre no hai justicia!

--_Uno de los jóvenes al otro._ Silencio, mas cautela, porque aunque éstos no conocen a la autoridad, sino que la aborrecen, nunca falta entre ellos algun traidor que la busca para denunciar estas conversaciones, pues saben que esos denuncios se pagan jenerosamente.

Estas palabras no fueron oidas mas que por el otro jóven. El silencio sucedió por algunos momentos. Un silbido trajo otros, una palabra lanzada al aire provocó otras, i sin embargo de que todos marchaban en paz, comenzaron a elevarse algunos terrones i piedrecitas que caian perpendicularmente sobre los jóvenes.

Así continuaron hasta que fueron desapareciendo casi todos por la puerta de una fonda, dentro de la cual habia gran ruido i movimiento.

Los dos jóvenes que habian entrado tambien tranquilamente, sin hacer caso de las provocaciones, se instalaron en una mesa que estaba sola; pero los circunstantes no podian reconocer en ellos a los que les habian hecho compañía por la calle, pues eran enteramente distintos en fisonomía.

--_Uno de los jóvenes al otro._ ¿Observas a algunos de esos hombres que entran a aquel caramanchel i salen de allí contando dinero?

--_El otro jóven._ Si, he visto a varios. ¿Se da acaso dinero en ese cubichete?

--Nó, se presta, con la condicion de devolverlo ántes de salir de este sitio. El que recibe se pone a probar fortuna en el juego, i si pierde, tiene que pagar el préstamo con su persona.

--¿Cómo así?

--Quedando obligado a servir en todo lo que lo ocupen los Jenios, principalmente en perseguir i cazar mas hombres en el mundo para aumentar el número de los que aquí sufren.

--¿No acaban de quejársenos esos mismos porque no se les hace justicia? ¿No deploran su situacion, mostrando su odio contra la opresion que sufren? ¿Cómo es entónces que lo olvidan todo por satisfacer un vicio, i venden su misma libertad?....

--¿No comprendes que todas esas contradicciones i esas miserias son efecto puro de la ignorancia? Esos hombres no conocen el poder de los Jenios, sino por el mal que les hace; i, sin embargo, olvidan ese mal, por dar rienda a su egoismo, i sirven lo mismo que aborrecen.

--¡La ignorancia!

--Sí: observa la verdad de lo que te he dicho ya. Aquellos monstruos que encantan i aprisionan a la libertad, no son sino una alegoria de la verdad. Esos monstruos existen en la sociedad, son la sociedad misma, porque en ella están la ignorancia, la mentira, el fanatismo i la ambicion: circulan en su sangre. Recuerda lo que has visto, observa lo que ves. ¿No viste ya la ambicion entronizada, trabajando por sostener su imperio? ¿No viste ya la mentira infiltrada en la prensa i en la sociedad? Vé ahora la ignorancia encarnada en el pueblo mismo: observa mas i la irás encontrando en todas partes entrelazada fuertemente, de un modo indisoluble, con la mentira i el fanatismo. ¿Comprendes ahora cómo es que esos monstruos no pueden ser combatidos ni vencidos con el hierro i el fuego? ¿Comprendes que para vencerlos por la fuerza seria preciso decapitar a la sociedad entera?

--¡Sí, Lucero: tú me iluminas, pero abates mi espíritu con tan terribles verdades, que me dan a conocer que la libertad no puede salvarse de sus enemigos, que la libertad es imposible!....

--No, Guillermo:¡la libertad no es imposible! ¿Por qué desesperas? La libertad es la justicia misma i existe en la naturaleza del hombre. Es cierto que ella aborrece la violencia, porque su triunfo no es la fuerza; pero aunque lentamente, tarde o temprano, se abre paso ayudada por la ilustracion que mata la ignorancia, alumbrada por la verdad que ahuyenta la mentira. Cuando la accion de estos ajentes es dirijida por el patriotismo, ese amor celestial, esa caridad fecunda, que armoniza nuestro interes con el de todos i que enjendra la noble ambicion de enaltecer la patria que nos dió el ser, entónces no se hace esperar el triunfo de la justicia; de la justicia que, inspirando seguridad a todos, derrama en la sociedad la confianza, la tranquilidad i el contento, que dan dignidad al hombre i brillo a las naciones. ¡Ese es el imperio de la libertad!

XVII.

Segundo cuadro.

De noche ya, van entrando en una ciudad, opaca i silenciosa, un viejo i un jóven. El primero tiene narices para dar i prestar, i el segundo, aunque niño todavía, muestra unos ojos claros, tan poderosos i ardientes, como si fuera mujer. Sí, porque los hombres, aunque tengan ojos hermosos, jamas los tienen poderosos como las mujeres.

Entran ámbos a una casa que estaba iluminada i concurrida.

--¿Hai posada para dos viajeros? preguntó el viejo.

--Como no, le respondieron, i para mas tambien: entren ustedes al salon: por aquí, inter se les prepara un cuarto. ¿Con dos camas, no es esto? Porque ustedes no deben ser la pareja de macho i hembra que acaba de venir a buscar la policía.....

Estas palabras fueron dichas por el fondista adentro del gran salon, donde habia muchos parroquianos. Todos levantaron la cabeza hácia la puerta por donde entraban los viajeros, i muchos se miraron entre sí, como de intelijencia mutua.

El niño que acompañaba al viejo, haciéndose mas indiscreto que el fondista, replicaba a éste:

--Pierda usted cuidado: tras de la misma pareja andamos nosotros, porque somos ajentes secretos, como muchos de estos señores que están aquí.[20]

[20] En la escena de majia que se representa en este cuadro, se describen los principales tipos de los ajentes i servidores subalternos que entónces empleaba la autoridad para dominar la opinion independiente i perseguir a sus enemigos. Los que mas se distinguian eran premiados con empleos públicos, i no dejaron de salir de entre ellos gobernadores i oficiales de policía o de ejército.

El fondista se descubrió i saludó a los recien venidos, cosa que no habia hecho ántes, porque no les habia adivinado la autoridad. Ellos, por su parte, tomaron asiento mui familiarmente alrededor de la mesa a donde estaban los demas velando un tazon, o mas bien, abismados en la llama de un tazon de ponche.

--¡Loado sea Dios! dijo uno cuando se estinguió la llama.

--¡Cómo tarda esa en quemarse! dijo otro.

--Esto es siendo espíritu, agregó un tercero. ¡Cuánto tardaria el cuerpo de un hereje cuando se usaba la hoguera!

El viejo, como si hubiera tenido algo de hereje, esclamó conmovido:

--¡Afortunadamente, hoi no se quema a nadie!

--Quienes pierden con eso, replicó el niño, son los mirones. ¿Qué mas le da al que muere que le maten a fuego de leña o de fusil, a hierro de cuchillo o a soga? Todo es morir: la muerte es la que espanta, la que encanece todos los cabellos en una noche, no el instrumento.

Todos callaron, como aterrados por la locuacidad del niño, quien, sin ser invitado, se sirvió ponche i continuó.--El hombre necesita matar a su semejante, porque solo la muerte sacia su orgullo: si hubiera un dolor mas supremo que la muerte, el poder del hombre no se saciaria con ella, i la muerte dejaria de ser pena capital, quedando al nivel de cualquiera otra de esas penas que no satisfacen. En otro tiempo la relijion servia de pretesto para quemar, porque no se hallaban bastantes delincuentes en el órden ordinario. Felipe II, ese corazon seco, que solo estaba apasionado de su autoridad, i que castigaba con la muerte cualquiera contradiccion a su poder, no teniendo rebeldes que ahorcar, fué a buscar en las hogueras de la inquisicion, una satisfaccion a su orgullo: por eso la fomentó i por eso esclamaba que mas queria no tener ningun vasallo, que tenerlos herejes. Desacreditado aquel pretesto, la autoridad ocupó el lugar de la relijion: hoi no se usa de la hoguera para castigar la opinion relijiosa; pero se usan muchos jéneros de muerte para castigar las opiniones políticas. ¡I se dice que han mejorado las costumbres!

--A mí poco me importa que se empeoren, esclamó uno de los circunstantes, escanciándose una buena parte de la ponchera. Todos imitaron su ejemplo, i otro, mirando el fondo de su vaso despues de haberlo apurado, agregó:

--¡Quisiera Dios mostrarme mi porvenir en el asiento de este vaso!

--Eso es lo que interesa, i no la mejora de las costumbres, dijeron varios con algazara.

--Por eso hacen ustedes bien en mirar el concho, agregó el viejo, porque el vaso suele decirlo todo cuando se llena i se vacía repetidas veces.

--En lo que hacen mal, observó el niño, es en pedir a Dios que muestre el porvenir. Dios no se ocupa en eso, ni tiene para qué pensar en el porvenir de bribones como nosotros. ¿Quieren ustedes que yo evoque al Diablo para que nos cuente nuestro horóscopo?

--Sí, sí, repitieron todos; veamos cómo.....

El niño trazó encima de la mesa, con una varita que sacó de su ropa, dos triángulos inversos, i dijo: esta es la cruz de Salomon. Despues hizo tres círculos concéntricos a la cruz, i puso sobre ésta la ponchera. Vació una botella de ron, allegó la luz i revolvió con la varita, recitando entre dientes un conjuro. De repente surjió una hermosa llama de fondo azul i flancos amarillentos, que dió a todos los semblantes un color lívido i cadavérico: las luces de la sala se apagaron solas, i las sombras de los que rodeaban la mesa, se retrataron tremulosas i jigantescas en las murallas.

Todos miraban de hito en hito la llama i con unas caras ávidas i desconcertadas. El viejo solo tenia un aire tranquilo i meditabundo.

En el centro de la llama comenzó a delinearse un objeto. Todos se apiñaron, devorando con los ojos la figura, hasta que apareció bien perceptible en el puro azul de la luz una máscara roja, de cuya ancha boca salian siete lenguas, i cuyos costados estaban guarnecidos de multitud de orejas.

--¡Qué es eso! ¿Quién es ese? preguntaron varios precipitadamente.

--¡Todos! respondió el niño.

--No, no, no; ese no puede ser el porvenir de todos, gritaron muchos. Toda la vida no hemos de estar escuchando, chismeando i mintiendo; esta es una carrera como cualquiera otra. Nuestro horóscopo no es ese.

--No, es el presente, replicó el hechicero: cada cual verá su horóscopo en su vaso. Apronte cada uno el suyo, voi a servir para que bebamos.

--Empecemos por el principio, esclamó uno, el primero toca al mas anciano. Despues continuarémos a la redonda: vamos, número uno; i señaló al viejo.

Este alargó impasible su vaso. La máscara habia desaparecido, i la llama del tazon borbollaba formando jirones, círculos i tirabuzones, como impulsada por un fuego activo. El niño llenó el vaso que se le presentaba, cayendo el licor como si hubiera sido de rubíes derretidos, i coronando los bordes una ténue llamarada azul, que poco a poco fué condensándose i mostrando una figura.

Era un viejo de estatura elevada, pero inclinado hácia adelante. Parecia absorto con un pensamiento terrible. Sus lacias canas bajaban hasta confundirse con su blanca barba. Tenia un ancho sombrero, cargaba sobre su hombro una manta, i llevaba un largo bordon en la mano derecha.

Todos miraban con curiosidad, pero el asombro se pintó en los semblantes, cuando vieron que el viejo se trasformaba en un hermoso jóven que dando la mano a una mujer radiante de belleza, se elevaba con ella hasta confundirse en una estrella vivísima que iluminó por un momento la estancia, dejando a los circunstantes deslumbrados.

--¿Qué es eso? preguntaron varios.

El niño respondia con un sonrisa, i el viejo dijo secamente que él comprendia su horóscopo i no tenia para qué revelarlo.

--¡Número dos! gritaron todos, i el que se sentaba al costado del viejo alargó su vaso. La misma operacion se repitió pero la llama dibujó otra figura, que no fué comprendida a primera vista, i que despues de examinada apareció ser una banda o faja bicolor enredada en un baston.

Hubo un silencio profundo. Todos miraban la figura i cavilaban, hasta que álguien dijo con énfasis: «¡Eso significa poder, autoridad, mando!»--I una carcajada universal estalló como eco de esas palabras.

_Varios._--¡Hombre! ¡Tú con poder! ¡Tú mandatario! ¡A los cincuenta años de vicios, de pereza i de miserias! ¡Cómo puede ser cierto este horóscopo! Ja, ja, ¡jaaa!

_Número 2._--Vamos por partes, mis amigos: ¿acaso no estoi yo en carrera como ustedes? ¿No puedo llegar adonde ustedes se proponen? ¿Qué mas tienen ustedes que yo? La mayor o menor edad, no importa: aunque han dado en creer que los jóvenes son mejores para el mando porque son mas enérjicos, cuando no son mas que atolondrados. Puesto en el caso, yo probaria que solo en mi edad se encuentra la verdadera enerjía, ¡i demostraria que hai _siúticos_ capaces de mucho!

_Uno._--¿Eso quién lo duda? Pero tú debes tener _pé_ líquida, porque hai _siúticos_ i _psiúticos_...

_Otro._--¡No toquemos esas cuestiones de nobleza!

_Varios._--¡Que bestia! ¿Qué tiene que ver con esto la nobleza?