Five years of youth

Chapter 8

Chapter 81,505 wordsPublic domain

MINOS: ¿Qué es esto que estoy mirando? ¿Mis hijas? Mas no lo son, pues obran--¡todo me abraso!-- tan bajamente. Pues, ¿cómo... ¡Volcanes del pecho exhalo! ¡Oh, si al pronunciar mi afrenta! ¡Oh, si al decir dolor tanto, lo articularan los ojos y lo ignoraran los labios! Pues, ¿cómo, vuelvo a decir, aleves monstruos, ingratos instrumentos de mi afrenta, imágenes de mi agravio, en tal sitio--¡qué tormento!-- a las dos--¡qué desacato!-- disfrazadas--¡qué indecencia!-- solas con dos hombres hallo? Hablad. ¿No me-respondéis? Decid, ¿quién son los villanos que dejándome la vida todo el honor me han robado? Hablad, aleves; no os sirva la vergüenza de embarazo, que a quien le faltó al hacerlo, no ha de tenerla al contarlo. ARIADNA: Señor...(El temor, de hielo Aparte me ha vuelto). FEDRA: Señor... (En mármol Aparte me ha transformado el temor.) ARIADNA: Si por mi culpa... BACO: (¿Qué aguardo, Aparte que no me descubro, viendo a Arïadna en riesgo tanto?)

Descúbrese

Señor, justo es que castigues sólo al que hallares culpado, que soy yo; pues Arïadna, vencida de mis halagos, convencida de mis ruegos y obligada de mi llanto, me sigue. ARIADNA: (¿Qué es lo que escucho? Aparte ¿Yo, divinos cielos, cuándo a Baco seguí? Mas quiero callar, por si en riesgo tanto su industria salvarme puede.) TESEO: (¿Qué es esto? ¿Cómo está Baco Aparte vivo, si yo le di muerte?) FEDRA: De verle vivo me espanto. MINOS: Luego, príncipe, juzgué que tú eras el inhumano autor de la ofensa mía; ¿pues quién se atreviera osado a mi honor, sino tú sólo, que de lo grande ha buscado, para volar bajamente, las alas de sér tan alto? Mas yo dejaré, en tu muerte, ejemplo a los temerarios, vengando al muerto Lidoro, y mi honor desagraviando. TESEO: (Cuando a la muerte se entrega Aparte él por su dama, arrojado, no será bien que se piense de mi ardimiento bizarro, que cuando él se llega al riesgo, yo del peligro me aparto.)

Descúbrese

Señor, si por Arïadna se entrega a la muerte Baco, no será bien que Teseo no haga por Fedra otro tanto. FEDRA: ¡Ay de mí! ¿Qué es lo que has hecho? ARIADNA: (¿Qué miro? ¿Por Fedra osado Aparte se entrega a la muerte? Muera, que mi amor desengañado de su ingratitud, convierte en odio todo el agrado.) BACO: ¡Cielos! ¿Con vida Teseo, y de Fedra amante, cuando le juzgué muerto? Sin duda es ella quien lo ha librado. TEBANDRO: ¿Es sueño lo que estoy viendo? ATÚN: (Todos se han quedado helados, Aparte y más que pudiera muerto, espanta resucitado.) RACIMO: ¿Qué fuera que con Lidoro nos sucediera otro tanto, y tuviéramos en Creta el Día de los Finados?

MINOS: De suerte me ha suspendido caso tan inopinado, que me usurpa lo admirado las acciones de ofendido. ¿Que estás con vida? ¿Que ha habido tan villana compasión que libertó tu traición? En vano el pecho respira, si cuando busco la ira, topo con la admiración. Hidra que mi enojo incitas, pues cuando mi enojo piensa matar contigo una ofensa, con tantas me resucitas. ¿Por qué mi cólera irritas? ¿No te bastaba, traidor, para agravar mi dolor cuando tu industria me engaña, haber burlado mi saña, sin haber muerto mi honor? ¿Qué más agravios intentas a la sangre hacer, que infamas, si en Atenas la derramas, y en Creta osado la afrentas? ¿Qué engaños nuevos inventas para dejarla agraviada, pues llevándola robada, a tu intención homicida no bastó verla vertida, hasta mirarla afrentada? Mas a todos el castigo les dará mi enojo grave, que como contigo acabe, ¿qué importa acabar conmigo? Y sea el mundo testigo de que con mi sangre lava mi honor su afrenta, y que acaba con los que agraviarle intentan, y mueran las que me afrentan, pues ya murió el que me honraba. Todos perderéis la vida, y hasta Baco, que traidor, de Arïadna fue raptor y de Lidoro homicida. Una es la culpa atrevida que vuestras vidas condena y así, que muráis ordena el enojo a que me incito; y pues tenéis un delito, llevad una misma pena. Llevadlos. BACO: ¡Fiero rigor! TESEO: ¡Con qué pena el alma lucha! ARIADNA: Nada su crueldad escucha. FEDRA: Nada atiende su rigor. MINOS: ¡Mueran, y viva mi honor, pues lo han querido agraviar! TESEO: ¡Que aquesto llego a escuchar! RACIMO: ¡Que esta pena llego a oír! ARIADNA: ¡Penas, callar y morir! FEDRA: ¡Amor, morir y callar!

(Tocan cajas y salen asustadas CINTIA y LAURA y dos SOLDADOS

SOLDADO l: Señor, ¿cómo tan despacio te estás, cuando la rüina de toda Creta, al cercano peligro tuyo te avisa? SOLDADO 2: Ocupado tu Palacio todo está ya de enemigas escuadras, que por la parte que cae hacia la marina, tuvieron disposición de entrarse sin ser sentidas; porque Atenas, de la muerte de su príncipe ofendida, viene brotando venganzas. Mas, Señor, salva la vida, que ya llegan. MINOS: ¡Ay de mí! ¿Quién ha visto--¡suerte esquiva!-- que yo pague las ofensas, y las ofensas reciba? LAURA: El alboroto y el susto amenaza mucha ruina. CINTIA: Siendo tan libre, sintiera esta vez verme cautiva.

Salen LICAS, de general, y SOLDADOS atenienses

LICAS: Hasta hallar al mismo rey, no se sosiegan mis iras, para vengar con su muerte la sangrienta tiranía de la muerte de Teseo. TEBANDRO: ¡Cielos, notable desdicha! Ya es imposible la fuga. LICAS: ¿Mas no es el rey el que miran mis ojos? ¡Muere a mis manos! FEDRA: ¡Teseo! TESEO: Nada me digas, que no es bien que por tu ruego, deje la acción de ser mía. MINOS: ¿No hay nadie que me socorra? TESEO: Sí hay, gran Señor. Tente, Licas, que no hay que vengar mi muerte, cuando me encuentras con vida. Teseo soy, ¿no lo ves? Vivo estoy. LICAS: ¡Tan grande dicha llego a ver, Señor! ¿Pues cómo te hallo vivo? TESEO: Compasivas me libraron las infantas. (No es bien que Arïadna diga Aparte sola, mi voz, porque es dar sospecha, y no es acción digna, cuando no puedo pagarlas, blasonar de sus caricias.) LICAS: Luego ¿no fue el rey el que te perdonó? TESEO: Fue su hija, que es lo mismo, pues él dio el sér a quien me dio vida, y cuando aquesta razón no me moviera, la misma acción hiciera, por dar a entender mi bizarría, que tiene más valor quien perdona, que quien castiga. Y así, haz, Licas, recoger la gente. MINOS: ¿Qué agradecida, te podrá el alma ofrecer, Teseo, cuando cautiva de tu razón mi venganza, aun no acierta, de corrida, a mirarte? TESEO: Aunque era justo darse por desentendida mi altivez del beneficio, hay razón que no permita ese garbo a mi valor y así la galantería perdone, que hay ocasiones en que es justa la codicia. MINOS: ¿Pues qué aguardas? Pide todo el reino. TESEO: Cosa más rica pido, Señor, que es a Fedra cuya hermosura divina es sólo el premio que quiero. MINOS: Por mí ya está concedida. ARIADNA: (¿Con Fedra se casa? ¡Ah, ingrato! Aparte Murió la esperanza mía. Mas pues no tiene remedio, pagar de Baco la fina atención quiero.) Señor, pues mitigadas, tus iras han perdonado a mi hermana, también yo a tus pies rendida pido perdón, y te aviso de que no fue el homicida Baco, de Lidoro, sino Teseo. MINOS: ¿No ves que implica, siendo de Baco el papel? ARIADNA: Quien lo vio, Señor, lo afirma. - Dílo Atún. ATÚN: Aquí entro yo. (¡Gracias a Santa Lucía, Aparte que tengo lugar de hablar!) Sí, Señor, que mi codicia, pensando que era de Fedra, le llevó el papel. RACIMO: No digas más, que también entro yo, que urdí toda la mentira de miedo. y se lo entregué a éste. ATÚN: Y yo por las albricias, a Lidoro lo llevaba, cuando la desdicha mía con mi amo me encontró, que leyendo a toda prisa el papel, no pude oír qué era lo que contenía; y viendo que estaba fresca la nema, y que bien podía cerrarse, volví a cerrarlo, y a Lidoro con la misma ignorancia lo entregué; el cual, luego, echando chispas bajó al Parque; y con mi amo, que también fue... MINOS: No prosigas. Déle la mano, Arïadna a Baco. Y tú, agradecida, a Teseo. FEDRA: Ésta es mi mano, príncipe. TESEO: Ya a recibirla, el alma, que es vuestra, sale. ARIADNA: Y aquésta, Baco, la mía. BACO: En ella me dais, Señora, todo el premio de mis dichas. RACIMO: Cintia, ya ves que no ha habido lugar de galanterías de lacayos y fregonas; pero, si quieres ser mía, dispensando de galán las amantes baratijas, aquí estoy. CINTIA: Y yo te admito, porque fuera bobería perder aquesta ocasión. ATÚN: Laura, no es bien que la envidia nos quede a nosotros. LAURA: Tienes razón; no es bien que baldía, cuando se casan los otros, quede persona tan digna como yo; y así, mi mano es ésta. TEBANDRO: Y perdón, rendida, os pide la pluma que, contra el genio que la anima, por serviros escribió, sin saber lo que escribía.

FIN DE LA COMEDIA