Five years of youth

Chapter 6

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Vase TESEO

ATÚN: Allá vas, y nunca tornes. ¿A quién, cielos, le sucede buscar vueltas de cadena y encontrarlas de puñetes? Pues sin duda alguna, Fedra expresaba claramente, en él, de Lidoro el nombre, y con favores corteses le trataba; por lo cual mi amo, vuelto una sierpe, quiere que le pague yo lo que Lidoro le debe. Pero el papel está aqui, que al querer darme impaciente, se le debió de caer. ¡Oh quién ahora supiese leer, para saber todas las locuras que contiene! Pero pues él a Lidoro se escribió, y está de suerte que puede otra vez cerrarse sin que llegue a conocerse, ¡vive Dios! que he de llevarlo a Lidoro, que no siempre tengo de ser desgraciado; que bien puede sucederme que, pues del pan y del palo todos participar suelen, y aquí encontré con el palo, allá con el pan encuentre.

Vase ATÚN. Salen BACO y el rey MINOS

BACO: ¿Qué es, Señor, lo que mandáis? MINOS: Conozco vuestra prudencia, y un cuidado fiaros quiero. BACO: (¡Cielos, que ahora me venga Aparte el Rey a estorbar que vaya donde Lidoro me espera!) ¿Qué manda Tu Majestad? Pues sabe que es la respuesta de la voz de su precepto, el eco de mi obediencia. (¡Quién pudiera despedirse!) Aparte MINOS: Sabed, Príncipe, que apenas tuve el gusto de pensar que quedaba satisfecha, en la muerte de Teseo, con mi venganza, mi ofensa, cuando un confidente mío que tengo dentro de Atenas, me avisa que así que supo de su príncipe la nueva, se alteró el reino, de modo que no hubo persona exenta que no se alistase, haciendo homenajes y promesas de no volver a la patria sin dejar antes a Creta, o convertida en cenizas o reducida a pavesas. Y en fin, que embarcados todos en una armada tan gruesa que quedando el mar poblado, queda desierta la tierra, navegan ya; pero yo prevenirme, de manera que la prevención, cordura y no recelo parezca, quisiera, porque los míos, viéndome temer, no entiendan que ya empieza a ser vencido quien a recelarse empieza. Mas venid, veréis las cartas, para que mejor con ellas confiramos lo que hacerse debe, que aquestas materias se han de resolver despacio, y ejecutarse de priesa. BACO: Vamos. (¿Qué dirá Lidoro Aparte de mi tardanza? Mas fuerza es seguir al Rey ahora; pues aunque quede mal puesta mi opinión, sabrá después volver mi valor por ella.)

Vanse el rey MINOS y BACO. Sale TESEO

TESEO: Cansado estoy de esperar a que venga mi enemigo, que de esperar me fatigo aun más que de pelear. ¡Válgame Dios! ¿Quién diría a Baco cuanto pasó; que Arïadna me libró y que Fedra me quería? Pues... Pero acá un caballero, si no me engaño, llegar veo; justo es aguardar, por si no fuere el que espero.

Sale LIDORO con un papel

LIDORO: Agora, de recibir acabo aqueste papel, y a dar la respuesta de él quiere mi valor salir. Porque sin duda, pretende Baco mi juicio trocar, pues me llega a mí a acusar de lo mismo en que él me ofende; porque cuando él inconstante, con Fedra ofende mi amor, me acusa de que, traidor, de Arïadna soy amante. Sin duda, su engaño piensa, fingiendo que le compito, hacer común el delito por hacer menor la ofensa. Mas pues yo no se la hice, y él a mí sí, morirá por la causa que me da, y no por la que me dice. Pero mi vista previene hacia allí un bulto. TESEO: ¿Quién va? LIDORO: Sin duda es Baco el que está. TESEO: Sin duda es Baco el que viene. LIDORO: Príncipe. TESEO: ¡Acabad, por Dios, de llegar! Reñir podéis, que en ver que quien soy sabéis, conozco yo quien sois vos.

Riñen los dos

LIDORO: ¡Qué valor! TESEO: ¡Destreza rara! LIDORO: Valiente sois. TESEO: Tengo honor. LIDORO: A no tener mi valor, pienso que el vuestro envidiara. TESEO: No tenéis que envidiar, cierto; que un Hércules en vos veo. LIDORO: Cumplir con quien soy deseo. Mas, ¡ay de mí!, que me has muerto.

Cae

TESEO: ¡Cielos, mi peligro es fuerte si hallan que fui su homicida, pues sobre deber mi vida, he cometido otra muerte! pienso que el mejor modo de enmendarlo, es apartarme; pues con sólo retirarme queda remediado todo.

Vase TESEO. Sale BACO

BACO: ¡Qué cansado ha estado el Rey! No sé cómo lo he sufrido; porque, como eran tan otros sus cuidados de los míos por más que me consultaba sus políticos designios, no pasaban sus razones de aquel exterior rüido que no pasa a la atención aunque llega a los oídos. ¿Pero qué quietud es ésta? A nadie en el Parque miro. ¿Qué fuera que de cansado de esperarme, se haya ido Lidoro? Pero ¿qué es esto? A los rayos mal distintos de la luna, miro un hombre que en mortales paroxismos, da entre las muestras de muerto, escasas señas de vivo. ¿Quién será? ¡Válgame el Cielo!

Dentro, una voz

VOZ: Hacia el Parque fue el rüido.

Salen TEBANDRO y GUARDAS

TEBANDRO: Hacia aquí dicen las voces; y no mal, cuando distingo un hombre embozado, y otro a sus pies, muerto o herido. Llegad a reconocerlos. TODOS: Daos a prisión. BACO: Mal reprimo la cólera.

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Ved, Tebandro, que soy yo, y que a aqueste sitio llegué apenas, cuando en él vi lo que vos habéis visto. TEBANDRO: Que vos lo digáis, Señor, me basta; pero es preciso reconocerlo. BACO: Llegad. TEBANDRO: ¿Qué es esto, cielos divinos? ¿Qué es lo que miran mis ojos? ¿No es el príncipe de Epiro Lidoro, el que casi ya en los últimos suspiros, está haciendo de su sangre infelices desperdicios? BACO: Cielos, ¿cómo pudo ser? TEBANDRO: Señor, pues cuando vos mismo habéis sido el agresor, ¿os admiráis? BACO: Pues me admiro, claro está que no fui yo; que mal pudiera mi brío querer, con negar la culpa, hacer bajeza el delito. TEBANDRO: Ved, Príncipe, que en palacio estaban ya muy sabidos los disgustos de los dos, por causas que no averiguo. Y a un hombre como Lidoro, ¿quién hubiera que, atrevido, osara darle la muerte, sino vos?

Llega uno de los guardas con el papel

GUARDA: Allí caído estaba aqueste papel, que es factible que haya sido de Lidoro, y que por él saques algo. TEBANDRO: Bien has dicho. Quiero ver lo que contiene. Llega la luz. GUARDA: Ya te sirvo.

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"Príncipe, descubiertos ya los engaños, con que sirviendo a las dos Infantas me ofendéis, con la una en el gusto y con la otra en el pundonor, no me queda a qué apelar, sino a la venganza. En el parque os espero. Baco."

TEBANDRO: Veis, Príncipe, cómo para sustanciar este delito, ya sobran las evidencias si faltaban los indicios. Mas, supuesto que no soy aquí yo más que un ministro, que en vos no puedo tener jurisdicción ni dominio, sólo me toca dar cuenta al Rey de lo sucedido, y si por vos me pregunta, decirle que no os he visto; aun bien, que vos no sois hombre que puede estar escondido. Vosotros ese cadáver llevad.

Vanse y queda BACO

BACO: ¿Habrá sucedido a alguno tal confusión, como hallarse de improviso, sin haber tenido culpa, convencido de un delito? El papel que yo a Lidoro escribí del desafío, es el que más me condena. ¿Quién creerá, cielos divinos, que la culpa no es verdad y que es verdad el indicio? ¿Hase visto igual aprieto como estar a un tiempo mismo, por una parte inocente, por otra parte convicto del delito que no tengo? Decir que yo vengativo le di la muerte, demás de dar fuerzas al peligro, es mentira y es bajeza; y es de mi valor indigno, que una bajeza cometa por complacer un delirio. Si digo que no, el papel es tan terrible testigo, que aunque yo escribirlo pude, nunca podré desmentirlo. Demás de que no he de haceme tanto desaire yo mismo, como decir la verdad donde no he de ser creído. Pues ya que no tengo medio, ni puede hallar el jüicio, ni pruebas para negarlo ni razón para decirlo, irme de Creta es mejor, puesto que tengo navíos en que poder embarcarme, antes que corra peligro en reino extraño mi vida, o sabiendo los de Epiro de su Príncipe la muerte, hallando desprevenidos a mis estados, en ellos se venguen. Adiós, hechizo de Creta, que en este Alcázar no hay un solo Laberinto.

Vase. Salen ARIADNA y ATÚN

ATÚN: Lo que te digo ha pasado, Señora, y tengo por cierto, que Lidoro queda muerto y el palacio alborotado. ARIADNA: ¿Y es Teseo quien le ha dado la muerte? ATÚN: No hay que dudar, porque yo al verle bajar al parque, armado y crüel, bajé escondido tras él y se lo vide matar. Demás, que él ahora ha entrado mostrando indicios no escasos con apresurados pasos y con aliento turbado, el acero ensangrentado, el rostro pálido y fiero, el labio mudo, parlero, el color tal, que pensara cualquiera, que de la cara se fue la sangre al acero; que de esta manera ahora allá dentro lo dejé. ARIADNA: ¿Y sabes tú, por qué fue la pendencia? ATÚN: No, Señora. ARIADNA: ¡Ay de aquélla que le adora, y una vida que advertida guardó, ve casi perdida! Pues si le prenden, no queda hilo ya con que se pueda restaurar el de su vida. Temo le prendan; porqué entonces el duro filo cortará a su vida el hilo que yo con otro anudé; y porque mi industria fue Laquesis, en mal tan fuerte, ¿qué razón hay, si se advierte, que al mirarla combatida, la Laquesis de su vida sea Atropos de su muerte? Cuánto es mejor el crüel lance huir, pues con huír, a él lo libro de morir, y a mí de morir con él; de manera, que fiel a los dos soy este día, pues de su nobleza fía mi amor, que me restituya, viendo que libro la suya, en él la suya y la mía. Parte, Atún, y dí a Teseo que venga a verme al momento. ATÚN: Será con mi movimiento un tullido tu deseo; pues sólo tu ingenio, creo, que nos podrá dar favor, sacando de tu labor vida que darnos, y agudo darla en un dedal, quien pudo darla en un devanador. Pero si acaso ha salido mi amo fuera, ¿qué haré? ARIADNA: Díle que no entre, porqué puede de lo sucedido resultar algún rüido, y en todo caso será bien que esté fuera; pues ya no es segura la prisión, que yo estaré en el balcón, que al parque cae. ATÚN: Bien está.

Vase ATÚN

ARIADNA: Amo a Teseo, y temo de manera su muerte, que me fuera más ligero tormento si, muriendo yo primero, los riesgos de su vida no temiera. Mil veces mi temor lo considera blandido sobre el cuello el duro acero, y tantas veces yo del susto muero cuantas presumo que él morir pudiera. Y no es el mayor daño, si se advierte, estar de tantos riesgos combatida, que otro mal tengo que temer más fuerte; que es pensar que con alma fementida, en algún tiempo puede darme muerte, a quien yo tantas veces doy la vida.

Vase ARIADNA. Salen TESEO y FEDRA