Chapter 3
ATÚN: ¿Oyes, Laura? LAURA: ¿Qué querrá el señor Atún? ATÚN: Querré que este escabeche de atún lo aderece tu laurel. LAURA: Nos veremos más despacio. ATÚN: Pues, ¿por qué no puede ser luego? LAURA: ¿Por qué me pregunta? ¿No sabe que es menester mil años de rendimiento para obligar mi altivez? ATÚN: ¿Mil años menester son? Pues perdóneme vuested, porque no puedo ser yo amante Matusalén. LAURA: ¿Luego quieres desistirte de mi amor? ATÚN: Sí. LAURA: ¿Pues no ves, que todo aqueste rigor no ha sido más que querer probar la fe de un lacayo, si es que en lacayos hay fe? ATÚN: Está muy bien; pero mira no te acontezca otra vez quererte fingir señora, porque no se avienen bien la tizne del estropajo y el humo de la altivez. LAURA: Pues adiós, picaril brío. ATÚN: Adiós, fregatriz desdén.
Vanse, y salen ARIADNA y CINTIA
ARIADNA: ¿Qué es aquesto, cielo injusto? ¿Qué es lo que pasa por mí, que lo acierto a padecer y no lo sé definir? ¡Ay de mí, que mal sabe hablar, quien sabe sentir! Apenas, Amor tirano, de tus flechas conocí que las hace más agudas quien las quiere resistir, cuando vi que sabes hacer más daño que herir. No siento, no, que pasaras mi corazón varonil, ni que del alado arpón que vibra tu aljaba vil el sutil oro, de mi sangre esmalte el carmín, Ni que pudiese tu engaño a mi altivez persuadir que consistía el vencer en dejarse antes rendir; que el servil, fuera sin celos estado feliz. Lo que sí siento, es que, cuando al ateniense gentil, del reino de mi albedrío la investidura le di, hallo aquí que muero por quien no muere por mí. CINTIA: ¿Qué es lo que dices, Señora? Recóbrate y vuelve en ti, que se niega al remediar quien se da toda al sentir. ARIADNA: Yo he de librarlo, pues tengo para que se libre, ardid; que aunque de Fedra sea amante, mi amor no ha de permitir que para mí, si le adoro, sea amante infeliz. CINTIA: ¿Cuál es el medio que tienes para librarlo? ARIADNA: Es sutil, porque con un hilo sólo, ha de triunfar y vivir; pues en la líd, sabrá al fiero monstruo soberbio rendir.
Sale BACO y quédase al paño
BACO: Si no me miente el deseo, la voz de Arïadna oí, que triste se lamentaba. Quiero escuchar desde aquí, puesto que no me ha sentido, que quizá podré inferir de sus voces su dolor. CINTIA: Señora, no estés así, que aunque sea de tu hermana amante, al que tú a rendir has llegado tu albedrío, no faltará algún ardid para que atento a tu amor la deje, y te quiera a ti. BACO: ¡Al amante de su hermana! ¿Qué es esto? ¡Triste de mí! Que lo quisiera saber y no lo quisiera oír. CINTIA: Mas di, ¿no quieres a Baco? ARIADNA: ¿Tal llegas a proferir, cuando me ves abrasar, cuando me miras morir, y cuando al galán de Fedra de manera me rendí, que aun libre no me quedó la parte de discurrir? Y así, deja los consejos, si es darme gusto tu fin --que en un amor obstinado, es ofender, advertir-- y ve que quiero buscar medios para conseguir mi intento. CINTIA: Vamos, Señora, que razón es preferir al que tú tienes amor, al que te le tiene a ti.
Vanse, y salen BACO y RACIMO
BACO: ¿Tal agravio llego a ver y persevero en vivir? Sin duda es por carecer, o de alma con que sentir, o de vida que perder. Cuando a esta injusta tirana con mayor fineza adoro, hallo que quiere, liviana, al amante de su hermana, que claro está que es Lidoro. ¿Que este ultraje sufra aquí mi dolor? ¡Ah, ingrata fiera!, ya que me dejas así, ¿no me dejaras, siquiera, por quien te quisiera a ti? Que aunque tan ingrata estás, es tan noble mi despecho, que juzgo que siento más que los celos que me das, la ofensa que a ti te has hecho. RACIMO: Bien lo has gritado, Señor; sosiegate y ten cordura, mas no es culpable el furor, que si Amor solo es locura, ¿qué serán vino y amor? Y aunque es tan grande insolencia, si la consecuencia saco no te ofendo, que en conciencia no es mucha la diferencia entre ser toro y ser Baco. Aunque también te confieso que es cosa muy enfadosa que te carguen con exceso, en la cabeza otra cosa, sobre su ordinario peso. BACO: ¡Loco, atrevido, villano! ¿Cómo mis ansias reprimo? RACIMO: Detente, Señor, que es llano que si tú aprietas la mano, corre peligro el Racimo. Mas un remedio he pensado, con que tendrá linda medra tu amor. BACO: Pues di, ¿qué has hallado? RACIMO: Que tú enamores a Fedra, con que quedarás vengado. BACO: Como tuya es la locura. RACIMO: Pues qué, ¿te parece malo? Requiebra tú su hermosura y taparás la rotura con cuña del mismo palo. BACO: Hacerlo quiero al instante; que aunque tus locuras toco, no es razón que a nadie espante el ver que apetezca un loco consejos de un ignorante. Ven, pues, para que advertido, si mi dicha a Fedra topa le diga mi amor fingido. RACIMO: Ella viene allí, que ha sido caer en la miel la sopa.
Sale FEDRA
FEDRA: Por si acaso se quedó de Teseo algún crïado en esta cuadra, de quien tenga noticia... Mas Baco está aquí, volverme quiero. RACIMO: Señor, acude al reclamo, y mira no se te vuele el pájaro de la mano. BACO: Temo no acertar, Racimo. RACIMO: ¿Qué importa? Llégate errando, que repite para amante, quien cursa de mentecato. Haz cuenta que eres poeta y que te hallas en un paso de comedia, donde es fuerza, sin estar tú enamorado, fingir otro que lo esté, y díle soles y rayos, ansias, desvelos, respetos, temor, silencio y cuidado, y atención sin esperanza, que es lo que corre en palacio, y verás cómo lo aciertas. BACO: Yo llego. Hermoso milagro, en cuyas aras divinas sirve el mismo Amor postrado de víctima a vuestro culto, porque fuera desacato que ardiera a incendio tan puro menos divino holocausto. FEDRA: Agradecida a la sangre estoy, Príncipe, pues hallo, que por serlo de Arïadna merezco favores tantos.
Sale LIDORO y quedase al paño
LIDORO: Buscando el desdén de Fedra vengo siguiendo sus pasos, que siempre son los desdenes imán de los desdichados. Mas con el Príncipe allí de Tebas, la miro hablando; no quiero salir tan presto, que es exponerme a que airado me desprecie su desdén, y a mí me basta el trabajo de sentirlo, sin que sepa otro, que estoy desairado. BACO: No dudéis de la fineza con que os adoro, si acaso por estimar a Lidoro me desdeñáis. FEDRA: ¿Desde cuándo he querido yo a Lidoro? LIDORO: ¿Qué es esto? ¡Celos, a espacio. No deis crédito al veneno, hasta que apuréis el vaso! FEDRA: Pues vos, Príncipe, ¿a Arïadna no servís? BACO: No vuestro labio la nombre, porque es hacer, contra las leyes de urbano, que yo quebrante grosero los términos cortesanos. Verdad es que, a los principios, por congruencias de estado, publiqué su galanteo; pero después de miraros (¡Ay Cielos, qué mal me animo!) Aparte ¿quién es de juicio tan falto (¡Que así ofenda lo que adoro!) Aparte que no se os rinda?
Sale LIDORO y saca la espada
LIDORO: A un agravio tan grande, sólo el acero reconviene. BACO: De mi brazo tendrás el justo castigo. FEDRA: ¡Qué empeño tan apretado! ¡Ah de la guarda! ¿Qué es esto? RACIMO: ¡Por Dios que tienen entrambos lindos filos de reñir! Mas si rompen a mi amo la cabeza, será bueno ver, una vez en el año, que tenga los cascos rotos quien tiene tan buenos cascos.
Sale el rey MINOS y envainan las espadas
MINOS: ¿Qué es esto? LOS DOS: Nada, Señor. MINOS: ¿Qué fue, Fedra? FEDRA: Que indignados (Aquí es forzoso fingir) Aparte por una cuestión que acaso se excitó, sin intención, estando los dos hablando cada uno de las grandezas y blasones de su estado, paró en porfía, porque cada uno intentaba el lauro para su patria, lo cual ocasionó que, empeñados de argumento en argumento, se encolerizasen tanto que... pero ya tú los viste. MINOS: Puesto que no ha habido agravio de por medio, yo os suplico depongáis el temerario ímpetu que aquí os incita. LIDORO: Por mí, Señor, acabado está, pues vos lo mandáis. BACO: Yo en obedecer no os hago servicio, Señor, alguno, pues que no estoy enojado con Lídoro, ni ofendido. MINOS: Pues vamos, Príncipes. BACO: Vamos. FEDRA: (Mucho llevo que temer.) Aparte MINOS: (Mucha sospecha me han dado.) Aparte LIDORO: (De celos y agravios muero.) Aparte BACO: (De cólera y celos rabio.) Aparte RACIMO: (Y yo me muero de risa, Aparte de ver tan grandes menguados.) LIDORO: (Mucho temo que reviente Aparte el volcán en que me abraso.) BACO: (Mucho temo que se asome Aparte esta pasión a los labios.) MINOS: (Mucho sentiré que pase Aparte el empeño a mayor daño.) FEDRA: (Mucho sentiré que sirva Aparte Baco a mi amor de embarazo.) RACIMO: (Mucho temo que de sed Aparte he de beberme a mi amo.)
FIN DE LA PRIMERA JORNADA
JORNADA SEGUNDA
Salen el rey MINOS y TEBANDRO
MINOS: En esta del horror caverna obscura, mi venganza insaciable hallar procura modo con que templar el dolor fiero del tormento mayor, del más severo linaje de pesar y alevosía que pudo fabricar la tiranía. TEBANDRO: Ya Vuestra Majestad tiene en Tesco satisfecho el desastre de Androgeo, puesto que al Minotauro ya entregado, pasto suyo, su fin habrá alcanzado, donde pagado habrá su adversa suerte, réditos de una vida con su muerte. MINOS: Aunque es verdad que es príncipe de Atenas, tan crecido es el golfo de mis penas, que en ondas de congojas fluctüando, mi triste vida miro zozobrando en un mar de tormentos repetido, donde estoy de congojas sumergido. TEBANDRO: Si opuesto siempre, el hado riguroso dispuso que en el Príncipe, costoso fuese el fin de sus prendas un violento, trágico estrago, fúnebre lamento, siendo los juegos en que se excedía, tragedia de su misma gallardía; pues con primor de partes las más diestras, era rayo galán de las palestras, en cuyas lides fue, sin desvarío, el que daba lección al mismo brío. MINOS: Qué importa el que gallardo, osado lidia, si feroz contra él tiene la envidia, enemigo tan fiero e inhumano que se precia de aleve y de tirano; pues contra el que feliz más se previene, tiene sed de lo mismo que no tiene, cuya injuria de locas esperanzas hidrópica de horror bebe venganza. Pero con el tributo, manjar viviente de un hambriento bruto que habita el laberinto obscuro tanto que es eco del pavor, voz del espanto, han de acabar mis iras repetidas tantas infames temerosas vidas. TEBANDRO: Dé Vuestra Majestad a pena tanta treguas de alivio hoy. MINOS: ¡Tebandro, cuánta fuera mi dicha, si aliviar pudiera esta batalla de mi enojo fiera
Asómase ATÚN al paño
ATÚN: Por sacar la cabeza, a lo que infiero, soy atún, y galápago ser quiero. MINOS: ¡Muera Teseo! ATÚN: ¡Horrendo disparate! Éste, no hay que dudar que es fiero mate. MINOS: De cólera en mi enojo no sosiego; todo soy iras, todo rayos. ATÚN: ¡Fuego! TEBANDRO: Tu Majestad procure divertirse. ATÚN: Déjelo, y más que llegue a consumirse, que con aqueste rey tan aturdido, el secreto sabré del consumido. TEBANDRO: Las Infantas, Señor, tienen dispuesta hacer a Vuestra Majestad gran fiesta de un sarao en el Alcázar de Dïana. Témplese una congoja tan tirana, y opóngase lo cuerdo al accidente; porque un sentir, si es cuerdo, menos siente. MINOS: Por si puedo aliviar tanto tormento, iré, Tebandro.
Vanse TEBANDRO y el rey MINOS, y sale ATÚN
ATÚN: Cierto, que es contento el ir a ver el Rey, sin más andanzas, en dos Infantas suyas las mudanzas.
Salgamos a ver el día, que hay un laberinto grande, en éste en que estoy metido; plegue a Dios que ello en bien pare. Salgamos a ver el día; que en esta horrorosa cárcel donde se estudian tinieblas, se ignoran las claridades. Cierto, que estoy, a mi amo, dispuesto en aquesta parte casi, casi, por no verlo, por lïarlas casi, casi.
Sale TESEO del laberinto
TESEO: ¡Atún! ATÚN: Señor, oye al punto con qué modo, con qué arte podemos a Ariadna y Fedra verlas en danza esta tarde. Dame albricias, y sean luego; acaba ya, no te tardes. Dame lo que tú quisieras, y no lo que tú mandares. TESEO: ¿En danza? ATÚN: Sí, porque tienen dispuesto un sarao muy grande, donde príncipes y nobles entran con bravos disfraces de galas y mascarillas, porque los conozca nadie. No de príncipe papel harás, sino de danzante; haz, por Dios, lo que te ruego, aunque es forzoso que saltes. TESEO: Infeliz soy y dichoso en un tiempo, pues combaten a mi pecho, entre imposibles, amantes neutralidades. Fedra, a quien mi amor erige rendimientos por altares, adoraciones me intima, afectos me persüade. Ariadna, a quien no le debo menos que la vida, amante, si no me rindo a su cielo, de ingrato he de hacer alarde; porque si fue el instrumento para que yo me librase dando muerte al Minotauro, ¿en qué pecho noble cabe recibir el beneficio, para no saber pagarle? Pues en este Laberinto donde vivo, ni aun señales deja la duda al recelo, para que riesgos me asalten; pues con el hilo piadoso que su amor supo fïarle sólo a mi valor, mi vida tuvo en su piedad rescate. Por cuya fineza quiso, para que yo me librase, Fedra que yo de Arïadna me mostrase fino amante; acción de amor generosa, de tan subidos quilates, que sólo para mis bienes de sus injurias se vale, solicitando su ofensa tan agente, al resguardarme, que a Arïadna le permite lo que nunca es dispensable. Su mal es grande estadista, porque estudia infatigable, en escuelas de tormentos, políticas de pesares. Pues cuando firme pretende que por quererla, a otra ame, cobra sueldos de fineza, sin tirar de amante gajes.
ATÚN: Aunque pudiera, la muerte, hoy por el hilo sacarte, del bruto, tan bien la hiciste, que el rey de ella está ignorante. TESEO: Pero di, el sarao que dices, Atún, ¿de dónde lo sabes? ATÚN: Sélo, porque al Rey, Tebandro avisó, que festejarle querían Ariadna y Fedra por divertir sus pesares, y que habían dispuesto un festín de aquellos que hacen, con cortesanos adornos, las palaciegas deidades. TESEO: Yo danzara, si tuviera decente forma. ATÚN: Millares, de príncipes, has de ver, que en forma y figura salen. TESEO: Para el caso galas tengo, como tú sabes, bastantes; pues por príncipe, aunque preso, traje muy rico homenaje. ATÚN: Que no las tienes, presumo, según es fuerza empeñarte. TESEO: ¡Qué sería que con Fedra danzara! ATÚN: Siendo el tu autem de que tú salgas, espero te baile el agua delante. TESEO: ¿En qué lo fundas? ATÚN: ¡Qué lindo! En lo que llego a fundarme es que se paga del viento, y tienes tú muy lindo aire.
Sale LAURA con manto, tapada
LAURA: Buscando vengo a Teseo; mas, si no llego a engañarme, éste que miro es Atún. ¡Cé, galán! ATÚN: Anzuelo trae para pescarme, sin duda, este fregatriz donaire. TESEO: Mira que te busca; llega. ATÚN: ¿Buscona, y que llegue? ¡Tate! Pero llego. ¿Qué me quiere, mi reina? LAURA: Que a su amo llame. ATÚN: Es enfadoso, y conmigo puede usted desenfadarse. LAURA: Mire que vengo de prisa. ATÚN: Despacio es razón que me hable.