Amor es más laberinto

Part 7

Chapter 72,702 wordsPublic domain (Wikisource)

FEDRA: ¿Qué dices? ¿La muerte a Baco le diste tú? TESEO: Sí, Señora, que lo que atestigua el brazo, mal lo negará la boca. Recibí un billete suyo, en que su pasión celosa brevemente se explicaba, por querer presuntüosa remitir la explicación de su cólera a las obras; bien, que expresaba que yo, por gusto o por vanagloria, a las dos os sirvo, y que le ofendo en entrambas cosas; en la opinión con la una, y en el gusto con la otra. El cómo llegar pudiese él a saber nuestra historia, no me toca averiguarlo, aunque sentirlo me toca. Salí, en fin, al desafío, fue mi espada más dichosa, di la muerte; ya lo sabes todo. Pues escucha ahora a lo que vengo. Bien sabes, adorada Fedra hermosa, que desde el primer instante que te vi, te entregué toda el alma, tan sin reservas, que aun mis ansias amorosas no fueron mías, ni pude merecer en las congojas; porque a ninguno le pueden dar mérito ajenas obras, y siendo tuyas las mías pareciera acción impropia si quisiera mi cariño que te obligaras de cosa que era tuya; de manera, que incapaz la vanagloria quedó de poder servirte, pues reducida a una sola acción, la mayor fineza fue no poder hacer otra. También sabes que Arïadna, o por noble o por piadosa, hizo empeño de librarme con finezas tan heroicas, con industrias tan agudas y acciones tan generosas, que a hallarme con alma, fuera darle el alma paga corta; pues cuando tan soberanas son las prendas que la adornan, obró tan fina conmigo como si no fuera hermosa; pues bien sabes que en los duelos, que allá disputáis vosotras, ofende a su punto quien con finezas enamora. Y aun juzgo que ésta es la causa porque de ingratas blasonan todas las hermosas, dando a entender presuntüosas, que a quien la beldad no falta, todo lo demás le sobra. Y siendo... Pero, ¿qué es esto, que parece que te enojas porque alabo su hermosura? La desatención perdona, y no tengas por delito, cuando el alma le es deudora, que pues no puede en afectos, en aprecios corresponda; que muy bien puede un amante que en esta duda zozobra, ser fino con la que quiere, sin ser grosero con otra. Y si todo esto no basta, baste el ver que vengo agora a rogarte que, supuesto que ya la traza ingeniosa que conservaba mi vida se acabó, pues tú no ignoras que quien se lo dijo a Baco se lo dirá a otras personas, y añadiéndose a este riesgo el que es muy factible cosa que sepan que fui yo quien le maté, con que se dobla el riesgo; pues quien le dio a él de mis acciones todas cuenta, no es mucho que de él supiese que con celosa resolución me retó, y de aquí infiera con poca dificultad el suceso, sin quedar a mis congojas, ni consuelo que las temple ni asilo que las socorra. Y no pienses que es el riesgo de mi vida quien me asombra, pues me llamara feliz a peligrar ella sola; pero bien ves que Arïadna y tú, en las inquietas olas zozobráis de los peligros de la vida y de la honra; y por evitar tan grande riesgo, discurro, Señora, que sólo puede la fuga libertar nuestras personas. Si es verdad, hermosa Fedra, el amor de que blasonas, si no te ofenden mis ruegos, si te mueven mis congojas, vamos a Atenas, que allá puestos, no es dificultosa empresa alcanzar perdón de tu padre, que aunque agora se muestra tan enemigo, si una vez las armas toma mi valor, yo sé que es fácil conseguirlo; porque hay cosas que se niegan en la paz y que en la guerra se otorgan. Pues yéndote tú conmigo, pensarán que tú, amorosa, me diste la libertad, y con eso de la sombra de la sospecha Arïadna queda libre, y la corona ceñirá a solas de Creta, y tú, de Atenas Señora serás, y del alma, que es posesión más generosa. ¿Qué dices? FEDRA: Digo, Teseo, que mi vergüenza deudora te queda de la atención; pues cuando son tan notorias las razones que me obligan a que la fuga disponga, y que casi me forzaran a decírtelo animosa, con de irlo tú me excusas el que yo te lo proponga; porque no sé qué se tiene el disponer amorosas resoluciones, que suena siempre mejor en la boca del galán que de la dama, pues para ostentar heroica de amante, conceder basta, porque proponer es cosa en que se aja la hermosura o el respeto se abandona. Y la que a su amante ruega, aunque sepa que él la adora, sí no queda desairada no quedará muy airosa; que el decoro de las damas tiene tantas ceremonias, que para cumplir con ellas sin agraviarse a sí propia, ha menester una dama, aun cuando amante se nombra, dar a entender que se vence, mas no mostrar que se postra. Esto supuesto, dispón de mi vida y mi persona, que a quien dice que te quiere, todo lo demás le sobra. TESEO: Dulce imán de mis sentidos, deja que a tus plantas ponga mis labios. FEDRA: Alza del suelo que no es razón, cuando gozas todo el dominio del alma, que así estés. TESEO: Si generosa doblas los favores tú, ¿por qué te admira si dobla la recompensa mi amor? Adiós, mi bien, que ya es hora de disponerme. FEDRA: Ven luego que alguna nave dispongas, en que nos podamos ir, supuesto que hay tanta copia en el puerto siempre de ellas, y no dudo que entre todas, haya alguna de tu reino, la cual podrás con mis joyas fletar; pues con el disfraz no es fácil que te conozcan. TESEO: Pues yo voy. FEDRA: Y cuando vuelvas no entres, que yo cuidadosa te esperaré en esa puerta del parque, que así se logra mejor el no ser sentido. TESEO: Pues adiós, mi prenda hermosa; y pues eres deidad, manda que se anticipen las horas que voy a estar sin tu vista. FEDRA: Diligencia fuera ociosa, a poder ser, pues sin ti, aunque a un solo instante todas se redujesen, sería eternidad de congojas.

Vanse TESEO y FEDRA. Sale BACO embozado

BACO: ¡Que cuando de un delito convencido me miro, sin haberío cometido, y cuando en la desdicha de Lidoro la muerte sé y el agresor ignoro que en el parque matándolo primero, impidió la venganza de mi acero, y cuando por librarme del riesgo, deterrnino el ausentarme de Creta, a cuyo efecto prevenida dejo una nave en que salvar mi vida, pueda tanto el amor de aquesta ingrata que con desdenes y belleza mata, que cuando a más no verla me resuelvo segunda vez a su palacio vuelvo, a despedirme de sus duras rejas, que quizá más piadosas a mis quejas, sus hierros dar podrán, enternecidos, a yerros de mi amor gratos oídos!

Sale ARIADNA abriendo un balcón

ARIADNA: Mientras más tarda Teseo, más en mí crece la angustia; que si esperar sólo, mata, ¿qué hará quien espera y duda? Mas si la vista no miente o me engaña la confusa sombra, hacia acá viene un hombre, BACO: Hacia allí han abierto una ventana, llegarme quiero. ARIADNA: Pues se llega, él es sin duda. ¿Sois vos, Señor? BACO: (Fingir quiero Aparte que soy por el que preguntan.) Yo soy. ARIADNA: ¿Pues cómo tan tarde venís, Señor, cuando turban tantos temores mi pecho, después que supe la injusta muerte que a Lidoro disteis? BACO: (¡Cielos! ¿Qué es esto que escuchan Aparte mis oídos? La que habla me conoce, pues pronuncia esto. ¿Quién será? ARIADNA: Y aunqué no sé la causa, quién duda que por el amor de Fedra mi hermana, cuya hermosura, en agravio de mi amor, solicitáis, y en injuria de mi fe. BACO: (Viven los cielos, Aparte que es Ariadna, y me acusa de falso, porque quizá supo aquella necia industria de solicitar a Fedra. Mas ¿cómo cuando sañuda, por la muerte de su amante Lidoro, mi amor la juzga, sin lamentar su desdicha, celosamente me culpa?) ARIADNA: Mas supuesto que no es tiempo de celosas conjeturas, sino sólo del remedio de los riesgos que me asustan --pues veis que muerto Lidoro, ninguna industria asegura vuestra vida ni mi honor, que ondas de riesgos fluctúa-- hurtémonos a este riesgo, huyamos aquesta furia, y lo que el valor no puede salvar, sálvelo la fuga. Naves hay siempre en el puerto; prevenid, Príncipe, alguna, en que nos podamos ir. BACO: (Cielos, ¿tan grande ventura Aparte es posible que yo tenga? ¿Ariadna, que tan dura fue, se muestra tan amante que a seguirme se aventura? ¿Pues yo de su misma boca no escuché que amaba--¡Oh, nunca me acordara!--a mi enemigo? ¿Pues cómo agora asegura, que me tiene amor a mí? ¿Mas qué es lo que dificulta mi dolor? ¿A los principios no me trató con blandura, y aun dio indicios de quererme? ¿Pues no puede ser que alguna ocasión la motivase a lo que vi; pues hay muchas, que en el crisol de los celos, el oro de amor apuran? Y en fin, aunque esto no sea, ¿qué indicio quedó de culpa que darle, a quien a seguirme se resuelve? Y aunque turba mi corazón el pensar que lo quiso, es conjetura necia; pues aunque así sea, galanterías tan justas desazonan, mas no ofenden, lastiman, mas no deslustran. Yo me resuelvo a llevar todo el cielo en su hermosura; pues que ya muerto Lidoro, ningún recelo me asusta.) ARIADNA: ¿Qué piensas, que no respondes? BACO: Señora, en el puerto hay surtas naves--la que yo previne servirá--la coyuntura logremos, que prevenirla no es menester, que antes muchas quieren ya hacerse a la vela; y si tú ahora aventuras el poder salir, después se puede ofrecer alguna dificultad. ARIADNA: Pues espera, que ya bajo. ¡Noche oscura, ampara mi amor, pues siempre empeños de amor ayudas!

Vase ARIADNA y BACO se llega a la puerta por donde sale FEDRA

FEDRA: ¡Válgame Dios, qué resuelto y valiente es el Amor, pues a una mujer obliga a tan temeraria acción, como que deje a su patria y que abandone su honor por seguir a un hombre! Pero ya imagino que llegó Teseo, pues hacia acá se llega un hombre. ¿Sois vos, Señor? BACO: Pues quién puede ser sino aquel que girasol tan fino es de vuestros rayos, que aun cuando su resplandor con las sombras se disfraza, conoce en la noche al sol. FEDRA: Pues vamos, antes que sepa mi padre que fuisteis vos el autor del homicidio. BACO: Seguidme, pues.

Vanse apartando y sale TESEO, llegándose a la puerta

TESEO: Ya quedó en el puerto prevenida la nave, porque el Amor es agente tan activo que no sufre dilación. En esta puerta me dijo Fedra que esperaba; yo quiero llegar.

Sale ARIADNA por la misma puerta que salió FEDRÁ

ARIADNA: ¡Qué turbados pasos da mi confusión! ¡Qué mucho, si va en mi culpa tropezando mi temor! Pero acá se acerca un bulto, si no me engaña el horror de la noche; hablarle quiero. ¡Mas, ay, que la turbación me ha dejado el sobresalto, y se ha llevado la voz! TESEO: (¡Vive Dios, que está esperando Aparte a la puerta! ¿Qué valor al suyo iguala?) Señora. ARIADNA: ¿Quién es? ¡Ay de mí! TESEO: Yo soy el que soy porque soy vuestro, porque mi ser, de mi amor depende, y a no ser vuestro, pienso que no fuera yo. ARIADNA: Pues vamos, porque he sentido en el palacio rumor, y dudo qué pueda ser. TESEO: Vamos.

Sale ATÚN

ATÚN: La respiración me falta ya de cansado de buscar a mi señor, aqueste príncipe duende, que cuando lo buscan no parece, y cuando se enfadan se aparece cual visión. Avisaré del suceso a Arïadna, que al balcón puesta está al sereno; pienso que por templar el calor que él le causa. Pero allí va un hombre; no, sino dos, y muy cabales por cierto, pues por ir con perfección, cada uno de su costilla lleva la transformación. BACO: Hacia nosotros dos bultos vienen, señora; mejor es retirarnos aquí mientras pasan. FEDRA: Sin mí voy.

Lléganse a un lado BACO y FÉDRA, y pasan por delante de ellos ARIADNA y TESEO, y llégase ATÚN a TESEO

ARIADNA: Camina aprisa, Teseo. ATÚN: (Teseo dijo esta voz. Aparte ¿Mas si éste fuese mi amo, que llegando antes que yo haya sacado a la infanta? Que como la descarnó ya de su padre, no es mucho que sirva de sacador. Quiero llegarme con tiento.) ¿Oyes? ¿Eres tú, Señor? TESEO: Éste es Atún. ¿Qué me quieres? ATÚN: Di si eres tú, que el temor, hasta ver si tú eres tú, no dirá si yo soy yo. TESEO: Teseo soy. ¿Quieres más? FEDRA: (Teseo dijo. ¿Pues no Aparte es Teseo quien me lleva? ATÚN: Pues díme Señor, por Dios, dónde has estado esta noche, que Arïadna me envió a buscarte, y no te hallé. BACO: (¿Quién a Arïadna nombró?) Aparte TESEO: A solicitar si había alguna navegación a Atenas, al puerto fui; porque deje mi valor a Creta en tinieblas, pues en Fedra le llevo el sol. ATÚN: ¿Luego es Fedra y no Arïadna la que llevas? ARIADNA: (¡Ah, traidor! Aparte ¿Así te equivocas? Bien se ve que en el corazón tiene a Fedra, pues a mí me dice Fedra. ¡Ah, rigor! ¡Qué presto empiezo a pagar mi ciega resolución!) BACO: (Que si es Fedra, y no Arïadna Aparte preguntan. ¡Qué confusión!) FEDRA: (Si es Fedra o es Arïadna Aparte la que llevan, preguntó. ¿Quién será quien esto dice?) ARIADNA: Vamos, antes que el rigor del Rey mi padre nos busque. TESEO: Ven, hermosa Fedra. ARIADNA: Yo Arïadna soy, no Fedra. No segunda vez tu voz mi nombre equivoque ingrato. BACO: (¿Qué es esto, Cielos? Ya no Aparte puedo dejar de saberlo. Tú, Ariadna, mientras voy a reconocer quién pasa espera. TESEO: Válgame Dios, ¿cómo puede aqueso ser? ¿Que no eres Fedra? ARIADNA: No soy, sino Arïadna. BACO: (¿Qué escucho? Aparte ¡Válgame el Cielo!) FEDRA: (Ni yo Aparte Arïadna, sino Fedra, y pues engañada voy con éste, que no sé quién es, y con el mismo error lleva Teseo a mi hermana, déle voces mi dolor.) ¡Teseo, Señor, esposo, mira que aqueste traidor robada te lleva a Fedra! TESEO: Pues, ¿qué espera mi valor? ¡Muere, atrevido, a mis manos! BACO: Muere tú, pues escuchó mi honor, que engañada llevas a Arïadna. ARIADNA: (¡Qué rigor Aparte de mi estrella es éste!) FEDRA: (Pues Aparte aquél es Teseo, yo quiero ponerme a su lado.) ARIADNA: (¡Ay de mí! Con el horror Aparte de la noche, no se cuál es Teseo de los dos.)

Truécanse las damas y sale RACIMO huyendo

RACIMO: ¿Adónde podré esconderme? Que por crïado de Baco corre esta vez el Racimo peligro de ser colgado.

Salen TEBANDRO y SOLDADOS

TEBANDRO: Matadlo si se resiste, que esta orden el Rey ha dado. RACIMO: ¿Quién dice que es resistirse el correr más que de paso? TEBANDRO: Pero ¿qué es esto? En el parque, resueltos y temerarios dos hombres están riñendo. ¿Quién sois vosotros que, osados, os atrevéis de este sitio a quebrantar el sagrado? Daos a prisión. TESEO: Mal conoces mi valor. BACO: Qué mal mis manos conocéis. TEBANDRO: Pues mueran luego. ¿Qué esperáis? TESEO: Si aquí alentado no me resisto, la vida y a Fedra pierdo. BACO: Si osado no me defiendo, a Arïadna pierdo, y la vida.

Riñen

FEDRA: Tirano cielo, acaba, con mi muerte, vida que te ofende tanto. ARIADNA: Si blanco infeliz mi vida es de tus tiros airados, y es el blanco el que te ofende, acaba de herir el blanco. SOLDADO 1: ¿Resistencia a la justicia?

Sale el rey MINOS y acompañamiento

MINOS: ¿Qué es esto? ¿En todo el palacio, sólo se escuchan pendencias; sólo se miran estragos? TEBANDRO: Señor, aquestos dos hombres son, que intentan obstinados resistirse a la justicia. MINOS: Pues prendedlos o matadlos. TEBANDRO: Con estas damas, por quien se estaban acuchillando, según juzgo. MINOS: ¿Por mujeres? Prendedlas. TESEO: Ya es el librarnos imposible; pues nos vemos por todas partes cercados. MINOS: Descubrid esas mujeres. ARIADNA: ¡Cielos, hoy la vida acabo! FEDRA: ¡Adiós, infelice vida!

Descúbrelas TEBANDRO