Part 8
Y como ella está habitada por cristianos esperabamos hallar auxilio para reparar nuestras naves, dar reposo á las tripulaciones y proveernos de lo necesario, pues de esta isla á Castilla hay mil trescientas leguas de mar sin encontrar tierra alguna. Alli estuvimos cerca de dos meses y antes de partir descubrimos todavía muchísimas islas todas pobladas de gente pacífica. Se tomaron doscientos prisioneros y tratamos de regresar á España, habiendo llegado en sesenta y siete dias á las Islas Azores, de donde pasamos á las Canarias y de ellas á Cádiz. Empleamos en este viaje trece meses, corriendo muchos peligros y descubriendo mucha tierra del Asia y gran cantidad de islas, casi todas habitadas, habiendo hecho la cuenta de haber navegado mas de cinco mil leguas. En conclusion, pasamos la Línea Equinoccial en seis y medio grados y volvimos á la parte del norte en que la estrella polar se alza sobre nuestro horizonte treinta y cinco grados y medio y á la parte de Occidente navegamos ochenta y cuatro grados contados del meridíano de Cádiz. Recogimos en este viaje perlas y oro, entre ellas dos piedras una color de esmeralda y otra de amatista durísima, de un medio palmo de largo y de tres dedos de grueso. Estos Reyes han hecho gran aprecio de ellas y las han guardado entre sus joyas; trajimos un pedazo de cristal que algunos joyeros dicen que es _berilo_ y segun decian los indios habia alli gran cantidad de ella. Tambien trajimos catorce perlas encarnadas que mucho contentaron á la Reina y muchas otras piedras; de todas estas cosas no trajimos gran cantidad por no habernos demorado mucho en ningun paraje. En Cádiz vendiéronse los esclavos y á pesar de eso muy poco fué lo que á cada uno tocó de las utilidades del viaje, pero todos se contentaron de haber salvado de los peligros que corrimos. En cuanto á mí, cogí unas tercianas de las que espero salvar porque no tengo escalofrios. Están armándome tres naves para que vaya nuevamente á descubrir y creo que estarán prontas á mediados de Setiembre próximo. Quiera Dios darme salud y buen viaje que otra vez espero traer grandes noticias y descubrir la isla Trapobana que está entre el mar Indico y el mar Gangético, y despues espero volver á la Pátria y descansar pasando allí mi vejez.
He pensado Magnífico Lorenzo, enviaros dos figuras de la descripcion del mundo hechas y ordenadas por mi propia mano, las que serán una carta en figura plana y un Mapa Mundi en cuerpo esférico, las cuales enviaré por mar á cargo de Francisco Lotti, nuestro fiorentino, que se halla actualmente aquí y creo que os agradarán, pues poco tiempo há, hice uno de estos para S. S. A. A. estos Reyes y lo estiman mucho. Era mi ánimo ser yo mismo el portador, pero me lo impide la resolucion de ir nuevamente á descubrimientos. No falta en esa ciudad quien comprenda la figura del Mundo y que tal vez quiera enmendar alguna cosa en esa obra; pero ruego se espere á mi regreso, que podré defenderme.
Creo que V. M. habrá sabido ya las noticias que ha traido la flota, que hace dos años, el Rey de Portugal mandó á descubrir por la parte de Guinea. Tal viaje como ese no lo llamo yo descubrir sino andar por lo descubierto, porque como lo vereis por la figura, su navegacion es de contínuo á vista de tierra y recorren toda la costa de Africa por la parte Austral, que es andar por una vía de la cual hablan todos los autores de la Cosmografía. Cierto es que la navegacion ha sido de gran provecho, lo que vale mucho en estos tiempos de codicia y máxime en este país donde mas desordenadamente reina. Entiendo ya que han pasado al Mar Rojo y han llegado al Seno Pérsico, á una ciudad que se llama Calcuta, que está entre el Seno Pérsico y el rio Indico; nuevamente han vuelto para el Rey de Portugal doce naves con grandísimas riquezas, habiendo enviado otras naves á las mismas regiones y por cierto que harán gran cosa si llegan á salvamento.
Estamos á 18 de Julio de 1500 y no habiendo mas de que hacer mencion, Nuestro Señor guarde la vida y el magnífico Estado de Vuestra Señoría y Magnificencia.
De V. M. servidor:
AMÉRICO VESPUCIO.
II.
CARTA DE AMÉRICO VESPUCIO,
Á PEDRO SODERINI.
Magnífico Señor: Despues de la humilde reverencia y debida recomendacion etc. Tal vez V. M. y notoria sabiduría se admirará de la temeridad con que oso escribirle tan minuciosamente, teniendo su atencion ocupada siempre en los consejos y negocios del buen gobierno de esa Excelsa República, y me tendrá por presuntuoso y vano por ponerme á escribirle cosas impertinentes á vuestro Estado, que ni tampoco son recreativas y que fueron ya referidas á Fernando Rey de Castilla; pero la confianza que tengo en vuestra indulgencia y en la novedad de mis noticias, que no se encuentran escritas ni por los antiguos ni por los modernos: me deciden á hacerlo. La causa principal que me mueve á escribiros ha sido el habermelo rogado el portador de la presente, Benvenuto Benvenuti, nuestro compatriota, muy servidor de V. M. y muy amigo mio, que encontrándose en esta ciudad de Lisboa me rogó que diese parte á V. M. de las cosas vistas por mí en diversas playas del mundo, en cuatro viajes que he hecho para descubrir nuevas tierras, dos por mandato del Rey de Castilla por el Gran Océano, hácia el Occidente y los otros dos por órden del poderoso Don Manuel, Rey de Portugal, hácia el Sur, diciéndome que V. M. encontraria placer en ello y además me he decidido á hacerlo porque creo que V. M. ha de contarme en el número de sus servidores, recordando como en el tiempo de nuestra juventud, era vuestro amigo, aprendiendo juntos los principios de la gramática bajo la buena direccion y doctrina del Venerable religioso de San Márcos, Fray Jorge Antonio Vespucio, tio mio, cuyos consejos y doctrinas pluguiese á Dios hubiera seguido, que como dice el Petrarca, seria otro hombre de lo que soy. De cualquier modo que sea algo he aprovechado porque he practicado siempre la virtud y aunque estas mis frivolidades no convengan á vuestra seriedad, diré como decia Plinio[8] á Mecenas: _en algun tiempo soliais recrearos con mis chanzas_. Aunque V. M. esté ocupado en los públicos negocios, alguna hora tendreis de descanso para gastar algun tiempo con las cosas ridículas ó recreativas, y asi como el hinojo[9] se dá despues de las deliciosas bebidas para disponerlas á mejor digestion, asi podreis por descanso de tantas ocupaciones, mandar leer esta mi carta, para que os aparte algo del asíduo pensamiento en las cosas públicas.
V. M. sabrá como el motivo de mi venida al Reyno de España fué por causa de comercio y como seguí en esta ocupacion por cerca de cuatro años, en los cuales conocí las variaciones de la fortuna y los cambios de sus bienes transitorios, teniendo de repente al hombre en la cima de la felicidad y ya los priva de esos bienes que pueden decirse prestados, de modo que conocido el contínuo trabajo que se pone en conquistarlos sometiéndose á tantos disgustos y peligros, resolví dejar el comercio y dedicarme á cosa mas laudable como ir á ver el Mundo y sus maravillas, para lo cual se me ofreció tiempo y oportunidad habiendo el Rey Don Fernando de Castilla ordenado que saliesen cuatro buques á descubrir nuevas tierras hácia el Occidente, habiendo sido electo por Su Alteza para que fuese en esa flota á ayudar á descubrir. Partimos del puerto de Cádiz á 10 de Mayo de 1497[10] y tomamos nuestro camino por el Océano; en cuyo viaje empleamos diez y ocho meses y descubrimos mucha tierra firme é infinitas islas, casi todas habitadas, de que no hablan los antiguos por no haber tenido noticias, pues si bien recuerdo, he leido que este mar era tenido por deshabitado y de esta misma opinion fué Dante, nuestro poeta, en el Capítulo XXVI del Infierno, en que finje la muerte de Ulíses; en cuyos viajes vi cosas muy maravillosas, como daré cuenta á V. M.
VIAJE PRIMERO.
El año del Señor de 1497, á los 10 dias de Mayo como arriba dije, partimos del puerto de Cádiz cuatro naves de conserva y empezamos nuestra navegacion derecho á las Islas Afortunadas que hoy se llaman la Gran Canaria, que están situadas en el mar Océano, al fin del Occidente habitado, en el tercer clima, que alza el Polo del Setentrion fuera de su horizonte veinte y siete grados y medio y distan de esta ciudad de Lisboa, 280 leguas al rumbo entre mediodia y S. E. donde permanecimos ocho dias proveyéndonos de agua y leña y otras cosas necesarias. Hechas nuestras oraciones, desplegamos velas empezando nuestra navegacion por el Poniente, tomando un cuarto al S. E., navegamos hasta que al cabo de treinta y siete dias fuimos á dar con una tierra que la juzgamos tierra firme, la cual dista de las Islas Canarias hácia el Occidente cerca de mil leguas dentro de la Zona Tórrida, porque encontramos que el Polo del Setentrion alza fuera de su horizonte seis grados[11] y mas Occidental que la Isla Canaria setenta y cuatro grados, en la cual anclamos á una legua y media de tierra. Largamos los botes y tripulados de gente armada, fuimos á tierra y antes que llegaramos á ella vimos mucha poblacion en la playa, de lo cual nos alegramos y vimos que esa gente estaba desnuda. Mostraron tenernos miedo y se retiraron á un monte y á pesar de nuestras señas de paz y de amistad, no quisieron venir á hablar con nosotros; de modo que viniendo ya la noche y porque las naves estaban surtas en lugar peligroso, por ser la costa brava y sin abrigo, acordamos al otro dia movernos de aquí é ir á buscar algun puerto ó ensenada en que asegurar nuestras naves. Navegamos por el N. O. que en esa direccion estaba la costa, siempre á vista de tierra y viendo en ella mucha gente. Habiendo navegado asi dos dias, encontramos un lugar seguro para las naves, yendo á tierra con cuarenta hombres, consiguiendo con algun trabajo y por medio de algunos dones que hicimos, que la gente viniese á hablar con nosotros. Al dia siguiente volvimos á tierra y hallamos la poblacion muy bien dispuesta y cargada de víveres que pusieron á nuestra disposicion.[12]
Acordamos partir de este punto y andar mas adelante, costeando siempre la tierra en la que hicimos muchas escalas y tomamos informes de los habitantes y al fin de algunos dias, fuímos á dar á un puerto donde estuvimos en grandísimo peligro, del cual salvamos gracias al Espíritu Santo. Habia en este puerto una poblacion fundada sobre el agua como Venecia; componíase de unas cuarenta y cuatro casas grandes, en forma de cabañas, sostenidas sobre palos gruesísimos y sus puertas en forma de puentes levadizos, pudiéndose asi desde una casa recorrer todas las demas; viéndonos sus habitantes, mostraron tener miedo de nosotros y alzaron al instante todos los puentes. Mientras estábamos viendo esta maravilla, vinieron por el mar cerca de veintidos canoas (que son las naves que usan, fabricadas de un solo árbol) las cuales rodearon nuestros buques, manteniéndose lejos de nosotros. Viendo que á pesar de nuestras demostraciones de amistad no conseguíamos atraerlos, fuimos hácia ellos pero huyeron haciéndonos entender con señas que esperasemos y que ellos volverian. Fueron hácia un bosque inmediato del cual regresaron pronto trayendo consigo diez y seis doncellas, poniendo cuatro de ellas en cada uno de nuestros buques como rehenes; pero bien pronto las mujeres que estaban en la costa dieron grandes gritos y demostraciones de desesperacion y los hombres cambiaron sus señales de amistad por señales de guerra, trayéndonos un formidable ataque que nos puso en la necesidad de defendernos y matar algunos de ellos. Continuamos la navegacion y al fin de unas ochenta leguas descendimos en otro punto de la costa, donde vimos que la poblacion preparaba su alimento asando unos animales que nos parecieron serpientes y haciendo una especie de pan ó masa con unos pequeños peces y muchas otras clases de alimentos y frutas. Propiciada la amistad de estas gentes, hicimos una excursion como unas diez y ocho leguas al interior. Volvimos á las naves, siguiéndonos muchos de los habitantes y cuando estuvieron en ellas, resolvimos hacer algunos disparos de artillería á cuyo ruido nuestros huéspedes se lanzaron al mar con la misma ligereza que las ranas saltan al pantano.
Esta tierra es muy poblada y muy regada de rios, rica en animales que poco se asemejan á los nuestros. No tienen caballos, ni mulos, ni asnos, ni perros, ni ninguna clase de ganados. Las aves son innumerables de varias clases y colores. La tierra es muy amena y fructífera, llena de grandísimas selvas y bosques y siempre está verde pues los árboles no pierden las hojas. Muchas son las frutas y todas diferentes de las nuestras. _Esta tierra está dentro de la Zona Tórrida, bajo el paralelo que describe el Trópico de Cáncer, donde alza el Polo sobre el horizonte veintitres grados. Partimos de este puerto cuya provincia se llama_ _LARIAB y navegamos á lo largo de la costa siempre á la vista de tierra, haciendo unas ochocientas setenta leguas aún hácia el N. O._[13]
Habíamos estado ya trece meses en el viaje y los buques y sus aparejos estaban muy deteriorados y para repararlos ganamos un puerto, el mejor del mundo, en el cual estuvimos treinta y siete dias, al cabo de los cuales resolvimos volvernos á España, llevando doscientos veintidos prisioneros tomados en un combate que tuvimos últimamente y llegamos al puerto de Cádiz el 15 de Octubre de 1498.[14]
VIAJE SEGUNDO.
En cuanto al segundo viaje y á lo que en él ví mas digno de memoria voy á exponerlo del modo siguiente: Partimos del puerto de Cádiz con tres naves de conserva el dia 16 de Mayo de 1499 y empezamos nuestro camino derecho á las Islas del Cabo Verde, pasando á vista de la Isla de la Gran Canaria, hasta llegar á una isla que se dice _Del Fuego_[15] donde hicimos nuestra provision y partimos de ella tomando rumbo por el S. E. y en cuarenta y cuatro dias fuimos á dar con una tierra nueva, que la juzgamos tierra firme y contigua con la arriba mencionada, la que está situada dentro de la Zona Tórrida y mas allá de la Línea Equinoccial por la parte del Sur, sobre la cual alza el polo del Meridiano ocho grados y dista de dicha isla por el S. E. ochocientas leguas. Encontramos que eran iguales los dias con las noches, cuya tierra la reconocimos toda anegada y llena de grandísimos rios, al extremo de no poder acercarnos á ella con nuestros botes. Vimos por las orillas señales de ser la tierra poblada; levamos anclas y fuimos á descubrir un punto mas practicable. Encontramos en esta costa que las corrientes del mar eran de tanta fuerza que no nos dejaban navegar y todas venian del Sur, resolviendo por esta razon, dirigirnos á la parte del N. O. por donde navegamos hasta encontrar un bellísimo puerto, que estaba formado por una gran isla que protejia la entrada.[16]
Partimos de aquí y entramos en la ensenada donde encontramos tanta gente que era una maravilla é hicimos amistad con ella, obteniendo ciento cincuenta perlas en cambio de algunas bagatelas. Aquí vimos que los habitantes bebian un líquido hecho con frutas y semillas como la cerveza y entre esas frutas pudimos gustar los _mirabolanos_ que es una fruta muy gustosa y saludable.
La tierra es muy abundante de alimentos y la poblacion muy pacífica. Estuvimos en este puerto veinte y siete dias viendo mucha poblacion que venia del interior á vernos, maravillándose de nuestra figura, de nuestras armas y vestidos y de la forma y grandeza de nuestras naves. Por esta gente supimos como existia hácia el Poniente otra poblacion que eran sus enemigos y que poseian infinitas perlas diciéndonos como los pescaban y de qué modo nacian.
Partimos de este puerto y navegamos por la costa viendo de contínuo gente en la playa; al cabo de muchos dias fuimos á dar con un puerto porque necesitabamos reparar unas de nuestras naves que hacia mucha agua, pero la poblacion aqui era tan esquiva que no pudimos tratar con ella y fuimos á una isla que distaba de tierra unas diez y ocho leguas, que encontramos estar habitada por una gente de feo aspecto, pero con la cual pudimos entrar en relacion;[17] despues de haber desembarcado en la Isla de los Gigantes que asi la llamo por la alta estatura de sus moradores, resolvimos volver á Castilla porque habiamos estado en el mar ya cerca de un año, carecíamos de víveres y los pocos que quedaban estaban perdidos á causa de los grandes calores, porque siempre habiamos navegado por la Zona Tórrida y _atravesado dos veces la Línea Equinoccial_, pues como dije arriba, fuimos hasta el grado ocho de latitud Sur y aqui estamos en diez y ocho grados latitud Norte. Con esta resolucion tuvimos la suerte de llegar á un punto donde hallamos una poblacion que nos recibió muy amistosamente y obtuvimos de ella gran cantidad de perlas. Detuvímosnos aqui cuarenta y siete dias, habiendo sabido cómo y dónde pescaban estas perlas, habiéndonos dado muchas ostras en las cuales estaban aun incrustadas las perlas; llegando á saber que si no están en sazon y no se desprenden por sí mismas, no sirven, ni tienen lucimiento alguno. Partimos de aqui y fuimos á dar á la Isla Antilla que es la que descubrió Cristóbal Colon algunos años antes, donde hicimos provision y estuvimos dos meses y diez y siete dias, pasando muchos peligros y trabajos con los mismos cristianos que nos hostilizaban, creo que por envidia. Partimos de dicha isla el 22 de Julio y navegamos un mes y medio al cabo de los cuales entramos al puerto de Cádiz, el 8 de Setiembre.
VIAJE TERCERO.
Estando en Sevilla reposando de tantos trabajos que habia pasado en estos dos viajes, y deseoso de volver á la tierra de las Perlas, ocurriósele al Rey Don Manuel de Portugal querer servirse de mí; y vino un mensajero con letras de S. M. en las que me rogaba que fuese á Lisboa, prometiéndome favorecerme. Fuí aconsejado para no ir y despedí al mensajero disculpándome. Pero en seguida envióme otro mensajero que lo era Bartolomeo del Giocondo, con instrucciones para llevarme de cualquier modo, y por fin me decidí á venir, lo que fué mal visto por los que me conocian, pues en Castilla estaba muy considerado y en buena posicion y lo peor fué que me partí _insalutato hospite_; pero en fin, así lo hice y presentándome ante este Rey, mostró tener placer de mi llegada y me rogó que fuese con tres naves que estaban prontas para descubrir nuevas tierras, y como un ruego de un Rey es mando, tuve que acceder y partimos de este puerto de Lisboa el 10 de Mayo de 1501 y tomamos nuestra derrota por la Isla de la Gran Canaria, pasando á vista de ella y de ahi fuimos por la costa de Africa hácia el Occidente en un puerto que se dice Bisenegue en Etiopía, que está dentro de la Zona Tórrida á los catorce grados y medio de latitud, donde estuvimos once dias haciendo nuestras provisiones. Partimos de este puerto y navegamos por el S. O. tomando un cuarto al Sur y á los sesenta y siete dias llegamos á una tierra que distaba de dicho puerto cien leguas al S. O. y en esos sesenta y siete dias esperimentamos el peor tiempo posible á causa de aguaceros, turbonadas y tormentas; porque estábamos en tiempo contrario, pues casi toda nuestra navegacion fué por el paralelo de la Línea Equinoccial. Plugo á Dios mostrarnos tierra nueva lo que fué el dia primero de Agosto; echamos ánclas á media legua de la costa yendo en nuestros botes á ver la tierra, que era muy amena y poblada. Tomamos posesion de ella á nombre de este Serenísimo Rey y encontré que estaba cinco grados mas allá de la Línea Equinoccial hácia el Sur.[18]
Partimos de este lugar y seguimos nuestra navegacion entre el Este y el Sur, que asi corria la tierra é hicimos muchas escalas. Y asi navegamos hasta encontrar un Cabo que, le pusimos por nombre Cabo de San Agustin, distante cincuenta leguas del otro punto en que llegamos, cuyo cabo está á los ocho grados latitud Sur y de aqui corrimos hácia el Sur hasta el grado treinta y dos, donde no veiamos ya la Osa Menor y la Mayor quedaba muy baja y casi se mostraba al fin del horizonte y nos regiamos por las estrellas del otro Polo que son muchas, mucho mayores y mas lucientes. De la mayor parte de ellas dibujé sus figuras con la declaracion de los círculos que describian al rededor del Polo Austral, con sus diámetros y semidiámetros, como podrá verse en mis _Quattro Giornate_.[19] Recorrimos esta costa por cerca de setecientos cincuenta leguas; ciento cincuenta del Cabo dicho de San Agustin hácia el Poniente y seiscientas hácia el Sur. Y si quisiera referir las cosas que en esta costa vi no me bastarian otras tantas hojas; basta decir que hay infinita cantidad de árboles de campeche y de otros muy apreciados. Y habiendo estado ya en el viaje cerca de diez meses, resolvimos ir á navegar por otra parte, confiándoseme la direccion de las naves; ordené se hiciera provision para seis meses y despues empezamos nuestra navegacion por el S. O. y esto fué el 15 de Febrero, cuando ya el sol se acercaba al Equinoccio y tanto navegamos que nos encontramos en un punto en que el Polo alzaba sobre nuestro horizonte treinta y dos grados.[20] Ya no veiamos las estrellas de la Osa Menor ni de la Mayor, hallándonos distantes del puerto de donde partimos, unas quinientas leguas por el Sur y esto fué el dia 3 de Abril en que estalló una tormenta tan furiosa que nos hizo arriar nuestras velas y correr al palo seco, con mucho viento que venia del S. O.[21] Las noches eran muy largas, que algunas teniamos de quince horas pues en esta region se apróxima el invierno por este tiempo. Corriendo esta tormenta, avistamos nuevas tierras por las cuales navegamos cerca de veinte leguas; siendo las costas muy bravas y no viendo en ellas puerto alguno, resolvimos volvernos al camino de Portugal, y fué muy buen consejo, pues de cierto, si tardamos mas tiempo, nos hubiéramos perdido, y asi teniamos el viento de popa. Seguimos cinco dias hallándonos ya cerca de la Línea Equinoccial en mares mas templados y quiso Dios escapáramos de tanto peligro. Nuestra navegacion fué por el viento Norte N. E. porque nuestra intencion era ir á reconocer la costa de Etiopía de la cual distábamos mil trescientas leguas, á la cual llegamos el dia 10 de Mayo, en el punto que se llama la Sierra Leona, donde estuvimos quince dias al fin de los cuales partimos hácia la Isla de los Azores, que distan de aquel lugar cerca de setecientas setenta leguas, en cuyas islas estuvimos otros quince dias tomando algun descanso y por último partimos para Lisboa de la cual estábamos mas al Occidente trescientas leguas, entrando por fin á dicho puerto el 7 de Setiembre de 1502: habiendo empleado en este viaje cerca de diez y ocho meses y once dias.
VIAJE CUARTO.