Part 7
La segunda opinion pertenece á Tiraboschi, que á este respecto dice lo siguiente: "El empleo dado á Vespucio le dió ocasion de inmortalizar su nombre, aplicándolo á las provincias nuevamente descubiertas. Así pues debiendo dibujar las cartas para navegar, comenzó á indicar á aquellos países llamándolos _América_; este nombre usado por los navegantes llegó á ser universal." Antonio Herrera dice solamente: "Porqué era necesario que uno quedase en Sevilla para hacer los marcas, pareció que de esto era mas práctico Américo Vespucio, y se mandó que se le encomendase con título de Piloto Mayor.... y de aquí tomaron aquellas partes de las Indias del Medio dia el nombre de Américo, etc."
Es indudable pues que al principio no se dió el nombre de América sinó á la costa del Brasil que este habia descubierto, á las que hemos visto que habia llamado Nuevo Mundo. Por lo demas, la opinion de Tiraboschi, no se funda sinó en la afirmacion de Herrera, pero este no afirma que Vespucio diese su nombre á las tierras descubiertas.
Prévost, mas bien parcial contra Vespucio, dice lo siguiente: "Diaz de Solis y Yañez Pinzon recibieron órden de ir á la Corte con Américo Vespucio y Juan de la Cosa.... y fué órdenado que los descubrimientos continuasen hácia el Sud á lo largo de la costa del Brasil.... el Rey hizo equipar dos carabelas, que fueron confiadas á tan famosos pilotos. Pero se juzgó necesario retener uno de ellos en Sevilla para que hiciese los itinerarios y Vespucio fué nombrado para este oficio. De esta eleccion y de las cartas patentes dadas en Burgos confirmando esto, ha tomado el Nuevo Mundo el nombre de America. La justicia y la razon exigian, segun Herrera, que hubiese tomado el nombre de Cristóbal Colon á quien se debia su primer descubrimiento, pero la declaracion del Rey de España llegó á ser una ley para toda la Europa etc."
Y cualquiera que sea el documento que se consulte, cualquiera el autor que se estudie, por enemigo que sea de Vespucio, no se hallará una razon que justifique que haya querido atribuirse la gloria de dar su nombre al Nuevo Mundo descubierto, siendo desautorizada, cualquiera opinion, que como la de Tiraboschi, se pueda presentar en contra.
La tacha que tambien se le ha hecho de haber antedatado su primer viaje, aparece desmentida por la carta que él mismo escribió á Lorenzo de Medici y que permaneció ignorada hasta mediados del siglo XVIII en que se descubrió uno de sus códices y en la cual aparece la verdadera data de ese viaje.
En sus relaciones resalta la modestia de su carácter presentándose como que iba simplemente á _ayudar á descubrir_, mientras que de los hechos mismos resulta que esos descubrimientos no se hubieran llevado á cabo sin sus conocimientos astronómicos y cosmográficos.
No es de suponerse que un hombre semejante hubiese concebido el plan de apropiarse glorias ajenas.
Su mérito fué bien apreciado por los Soberanos de España al extremo de hacerles olvidar que se hubiese puesto al servicio del rey de Portugal.
Los motivos en que se basaba su carta de naturalizacion eran los importantes servicios que había hecho á la Corona de España.
Por ese tiempo Cristóbal Colon estaba en desgracia y Américo con una hidalguía que pocas veces se halla entre los émulos contemporáneos, tendió una mano amiga al caido y se valió de su influencia en la Corte para abogar por su causa.
Esta nobleza de sentimiento no es propia del mezquino corazon del envidioso usurpador de la gloria ajena.
Entre Colon y Vespucio habia esta diferencia: aquel tenia génio, le devoraba una ambicion inmensa y á las borrascas de su alma respondian las borrascas de su suerte. Hoy el apoteosis, mañana las cadenas y la cárcel; hoy la embriaguez del triunfo y del mando, mañana la humillacion del motin y la profanacion de la canalla; hasta en su vida privada se alzan y se abaten estas ondas de la fortuna: hoy la fatiga del peregrinage, la amargura de la viudez, mañana el reposo entre los jardines de Andalucia y los poéticos amores de una de esas mujeres de alma ardiente y de seductora belleza. La vida de Colon es el drama de la alta vida del génio, semejante á las calmas y á las borrascas del alto Océano.
Vespucio no tenía génio ni ambicion, por eso no nos queda de él sino la historia desmantelada de sus descubrimientos. Interroga á las estrellas, sorprende la conjuncion de los astros y cálcula friamente las distancias, graba sobre el papel el perfil de las costas que descubre y acepta resignado la mision de señalar á los nuevos descubridores el itinerario que debian seguir. Por eso Vespucio ni sube á las alturas de la gloria ni desciende á los abismos de la contrariedad.
Pero nadie puede despojarlo del mérito de ser uno de los que mas colaboraron al descubrimiento de la América y su nombre aunque no designase los mas grandes Continentes del Mundo, estaría siempre bien colocado al lado de los nombres de Toscanelli y de Colon.
* * * * *
FIN.
APÉNDICE
APÉNDICE
CARTAS Y RELACIONES
DE
Américo Vespucio
(Traducidas del texto Italiano.)
I.
CARTA
_á Lorenzo el Magnífico hijo de Pedro Francisco de Medici._
Magnífico Señor: Hace algun tiempo que no he escrito á Vuestra Magnificencia; esto no ha tenido por causa ninguna otra cosa que no haber ocurrido nada de importancia y la presente tiene por objeto daros noticia de como, hace cerca de un mes, llegué de la India por la via del mar Océano á esta ciudad de Sevilla y de las cosas mas maravillosas que he observado, por cuanto creo que V. M. tendrá placer en conocerlas. Y si soy algo difuso, sirvase leerla aunque sea en sus ratos de ocio, como se toma el postre despues de servida la comida. V. M. sabrá como por comision de este Rey de España, partí con dos carabelas el dia 18 de Mayo de 1499 para ir á descubrir hácia la parte del S. O. del mar Océano y y tomé mi camino á lo largo de la costa de África, navegando hasta llegar á las Islas Afortunadas que hoy se llaman las Canarias: y habiéndome provisto allí de todas las cosas necesarias, hechas nuestras oraciones, hicimonos á la vela de una isla que se llama la Gomera y pusimos la proa al S. O. (_Libeccio_) y navegamos veinticuatro dias con viento fresco, sin ver tierra alguna, al cabo de los cuales avistamos tierra y reconocimos haber navegado cerca de mil trescientas leguas, contadas desde la ciudad de Cádiz, al rumbo S. O. Vista la tierra dimos gracias á Dios y largamos los botes y con diez y seis hombres fuimos á tierra y la encontramos tan poblada de árboles que era una maravilla, no solo por la grandeza de ellos, sinó tambien por su verde follaje pues jamas lo pierden y por el aroma que exhalaban recreando mucho el olfato. Recorrimos lo largo de la costa por ver si encontrabamos lugar donde saltar en tierra y como era tierra baja, nos afanamos todo el dia hasta la noche sin poder hallar desembarcadero, pues nos lo impedia no solo lo bajo de la tierra sino tambien la espesura de los árboles; de modo que acordamos volvernos á las naves é ir á descubrir la tierra en otra parte: y vimos una cosa maravillosa en este mar y fué que ántes de atracar á tierra, á quince leguas, encontramos el agua tan dulce como la de un rio, tanto que llenamos todos los cascos vacios que teniamos. Cuando estuvimos en las naves, levamos anclas é hicimos vela poniendo la proa al medio; porque mi intencion era ver si podia doblar un cabo de tierra, que llama Tolomeo Cabo de Catigara que da paso al _Seno Magno_ que segun mi opinion no estaba muy distante de este punto, segun los grados de latitud y longitud como mas abajo referiré. Navegando hácia el Sud á lo largo de la costa, vimos salir de la tierra dos grandes rios, uno que venia del Poniente y corria hácia el Levante y tenia de anchura cuatro leguas, es decir diez y seis millas: y el otro corria del Sud al Norte y tenia de anchura tres leguas: y creo que estos dos rios hacian que el mar estuviese dulce por causa de su grandeza. Y viendo que todavia la tierra era baja, acordamos entrar en uno de estos rios con las barcas y navegar tanto en él que encontrasemos disposicion de saltar á tierra ó de hallar alguna poblacion; arregladas nuestras barcas y llevando mantencion para cuatro dias, con veinte hombres bien armados, entramos por el rio y á fuerza de remo navegamos por él cerca de dos dias, en una extension como de diez y ocho leguas, habiendo tentado desembarcar en muchas partes: y siempre encontramos que era tierra baja y tan poblada de árboles que apenas un pájaro podía volar por ella; y navegando asi por el rio vimos señales ciertas de que la tierra era habitada: y porqué habíamos dejado las carabelas en lugar peligroso si soplaba el viento de traves, acordamos al fin de los dos dias volvernos á ellas y lo pusimos en práctica. Vimos una infinidad de pájaros de distintas formas y colores, y tantos papagallos de tan variadas clases que era una maravilla, unos colorados como grana, otros verdes y amarillos; y el canto de los otros pájaros que estaban en los árboles era tan suave y de tanta melodía que nos deteniamos muchas veces á gozar de su dulzura. Aquellos árboles eran tan bellos que nos creíamos en el Paraíso Terrestre y ninguno de aquellos árboles ni sus frutos tenían semejanza con los nuestros. Vimos á orillas del rio mucha gente de extraordinaria figura ocupada en recorrerlas ó en pescar. Una vez en los buques nos movimos teniendo la proa siempre á medio dia y hallándonos surtos en el mar cerca de cuarenta leguas, nos hallamos en una corriente de mar de S. E. (Scirocco) al N. O. (Maestrale) que era tan grande y venía con tal furia que nos puso en cuidado y nos trajo gran peligro. La corriente era tal que aquella del estrecho de Gibraltar y aquella del Faro de Mesina son como un estanque en comparacion de esta: de modo que como ella nos venía por la proa no haciamos camino á pesar de tener viento; y asi viendo el poco camino que haciamos y el peligro en que estábamos, resolvimos volvernos al N. O. y navegar hácia el Norte y puesto que si mal no recuerdo, V. M. entiende algo de Cosmografía pienso describirle nuestra marcha por via de longitud y latitud; así pues sabrá V. M. que navegamos tanto hácia la parte de medio dia que entramos á la Zona Tórrida, dentro del Círculo de Cáncer; y habeis de tener por cierto que en pocos dias y navegando por esa Zona, hemos visto las cuatro sombras del sol por cuanto este se hallaba en el zenit á mediodia; esto es estando el sol en nuestro meridiano, no teníamos sombra alguna y todo esto me acaeció muchas veces é hícelo ver á toda la compañía, tomándola por testigo, porque la gente ignorante no sabe como la esfera del Sol marcha por su círculo del Zodiaco; pues unas veces veía la sombra al Sud y otras al Norte, ora al Occidente ora al Oriente y algunas veces (una ó dos horas al dia) no teníamos sombra alguna. Navegamos por la Zona Tórrida á la parte Austral hasta hallar que nos encontrabamos bajo la Línea Equinoccial, y que teníamos uno y otro Polo al fin de nuestro horizonte; pasamos la línea en seis grados sin ver ya la estrella del Norte y apénas divisábamos las estrellas de la Osa Menor y deseoso de determinar la estrella del otro Polo, perdí muchas veces el sueño para contemplar el movimiento de las estrellas de ese Polo para determinar cual de esas tenía menos movimiento y que fuese mas fija, sin poderlo conseguir por mas malas noches que pasé y apesar de haber usado del cuadrante y del astrolabio. No determiné estrella que no tuviese ménos de diez grados de movimiento al rededor del firmamento: y miéntras me ocupaba de esto me acordé de un dicho de nuestro poéta Dante en el primer canto del Purgatorio, cuando finge salir de este hemisferio y encontrarse en el otro, pues queriendo describir el Polo Antártico, dice:
Io mi volsi á man destra e posi mente All'altro Polo, e vide quattro stelle Non visto mai, fuor che alla prima gente: Goder pareva il Ciel di lor fiammelle; O settentrional, vedovo sito! Poiché privato sei di mirar quelle!
A mi parecer el poéta en estos versos quiere describir por las cuatro estrellas, el Polo del otro firmamento, y no desconfio hasta aquí de que aquello que dice sea la verdad, por que noté cuatro estrellas que tenian poco movimiento; y si Dios me da vida y salud espero volver á aquel hemisferio y no regresar sin demarcar el Polo. En conclusion digo que nuestra navegacion se extendió tanto á la parte del medio dia que nos alejamos del camino de la latitud de Cádiz sesenta y medio grados; porqué sobre la Ciudad de Cádiz alza el polo treinta y cinco grados y medio y nosotros habiamos pasado la Línea Equinoccial en seis grados: Esto baste respecto á la latitud. Habeis de notar que esta navegacion ocurrió en los meses de Julio, Agosto y Setiembre, que como sabeis el Sol reina mas de continuo en este nuestro hemisferio y hace mayor el arco del dia que el de la noche: y mientras que estabamos en la Línea Equinoccial ó cerca de ella, á cuatro ó seis grados, en el mes de Julio y Agosto la diferencia del dia á la noche no se sentia y casi el dia con la noche eran iguales. En cuanto á la longitud, os diré que mucho trabajo me costó saberla y que tuve grandísima dificultad en conocer ciertamente el camino que habia hecho; y tanto trabajé que al fin no encontré cosa mejor, que observar de noche las oposiciones de un planeta con el otro, sobre todo de la Luna con los otros planetas; por que el planeta de la Luna tiene marcha mas rápida que ningun otro; y comparabalo con el Almanaque de Juan Monterregio, que fué compuesto para el meridiano de la ciudad de Ferrara, concordándolo con los cálculos de las tablas del Rey Don Alfonso: y despues de muchas noches que hice esperiencia, una de estas noches, encontrándome á 25 de Agosto de 1499 (que ocurrió la conjuncion de la Luna con Marte, la cual segun el Almanaque debia tener lugar á las doce de la noche ó media hora despues) encontré que cuando la Luna se alzó á nuestro horizonte que fué hora y media despues de ponerse el Sol, habia pasado el planeta á la parte del Oriente; os digo que la Luna estaba mas al Oriente que Marte cerca de un grado y algunos minutos mas y á las doce de la noche estaba cinco grados y medio mas al Oriente poco mas ó menos; de modo que hecha la proporcion siguiente: Si 24 horas me dán trescientos sesenta grados, que me darán 5 horas y media? Encuentro que me darán ochenta y dos grados y medio; y tan distante me hallaba en longitud del meridiano de Cádiz que, dando á cada grado diez y seis leguas y dos tercios, me encontraba mil trescientas sesenta y seis leguas y dos tercios que son cinco mil cuatrocientos sesenta y seis millas y dos tercios, mas al Occidente de la ciudad de Cádiz. La razon porqué calculo diez y seis leguas y dos tercios por cada grado es, por que segun Tolomeo y Alfagrano, la tierra mide 24,000 millas, que equivalen á 6,000 leguas las cuales distribuyéndolas en 360 grados viene á tocar diez y seis leguas y dos tercios á cada grado; y esta observacion la rectifiqué con los apuntes de los pilotos y la encontré verdadera y buena. Paréceme, Magnífico Lorenzo, que las razones de la mayor parte de los filósofos aparecen desmentidas en este viaje, por cuanto dicen que en la Zona Tórrida no se puede habitar á causa del excesivo calor; pues yo he tenido ocasion de recocer en este viaje todo lo contrario puesto que el aire en esa region es mas fresco y templado que en otras; y que es tanta la gente que en ella habita que sobrepasa en número á la que habita en otras regiones.
Hasta aquí he referido lo que he navegado hácia el mediodia y el Occidente; restame deciros ahora cual es la disposicion de la tierra que encontramos y cual es la naturaleza de los habitantes y sus costumbres, de los animales que vimos y muchas otras cosas que se me ofrecieron dignas de recuerdo. Despues de dirigir nuestra navegacion al Norte, la primer tierra habitada que encontramos fué una isla que distaba diez grados de la Línea Equinoccial y cuando arribamos á ella apercibimos gran multitud de gente á la orilla del mar que nos miraban como á cosa maravillosa, y desembarcamos con veintidos hombres bien armados; viéndonos en tierra y que eramos gente de distinta naturaleza á la suya (porqué no tienen barba ninguna, ni visten de manera alguna tanto los hombres como las mujeres, y andan como vinieron al mundo; y tanto por la diferencia del color que en ellos es gris ó leonado) de modo que teniéndonos miedo huyeron al bosque y con gran trabajo por medio de señas los tranquilizamos y nos pusimos en práctica con ellos; y encontramos que eran de una generacion que se dice de caníbales que (casi la mayor parte de esta generacion ó todos) viven de carne humana y téngalo por cierto V. M. No se comen entre ellos, pero van en ciertas naves que tienen y que se llaman _canoas_ á buscar presas en las islas ó tierras comarcanas de una generacion enemiga, de la cual reservan las hembras, y de esto nos cercioramos en muchas partes donde encontramos tal gente, hallando las cabezas de algunos que se habian comido, sin que por otra parte lo nieguen, mucho mas que nos lo refirieron sus enemigos que siempre estan por eso en alarma. Son gente de gentil disposicion y de esbelta estatura; andan desnudos; sus armas son flechas que llevan consigo y escudos; son de gran esfuerzo y de buen ánimo; son grandes tiradores; en conclusion nos entendimos con ellos y nos llevaron á una poblacion suya que estaba en el interior cerca de dos leguas y nos dieron de almorzar; y cualquier cosa que le pediamos nos la daban, creo que por miedo mas que por generosidad: despues de haber estado un dia con ellos; nos volvimos á las naves dejándolos como á amigos.
Navegamos á lo largo de la costa de esta isla y vimos á la orilla del mar otra gran poblacion; fuimos á tierra con las lanchas y encontramos que nos estaban esperando cargados de viveres; nos dieron de almorzar muy bien de lo que tenian: viendo que eran tan buenas gentes que nos trataban tan bien, no osamos apoderarnos de nada y nos hicimos á la vela llegando á un golfo que se llamó despues golfo de Párias; fuimos á salir al frente de un grandísimo rio que es causa de ser dulce el agua de este golfo; vimos una gran poblacion que estaba inmediata al mar y habia tanta gente que era maravilla hallándose todos sin armas y en actitud de paz; desembarcamos y nos recibieron con gran cariño y nos llevaron á sus casas donde tenían preparado muchos víveres. Aquí nos dieron para beber tres clases de bebidas hechas de frutas como la cerveza que encontramos muy buena, aquí comimos muchos _mirabalanos_[7] frescos que es una real fruta, y nos dieron muchas de otras clases, todas diferentes de las nuestras, de muy buen sabor y muy aromáticas. Nos dieron algunas perlas pequeñas y y once gruesas; diciéndonos por señas que si queriamos esperar algunos dias irian á pescarlas y nos traerian muchas de ellas; no nos preocupamos en recibir muchos papagayos de varios colores y nos despedimos con mucha amistad.
Por esta gente supimos que aquellos de la isla referida eran caníbales y que comian carne humana. Salimos de este Golfo y costeamos la tierra viendo siempre mucha gente, y cuando teniamos ocasion tratábamos con ellos dándonos de lo que tenian. Todos van desnudos como nacieron sin tener verguenza de ello; si á este respecto fueramos á referirlo todo, sería entrar en deshonestidades que es mejor callar. Despues de haber navegado cerca de cuatrocientas leguas contínuamente por la costa concluimos que esta era tierra firme, que juzgué el confin del Asia por la parte de Oriente y el principio por la de Occidente; porqué muchas veces tuvimos ocasion de ver varios animales como leones, ciervos, jabalies etc.
Internándonos un dia con veinte hombres, vimos una serpiente de cerca ocho brazos de largo y gruesa como mi cintura. Muchas veces pude ver animales feroces y grandes serpientes y navegando por la costa cada dia descubriamos infinita gente que hablaban diferentes idiomas, al extremo que, despues de haber navegado las cuatrocientas leguas, empezamos á encontrar gente que no querian nuestra amistad y nos esperaban con sus armas que eran arcos y flechas y otras mas: y cuando ibamos con las lanchas á tierra nos prohibian saltar á ella de modo que nos veiamos obligados á combatir con ellos, aunque siempre al fin de la batalla, quedaban mal parados, pues como estaban desnudos haciamos en ellos gran matanza, así muchas veces nos sucedió que diez y seis de los nuestros combatiesen con doscientos de ellos desbaratándolos al fin. Una vez vimos muchisima gente dispuesta á impedirnos que bajasemos á tierra, armamos veintiseis hombres y fuimos con las barcas cubiertas para defendernos de las saetas que nos tiraban, pues siempre herian algunos de los nuestros antes que pudieramos saltar en tierra. Apesar de haber hecho una defensa obstinada, pisamos la tierra y combatimos con ellos con grandísimo trabajo, pues no habiendo esperimentado aun nuestras espadas, estaban envalentonados con su superioridad numérica, cargándonos con tal ímpetu que nos hicieron retroceder. Pero uno de nuestros marineros dirigió algunas palabras de aliento á los otros haciéndolos volver al combate con lo cual pusimos á los indígenas en fuga, matando ciento cincuenta de ellos y quemándoles sus casas: como casi todos nos hallábamos heridos, nos volvimos á los buques y nos refugiamos en un puerto, donde estuvimos veinte dias para que el médico pudiera curar á los heridos, que salvaron todos menos uno, cuya herida era en el pecho. Volvimos á nuestra navegacion y dimos con una isla que estaba separada de la tierra como unas quince leguas; bajamos á ella y hallamos un camino por donde nos internamos hasta llegar á una poblacion en la cual no había sinó algunas mujeres de colosal estatura, que nos recibieron amablemente; tentados estuvimos de llevarnos dos de ellas para presentar al Rey como cosa sobrenatural, pero desistimos de ello al ver llegar algunos hombres tambien de colosal estatura y armados como hasta ahora no habíamos visto, á quienes persuadimos que estabamos en disposicion de paz y nos volvimos á los buques sin mas consecuencia. Notamos que la mayor parte de los árboles de esta isla son de campeche y tan buenos como los de Oriente. De esta isla pasamos á otra cercana en la cual habia de particular que las chozas estaban construidas sobre el mar como en Venecia y fuimos á verlas: quisieron sus habitantes impedirnos la entrada, pero habiendo probado como cortaban las espadas, nos dejaron entrar. Hallamos en esas casas mucho algodon finísimo; hicimos provision de esto y de campeche y volvimos á los buques. Sin que sea exajeracion puedo aseguraros que estas producciones son aquí tan abundantes que podrian cargarse con ellas todas las naves de Europa. Continuamos navegando como unas trescientas leguas, en cuya navegacion notamos que las poblaciones hablaban muchas lenguas distintas; admirándome de que se haya dicho que en el mundo no hay sinó setenta y siete lenguas. Hallándonos con los buques muy averiados, la tripulacion cansada y faltos de provisiones, resolvimos arribar á la Isla Española, aquella que descubrió Colon seis años hace.