Part 3
El Portugal era odiado por los Reyes y Pueblo Español, pero la Francia era mirada con recelo y emulacion, sin duda desde las guerras de Aragon y de Italia en que Franceses y Españoles se disputaban el mas rico giron de aquellos paises. Así fué que pensar en que la Francia acogería á Colon y podría gozar la gloria de su empresa, despertó los celos de Doña Isabel. Se ordenó que Colon regresase dándosele seguridad de que sería atendido y adelantándosele veinte mil maravedies para sus gastos.
Llegó esta vez á la Corte nuestro héroe lujosamente vestido y con aire de triunfo y hallándose los Reyes entónces frente á los muros de Granada, allí se dirigió, llegando en el oportuno momento de ser tomada la ciudad y estarse celebrando alegremente la victoria decisiva contra los Sarracenos.
Allí tuvo la satisfaccion de ver al fin de tantas peripecias aceptado, al menos en principio, la proposicion de su descubrimiento.
Delegó la Reyna en varias personas el encargo de tratar las bases y formalizar el compromiso y otra vez Fray Fernando Talavera debia presidir el Consejo. Había éste ascendido á arzobispo de la recien reconquistada Granada, redoblado su influencia pero tambien su terquedad y su fanatismo. Entre Talavera y Colon existia una antipatia bien manifiesta y cuando oyó aquél que éste exigia ser nombrado Almirante y Virrey de las tierras que descubriese, asi como la décima parte de los productos, no pudo contenerse y exclamó: _que no era mal arreglo el asegurar dignidades y riquezas sin exponerse á pérdidas_. A esto contestó Colon que se comprometia á cargar con la octava parte del costo de la expedicion, obteniendo la octava parte de los beneficios.
La Reyna que en este negocio era siempre de la opinion de su confesor, no se opuso al dictámen otra vez adverso á Colon, y este, ya en el año de 1492, partióse de la nueva ciudad de Santa-Fé para dirigirse á Francia como ya lo habia ántes pensado.
Tenía proposiciones ventajosas del Rey de Francia y por esta razon no cedia de sus pretensiones; esto estaba previsto por él, como lo hemos dicho ántes, esto es: si sus ofertas eran acogidas por dos soberanos, aceptaría la mejor proposicion. No hay duda que prefería servir á la España porqué en ella tenía ya vínculos y afecciones, pero no eran tan poderosas que le impidiesen ir á buscar mejores condiciones.
En cuanto á la Reyna había confiado á su Consejo la negociacion y sus consejeros le hacían creer que Colon cedería al fin y aceptaría ir al descubrimiento sin pedir honores y cuotas de ganancias. Pero viendo la Reyna que se marchaba en verdad, envió á detenerlo por segunda vez porque no quería de manera alguna, que fuese la Francia la que tuviese la gloria de una empresa que aunque no la reputase tan colosal como resultó, creia sin embargo fuese de gran importancia. Así pues todo lo relativo á nobles trasportes de parte de Isabel y á la resolucion de vender sus alhajas si faltasen fondos para la expedicion, no es sinó fábula inventada para engrandecer á la Reyna, y hacer mas decoroso este período de la historia.
Los fondos de la expedicion se sacaron del tesoro público de Aragon y del particular de Don Fernando.
Aceptado en definitiva lo que exigia Colon, firmóse el convenio en la ciudad de Santa-Fé, en la Vega de Granada en 17 de Abril de 1492.
Si no fué la Francia la iniciadora del descubrimiento de América es debido á dos nobles sentimientos que detuvieron á Colon, el amor á Doña Beatriz y la amistad de Fray Juan Perez de Marchena, sin lo cual no hubiera regresado á Córdoba á reanudar sus negociaciones. Sin que desconozcamos la grandeza del Pueblo Español, no hay duda que la Francia pudo llevar en el descubrimiento y poblacion de la América, elementos sociales mas constitutivos que los que llevó aquel Pueblo que se hallaba en esa época, en condiciones nada aparentes para la colonizacion y en el cual era constitucional la anarquía y arraigado estaba el fanatismo. Tampoco hubiéranse reproducido en las nuevas colonias de la América del Sur el odio entre Portugueses y Castellanos y las cuestiones de límites y de predominio, hubiéranse resuelto con otro espíritu, y otras consideraciones.
CAPITULO V.
Aprestos para la marcha--¡Á que poco costo adquiría la España un mundo!--Partida de la expedicion--Derrotero--Descubrimiento--Asombrosos errores--Desviacion de la brújula--Verdadero descubrimiento de Colon.
Señalóse el puerto de Palos para armarse y partir la expedicion que debía lanzarse al Océano á realizar los ensueños de Colon. Dictáronse todas las providencias tendentes á facilitar la partida, y aprovechándose la obligacion en que estaban los habitantes de ese puerto de facilitar como tributo embarcaciones y gentes de mar al Estado, ordenóse el secuestro de dos embarcaciones y su correspondiente tripulacion. Los gastos de la Corona pues, debian ser bien insignificantes, reduciéndose á la compra de víveres y pago de cuatro meses adelantados á los tripulantes. ¡Á tan poco costo iba la España á adquirir un Nuevo Mundo!
El armamento del tercer buque corria por cuenta de Colon y segun afirman casi todos los historiadores, sin que sepamos la fuente de donde han sacado esto, Martin Alonso Pinzon, rico armador del mismo puerto de Palos, facilitó los fondos necesarios para tal objeto, resolviéndose él y su hermano á acompañarle en el viaje, tomando el mando de los buques que debian seguir al Almirante, nombre con el cual se designó desde entónces á Colon. De los tres buques aprestados, solo el que montaba este: la _Santa Maria_ tenia cubierta; los otros dos: la _Pinta_, mandada por Martin Alonso Pinzon y la _Niña_ por Vicente Yanez Pinzon eran carabelas, no ascendiendo todo el personal de la escuadrilla sino á ciento veinte hombres, reclutados por cierto, con indecible trabajo.
El viérnes 3 de Agosto de 1492, antes de la salida del Sol, zarparon los buques que debian navegar al rumbo que Colon indicase, con la condicion de no tocar en las islas Azores, de Cabo Verde, costa de Guinea ó cualquier otra colonia portuguesa.
Desde el primer dia de la navegacion el Almirante abrió un diario para llevar cuenta de las ocurrencias de ella, de modo que esta parte de la historia tiene fuente segura. En la introduccion de ese diario hallamos de notable que llamase á los Reyes Católicos _Reyes de España y de las islas del Mar_.--¿De que islas queria hablar?--La Antilla segun la creencia de la época estaba poblada: Cipango y demas islas imaginadas eran dependencias de la India y era de suponer que ese gran Kan, emperador poderoso, no había de estar muy dispuesto á ceder sus dominios á un puñado de aventureros.
Tal vez Colon adivinaba la existencia de algunas tierras inhabitadas ó las suponía tan solo para excitar la codicia de los reyes; pero si se recuerda el empeño con que exigió ser nombrado Gobernador de dichas tierras, es forzoso admitir la primera de esas hipótesis. Sin embargo poca importancia acordaba á dichas tierras pues decía que el objeto principal de su viaje era llevar una embajada á aquel poderoso monarca de la India y tratar de la conversion de los infieles. En corroboracion de lo dicho, veremos como, al llegar al término de su viaje buscaba mas á aquel Monarca que las _tierras incógnitas_.
Dejando á un lado estas dudas sigamos la narracion de su viaje. Llegada la escuadra á las Canarias, reparadas las averías de uno de los buques, corregidos los defectos de la arboladura de otro, hecha abundante provision, zarpó de la Gomera el dia 6 de Septiembre con rumbo al Sud y no al Poniente como algunos dicen.
Dejemos á un lado las minuciosidades de este viaje y fijemos nuestra atencion en su derrotero y escalas para convencernos que la conducta, las disposiciones y los conceptos de Colon se ajustaban á la carta geográfica que le trasmitió Toscanelli y al sistema de longitudes que este gran hombre había, bajo la fé de Marco Polo, monstruosamente alterado. De la Gomera navegó Colon casi derecho al Sud y acercándose al Trópico de Cancer, dobló de improviso al Occidente, es decir: al rumbo hácia el cual nadie había navegado y conservó la misma direccion hasta que no le indujo á cambiarla el indicio de una tierra cercana.
Con esto Colon trataba de alcanzar el paralelo que le había designado Toscanelli. Allí creía hallar despues de dos meses mas ó ménos de navegacion como le decía aquel en la segunda de sus cartas, ó la tierra incógnita de Tolomeo ó algunos de aquellos lugares, en la parte de la India, donde podría refugiarse en algun contra-tiempo imprevisto y en verdad resultó que despues de treinta y siete dias de viaje solo le faltaban cincuenta y cinco grados para completar los ciento veinte grados determinados en aquella carta. La provision de víveres que hizo, segun dice Gonzalo de Oviedo, era suficiente solo para ese tiempo.
El nombre de India que Colon dió á la América y la pretension que las islas eran del mar Indiano, fué consecuencia de la promesa que le hizo Toscanelli de conducirlo directamente al Asia, _á los lugares fertilísimos de_ _toda clase de especería y piedras preciosas; por cuanto todo el que navegase al Poniente siempre encontraría esos lugares al Poniente_. Así tambien el nombre Cubanacan pronunciado por los habitantes de Cuba, le hicieron creer que se hallaba en los dominios del gran Kan y la palabra _Cibao_ repetida por los de la Española le hicieron tambien creer que había llegado á _Cipango_.
Había dado Colon órden de conservar siempre rumbo al Occidente y de navegar hasta setecientas leguas, deteteniéndose en esa distancia pues á tal altura debia hallar tierra. De Europa á la Antilla, como lo hemos dicho, resultaban del cálculo de Toscanelli, dos mil cuatro cientos setenta y cinco millas que hacen algo menos de las setecientas leguas expresadas, luego pues la tierra que creía Colon hallar en esas inmediaciones era la Antilla de Toscanelli.
El viérnes 12 de Octubre de 1492 descubrióse por la tripulacion de la escuadra la tierra Americana. Era esta tierra la isla llamada por los naturales Guanahami y por Colon, San Salvador.
Aquí se nos presenta en toda su grandeza el error de Toscanelli, la temeridad de Colon y el peligro en que estuvo su flota.
Sin las varias islas de la América que pusieron término á su viaje precisamente á la altura en que se le prometia la India, su pérdida hubiese sido segura. En el paralelo que navegó no habría visto tierra sinó cerca de la China y esta, situada por Toscanelli á ciento veinte grados de Lisboa, distaba en verdad doscientos treinta grados. Así pues, aun suponiendo que los vientos y el mar le hubiesen sido propicios en un trayecto tan largo.--¿Donde hubiera podido proveerse y como subsistir por mas de dos meses, con falta absoluta de víveres?--Cuando se considera que Colon se engañó por ciento diez grados asombra tanto riesgo y que errores tan enormes hayan sido coronados de los mas felices sucesos.
En vano se ha dicho en disculpa de Toscanelli que sospechaba la existencia de un continente intermedio, ó al menos de una vasta isla entre la Europa y el Asia.
Pero de tal sospecha no se observa vestigio alguno en sus cartas, escluyendo por otra parte esta hipótesis, su única y absoluta longitud de ciento veinte grados. Ciertamente lo estravió la aparente simetria de su nuevo sistema; asi se comprende que despues de haber, con el testimonio de Polo, agregado cerca de ciento diez grados de longitud á la parte conocida de la tierra, debia llegar necesariamente á disminuir la misma longitud á la parte desconocida del Océano.
En este viaje habia sido Colon muy feliz; los vientos aliseos llevaron sus bajeles por un mar bonancible con deliciosa rapidez. Pero un fenómeno desconocido hasta entonces debía presentarse y dejar perplejo al Almirante. Como no era conocida la desviacion de la brújula ni se creia en otro Norte que en el Norte del Mundo, sin pensarse en la atraccion magnética que debia hacerse sentir al separarse de los paralelos septentrionales, el fenómeno tenía que ser alarmante é inesperado.
Los pilotos que iban en la expedicion ocurrieron al Almirante sobresaltados para que este les explicase la causa de lo que observaban. Hallábase él tan ignorante á este respecto como ellos, pero por no desconsolarlos les dió una explicacion sofística, como hizo Galileo la primer vez que fué consultado respecto á la presion atmosférica sobre la columna de agua.
No está el mérito de Colon en haber descubierto la América, pues jamas pensó él ni sus contemporáneos en la existencia de un nuevo continente.
Las _tierras incognitas_ se suponian agregaciones del continente Asiático y nada nuevo se creía descubrir. Pisando ya la tierra Americana, hacía esfuerzos por reducirla á las informaciones de Marco Polo.
El mérito de Colon está en haberse puesto denodadamente al servicio de la ciencia tal cual se hallaba en aquellos tiempos, en haber aceptado de los sabios una teoría científica y en haberse lanzado á practicarla sin arredrarse ante la necesidad de surcar mares desconocidos y de alejarse de la tierra como nadie se habia alejado. Colon mas que la América ha descubierto el Océano; reveló el misterio de su camino y los mil viajeros que tras él se lanzaron y descubrieron mas tierra que él, no tienen tanto mérito, porque él abrió los horizontes que se creían impenetrables.
CAPITULO VI.
Divagacion por el archipiélago de las Antillas--Pérdida de la nave principal--Desercion de la "Pinta"--Viaje de regreso--Escala en Portugal--Felonía de Pinzon--Coincidencias favorables para la España--Célebres doctrinas respecto á las tierras de infieles--Bula de demarcacion--Triunfos de la diplomacía portuguesa.
Hallábase Colon entre el Archipiélago descubierto lleno de admiracion al ver tan lujosa naturaleza. Los bosques, las praderas, los rios, los lagos, la infinita variedad de las aves, las faldas de las montañas, la suave ondulacion de las llanuras, todo brillaba con los rayos de un sol esplendoroso y la vejetacion exhalaba el perfume mas embriagador.
Pero al mismo tiempo hallábase indeciso; descendia en una Isla y tornaba á las naves para visitar otra y al mismo tiempo iba designándolas con los nombres de Isabella, Española, Concepcion etc., lo que prueba que apesar de no abandonar sus creencias de hallarse en las proximidades del Asia, reconocia que aquellas islas no eran las señaladas en la carta de Toscanelli y en la que él mismo dibujó para guia de su viaje.
Entretanto que asi vagaba Colon por el ancho piélago de las Antillas, dos contratiempos le sobrevinieron; uno fué la desercion de la Pinta á causa de querer su comandante Pinzon adelantar por su cuenta los descubrimientos y recoger las codiciadas riquezas. Otro de los contratiempos y el mas irreparable fué la pérdida de la Santa María, arrastrada por una corriente y encallada violentamente en un banco. Fueron inútiles los esfuerzos que se hicieron para salvarla quedando la escuadrilla privada del mejor buque.
No decayó por esto el ánimo de Colon y aprovechó el tiempo en tomar informaciones de aquellos pacíficos y nobles habitantes de las islas para quienes habia llegado la época de la esclavitud y del martirio. Todos estaban contestes en señalar al Sud la existencia de un vasto y poderoso Imperio á cuyo Soberano obedecian millones de subditos y que poseia inmensas riquezas.
Es indudable que estos indios aludian al Imperio Mejicano, pero Colon entendía que tal Soberano debia ser el Gran Kan y el Imperio, el Oriente.
Mas veíase en malas condiciones para proseguir el descubrimiento, reducido á una sola carabela y rodeado de gente rebelde y mal dispuesta.
Resolvióse por tanto regresar á España, dejando en la Española, Isla en la cual se hallaba el mas simpático de los caciques indios, llamado Guacanajari, un fuerte construido con los despojos de la Santa María y una guarnicion de treinta hombres.
Construyóse el fuerte cerca á la ensenada que llamó de la Navidad, así como el fuerte mismo, primer ensayo de colonizacion que tan desgraciados frutos debía producir, dándose fé desde entónces de que el pueblo que descubría y poblaba la América era el que en peores condiciones se hallaba para hacerlo.
En cuatro de Enero del año siguiente al descubrimiento, esto es de 1493, diose Colon á la vela sin esperar á la Pinta que creía ya perdida; un fuerte viento le hizo derribar hácia el promontorio y ensenada que llamó de Monte-Cristi. A poco de hallarse en este refugio avistó á la Pinta que venía buscando el mismo puerto.
Pinzon defendió su rebeldia con pueriles excusas y aceptándolas Colon, tuvo la primera debilidad que había de serle tan funesta á él y á las colonias. Pensó que castigar al rebelde sería provocar á sus adictos y hacer tal vez imposible su regreso á España; mas de este modo quedó quebrada su autoridad y dispuestos al mal los elementos anárquicos con que contaba para sus futúras expediciones. Así pues, apesar de la llegada de la Pinta, persistió Colon en su designio de regresar á España.
El 9 de Enero se dieron los buques á la vela dejando su refugio y poniendo rumbo al Oriente. Este viaje de regreso fué tan borrascoso como bonancible había sido el de venida. Colon creia perecer y que las noticias de su descubrimiento perecerían con él; en prevision de tan triste suceso, escribió sucinta ralacion de su viaje y con las precauciones del caso, la colocó en un tonel que abandonó á las olas y otro ejemplar hizo colocar en el castillo de popa de su buque.
La Pinta se habia separado y otra vez se creyó perdida, no ya por la rebeldia de su comandante, sinó por el furor de la tempestad.
En fin el 15 de Febrero se avistó tierra. Era la Isla Santa María, la mas meridional de las Azores pero á causa del temporal, no pudo la Niña dar fondo hasta el 17.
Los Portugueses recibieron mal á Colon y á sus subalternos, al extremo de quererse apoderar del buque y aprisionar á estos. Esta hostilidad se atribuye por algunos á que el Rey de Portugal, en la creencia de que la expedicion de los Castellanos menoscababa sus descubrimientos, habia dado órdenes á los gobernadores de sus posesiones, que tratasen de apoderarse de los viajeros, pero la conducta que posteriormente observó el mismo Monarca, desmiente esta suposicion.
El 24 de Febrero prosiguió Colon su marcha y no sin nuevos temporales y peligros consiguió el 3 de Marzo dar fondo en Rastello, cerca de la desembocadura del Tajo. De este punto escribió á los Reyes de España anunciándoles su llegada y pidió permiso á el de Portugal para llegar á Lisboa, por no ser el punto en que se hallaba seguro fondeadero.
Hallábase á la sazon don Juan II con su Corte en Valparaiso á nueve leguas de Lisboa y aunque los descubrimientos de Colon le debieron causar sumo despecho por no haberlos él aprovechado, mostróse con altura y ordenó fuese aquel socorrido de todo cuanto necesitase. El cronista portugues Rui de Pina refiere que no faltaron consejeros que incitasen al Rey á ordenar la muerte de Colon para apoderarse de su secreto; no basta el testimonio del cronista para creerlo, pero fuese de esto lo que fuese, trató el Rey al Almirante con distinguida consideracion. Cabía en el ánimo del Monarca una sospecha y era si el descubrimiento afectaba sus posesiones Africanas, pero Colon explicó claramente que las tierras visitadas por él estaban fuera de todo lo conocido hasta la fecha y en rumbo distinto á el de los descubrimientos de los portugueses.
Despues de esto se partió el Almirante para España, llegando al puerto de Palos el 15 de Marzo á medio dia. No bien habia fondeado la Niña cuando apareció la Pinta que habia sido arrojada á la costa de Cantábria y desde allí habia Pinzon escrito á los Reyes que Colon habia naufragado y que á él se debia el descubrimiento. Habia pues cometido dos injustificables felonías; su rebelion en el archipiélago de las Antillas y su impostura al llegar á España, faltas que si no se disculpan se atenúan por haber auxiliado á Colon al principio de su empresa y porque su arrepentimiento fué tal, que murió de pesadumbre.
Encontrábanse los Reyes Católicos en Barcelona donde Don Fernando habia salvado de una tentativa de asesinato; acababa de firmarse el tratado de paz con la Francia en que esta cedia los condados de Rosellon y Cerdeña. Coincidia este triunfo diplomático con la conquista definitiva de las Canarias empezada por Betacourt y concluida ahora por Alfonso Fernandez de Lugo.
Por último habia fallecido el marques de Cádiz y como no habia dejado sucesion, quedó la Ciudad y Puerto definitivamente anexados á la Corona. Á completar tal número de felices coincidencias llegaba pues Colon con las nuevas de su descubrimiento, cuya grandeza no era aun ni sospechada.
Desde el puerto de Palos hasta Barcelona hay un trayecto regular, debiendo atravesarse por pueblos y ciudades; ese trayecto fué una marcha triunfal para Colon, que iba á caballo y precedido de las muestras de los productos, de los animales y de los indios que habian sido llevados de las tierras descubiertas. Todas las poblaciones salian á victoriar á aquel viajero afortunado que no hacia mucho se habia presentado como un mendigo. Ignoraba Colon, entónces en el apogeo de su gloria, cuantas amarguras tenia que sufrir y como habia de eclipsarse el brillo de su estrella.
Los Reyes recibieron cariñosamente á Colon y oyeron de sus labios la relacion de sus viajes con interes y aun con entusiasmo y agregaron á sus privilegios otras mercedes, entre ellas que pudiera llevar escudo con el símbolo del descubrimiento y la inscripcion siguiente:
Para Castilla y Leon Nuevo mundo halló Colon.
Al mismo tiempo pensaron los Monarcas asegurar para su dominio los nuevos paises descubiertos. El Derecho de Gentes en aquel tiempo ni estaba muy adelantado ni se consultaba siempre. Entre los medios de adquirir las tradiciones romanas no ofrecian sino la conquista; pero el advenimiento de los Papas y su jurisdiccion espiritual sobre todos los reyes católicos trajo otra doctrina bien original:--Segun ella los infieles no tenian derecho á poseer dominios y cualquier principe cristiano podia desapoderar de sus tierras y sustituir á todo principe hereje. La propiedad del mundo era para los católicos, quienes podian reivindicar toda tierra de infieles y en su virtud el Papa podia distribuir las tierras como árbitro. Asi fué que Martin V y sus sucesores concedieron á la Corona de Portugal todas las tierras que se descubriesen por sus subditos desde el cabo Boyador á las Indias y los Reyes Católicos por un tratado celebrado con el Monarca Portugues en 1479, habíanse comprometido á respetar esos derechos.
Ocupaba entonces el trono de San Pedro el crapuloso Borgia con el nombre de Alejandro VI. Fácil fué convencer á este de que los descubrimientos de los Castellanos tenian otro rumbo que los que habian sido asegurados á los portugueses y al fin, en Marzo de 1493, expidió una bula concediendo á la Corona de España para sus descubrimientos, las mismas seguridades que habian sido concedidas á Portugal.
Agregóse á esta bula la célebre demarcacion por la cual se adjudicaba á la España _omnes insulas et terras firmes, inventas et inveniendas, detectas et detejendas versum occidentem et meridiem_. Hacíase esta demarcacion por una línea imaginaria que desde el polo Ártico bajase al Antártico, cien leguas al Occidente de las Azores y de las islas de Cabo Verde.
Entretanto preparábase una segunda expedicion á las tierras descubiertas; pero los portugueses á pesar de la célebre demarcacion, estaban recelosos de ella. Empezó entónces una lucha de astucia y de intrigas en que se empleaban el cohecho y los mas viles recursos para descubrir los secretos de este negocio. La corruptora diplomacía portuguesa que debia tener digna sucesion en América, salió triunfante en este caso, con el célebre tratado de Tordesillas, celebrado en 7 de Junio de 1494, por el cual la línea divisoria se modificó, debiendo tirarse tres cientas leguas al Occidente.