Américo Vespucio

Part 1

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AMÉRICO VESPUCIO

por

GREGORIO PÉREZ GOMAR.

Buenos Aires.

Imprenta de LA ONDINA DEL PLATA, Santiago del Estero 176. 1880.

ADVERTENCIA.

El trabajo que ahora ofrecemos al público lo emprendimos como un estudio de mera curiosidad, ya que nos hallabamos en Florencia, patria de Américo Vespucio y donde suponiamos debian hallarse los datos suficientes para determinar la mision que este habia desempeñado en el descubrimiento de América, punto tan someramente tratado por los escritores modernos.

Al principio hallabamos gran dificultad para conciliar las contradicciones que resultaban de la comparacion de los distintos documentos, hasta que el estudio de la carta del mismo Vespucio, dirigida á Lorenzo de Medici, comparada con las referencias del historiador Herrera, nos dió la clave para resolver tan complicadas cuestiones.

No estabamos aun satisfechos, porque sabiamos que el Sr. F. A. de Varnhagen, habia escrito algo sobre esta materia, mereciendo su obra tal aprecio que por ella fué ennoblecido con el título de Baron de Porto Seguro.

Al fin pudimos ver su obra en la Biblioteca Provincial de esta Ciudad y hallamos que no ha tenido á su disposicion mas datos de los que nosotros hemos consultado.

Como ha apreciado él esos datos y como los hemos apreciado nosotros, tendrá ocasion el público de conocerlo y como llegamos á resultados opuestos, el público tambien fallará de parte de quien está la razon.

Para el autor brasilero el documento auténtico de Vespucio es la carta dirigida á Pedro Soderini, Gonfaloniero vitalicio de la República Florentina, carta que comprende la relacion de los cuatro viajes ó jornadas emprendidas por el explorador florentino. Para nosotros el documento digno de fé, es al contrario la carta dirigida á Lorenzo de Medici, de la cual se encuentra un códice en la Biblioteca Ricardiana de Florencia.

En el Apéndice publicamos ambas cartas, para que á mas de las razones que exponemos pueda el lector en vista de esos documentos, apreciar mejor la verdad de éste punto histórico.

Parecerá extraño que despues de una vida tan contrariada y de decepciones tan amargas, tengamos valor de hacer un paréntesis á la labor cotidiana para importunar al público pidiendo su atencion sobre un trabajo literario; pero queremos dar una prueba práctica de que la inteligencia no debe abatirse jamás y que es en las épocas que le son mas adversas, que debe dar señales de existencia.

Así, si nuestro trabajo no tiene importancia, al menos habremos dado un buen ejemplo á la juventud estudiosa que viene tras de nosotros con mayores brios y con mas brillantes luces, pero á la cual detiene en su marcha de progreso el fanatismo político y el mercantilismo de sociedades que se hallan recien en estado de incubacion.

_Buenos Aires, Octubre de 1879._

AMÉRICO VESPUCIO.

INTRODUCCION.

Los mares unen y no separan los Continentes--La navegacion es tan antigua como la humanidad misma--Europa, tierra de promision de los antiguos--América, tierra de promision de los modernos--Exploracion terrestre del Asia--Marco Polo--Camino marítimo--Gran problema económico--Grandes descubrimientos.

Los Océanos que parecen separar los continentes, han tenido y tienen al contrario el grandioso destino de facilitar su comunicacion recíproca; esa gran masa de agua que apenas deja sin inundar las elevaciones de la tierra, apareciendo los grupos de la humanidad refugiados en ellas como náufragos de una universal catástrofe, la ha derramado el Creador para nivelar las profundidades del abismo y ofrecer el camino mas practicable en todas las latitudes.

Es sobre la superficie variable, hermosa ó imponente de esos mares, que la no menos variable atmósfera de la tierra se renueva cotidianamente y el Dios de las energías del mundo la distribuye en todas direcciones, ya con la violencia de los huracanes, ya con la suavidad de las brisas.

Tres cuartas partes del Globo son necesarias para esa asombrosa elaboracion, sin la cual no seria habitable y ese puñado de seres esparcidos sobre las cumbres superiores al nivel de las aguas, puede decir con orgullo que respira el álito de la mas gigantesca Creacion del mundo.

Nada es mas seductor que el mar; nadie permanece impasible en sus orillas; nadie escucha su murmullo, nadie admira su azulada superficie, nadie gira la mirada en el círculo de sus horizontes sin sentirse conmovido y atraido con el transporte de una pasion mas sublime que todas las pasiones y cuando el cielo se oscurece, cuando el huracan se desencadena y terribles ondas se levantan bramando, hirviendo y formando en sus cúspides blanca y vaporosa espuma, como otros tantos mónstruos que escupen con furor al firmamento, el alma mejor templada reconoce su miseria y su impotencia, y en el momento de encarar el abismo, piadosa se eleva á las alturas.

Asi, aun en el estado mas primitivo, los grupos humanos, no han permanecido en las orillas de los mares sin lanzar á ellos bajeles mas ó menos poderosos que les trasportasen á desconocidas regiones.

La civilizacion, que empieza donde quiera que el hombre reposa de su lucha con la naturaleza por haberla ya dominado; cuando la inteligencia se aclara como un líquido se transparenta si no se agita; cuando el pensamiento se produce y la razon se eleva; la civilizacion, que busca siempre espacio donde extenderse como la luz, si surgió en los mas risueños climas del Asia, preparada por una raza poética y vigorosa, no pudo quedar estacionaria, y buscó donde esparcirse.

La Europa debió ser como á su vez lo fué la América, la tierra de promision, y el Mediterráneo el fácil camino por donde se llevasen colonias, mercancías y riquezas. Despues, cuando por esa ley de la continuidad del progreso, la Europa superó á todo el mundo en civilizacion, retornó al Oriente su poderosa influencia.

Las Naciones privilegiadas que se acrecentaban con ese movimiento, con ese flujo y reflujo del esfuerzo humano, eran las que tenian un puerto sobre el Mediterráneo, la España, la Italia, la Francia. Ellas recogian las riquezas del tráfico y hacian tributarias á las otras naciones alejadas del gran camino surcado por las naves del comercio.

Esa marcha retrospectiva, ese reflujo de corriente civilizadora hizo fijar mas tarde la atencion en las riquezas del centro del Asia. Ellas eran un miraje encantador, un delirio, un sueño, una adivinacion del Paraiso y entre otros exploradores menos felices, esa fantasía llevó en 1253 al veneciano Marco Polo á grandes exploraciones y venciendo obstáculos al parecer insuperables, penetró en las regiones misteriosas y codiciadas. Muchos años despues, en 1295 regresó con los honores de un gran explorador, pero sin poder ofrecer los medios prácticos para establecer un comercio fructífero y contínuo. Sus relaciones eran como cuentos de Hadas; excitaban á la vez la imaginacion y la codicia, pero no habia mar; el agua no nivelaba el abismo para lanzar los bajeles; no habia sinó llanuras y montañas que exigian mayores riquezas para atravesarlas, que las riquezas que pudiese producir el cambio.

No eran aquellos tiempos como los presentes en que el amor á la ciencia es bastante estímulo para armar y dirigir expediciones aunque sea al Polo, donde no existen sinó desiertos y montañas de hielo. Grandes perspectivas de riqueza se necesitaba entonces para arrostrar los peligros de los mares.

Pero el explorador veneciano habia dado el primer paso de los grandes descubrimientos.

El objetivo era hallar ricos mercados para el comercio; eso estaba ya descubierto; faltaba solamente el camino que á ellos condujese.

Los antiguos habian navegado alguna extension de la costa de Africa y se sabia que esa costa se prolongaba al Sur; pero era todo lo que se sabia aun dos siglos despues de la exploracion de Marco Polo.

Las Islas Afortunadas, llamadas despues Canarias, habian sido descubiertas por algunos viajeros, antes que Betancourt las conquistase en 1339 y aunque circulaban noticias de otras tierras, nada mas se conocia de un modo positivo.

Divulgáronse por toda la Europa las relaciones de Marco Polo; prisionero de los genoveses y puesto por estos en libertad, habia referido, primero de palabra y despues por escrito, todas las peripecias de su viaje. Eran conocidas con el nombre de _El Millon de Marco Polo_, por las grandezas que mencionaban. Desde entonces era el gran problema económico hallar un paso marítimo á las regiones del Oriente.

El Nuevo Reyno de Portugal con una poblacion marítima considerable y en una época de entusiasmo y audacia, en que se creía, capáz de todas las grandes empresas resolvió buscar el paso á lo largo de la costa de Africa.

En sus expediciones sucesivas descubriéronse las Azores, las Islas del Cabo Verde y varios puntos de la mencionada costa, hasta que Bartolomé Diaz llegó hasta el Cabo de las Tormentas, que el Monarca, por una feliz inspiracion, quiso fuese llamado Cabo de Buena Esperanza.

Tenian lugar estos sucesos en 1487 quedando reconocida toda la costa Africana hácia el Sur, suspendiendo los portugueses sus exploraciones, que diez años despues debia continuar Vasco de Gama, doblando ese Cabo y realizando esa esperanza.

Pero entretanto un movimiento Geográfico menos empírico habia tenido lugar y es de ese movimiento que vamos á ocuparnos en los Capítulos siguientes.

CAPITULO PRIMERO.

Teoría del descubrimiento--Pablo Toscanelli--El descubrimiento de América como revolucion geográfica y económica--Teoría de Toscanelli--Viaje de circunvalacion--Itinerario--Cálculo de las distancias.

En tanto que las imaginaciones se exaltaban con los relatos de Marco Polo que suplian entonces la falta de amenísimos romances; en tanto que los eruditos discutian platónicamente sobre las comarcas descubiertas que ensanchaban el horizonte geográfico de la tierra; en tanto que los mercaderes sufrian el suplicio de Tántalo conociendo riquezas que fueron ignoradas sin poderlas alcanzar, un sabio florentino, inspirado en las ideas de Toloméo, propuso levantar á mas sérias consideraciones los descubrimientos del intrépido veneciano y fundar sobre ellas sistema cosmográfico que llevase al descubrimiento de todo el mundo marítimo y terrestre.

Muy significativo es este hecho en el descubrimiento de América y debe fijarse en él la atencion con el detenimiento que merece. En toda revolucion es necesario buscar primero las ideas que la produjeron y no concretarse al hombre ú hombres que fueron sus órganos; asi, la historia de la Reforma no es la historia de Calvino y de Lutero sinó la historia de las ideas que precedieron á esos hombres y asi la historia de la revolucion francesa es la historia de todo el siglo XVIII en que ella se elaboró.

El descubrimiento de América fué la revolucion mas universal y mas grandiosa de la época histórica. Para ella fué necesario demoler sistemas, destruir errores teológicos, levantar teorías nuevas hasta que llevada á cabo, resolviese el gran destino de la humanidad.

Pablo Toscanelli era ese sabio florentino que se afanaba por llevar á una asombrosa práctica las teorías de la ciencia; pero todo parecia oponerse á su designio; la navegacion era entónces imperfecta y medrosa y apesar de las recientes invenciones de la brújula y del astrolabio nadie creía posible aventurarse en el mar, perdiendo la vista de las costas, porque el problema de las longitudes fluctuaba en perpétuas alternativas, sin salir de la infancia de tantos siglos.

Pero estos inconvenientes de la práctica no arredraban al teórico, al pensador profundo y como si tuviese el Globo en su mano y la verdad á su alcance, entró con la valentia del genio, en sus cálculos y deducciones.

Había Tolomeo extendido su carta del mundo á los ciento ochenta grados y en el vacio que esa extension dejaba, colocó una _Tierra Incógnita_. Pero una tierra incógnita no dá idea alguna de su situacion, es apenas una X del problema de su descubrimiento.

Esa incógnita había permanecido inabordable; no faltaban quienes la considerasen ménos aun que una incógnita, como un sueño, como una quimera ó sinó como un problema para cuya resolucion faltaban los datos necesarios.

Y sin embargo, la tierra incógnita de Tolomeo que ante la razon aparecía tan poco probable fué para Toscanelli, en cuya mente estaba ya encendida la inspiracion y el ansia de lo maravilloso, riquísima mina de conjeturas y de luces.

Pensó que aquella tierra que él creía el _Catai_ se extendiese hasta el hemisferio opuesto y que tomándose la vía de Occidente llegariase pronto á los felices Países que descrito había Polo y de los cuales tan distantes estaban aun las flotas de Portugal, errantes por las Occidentales playas del Africa y detenidas por accidentes continuos.

Reduciase ya la cuestion á definir la longitud del ideado viaje, cuestion imprescindible no solo para la seguridad de los aventureros que arrostrasen esos peligros, sinó tambien para garantía del buen éxito.

Recogió el sabio florentino datos é informaciones de embajadores, mercaderes y doctos sobre las tierras del Oriente; halló todo concordante con la relacion de Polo y estos resultados prácticos avivaron sus especulaciones y sirviéronle de guia para apreciar las longitudes.

Sobre la certeza del viaje de circunvalacion ninguna duda podía levantarse, ya que el mismo Toscanelli ignoraba como todos, la existencia del Continente Americano que oponer debía un insuperable obstáculo al recto y marítimo curso desde la Europa á la China y aparecerse con no ménos asombro que fortuna. Pero la brevedad del trayecto ó sea la longitud, era punto demasiado interesante para que descuidase demostrarlo.

Dibujó con su propia mano una carta naútica donde marcó, segun él mismo lo dice en la primera de sus cartas, _todo el confin del poniente partiendo de Islandia al Austro hasta Guinea con todas las Islas que encuéntranse en ese camino, en cuyo frente al poniente hallase dibujado el principio de la India_.

Esta carta importantísima por ser el primer monumento del descubrimiento de América no la conocemos sinó por las referencias del mismo Toscanelli y de contemporáneos que la vieron y juzgaron. Aseguran estos que tenía una graduacion y dos escalas, cosa de que carecían entónces las cartas geográficas supliéndose en ellas su falta, para conocer el derrotero y longitud de los viajes, con líneas rectas entre los puntos de partida y de llegada, indicándose con un número sobre ellas las millas longitudinales.

Esto se vé en la Biblioteca de Santa María Novella en Florencia, en una carta del mundo, manuscrita por el geógrafo Dati contemporáneo de Toscanelli. Pero sea de esto lo que sea, afortunadamente hizo la descripcion minuciosa de los espacios, de las millas de Lisboa al Catai ó tierra incógnita y merced á esta descripcion conocemos su sistema.

Además de la situacion de la famosísima Isla Antilla, de la no ménos célebre de Cipango, de la Provincia de Mangui, del Catai y de muchos otros lugares de la India, veíase en la carta de Toscanelli una línea que dirigiéndose hácia poniente de Lisboa á la gran ciudad de Quinzai la moderna Hong-Cheu, comprendía veintiseis espacios de doscientas cincuenta millas cada uno, estableciendo por tanto un intérvalo total de seis mil quinientas millas entre aquellas dos ciudades, una á la extremidad Occidental de la Europa, otra al conocido confin Oriental del Asia, abrazando segun la expresion del mismo Geógrafo, casi la tercera parte de la Esfera, ó una longitud de cerca ciento veinte grados; de manera, que sin contar el enorme giro de los portugueses al rededor del Africa, su vía oriental de Lisboa á China, era doble de la via occidental por él imaginada.

Suponiendo que las millas de que hablaba Toscanelli fuesen millas Italianas de las que cuatro forman la legua portuguesa ó española, he aquí el cálculo de las distancias segun lo que respecto á la Antilla, escribía al Canónigo Martinez de Lisboa:

"De esta ciudad, derecho hácia el poniente, hay en dicha carta veintiseis espacios conteniendo cada uno doscientas cincuenta millas hasta la nobilísima Ciudad de Quinzai. Y desde la Isla Antilla, que llamais vosotros de las siete Ciudades, de que teneis noticia, hasta la nobilísima Isla de Cipango, hay diez espacios que hacen dos mil quinientas millas."

Con estos datos el cálculo es muy simple.

Por testimonio de Marco, solo se contaban:

De Quinzai al Océano 25 millas Del Océano á Cipango 1500 " Toscanelli pone de Cipango á la Antilla 2500 " Luego de Quinzai á la Antilla 4025 " Ahora bien, de Lisboa á Quinzai segun Toscanelli 6500 " De Antilla á Quinzai 4025 " Luego de Lisboa á Antilla 2475 "

Tal era el prodigioso itinerario que Toscanelli trazaba sobre el Globo y la apreciacion errónea de su longitud, que no podía ser rectificada, desde que solo podía apreciarse la longitud de las tierras que se extendían al Oriente, por los inciertos datos de Polo, que hicieron creer que entre Lisboa y la costa Oriental del Asia, debía existir una extension casi de dos terceras partes de la esfera y solo una tercera parte de mar, debiéndose aun encontrar en ese mar la célebre Atlántida ó Antilla de que tanto hablaron los antiguos.

La situacion y aun la existencia de esa Isla era tan incierta como aquel Cabo ó puerto de Catigara que tanto nombró Tolomeo en su Geografía, que tantos descubridores creyeron quimérico y que mucho despues creyó hallarse con el nombre de Caitagora, en el pais de Sin.

En cuanto al mar que baña esas costas orientales del Asia que hoy conocemos con el nombre de Océano Pacífico, era designado por Tolomeo con el nombre de Seno Magno y aun asi se llamó por Ortilio en 1587 en su _Tesoro Geográfico_ y hasta en 1618, en la edicion de Tolomeo hecho por Pedro Best, y como el Cabo de Catigara se situaba al Oriente del Seno Magno el cosmógrafo Munstero, lo situó al Oriente del Pacífico.

Había en todo esto una adivinacion que asombra por mas que se creyese en una extension espantosa del continente Asiático y se desconociese por lo mismo la grandeza del Océano Pacífico.

En cuanto á la época de estos trabajos de Toscanelli puede fijarse por la data de la carta que dirigió al Canónigo Martinez de Lisboa, sobre las _Tierras Incógnitas_ en 1474.

Para el estado de la ciencia en aquellos tiempos el sistema de Toscanelli era muy adelantado y puede decirse que en la apreciacion longitudinal de la misteriosa Antilla había hecho ya el descubrimiento teórico de la América y como para este descubrimiento poco importaba la extension del Océano Pacífico y la distancia de Lisboa á la costa Oriental del Asia, los errores tremendos en esos cálculos no debían tener fatales consecuencias.

CAPITULO II.

Cristóbal Colon--Su residencia en Lisboa--Correspondencia con Toscanelli sobre las tierras incógnitas--Epoca en que resolvió llevar á la práctica esas teorías--Viaje á los mares septentrionales--Proposicion al rey de Portugal--Rechazo--Partida á España.

Debe aparecer ahora el mas poético de los personajes de la gran revolucion del descubrimiento de América, aquel que llevaba el nombre simbólico de su colosal empresa, Cristóbal Colon, _Cristo ferens_, portador de la fé de Cristo y mensajero de la civilizacion; personaje legendario que, por su constancia, por su heroismo, por las visiones de su imaginacion, por su esplendorosa fortuna y por sus grandes infortunios, por lo brillante de su estrella y por lo tormentoso de su ocaso, debía atraer la atencion de todos hasta olvidar los demas actores del drama.

Podemos fijar la época del nacimiento de Colon en 1447. En una carta que escribió á Don Fernando de Aragon fechada en 1504, decia:--"Y hoy pasa de cuarenta años que ando navegando"--En la historia escrita por su hijo Fernando, con la autoridad de otra carta suya, se vé que empezó á navegar de catorce años de edad; luego nació en la época que hemos designado y no en la que suponen otros historiadores.

En cuanto al lugar de su nacimiento es hoy fuera de duda que fué Génova--_la soberbia_--por mas que se hayan disputado su cuna varias ciudades y principalmente Placencia y Cuccaro del Monferrato; pero el mismo héroe de la disputa habia fallado la causa de antemano llamándose hijo de Génova[1].

Era Colon de esbelta estatura, de bien formado cuerpo, de rostro encendido, de azulados ojos, de rubios cabellos, que por las inquietudes del alma bien pronto encanecieron, y de expresion altiva y modesta al mismo tiempo.

El orígen de Colon, que ha querido llevarse á la mas alta aristocracía, no aparece sinó en la mas humilde clase del pueblo; pero poco importa saber si el padre de Colon tejia paños ó escardaba lanas, basta saber que siendo pobre no podia haber dado al hijo esa educacion brillante que algunos historiadores le atribuyen. Es inverosímil tambien que hubiese estado en la Universidad de Pavía y que allí hubiese aprendido letras, cosmografía y náutica, pues habiendo empezado á navegar de catorce años, no podia haber tenido el tiempo necesario para adquirir tales conocimientos.

Es indudable que Colon empezó á navegar sin conocimientos cosmográficos y que solo por sus propios esfuerzos llegó á instruirse y á desarrollar su inteligencia, en los primeros veinte y tres años que navegó consecutivamente recorriendo todo el levante y el poniente, como dice él mismo en una de sus cartas.

En 1470[2] fijó Colon su domicilio en Lisboa, llevado sin duda por los atractivos que á los marinos debia ofrecer un País donde tantas empresas marítimas se proyectaban. Allí relacionóse con los principales hombres de su profesion y completó sus veinte y tres años de navegacion en excursiones sucesivas, haciendo en 1477 su célebre viaje por el Océano septentrional mas allá de la latitud conocida, segun cuenta su hijo Fernando. Sin perjuicio de estas excursiones, Colon tenia su domicilio fijo en Lisboa y meditaba en los descubrimientos de Polo y en los viajes de los portugueses á lo largo de la costa de Africa.

Dentro del periodo de catorce años que se comprende entre su llegada á Lisboa y su partida de esa ciudad, contrajo matrimonio con Da. Felipa Muniz de Pellestrello, y aunque la época de este matrimonio no aparezca con precision, es verosímil que fuese al poco tiempo de llegar á Lisboa, pues refiere su hijo D. Fernando que en 1484 habia ya enviudado, quedándole un hijo llamado Diego, con quien se partió de esa ciudad como en seguida veremos, y para poder llevarse consigo al hijo, no podia este ser de tierna edad.

La mujer de Colon era hija de uno de los descubridores de las islas Azores y gobernador de Porto Santo, y si á esa época este ya no existia, existian sus parientes que eran todos navegantes portugueses.

Es pues probable que Colon aunque ya se hubiera preocupado antes de llegar á Lisboa con la cuestion de hallar el camino marítimo para la India, pensase en ello mas seriamente con las relaciones de los marinos portugueses con quienes tan íntimamente se hallaba relacionado. Tambien debia hallarse en relacion con el padre Ximenez, autor del _Gnomone florentino_ y con el canónigo Martinez, hombres doctos en cosmografía y que se hallaban en correspondencia con Toscanelli por los años 1473 y 74.