Amar... sin importar el sexo

Chapter 7

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Amar en su pleno sentido humano nos dirige a compartir, repartir con justicia, dar, cuidar, luchar para que se perfeccionen todos aquellos con quienes convivimos. Y esto, parece que ciertas personas, o lo han olvidado; o no lo comprenden. En nuestros tiempos la vida meditativa cada vez es más distante y por eso puede ser que no lo perciban. Viven demasiado por fuera. No se dan cuenta de la unión que nos sostiene y que nos fortalece. Esa unión de solidaridad creadora que nos distingue de la vida vegetal y animal comunes. Esa unión que se da en el arte, en la ciencia, en la acción de amar.

CINCO

Y es que pocos han enseñado cómo amar en el transcurso de esa transformación que se da entre la bestia homínida que somos y el ser humano que debemos ser. Muy pocos han llegado a formar sociedades llenas de amor, pues éste se ha vuelto tan particular, que sólo las madres y los padres dicen amar a sus hijos. Por eso les compran muchas cosas. Por eso los llenan de egoísmos, de vanidades y no les fincan las bases del verdadero amar: responsabilidad, clara conciencia, inteligencia creadora, meditación, acción benefactora, voluntad de ser y dar.

SEIS

Si tus padres te han comprado este libro es porque te aman y porque sin duda tienes, si no lo suficiente, lo indispensable para sobrevivir. Sin embargo, hay muchas familias y tantos niños que carecen de lo fundamental. Lo menos que puede efectuar entonces nuestra grandeza de espíritu, es tomar un poco de responsabilidad en la acción de compartir con los demás, lo indispensable. Y aquí arranca la verdadera razón de amar: tal vez lo que brindemos sea la base que firmemente sirva a un futuro científico, técnico, artista o filósofo. Quizá sea el impulso para lograr una humanidad mejor, tan perfecta como la energía que la creó.

SIETE

Si tienes más de lo suficiente, qué fortuna la tuya. Posees entonces la dicha de compartir algo con los demás: un poco tal vez, pero que ha de darte la gran satisfacción de sentirte solidario, nunca aislado, del camino por donde se esfuerzan día tras día quienes luchan por formar la verdadera humanidad: creativa, responsable, consciente, llena de voluntad para perfeccionarse. Si no lo tienes, alguien tomará tu mano y juntos avanzarán por el sendero del conocimiento. Si no posees cosas, pronto tendrás las que tu esfuerzo creador merezca.

OCHO

Sin embargo, has de saber que, no poseer los objetos que la sociedad de consumo produce para satisfacer falsas necesidades, no nos conduce a la desgracia personal, como muchos piensan y se resienten. Tener o no tener coche, no es lo importante. Cada quien vale por su capacidad creadora, por su talento, por su sabiduría, por el esfuerzo que efectúa para dar lo mejor de sí mismo a su comunidad y aportar la mayor contribución individual para la mayor felicidad de todos.

NUEVE

Si no tienes videolásser o el último disco del cantante de moda; si careces del pantalón que conquista o el refresco que seduce o el pastel que embellece, nada pierdes. En cambio, corremos el riesgo de perdernos, si no controlamos nuestra vanidad y nuestro egoísmo. Recuerda que la muerte es el destino natural de nuestro cuerpo. Sólo somos entidades biológicas pero tenemos la oportunidad y el privilegio de ser como la energía creadora que nos generó y que produjo todo lo que existe en el universo. También podemos ser creadores. Y esa es nuestra misión como humanos: Ayudar a perfeccionar la vida cósmica desde nuestra Tierra, comenzando por ella.

DIEZ

En la historia de la humanidad han existido grandes hombres que se dedicaron a precisar en qué consistía amar y a ponerlo en práctica. Todos ellos intentaron hacer comprender a la bestia homínida que la misión de los seres humanos sobre la Tierra y en el Universo, era realizar una labor de amor. Había que continuar la perfección del cosmos y ayudar a la energía creadora a realizarlo.

ONCE

A la maravillosa energía creadora de donde todo procede : minerales, vegetales, animales, humanos, los diversos pueblos que han existido en el mundo, la han designado con muchos nombres. Van desde los muy hermosos y poéticos, hasta los tremendamente sonoros y terríficos. En ocasiones, la poesía que brota del arte la ha humanizado y nos ha hecho pensar que su conducta se asemeja a la de un sabio anciano, o a la de un iracundo hombre, o a la de una caprichosa o inocente mujer. En otras, la imaginación, como loca, le ha otorgado características tan variadas como formas pueda tener la fantasía y las creencias.

DOCE

A la energía creadora le han llamado de diversas maneras los grandes sabios que pregonaba el amor hacia ella. Zaratustra, el persa, la dividía en dos: Ahura Mazda, constructora; Ahriman, destructora. Lao-Tze, de la vieja China, le nombraba Tao, el camino, donde se encontraba el Yin y el Yang, lo femenino y lo masculino que mueven la existencia. Sidharta Gautama, el iluminado de la antigua India, explicaba que la inmovilidad era forma de ser plenamente feliz, pues al nada desear, nos deteníamos apacibles en el Nirvana para contemplar el movimiento sin fin de la energía creadora. Moisés, el férreo patriarca hebreo, le llamaba como todo su tesonero pueblo, Yahvé o Jehová. Y otro habitante de la vieja China, Confucio, le decía Chang-Ti: adorarla era adorar y respetar el pasado. Josué, Joshua, el ungido, le oraba diciéndole simplemente: Padre mío, que estás en los cielos... santificado sea tu nombre. Tal vez por la sencillez de su amor, tuvo muchos discípulos que lo han conocido como Jesús, el Cristo.

TRECE

Así, todos los pueblos del mundo; ni uno solo por excepción, dejaron de asombrarse ante el misterio encantador de la energía creadora y la lista de sus nombres se multiplicó. Los hindúes los crearon de acuerdo con sus manifestaciones y se habló desde entonces de Vishnú, Shiva y Brahma. Los egipcios mencionaban a Akenatón; los griegos a Zeus; los nórdicos a Thor; los incas a Viracocha; los árabes a Alá; los Meshicas a Teotl Ipalnemohuani, la energía creadora por lo cual existimos todos, en fin, los europeos, a Dios. Krishna, Mahoma y Quetzalcoatl fueron algunos de los que se han sentido comprometidos con la grande misión.

CATORCE

Desgraciadamente esas creencias que partían de la admiración, la gratitud, el respeto o el temor, fueron durante algunas épocas aprovechadas por los animales humanos para saciar su vanidad, su sed de poder, sus ambiciones y las mal utilizaron. Ciertos individuos las usaron para imponer, asesinar, explotar. Fueron pretextos. Así, la vida de meditación creadora se desprestigió y dio paso a un materialismo vulgar, donde el dinero y las riquezas eran las aparentes soluciones al vacío de la mente humana. Sólo algunos comprendieron la grandeza de la energía creadora y aprovechándola, los científicos, los filósofos, los artistas, trataron de explicarla y darle formas...

QUINCE

Todo lo que existe proviene de una perfecta energía creadora que brota y flota por todo el universo. Surgió de sí misma y para sí misma. Ella ha generado las estrellas, el espacio, los planetas, las rocas, las plantas, los animales, los humanos. Absolutamente todo viene de esta energía que es nuestro padre-madre, a la vez: lo más pequeño, lo invisible; o lo más grande, lo ciclópeo. Desde la luz hasta la sangre. Desde el oxígeno hasta los hombres. No es algo en lo que se tenga que creer tras de un sistema ideado por la imperfección humana, sencillamente se ve en todo lo que nos rodea, se siente su presencia inconmensurable e incesantemente creadora. Es la realidad de toda existencia en el cosmos infinito. Y cada día crece más... Nunca descansa. Es campesino universal, es obrero galáctico.

DIECISEIS

Hoy sabemos que es verdad. Todos somos manifestaciones diversas de esa energía creadora. Y sus formas físicas son muy variadas. Va desde una piedrecilla hasta un sol; desde una hormiga hasta una montaña; desde un árbol hasta una flor; desde una semilla hasta tú. Todo es manifestación amorosa de la energía creadora.

DIECISIETE

La energía creadora es amorosa porque, a pesar de que a veces parece destructora, todo lo que persigue es el perfeccionamiento del cosmos y de cada una de sus manifestaciones. Si algo falla, lo corrige, lo mejora; y si no es adecuado a la transformación grandiosa, lo transforma en un ser mejor. Siempre elige un bien superior, sobre algo que puede ser negativo. Por eso a veces parece cruel, y muchos pueblos han tenido miedo de eso que creen castigo. ¡No! Sólo es amar, sencillamente amar en verdad. No todo es agasajo en el amor.

DIECIOCHO

La ciencia ha despojado a la energía creadora de fantasías inventadas por la ignorancia y los fanatismos, y como a una empolvada estatua deslucida, la ha limpiado hasta descubrir la verdad de su existencia. Y aunque somos infinitamente pequeños, la energía creadora parece haber elegido a los humanos que habitamos su planeta Tierra, para ser, a su imagen y semejanza, como ella. Seres llenos de acción amorosa: sencillamente creadora. Sin embargo, como nuestra ignorancia aún es bastante, acaso en ciertos lugares del infinito cósmico existan otros seres como nosotros... O tal vez muy diferentes.

DIECINUEVE

La acción de la vida, que es la filosofía brotada del conocimiento científico de la energía creadora, nos enseña que amar, sencillamente amar, es nuestro destino en el universo, tal vez compartido con otros seres en algún rincón del cosmos. Amar, como la energía creadora día con día nos lo demuestra. Ella-Él, siempre en constante transformación y perfeccionamiento. Nosotros, como Él-Ella, debemos cumplir la vida. Si nos distraemos en pequeñeces, nos alejamos de su resplandor eterno y nos perderemos en el vacío horrendo de los hoyos negros. Si somos creadores, hasta en lo mínimo, irradiaremos felicidad a todo. Seremos luz eterna. Votiva perenne de la vida.

VEINTE

Atiende pues, mi estrellita, mi solecito, mi colibrí, mi tierra florida, la felicidad se vuelve constante con una fórmula humilde y grandiosa a la vez: Amar... sencillamente amar.

Amar sin esperar nada a cambio, sólo que lo que amamos sea mejor para que a su vez dé lo supremo de sí a los demás y constituir la gran cadena del verdadero amor humano. Dar lo mejor de ti a cada segundo para que tú te perfecciones y ayudes a perfeccionar a los demás: Tu familia, tus amigos, tu campo, tu ciudad, tu planeta, tu universo. El camino está abierto: sólo necesitas voluntad, autocontrol, estudio, meditación, inteligencia creadora, acción para mejorarlo todo: la Naturaleza, la cultura, tu cuerpo, la humanidad, el campo, la ciudad, el arte, la ciencia, la paz.

Categoría:Obras de Antonio Domínguez Hidalgo Categoría:1987