Amar... sin importar el sexo

Chapter 6

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Hundidos en la oscuridad de las sombras nocturnas, los hombres y las mujeres prehistóricos espiaban temerosos a los cielos. A veces, cuando las nubes lo tapaban todo, lo veían infinitamente oscuro. En otras noches brillaban las estrellas e intentaban reconocerlas. Si la luna irradiaba su blanco manto, algo de tranquilidad los invadía, pues siempre tenían miedo de no ver regresar la luz del día, y con ella el sol, que cálido hacia fructificar la tierra. ¡Ignoraba tantas cosas! ¡Imaginaba tantas falsedades! ¡Se forjaba millares de creencias

ONCE

Siglos tuvieron que transcurrir para que la humanidad fuera acumulado sus experiencias y los conocimientos que éstas le dejaban. Después de tanto ver que el sol brotaba por distintas partes del oriente; a veces más al norte, a veces más al sur; y que la luna aparecía y desaparecía en determinado tiempo, fueron guiando su vida por medio de calendarios. Así comenzaron a saber cuándo llegaba la primavera o por qué el otoño principiaba. Nació la astronomía.

DOCE

Los hombres y las mujeres antiguos se maravillaban tanto de la creación existente, de los seres que la pueblan, de la perfección de sus manifestaciones que principiaron a erigirle monumentos para rendirle gratitud y admiración. Se estremecían ante el fuego, ante la lluvia, ante la vegetación, ante los animales. Pero al levantar las rocas para hacer sus construcciones, se daban cuenta de algo que parecía no verse: las fuerzas, los movimientos, los equilibrios, las cantidades. Y aprendieron a calcular. Y nació la física. Y las matemáticas. Se dieron cuenta de las perfecciones del número.

TRECE

¡Qué alegría saber tanto! Hoy tú vas a la escuela y allí te inician en los conocimientos que arduos esfuerzos ha costado a toda la humanidad adquirir. Los sabios que los descubrieron, que los dijeron, que los formularon, en muchas ocasiones padecieron tremendas injusticias. Hasta la muerte padecieron. Lo que hoy nos parece una explicación clara y natural del origen de la vida y de su perfeccionamiento, en épocas de oscuridades salva-jes causaba escándalo y maldición. Muchos hombres estaban ciegos de necedad y sólo el animal humano los dominaba. Sus creencias eran ley y estaba prohibido pensar.

CATORCE

El gran matemático griego, Arquímides, cayó asesinado por un soldado ignorante y brutal. Giordano Bruno, físico-químico, napolitano, fue perseguido por el fanatismo torpe y quemado sin piedad. La bestia humana se encontraba ciega y no se daba cuenta de su valor. Mas a pesar de todo, los científicos continuaron sus observaciones, sus cálculos, sus investigaciones, en fin, en unas pocas palabras: con su amorosa labor de saber. Por fortuna, siempre hubo algunos que los apoyaron. Eran sus mecenas. Poco a poco muchas creencias fueron sucumbiendo. Aún hoy...

QUINCE

La ciencia es el camino más intenso para maravillarse con la creación. Los conocimientos que los científicos han ido reuniendo pacientemente para descubrir y explicar todo lo que existe en el universo son infinitos, como infinita es la labor de amor que la energía creadora, aquello por lo cual todos existimos, ha desplegado desde siempre.

DIECISEIS

Desde el microbio hasta el sol; desde la minúscula flor hasta el árbol más gigantesco; desde el más pequeño renacuajo hasta el dinosaurio perdido; desde el manantial más transparente hasta la más aterradora erupción de un volcán; todo, la ciencia anhela explicar, comprender las leyes que los rigen, los sistemas que los conectan como en una red sin fin y que les hace vivir, crecer, perfeccionarse y transformarse.

DIECISIETE

Todo está relacionado con todo. Nada existe aislado en el universo. Si algo, por pequeño que sea cambia; esto producirá cambios también; imperceptibles, quizá, pero que siempre se dan, aunque muchos no quisieran. Nada escapa a la ley natural. Ni lo más ricos ni los más pobres; ni los más poderosos ni los más débiles; ni los más sabios ni los más ignaros; ni los más bellos ni los más feos. Somos entidades biológicas perecederas; sólo el ser humano ha podido crear estafetas para lo que vengan. Y en este incesante fluir de la vida, la ciencia que el hombre ha reunido, tiene importancia maravillosa, pues con sus conocimientos nos permite prevenirnos, ponernos a la espera, de las nuevas transformaciones de la Naturaleza. La ciencia nos ayuda a predecir lo que la energía creadora va haciendo en su ruta inmortal.

DIECIOCHO

Tú puedes, como jugando, comprobar las leyes de la física. O tal vez, sin darte cuenta, estar ante un experimento químico cuando te preparas una malteada. Quizás haces cálculos matemáticos cuando te diviertes corriendo y llegas antes que tus amigos a la meta. O en último lugar. Te pregun-tas: ¿me faltó tiempo, o energía, o salud? ¡Hasta la física aplicas! La ciencia nos ayuda a verlo mejor todo, a comprenderlo, a explicarlo y a aplicarlo en bien de la colectividad donde vivimos. Recuerda: Somos parte de un hogar común, de un ecosistema que debemos com-prender y cuidar; atender y entender.

DIECINUEVE

Todos podemos y debemos ser científicos. Si amamos las ciencias, nos dotaremos de esos conocimientos que nos permitirán prevenirnos de catástrofes y a la vez, impulsarnos a mejorar los que ya existen y a pensar que ese saber preciado, aún no poseído, para evitar un terremoto, curar el cáncer, superar la producción agrícola o traspasar dimensiones, se encuentra flotando a nuestro alrededor. Sólo nos hace falta prepararnos en ellos y ver más. Lograr hacerlos evidentes. Para eso te-nemos voluntad, inteligencia, sensibilidad y conciencia. Únicamente requerimos las bases de la solidaridad para lograrlo. ¡Y mucha responsabilidad

VEINTE

¡Todavía falta tanto por saber! Por ello, lo que hoy conocemos hemos de aprenderlo bien. Mas seamos humildes. Si haces tuya la gran finalidad de la ciencia, aplicar, predecir, corregir, perfeccionar, tu vida será esplendorosa. Jamás te sentirás triste ni vacío. Amar la ciencia es abrir con ojos asombra-dos un libro de astronomía, química, física, medicina, lingüística o historia, entre otros, y penetrar con fervor en sus conocimientos que te dotarán de la más extraordinaria emoción humana: ver lo que los minerales, vegetales, y animales no ven. Y penetrar en los misterios de la energía que todo lo crea y que todo lo transforma. Aquello por lo cual todos existimos. Esa energía, de la cual la humanidad de la que tú formas parte, es su espejo ahumeante de creación.

LIBRO IX AMAR LA PAZ

Aquí, en orden y concierto, se razona en el porqué la paz es un factor primordial para la transformación del animal humano en ser humano pleno.

UNO

Mira ese niño que llora desesperadamente bajo los escombros de una casa. Su llanto estremece, pero parece que nadie lo escucha. Contempla el pánico que sus ojos reflejan y percibe como brota de sus labios un terrible grito de horror. Ve como algunas siluetas humanas huyen despavoridas entre derrumbes y explosiones. Observa las ráfagas de metralletas que brotan entre las dispersas ruinas de muchos edificios. Y piensa ...

DOS

Date cuenta de los rostros angustiados de esas mujeres que afligidas se arrinconan atrás de un muro. Asómbrate ante los cuerpos de aquellos niños y hombres que yacen ensangrentados a mitad de una calle. La muerte se regodea en sus miembros destrozados e inmóviles. Sus ojos paralizados de miedo han quedado semiabiertos. Observa a los lejos el resplandor de los estallidos de la pólvora. Angústiate ante el hongo gigantesco que se mira levantarse al fondo como un monstruo que todo lo ha aplastado con su energía mortal. ¡Esto es el panorama de una guerra! Acaso la guerra última.

TRES

Muchas de estas escenas tú las ha visto a través del cine o la televisión. Probablemente, sin entender tu error, te han emocionado también en alguna fotografía o en historietas de monitos. Tal vez creerás que sólo son simples fantasías donde los malvados son vencidos por los buenos. Y te diviertes. Las aventuras y los combates de los video-juegos exaltan tus agresividades. Mas ha de saber que la realidad es diferente. No siempre el bueno es tan bueno ni el malo tan malo. Existen otros puntos de vista que tú debes aprender a valorar con el propósito de que descubras que la paz es superior a la guerra criminal. Mientras en la paz el ser humano puede encontrar la oportunidad de perfeccionar su trabajo creador, en la guerra el hombre animalizado se vuelve peor que una bestia. La más cruel.

CUATRO

Las bestias en ocasiones necesitan matar a otros seres para sobrevivir. Es una ley de la Naturaleza. Y es que no tienen las armas de la inteligencia, la sensibilidad y la creación para descubrir las múltiples formas de superarse y vencer su irracionalidad. Son pobres animalitos esclavos de sus instintos y sus impulsos. En cambio, algunos animales humanos, a pesar de esa inteligencia, de esa sensibilidad y de su trabajo creativo, llegan a matar por torpe vanidad y afán de lucro o de mando. Creen que su individualidad es todo. Han olvidado que apenas somos un punto mínimo dentro del universo infinito. Y creyéndose supremos ignoran nuestra insignificancia como animales. Simples entidades biológicas que somos...

CINCO

¿Has pensado en lo que sucedería si lo que ves en revistas y películas aconteciera en la realidad. Allí te proyectan las mil diversas maneras de hacer guerra, de destruir, de acabar con todo. Y te hace creer que a pesar de la tremenda explosión de automóviles, de las llamaradas, de las metralletas que repiquetean ventanas y paredes, los héroes sobreviven y alcanzan la felicidad. ¡Mentira! Sólo se han salvado en las guerras que la humanidad ha padecido, los que tienen suerte; o los que huyen; o quienes desde lejos las han visto, porque son los jefes. Otra es la verdad cruel y brutal. ¡No sueñes! Las guerras nunca han sido el jardín de las delicias.

SEIS

La calle en donde vives se vería de pronto estremecida por el ruido de atroces balazos y llamaradas de bazucas. Muchos de los amigos con quienes jugabas perderían la vida; quizá tú mismo y tus padres y los padres de los niños con quienes te divertías. Los edificios se derrumbarían y las casas pacientemente construidas, serían devoradas por descomunales incendios. Tus mascotas se acabarían; no verías más a tus familiares. No habría comida ni hora de ver la tele o de oír el disco. Tu mundo, de pronto, caería afectado; quedaría oscuro, sin luz, sin haber lo que antes... ni saber lo que posiblemente sería.

SIETE

Entonces imagina la destrucción que han causado siempre las guerras. Apenas construida una aldea, se convierte en ruinas, o recién instaurado un pequeño pueblo, se transforma en escombros. Ciudades enteras han visto la crueldad de su destrucción y con ella el retraso del ser humano, a un nivel de salvajismo y animalidad. De nada sirvió la grandeza humana que las había erigido. Un día la ambición, la irresponsabilidad y el odio las destruyeron. Recuerda a Babilonia o a Tula; Atenas o Chichen-Itzá; Roma o Tenochtitlan; Cuzco o Berlín; Hiroshima o Nagasaki. Ellas fueron ciudades impresionantes. La guerra las destruyó.

OCHO

Con la guerra, los esfuerzos de la gente se ven arrasados por la violencia de algunos y el egoísmo de otros. Lo poco que era tuyo o de los demás, de improviso sucumbe y se convierte en un panorama desolador. Y la vida que brotaba como botones en flor, súbitamente se hunde en el martirio de las enfermedades. La angustia y el sufrimiento se convierten en las peores plagas de la mente. Y los gusanos, disfrutando de los malos olores, fecundan los microbios de las pestes y de las infecciones que rematarán a quienes desesperados han podido salvarse en algún rincón. ¡Qué existencia tan triste les aguarda! La esperanza de llegar a ser lo que se anhelaba, de pronto se hace más y más distante.

NUEVE

¿Y te has preguntado el porqué de las guerras? A veces los motivos han sido justos cuando algún hombre bestia ha abusado de los demás y éstos se rebelan en contra de la explotación sin misericordia a la que son sometidos. En otras han sido tan injustas que, sólo el animal humano, ansioso de demostrar su sanguinaria fortaleza ha podido efectuarlas. Sin embargo, se pudieron haber evitado si la compresión hubiera existido entre los jefes en lucha. Pero aún no estaban preparados. Su imperfección animal no les permitía darse cuenta de la insignificancia de sus objetivos.

DIEZ

Casi siempre la guerra ha sido producto de unos cuantos animales humanos que en su afán por dominar a los demás animales humanos, no les importan los daños ni la destrucción que se cause a la Naturaleza y a la cultura. Casi siempre los peores animales humanos se oponen a que todos tengan, gracias a su trabajo creador; a su esfuerzo constante, lo que merece una vida humana digna: alimentación, salud, sexualidad, hogar, ropa, bases para su perfeccionamiento creativo. Y es que cuando la cultura llega, el ser humano auténtico se da cuenta de los errores que cometen los animales humanos. Y según los zoólogos, a estos animales no les gusta que les señales sus fallas. Creen que son virtudes y luchan por imponerlas. Aún a costa de la vida.

ONCE

Apenas hace unos cuantos años el ser humano alcanzó los logros de que ahora tú gozas y no ha sido sino hasta finalizar el siglo XX, cuando nos estamos dando cuenta de tantos errores. Has de saber, pues, que el desarrollo extraordinario de la ciencia y sus inventos, no tienen más de trescientos años. La cultura en sus manifestaciones técnicas y científicas es reciente. Y aunque en las sociedades antiguas, algunos hacían observaciones en torno al mundo y al hombre, no pasaban de ser rudimentarias y simplemente imaginativas. Sólo el arte nació casi junto con el hombre y fue lo primero en distinguirlo de las bestias. Y sus creencias. ¡Qué maravillosa capacidad de imaginar y sentir!

DOCE

Acaso te preguntarás: ¿Entonces, qué ha hecho el ser humano en los 25.000 años de vida que aproximadamente tiene desde que apareció sobre la tierra? ¿En qué ha perdido tanto tiempo? ¿Por qué no se ha logrado superar más? ¿En qué ha desperdiciado sus energías y su talento? ¿Por qué apenas tú, y algunos cuantos jóvenes de hoy, tienen la alegría de un mundo dotado de avances? ¿Por qué no hay vacunas para todas las enfermedades? ¿Por qué aún no se puede prolongar la vida del ser humano? La respuesta es triste: la ambición de riquezas para el simple lucimiento del pavo real vanidoso que ha sido la humanidad durante mu-cho tiempo, sin tomar conciencia de sus horribles patas, es una de las causas. Pavo real que un día puede morir para siempre... en una guerra.

TRECE

Muchos años tardaron los primeros hom-bres sobre la tierra en descubrir el fuego, la agricultura, la domesticación de los animales. Los primitivos orígenes del ser humano paseaban hambrientos por la superficie de nuestro planeta. Eran simples bestias muy parecidas a los monos, pero mas débiles e insignificantes. Expuestos al riesgo de extinguirse, el reino animal parecía no querer darles mayor oportunidad. Por azar se alimentaban, por azar se protegían. Ningún día, ninguna noche se encontraban completamente seguros. Parecían condenados a morir.

CATORCE

Y a pesar de su debilidad, entre ellos había desacuerdos y las rivalidades surgían constantemente. No se unían para superar sus flaquezas. El más fuerte, como los animales, vencía. El más poderoso de una horda luego se peleaba con el más poderoso de otro grupo que por allí llegaba con el fin de quitarles su comida o sus cuevas. Y en vez de unificarse, las dos tribus peleaban por la supervivencia. Se dividían y la Naturaleza triunfaba sobre ellos. Como con las bestias. Como todavía hoy, en nuestros días...

QUINCE

Pronto ya no fue el más fuerte quien dominaba, sino el más astuto, el que había aguzado su inteligencia y había observado mejor, tanto a la Naturaleza, como a sus congéneres. Así, el más conocedor y el más fuerte, se confabularon para dominar a su grupo y lanzarlo en contra de otros grupos que tenían más que ellos. Si triunfaban, sus súbditos se constituían en mayor número y los esclavizaban. El más conocedor y el más fuerte, ahora ayudado por su grupo original, mandaban sobre los conquistados. Y a fuerza de guerra, los intereses egoístas y comodinos de unos, se impusieron; como en los animales; sólo que con mayor refinamiento.

DIECISEIS

Un día los explotados se rebelaron y se produjo la lucha por tomar el poder o seguir en la esclavitud. Y siempre, desde entonces, como en un horrendo cuento de crímenes, la historia fue una tremenda lucha donde las guerra constantes detuvieron el avance prodigioso de la mente humana. Todavía hoy, enredados algunos en el afán de hacerse privilegiados, los hombres han perdido miles de años en distracciones animales, en pretextos asesinos, en vanidades fugaces. Despilfarrando el tiempo creador, no se pudo realizar en tantos siglos, en tantos milenios, lo que apenas desde hace trescientos años, asombrosamente se ha venido logrando: telescopios, microscopios, vacunas, medicinas, fotografía, trenes, aviones, astronaves, informática, cibernética, ciencia.

DIECISIETE

Sólo en épocas de relativa tranquilidad, algunos escasos humanos, de los millones que han vivido como simples animales, sin aportar nada a la cultura, se aproximaron a lo que hoy tenemos. Mientras casi todos se dedicaban al trabajo explotado para el beneficio de un rey cimentado en meras creencias y, en el descanso, a engañosas diversiones, algunos artesanos, ciertos agricultores, determinados curiosos, iniciaron el perfeccionamiento de la humanidad. El sitio no se puede precisar, pero en todos los rincones del mundo brotaron esas mentes iluminadas. Y ellos fueron los primeros que supieron la importancia de vivir en la paz. Y aunque en sus respectivos tiempos y lugares frecuentemente los consideraban locos, o soñadores, o magos, o filósofos, ellos, con el prodigio de sus mentes y con sus manos, con sus manos y mentes, hicieron surgir los rayos luminosos de lo que hoy conocemos con el nombre de cultura, base del verdadero ser humano. Ellos, practicaron la autentica misión que nos perfecciona: la creación.

DIECIOCHO

Para que exista cultura es necesario que haya paz. Las mentes del ser humano requieren meditar, contemplar, trabajar creadoramente y concentrarse en sus investigaciones, en sus inventos, en sus aplicaciones. Si hay guerra, se retrocede. Si hay paz, pero sin impulso cultural, se degradan y brotan los vicios, los crímenes inútiles, la estúpida rivalidad de pandillas. ¿Has presenciado alguna vez cómo se destruyen los energúmenos inconscientes en las barriadas de las ciudades por tonterías egoístas? ¿O también en los pueblos por defender fatuos e inútiles orgullos? Si se logra una paz donde se fomente la actividad cultural del ser humano, éste avanzará a grandes pasos para perfeccionarse como gran-de guía de la Naturaleza. Brotará una plena comprensión de todos y por todos. Será el triunfo del buen amar: la amistad, la entrega de lo mejor de uno, la verdadera solidaridad. Auténtica comunicación. Los hombres y mujeres de lo futuro, los humanos cósmicos, nacerán de la paz creadora.

DIECINUEVE

¿Y cómo ha de lograrse una paz constante? ¿Cómo alcanzar un mundo sin guerra? Compleja es la respuesta, pero no imposible de solucionar. Comienza por dominar nuestros impulsos destructivos. Sigue con la voluntad de comprender a nuestros semejantes. Continúa a través de la inteligencia, de la reflexión, de la sensibilidad y la acción de las palabras. Culmina venciendo nuestra vanidad, nuestro torpe orgullo y nuestros ridículos caprichos. Tal vez por culpa de nuestro egoísmo nos parezca difícil, pero si triunfamos sobre la violencia, obtendremos la más grandiosa paz: La paz interior, la paz que te permitirá ascender a las regiones de la mayor fuerza creadora y sentir el éxtasis de la plenitud, un algo como flotar, como la libertad total. Como amor sin límites.

VEINTE

Así, evitando la injusticia; dando a cada quien lo que su trabajo creador merece; no abusando del poder; despertando los motivos para superarnos en bien de nuestra comunidad; valorando y respetando el esfuerzo de cada quien; utilizando la inteligencia creadora; sabiendo ser libres para amar todo lo que nos rodee y contribuir a su perfeccionamiento, forjaremos la paz. Si amamos la Naturaleza y la cultura. Si amamos nuestro cuerpo y a la humanidad. Si amamos la vida del campo y de la ciu-dad. Si amamos el arte, la ciencia, la técnica, tendremos que amar la paz. Si amamos el bien, la verdad y la belleza asumiremos la comprensión que debe existir entre todos los humanos.

LIBRO X AMAR... SENCILLAMENTE AMAR...

Aquí, en orden y concierto, se concluye en cómo perfeccionarnos en la práctica del amar.

UNO

¡Qué enorme felicidad la tuya si vives en un hogar de amor! Cuídalo. No permitas que se apague. Deposítale las brasas de tu acción benefactora para que se vuelva eterno, porque hoy, más que nunca, el amor humano ha ido perdiendo fuerza y se ha debilitado hasta la agonía. Y aunque en todos los tiempos ha faltado amor entre la humanidad, en nuestros días necesitamos hacerlo resurgir con nuevos ímpetus para enlazarlo con el amor universal que late en cada rincón donde se manifiesta la energía creadora de todo lo existente. Ese es nuestro compromiso con la creación.

DOS

Y es que la palabra amar y lo que representa, aquello que en verdad debe hacerse, dar, sin esperar nada a cambio, no se corresponden con suma facilidad. Alguien puede decir que ama, pero nunca demostrarlo con acierto. O acaso confunda su práctica de amor con otras acciones que incluso lo llevan a logros contrarios. Y viven equivocados en lo que creen que es amar. Algunos piensan que se ama cuando se facilita totalmente el camino del triunfo y se logra tener fama de poderoso gerente o funcionario. Otros imaginan que cumplen amorosamente al dar todo lo que un capricho del ser amado exige y creen que con obsequios comerciales les han hecho el bien. Unos más pretenden que aman, porque sobreprotegen a sus seres queridos y no les falta nada material. Por eso cuando no tienen dinero en abundancia, sufren. Quienes lo tienen, se sienten emperadores del amor. No obstante, también llegan a sentirse desolados, aunque no quieran, a pesar de sus riquezas o su poderío. Y utilizan algunos artificios para huir de su miseria espiritual.

TRES

Las mayorías llegan a creer que amar es simplemente satisfacer el impulso de reproducción que todos los animales poseen para asegurar la supervivencia de sus respectivas especies. Olvidan que eso sólo es parte de la Naturaleza que nos impulsa a vivir para perdurar, pero que en los humanos funciona además, para despertar nuestra esencia creativa. Ignorando esto último, únicamente se quedan aislados en la esclavitud de sus sentidos, destruidos en un círculo vicioso del cual no quieren salir hasta que se dan cuenta: la vida así, mera biologicidad, ha terminado y la de ellos, fue inútil para la creatividad cultural que vivifica y nos aproxima a lo perenne. Muchos nunca toman conciencia de esto. Entonces mueren, a pesar de haber dejado muchos hijos o tesoros. Porque como sólo se dedicaron a explotar a los necesitados en pos de ganar dinero por el dinero mismo, dilapidaron su real fuerza creadora y sintiéndose engreídos gigantes, tan aparentemente altos, cayeron para siempre

CUATRO