Chapter 5
Así como el campo requiere de los productos nacidos en las ciudades, éstas necesitan de lo que en el campo se cosecha. No obstante, el campo, sin las ciudades, subsistiría; en cambio las urbes no podrían persistir en su ritmo creador sin el cultivo de la tierra. Por eso es obligación de las ciudades incrementar todo aquello que pueda beneficiar al campo y nunca olvidarse de él, pues es su sostén natural.
CATORCE
Pero también el campo tiene un compromiso con las ciudades. Si en las urbes se anida la cultura que ha de salvar al campesino de las enfermedades, con el envío de medicinas; o en la sequía, con el invento de sistemas de regadío; o de la ignorancia, con la educación a través de investigaciones, libros, técnica, ciencia y arte que se da en las normales, en las universidades y en los politéc-nicos, el campo tampoco puede abandonar a la ciudad. Ambos se complementan en la maravilla creadora de la vida humana.
QUINCE
Y así como el campesino, apenas amanece, profesa un grande amor por sus tierras, por sus huertos, por sus hortalizas, por sus sementeras, por sus sembradíos, así los seres humanos que han nacido y viven en las ciudades, deben valorar el alto compromiso que les da existencia. Amar la ciudad y amar el campo tienen diferentes finalidades, pero una misma motivación, el amor por la grandeza humana y su perfeccionamiento. Si la ciudad se destruye, se ponen las bases para la destrucción de la humanidad. Si se destruye el campo, se avanza en la destrucción de nuestro planeta. Muchos animales humanos han distorsionado las funciones de estos conglomerados sociales para erigirse detentadores del poder y cometer tremendas injusticias. Tú, humano joven, puedes contribuir a equilibrar nuestro grande y pequeño planeta azul.
DIECISEIS
Debes saber que las condiciones del campo, en ocasiones no son benéficas. Esto hace que los campesinos lo abandonen con la ilusión que la publicidad periodística y televisiva provoca en ellos, al hacerles creer que la vida de la ciudad es de riqueza y placer. La realidad es otra. Si en el campo algunas bestias humanas, sin misericordia explotan el trabajo del campesino, en las ciudades, otras peores alimañas se aprovechan de quienes viven en la urbe en pos de una esperanza. Esto suele suceder con todo el campesinado del mundo y en todas las ciudades de nuestra Tierra. Alguien debe comenzar a comprender la inutilidad de los poderíos frente a la verdad del universo. Tú estás en camino de hacerlo, hijo mío, hija mía, como todos los jóvenes humanos que se preparan para vencer su animalidad.
DIECISIETE
Mientras en sus pueblos muchos campesinos tienen extensiones adecuadas de tierra para trabajar, en la ciudad se reducen a la nada y pasan a ser víctimas de las ciudades perdidas; de las azoteas de inmundos edificios, de los sótanos de sórdidos caserones. ¿Y quién tiene la culpa de este desorden? ¿De este olvido de las respectivas misiones del campo y la ciudad? Indudablemente que quienes han olvidado los altos destinos de una urbe. Los que nada aman, ni la ciudad, ni el campo. Los egoístas que sólo piensan en salvarse ellos del hambre y la enfermedad, aunque a pesar de todo su dinero y sus trampas no lo evitarán. Por más que abusen del desvalido, un día la muerte cobrará sus regalías naturales. Ignoran que la violencia que engendra un mundo despojado de amor, los hará ser las primeras víctimas de sus ambiciones.
DIECIOCHO
Los fines elevados de una ciudad, has de saber, por tanto, radican en el fomento de la cultura. Si sus habitantes no pasan el tiempo en las labores del cultivo de la Naturaleza, sus obligaciones morales, los harán cumplir con actividades de organización, de distribución, de creación para la propia urbe y para el campo. Esto es lo que se ha olvidado y casi todo habitante de las ciudades ha perdido la noción del porqué de su vida urbana. Algunos piensan tontamente que son privilegiados que pueden ocupar sus ocios en una pérdida torpe del tiempo, aparentemente gozosa, sin culminar en la obra creativa. Despilfarran su grandeza humana. Por eso llegan a sentirse inútiles, vacíos, solitarios. Se suicidan sin saberlo; creen que viven.
DIECINUEVE
Amar la ciudad es entonces, sentir la alegría de saber que nuestros esfuerzos creativos se destinan a elevar la vida cultural y humana de los campesinos. Si tú vives en una ciudad, has de esforzarte para cumplir el alegre compromiso de superarte a través del estudio hasta llegar a ser un gran químico, o médico, o ingeniero. No olvides que casi todos los inventores de los grandes avances técnicos de la humanidad han vivido en las ciudades. Y aunque algunos se retiraron en ocasiones a vivir en el campo, fue luego de emocionarse con la gran satisfacción de haber contribuido al progreso del ser humano, tanto del citadino como del campesino.
VEINTE
La ciudad no es un mero centro de falsos progresos ni espejismos de diversiones para distraer a los tontos. Es una bella durmiente a la que hay que despertar con el amoroso beso de la responsabilidad, del conocimiento, de la voluntad y de la inteligencia. Amar la ciudad es respetar sus tradiciones, conocer sus leyendas, valorar la infinita gama de obras de arte que la adornan, cuidar de su limpieza y de su brillo, incrementar la justicia para sus habitantes y recrear en ellos la conciencia de enaltecerla con trabajo creador. Amarla es prepararse con la finalidad de superar las fallas de la bestia humana y transformarla en el grande universo que puede ser: reflejo del universo creativo que representa el gran teatro cósmico.
LIBRO VII AMAR EL ARTE
Aquí, en orden y concierto, se reflexiona en lo que significa el arte como lenguaje liberador y unificante.
UNO
Hoy amaneciste muy contento, tan feliz que no cabía el goce en tu cuerpo. Saltaste de la cama como pocas veces y tu alegría aumentó cuando viste la mañana esplendorosa de otoño. Sentiste un lindo estremecimiento que pareció recorrer hasta el más íntimo rincón de tus pulmones. Y suspiraste.
DOS
Luego recordaste que otra vez era tu cumpleaños y que por la tarde, al regresar de la escuela, festejarías con tu familia y los amigos del vecindario, los años de tu edad. Tu niñez avanzaba y tu adolescencia se iba acercando, o de plano ya te encuentras en ella.. Tal vez tus tíos te obsequiarían como siempre con un sabroso pastel; o tus padres prepararían una deliciosa cena; o tus amigos te darían la muestra de su estimación con alguno que otro regalito. Y sin saber por qué, te pusiste a tararear una canción. ¡Te encontrabas muy entusiasmado!
TRES
La frescura de las gotas de lluvia que caían de la regadera, te causaban una emoción muy agradable. Entonces tu tarareo se convirtió en el recuerdo de aquel canto que aprendiste en tu primero de primaria: Muy de mañanita cuando me levanto lueguito me baño y después me seco. Solito me visto. Me lavo los dientes. Busco mi pañuelo y qué fresquito estoy. Y al cantar, tu voz se confundía con el murmullo del agua tibia y la espuma de tu jabón. Después acaso seguiste cantando alguna melodía de moda. Esas que de tanto oírlas por la radio y la televisión llegan a encantarte. A muchos las canciones les han diseñado la vida para bien o para mal.
CUATRO
Cuando le comunicaste a tu maestra que era día de tu cumpleaños, ella que es tan comprensiva, como deben ser todos los buenos maestros, lo dijo a tus compañeros y entre todos te cantaron la mañanitas. Estas son las mañanitas que cantaba el rey David, hoy por ser día de tu santo te las cantamos aquí. Despierta mi bien, despierta, mira que ya amaneció. Ya los pajarillos cantan. La luna ya se metió. Formaban un coro muy alegre y sentiste junto con ellos un contento infinito. Sus claras voces te trasladaban a sitios como de magia, como esos que relatan en los cuentos maravillosos y sonreías.
CINCO
Y hasta se improvisó una fiestecilla. ¡Qué gratitud y beneplácito sentías! ¡Hasta te creías adorable como un Dios o como un héroe! Unos dijeron poemas para ti. Otros contaron chistes. Algunos hasta bailaron el más reciente número musical interpretado en el festival del día de las madres. Por supuesto que no faltó tu compañero guitarrista ni las flautas. Nadie se negó a cantar. Y es que en tu escuela no descuidan estas situaciones para dar rienda suelta a los sentimientos. Hacen felices a todos. Unas como campanitas te repicaban en el corazón.
SEIS
Cada uno de tus compañeros mostró su cariño hacia ti y se lució con alguna actuación. Querían comunicarte algo de lo que sentían. Así, una de tus compañeras que estudia ballet interpretó algunos graciosos pasitos con gran destreza. Semejaba un cisne que flotaba por un lago de aguas azules y transparentes. Luego se veía casi volar con el oleaje de sus brazos. Sus giros diluían el blanco color de sus ropajes en un brillante remolino. Y tu imaginación se envolvía con sus movimientos y con la música. Te llevaba por un fascinante deleite, extraño, muy extraño.
SIETE
Uno de tus mejores amigos, que le encanta dibujar, hizo un simpático retrato tuyo y fue un regalo muy aplaudido. Las líneas que con rapidez su lápiz había trazado jugueteaban con tu rostro y tu sonrisa. Tus mejillas brillaban de alegría y el colorido que le puso a tus cabellos, a tus ojos y a tus labios te hizo sentir como apareciendo en un espejo blanquísimo. Y de pronto descubriste que así era como te veía el cariño de su amistad. Todos aplaudieron al creador y a su personaje.
OCHO
Otro te modeló en plastilina y te pareció increíble y conmovedor el verte ahí, tan pequeñito en una escultura diminuta. La masa informe de pronto por obra y gracia de unas manos ágiles, fue cobrando tu figura. Con precisión diseñó el cuerpo; de inmediato hizo los rasgos de tu cabeza, configuró el uniforme de la escuela a la que asistes y terminó marcando los detalles que te distinguen. El asombro se transformó en un grito de admiración ante aquello semejante a un milagro.
NUEVE
Varios recitaron lindos poemas y hasta una obra de teatro se improvisó. ¡Cuantas risas provocaron las ocurrencias de tus compañeros! El pizarrón se convirtió de pronto en un telón de fondo. Algunos dibujaron un bosque, pues lo que se iba a representar ahí sucedía. Se improvisaron vestuarios con papeles, cartoncillos y mochilas. Una regla sirvió de espada y una caja de zapatos como escudo. Una toalla fue la capa de la princesa. Era un cuento muy gracioso transformado en comedia. Lo inventaron entre todos y terminaron haciendo una gran creación.
DIEZ
La maestra pidió a la dirección de tu escuela una camarita de cine y filmó toda la fiesta. Cuando después la vieron, el júbilo de mirarse en aquellas fotografías en movimiento y las carcajadas que estallaban por las escenas tan cómicas obtenidas espontáneamente, les hacía llenar el salón de clases con murmullos y comentarios aún más graciosos. Como que al verse cinematografiados, sentían que todo aquello podría durar más, hacerse eterno, pues cada vez que se quisiera, lo podrían ver.
ONCE
Así, algo especial tuvo ese día, y no sólo por ser tu cumpleaños, sino porque a través de variadas actividades te emocionaste y se emocionaron tus compañeros. Sentiste como si una armonía extraña te uniera a los demás del grupo. Como si algo los identificara en lo más profundo de sus seres. Como acaso pueden ligarse los seres humanos ante un dios. Y aunque no hubo la clase común, te dio la impresión de haber aprendido mucho y haber pasado unos momentos agradabilísimos. ¡Fantásticos! Exclamarías quizá.
DOCE
¡Si! Los instantes en los que nuestra imaginación vuela cuando bailamos, cantamos, pintamos, declamamos, hacemos maquetas de plas-tilina o de barro, y hasta teatro o cine, nuestra diversión no se queda en simple juego. Como que va mas allá. El tiempo dedicado a bailar, cantar, dibujar, pintar, actuar, modelar, filmar nos conduce a un mundo extraordinario en donde podemos decir algo de nuestros sentimientos, de nuestros pensamientos, de nuestras emociones. A través de ello, con sus distintas formas de hacerlo, manifestamos lo que vemos, lo que oímos, lo que vivimos, lo que reflexionamos, lo que quisiéramos que un público comprendiera. Además, se siente tan cosquilleante que los demás se emocionen junto con uno.
TRECE
Es algo parecido a jugar, pero que no se queda en lo fugaz; en lo que se hace y nunca vuelve. Un magnífico clavado, un estupendo gol, una impresionante carrera nos causan una gran emotividad, pero luego todo se vuelve recuerdo y nada más. En cambio, estas acciones de la danza, el canto, los poemas, los cuentos, las esculturas, las pinturas, la arquitectura, la fotografía, el cine pueden perdurar para siempre y las emociones contenidas en ellas, ser sentidas nuevamente por nosotros u otras personas en todos los tiempos y en todos los lugares. Por eso, no puede denominarse ni juego ni deporte, sino arte. Al jugar sólo intentas distraerte un poco para olvidarte de problemitas: que la tarea, que tus obligaciones, que el aburrimiento. Juegas y juegan; todos jugamos. El deporte es una extensión más organizada y reglamentada del juego. Si tú lo practicas resulta estupendo para tu control físico y mental. Si únicamente te aíslas para ser un fanático inutilizado, gritoneador y pendenciero, puedes llenarte de barriga y gorduras. Más profesional, se vuelve el negocio de la fugacidad. Por unos instantes te evades y tu cartera sufre las embestidas de la impaciencia, de las apuestas y de los fraudes. No obstante, la práctica de un deporte sirve para encauzar la energía animal que nos sobra, sin más allá que el momento. Suele tranquilizar-nos con el cansancio que provoca. En el momento de la acción está su principio y su fin.
CATORCE
El arte va más allá de ese instante del juego. Él hace que de una contemplación de armonías nuestro espíritu se solace en el dulce placer de sentirnos alimentados por algo no muy fácil de explicar para continuar la vida. Él nos impulsa, sin darnos cuenta, sin proponérselo, a mejorar y perfeccionar nuestros sentimientos, nuestros pensamientos. A través de las emociones que nos produce, el arte nos va transformando en seres humanos maduros. Por eso, el arte no es un juego, sino algo muy serio que, sin embargo, te hace sonreír grati-ficado. Después de apreciar una obra de arte, nunca serás el mismo, sino alguien que se ha superado. Alguien que ha recibido en su conciencia un mensaje a través de la comunicación estética que le envían determinadas formas creadas por un ser humano de un gran desarrollo sensible.
QUINCE
Mientras que los juegos, en ocasiones muy frecuentes, hacen surgir rivalidades, no sólo entre los individuos, sino entre los pueblos, el arte unifica y da las bases de la solidaridad humana. El arte rompe las barreras de los idiomas y abre las puertas para que la humanidad se con-temple en todas sus manifestaciones y se comprenda. A través de él nos asomamos a todos los seres humanos el mundo. Es por ello, el más trascendental de los lenguajes. Mucho o poco, el estremecimiento que nos provoca nos deja la sensación de haber crecido mentalmente.
DIECISEIS
Con las obras de arte entendemos lo que piensa y siente el ser humano en cualquier lugar del planeta. Su música, su canto, sus pinturas, sus esculturas, su arquitectura, su literatura, su cine, su fotografía nos comunican sus sentimientos, sus pensamientos, sus reflexiones, sus angustias, sus placeres, sus dolores, sus emociones. Y uno puede aprender tanto de ello. ¡Es la vida interna del gran ser humano que brota como resultado de su choque con la vida real y objetiva! Constituye sus anhelos, sus esperanzas, sus impresiones, sus percepciones de lo que los seres humanos viven en sus sociedades: lo justo o lo injusto; lo bello o lo desarmónico; lo verdadero o lo falso; lo bueno o lo malvado. Y sus rabias, sus furias, sus odios, pero también sus ternuras, sus intentos, sus amores.
DIECISIETE
Sin embargo, eso no quiere decir que no juguemos, por lo contrario, también se hace necesaria la distracción, pero sin tomarse a pecho esos heroísmos inútiles que sólo nos comparan al animal triunfador en un combate por dominar la manada de bestias. Recuerda como canta el gallo luego de derrotar al rival; como se crecen el perro, el búfalo o el chivo triunfadores. Únicamente son animales que se hinchan por el instinto de sobrevivencia; como son los más fuertes, su misión es proteger y defender a los demás, nunca abusar.
DIECIOCHO
Mas así como todos debemos ejercitar nuestro cuerpo en algún deporte, juego de los adultos, por cuestiones de salud, de igual modo debemos prepararnos para captar o manifestar-nos en alguna rama del arte. De esta manera podemos equilibrar nuestro perfeccionamiento y crecer armoniosamente para mejorar, no sólo nuestra persona, sino el ambiente donde nos toque vivir. Corazón mío, florecita mía, te espera la música, o la danza; la escultura o la arquitectura; la pintura o la fotografía; el teatro o la cinematografía; el diseño o la literatura. Allí están, a cada esquina de la vida aparecen y te llaman. Oye su voz bienhechora.
DIECINUEVE
Te imaginas que todas las calles fueran museos, ¡serían espléndidas! En vez de anuncios, ver cuadros de los grandes pintores que han existido; en vez de horribles postes, bellas reproducciones de las estatuas que todo los escultores de la humanidad han construido; en lugar de bardas, paredes, fachadas, muros pintarrajeados inútilmente, contemplar murales impresionantes de fantasías y realidades. ¿Te imaginas cuántos más nos comunicaríamos?
VEINTE
El arte fortifica la conciencia y amándolo, nos brinda el más profundo de los dones, la entrega de respuestas a nuestras inquietudes emocionales. Estés alegre o triste, el arte te ofrecerá los caminos para encauzar tus sentimientos. Una canción, una pintura, una escultura, una película, un poema, una obra de teatro, un ballet, son los múltiples brazos que el arte te brinda para arrullarte y hacerte sentir plenamente amado. Y si recuerdas que amar es cuidar, conservar, perfeccionar, correspóndele tú también con creación de bellezas que den un mejor sentido a la vida humana, sea urbana o campesina, y la deleiten en sus horas de meditación y reposo. En ti también hay un artista; ámalo cultivándolo.
LIBRO VIII AMAR LA CIENCIA
Aquí, en orden y concierto, se refiere el porqué de impulsar desarrollos científicos que traen por consecuencia el perfeccionamiento del saber.
UNO
¿Te acuerdas del día en que amaneciste con tu salud por los suelos? Temblabas y te dolía mucho la cabeza. Tanto era tu sufrimiento que lloraste desconsoladoramente. Hasta ni parecías tú, siempre tan valiente, tan entusiasta, tan amante del juego y de la broma. Tus padres de inmediato llamaron al médico y con una serie de extraños aparatos, revisó tu cuerpo, que para esos momentos lo sentías muy débil. Tu mirada era tan triste que conmovía. No podías ni sostener el brazo en alto y como que todo te daba vueltas. Querías mantener siempre cerrados los ojos.
DOS
¡Qué lindo el amanecer cuando sanaste! Estaba un poco nublado, pero a ti te pareció hermoso el día. Tal vez como el primer día en que el mundo se inició en algún paraíso. Todo lucía entonces con colores rutilantes y como nuevo. Al asomarte a la ventana todo te parecía hermoso, hasta aquello que antes te disgustaba. Habían desaparecido los malestares, la fiebre, los dolores, el horrible mareo; y aunque te sentías aún un sin fuerzas, tu sonrisa iluminó de alegría a tus familiares. La casa, como que también se había pues-to alegre. ¡Te habías aliviado!
TRES
¿Y te has puesto a pensar en los niños o niñas qué como tú, diariamente enferman? ¿O en los hombres y mujeres que han perdido la salud de pronto? Hoy sabes que gracias a los conocimientos médicos que se tienen, se logra que sanen. En laboratorios muy modernos se producen medicamentos que ayudan a contrarrestar enfermedades. Algunos tienen forma de pastillas que a pesar de atragantarte en ocasiones te hacen sentir mejor; otros son líquidos amargos sí, pero te curan, o pomadas que a veces parecen arder en tu piel. Con frecuencia se inyectan y muchos padecen pánico ante las enorme jeringas y sus finísimas agujas. El pulsar de su dolor te ha hecho gritar, mas casi siempre nos ayudan a aliviarnos.
CUATRO
¿Sabes quiénes preparan las medicinas? Sin duda que sí: Los Químicos. Ellos tienen esos conocimientos que permiten descubrir los elementos, las partecitas, que por obra y gracia de la energía creadora, forman los seres y objetos que existen en el mundo. Entienden de sus maravillosas combinaciones y disfrutan el privilegio de saber donde pueden encontrarlas para el bienestar humano.
CINCO
Por medio de la química se pueden elaborar no sólo las medicinas que nos curan cuando enfermamos, sino también muchas cosas más: alimentos, vacunas, fertilizantes para que la tierra produzca más y hasta objetos, como los plásticos. Combinando los elementos que ella descubre, se obtienen prodigios. Por eso los primeros químicos que existieron, decían que eran magos. ¡Maravillas de la química!
SEIS
No obstante, tú no hubieras sanado, si no hubiera sido por los conocimientos que se tienen de nuestro cuerpo. Si no se tuviera la noción de lo que es la presión arterial de la sangre; de dónde está nuestro pulso, nuestro corazón o nuestros pulmones; si se ignora la relación que existe entre el hígado y el estómago; o entre nuestro cerebro y nuestros nervios; o si no se supiera como se llama cada uno de los huesos que forman nuestro esque-leto; o para que funcionan nuestros músculos, no podríamos salvar la vida cuando por un accidente o una enfermedad peligra. Estaríamos siempre al borde mortal de un precipicio a donde los seres humanos caeríamos irremediablemente.
SIETE
Hoy, gracias a las observaciones de los grandes hombres estudiosos, a su curiosidad, a su dedicación, a sus desvelos, se ha podido describir nuestro organismo y el de los vegetales; y el de los animales. Todo ser vivo ha podido ser conocido; hasta los peligrosos y traidores microbios. Verdaderos héroes de blancas batas tras los microscopios han descubierto vacunas para controlarlos y evitar las mortandades que en la antigüedad eran frecuentes. Y aunque todavía nos falta mucho para saber tanto, los conocimientos día con día crecen, a pesar de las dificultades que ciertos humanos adinerados, pero sin conciencia, oponen a las investigaciones negándoles ayuda financiera. A mí no me atañe, dicen algunos, hasta que en-ferman ellos o alguno de sus seres queridos. Sobre de esos poderosos egoístas, los grandes hombres persisten en su afán de conocimiento.
OCHO
Así, la anatomía nos hizo conocer las partes de que consta nuestro cuerpo. La fisiología ha descubierto cómo y para qué funcionan. La higiene nos dice cómo mantener sano y limpio nuestro organismo. La medicina, con ayuda de todas ellas y de la química, cómo curarlo cuando enferma. Gracias a esos conocimientos que constituyen las ciencias, los humanos podemos combatir nuestros males de salud. Además, la nutriología nos ha hecho saber lo que ha de hacerse para mantenernos fuertes por medio de una adecuada alimentación.
NUEVE
Los hombres primitivos perecían fácilmente, como animales, ante cualquier enfermedad. Un simple catarro se complicaba y eran fácil presa de la muerte. No podían dominar lo que hoy la química sabe o lo que la biología enseña. Todo era cuestión de azar para ellos. A veces atinaban a curarse tomando alguna hierba, o fruto; en otras por mera resistencia física. Esos pequeños descubrimientos los hacían pensar, meditar y conservarlos.
DIEZ