Amar... sin importar el sexo

Chapter 2

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Hubo una vez un niño que al despertar en cualquier noche, cuando abrió los ojos, se encontró al fondo de una enorme cueva tan oscura que sintió miedo; mucho miedo; tanto como en esos momentos en los cuales nos hemos sentido abandonados. Un murmullo desconcertante, primero, y un ruido espeluznante después, lo habían traído del reino de los sueños. Solitario sin más, apenas si veía entrar extrañas luces rojizas por la boca de aquella caverna donde dormía. Las tinieblas que lo rodeaban se vestían fantasmales en cambiantes e incomprensibles figuras que todo lo envolvían y provocaban que el pequeño comenzara a sentir una temblorosa emoción nunca antes experimentada. Como pudo, a tientas, se incorporó, pero no podía tenerse en pie y casi a rastras, fue aproximándose a la entrada tambaleantemente y se asomó invadido de temor. Lo que vio, le produjo más terror que la penumbra.

DOS

Allí, casi frente a él, un gigantesco volcán lanzaba torrentes de llamas y de lava por su cráter. Su erupción enrojecía los cielos y un tronido incesante parecía que iba a romper la tierra. Todo arrasaba a su paso, los árboles caían como pajas insignificantes. Las descomunales bestias eran devoradas por aquellos líquidos espesos e incandescentes donde el niño vivía. Y éste, grito aterrado y lanzó al aire unas voces que mas bien parecían gruñidos de bestia acorralada. Pero nadie atendía a su pánico desgarrador.

TRES

Había visto a sus padrecitos y a sus madrecitas que venían corriendo a la cueva donde él se asomaba. Desesperado hubiera querido salir velozmente de ahí y bajar a su encuentro, pero el pánico se lo impidió. Algunos de los suyos caían como simples hormigas bajo las tórridas lavas que los alcanzaban. Sus alaridos estremecían... Y él, nada podía hacer por ellos. Y ellos tampoco. Nada había que lo protegiera.

CUATRO

Los seres humanos eran entonces tan insignificantes, que solo unidos podían salvarse de tantos peligrosos. Ocultos en cavernas lograban escapar de algunos saurios que aun en aquellos tiempos sobrevivían o de los tigres dientes de sable y otras bestias. Por eso los pocos que alcanzaron a llegar a la cueva, se introdujeron tan al fondo, que amontonados, su corazón parecía uno solo y aterrado palpitaba. El niño estaba también temblando, acurrucado con ellos. Con su horda.

CINCO

De pronto el niño sintió hambre, pero nada había de comer. Solo una de sus madrecitas le entregó un hueso para roerlo un poco. Uno de sus padrecitos le dio un pedazo de fruta. Y aunque era poco, aquello le pareció delicioso. Afuera el terror de la erupción seguía causando terribles estragos entre todas las plantas y animales. El niño y los suyos habían logrado escapar de aquella catástrofe y se sentían más o menos seguros en el seno de aquel monte.

SEIS

¿Has pensado alguna vez que lo que ahora miras a tu alrededor se ha logrado con mucho esfuerzo y a través de miles de años? Hoy no vives exactamente como el niño de nuestro relato. Y aunque a veces hay catástrofes: inundaciones, terremotos, ciclones, ondas gélidas, el ser humano se encuentra listo para controlarlas gracias a conocimientos que ha obtenido con el paso de su esfuerzo. Primero fue por simple experiencia, pero después por voluntaria investigación. Y por supuesto que murieron muchísimos hombres, mujeres y niños antes de lograr explicar el por qué de algunos fenómenos y buscar la manera de controlarlos para salvar a la humanidad. Esta búsqueda de saberes, aún no termina. Acaso nunca acabará.

SIETE

Hoy tú puedes ver tranquilo o tranquila la televisión, escuchar la radio, oír un disco, disfrutar de un video o de una máquina de juegos. Si deseas, la comida está disponible en el refrigerador o en la tienda; en el mercado o en el súper. Si tienes sed, el agua está en el jarrón, en la olla, en el botellón, en el purificador, en la llave o en algún jugo o refresco. Ante la oscuridad, hay luz que te proporciona el foco, el gas neón, y hasta una veladora. Si quieres ir a algún lugar lejano, a tu servicio está el autobús, el ferrocarril, el avión, el barco, y hasta una bicicleta. Y aunque humilde, por lo menos tienes un cuarto donde dormir con más o menos seguridad. ¡Ya no es una simple caverna! A tu lado la internet te conecta con todos los rincones del mundo y a través del correo electrónico puedes comunicarte con quien tú quieras, inclusive para pedir auxilio.

OCHO

Y por supuesto que podrías comentar: ¡No es cierto! Hay muchas personas en el mundo, a veces pueblos enteros, que aún no poseen lo necesario. No tienen luz ni comunicación ni transporte. Se encuentran aislados. En ocasiones ni alimento suficiente ni agua en abundancia poseen. Y tendrás razón. Mas en ello radica nuestra gran responsabilidad como seres humanos del siglo XXI. Todavía no se logra que la humanidad total sea dueña de aquello a lo que tiene derecho por obra y gracia de su esfuerzo creador: alimento, vestuario, curación y casa. ¡Y es que como algunos pueblos tienen más y otros casi nada! Parecerá justo entonces equilibrar la distribución de los bienestares que niños, niñas, ancianos, ancianas, mujeres y hombres del mundo merecen. Pero a veces, el rugido de las bestias de la época de la erupción parece no haberse liquidado y subsistir aún en nuestros días.

NUEVE

Una de las soluciones, entre otras, se encuentra en la cultura. Todo lo que el hombre ha hecho para transformar la naturaleza y dirigirla en bien de la humanidad se denomina cultura. El hombre sin cultura, no es más que la insignificante bestia que huía de la erupción y se refugiaba en la cueva. No es más que el hombre que arrebataba por instinto las sobras de un animal destrozado y a fuerza bruta, salvaje, se imponía sobre la horda. Tal cual los animales aseguran voluntariamente su conservación, actuaban aquellos hombres del pasado. ¡Eran pobres animales humanos! Débiles, ignorantes, sin más apoyo. Como los irracionales carecían de alternativas. Todo era por instinto. Pero hoy... La flora y la fauna siguen tan esclavas de la naturaleza que no se pueden levantar sobre ella por obra de su sensibilidad, inteligencia creadora y voluntad, para tener conciencia de ello, dominarla y dirigirla para su propio bien, sin destruirla. Solo el ser humano se ha superado por obra de su buena acción y su trabajo creativo.

DIEZ

¿Has visto alguna vez a un elefante construyendo una nave espacial? ¿O te has enfrentado con un león que busca tras de un microscopio al causante de alguna enfermedad? ¿O a una rata que realiza una preciosa sinfonía o dirige a una orquesta? ¿Has observado a lobos que inventan un telescopio? ¿O a tarántulas que escriban obras de teatro? ¿Has descubierto alguna jirafa que construya un rascacielos o pinte un mural? ¡Solo en las caricaturas que ves en el cine o en la televisión! En la fantasía todo puede ser; en la realidad, sólo el ser humano creativo, puede efectuarlo. Y tú eres un ser humano. O por lo menos queremos que lo seas.

ONCE

Cuando tienes hambre, cuando tienes sed, cuando tienes miedo, es la voz de la Naturaleza que te recuerda nuestro origen animal. Cuando sientes impulsos de apropiarte a golpes de algo que no es tuyo; cuando quieres dominar e imponerte por la fuerza a tu grupo, con tus familiares o con tus amigos, es la voz de la Naturaleza que te recuerda nuestro origen animal. Cuando tienes ganas de defecar u orinar, o vomitar y estas enfermo, es la voz de la Naturaleza que te recuerda nuestro origen animal. Y así como antes la lava de los volcanes arrasaba todo, aún la Naturaleza puede dominar de tal modo, que nos muestra la pequeñez del hombre animalizado. Solo hay un camino, una esperanza, una oportunidad: LA CULTURA. ¡Sencilla es la respuesta!

DOCE

La cultura nos va transformando. Los impulsos animales se controlan y se dirigen gracias a nuestra voluntad hacia una solución creadora; en el arte, en la ciencia, en la técnica, en la filosofía. Nuestra base es animal, sí, pero aprendiendo a dominarla, a dirigirla, a encauzarla, la humanidad se eleva a tal altura, que por algo es la única que llega a parecerse a la Naturaleza: creadora y transformadora. Sólo cuando la animalidad se presenta, la humanidad retrocede. La injusticia, la ambición egoísta, el afán de poder, la hipocresía, el crimen, el engaño, el robo, la violencia, son algunas de las caras de la bestia humana. La cultura nos crea la conciencia de cómo evitarla.

TRECE

Un ser culto ama la Naturaleza y la Naturaleza le responde con amor. El animal común vive sin tener conciencia del eslabón del que forma parte y ni destruye ni construye; sólo vive y sin darse cuenta contribuye a la supervivencia de todos los seres que pueblan la Naturaleza, inclusive el hombre. El animal humano es inculto: Odia la Naturaleza y ésta únicamente le responde como se merece: sequías, inundaciones, ondas gélidas, alteración climática. El animal humano mal usa todo lo que el humano culto aporta para el bien de la Naturaleza y sus seres. Incluso la humanidad. Por eso existe una eterna lucha entre el animal humano y el humano culto. ¿Quién ganará? Tú formas parte de quienes van a decidirlo.

CATORCE

El animal humano contamina, vuelve desiertos los bosques, mata por el placer de jugar a la cacería, ensucia la tierra y el agua. El humano culto siembra árboles, tiene el cuidado de no manchar ni el aire ni el paisaje; ama la naturaleza que lo ha convertido en su prójimo. El animal humano hace guerras, siempre injustas, tan sólo para imponer su egoísmo y vanagloriarse de lo que él individualistamente piensa como lo único válido de hacerse. El humano culto despliega una actividad sin limites para extender el gusto por lo que engrandece a la humanidad. El animal humano utiliza negativamente el progreso tan sólo para explotar y dominar a los demás animales humanos. El humano culto crea ciencia, arte, técnica, filosofía para transformar a los animales humanos en humanos cultos. El animal humano no admite crítica objetiva a sus acciones nefastas. El humano culto se da cuenta de los malos pasos y con su ejemplo creativo lucha por el bien de la humanidad.

QUINCE

La cultura no es presunción ni pedantería ni ostentación. La cultura no es una memorización vanidosa de datos y fechas o curiosidades sin aplicación. Para eso, el humano culto ha diseñado las computadoras; ellas cargan los datos que se requieran y que sólo sirven de fatiga inútil al humano culto. La cultura es una aplicación de los mejores conocimientos y experiencias a la perfección de la Naturaleza, de tu naturaleza; de la humanidad, de tu humanidad; y de la propia cultura, tú propia cultura. La cultura constituye una incesante y mejorada creatividad que se da en todos los pueblos del mundo. Cada pueblo da su versión de ella y es nuestro deber comprenderla.

DIECISEIS

La cultura nace de las manos y la mente del animal humano a partir de sus necesidades vitales y sus acciones de trabajo. El animal humano primero descubre las posibilidades infinitas de sus manos, de sus dedos. Luego se da cuenta de las aún más infinitas posibilidades de su mente y las primeras ma-nifestaciones se dan desde regiones de su cuerpo: sus brazos, su piernas, sus ojos, sus gestos, su boca. Cuando llega a hablar y a escribir, crece, crece, crece. Una lengua es el instrumento del trabajo de su mente y sus manos, son el gran instrumento para aplicar lo que su mente crea, diseña, juzga, piensa, siente, desea, representa. Amar la cultura comienza pues, con el amor al trabajo de las manos y al trabajo de la mente. Amar la cultura continúa con el cuidadoso uso del habla, del idioma, de tu lengua, de los lenguajes. Amar la cultura se concreta en los objetos creados para el beneficio de todos: los objetos técnicos, los objetos científicos, los objetos artísticos.

DIECISIETE

Amar la cultura es amar al verdadero ser humano. Amar la cultura es valorar todo aquello que el hombre y la mujer han realizado para el beneficio de la humanidad a través del tiempo que han vivido y que se llama historia. Amar la cultura es amar la ciencia. Amar la cultura es amar el arte. Amar la cultura es amar la técnica. Amar la cultura es amar la humanidad. La cultura es el más grande producto que creamos los seres humanos.

DIECIOCHO

Pero el animal humano a veces intenta destruir la cultura y de hecho lo ha logrado en múltiples ocasiones. Por ejemplo, ¿qué elegirías tú?: Piensa en un grande y antiguo edificio de enorme belleza arquitectónica en el centro de una ciudad histórica. A algunos les gustaría verlo derrumbado para construir espacios destinados a oficinas, a una plaza comercial o a un lujoso hotel. Otra gente querrá conservarlo tal cual es, como un preciado legado del ayer. A unos más les agradaría que se derribara una parte para que se levantara uno nuevo en sus alrededores. Acaso un cuarto grupo propondría organizar un análisis en torno a lo que se debería hacer con el edificio. Según lo que elijas, serás un simple animal humano o un humano culto. Ahora imagina un hermoso lugar donde el silencio y la calma parecen obra de magia. Un lugar donde bosques, creaturas y ríos son libres. Alguna gente no le importará dañarlos para hacer negocios. Otra querrá cortar los árboles maduros, pero sembrar nuevos y construir carreteras y rutas de acampar con el propósito de que mucha gente acuda a oír el silencio y sentir la calma para su regocijo. Otro grupo deseará conservar el desierto tal cual es, libre y sin cambios, lejos del escándalo público. ¿Tú qué elegirías? De acuerdo con tu capacidad de elegir, serás animal humano o humano culto. Y esto es ser libre. El humano culto sabe utilizar la libertad. El animal humano la degrada.

DIECINUEVE

Si elegiste ser un simple animal humano, lo que te depara el futuro es la destrucción. La muerte total. La naturaleza cobrará muy cara tu animalidad. Si eliges ser humano culto, estás en camino de ser eterno, de nunca morir, porque tu obra de científico, de artista, de técnico, de filósofo, quedará escrita en el gran libro de la cultura que todos los humanos cultos, de todos los planetas por venir, valorará. Ellos te rendirán homenajes y te enviarán siempre sus bendiciones por haber contribuido a salvar a la humanidad de la destrucción a la que los animales humanos la estaban orillando a fines del siglo XX. Y todavía en el XXI. Por eso, tratar de ser culto en el sentido que he intentado explicarte, bien vale una vida.

VEINTE

Amar la cultura es un precioso reto. Una oportunidad enaltecedora. A veces es difícil, cuesta mucho esfuerzo, pero sus logros son espléndidos. Dará un gran apoyo a tu mundo interior y al compartirlo con el mundo de los demás, comprenderás que el mundo de la cultura es el mundo de la mayor felicidad individual dentro de la mayor felicidad colectiva. Amando la cultura serás justo en tus acciones. Amando la cultura evitarás las ambiciones superfluas. Amando la cultura te fortificarás y descubrirás su divinidad. Amando la cultura, que es hacer cultura a la vez, podrás ser eterno.

LIBRO III AMAR NUESTRO CUERPO

Aquí, en orden y concierto, se explica el porqué la salud es la base de nuestro perfeccionamiento.

UNO

Hoy, como siempre, te levantaste muy temprano y te pusiste a tratar de perder el tiempo, pues cuando estás de vacaciones, no tienes la preocupación de asearte rápidamente para ir a la escuela ni de salir corriendo y menos de abrumarte con ciertos obstáculos que con frecuencia aparecen en el camino. ¿Te acuerdas de ellos? Así que no pensaste ni en darte una ducha ni levantarte las manos o los dientes. Dejaste que una sabrosa flojera te llevara rumbo a la televisión, a tu tocadiscos o a tus video-juegos favoritos; y sin otra cosa que hacer, iniciaste un divertido día. ¡Al fin que tus padres aún se encontraban durmiendo! Mejor ni despertarlos. Con eso de que luego comienzan los regaños...

DOS

Las horas pasaron y comenzaste a sentir hambre. Como aún no estaba listo el desayuno, fuiste a tu cajón preferido y sacaste una sarta de golosinas que ahí guardas para estas ocasiones. ¡Que ricos se veían los dulces! ¡Y los panecillos azucarados que tanto anuncian en la tele! ¡Qué importa que no te sirvieran leche, al fin que allí había el jugo negro de un refresco embotellado! Y disfrutando de esa basura alimenticia, te sentiste feliz. Acaso tan feliz como aquellos que saben cuánto la consumes...

TRES

Si te pones a pensar, lo que a veces comes resulta como si le pusieras simplemente agua a un coche para que caminara. ¿Podría arrancar con eso? ¡Claro que no! El automóvil necesita gasolina y aceite para andar. Esto es lo que verdaderamente lo alimenta. La gasolina es su energía que lo mueve y el aceite le permite echar andar su máquina. Con la gasolina el auto arranca; el aceite circula y ayuda a facilitar el movimiento de muchos tubos y tuercas. Además, requiere de una gran fuente eléctrica para iniciar el movimiento de su gasolina y de su aceite. Necesita una batería. Si el coche no la tiene y no se le pone gasolina, no marcha y si no lleva el aceite adecuado, tronaría.

CUATRO

Tú también tienes una maquinaria y es la más bella que hay en el universo. ¿Sabes cómo se denomina? Su nombre es cuerpo. Y si a tu cuerpo no lo alimentas bien, no va a funcionar como el coche al que sólo le pusieran agua. Mas no creas por eso que tú vas a tomar gasolina para arrancar. Tú necesitas otras fuentes de energía superiores: leche, huevos, pollo, carne de res, pescado, fruta, arroz, maíz, trigo, queso, crema, agua, verduras; incluso frijoles y otras hierbas. Todo eso es lo que va a hacer de tu cuerpo, un cuerpo fuerte y sano. Tal vez impresionantemente duro o musculoso ¿Te gustaría causar admiración como deportista de gran potencia? No te niegues ese reto.

CINCO

Para que tu cuerpo esté fuerte y sano, necesitas aprender a cuidarlo. Si le das una buena alimentación, un vigoroso ejercicio constante, una limpieza cotidiana, nunca enfermarás fácilmente. Y si acaso te llegaras a enfermar, te aliviarías con mayor rapidez. ¿Quieres estar enfermo? Por supuesto que no. Sólo recuerda las ocasiones en las que tu salud se ha vuelto precaria, en las molestias que te ha dado, en lo que has perdido. Entonces no ignoras lo que debes hacer. Sí. Exacto. Cuidar tu cuerpo, es decir, quererlo, amarlo. Por tu propia voluntad, con tu propio convencimiento, con base en disciplina y control, lo harás resistente a la fatiga, a las inclemencias del tiempo, a las enfermedades.

SEIS

Ponte frente a un espejo y mira la maravilla de la que eres dueño o dueña. Observa tus cabellos, tu cara, tus ojos, tus cejas, tus pestañas, tus oídos, tu nariz, tu boca, tus labios. Contempla tus dientes, tu lengua, tu garganta, tu cuello, tus hombros, tus brazos, tus manos, tu pecho, tu estómago, tus piernas, tus pies. Moreno, blanco, negro, rubio, cobrizo o apiñonado, tu cuerpo es de los bellos ejemplos de la humanidad. En él palpitan siglos de esfuerzos para ser mejores y perfeccionarse. En él se acumulan los sueños de una más grandiosa y elevada etapa del universo. No lo dudes. ¡Posees un fascinante cuerpo! Es tu gran propiedad. No permitas que te lo destruyan con engaños nutritivos.

SIETE

¿Y a quien más va a importarle tu cuerpo, si no es a ti? Podrás decir que a tu papá o a tu mamá; tal vez a tus hermanos, a tus tíos o a tus abuelos. Y estará bien. Pero quien más deberá apreciarlo eres tú...

Sólo tú puedes amarlo como nadie.

Si aprendes a cuidar tu cuerpo no te dolerá la cabeza; tus dientes estarán sanos; tus oídos no te arderán; tu piel no tendrá ronchas ni comezón; tu nariz evitará el catarro y tus manos y tus piés te ayudarán fácilmente a jugar, a caminar, a correr, a nadar y a explorar... Si tu cuerpo está sano, tendrás muchas ganas de conocer el mundo, de saber qué hay en él por dondequiera, de explicarlo, de ver cuan grande y sorprendente es.

OCHO

Tú cuerpo se pone en contacto con el mundo a través de los sentidos. Los sentidos son como el volante de un coche. El volante dirige al auto por las calles, por los viaductos, por las carreteras, por los caminos. Tus sentidos te dirigen por el mundo. Los sentidos que te guían son los ojos, los oídos, el olfato, el tacto, el gusto, el equilibrio y el sentir dónde está uno. ¿Dónde estás tú ahora? Tal vez en una recámara, en la sala, en el estudio, en la calle, en la escuela o tal vez en el jardín o en el campo y allí donde estés, está contigo tu cuerpo, el magnánimo amigo al que debes cuidar, pues siempre está contigo. Hacer esto con tu cuerpo es aprender a conservar sanos tus sentidos. La gran labor cultural de la humanidad requiere de cuerpos sanos. Son los grandes templos de su mente. Y tu cuerpo es el magnífico templo de tu mente. Adóralo.

NUEVE

Siempre que te encuentras despierto, usas tus ojos para ver y ellos son probablemente los más importantes de nuestros sentidos. Hay muchas cosas que tú no podrías efectuar, si no pudieras ver. Los ojos son como rápidas cámaras fotográficas que todo lo retratan. Con tus ojos sanos podrás ver claramente las flores, las estrellas, la luna, las montañas, los pajarillos, las mariposas; y los grandes murales y los enormes puentes; y las bellísimas edificaciones, las impresionantes esculturas, los admirables decorados. Si no cuidas tus ojos, no podrás ver caricaturas en la televisión, ni ver películas en el cine. Por eso, cuida tus ojos, ayúdalos. No frotes con las manos sucias tus párpados ni les eches líquidos que los lastimen; ni arena ni tierra. Tus ojos son el sentido que orienta tus caminatas y te dan el goce de disfrutar silenciosamente del mundo bello que te rodea. El placer de contemplar desde tu mente. Piensa en lo triste que sería no darte cuenta de todo lo sorprendente que nos circunda: la Naturaleza, la civilización, el arte.

DIEZ

También nuestros oídos nos guían, nos informan de la quietud y del sonido; de la calma y del escándalo; de los murmullos y del ruido. Si no aseas adecuadamente tus orejas, el oído que protegen, se entorpecería. Las orejas son como sus guardianes que deben estar siempre limpias. Los oídos te avisan de lo que a veces no se ve de inmediato. Si no los cuidas, dejarás de escuchar la voz del universo. No podrás oír música ni cantos ni trinos. Tampoco el soplo del viento, la caída de la lluvia, el rumor del oleaje, el murmullo de los manantiales o de los riachuelos. Desconocerías la voz de tu papá, de tu mamá, de tus hermanos, de tus abuelos, de tus tíos, de tus amigos, de tus seres emocionantes... Aprende pues, a amar también tus oídos. Son tus internos audífonos naturales y no necesitas ningún cable para conectarte, a pesar de todo, al maravilloso mundo donde vivimos.

ONCE

Y si descuidas tú nariz, no podrás oler el perfume de las flores ni la sabrosa comida que te alimenta. No podrás oler las manzanas ni las ciruelas ni los limones. Tampoco te darás cuenta del algunos peligros silenciosos y que no se ven. Sólo a través del sentido del olfato podrás notarlo. El gas que se escapa. El mal olor de las cañerías. Algún líquido intoxicante. Importante es entonces darle higiene a tu nariz, también ella te guía como el volante al automóvil. Mantenla limpia, lávala, usa pañuelo o papel higiénico para darle el cuidadoso aseo que merece. La nariz siempre nos adelanta lo que puede venir. Olfatea. Ella nos guía en el laberinto de los olores.

DOCE