Chapter 1
Ensayos Para Niños, Adolescentes Y Adultos Con Mente Joven.
Aquí, en orden y concierto, se intenta explicar con unas cuantas palabras, algunos porqués fundamentales de la vida y las razones factibles para perfeccionarnos como seres humanos.
Primera Edición 1987.
A MIS HUEHUETZIN (reverendos abuelos) QUE CON SUS TLAHTOLLI (sabias conversaciones) ME HICIERON COMPRENDER    LA TERNURA  Y   LA HUMILDAD.
{|width="100%" | | align="right" | Página |- | Libro I. Amar la Naturaleza | align="right" | 5 |- | Libro II. Amar la Cultura | align="right" | 25 |- | Libro III. Amar Nuestro Cuerpo | align="right" | 41 |- | Libro IV. Amar la Humanidad | align="right" | 57 |- | Libro V. Amar el Campo | align="right" | 71 |- | Libro VI. Amar la Ciudad | align="right" | 87 |- | Libro VII. Amar el Arte | align="right" | 103 |- | Libro VIII. Amar la Ciencia | align="right" | 115 |- | Libro IX. Amar la Paz | align="right" | 127 |- | Libro X. Amar, sencillamente amar | align="right" | 141 |}
LIBRO I AMAR LA NATURALEZA
Aquí, en orden y concierto, se intenta explicar para qué evitar la contaminación y conservar el equilibrio ecológico.
UNO
Imagina que eres un astronauta volando en la inmensidad del espacio y desde los controles de mando de tu nave contemplas cómo se extiende incontrolable por todos lados, el Universo. Semeja una infinita ciudad de galaxias tejida con estrellas, planetas, satélites, aerolitos, cometas y millones de creaturas más, en perpetuo movimiento. Parece imposible siquiera vis-lumbrar paredes que la detengan. Es inconmensurable. Allí... entre sus espaciosas avenidas, ves de pronto flotar una enorme casita azul; enorme para nosotros cuando nos encontramos en ella; casita, para la descomunal urbe cósmica donde pasea. Le decimos Tierra y es nuestro hogar; un hogar formado por miles de hogares que habitan los más diversos seres. Hasta en los rincones más escondidos se han construido. Desde las alturas por donde vuelas, no los alcanzas a distinguir, sin embargo, forman la vida: todos, vegetales, animales, humanos, poblamos este lugar mineral donde hemos nacido. Es nuestro total hábitat y quisiéramos que en verdad fuera... un dulce hábitat.
DOS
Y ahí va nuestro planeta... inmerso entre las multitudinarias lumbreras del cosmos indominable. Sigue una eterna ruta, aparentemente la misma que navega la estrella alrededor de la cual gira, cual encadenado. En el espacio se ve tan diminuto como un granito de arena perdido en un desierto. Es un planeta azul, o como dice una vieja canción, pintado de azul, y esto lo distingue de los demás por tanto oxígeno que lo rodea y lo modela. Él le colorea su atmósfera y le hace ver de azul los mares: azules e infinitos mares… sin embargo pequeñísimos en relación con las dimensiones del universo. Y como el agua es lo que abunda en la Tierra, agua y oxígeno nos dan la vida. Y el agua corre desde frescos manantiales y se va transformando en arroyuelos, en arroyos, en ríos, en cascadas, en mares, en océanos. A veces se queda quieta en los lagos o en las lagunas; en los estanques o en las presas; en los charcos o en las fuentes. En otras, cuando el calor arrecia, se hace vapor y se eleva convertida en blancas nubes que al refrescarse, tiran sus grises abanicos y descienden hechas lluvia. Entonces baja de los cielos, entre cadenciosas músicas o estridencias electrizantes, vuelta lloviznas, aguaceros y torrentes. Millones de gotas bailarinas saltan y se deslizan durante una gran danza al caer sobre la tierra que sedienta recibe su bebida bienhechora entre sus fauces, porque sabe que el agua, con su oxígeno amoroso, hará crecer y continuar la vida. Pronto, plena de gratitud, elevará sus verdes brazos para retribuirle su donación.
TRES
Al planeta azul lo acaricia el aire y el aire hace que el oxígeno se extienda por todos los rincones de nuestro enorme hogar: la Tierra, nuestra reverenda madrecita y reverendo padrecito a la vez. Ella-Él, tierna y feraz, se manifiesta dual como la eterna energía creadora que la con-forma, gracias a lo cual todos existimos: minera-les, vegetales, animales. Y aunque no se ve, con su murmullo eterno el aire logra que nuestra Tierra, se limpie y florezca. Como un divino soplo mueve las ramas de los árboles, arbustos, matorrales y plantas que brotan por todas las superficies donde el agua fecunda cae y desparrama sus simientes. Así van brotando las selvas, los bosques, las praderas, las llanuras. Una fiesta de verdes vestuarios son las hojas con que envuelven sus cuerpos de madera. De jade es su color que como gigantesca falda verdecina cubre cerros, hondonadas, mon-tes, montañas, cuestas y cañadas. Por la noche, cuando los follajes duermen, despiden tanto oxígeno en sus sueños que el aire se despoja de impurezas y despierta tan limpio y transparente como si se hubiera recién bañado. Entonces, en esos amaneceres vegetales, una sinfonía verdiazul es la Tierra con su oxígeno creador. De oxígeno es la vida y el viento gentil, la extiende por todos los espacios de su rosa.
CUATRO
Si un día faltara el oxígeno; si el agua lo perdiera eternamente; si el aire desapareciera, si los verdes se secaran para siempre, la vida acabaría. Ni tú ni yo ni nadie podría existir más. Nuestro grande hogar, este hogar de hogares, nuestro planeta Tierra, padrecito y madrecita a la vez, tuyo y mío, se hundiría en la total opacidad de la árida muerte y nosotros, los que vivimos bajo su amparo vital, vegetales, animales, humanos, también sucumbiríamos. Estaríamos en un mundo descarnado, en la nada mineral. No más trinos de pajarillos ni coloridos de flores; no más aleteos de mariposas ni miel tonificante de las abejas; no más trigo ni maíz ni arroz ni mijo; adiós los suculentos frutos y los alfalfares, las espinacas o los nopalitos. No más correteos de potrillos por los llanos ni parloteo de luminosos guacamayos en las junglas. No más cantos ni bailes ni juegos ni sonri-sas. Una esterilidad infinita y blanquecina envolvería a la Tierra y ni un vegetal ni un animal ni un humano podría habitarla. Sin oxígeno moriría la vida.
CINCO
¿Cómo impedir que triunfe la región de la nada? El lugar incoloro. El sitio de lo descarnado. ¿Cómo evitar que desaparezca el oxígeno purificador; ese elemento de la energía creadora que mueve al universo y da vida a nuestro hogar de hogares? Acaso te preguntes. Sencilla es la respuesta y muy clara: ¡Cuidándolo! Protegiendo todo aquello que produzca oxígeno: los bosques, los árboles, las plantas, las flores, los ríos, los mares, las playas y los aires. Evitando eso que lo destruye: La basura, los humos, la contaminación, la guerra. Y si cuando alguien cuida con ternura y convencimiento a otro para que se perfeccione, se dice que lo ama, amemos el aire, el agua, la vegetación. Cuidémoslos. Amemos a la Naturaleza así como a ti te han amado a cada instante, aunque sea a su modo, tus padres. Conservémosla radiante de existencia. Perpetuémosla, protejámosla, ayudemos a que mejore siempre. Si promovemos el cultivo de oxígeno, haremos que nuestro grande hogar de hogares, nos siga brindando la alegría de vivir, aunque sólo sea por los breves momentos que pasamos aquí...en la tierra... Comprende. Muchos otros llegarán y go-zarán de nuestra obra. Así nunca moriremos. Este amor habrá de darnos vida eterna y al menos flores o cantos...
SEIS
Amar el aire, el agua, la vegetación, los seres que pueblan la tierra, es amar a la Natura-leza y amarla es conservarla para lograr su perfeccionamiento, así como cuidamos y mejoramos nuestra propia persona, nuestra propia familia, nuestros propios hogares. Usemos para ello nuestra inteligencia creadora y nuestra constante voluntad de hacerlo. No es difícil si pensamos en esto cada vez que nos encontramos enfermos y reflexionamos en las causas de nuestro mal. ¿Por qué la magnitud de los contagios o de las infecciones? ¿Cómo podríamos evitarlo? De esta manera lograremos salvar a nuestra reverenda madrecita Naturaleza, padrecito también, y a nosotros mismos, de posibles des-trucciones, nefastos retrocesos o acortamiento de nuestra existencia, ya de por sí tan diminuta. Amando la Naturaleza, la haremos más esplendorosa, más saludable, más fortificante. Cuidándola, estaremos en posibilidad de no dañarla y podremos darnos cuenta de cómo preservarla para nuestro futuro y para el de aquellos que con el tiempo vengan a nacer y florecer sobre esta Tierra.
SIETE
Hoy, cuando lo futuro de hace mucho tiempo nos ha estado alcanzando y se ha logrado hacer de la vida humana algo menos arduo; hoy, cuando hemos llegado al bienestar que las máquinas pueden ofrecer al hombre para aligerar su trabajo; hoy, apenas nos estamos dando cuenta de las heridas que se han causado a la Naturaleza para gozar de los progresos logrados y de aquellos otros daños que un desarrollismo egoísta, convenenciero, ambicioso, conflictivo e incontrolable le ha producido, tal vez para siempre. Pero también hoy, afortunadamente, aún tenemos la posibilidad de cambiar la ciega ruta de quienes están destruyendo el aire, el agua, la flora, la fauna. Gracias a aquello por lo cual todos vivimos, las reacciones negativas de la energía creadora, nos encontramos a tiempo de la salvación. Aún podemos evitar el acabóse, como el de los dinosaurios.
OCHO
Podemos aprender mirando lo pasado, cuidando de no cometer los errores hechos hace tiempo. Y también, por qué no, los conocimientos obtenidos en el ayer y que todavía son útiles para mejorar nuestro ambiente natural, nuestro hábitat. Mucho tenemos que aprender de nuestros remotos abuelos campesinos. ¿Quiénes más que ellos conocían los signos de la energía creadora? Los de la tierra, los del viento, los del agua, los del fuego. Así, estudiando la herencia de conocimientos que nos legaron los hombres antiguos, elaborar la nueva planificación de nuestro grande hogar: La tierra de la mayor felicidad individual dentro de la mayor felicidad colectiva. Valorando y respetando el pasado, protegeremos las bellas cosas que nuestros viejos progenitores creativos nos legaron: evitaremos sus fallas y pondremos las sanas bases naturales para un mejor futuro. Ése que tú vivirás y otros después de ti. Se los debemos…
NUEVE
Aprender a controlar nuestros impulsos y dirigirlos hacia el perfeccionamiento de nuestra sociedad y nuestro ecosistema es obra de nuestra voluntad, pero también de nuestra conciencia; ese mundo de sensaciones y percepciones que día con día se va interiorizando en tu cerebro y que, cual un espejo, con las representaciones que se le van formando, siempre se encuentra lista para recordarte que nunca podemos escapar de ella. La conciencia constituye parte esencial de nuestra mente. Mientras vivimos siempre se encuentra en nosotros convertida en conceptos y manifestada después en lenguajes. Aún dormidos, en nuestros sueños, la conciencia se halla presente, a veces distorsionada, vestida con mil disfraces dispuestos a aparecer en las más variadas y diversas formas. Como humos. La conciencia marca la diferencia entre nuestra animalidad y nuestra humanidad; constituye el ascenso admirable de nuestra entidad biológica hacia la autocomprensión de lo que somos, de lo que hacemos, de lo que debemos hacer y ser para comprender a los demás y para que los demás nos comprendan. Por ello, una de las primeras direcciones de nuestra conciencia ha de ser la comprensión del amor a la Naturaleza. Cuidándola, conservándola, guiándola, lograremos tener nuevamente lo que en ayeres distantes se poseía: un cielo limpio y transparente; unos espacios de agua tan luminosos que parecían de plata; unos bosques tan abundantes que semejaban una gran falda de jade con que se vestía la Tierra y una fauna feliz de sus correrías, chapuzones y revoloteos. Seamos conscientes de ello y siempre percibamos la realidad de nuestros entornos con el fin de transformarlos enaltecedoramente.
DIEZ
Si observas a tu rededor descubrirás que existe un desequilibrio total entre la Naturaleza y lo que el hombre ha hecho con su inteligencia creadora. Las ciudades, las fábricas, los edificios, el asfalto, han avasallado los campos, los lagos, los ríos, las playas, y hasta las montañas. La humanidad, por su afán de sobrevivir llegó al saber y con sus informaciones, su tecnología y su voluntad, ha llegado a construir desorbitantes asentamientos sin medir en la destrucción que con ello ha hecho de la Naturaleza. Se hace necesario entonces rebuscar el equilibrio; y que la ciudad sea campo a la vez de árboles, manantiales, pastos, flores, aves; y que el campo tenga reflexivamente los avances de la ciudad: electricidad, transporte, comunicación. Se requiere reinstalar la armonía entre todo lo que nos rodea; natural o creado por hombres y mujeres; esto es, naturaleza y cultura al ritmo equilibrado de la danza cósmica en la que estamos inmersos por ese avanzar sin fin del Universo hacia un inconmensurable renacer perpetuo. Y cuando hablamos de equilibrio, nos referimos también a pensar en lo que espera a nues-tro hogar de hogares dentro de cien años; irrisorio tiempo terrenal en comparación con el de las galaxias, pero a la vez extenso para la pequeñez humana; ¿cuáles serán los futuros desequilibrios que han de evitarse y cómo imaginar los planes adecuados con que esperaremos a los niños del mañana; aquellos que vendrán a poblar el mundo del siglo XXI?
ONCE
Piensa en los mejores caminos para cuidar nuestro hogar de hogares y descubrir aquellos que han echado a perder nuestro entorno, dañando los recursos naturales y destruido la vida. Al hacer esto podremos entender hasta donde llegan los límites del progreso; qué no debemos hacer con nuestro mundo y lo que podemos efectuar en bien de su conservación y perfeccionamiento. Tú, usando tu capacidad de elegir que se llama libertad, debes contribuir a esa planificación y asumir un compromiso, el compromiso de ser libre, pues una libertad sin compromiso, se vuelve esclavitud: por cada árbol seco, siembra diez; por cada pajarillo muerto, protege a cien; por cada basura tirada, recoge mil. Busca siempre el equilibrio, la armonía de todo, la comprensión de la dialéctica vital. Que nadie se quede sin la alegría de la be-lleza, de la verdad, del bien. Para eso somos libres: démosle a los demás lo mejor de nosotros, lo justo.
DOCE
Sí, debemos aprender a usar nuestra libertad y saber elegir. Sea en lo pasado, ahora, o para lo futuro, siempre hay alternativas; decisiones entre los matices de lo correcto y lo erróneo; de lo benéfico y lo perjudicial; de lo creativo y lo destructor. Recuerda: nada en nuestro mundo es sencillo ni único. Lo relativo nos aguarda a cada instante. Ante ello, hay que saber elegir lo mejor para lograr el equilibrio entre lo bueno y lo malo, las ventajas y las desventajas, las falsas verdades y las mentiras ilusorias. Hay que abrir bien los ojos para elegir. De ahí la importancia de saber equilibrar. Y amar la Naturaleza es buscar siempre el equilibrio. Esto también constituye un paso más en nuestra toma de conciencia.
TRECE
Hay que saber elegir. El amor por la Naturaleza nos ayuda a encontrar la senda precisa. Lo mejor de todo siempre está presente en ella y si sabemos cómo mirarlo porque nuestra conciencia ha crecido, nuestra elección será atinada. Si nos da energía, si nos da vida, si nos da oxígeno, si nos da el ejemplo de evolución, de transformación enaltecedora, de comprensión dialéctica, del equilibrio entre lo justo, lo veraz y la bello, la opción es indudable. El amor a la Naturaleza nos ayuda a ver lo realmente grandioso de las investigaciones humanas. Aquéllas que la perfeccionan, la mejoran, la ayudan a armonizarse en bien de todos, con el provecho para todos, no obstante algunos inconscientes, estacionados en la indiferencia o en el cinismo. No obstante algunos acumulados de palabras, pero imposibles de volverse acciones ejemplares.
CATORCE
El hombre ha inventado cosas que han alterado nuestras vidas y han afectado a muchos seres. Por ejemplo, ante las plagas, el rocío inva-sor de los insecticidas se extiende sobre los campos de cultivos, los huertos y los invernaderos. Desde lejos se ve como una llovizna primaveral que cae sobre las plantas, sin embargo no trae vida, sino muerte. Los gusanos que corroen los frutos se desintegran, los molestos y peligrosos mosquitos sucumben, las alimañas parásitas se acaban, y se salvan algunos árboles, algunos frutos, ciertas flores, pero también, mucho de lo que allí inocentemente existía, queda envenenado. Y es que el descuido con el cual la moderna tecnología se aplica a veces, sin pensar en los daños que puedan resultar de su abuso o de su uso exagerado, hace que una irresponsabilidad de tal tamaño, lentamente vaya fulminando a la Naturaleza en un imprevisto odio que parece bienestar. Si se emplearan métodos de defensa agrícola controlados, seguro, podrían reemplazarse los peligros químicos y la existencia florecería como abanicos de amor.
QUINCE
¿Sabías que las focas con sus carcajadas roncas y angustiadas parecen pedir auxilio ante su probable eliminación? ¿Y que las dóciles y fortachonas tortugas caguamas se encuentran a punto de ser extinguidas? ¿O que los gigantescos cachalotes, esa especie de formidable ballena, casi desaparecen? Piensa que un día, de seguir así la contaminación del aire, del agua, de la tierra, no sólo se habrán perdido para siempre las focas, las caguamas, los cachalotes, sino también nosotros, la orgullosa y ciega humanidad, como las bestias antediluvianas.
DIECISEIS
El mundo entero está en peligro. La mayoría no sabe utilizar el poder de la energía, aquello por lo cual todos vivimos, para el beneficio de los seres de la Naturaleza. Un día la descubrió en el fuego y la reencontró en la electricidad, en los gases, en el vapor, en los átomos, mas la energía rebasa el control que sobre ella pueda efectuar el hombre. Si la energía no se aplica en la conservación del mundo, el acabóse puede llegar de pronto. A veces vivimos en medio de bombas de tiempo y ni cuenta nos damos de ello. Somos inconscientes de su proximidad y los poderosos lo vuelven secreto de altura. No exigimos que se nos informe de su presencia y se nos garantice seguridad. Sólo mucho después lo sabemos, cuando han explotado. Y se quieren tapar los pozos…
DIECISIETE
Sabemos que la poderosa energía adormecida en el uranio puede utilizarse para hacer de la vida humana un conjunto de comodidades, pero que también puede ser usada para destruirla totalmente, si se la mal despierta. La energía nuclear resulta un terrible cuchillo de doble filo y todos piensan de manera diversa en cuanto a la utilidad que pueda dársele. Algunos la aplicarían a la medicina, otros al desarrollo de la producción de objetos; ciertos individuos, a la guerra. Mas si para todo lo que el ser humano realice, el principio y el límite se basa en el respeto que la Naturaleza nos merece, con amarla podría mejorarse todo. Nunca debíamos olvidar que ella es la máxima manifestación de la energía creadora y que de todos modos es nuestro-nuestra reverendo-reverenda-padre-madre. Conservando los recursos vivos, vegetales y animales, de los cuales nuestras vidas dependen y equilibrando el progreso con el cuidado de ellos, se pueden, no sólo reparar los daños que ya se le han causado a la Naturaleza, sino llevar a la práctica trabajos que purifiquen la tierra, el aire, el agua. La contaminación puede evitarse, si se planifica adecuadamente el desarrollo técnico.
DIECIOCHO
A pesar de toda la vanidad que los humanos hemos recibido al decirnos que somos el centro del universo, hoy sabemos que definitivamente somos una parte mínima del cosmos gigantesco. Y aunque no queramos, dependemos de la perduración de la Naturaleza, de su conservación, de su cuidado. Si ella se altera, no sólo peligra la vida de los hombres, sino de todo el planeta, ese hogar de hogares que quisiéramos fuera esplendoroso siempre para ti. Un hogar donde los bosques abundaran día con día y sus árboles estuvieran en constante crecimiento de verdores. Un hogar donde la vida animal se apreciara con la admiración que merecen sus formas de comportamiento. Un hogar donde el trabajo del hombre partiera de un sencillo pensamiento: AMAR LA NATURALEZA
DIECINUEVE
Amar la Naturaleza es dirigir la energía del agua, del fuego, del vapor, del uranio, hacia el perfeccionamiento del universo. Amar la Naturaleza es cuidar las playas y mantenerlas limpias. Amar la Naturaleza es respetar la migración de las aves y no molestarlas. La caza es odio a la Naturaleza, pues el goce de matar por placer es problema de mentalidades enfermas. Amar la Naturaleza es fomentar la creación de parques nacionales y motivar a todo el mundo para que los conservemos y agrandemos. Provocar incendios en los bosques, casi siempre por descuido, es odio a la Naturaleza. Amar la Naturaleza es evitar que la contaminación, energía distorsionada, nos destruya, como ya principia a hacerlo. Y tú tienes una gran responsabilidad. Quemar plásticos y hule en las ciudades con el pretexto de fogatas o instalar fábricas sin el control de sus desechos, es odio a la Naturaleza. Manejar automóviles y camiones sin darse cuenta de todo el humo negro que despiden, es odio también a la Naturaleza. Derribar árboles, sin sembrar muchos más; arrasar los pastos para aplastarlos con asfalto y no dejarles rincones por donde broten; dejar ba-sura por donde quiera sin importar el vivero que ensucie, el agua que manche, el río que contamine, es odio a la Naturaleza. Odiar la Naturaleza es odiarse a uno mismo. Es suicidio irresponsable; es asesinato de lo mejor que tiene la humanidad: Nuestra propia madrecita, la Naturaleza. Nuestro propio padrecito, la Naturaleza. Nuestro-nuestra-reverendo-reverenda-padre-madre, eterna dualidad creadora, la Naturaleza.
VEINTE
Graba entonces en tu conciencia, hijita mía, hijito mío, mi coyotito, mi palomita, lo que te pedimos para tener mayor seguridad en nuestro planeta, para hacer más cómoda y hermosa la Tierra, para darle fuerza a los hombres y a las mujeres de todos los lugares en su trabajo creador: Cuidemos la Naturaleza. Reparemos cada daño que le estamos causando; superemos los errores de la ambición devastadora; preservemos lo mejor de todo para lo futuro. Amémosla, ese es el camino. Pensemos y actuemos juntos. Protejámosla y conservémosla. La Naturaleza es nuestro mundo; nuestro hogar. Su perfeccionamiento, el nuestro, el de todos; es su llamado. Escúchalo siempre. ¿O acaso preferirías que nuestro planeta Tierra, nuestra enorme casita azul, nuestro hogar de hogares, llegue pronto a quedar como un páramo sin fin donde ni los muertos tengan recuerdos? ¿O eliges participar activamente, con tu ejemplo, para que sea este planeta donde vives, tú, terrícola, no importa de donde, un verdadero hábitat feliz?
LIBRO II AMAR LA CULTURA.
Aquí, en orden y concierto, se intenta explicar el significado de la cultura, la conservación de sus aciertos y el perfeccionamiento de sus logros.
UNO