Acerca del Convenio Militar con los Estados Unidos
Chapter 4
Con sólo haber recordado que, con previa y legal resolución del Parlamento, el Gobierno de este país contrató en 1941 con el Gobierno de Estados Unidos un acuerdo de “Ayuda Militar” que, sin rozar nuestra Soberanía, nos vino a favorecer cordialmente o de igual a igual; ahora, de haberse repetido la solución, yo pienso que también hubiéramos podido andar juntos todo el camino.
SEÑOR BAYLEY. – Es igual.
SEÑOR FERREIRO. – Entonces a nuestro Parlamento, incitado por el Poder Ejecutivo, le tocó autorizar mediante ley que éste contratase…
SEÑOR BAYLEY. – Como ahora.
SEÑOR FERREIRO. - … con el Gobierno de Washington y de acuerdo a las condiciones preestablecidas, la adquisición de un armamento que se enajenaría según las ventajosas bases fijadas por el Congreso de aquel país en la “Lend-lease bill” (Ley de Préstamo y Arriendo).
No vino a esta altura del Senado en aquella ocasión ningún convenio sujeto a la ratificación de un Estado y no del otro que obligase por lo mismo a que decidiéramos sobre lo que ya no tenía nada que pensar nunca más el Parlamento de los Estados Unidos.
Procediendo de igual a igual…
SEÑOR RODRÍGUEZ LARRETA. – Eso era bastante.
SEÑOR BAYLEY. – No era tan bueno como ahora.
SEÑOR FERREIRO. - … entonces nuestro Parlamento se limita a votar la correspondiente autorización por ley de 13 de diciembre de 1941 y nada más tuvo que ver sobre el asunto. El Poder Ejecutivo suscribió un contrato de igual a igual con el de Estados Unidos, y todo listo.
SEÑOR BAYLEY. – Como ahora.
SEÑOR FERREIRO. – Pero ahora se nos ha exigido otra cosa. Ahora, se nos avasalla gruesa y abiertamente reclamándose al Pueblo Oriental por la vía de sus representantes directos que rechacemos o aprobemos lo que ofrece o propone en uso de sus atribuciones puramente ejecutivas el Presidente de los Estados Unidos.
SEÑOR BAYLEY. – No es exacto.
SEÑOR HAEDO. – Apoyado. - ¡Muy bien!
SEÑOR FERREIRO.- Este es un planteamiento para nosotros intolerable. No lo aceptamos por principios, por orientalidad, aunque materialmente nos trajera ventajas.
SEÑOR HAEDO. - ¡Muy bien!
SEÑOR FERREIRO. – Termino. He procurado mantenerme en esta exposición estricta y cordialmente en el tema – como lo merecen todos – mis colegas oyentes. Cuando se llega con vida, límpidamente vivida a cierta edad, lo único que importa indispensablemente, sobre todo cuando se mira a los hijos, es permanecer fiel – alocadamente fiel, si es preciso – a los designios que nos orientaron en la adolescencia y juventud “en el buen tiempo pasado”.
Por eso mismo, porque nunca y en ningún caso estaría yo dispuesto a acompañar causa alguna que supedite lo nuestro a lo ajeno, votaré en contra – de alma – la aprobación de este Convenio y, desde ahora, me resigno a pensar con Weigand, el gran Mariscal de Francia de la primera guerra mundial, que en el mundo político los hombres generalmente se preocupan de atender más que a su propio país a lo que quieran – o se supone desean – los directivos circundantes. Yo, señor Presidente, estoy y quiero vivir y morir con el Uruguay y nada más que con el Uruguay.
(¡Muy bien).- (¡Muy bien!).
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Cámara de Senadores, 12 y 13 de noviembre de 1952.
Categoría:Estudios históricos e internacionales