Chapter 8
-¡Joaquín! ¡Joaquín! -clamaba desde el destrozado corazón la pobre mujer-. No digas esas cosas. Ten piedad de mí, ten piedad de tus hijos, de tu nieto que te oye, y que, aunque parece no entenderte, acaso mañana...
-Por eso lo digo, por piedad. No, no te he querido; no he querido quererte. ¡Si volviésemos a empezar! Ahora, ahora es cuando,..
No le dejó acabar su mujer, tapándole la moribunda boca con su boca y como si quisiera recoger en el propio su último aliento.
-Esto te salva, Joaquín.
-¿Salvarme? ¿Y a qué llamas salvarse?
-Aún puedes vivir unos años, si lo quieres.
-¿Para qué? ¿Para llegar a viejo? ¿A la verdadera vejez? ¡No, a la vejez, no! La vejez egoísta no es más que una infancia en que hay conciencia de la muerte. El viejo es un niño que sabe que ha de morir. No, no quiero llegar a viejo. Reñiría con los nietos por celos, les odiaría... ¡No, no..., basta de odio! Pude quererte, debí quererte, que habría sido mi salvación, y no te quise.
Calló. No quiso o no pudo proseguir. Besó a los suyos. Horas después rendía su último cansado suspiro.
¡QUEDA ESCRITO!
Categoría:Novelas de Miguel de Unamuno