Select letters of Christopher Columbus
Part 26
The tidings of the gold which I said I would give, are, that on Christmas-day, being greatly afflicted and tormented by the wicked Spaniards and the Indians, when I was at the point of leaving all to save my life if possible, our Lord comforted me miraculously, saying to me, “_Take courage, be not dismayed nor fear, I will provide for all; the seven years, the term of the gold, are not yet passed; and in this, as in the rest, I will redress thee._” I learned that same day, that there were twenty-four leagues of land where they found mines at every step, which appear now to form but one. Some of the people collected a hundred and twenty castellanos’ worth in one day, others ninety; and there have been those who have gathered the equivalent of nearly two hundred and fifty castellanos. They consider it a good day’s work when they collect from fifty to seventy, or even from twenty to fifty, and many continue searching; the mean day’s work is from six to twelve, and those who get less are very dissatisfied. It appears that these mines, like all others, do not yield equally every day; the mines are new, and those who collect their produce inexperienced. According to the judgment of everybody here, it seems that, if all Spain were to come over, every individual, however inexpert he might be, would gain the equivalent of at least one or two castellanos in a day; and so it is up to the present time. It is certain that any man who has an Indian to work for him, collects as much, but the management depends upon the Spaniard. See, now, what discernment was shown by Bobadilla when he gave up everything for nothing, and four millions of tithes without any reason, and even without being asked to do so, and without first giving notice to their Highnesses of his intention; and this is not the only evil which he has caused. I know, assuredly, that the errors which I may have fallen into, have been committed without any intention of doing wrong, and I think that their Highnesses will believe me when I say so; but I know and see that they show mercy towards those who intentionally do injury to their service. I, however, feel very certain that the day will come when they will treat me much better; since, if I have been in error, it has been innocently and under the force of circumstances, as they will shortly understand beyond all doubt: I, who am their creature, and whose services and usefulness they will every day be more willing to acknowledge. They will weigh all in the balance, even as, according to the Holy Scripture, it will be with the evil and the good at the day of judgment. If, nevertheless, their Highnesses ordain me another judge, which I do not expect, and if my examination is to be holden in the Indies, I humbly beseech them to send over two conscientious and respectable persons at my expense, and they would readily acknowledge that, at this time, five marks of gold may be found in four hours: be it however as it may, it is highly necessary that their Highnesses should have this matter inquired into. The governor, on his arrival at St. Domingo, took up his abode in my house, and appropriated to himself all that was therein. Well and good; perhaps he was in want of it: but even a pirate does not behave in this manner towards the merchants that he plunders. That which grieves me most is the seizure of my papers, of which I have never been able to recover one; and those that would have been most useful to me in proving my innocence, are precisely those which he has kept most carefully concealed. Behold the just and honest inquisitor! But whatever he may have done, they tell me that he has now bidden good bye to justice and is simply a despot. Our Lord God retains His power and wisdom as of old; and, above all things, He punishes injustice and ingratitude.
CARTA
_Del Almirante al ama (que habia sido) del Principe D. Juan, escrita hacia fines del año 1500._
Muy virtuosa Señora: Si mi queja del mundo es nueva, su uso de maltratar es de muy antiguo. Mil combates me ha dado y á todos resistí fasta agora que no me aprovechó armas ni avisos. Con crueldad me tiene echado al fondo. La esperanza de aquel que crio á todos me sostiene: su socorro fue siempre muy presto. Otra vez, y no de lejos estando yo mas bajo, me levantó con su brazo divino, diciendo: _ó hombre de poca fe, levantate que yo soy, no hayas miedo_. Yo vine con amor tan entrañable á servir á estos Principes, y hé servido de servicio de que jamas se oyó ni vido. Del nuevo cielo y tierra que decia muestro Señor por S. Juan en el Apocalipse, despues de dicho por boca de Isaías, me hizo dello mensagero, y amostró en cual parte. En todos hobo incredulidad, y á la Reina mi Señor dió dello el espíritu de inteligencia y esfuerzo grande, y lo hizo de todo heredera como á cara y muy amada hija. La posesion de todo esto fuí yo á tomar en su Real nombre. La ignorancia en que habian estado todos quisieron enmendallo traspasando el poco saber á fablar en inconvenientes y gastos. Su Alteza lo aprobaba al contrario, y lo sostuvo fasta que pudo. Siete años se pasaron en la platica y nueve ejecutando cosas muy señaladas y dignas de memoria se pasaron en este tiempo: de todo no se fizo concepto. Llegué yo y estoy que non ha nadie tan vil que no piense de ultrajarme. Por virtud se contará en el mundo á quien puede no consentillo. Si yo robara las Indias ó tierra que san face[201] en ello de que agora es la fabla del altar de S. Pedro, y las diera á los moros, no pudieran en España amostrarme mayor enemiga. Quién creyera tal adonde hobo siempre tanta nobleza? Yo mucho quisiera despedir del negocio si fuera honesto para con mi Reina: el esfuerzo de nuestro Señor y de su Alteza fizo que yo continuase, y por aliviarle algo de los enojos en que á causa de la muerte estaba, cometí viaje nuevo al nuevo cielo é mundo, que fasta entonces estaba en oculto, y sino es tenido allí en estima, así como los otros de las Indias, no es maravilla porque salió á parecer de mi industria. A S. Pedro abrasó el Espíritu Santo y con él otros doce, y todos combatieron acá, y los trabajos y fatigas fueron muchas; en fin de todo llevaron la victoria. Este viaje de Paria creí que apaciguara algo por las perlas y la fallada del oro en la Española. Las perlas mandé yo ayuntar y pescar á la gente con quien quedó el concierto de mi vuelta por ellas, y á mi comprender á medida de fanega: si yo non lo escribí a SS. AA. fue porque así quisiera haber fecho del oro antes. Esto me salió como otras cosas muchas; no las perdiera ni mi honra si buscara yo mi bien propio y dejara perder la Española, ó se guardaran mis previlegios é asientos. Y otro tanto digo del oro que yo tenia agora junto, que con tantas muertés y trabajos, por virtud divinal, he llegado á perfecto. Cuando yo fuí á Paria fallé cuasi la mitad de la gente en la Española alzados, y me han guerreado fasta agora como á moro, y los indios por otro cabo gravemente. En esto vino Hojeda y probó á echar el sello, y dijo que sus Altezas lo enviaban con promesas de dádivas y franquezas y paga: allegó gran cuadrilla, que en toda la Española muy pocos hay, salvo vagabundos y ninguno con muger y fijos. Este Hojeda me trabajó harto y fuele necesario de se ir, y dejó dicho que luego seria de vuelta con mas navíos y gente, y que dejaba la Real persona de la Reina á la muerte. En esto llegó Viceinte Yañez con cuatro carabelas: hobo alboroto y sospechas, mas no daño. Los indios dijeron de otras muchas á los canibales y en Paria, y despues una nueva de seis otras carabelas que traía un hermano del Alcalde, mas fue con malicia, y esto fue ya á la postre cuando ya estaba muy rota la esperanza que sus Altezas hobiesen jamas de enviar navios á las Indias, ni nos esperarlos, y que vulgarmente decian que su Alteza era muerta. Un Adrian en este tiempo probó alzarse otra vez como de antes, mas nuestro Señor no quiso que llegase á efecto su mal propósito. Yo tenia propuesto en mi de no tocar el cabello á nadie, y á este por su ingratitud con lágrimas no se pudo guardar, así como yo lo tenia pensado. A mi hermano no hiciera menos si me quisiera matar y robar el señorío que mi Rey é Reina me tenian dado en guarda. Este Adrian, segun se muestra, tenia enviado á D. Fernando á Jaragua á allegar á algunos sus secuaces, y allá hobo debate con el Alcalde, adonde nació discordia de muerte; mas no llegó á efecto. El Alcalde le prendió y á parte de su cuadrilla: y el caso era que él los justiciaba sin que yo lo proveyere: estovieren presos esperando carabela en que se fuesen: las nuevas de Hojeda que yo dije ficieron perder la esperanza que ya no venia. Seis meses habia que yo estaba despachado para venir á sus Altezas con las buenas nuevas del oro y fuir de gobernar gente disoluta que no teme á Dios ni á su Rey ni Reina, llena de achaques y de malicias. A la gente acabara yo de pagar con seiscientos mil maravedises: y para ello habia cuatro cuentos de diezmos é alguno sin el tercio del oro. Antes de mi partida supliqué tantas veces á sus Altezas que enviasen allá á mi costa á quien tuviese cargo de la justicia, y despues que fallé alzado al Alcalde se lo supliqué de nuevo ó por alguna gente, ó al menos algun criado con cartas, porque mi fama es tal que aunque yo faga iglesias y hospitales siempre serán dichas espeluncas para latrones. Proveyeron ya al fin, y fue muy al contrario de lo que la negociacion demandaba: vaya en buena, hora, pues que es á su grado. Yo estuve allá dos años sin poder ganar una provision de favor para mí ni por los que allá fuesen, y este llevó una arca llena: si pararán todas á su servicio Dios lo sabe. Ya por comienzos hay franquezas por veinte años, que es la edad de un hombre, y se coge el oro, que hobo persona de cinco marcos en cuatro horas, de que diré despues mas largo. Si pluguiese á sus Altezas de desfacer un vulgo de los que saben mis fatigas, que mayor daño me ha hecho el mal decir de las gentes que no me ha aprovechado el mucho servir y guardar su facienda y senorío, seria limosna, é yo restituido en mi honra, é se fablaria dello en todo el mundo, porquel negocio es de calidad que cada dia ha de ser mas sonada y en alta estima. En esto vino el Comendador Bobadilla á Santo Domingo, yo estaba en la Vega y el Adelantado en Jaragua, donde este Adrian habia hecho cabeza, mas ya todo era llano y la tierra rica, y en paz toda. El segundo dia que llegó se crió Gobernador y fizo oficiales y ejecuciones, y apregonó franquezas del oro y diezmos, y generalmente de toda otra cosa por veinte años, que como digo es la edad de un hombre, y que venia para pagar á todos, bien que no habian servido llenamente hasta ese dia, y publicó que á mi me habia de enviar en fierros, y á mis hermanos, así como lo ha fecho, y que nunca yo volveria mas allí ni otro de mi linage, diciendo de mi mil deshonestidades y descorteses cosas. Esto todo fue el segundo dia quel llegó, como dije, y estando yo lejos absente sin saber dello ni de su venida. Unas cartas de sus Altezas firmadas en blanco, de que el llevaba una cantidad, hinchó y envió al Alcalde y á su compañía con favores y encomiendas. A mi nunca me envió carta ni mensagero, ni me ha dado fasta hoy. Piense vuestra merced qué pensaria quien tuviera mi cargo? honrar y favorecer á quien probó á robar á sus Altezas el señorío, y ha fecho tanto mal y daño! y arrastrar á quien con tantos peligros se lo sostuvo? Cuando supe esto, creí que esto seria como lo de Hojeda, ó uno de los otros: templóme que supe de los frailes de cierto que sus Altezas lo enviaban. Escrebile yo que su venida fuese en buena hora, y que yo estaba despachado para ir á la corte, y fecho almoneda de cuanto yo tenia, y que en esto de las franquezas que no se acelerase, que esto y el gobierno yo se lo daria luego tan llano como la palma, y así lo escribí a los religiosos. Ni él ni ellos me dieron respuesta, antes se puso él en son de guerra, y apremiaba á cuantos allí iban que le jurasen por Gobernador, dijeronme que por veinte años. Luego que yo supe de estas franquezas pensé de adobar un yerro tan grande, y que él seria contento, las cuales dió sin necesidad y causa de cosa tan gruesa y á gente vagabunda, que fuera demasiado para quien trujera muger y hijos. Publiqué por palabra y por cartas que él no podia usar de sus provisiones, porque las mias eran las mas fuertes, y les mostré las franquezas que llevó Juan Aguado. Todo esto que yo fice era por dilatar, porque sus Altezas fuesen sabidores del estado de la tierra, y hobiesen lugar de tornar á mandar en ello lo que fuese su servicio. Tales franquezas escusado es de las apregonar en las Indias. Los vecinos que han tomado vecindad es logro, porque se les dan las mejores tierras y á poco valer valerán docientos mil maravedis al cabo de los cuatro años que la vecindad se acaba, sin que den una azadonada en ellas. No diria yo así si los vecinos fuesen casados, mas no hay seis entre todos que no esten sobre el aviso de ayuntar lo que pudieren y se ir en buena hora. De Castilla seria bien que fuesen, y aun saber quién y cómo, y se poblase de gente honrada. Yo tenia asentado con estos vecinos que pagarian el tercio del oro y los diezmos, y esto á su ruego, y lo recibieron en grande merced de sus Altezas. Reprendiles cuando yo oí que se dejaban dello, y esperaban quél conmigo faria otro tanto, mas fue el contrario. Indignólos contra mí diciendo, que yo les queria quitar lo que sus Altezas les daban, y trabajo de me los echar acuestas, y lo hizo, y que escribiesen á sus Altezas que no me enviasen mas al cargo, y así se lo suplico yo por mí y por toda cosa mia, en cuanto no haya otro pueblo, y me ordenó él con ellos pesquisas de maldades que al infierno nunca se supo de las semejantes. Allí está nuestro Señor que escapó á Daniel y á los tres muchachos con tanto saber y fuerza como tenia, y con tanto aparejo si le pluguiere como con su gana. Supiera yo remediar todo esto y lo otro que está dicho y ha pasado despues que estoy en las Indias, si me consintiera la voluntad á procurar por mi bien propio y me fuera honesto. Mas el sostener de la justicia y acrecentar el señorío de sus Altezas fasta agora, me tiene al fondo. Hoy en dia que se falla tanto oro hay division en que haya mas ganancia, ir robando ó ir á las minas. Por una muger tambien se fallan cien castellanos como por una labranza, y es mucho en uso, y ha ya fartos mercaderes que andan buscando muchachas: de nueve á diez son agora en precio: de todas edades ha de tener un bueno. Digo que en decir yo que el Comendador no podia dar franquezas que hice yo lo que él deseaba; bien que yo á él dijese que era para dilatar fasta que sus Altezas toviesen el aviso de la tierra y tornasen á ver y mandar lo que fuese su servicio. Digo que la fuerza del maldecir de desconcertados me ha hecho mas daño que mis servicios fecho provecho: mal ejemplo es por lo presente y por lo futuro. Fago juramento que cantidad de hombres han ido á las Indias que no merescian el agua para con Dios y con el mundo, y agora vuelven allá. Enemistólos á ellos todos conmigo, y él parece, segun se hobo y segun sus formas, que ya lo venia y bien encendido, ó es que se dice que ha gastado mucho por venir á este negocio; no se dello mas de lo que oyo. Yo nunca oí que el pesquisidor allegase los rebeldes y los tomase por testigos contra aquel que gobierna á ellos y á otros sin fe, ni dignos della. Si sus Altezas mandasen hacer una pesquisa general allí vos digo yo que verian por gran maravilla como la isla no sé funde. Yo creo que se acordará vuestra merced cuando lo tormenta sin velas me echó en Lisbona, que fuí acusado falsamente que habia ido ya allá al Rey para darle las Indias. Despues supieron sus Altezas al contrario, y que todo fue con malicia. Bien que yo sepa poco: no sé quien me tenga por tan torpe que yo no conozca que aunque las Indias fuesen mias, que yo no me pudiera sostener sin ayuda de Príncipe. Si esto es así, adónde pudiera yo tener mejor arrimo y seguridad de no ser echado dellas del todo que en el Rey é Reina nuestros Señores, que de nada me han puesto en tanta honra y son los mas altos Príncipes por la mar y por la tierra del mundo? los cuales tienen que yo les haya servido, é me guardan mis privilegios y mercedes, y si alguien me los quebranta sus Altezas me los acrescientan con aventaja, como se vido en lo de Juan Aguado, y me mandar hacer mucha honra, y como dije ya sus Altezas rescibieron de mí servicios y tienen mis hijos sus criados, lo que en ninguna manera pudiera esto llegar con otro Príncipe, porque adonde no hay amor todo lo otro cesa. Dije yo agora ansi contra un maldecir con malicia y contra mi voluntad, porque es cosa que ni en sueños debiera allegar á memoria, porque las formas y fechos del Comendador Bobadilla, con malicia las quiere alumbrar en esto: mas yo le faré ver con el brazo izquierdo que su poco saber y gran cobardiá con desordenada cudicia le ha fecho caer en ello. Ya dije como yo le escrebí y á los frailes, y luego partí así como le dije muy solo, porque toda la gente estaba con el Adelantado, y tambien por le quitar de sospecha: él cuando lo supo echó á D. Diego preso en una carabela cargado de fierros, y á mi en llegando fizo otro tanto, y despues al Adelantado, cuando vino. Ni le fablé mas á él ni consintió que hasta hoy nadie me haya fablado, y fago juramento que no puedo pensar por qué sea yo preso. La primera diligencia que fizo fue á tomar el oro, el cual hobo sin medida ni peso, é yo absente dijo que queria él pagar dello á la gente, y segun oí para sí fizo la primera parte, y enviar por resgate resgatadores nuevos. Desto oro tenia yo apartado ciertas muestras, granos muy gruesos como huevos como de ánsar, de gallina y de pollas, y de otras muchas fechuras, que algunas personas tenian cogido en breve espacio, con que se alegrasen sus Altezas, y por ello comprendiesen el negocio con una cantidad de piedras grandes llenas de oro. Este fue el primero á se dar con malicia, porque sus Altezas no tuviesen este negocio en algo fasta quel tenga fecho el nido de que se dá buena priesa. El oro que está por fundir mengua al fuego: una cadena que pesaria fasta veinte marcos nunca se ha visto. Yo he sido muy agraviado en esto del oro mas aun que de las perlas, porque no las he traido á sus Altezas. El Comendador en todo lo que le pareció que me dañaria luego fue puesto en obra. Ya dije, con seiscientos mil maravedises pagara á todos sin robar á nadie y habia mas de cuatro cuentos de diezmos y alguacilazgo sin tocar en el oro. Hizo unas larguezas que son de risa, bien que creo que encomenzó en sí la primera parte: allá lo sabran sus Altezas cuando le mandaren tomar cuenta, en especial si yo estuviese á ella. El no face sino decir que se debe gran suma, y es la que yo dije y no tanto. Yo he sido muy mucho agraviado en que se haya enviado pesquisidor sobre mí, que sepa que si la pesquisa que él enviare fuere muy grave que él quedará en el gobierno.—Pluguiera á nuestro Señor que sus Altezas le enviaran á él ó á otro dos años ha, porque sé que yo fuera ya libre de escándalo y de infamia, y no se me quitara mi honra ni la perdiera: Dios es justo, y ha de hacer que se sepa por que y cómo. Allí me juzgan como Gobernador que fue á Cecilia ó ciudad ó villa puesta en regimiento y adonde las leyes se pueden guardar por entero sin temor de que se pierda todo, y rescibo grande agravio. Yo debo ser juzgado como Capitan que fue de España á conquistar fasta las Indias á gente belicosa y mucha, y de costumbres y seta á nos muy contraria: los cuales viven por sierras y montes, sin pueblo asentado ni nosotros; y adonde por voluntad Divina he puesto só el señorio del Rey é de la Reina nuestros Señores otro mundo; y por donde la España, que era dicha pobre, es la mas rica. Yo dobo ser juzgado como Capitan que de tanto tiempo fasta hoy trae las armas á cuestas sin las dejar una hora, y de Caballeros de conquistas y del uso, y no de letras, salvo si fuesen de Griegos ó de Romanos, ó de otros modernos de que hay tantos y tan nobles en España, ca de otra guisa rescibo grande agravio porque en las Indias no hay pueblo ni asiento. Del oro y perlas ya está abierta la puerta y cantidad de todo, piedras preciosas y especería, y de otras mil cosas se pueden esperar firmemente; y nunca mas mal me viniese como con el nombre de Nuestro Señor le daria el primer viage, así como diera la negociacion del Arabia feliz fasta la Meca, como yo escribí á sus Altezas con Antonio de Torres en la respuesta de la reparticion del mar é tierra con los Portogueses: y despues viniera á lo de polo artico, así coma lo dije y dí por escripto en el monesterio de la Mejorada. Las nuevas del oro que yo dije que daria son que dia de Navidad, estando yo muy afligido guerreado de los malos Cristianos y de Indios, en términos de dejar todo y escapar si pudiese la vida; me consoló nuestro Señor milagrosamente y dijo: “_Esfuerza, no desmayes mi temas: yo proveeré en todo; los siete años del término del oro no son pasados, y en ello y en lo otro te daré remedio._” Ese dia supe que habia ochenta leguas de tierra, y en todo cabo dellas minas; el parecer agora es que sea toda una. Algunos han cogido ciento y veinte castellanos en un dia, otros noventa, y se ha llegado fasta docientos y cincuenta. De cincuenta fasta setenta, y otros muchos de veínte fasta cincuenta, es tenido por buen jornal y muchos lo continuaban: el comun es seis fasta doce, y quien de aquí abaja no es contento. Parece tambien que estas minas son como las otras que responden en los dias no igualmente: las minas son nuevas y los cogedores. El parecer de todos es que aunque vaya allá toda Castilla, que por torpe que sea la persona, que no abajará de un castellano ó dos cada dia, y agora es esto así en fresco. Es verdad que el que tiene algun indio coge esto, mas el negocio consiste en el Cristiano. Ved que discrecion fue de Bobadilla dar todo por ninguno y cuatro cuentos de diezmos sin causa ni ser requerido, sin primero lo notificar á sus Altezas; y el daño no es este solo. Yo sé que mis yerros no han sido con fin de facer mal, y creo que sus Altezas lo creen así como yo lo digo; y sé y veo que usan de misericordia con quien maliciosamente los desirve. Yo creo y tengo por muy cierto que muy mejor y mas piedad harán conmigo que caí en ello con inocencia y forzosamente, como sabran despues por entero, y el cual soy su fechura, y mirirán á mis servicíos, y cognoscerán de cada dia que son muy aventajados. Todo pornan en una balanza, así como nos cuenta la Santa Escriptura que será el bien con el mal en el dia del juicio. Si todavía mandan que otro me juzgue, lo cual no espero, y que sea por pesquisa de las Indias, humilmente les suplico que envien allá dos personas de consciencia y honrados á mi costa, los cuales fallaran de ligero agora que se halla el oro cinco marcos en cuatro horas, con esto é sin ello es muy necesario que lo provean. El Comendador, en llegando á Santo Domingo se aposentó en mi casa; así como la falló así dió todo por suyo: vaya en buena hora, quizá lo habia menester: cosario nunca tal usó con mercader. De mis escripturas tengo yo mayor queja que así me las haya tomado, que jamas se le pudo sacar una, y aquellas que mas me habian de aprovechar en mi disculpa esas tenia mas ocultas. Ved que justo y honesto pesquisidor. Cosa de cuantas él haya hecho me dicen que haya seido con término de justicia, salvo absolutamente. Dios nuestro Señor está con sus fuerzas y saber, como solia, y castiga en todo cabo, en especial la ingratitud de injurias.
FOOTNOTES:
[189] Although Zuñiga says that Doña Maria de Guzman was appointed nurse by Queen Isabella at the birth of Prince John, it is nevertheless certain that this letter was addressed by Columbus to Doña Juana de la Torres, a great favourite of the queen, sister of Antonio de Torres, who was with the admiral in the second voyage, and who bore the memorial to their Highnesses.