Modern Spanish Lyrics

Chapter 8

Chapter 83,459 wordsPublic domain

Del sol llevaba la lumbre, Y la alegría del alba, 5 En sus celestiales ojos La hermosísima Rosana, Una noche que á los fuegos Salió la fiesta de Pascua Para abrasar todo el valle 10 En mil amorosas ansias. Por do quiera que camina Lleva tras sí la mañana, Y donde se vuelve rinde La libertad de mil almas. 15 El céfiro la acaricia Y mansamente la halaga, Los Amores la rodean Y las Gracias la acompañan. Y ella, así como en el valle 20 Descuella la altiva palma Cuando sus verdes pimpollos Hasta las nubes levanta; Ó cual vid de fruto llena Que con el olmo se abraza, page 43 Y sus vástagos extiende Al arbitrio de las ramas; Así entre sus compañeras El nevado cuello alza, 5 Sobresaliendo entre todas Cual fresca rosa entre zarzas. Todos los ojos se lleva Tras sí, todo lo avasalla; De amor mata á los pastores 10 Y de envidia á las zagalas. Ni las músicas se atienden, Ni se gozan las lumbradas; Que todos corren por verla Y al verla todos se abrasan. 15 ¡Qué de suspiros se escuchan! ¡Qué de vivas y de salvas! No hay zagal que no la admire Y no se esmere en loarla. Cual absorto la contempla 20 Y á la aurora la compara Cuando más alegre sale Y el cielo en albores baña; Cual al fresco y verde aliso Que crece al margen del agua, 25 Cuando más pomposo en hojas En su cristal se retrata; Cual á la luna, si muestra Llena su esfera de plata, Y asoma por los collados page 44 De luceros coronada. Otros pasmados la miran Y mudamente la alaban, Y cuanto más la contemplan 5 Muy más hermosa la hallan. Que es como el cielo su rostro Cuando en la noche callada Brilla con todas sus luces Y los ojos embaraza. 10 ¡Ay, qué de envidias se encienden! ¡Ay, qué de celos que causa En las serranas del Tormes Su perfección sobrehumana! Las más hermosas la temen, 15 Mas sin osar murmurarla; Que como el oro más puro No sufre una leve mancha. Bien haya tu gentileza, Una y mil veces bien haya, 20 Y abrase la envidia al pueblo, Hermosísima aldeana. Toda, toda eres perfecta, Toda eres donaire y gracia, El amor vive en tus ojos 25 Y la gloria está en tu cara. La libertad me has robado, Yo la doy por bien robada, Mas recibe el don benigna Que mi humildad te consagra. page 45 Esto un zagal la decía Con razones mal formadas, Que salió libre á los fuegos Y volvió cautivo á casa. 5 Y desde entonces perdido El día á sus puertas le halla; Ayer le cantó esta letra Echándole la alborada: Linda zagaleja 10 De cuerpo gentil, _Muérome de amores Desde que te vi_. Tu talle, tu aseo, Tu gala y donaire, 15 No tienen, serrana, Igual en el valle. Del cielo son ellos Y tú un serafín: _Muérome de amores 20 Desde que te vi_. De amores me muero, Sin que nada baste Á darme la vida Que allá te llevaste, 25 Si ya no te dueles, Benigna, de mí; _Que muero de amores Desde que te vi_. page 46

DON MANUEL JOSÉ QUINTANA

ODA Á ESPAÑA, DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN DE MARZO

¿Qué era, decidme, la nación que un día Reina del mundo proclamó el destino, La que á todas las zonas extendía Su cetro de oro y su blasón divino? 5 Volábase á occidente, Y el vasto mar Atlántico sembrado Se hallaba de su gloria y su fortuna. Do quiera España: en el preciado seno 10 De América, en el Asia, en los confines Del África, allí España. El soberano Vuelo de la atrevida fantasía Para abarcarla se cansaba en vano; La tierra sus mineros le rendía, Sus perlas y coral el Oceano, 15 Y donde quier que revolver sus olas Él intentase, á quebrantar su furia Siempre encontraba costas españolas. Ora en el cieno del oprobio hundida, Abandonada á la insolencia ajena, 20 Como esclava en mercado, ya aguardaba La ruda argolla y la servil cadena. ¡Qué de plagas! ¡oh Dios! Su aliento impuro, La pestilente fiebre respirando, Infestó el aire, emponzoñó la vida; page 47 La hambre enflaquecida Tendió sus brazos lívidos, ahogando Cuanto el contagio perdonó; tres veces De Jano el templo abrimos, 5 Y á la trompa de Marte aliento dimos; Tres veces ¡ay! Los dioses tutelares Su escudo nos negaron, y nos vimos Rotos en tierra y rotos en los mares. ¿Qué en tanto tiempo viste 10 Por tus inmensos términos, oh Iberia? ¿Qué viste ya sino funesto luto, Honda tristeza, sin igual miseria, De tu vil servidumbre acerbo fruto? Así rota la vela, abierto el lado, 15 Pobre bajel á naufragar camina, De tormenta en tormenta despeñado, Por los yermos del mar; ya ni en su popa Las guirnaldas se ven que antes le ornaban, Ni en señal de esperanza y de contento 20 La flámula rïendo al aire ondea. Cesó en su dulce canto el pasajero, Ahogó su vocería El ronco marinero, Terror de muerte en torno le rodea, 25 Terror de muerte silencioso y frío; Y él va á estrellarse al áspero bajío. Llega el momento, en fin; tiende su mano El tirano del mundo al occidente, Y fiero exclama: «El occidente es mío.» page 48 Bárbaro gozo en su ceñuda frente Resplandeció, como en el seno obscuro De nube tormentosa en el estío Relámpago fugaz brilla un momento 5 Que añade horror con su fulgor sombrío. Sus guerreros feroces Con gritos de soberbia el viento llenan; Gimen los yunques, los martillos suenan, Arden las forjas. ¡Oh vergüenza! ¿Acaso 10 Pensáis que espadas son para el combate Las que mueven sus manos codiciosas? No en tanto os estiméis: grillos, esposas, Cadenas son que en vergonzosos lazos Por siempre amarren tan inertes brazos. 15 Estremecióse España Del indigno rumor que cerca oía, Y al grande impulso de su justa saña Rompió el volcán que en su interior hervía. Sus déspotas antiguos 20 Consternados y pálidos se esconden; Resuena el eco de venganza en torno, Y del Tajo las márgenes responden: «¡Venganza!» ¿Dónde están, sagrado río, Los colosos de oprobio y de vergüenza 25 Que nuestro bien en su insolencia ahogaban; Su gloria fué, nuestro esplendor comienza; Y tú, orgulloso y fiero, Viendo que aun hay Castilla y castellanos, Precipitas al mar tus rubias ondas, page 49 ¡Oh triunfo! ¡Oh gloria! ¡Oh celestial momento! ¿Con que puede ya dar el labio mío El nombre augusto de la patria al viento? 5 Yo le daré; mas no en el arpa de oro Que mi cantar sonoro Acompañó hasta aquí; no aprisionado En estrecho recinto, en que se apoca El numen en el pecho 10 Y el aliento fatídico en la boca. Desenterrad la lira de Tirteo, Y el aire abierto á la radiante lumbre Del sol, en la alta cumbre Del riscoso y pinífero Fuenfría, 15 Allí volaré yo, y allí cantando Con voz que atruene en rededor la sierra, Lanzaré por los campos castellanos Los ecos de la gloría y de la guerra. ¡Guerra, nombre tremendo, ahora sublime, 20 Único asilo y sacrosanto escudo Al ímpetu sañudo Del fiero Atila que á occidente oprime! ¡Guerra, guerra, españoles! En el Betis Ved del Tercer Fernando alzarse airada 25 La augusta sombra; su divina frente Mostrar Gonzalo en la imperial Granada; Blandir el Cid su centelleante espada, Y allá sobre los altos Pirineos, Del hijo de Jimena page 50 Animarse los miembros giganteos. En torvo ceño y desdeñosa pena Ved como cruzan por los aires vanos; Y el valor exhalando que se encierra 5 Dentro del hueco de sus tumbas frías, En fiera y ronca voz pronuncian: «¡Guerra! ¡Pues qué! ¿Con faz serena Vierais los campos devastar opimos, Eterno objeto de ambición ajena, 10 Herencia inmensa que afanando os dimos? Despertad, raza de héroes: el momento Llegó ya de arrojarse á la victoria; Que vuestro nombre eclipse nuestro nombre, Que vuestra gloría humille nuestra gloria. 15 No ha sido en el gran día 15 El altar de la patria alzado en vano Por vuestra mano fuerte. Juradlo, ella os lo manda: _¡Antes la muerte Que consentir jamás ningún tirano!_» 20 Sí, yo lo juro, venerables sombras; Yo lo juro también, y en este instante Ya me siento mayor. Dadme una lanza, Ceñidme el casco fiero y refulgente; Volemos al combate, á la venganza; 25 Y el que niegue su pecho á la esperanza, Hunda en el polvo la cobarde frente. Tal vez el gran torrente De la devastación en su carrera Me llevará. ¿Qué importa? ¿Por ventura page 51 No se muere una vez? ¿No iré, expirando, Á encontrar nuestros ínclitos mayores? «¡Salud, oh padres de la patria mía, Yo les diré, salud! La heroica España 5 De entre el estrago universal y horrores Levanta la cabeza ensangrentada, Y vencedora de su mal destino, Vuelve á dar á la tierra amedrentada

DON DIONISIO SOLÍS

LA PREGUNTA DE LA NIÑA

10 Madre mía, yo soy niña; No se enfade, no me riña, Si fiada en su prudencia Desahogo mi conciencia, Y contarle solicito 15 Mi desdicha ó mi delito, Aunque muerta de rubor. Pues Blasillo el otro día, Cuando mismo anochecía, Y cantando descuidada 20 Conducía mi manada, En el bosque, por acaso, Me salió solito al paso, Más hermoso que el amor. Se me acerca temeroso, page 52 Me saluda cariñoso, Me repite que soy linda, Que no hay pecho que no rinda, Que si río, que si lloro, 5 Á los hombres enamoro, Y que mato con mirar. Con estilo cortesano Se apodera de mi mano, Y entre dientes, madre mía, 10 No sé bien qué me pedía; Yo entendí que era una rosa, Pero él dijo que era otra cosa, Que yo no le quise dar. ¿Sabe usted lo que decía 15 El taimado que quería? Con vergüenza lo confieso, Mas no hay duda que era un beso Y fue tanto mi sonrojo, Que irritada de su arrojo, 20 No sé como no morí. Mas mi pecho enternecido De mirarle tan rendido, Al principio resistiendo, Él instando, yo cediendo, 25 Fue por fin tan importuno, Que en la boca, y sólo uno, Que me diera permití. Desde entonces, si le miro, Yo no sé por qué suspiro, page 53 Ni por qué si á Clori mira Se me abrasa el rostro en ira; Ni por qué, si con cuidado Se me pone junto al lado, 5 Me estremezco de placer. Siempre orillas de la fuente Busco rosas á mi frente, Pienso en él y me sonrío, Y entre mí le llamo mío, 10 Me entristezco de su ausencia, Y deseo en su presencia La más bella parecer. Confundida, peno y dudo, Y por eso á usted acudo; 15 Dígame, querida madre, Si sentía por mi padre Este plácido tormento, Esta dulce que yo siento Deliciosa enfermedad. 20 Diga usted con qué se cura Ó mi amor, ó mi locura, Y si puede por un beso, Sin que pase á más exceso, Una niña enamorarse, 25 Y que trate de casarse Á los quince de su edad. page 54

DON JUAN NICASIO GALLEGO

EL DOS DE MAYO

Noche, lóbrega noche, eterno asilo Del miserable que, esquivando el sueño, En tu silencio pavoroso gime: No desdeñes mi voz; letal beleño 5 Presta á mis sienes, y en tu horror sublime Empapada la ardiente fantasía, Da á mi pincel fatídicos colores Con que el tremendo día Trace al furor de vengadora tea, 10 Y el odio irrite de la patria mía, Y escándalo y terror al orbe sea. ¡Día de execración! La destructora Mano del tiempo le arrojó al averno; Mas ¿quién el sempiterno 15 Clamor con que los ecos importuna La madre España en enlutado arreo Podrá atajar? Junto al sepulcro frío, Al pálido lucir de opaca luna, Entre cipreses fúnebres la veo: 20 Trémula, yerta, desceñido el manto, Los ojos moribundos Al cielo vuelve, que le oculta el llanto; Roto y sin brillo el cetro de dos mundos Yace entre el polvo, y el león guerrero 25 Lanza á sus pies rugido lastimero. page 55 ¡Ay, que cual débil planta Que agota en su furor hórrido viento, De víctimas sin cuento Lloró la destrucción Mantua afligida! 5 Yo vi, yo vi su juventud florida Correr inerme al huésped ominoso. ¿Mas qué su generoso Esfuerzo pudo? El pérfido caudillo En quien su honor y su defensa fía, 10 La condenó al cuchillo. ¿Quién ¡ay! la alevosía, La horrible asolación habrá que cuente, Que, hollando de amistad los santos fueros, Hizo furioso en la indefensa gente 15 Ese tropel de tigres carniceros? Por las henchidas calles Gritando se despeña La infame turba que abrigó en su seno, Rueda allá rechinando la cureña, 20 Acá retumba el espantoso trueno, Allí el joven lozano, El mendigo infeliz, el venerable Sacerdote pacífico, el anciano Que con su arada faz respeto imprime, 25 Juntos amarra su dogal tirano. En balde, en balde gime, De los duros satélites en torno, La triste madre, la afligida esposa. Con doliente clamor, la pavorosa page 56 Fatal descarga suena, Que á luto y llanto eterno la condena. ¡Cuánta escena de muerte! ¡cuánto estrago! ¡Cuántos ayes doquier! Despavorido 5 Mirad ese infelice Quejarse al adalid empedernido De otra cuadrilla atroz. «¡Ah! ¿Qué te hice?» Exclama el triste en lágrimas deshecho: «Mi pan y mi mansión partí contigo, 10 Te abrí mis brazos, te cedí mi lecho, Templé tu sed, y me llamé tu amigo; ¿Y ahora pagar podrás nuestro hospedaje Sincero, franco, sin doblez ni engaño, Con dura muerte y con indigno ultraje?» 15 ¡Perdido suplicar! ¡inútil ruego! El monstruo infame á sus ministros mira, Y con tremenda voz gritando: «¡fuego!» Tinto en su sangre el desgraciado expira. Y en tanto ¿dó se esconden? 20 ¿Dó están ¡oh cara patria! tus soldados, Que á tu clamor de muerte no responden? Presos, encarcelados Por jefes sin honor, que, haciendo alarde De su perfidia y dolo, 25 Á merced de los vándalos te dejan, Como entre hierros el león, forcejean Con inútil afán. Vosotros sólo, Fuerte Daoiz, intrépido Velarde, Que osando resistir al gran torrente page 57 Dar supisteis en flor la dulce vida Con firme pecho y con serena frente; Si de mi libre musa 5 Jamás el eco adormeció á tiranos, Ni vil lisonja emponzoñó su aliento, Allá del alto asiento, Al que la acción magnánima os eleva, El himno oid que á vuestro nombre entona, Mientras la fama alígera le lleva 10 Del mar de hielo á la abrasada zona. Mas ¡ay! que en tanto sus funestas alas Por la opresa metrópoli tendiendo, La yerma asolación sus plazas cubre, Y al áspero silbar de ardientes balas, 15 Y al ronco son de los preñados bronces, Nuevo fragor y estrépito sucede. ¿Oís cómo, rompiendo De moradores tímidos las puertas, Caen estallando de los fuertes gonces? 20 ¡Con qué espantoso estruendo Los dueños buscan, que medrosos huyen! Cuanto encuentran destruyen, Bramando, los atroces forajidos, Que el robo infame y la matanza ciegan. 25 ¿No veis cuál se despliegan, Penetrando en los hondos aposentos, De sangre y oro y lágrimas sedientos? Rompen, talan, destrozan Cuanto se ofrece á su sangrienta espada. page 58 Aquí, matando al dueño, se alborozan, Hieren allí su esposa acongojada; La familia asolada Yace expirando, y con feroz sonrisa 5 Sorben voraces el fatal tesoro. Suelta, á otro lado, la madeja de oro, Mustio el dulce carmín de su mejilla, Y en su frente marchita la azucena, Con voz turbada y anhelante lloro, 10 De su verdugo ante los pies se humilla Tímida virgen, de amargura llena; Mas con furor de hiena, Alzando el corvo alfanje damasquino, Hiende su cuello el bárbaro asesino. 15 ¡Horrible atrocidad!... Treguas ¡oh musa! Que ya la voz rehusa Embargada en suspiros mi garganta. Y en ignominia tanta, ¿Será que rinda el español bizarro 20 La indómita cerviz á la cadena? No, que ya en torno suena De Palas fiera el sanguinoso carro, Y el látigo estallante Los caballos flamígeros hostiga. 25 Ya el duro peto y el arnés brillante Visten los fuertes hijos de Pelayo. Fuego arrojó su ruginoso acero: «¡Venganza y guerra!» resonó en su tumba; «¡Venganza y guerra!» repitió Moncayo; page 59 Y al grito heroico que en los aires zumba, «¡Venganza y guerra!» claman Turia y Duero. Guadalquivir guerrero Alza al bélico son la regia frente, 5 Y del Patrón valiente Blandiendo altivo la nudosa lanza, Corre gritando al mar: «¡Guerra y venganza!» ¡Oh sombras infelices 10 De los que aleve y bárbara cuchilla Robó á los dulces lares! ¡Sombras inultas que en fugaz gemido Cruzáis los anchos campos de Castilla! La heroica España, en tanto que al bandido Que á fuego y sangre, de insolencia ciego, 15 Brindó felicidad, á sangre y fuego Le retribuye el don, sabrá piadosa Daros solemne y noble monumento. Allí en padrón cruento De oprobio y mengua, que perpetuo dure, 20 La vil traición del déspota se lea, Y altar eterno sea Donde todo Español al monstruo jure Rencor de muerte que en sus venas cunda, Y á cien generaciones se difunda. page 60

DON FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA

EL NIDO

¿Dónde vas, zagal cruel, Dónde vas con ese nido, Riyendo tú mientras pían Esos tristes pajarillos? 5 Su madre los dejó solos En este momento mismo, Para buscarles sustento Y dárselo con su pico... Mírala cuán azorada 10 Echa menos á sus hijos, Salta de un árbol en otro, Va, torna, vuela sin tino: Al cielo favor demanda Con acento dolorido; 15 Mientras ellos en tu mano Baten el ala al oirlo... ¡Tú también tuviste madre, Y la perdiste aun muy niño, Y te encontraste en la tierra 20 Sin amparo y sin abrigo!-- Las lágrimas se le saltan Al cuitado pastorcillo, Y vergonzoso y confuso Deja en el árbol el nido. page 61

DON ÁNGEL DE SAAVEDRA, DUQUE DE RIVAS

UN CASTELLANO LEAL

ROMANCE PRIMERO

«Holá, hidalgos y escuderos De mi alcurnia y mi blasón, Mirad como bien nacidos De mi sangre y casa en pro. 5 «Esas puertas se defiendan; Que no ha de entrar, vive Dios, Por ellas, quien no estuviere Más limpio que lo está el sol. «No profane mi palacio 10 Un fementido traidor Que contra su Rey combate Y que á su patria vendió. «Pues si él es de Reyes primo, Primo de Reyes soy yo; 15 Y conde de Benavente Si él es duque de Borbón; «Llevándole de ventaja Que nunca jamás manchó La traición mi noble sangre, 20 Y haber nacido español.»

Así atronaba la calle Una ya cascada voz, page 62 Que de un palacio salía Cuya puerta se cerró; Y á la que estaba á caballo Sobre un negro pisador, 5 Siendo en su escudo las lises Más bien que timbre baldón, Y de pajes y escuderos Llevando un tropel en pos Cubiertos de ricas galas, 10 El gran duque de Borbón: El que lidiando en Pavía, Más que valiente, feroz, Gozóse en ver prisionero Á su natural señor; 15 Y que á Toledo ha venido, Ufano de su traición, Para recibir mercedes Y ver al Emperador.

ROMANCE SEGUNDO

En una anchurosa cuadra 20 Del alcázar de Toledo, Cuyas paredes adornan Ricos tapices flamencos, Al lado de una gran mesa, Que cubre de terciopelo 25 Napolitano tapete Con borlones de oro y flecos; Ante un sillón de respaldo page 63 Que entre bordado arabesco Los timbres de España ostenta Y el águila del imperio, De pie estaba Carlos Quinto, 5 Que en España era primero, Con gallardo y noble talle, Con noble y tranquilo aspecto.

De brocado de oro y blanco Viste tabardo tudesco, 10 De rubias martas orlado, Y desabrochado y suelto, Dejando ver un justillo De raso jalde, cubierto Con primorosos bordados 15 Y costosos sobrepuestos, Y la excelsa y noble insignia Del Toisón de oro, pendiendo De una preciosa cadena En la mitad de su pecho. 20 Un birrete de velludo Con un blanco airón, sujeto Por un joyel de diamantes Y un antiguo camafeo, Descubre por ambos lados, 25 Tanta majestad cubriendo, Rubio, cual barba y bigote, Bien atusado el cabello. Apoyada en la cadera page 64 La potente diestra ha puesto, Que aprieta dos guantes de ámbar Y un primoroso mosquero, Y con la siniestra halaga 5 De un mastín muy corpulento, Blanco y las orejas rubias, El ancho y carnoso cuello.

Con el Condestable insigne, Apaciguador del reino, 10 De los pasados disturbios Acaso está discurriendo; Ó del trato que dispone Con el Rey de Francia preso, Ó de asuntos de Alemania 15 Agitada por Lutero; Cuando un tropel de caballos Oye venir á lo lejos Y ante el alcázar pararse, Quedando todo en silencio. 20 En la antecámara suena Rumor impensado luego, Ábrese al fin la mampara Y entra el de Borbón soberbio, Con el semblante de azufre 25 Y con los ojos de fuego, Bramando de ira y de rabia Que enfrena mal el respeto; Y con balbuciente lengua, page 65 Y con mal borrado ceño, Acusa al de Benavente, Un desagravio pidiendo.