Modern Spanish Lyrics

Chapter 7

Chapter 73,144 wordsPublic domain

Estaba Mirta bella Cierta noche formando en su aposento, Con gracioso talento, Una tierna canción, y porque en ella 15 Satisfacer á Delio meditaba, Que de su fe dudaba, Con vehemente expresión le encarecía El fuego que en su casto pecho ardía. Y estando divertida, 20 Un murciélago fiero, ¡suerte insana! Entró por la ventana; Mirta dejó la pluma, sorprendida, page 21 Temió, gimió, dio voces, vino gente; Y al querer diligente Ocultar la canción, los versos bellos De borrones llenó, por recogellos. 5 Y Delio, noticioso Del caso que en su daño había pasado, Justamente enojado Con el fiero murciélago alevoso, Que había la canción interrumpido, 10 Y á su Mirta afligido, En cólera y furor se consumía, Y así á la ave funesta maldecía: «Oh monstruo de ave y bruto, Que cifras lo peor de bruto y ave, 15 Visión nocturna grave, Nuevo horror de las sombras, nuevo luto, De la luz enemigo declarado, Nuncio desventurado De la tiniebla y de la noche fría, 20 ¿Qué tienes tú que hacer donde está el día? «Tus obras y figura Maldigan de común las otras aves, Que cánticos süaves Tributan cada día á la alba pura; 25 Y porque mi ventura interrumpiste, Y á su autor afligiste, Todo el mal y desastre te suceda Que á un murciélago vil suceder pueda. «La lluvia repetida, page 22 Que viene de lo alto arrebatada, Tan sólo reservada Á las noches, se oponga á tu salida; Ó el relámpago pronto reluciente 5 Te ciegue y amedrente; Ó soplando del Norte recio el viento, No permita un mosquito á tu alimento. «La dueña melindrosa, Tras el tapiz do tienes tu manida, 10 Te juzgue, inadvertida, Por telaraña sucia y asquerosa, Y con la escoba al suelo te derribe; Y al ver que bulle y vive, Tan fiera y tan ridícula figura, 15 Suelte la escoba y huya con presura. «Y luego sobrevenga El juguetón gatillo bullicioso, Y primero medroso Al verte, se retire y se contenga, 20 Y bufe y se espeluce horrorizado, Y alce el rabo esponjado, Y el espinazo en arco suba al cielo, Y con los pies apenas toque el suelo. «Mas luego recobrado, 25 Y del primer horror convalecido, El pecho al suelo unido, Traiga el rabo del uno al otro lado, Y cosido en la tierra, observe atento; Y cada movimiento page 23 Que en ti llegue á notar su perspicacia, Le provoque al asalto y le dé audacia. «En fin sobre ti venga, Te acometa y ultraje sin recelo, 5 Te arrastre por el suelo, Y á costa de tu daño se entretenga; Y por caso las uñas afiladas En tus alas clavadas, Por echarte de sí con sobresalto, 10 Te arroje muchas veces á lo alto «Y acuda á tus chillidos El muchacho, y convoque á sus iguales, Que con los animales Suelen ser comúnmente desabridos; 15 Que á todos nos dotó naturaleza De entrañas de fiereza, Hasta que ya la edad ó la cultura Nos dan humanidad y más cordura. «Entre con algazara 20 La pueril tropa, al daño prevenida, Y lazada oprimida Te echen al cuello con fiereza rara; Y al oirte chillar alcen el grito Y te llamen maldito; 25 Y creyéndote al fin del diablo imagen, Te abominen, te escupan y te ultrajen. «Luego por las telillas De tus alas te claven al postigo, Y se burlen contigo, page 24 Y al hocico te apliquen candelillas, Y se rían con duros corazones De tus gestos y acciones, Y á tus tristes querellas ponderadas 5 Correspondan con fiesta y carcajadas. «Y todos bien armados De piedras, de navajas, de aguijones, De clavos, de punzones, De palos por los cabos afilados 10 (De diversión y fiesta ya rendidos), Te embistan atrevidos, Y te quiten la vida con presteza, Consumando en el modo su fiereza. «Te puncen y te sajen, 15 Te tundan, te golpeen, te martillen, Te piquen, te acribillen, Te dividan, te corten y te rajen, Te desmiembren, te partan, te degüellen, Te hiendan, te desuellen, 20 Te estrujen, te aporreen, te magullen, Te deshagan, confundan y aturrullen. «Y las supersticiones De las viejas creyendo realidades, Por ver curiosidades, 25 En tu sangre humedezcan algodones, Para encenderlos en la noche obscura, Creyendo sin cordura Que verán en el aire culebrinas Y otras tristes visiones peregrinas. page 25 «Muerto ya, te dispongan El entierro, te lleven arrastrando, Gori, gori, cantando, Y en dos filas delante se compongan, 5 Y otros, fingiendo voces lastimeras, Sigan de plañideras, Y dirijan entierro tan gracioso Al muladar más sucio y asqueroso; «Y en aquella basura 10 Un hoyo hondo y capaz te faciliten, Y en él te depositen, Y allí te den debida sepultura; Y para hacer eterna tu memoria, Compendiada tu historia 15 Pongan en una losa duradera, Cuya letra dirá de esta manera:

_Epitafio_

«Aquí yace el murciélago alevoso, Que al sol horrorizó y ahuyentó el día, De pueril saña triunfo lastimoso, 20 Con cruel muerte pagó su alevosía: No sigas, caminante, presuroso, Hasta decir sobre esta losa fría: Acontezca tal fin y tal estrella Á aquel que mal hiciere á Mirta bella.» page 26

DON NICOLÁS F. DE MORATÍN

FIESTA DE TOROS EN MADRID

Madrid, castillo famoso Que al rey moro alivia el miedo, Arde en fiestas en su coso Por ser el natal dichoso 5 De Alimenón de Toledo. Su bravo alcaide Aliatar, De la hermosa Zaida amante, Las ordena celebrar Por si la puede ablandar 10 El corazón de diamante. Pasó, vencida á sus ruegos, Desde Aravaca á Madrid; Hubo pandorgas y fuegos, Con otros nocturnos juegos 15 Que dispuso el adalid. Y en adargas y colores, En las cifras y libreas, Mostraron los amadores, Y en pendones y preseas, 20 La dicha de sus amores. Vinieron las moras bellas De toda la cercanía, Y de lejos muchas de ellas: Las más apuestas doncellas 25 Que España entonces tenía. page 27 Aja de Jetafe vino, Y Zahara la de Alcorcón, En cuyo obsequio muy fino Corrió de un vuelo el camino 5 El moraicel de Alcabón; Jarifa de Almonacid, Que de la Alcarria en que habita Llevó á asombrar á Madrid Su amante Audalla, adalid 10 Del castillo de Zorita. De Adamuz y la famosa Meco llegaron allí Dos, cada cual más hermosa, Y Fátima la preciosa, 15 Hija de Alí el alcadí. El ancho circo se llena De multitud clamorosa, Que atiende á ver en la arena La sangrienta lid dudosa, 20 Y todo en torno resuena. La bella Zaida ocupó Sus dorados miradores Que el arte afiligranó, Y con espejos y flores 25 Y damascos adornó. Añafiles y atabales, Con militar armonía, Hicieron salva, y señales De mostrar su valentía page 28 Los moros más principales. No en las vegas de Jarama Pacieron la verde grama Nunca animales tan fieros, 5 Junto al puente que se llama, Por sus peces, de Viveros, Como los que el vulgo vió Ser lidiados aquel día; Y en la fiesta que gozó, 10 la popular alegría Muchas heridas costó. Salió un toro del toril Y á Tarfe tiró por tierra, Y luego á Benalguacil; 15 Después con Hamete cierra El temerón de Conil. Traía un ancho listón Con uno y otro matiz Hecho un lazo por airón, 20 Sobre la inhiesta cerviz Clavado con un arpón. Todo galán pretendía Ofrecerle vencedor Á la dama que servía: 25 Por eso perdió Almanzor El potro que más quería. El alcaide muy zambrero De Guadalajara, huyó Mal herido al golpe fiero, page 29 Y desde un caballo overo El moro de Horche cayó. Todos miran á Aliatar, Que, aunque tres toros ha muerto, 5 No se quiere aventurar, Porque en lance tan incierto El caudillo no ha de entrar. Mas viendo se culparía, Va á ponérsele delante: 10 La fiera le acometía, Y sin que el rejón la plante Le mató una yegua pía. Otra monta acelerado: Le embiste el toro de un vuelo, 15 Cogiéndole entablerado; Rodó el bonete encarnado Con las plumas por el suelo. Dió vuelta hiriendo y matando Á los de á pie que encontrara, 20 El circo desocupando, Y emplazándose, se para, Con la vista amenazando. Nadie se atreve á salir: La plebe grita indignada, 25 Las damas se quieren ir, Porque la fiesta empezada No puede ya proseguir. Ninguno al riesgo se entrega Y está en medio el toro fijo, page 30 Cuando un portero que llega De la puerta de la Vega, Hincó la rodilla, y dijo: Sobre un caballo alazano, 5 Cubierto de galas y oro, Demanda licencia urbano Para alancear á un toro Un caballero cristiano. Mucho le pesa á Aliatar; 10 Pero Zaida dió respuesta Diciendo que puede entrar, Porque en tan solemne fiesta Nada se debe negar. Suspenso el concurso entero 15 Entre dudas se embaraza, Cuando en un potro ligero Vieron entrar en la plaza Un bizarro caballero, Sonrosado, albo color, 20 Belfo labio, juveniles Alientos, inquieto ardor, En el florido verdor De sus lozanos abriles. Cuelga la rubia guedeja 25 Por donde el almete sube, Cual mirarse tal vez deja Del sol la ardiente madeja Entre cenicienta nube; Gorguera de anchos follajes, page 31 De una cristiana primores; En el yelmo los plumajes Por los visos y celajes Vergel de diversas flores; 5 En la cuja gruesa lanza, Con recamado pendón, Y una cifra á ver se alcanza, Que es de desesperación, Ó á lo menos de venganza. 10 En el arzón de la silla Ancho escudo reverbera Con blasones de Castilla, Y el mote dice á la orilla: _Nunca mi espada venciera_. 15 Era el caballo galán, El bruto más generoso, De más gallardo ademán: Cabos negros, y brioso, Muy tostado, y alazán, 20 Larga cola recogida En las piernas descarnadas, Cabeza pequeña, erguida, Las narices dilatadas, Vista feroz y encendida. 25 Nunca en el ancho rodeo Que da Betis con tal fruto Pudo fingir el deseo Más bella estampa de bruto, Ni más hermoso paseo. page 32 Dió la vuelta al rededor; Los ojos que le veían Lleva prendados de amor: ¡Alá te salve! decían, 5 ¡Déte el Profeta favor! Causaba lástima y grima Su tierna edad floreciente: Todos quieren que se exima Del riesgo, y él solamente 10 Ni recela ni se estima. Las doncellas, al pasar, Hacen de ámbar y alcanfor Pebeteros exhalar, Vertiendo pomos de olor, 15 De jazmines y azahar. Mas cuando en medio se para, Y de más cerca le mira La cristiana esclava Aldara, Con su señora se encara, 20 Y así la dice, y suspira: --Señora, sueños no son; Así los cielos, vencidos De mi ruego y aflicción, Acerquen á mis oídos 25 Las campanas de León, Como ese doncel, que ufano Tanto asombro viene á dar Á todo el pueblo africano, Es Rodrigo de Bivar, page 33 El soberbio castellano.-- Sin descubrirle quién es, La Zaida desde una almena Le habló una noche cortés, 5 Por donde se abrió después El cubo de la Almudena; Y supo que, fugitivo De la corte de Fernando, El cristiano, apenas vivo, 10 Está á Jimena adorando Y en su memoria cautivo. Tal vez á Madrid se acerca Con frecuentes correrías Y todo en torno la cerca; 15 Observa sus saetías, Arroyadas y ancha alberca. Por eso le ha conocido: Que en medio de aclamaciones, El caballo ha detenido 20 Delante de sus balcones, Y la saluda rendido. La mora se puso en pie Y sus doncellas detrás: El alcaide que lo ve, 25 Enfurecido además, Muestra cuán celoso esté. Suena un rumor placentero Entre el vulgo de Madrid: No habrá mejor caballero, page 34 Dicen, en el mundo entero, Y algunos le llaman Cid. Crece la algazara, y él, Torciendo las riendas de oro, 5 Marcha al combate crüel: Alza el galope, y al toro Busca en sonoro tropel. El bruto se le ha encarado Desde que le vió llegar, 10 De tanta gala asombrado, Y al rededor le ha observado Sin moverse de un lugar. Cual flecha se disparó Despedida de la cuerda, 15 De tal suerte le embistió; Detrás de la oreja izquierda La aguda lanza le hirió. Brama la fiera burlada; Segunda vez acomete, 20 De espuma y sudor bañada, Y segunda vez la mete Sutil la punta acerada. Pero ya Rodrigo espera Con heroico atrevimiento, 25 El pueblo mudo y atento: Se engalla el toro y altera, Y finje acometimiento. La arena escarba ofendido, Sobre la espalda la arroja page 35 Con el hueso retorcido; El suelo huele y le moja En ardiente resoplido. La cola inquieto menea, 5 La diestra oreja mosquea, Vase retirando atrás, Para que la fuerza sea Mayor, y el ímpetu más. El que en esta ocasión viera 10 De Zaida el rostro alterado, Claramente conociera Cuanto le cuesta cuidado El que tanto riesgo espera. Mas ¡ay, que le embiste horrendo 15 El animal espantoso! Jamás peñasco tremendo Del Cáucaso cavernoso Se desgaja, estrago haciendo, Ni llama así fulminante 20 Cruza en negra obscuridad Con relámpagos delante, Al estrépito tronante De sonora tempestad, Como el bruto se abalanza 25 Con terrible ligereza; Mas rota con gran pujanza La alta nuca, la fiereza Y el último aliento lanza. La confusa vocería page 36 Que en tal instante se oyó Fué tanta, que parecía Que honda mina reventó, Ó el monte y valle se hundía. 5 Á caballo como estaba Rodrigo, el lazo alcanzó Con que el toro se adornaba: En su lanza le clavó Y á los balcones llegaba. 10 Y alzándose en los estribos, Le alarga á Zaida, diciendo: --Sultana, aunque bien entiendo Ser favores excesivos, Mi corto don admitiendo; 15 Si no os dignáredes ser Con él benigna, advertid Que á mí me basta saber Que no le debo ofrecer Á otra persona en Madrid.-- 20 Ella, el rostro placentero, Dijo, y turbada:--Señor, Yo le admito y le venero, Por conservar el favor De tan gentil caballero.-- 25 Y besando el rico don, Para agradar al doncel, Le prende con afición Al lado del corazón Por brinquiño y por joyel. page 37 Pero Aliatar el caudillo De envidia ardiendo se ve, Y, trémulo y amarillo, Sobre un tremecén rosillo 5 Lozaneándose fué. Y en ronca voz:--Castellano, Le dice, con más decoros Suelo yo dar de mi mano, Si no penachos de toros, 10 Las cabezas del cristiano. Y si vinieras de guerra Cual vienes de fiesta y gala, Vieras que en toda la tierra, Al valor que dentro encierra 15 Madrid, ninguno se iguala.-- --Así, dijo el de Bivar, Respondo--; y la lanza al ristre Pone, y espera á Aliatar; Mas sin que nadie administre 20 Orden, tocaron á armar. Ya fiero bando con gritos Su muerte ó prisión pedía, Cuando se oyó en los distritos Del monte de Leganitos 25 Del Cid la trompetería. Entre la Monclova y Soto Tercio escogido emboscó, Que, viendo como tardó, Se acerca, oyó el alboroto, page 38 Y al muro se abalanzó. Y si no vieran salir Por la puerta á su señor, Y Zaida á le despedir, 5 Iban la fuerza á embestir: Tal era ya su furor. El alcaide, recelando Que en Madrid tenga partido, Se templó disimulando, 10 Y por el parque florido Salió con él razonando. Y es fama que, á la bajada, Juró por la cruz el Cid De su vencedora espada 15 De no quitar la celada Hasta que gane á Madrid.

DON GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS

Á ARNESTO

¿Quis tam patiens ut teneat se? JUVENAL

Déjame, Arnesto, déjame que llore Los fieros males de mi patria, deja Que su rüina y perdición lamente; 20 Y si no quieres que en el centro obscuro De esta prisión la pena me consuma, Déjame al menos que levante el grito Contra el desorden: deja que á la tinta page 39 Mezclando miel y acíbar, siga indócil Mi pluma el vuelo del bufón de Aquino. ¡Oh! ¡cuánto rostro veo, á mi censura, De palidez y de rubor cubierto! 5 Ánimo, amigos, nadie tema, nadie, Su punzante aguijón; que yo persigo En mi sátira el vicio, no al vicioso.

Ya la notoriedad es el más noble Atributo del vicio, y nuestras Julias, 10 Más que ser malas quieren parecerlo. Hubo un tiempo en que andaba la modestia Dorando los delitos; hubo un tiempo En que el recato tímido cubría La fealdad del vicio; pero huyóse 15 El pudor á vivir en las cabañas.

¡Oh infamia! ¡oh siglo! ¡oh corrupción! Matronas Castellanas, ¿quién pudo vuestro claro Pundonor eclipsar? ¿Quién de Lucrecias En Laís os volvió? ¿Ni el proceloso 20 Océano, ni, lleno de peligros, El Lilibeo, ni las arduas cumbres De Pirene pudieron guareceros Del contagio fatal? Zarpa preñada De oro la nao gaditana, aporta 25 Á las orillas gálicas, y vuelve Llena de objetos fútiles y vanos; page 40 Y entre los signos de extranjera pompa Ponzoña esconde y corrupción, compradas Con el sudor de las iberas frentes; Y tú, mísera España, tú la esperas 5 Sobre la playa, y con afán recoges La pestilente carga, y la repartes Alegre entre tus hijos. Viles plumas, Gasas y cintas, flores y penachos 10 Te trae en cambio de la sangre tuya; De tu sangre ¡oh baldón! y acaso, acaso De tu virtud y honestidad. Repara Cual la liviana juventud los busca. Mira cual va con ellos engreída La impudente doncella; su cabeza, 15 Cual nave real en triunfo empavesada, Vana presenta del favonio al soplo La mies de plumas y de airones, y anda Loca, buscando en la lisonja el premio De su indiscreto afán. ¡Ay triste! guarte, 20 Guarte, que está cercano el precipicio. El astuto amador ya en asechanza Te atisba y sigue con lascivos ojos; La adulación y la caricia el lazo Te van á armar, do caerás incauta, 25 En él tu oprobio y perdición hallando. ¡Ay cuánto, cuánto de amargura y lloro Te costarán tus galas! ¡Cuán tardío Será y estéril tu arrepentimiento! Ya ni el rico Brasil, ni las cavernas page 41 Del nunca exhausto Potosí no bastan Á saciar el hidrópico deseo, La ansiosa sed de vanidad y pompa. Todo lo agotan: cuesta un sombrerillo 5 Lo que antes un Estado, y se consume5 En un festín la dote de una infanta; Todo lo tragan; la riqueza unida Va á la indigencia; pide y pordiosea El noble, engaña, empeña, malbarata, 10 Quiebra y perece, y el logrero goza Los pingües patrimonios, premio un día Del generoso afán de altos abuelos. ¡Oh ultraje! ¡oh mengua! todo se trafica: Parentesco, amistad, favor, influjo, 15 Y hasta el honor, depósito sagrado, Ó se vende ó se compra. Y tú, belleza, Don el más grato que dió al hombre el cielo, No eres ya premio del valor, ni paga Del peregrino ingenio; la florida 20 Juventud, la ternura, el rendimiento Del constante amador ya no te alcanzan. Ya ni te das al corazón, ni sabes De él recibir adoración y ofrendas. Ríndeste al oro. La vejez hedionda, 25 La sucia palidez, la faz adusta, Fiera y terrible, con igual derecho Vienen sin susto á negociar contigo. Daste al barato, y tu rosada frente, Tus suaves besos y tus dulces brazos, page 42 Corona un tiempo del amor más puro, Son ya una vil y torpe mercancía.

DON JUAN MELÉNDEZ VALDÉS

ROSANA EN LOS FUEGOS