Modern Spanish Lyrics

Chapter 14

Chapter 143,474 wordsPublic domain

Este recuerdo á mi pesar me viene... 5 Nada ¡oh Niágara! falta á tu destino, Ni otra corona que el agreste pino Á tu terrible majestad conviene. La palma y mirto y delicada rosa Muelle placer inspiren y ocio blando 10 En frívolo jardín: á ti la suerte Guardó más digno objeto, más sublime. El alma libre, generosa, fuerte, Viene, te ve, se asombra, El mezquino deleite menosprecia 15 Y aun se siente elevar cuando te nombra.

¡Omnipotente Dios! En otros climas Vi monstruos execrables, Blasfemando tu nombre sacrosanto, Sembrar error y fanatismo impío, 20 Los campos inundar con sangre y llanto, De hermanos atizar la infanda guerra, Y desolar frenéticos la tierra. Vilos, y el pecho se inflamó á su vista En grave indignación. Por otra parte 25 Vi mentidos filósofos, que osaban Escrutar tus misterios, ultrajarte, Y de impiedad al lamentable abismo page 188 Á los míseros hombres arrastraban. Por eso te buscó mi débil mente En la sublime soledad: ahora Entera se abre á ti; tu mano siente 5 En esta inmensidad que me circunda, Y tu profunda voz hiere mi seno De este raudal en el eterno trueno.

¡Asombroso torrente! ¡Cómo tu vista el ánimo enajena 10 Y de terror y admiración me llena! ¿Dó tu origen está? ¿Quién fertiliza Por tantos siglos tu inexhausta fuente? ¿Qué poderosa mano Hace que al recibirte 15 No rebose en la tierra el Océano?

Abrió el Señor su mano omnipotente; Cubrió tu faz de nubes agitadas, Dió su voz á tus aguas despeñadas, Y ornó con su arco tu terrible frente. 20 ¡Ciego, profundo, infatigable corres, Como el torrente obscuro de los siglos En insondable eternidad!... ¡Al hombre Huyen así las ilusiones gratas, Los florecientes días, 25 Y despierta al dolor!... ¡Ay! agostada Yace mi juventud; mi faz, marchita; page 189 Y la profunda pena que me agita Ruga mi frente de dolor nublada.

Nunca tanto sentí como este día Mi soledad y mísero abandono 5 Y lamentable desamor... ¿Podría En edad borrascosa Sin amor ser feliz? ¡Oh! si una hermosa Mi cariño fijase, Y de este abismo al borde turbulento 10 Mi vago pensamiento Y ardiente admiración acompañase! ¡Cómo gozara, viéndola cubrirse De leve palidez, y ser más bella En su dulce terror, y sonreirse 15 Al sostenerla mis amantes brazos... Delirios de virtud... ¡Ay! ¡Desterrado, Sin patria, sin amores, Sólo miro ante mí llanto y dolores!

¡Niágara poderoso! 20 ¡Adiós! ¡adiós! Dentro de pocos años Ya devorado habrá la tumba fría Á tu débil cantor. ¡Duren mis versos Cual tu gloria inmortal! ¡Pueda piadoso, Viéndote algún viajero, 25 Dar un suspiro á la memoria mía! Y al abismarse Febo en occidente, Feliz yo vuele do el Señor me llama, page 190 Y al escuchar los ecos de mi fama, Alce en las nubes la radiosa frente.

«PLÁCIDO» (DON GABRIEL DE LA CONCEPCIÓN VALDÉS)

PLEGARIA Á DIOS

¡Ser de inmensa bondad! ¡Dios poderoso! Â vos acudo en mi dolor vehemente... 5 Extended vuestro brazo omnipotente; Rasgad de la calumnia el velo odioso; Y arrancad este sello ignominioso Con que el mundo manchar quiere mi frente.

¡Rey de los Reyes! ¡Dios de mis abuelos! 10 ¡Vos solo sois mi defensor! ¡Dios mío!... Todo lo puede quien al mar sombrío Olas y peces dio, luz á los cielos, Fuego al sol, giro al aire, al norte hielos, Vida á las plantas, movimiento al río.

15 Todo lo podéis vos; todo fenece, Ó se reanima á vuestra voz sagrada; Fuera de vos, Señor, el todo es nada Que en la insondable eternidad perece; Y aun esa misma nada os obedece, 20 Pues de ella fué la humanidad creada. page 191 Yo no os puedo engañar, Dios de clemencia; Y pues vuestra eternal sabiduría Ve al través de mi cuerpo el alma mía Cual del aire á la clara transparencia, 5 Estorbad que humillada la inocencia Bata sus palmas la calumnia impía.

Estorbadlo, Señor, por la preciosa Sangre vertida, que la culpa sella Del pecado de Adán, ó por aquella 10 Madre cándida, dulce y amorosa, Cuando envuelta en pesar, mustia y llorosa, Siguió tu muerte como helíaca estrella.

Mas si cuadra á tu suma omnipotencia Que yo perezca cual malvado impío, 15 Y que los hombres mi cadáver frío Ultrajen con maligna complacencia... ¡Suene tu voz, y acabe mi existencia!... ¡Cúmplase en mí tu voluntad, Dios mío!

DOÑA GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA

Á WÁSHINGTON

No en lo pasado a tu virtud modelo, 20 Ni copia al porvenir dará la historia, Ni otra igual en grandeza á tu memoria Difundirán los siglos en su vuelo. page 192 Miró la Europa ensangrentar su suelo Al genio de la guerra y la victoria, Pero le cupo á América la gloria De que al genio del bien le diera el cielo. 5 Que audaz conquistador goce en su ciencia Mientras al mundo en páramo convierte, Y se envanezca cuando á siervos mande; ¡Mas los pueblos sabrán en su conciencia Que el que los rige libres sólo es fuerte; 10 Que el que los hace grandes sólo es grande!

AL PARTIR

¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente! ¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo La noche cubre con su opaco velo, Como cubre el dolor mi triste frente. 15 ¡Voy á partir!... La chusma diligente Para arrancarme del nativo suelo Las velas iza, y pronta á su desvelo La brisa acude de tu zona ardiente. ¡Adiós, patria feliz, Edén querido! Doquier que el hado en su furor me impela, 20 Tu dulce nombre halagará mi oído. ¡Adiós!... ¡ya cruje la turgente vela... El ancla se alza... el buque estremecido Las olas corta y silencioso vuela! page 193

ECUADOR

DON JOSÉ JOAQUÍN OLMEDO

LA VICTORIA DE JUNÍN

Canto á Bolívar

El trueno horrendo, que en fragor revienta Y sordo retumbando se dilata Por la inflamada esfera, Al Dios anuncia que en el cielo impera.

5 Y el rayo que en Junín rompe y ahuyenta La hispana muchedumbre, Que más feroz que nunca amenazaba Á sangre y fuego eterna servidumbre, Y el canto de victoria 10 Que en ecos mil discurre, ensordeciendo El hondo valle y enriscada cumbre, Proclaman á Bolívar en la tierra Árbitro de la paz y de la guerra.

Las soberbias pirámides que al cielo 15 El arte humano osado levantaba Para hablar á los siglos y naciones, page 194 Templos, do esclavas manos Deificaban en pompa á sus tiranos, Ludibrio son del tiempo, que con su ala Débil las toca, y las derriba al suelo, 5 Después que en fácil juego el fugaz viento Borró sus mentirosas inscripciones; Y bajo los escombros confundido Entre las sombras del eterno olvido ¡Oh de ambición y de miseria ejemplo! 10 El sacerdote yace, el dios y el templo.

Mas los sublimes montes, cuya frente Á la región etérea se levanta, Que ven las tempestades á su planta Brillar, rugir, romperse, disiparse; 15 Los Andes... las enormes, estupendas Moles sentadas sobre bases de oro, La tierra con su peso equilibrando, Jamás se moverán. Ellos, burlando De ajena envidia y del protervo tiempo 20 La furia y el poder, serán eternos De Libertad y de Victoria heraldos, Que con eco profundo Á la postrera edad dirán del mundo: «Nosotros vimos de Junín el campo; 25 Vimos que al desplegarse Del Perú y de Colombia las banderas, Se turban las legiones altaneras, Huye el fiero español despavorido, page 195 Ó pide paz rendido. Venció Bolívar: el Perú fué libre; Y en triunfal pompa Libertad sagrada En el templo del Sol fué colocada.»

5 ¿Quién es aquel que el paso lento mueve Sobre el collado que á Junín domina? ¿Que el campo desde allí mide, y el sitio Del combatir y del vencer desina? ¿Que la hueste contraria observa, cuenta, 10 Y en su mente la rompe y desordena, Y á los más bravos á morir condena, Cual águila caudal que se complace Del alto cielo en divisar su presa Que entre el rebaño mal segura pace? 15 ¿Quién el que ya desciende Pronto y apercibido á la pelea? Preñada en tempestades le rodea Nube tremenda: el brillo de su espada Es el vivo reflejo de la gloria; 20 Su voz un trueno; su mirada un rayo. ¿Quién aquel que, al trabarse la batalla, Ufano como nuncio de victoria, Un corcel impetuoso fatigando, Discurre sin cesar por toda parte?... 25 ¿Quién, sino el hijo de Colombia y Marte?

Sonó su voz: «Peruanos, Mirad allí los duros opresores page 196 De vuestra patria. Bravos colombianos, En cien crudas batallas vencedores, Mirad allí los enemigos fieros Que buscando venís desde Orinoco: 5 Suya es la fuerza, y el valor es vuestro, Vuestra será la gloria; Pues lidiar con valor y por la patria Es el mejor presagio de victoria. Acometed: que siempre 10 De quien se atreve más el triunfo ha sido: Quien no espera vencer, ya está vencido.»

Dice; y al punto, cual fugaces carros Que, dada la señal, parten, y en densos De arena y polvo torbellinos ruedan, 15 Arden los ejes, se estremece el suelo, Estrépito confuso asorda el cielo, Y en medio del afán cada cual teme Que los demás adelantarse puedan; Así los ordenados escuadrones, 20 Que del iris reflejan los colores Ó la imagen del sol en sus pendones, Se avanzan á la lid. ¡Oh! ¡quién temiera, Quién, que su ímpetu mismo los perdiera!

Tal el héroe brillaba 25 Por las primeras filas discurriendo. Se oye su voz, su acero resplandece Do más la pugna y el peligro crece; page 197 Nada le puede resistir... Y es fama, ¡Oh portento inaudito! Que el bello nombre de Colombia escrito Sobre su frente en torno despedía 5 Rayos de luz tan viva y refulgente, Que deslumbrado el español desmaya, Tiembla, pierde la voz, el movimiento: Sólo para la fuga tiene aliento.

Así, cuando en la noche algún malvado 10 Va á descargar el brazo levantado, Si de improviso lanza un rayo el cielo, Se pasma, y el puñal trémulo suelta; Hielo mortal á su furor sucede; Tiembla y horrorizado retrocede. 15 Ya no hay más combatir. El enemigo El campo todo y la victoria cede. Huye cual ciervo herido; y á donde huye Allí encuentra la muerte. Los caballos Que fueron su esperanza en la pelea, 20 Heridos, espantados, por el campo Ó entre las filas vagan, salpicando El suelo en sangre que su crin gotea; Derriban al jinete, lo atropellan, Y las catervas van despavoridas, 25 Ó unas en otras con terror se estrellan.

Crece la confusión, crece el espanto, Y al impulso del aire, que vibrando page 198 Sube en clamores y alaridos lleno, Tremen las cumbres que respeta el trueno. Y discurriendo el vencedor en tanto Por cimas de cadáveres y heridos, 5 Postra al que huye, perdona á los rendidos.

¡Padre del universo, sol radioso, Dios del Perú, modera omnipotente El ardor de tu carro impetüoso, Y no escondas tu luz indeficiente!... 10 ¡Una hora más de luz!... Pero esta hora No fué la del Destino. El dios oía El voto de su pueblo, y de la frente El cerco de diamantes desceñía. En fugaz rayo el horizonte dora, 15 En mayor disco menos luz ofrece, Y veloz tras los Andes se obscurece.

Tendió su manto lóbrego la noche, Y las reliquias del perdido bando, Con sus tristes y atónitos caudillos, 20 Corren sin saber dónde espavoridas, Y de su sombra misma se estremecen; Y al fin en las tinieblas ocultando Su afrenta y su pavor, desaparecen.

¡Victoria por la patria! ¡oh Dios! ¡Victoria! 25 ¡Triunfo á Colombia y á Bolívar gloria! page 199

MÉXICO

DON JOSÉ JOAQUÍN DE PESADO

LA SERENATA

¡Oh, tú, que duermes en casto lecho, De sinsabores ajeno el pecho, Y á los encantos de la hermosura Unes las gracias del corazón, 5 Deja el descanso, doncella pura, Y oye los ecos de mi canción! ¿Quién en la tierra la dicha alcanza? Iba mi vida sin esperanza, Cual nave errante sin ver su estrella, 10 Cuando me inundas en claridad; Y desde entonces, gentil doncella, Me revelaste felicidad. ¡Oh, si las ansias decir pudiera Que siente el alma, desde que viera 15 Ese semblante que amor inspira Y los hechizos de tu candor! Mas, rudo el labio, torpe la lira, Decir no puede lo que es amor. Del Iris puede pintarse el velo; page 200 Del sol los rayos, la luz del cielo; La negra noche, la blanca aurora; Mas no tus gracias ni tu poder, Ni menos puede de quien te adora 5 Decirse el llanto y el padecer.

Amor encuentra doquier que vuelva La vista en torno; la verde selva, Florido el prado y el bosque umbrío, La tierna hierba, la hermosa ñor, 10 Y la cascada, y el claro río, Todos me dicen: amor, amor. Cuando te ausentas, el campo triste De luto y sombras luego se viste; Mas si regresas, la primavera 15 Hace sus galas todas lucir: ¡Oh, nunca, nunca de esta ribera, Doncella hermosa, quieras partir!

DON FERNANDO CALDERÓN

LA ROSA MARCHITA

¿Eres tú, triste rosa, La que ayer difundía 20 Balsámica ambrosía, Y tu altiva cabeza levantando Eras la reina de la selva umbría? page 201 ¿Por qué tan pronto, dime, Hoy triste y desolada Te encuentras de tus galas despojada?

Ayer viento süave 5 Te halagó cariñoso; Ayer alegre el ave Su cántico armonioso Ejercitaba, sobre ti posando; Tú, rosa, le inspirabas, 10 Y á cantar sus amores le excitabas.

Tal vez el fatigado peregrino, Al pasar junto á ti, quiso cortarte: Tal vez quiso llevarte Algún amante á su ardoroso seno; 15 Pero al ver tu hermosura, La compasión sintieron, Y su atrevida mano detuvieron.

Hoy nadie te respeta: El furioso aquilón te ha deshojado. 20 Ya nada te ha quedado ¡Oh reina de las flores! De tu brillo y tus colores.

La fiel imagen eres De mi triste fortuna: 25 ¡Ay! todos mis placeres, Todas mis esperanzas una á una Arrancándome ha ido page 202 Un destino funesto, cual tus hojas Arrancó el huracán embravecido!

¿Y qué, ya triste y sola, No habrá quien te dirija una mirada? 5 ¿Estarás condenada Á eterna soledad y amargo lloro? No, que existe un mortal sobre la tierra, Un joven infeliz, desesperado, Á quien horrible suerte ha condenado 10 Á perpetuo gemir: ven, pues, ¡oh rosa! Ven á mi amante seno, en él reposa Y ojalá de mis besos la pureza Resucitar pudiera tu belleza.

Ven, ven, ¡oh triste rosa! 15 Si es mi suerte á la tuya semejante, Burlemos su porfía; Ven, todas mis caricias serán tuyas, Y tu última fragancia será mía.

DON MANUEL ACUÑA

NOCTURNO

Á Rosario

I

¡Pues bien! yo necesito 20 Decirte que te adoro, Decirte que te quiero page 203 Con todo el corazón; Que es mucho lo que sufro, Que es mucho lo que lloro, Que ya no puedo tanto, 5 Y al grito en que te imploro Te imploro y te hablo en nombre De mi última ilusión.

II

Yo quiero que tú sepas Que ya hace muchos días 10 Estoy enfermo y pálido De tanto no dormir; Que ya se han muerto todas Las esperanzas mías; Que están mis noches negras, 15 Tan negras y sombrías, Que ya no sé ni dónde Se alzaba el porvenir.

III

De noche, cuando pongo Mis sienes en la almohada 20 Y hacia otro mundo quiero Mi espíritu volver, Camino mucho, mucho, Y al fin de la jornada Las formas de mi madre 25 Se pierden en la nada, page 204 Y tú de nuevo vuelves En mi alma á aparecer.

IV

Comprendo que tus besos Jamás han de ser míos; 5 Comprendo que en tus ojos No me he de ver jamás; Y te amo, y en mis locos Y ardientes desvarios Bendigo tus desdenes, 10 Adoro tus desvíos, Y en vez de amarte menos, Te quiero mucho más.

V

Á veces pienso en darte Mi eterna despedida, 15 Borrarte en mis recuerdos Y hundirte en mi pasión; Mas si es en vano todo Y el alma no te olvida, ¡Qué quieres tú que yo haga, 20 Pedazo de mi vida; Qué quieres tú que yo haga Con este corazón!

VI

Y luego que ya estaba Concluido tu santuario, page 205 Tu lámpara encendida, Tu velo en el altar, El sol de la mañana Detrás del campanario, 5 Chispeando las antorchas, Humeando el incensario, Y abierta allá á lo lejos La puerta del hogar...

VII

¡Qué hermoso hubiera sido 10 Vivir bajo aquel techo, Los dos unidos siempre Y amándonos los dos; Tu siempre enamorada, Yo siempre satisfecho, 15 Los dos una sola alma, Los dos un solo pecho, Y en medio de nosotros Mi madre como un Dios!

VIII

¡Figúrate qué hermosas 20 Las horas de esa vida! ¡Qué dulce y bello el viaje Por una tierra así! Y yo soñaba en eso, Mi santa prometida. 25 Y al delirar en eso page 206 Con la alma estremecida, Pensaba yo en ser bueno Por ti, no más por ti.

IX

Bien sabe Dios que ése era 5 Mi más hermoso sueño, Mi afán y mi esperanza, Mi dicha y mi placer; ¡Bien sabe Dios que en nada Cifraba yo mi empeño, 10 Sino en amarte mucho Bajo el hogar risueño Que me envolvió en sus besos Cuando me vio nacer!

X

Ésa era mi esperanza... 15 Mas ya que á sus fulgores Se opone el hondo abismo Que existe entre los dos, ¡Adiós por la vez última, Amor de mis amores; 20 La luz de mis tinieblas, La esencia de mis flores; Mi lira de poeta, Mi juventud, adiós! page 207

DON JUAN DE DIOS PEZA

REIR LLORANDO

¡Cuántos hay que, cansados de la vida, Enfermos de pesar, muertos de tedio, Hacen reir como el actor suicida, Sin encontrar, para su mal, remedio!

5 ¡Ay! ¡Cuántas veces al reir se llora! ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, Porque en los seres que el dolor devora El alma llora cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma, 10 Si sólo abrojos nuestra planta pisa, Lanza á la faz la tempestad del alma Un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto, Que las vidas son breves mascaradas; 15 Aquí aprendemos á reir con llanto, Y también á llorar con carcajadas.

FUSILES Y MUÑECAS

Juan y Margot, dos ángeles hermanos, Que embellecen mi hogar con sus cariños, Se entretienen con juegos tan humanos 20 Que parecen personas desde niños. page 208 Mientras Juan, de tres años, es soldado Y monta en una caña endeble y hueca, Besa Margot con labios de granado Los labios de cartón de su muñeca.

5 Lucen los dos sus inocentes galas, Y alegres sueñan en tan dulces lazos: Él, que cruza sereno entre las balas; Ella, que arrulla un niño entre sus brazos.

10 Puesto al hombro el fusil de hoja de lata, El kepis de papel sobre la frente, Alienta al niño en su inocencia grata El orgullo viril de ser valiente.

Quizá piensa, en sus juegos infantiles, Que en este mundo que su afán recrea, 15 Son como el suyo todos los fusiles Con que la torpe humanidad pelea.

Que pesan poco, que sin odios lucen, Que es igual el más débil al más fuerte, Y que, si se disparan, no producen 20 Humo, fragor, consternación y muerte.

¡Oh misteriosa condición humana! Siempre lo opuesto buscas en la tierra: Ya delira Margot por ser anciana, Y Juan que vive en paz ama la guerra. page 209 Mirándolos jugar, me aflijo y callo; ¡Cuál será sobre el mundo su fortuna? Sueña el niño con armas y caballo, La niña con velar junto á la cuna.

5 El uno corre de entusiasmo ciego, La niña arrulla á su muñeca inerme, Y mientras grita el uno: Fuego, Fuego, La otra murmura triste: Duerme, Duerme.

Á mi lado ante juegos tan extraños 10 Concha, la primogénita, me mira: ¡Es toda una persona de seis años Que charla, que comenta y que suspira!

¿Por qué inclina su lánguida cabeza Mientras deshoja inquieta algunas flores? 15 ¿Será la que ha heredado mi tristeza? ¿Será la que comprende mis dolores?

Cuando me rindo del dolor al peso, Cuando la negra duda me avasalla, Se me cuelga del cuello, me da un beso, 20 Se le saltan las lágrimas, y calla.

Sueltas sus trenzas claras y sedosas, Y oprimiendo mi mano entre sus manos, Parece que medita en muchas cosas Al mirar como juegan sus hermanos... page 210 ¡Inocencia! ¡Niñez! ¡Dichosos nombres! Amo tus goces, busco tus cariños; ¡Cómo han de ser los sueños de los hombres Más dulces que los sueños de los niños! page 211

NICARAGUA

DON RUBÉN DARÍO

Á ROOSEVELT

Es con voz de la Biblia ó verso de Walt Whitman Que habría que llegar hasta ti, ¡cazador! Primitivo y moderno, sencillo y complicado, Con un algo de Wáshington y mucho de Nemrod. 5 Eres los Estados Unidos, Eres el futuro invasor De la América ingenua que tiene sangre indígena, Que aun reza á Jesucristo y aun habla en español.

Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza; 10 Eres culto, eres hábil; te opones á Tolstoy. Y domando caballos ó asesinando tigres, Eres un Alejandro Nabucodonosor. (Eres un profesor de Energía Como dicen los locos de hoy.)