Chapter 13
Hoy á vuestros sepulcros hace sombra La bandera del iris, enlazada Á la de los castillos y leones; 10 Que el odio no es eterno En los pobres humanos corazones; Y llegó el día en que la madre España Estrechase á Colombia entre sus brazos, Depuesta ya la saña; 15 No sierva, no señora; Libres las dos como las hizo el cielo. ¡Ah! ¿ni cómo podría page 163 Hallarse la hija siempre separada Del dulce hogar paterno, Ni consentir la cariñosa madre Que tal apartamiento fuera eterno?
5 En esos años de la ausencia fiera, El recuerdo de España Seguíanos doquiera. Todo nos es común: su Dios, el nuestro; La sangre que circula por sus venas 10 Y el hermoso lenguaje; Sus artes, nuestras artes; la armonía De sus cantos, la nuestra; sus reveses Nuestros también, y nuestras Las glorias de Bailén y de Pavía.
15 Si á veces distraídos Fijábamos los ojos Á contemplar las hijas de Colombia; En el porte elegante, En el puro perfil de su semblante, 20 En su mirada ardiente y en el dejo Meloso de la voz, eran retrato De sus nobles abuelas; Copia feliz de gracia soberana, En que agradablemente se veía 25 El decoro y nobleza castellana Y el donaire y la sal de Andalucía; Y entonces exclamábamos: Un nombre page 164 Terrible, España, tienes; ¡pero suena Qué dulcemente al corazón del hombre!
¡Oh! ¡que esta santa alianza eterna sea, Y el pendón de Castilla y de Colombia 5 Unidos siempre el universo vea! Y que al ¡viva Colombia! que repiten El áureo Tajo, y Ebro y Manzanares, ¡Responda el eco que rodando vaya Por los tranquilos mares 10 Á la ibérica playa De ¡viva España! con que el Ande atruena El Cauca, el Orinoco, el Magdalena!
DON JOSÉ EUSEBIO CARO
EL CIPRÉS
¡Árbol sagrado, que la obscura frente, Inmóvil, majestuoso, 15 Sobre el sepulcro humilde y silencioso Despliegas hacia el cielo tristemente! Tú, sí, tú solamente Al tiempo en que se duerme el rey del mundo Tras las altas montañas de occidente, 20 Me ves triste vagando Entre las negras tumbas, Con los ojos en llanto humedecidos, Mi orfandad y miseria lamentando. page 165 Y cuando ya de la apacible luna La luz de perla en tu verdor se acoge, Sólo tu tronco escucha mis gemidos, Sólo tu pie mis lágrimas recoge.
5 ¡Ay! hubo un tiempo en que feliz y ufano Al seno paternal me abandonaba; En que con blanda mano Una madre amorosa De mi niñez las lágrimas secaba... 10 ¡Y hoy, huérfano, del mundo desechado, Aquí en mi patria misma Solitario viajero, Desde lejos contemplo acongojado Sobre los techos de mi hogar primero 15 El humo blanquear del extranjero! Entre el bullicio de los pueblos busco Mis tiernos padres para mí perdidos; ¡Vanamente!... Los rostros de los hombres Me son desconocidos. 20 Y sus manes, empero, noche y día Presentes á mis ojos afligidos Contino están; contino sus acentos Vienen á resonar en mis oídos.
¡Sí, funeral ciprés! Cuando la noche 25 Con su callada sombra te rodea, Cuando escondido el solitario buho En tus obscuros ramos aletea; page 166 La sombra de mi padre por tus hojas Vagando me parece, Que á velar por los días de su hijo Del reino de los muertos se aparece. 5 Y si el viento sacude impetüoso Tu elevada cabeza, Y á su furor con susurrar medroso Respondes pavoroso; En los tristes silbidos 10 Que en torno de ti giran, Á los paternos manes Escucho, que dulcísimos suspiran.
¡Árbol augusto de la muerte! ¡Nunca Tus verdores abata el bóreas ronco! 15 ¡Nunca enemiga, venenosa sierpe Se enrosque en torno de tu pardo tronco! ¡Jamás el rayo ardiente Abrase tu alta frente! ¡Siempre inmoble y sereno 20 Por las cóncavas nubes Oigas rodar el impotente trueno! Vive, sí, vive; y cuando ya mis ojos Cerrar el dedo de la muerte quiera; Cuando esconderse mire en occidente 25 Al sol por vez postrera, Moriré sosegado Á tu tronco abrazado. Tú mi sepulcro ampararás piadoso page 167 De las roncas tormentas; Y mi ceniza entonce agradecida, En restaurantes jugos convertida, Por tus delgadas venas penetrando, 5 Te hará reverdecer, te dará vida.
Quizá sabiendo el infeliz destino Que oprimió mi existencia desdichada, Sobre mi pobre tumba abandonada Una lágrima vierta el peregrino.
DON JOSÉ MANUEL MARROQUÍN
LOS CAZADORES Y LA PERRILLA
10 Es flaca sobremanera Toda humana previsión, Pues en más de una ocasión Sale lo que no se espera.
Salió al campo una mañana 15 Un experto cazador, El más hábil y el mejor Alumno que tuvo Diana.
Seguíale gran cuadrilla De ejercitados monteros, 20 De ojeadores, ballesteros Y de mozos de traílla; page 168 Van todos apercibidos De las armas necesarias, Y llevan de castas varias Perros diestros y atrevidos,
5 Caballos de noble raza, Cornetas de monte: en fin, Cuanto exige Moratín En su poema _La Caza_.
Levantan pronto una pieza, 10 Un jabalí corpulento, Que huye veloz, rabo á viento, Y rompiendo la maleza.
Todos siguen con gran bulla Tras la cerdosa alimaña, 15 Pero ella se da tal maña Que á todos los aturrulla;
Y aunque gastan todo el día En paradas, idas, vueltas, Y carreras y revueltas, 20 Es vana tanta porfía.
Ahora que los lectores Han visto de qué manera Pudo burlarse la fiera De los tales cazadores, page 169 Oigan lo que aconteció, Y aunque es suceso que admira, No piensen, no, que es mentira, Que lo cuenta quien lo vio:
5 Al pie de uno de los cerros Que batieron aquel día, Una viejilla vivía, Que oyó ladrar a los perros;
Y con gana de saber 10 En qué parara la fiesta, Iba subiendo la cuesta Á eso del anochecer:
Con ella iba una perrilla... Mas sin pasar adelante, 15 Es preciso que un instante Gastemos en describilla:
Perra de canes decana Y entre perras protoperra, Era tenida en su tierra 20 Por perra antediluviana;
Flaco era el animalejo, El más flaco de los canes, Era el rastro, eran los manes De un cuasi-semi-ex-gozquejo; page 170 Sarnosa era... digo mal; No era una perra sarnosa, Era una sarna perrosa Y en figura de animal;
5 Era, otrosí, derrengada; La derribaba un resuello; Puede decirse que aquello No era perra ni era nada.
Á ver, pues, la batahola 10 La vieja al cerro subía, De la perra en compañía, Que era lo mismo que ir sola.
Por donde iba, hizo la suerte Que se hubiese el jabalí 15 Escondido, por si así Se libraba de la muerte;
Empero, sintiendo luego Que por ahí andaba gente, Tuvo por cosa prudente 20 Tomar las de Villadiego;
La vieja entonces al ver Que escapaba por la loma, ¡Sus! dijo por pura broma, Y la perra echó á correr. page 171 Y aquella perra extenuada, Sombra de perra que fué, De la cual se dijo que No era perra ni era nada;
5 Aquella perrilla, sí, ¡Cosa es de volverse loco! No pudo coger tampoco Al maldito jabalí.
DON MIGUEL ANTONIO CARO
LA VUELTA A LA PATRIA
Mirad al peregrino 10 ¡Cuán doliente y trocado! Apoyándose lento en su cayado ¡Qué solitario va por su camino!
En su primer mañana, Alma alegre y cantora 15 Abandonó el hogar, como á la aurora Deja su nido la avecilla ufana.
Aire y luz, vida y flores, Buscó en la vasta y fría Región que la inocente fantasía 20 Adornaba con mágicos fulgores. page 172 Ve el mundo, oye el rüido De las grandes ciudades, Y sólo vanidad de vanidades Halla doquier su espíritu afligido
5 Materia da á su llanto Cuanto el hombre le ofrece; Ya la risa en sus labios no florece, Y olvidó la nativa voz del canto.
Hízose pensativo; 10 Las nubes y las olas Sus confidentes son, y trata á solas El sitio más repuesto y más esquivo.
Á su penar responde En la noche callada, 15 La estrella que declina fatigada Y en el materno piélago se esconde.
_¡Vuelve, vuelve á tu centro!_ Natura al infelice Clama; _¡vuelve!_ una voz también le dice 20 Que habla siempre con él, amiga, adentro,
¡Ay triste! En lontananza Ve los pasados días, Y en gozar otra vez sus alegrías Concentra reanimado la esperanza. page 173 ¡Imposible! ¡Locura!... ¿Cuándo pudo á su fuente Retroceder el mísero torrente Que probó de los mares la amargura?
5 Ya sube la colina Con mal seguro paso; Del sol poniente al resplandor escaso El valle de la infancia se domina.
10 ¡Ay! Ese valle umbrío Que la paterna casa Guarece; ese rumor con que acompasa Sus blandos tumbos el sagrado río;
Esa aura embalsamada Que sus sienes orea, 15 ¿A un corazón enfermo que desea Su antigua soledad, no dicen nada?
El pobre peregrino Ni oye, ni ve, ni siente; De la Patria la imagen en su mente 20 No existe ya, sino ideal divino.
Invisible le toca Y sus párpados cierra Ángel piadoso, y la ilusión destierra, Y el dulce sonreir vuelve á su boca. page 174 ¡Qué muda despedida! ¿Quién muerto le creyera? ¡Mirando está la Patria verdadera! ¡Está durmiendo el sueño de la vida!
DON DIÓGENES A. ARRIETA
EN LA TUMBA DE MI HIJO
5 ¡Espejismos del alma dolorida!... ¡Hermosas esperanzas de la vida Que disipa la muerte con crueldad! Para engañar las penas nos forjamos Imágenes de dicha, y luego damos 10 Á la Ilusión el nombre de Verdad.
Aquí te llamo y nadie me responde: Sorda y cruel, la tierra que te esconde Ni el eco de mi voz devolverá. Así la Eternidad: sombría y muda, 15 El odio ni el amor, la fe y la duda En sus abismos nada alcanzarán.
Otros alienten la creencia vana De que es posible á la esperanza humana De la muerte sacar vida y amor. 20 Si es cruel la verdad, yo la prefiero... ¡Me duele el corazón, pero no quiero Consolar con mentiras mi dolor! page 175 ¡Hijo querido, la esperanza mía! Animaste mi hogar tan sólo un día, No volvemos á vernos ya los dos... Pues que la ley se cumpla del destino: Tomo mi cruz y sigo mi camino... ¡Luz de mi hogar y mi esperanza, adiós!
DON IGNACIO GUTIÉRREZ PONCE
DOLORA
El ángel de mi cielo, mi María, Que á la primera vuelta de las flores Tres años cumplirá, medrosa un día 10 Buscó refugio en mis abiertos brazos, Y cuando entre caricias y entre abrazos, Que prodigué, con paternal empeño, Hubo al fin disipado sus temores, Trocando así en sonrisas sus clamores, 15 Cerró los ojos en tranquilo sueño.
En silencio quedó la estancia mía; Y sintiéndome ansioso De no turbar el infantil reposo De mi bien, en mi pecho reclinado, 20 Inmóviles mis miembros mantenía, Y mi amoroso corazón latía Al ritmo de su aliento sosegado. page 176 Sobre su faz serena, Regadas como límpido rocío En el cáliz de pálida azucena, Brillaban gotas del reciente lloro, 5 Y las guedejas de oro Del undoso cabello Caían arropando su albo cuello.
Así nos sorprendió mi tierna esposa. Que á la par temerosa 10 De interrumpir mi sueño de ventura, Con paso leve recorrió el estrado Y sin sentirla yo, vino á mi lado.
Aquella dulce calma Que reinaba entre mí y en torno mío, 15 Llenóme al fin de arrobamiento el alma. Y se quedó mi mente Enajenada en éxtasis creciente.
Absorto siempre en ella, Con íntimo lenguaje la decía: 20 «Eres botón de flor embalsamado Con aromas del cielo todavía.» Y al verla así, tan bella, Con plácido embeleso Á su rosada frente 25 Fuíme inclinando para darla un beso; page 177 Pero escuché, de súbito, á mi lado, Algo como un sollozo; Y mirando con ojos sorprendidos, Hallé los de mi esposa humedecidos 5 Por inefable gozo... «No la despiertes,» díjome sencilla, Y me acercó su cándida mejilla.
DON JOSÉ MARÍA GARAVITO A.
VOLVERÉ MAÑANA
I
--¡Adiós! ¡adiós! Lucero de mis noches, --Dijo un soldado al pie de una ventana,-- 10 ¡Me voy!... pero no llores, alma mía, Que volveré mañana. Ya se asoma la estrella de la aurora, Ya se divisa en el oriente el alba, Y en mi cuartel tambores y cornetas 15 Están tocando _diana_.
II
Horas después, cuando la negra noche Cubrió de luto el campo de batalla, Á la luz del vivac pálida y triste, Un joven expiraba. 20 Alguna cosa de _ella_ el centinela Al mirarlo morir, dijo en voz baja... page 178 Alzó luego el fusil, bajó los ojos Y se enjugó dos lágrimas.
III
Hoy cuentan por doquier gentes medrosas, Que cuando asoma en el oriente el alba, 5 Y en el cuartel tambores y cornetas Están tocando _diana_... Se ve vagar la misteriosa sombra, Que se detiene al pie de una ventana Y murmura: no llores, alma mía, 10 Que volveré mañana. page 179
CUBA
DON JOSÉ MARÍA HEREDIA
EN EL TEOCALLI DE CHOLULA
¡Cuánto es bella la tierra que habitaban Los aztecas valientes! En su seno En una estrecha zona concentrados Con asombro se ven todos los climas 5 Que hay desde el polo al ecuador. Sus llanos Cubren á par de las doradas mieses Las cañas deliciosas. El naranjo Y la piña y el plátano sonante, Hijos del suelo equinoccial, se mezclan 10 Á la frondosa vid, al pino agreste, Y de Minerva al árbol majestuoso. Nieve eternal corona las cabezas De Iztaccíhual purísimo, Orizaba 15 Y Popocatepec; sin que el invierno Toque jamás con destructora mano Los campos fertilísimos, do ledo Los mira el indio en púrpura ligera Y oro teñirse, reflejando el brillo Del Sol en occidente, que sereno 20 En hielo eterno y perennal verdura page 180 Á torrentes vertió su luz dorada, Y vió á naturaleza conmovida Con su dulce calor hervir en vida.
Era la tarde: su ligera brisa 5 Las alas en silencio ya plegaba Y entre la hierba y árboles dormía, Mientras el ancho sol su disco hundía Detrás de Iztaccíhual. La nieve eterna Cual disuelta en mar de oro, semejaba 10 Temblar en torno de él: un arco inmenso Que del empíreo en el cenit finaba Como espléndido pórtico del cielo De luz vestido y centellante gloria, De sus últimos rayos recibía 15 Los colores riquísimos. Su brillo Desfalleciendo fué: la blanca luna Y de Venus la estrella solitaria En el cielo desierto se veían. ¡Crepúsculo feliz! Hora más bella 20 Que la alma noche ó el brillante día. ¡Cuánto es dulce tu paz al alma mía!
Hallábame sentado en la famosa Choluteca pirámide. Tendido El llano inmenso que ante mí yacía, 25 Los ojos á espaciarse convidaba. ¡Qué silencio! ¡qué paz! ¡Oh! ¿quién diría Que en estos bellos campos reina alzada La bárbara opresión, y que esta tierra page 181 Brota mieses tan ricas, abonada Con sangre de hombres, en que fué inundada Por la superstición y por la guerra?...
Bajó la noche en tanto. De la esfera 5 El leve azul, obscuro y más obscuro Se fué tornando: la movible sombra De las nubes serenas, que volaban Por el espacio en alas de la brisa, Era visible en el tendido llano. 10 Iztaccíhual purísimo volvía Del argentado rayo de la luna El plácido fulgor, y en el oriente Bien como puntos de oro centellaban Mil estrellas y mil... ¡Oh! yo os saludo, 15 Fuentes de luz, que de la noche umbría Ilumináis el velo, Y sois del firmamento poesía.
Al paso que la luna declinaba, Y al ocaso fulgente descendía 20 Con lentitud, la sombra se extendía Del Popocatepec, y semejaba Fantasma colosal. El arco obscuro Á mí llegó, cubrióme, y su grandeza 25 Fué mayor y mayor, hasta que al cabo En sombra universal veló la tierra.
Volví los ojos al volcán sublime, Que velado en vapores transparentes, page 182 Sus inmensos contornos dibujaba De occidente en el cielo. ¡Gigante del Anáhuac! ¿cómo el vuelo De las edades rápidas no imprime 5 Alguna huella en tu nevada frente? Corre el tiempo veloz, arrebatando Años y siglos como el norte fiero Precipita ante sí la muchedumbre De las olas del mar. Pueblos y reyes 10 Viste hervir á tus pies, que combatían Cual hora combatimos, y llamaban Eternas sus ciudades, y creían Fatigar á la tierra con su gloria. Fueron: de ellos no resta ni memoria. 15 ¿Y tú eterno serás? Tal vez un día De tus profundas bases desquiciado Caerás; abrumará tu gran ruina Al yermo Anáhuac; alzaránse en ella Nuevas generaciones y orgullosas, 20 Que fuiste negarán... Todo perece Por ley universal. Aun este mundo Tan bello y tan brillante que habitamos, Es el cadáver pálido y deforme De otro mundo que fue...
25 En tal contemplación embebecido Sorprendióme el sopor. Un largo sueño, De glorias engolfadas y perdidas page 183 En la profunda noche de los tiempos, Descendió sobre mí. La agreste pompa De los reyes aztecas desplegóse 5 Á mis ojos atónitos. Veía De emplumados caudillos levantarse El déspota salvaje en rico trono, De oro, perlas y plumas recamado; Y al son de caracoles belicosos 10 Ir lentamente caminando al templo La vasta procesión, do la aguardaban Sacerdotes horribles, salpicados Con sangre humana rostros y vestidos. Con profundo estupor el pueblo esclavo 15 Las bajas frentes en el polvo hundía, Y ni mirar á su señor osaba, De cuyos ojos férvidos brotaba La saña del poder. Tales ya fueron Tus monarcas, Anáhuac, y su orgullo: 20 Su vil superstición y tiranía En el abismo del no ser se hundieron. Sí, que la muerte, universal señora, Hiriendo á par al déspota y esclavo, Escribe la igualdad sobre la tumba. 25 Con su manto benéfico el olvido Tu insensatez oculta y tus furores Á la raza presente y la futura. Esta inmensa estructura page 184 Vió á la superstición más inhumana En ella entronizarse. Oyó los gritos De agonizantes víctimas, en tanto Que el sacerdote, sin piedad ni espanto, 5 Les arrancaba el corazón sangriento; Miró el vapor espeso de la sangre Subir caliente al ofendido cielo Y tender en el sol fúnebre velo, Y escuchó los horrendos alaridos 10 Con que los sacerdotes sofocaban El grito del dolor.
Muda y desierta Ahora te ves, Pirámide. ¡Más vale Que semanas de siglos yazgas yerma, Y la superstición á quien serviste 15 En el abismo del infierno duerma! Á nuestros nietos últimos, empero, Sé lección saludable; y hoy al hombre Que ciego en su saber fútil y vano Al cielo, cual Titán, truena orgulloso, 20 Sé ejemplo ignominioso De la demencia y del furor humano.
EL NIÁGARA
Templad mi lira, dádmela, que siento En mi alma estremecida y agitada Arder la inspiración. ¡Oh! ¡cuánto tiempo 25 En tinieblas pasó, sin que mi frente page 185 Brillase con su luz!... Niágara undoso, Tu sublime terror sólo podría Tornarme el don divino, que ensañada Me robó del dolor la mano impía.
5 Torrente prodigioso, calma, calla Tu trueno aterrador: disipa un tanto Las tinieblas que en torno te circundan; Déjame contemplar tu faz serena, Y de entusiasmo ardiente mi alma llena. 10 Yo digno soy de contemplarte: siempre Lo común y mezquino desdeñando, Ansié por lo terrífico y sublime. Al despeñarse el huracán furioso, Al retumbar sobre mi frente el rayo, 15 Palpitando gocé: vi al Océano, Azotado por austro proceloso, Combatir mi bajel, y ante mis plantas Vórtice hirviendo abrir, y amé el peligro. Mas del mar la fiereza 20 En mi alma no produjo La profunda impresión que tu grandeza.
Sereno corres, majestuoso; y luego En ásperos peñascos quebrantado, Te abalanzas violento, arrebatado, 25 Como el destino irresistible y ciego. ¿Qué voz humana describir podría De la sirte rugiente page 186 La aterradora faz? El alma mía En vago pensamiento se confunde Al mirar esa férvida corriente, Que en vano quiere la turbada vista 5 En su vuelo seguir al borde obscuro Del precipicio altísimo: mil olas, Cual pensamiento rápidas pasando, Chocan, y se enfurecen, Y otras mil y otras mil ya las alcanzan, 10 Y entre espuma y fragor desaparecen.
¡Ved! ¡llegan, saltan! El abismo horrendo Devora los torrentes despeñados: Crúzanse en él mil iris, y asordados Vuelven los bosques el fragor tremendo. 15 En las rígidas peñas Rómpese el agua: vaporosa nube Con elástica fuerza Llena el abismo en torbellino, sube, Gira en torno, y al éter 20 Luminosa pirámide levanta, Y por sobre los montes que le cercan Al solitario cazador espanta.
Mas ¿qué en ti busca mi anhelante vista Con inútil afán? ¿Por qué no miro 25 Al rededor de tu caverna inmensa Las palmas ¡ay! las palmas deliciosas, Que en las llanuras de mi ardiente patria page 187 Nacen del sol á la sonrisa, y crecen, Y al soplo de las brisas del Océano Bajo un cielo purísimo se mecen?