Chapter 11
Las vanidades del mundo Renunció allí mismo Inés, 5 Y espantado de sí propio Diego Martínez también. Los escribanos temblando Dieron de esta escena fe, Firmando como testigos 10 Cuantos hubieron poder. Fundóse un aniversario Y una capilla con él, Y Don Pedro de Alarcón El altar ordenó hacer, 15 Donde hasta el tiempo que corre, Y en cada un año una vez, Con la mano desclavada El crucifijo se ve.
DON ANTONIO DE TRUEBA
CANTOS DE PÁJARO
Tengo yo un pajarillo 20 Que el día pasa Cantando entre las flores De mi ventana; page 113 Y un canto alegre Á todo pasajero Dedica siempre. Tiene mi pajarillo 5 Siempre armonías Para alegrar el alma Del que camina... ¡Oh cielo santo, Por qué no harán los hombres 10 Lo que los pájaros! Cuando mi pajarillo Cantos entona, Pasajeros ingratos Cantos le arrojan: 15 Mas no por eso 15 Niega sus armonías Al pasajero. Tiende las leves alas, Cruza las nubes 20 Y canta junto al cielo Con voz más dulce: «Paz á los hombres Y gloria al que en la altura Rige los orbes!» 25 Y yo sigo el ejemplo Del ave mansa Que canta entre las flores De mi ventana, Porque es sabido page 114 Que poetas y pájaros Somos lo mismo.
LA PEREJILERA
Al salir el sol dorado Esta mañana te vi 5 Cogiendo, niña, en tu huerto Matitas de perejil. Para verte más de cerca En el huerto me metí, Y sabrás que eché de menos 10 Mi corazón al salir. Tú debiste de encontrarle, Que en el huerto le perdí. «Dámele, perejilera, Que te le vengo á pedir.»
DON JOSÉ SELGAS Y CARRASCO
LA MODESTIA
15 Por las flores proclamado Rey de una hermosa pradera, Un clavel afortunado Dió principio á su reinado Al nacer la primavera. 20 Con majestad soberana Llevaba y con noble brío El regio manto de grana, page 115 Y sobre la frente ufana La corona de rocío. Su comitiva de honor Mandaba, por ser costumbre, 5 El céfiro volador, Y había en su servidumbre Hierbas y malvas de olor. Su voluntad poderosa, Porque también era uso, 10 Quiso una flor para esposa, Y regiamente dispuso Elegir la más hermosa. Como era costumbre y ley, Y porque causa delicia 15 En la numerosa grey, Pronto corrió la noticia Por los estados del rey. Y en revuelta actividad Cada flor abre el arcano 20 De su fecunda beldad, Por prender la voluntad Del hermoso soberano. Y hasta las menos apuestas Engalanarse se vían 25 Con harta envidia, dispuestas Á ver las solemnes fiestas Que celebrarse debían. Lujosa la Corte brilla: El rey, admirado, duda, page 116 Cuando ocultarse sencilla Vió una tierna florecilla Entre la hierba menuda.
Y por si el regio esplendor 5 De su corona le inquieta, Pregúntale con amor: --«¿Cómo te llamas?»--«Violeta,» Dijo temblando la flor.
--«¿Y te ocultas cuidadosa 10 Y no luces tus colores, Violeta dulce y medrosa, Hoy que entre todas las flores Va el rey á elegir esposa?»
15 Siempre temblando la flor, Aunque llena de placer, Suspiró y dijo: «Señor, Yo no puedo merecer Tan distinguido favor.»
El rey, suspenso, la mira 20 Y se inclina dulcemente; Tanta modestia le admira; Su blanda esencia respira, Y dice alzando la frente:
«Me depara mi ventura 25 Esposa noble y apuesta; page 117 Sepa, si alguno murmura, Que la mejor hermosura Es la hermosura modesta.»
Dijo, y el aura afanosa 5 Publicó en forma de ley, Con voz dulce y melodiosa, Que la violeta es la esposa Elegida por el rey.
Hubo magníficas fiestas, 10 Ambos esposos se dieron Pruebas de amor manifiestas, Y en aquel reinado fueron Todas las flores modestas.
DON PEDRO A. DE ALARCÓN
EL MONT-BLANC
¡Heme al fin en la cumbre soberana!... 15 ¡Nieve perpetua..., soledad doquiera!... ¿Quién sino el hombre, en su soberbia insana, Á hollar estos desiertos se atreviera? Aquí enmudece hasta la voz del viento...; Profundo mar parece el horizonte..., 20 Única playa el alto firmamento..., Anclada nave el solitario monte. ¡Nada en torno de mí!... ¡Todo á mis plantas! page 118 Obscuros bosques, relucientes ríos, Lagos, campiñas, páramos, gargantas... ¡Europa entera yace á los pies míos! ¡Y cuán pequeña la terrestre vida, 5 Cuán relegado el humanal imperio Se ve desde estos hielos donde anida El _Monte Blanco_, el rey del hemisferio! ¡De aquí tiende su cetro sobre el mundo! El Danubio opulento, el Po anchuroso, 10 El luengo Rhin y el Ródano profundo, Hijos son de los hijos del Coloso. Debajo de él... los Alpes se eslabonan Como escabeles de su trono inmenso: Debajo de él... las nubes se amontonan 15 Cual humo leve de quemado incienso. ¡Sobre él... los cielos nada más! La tarde Le invidia al verlo de fulgor ceñido... Llega la noche, y aún su frente arde Con reflejos de un sol por siempre hundido. 20 Allá turnan con raudo movimiento Una y otra estación... Él permanece Mudo, inmóvil, estéril. ¡Monumento De la implacable eternidad parece! Ni el oso atroz ni el traicionero lobo 25 Huellan jamás su excelsitud nevada... Huérfano vive del calor del globo... ¡En él principia el reino de la nada! Por eso, ufano de su horror profundo, Dichoso aquí mi corazón palpita... page 119 ¡Aquí solo con Dios..., fuera del mundo! ¡Solo, bajo la bóveda infinita! ¡Y qué süave, deleitosa calma Brinda á mi pecho esta región inerte!... 5 Así concibe fatigada el alma El tardo bien de la benigna muerte. ¡Morir aquí! De los poblados valles No retornar á la angustiosa vida: No escuchar más los lastimosos ayes 10 De la cuitada humanidad caída: Desparecer, huyendo de la tierra, Desde esta cima que se acerca al cielo: Por siempre desertar de aquella guerra, De eterna libertad tendiendo el vuelo... 15 Tal ansia acude al corazón llagado, Al mirarte, ¡oh _Mont-Blanc!_, erguir la frente Sobre un mísero mundo atribulado Por el cierzo y el rayo y el torrente. ¡Tú nada temes! De tu imperio yerto 20 Sólo Dios es señor, fuerza y medida: ¡Cómo el ancho Océano y el Desierto, Tú vives sólo de tu propia vida! La tierra acaba en tu glacial palacio; Tuya es la azul inmensidad aérea: 25 Tú ves más luz, más astros, más espacio...; ¡Parte eres ya de la mansión etérea! ¡Adiós! Retorno al mundo... Acaso un día Ya de la tierra el corazón no lata, Y sobre su haz inanimada y fría page 120 Tiendas tu manto de luciente plata... Será entonces tu reino silencioso Cuanto hoy circunda y cubre el Oceano... ¡Adiós!... Impera en tanto desdeñoso 5 Sobre la insania del orgullo humano.
EL SECRETO
«_¡Yo no quiero morirme!_» --Dice la niña, Tendiendo hacia su madre Dos manecitas 10 Calenturientas, Cual dos blancos jazmines Que el viento seca... Un silencio de muerte La madre guarda... 15 ¡Ay! ¡si hablara, vertiera Mares de lágrimas! Besa á la niña, ¡Y aun le fingen sus labios Una sonrisa! 20 Del cuello de la madre La hija se cuelga Y, pegada á su oído, Pálida y trémula, Con sordo acento, 25 Dícele horrorizada: --«_Oye un secreto:_ page 121 _¿Sabes por qué á morirme Le temo tanto? Porque luego me llevan, Toda de blanco, 5 Al cementerio..., ¡Y de verme allí sola Va á darme miedo!_» --«_Hija de mis entrañas!_ (Grita la madre) 10 _Dios querrá que me vivas...; Y, aunque te mate, Descuida, hermosa; Que tú en el cementerio No estarás sola._»
DON GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER
RIMAS
II
15 Saeta que voladora Cruza, arrojada al azar, Sin adivinarse dónde Temblando se clavará; Hoja que del árbol seca 20 Arrebata el vendaval, Sin que nadie acierte el surco Donde á caer volverá; Gigante ola que el viento page 122 Riza y empuja en el mar, Y rueda y pasa, y no sabe Qué playa buscando va; Luz que en cercos temblorosos 5 Brilla, próxima á expirar, Ignorándose cuál de ellos El último brillará; Eso soy yo, que al acaso Cruzo el mundo, sin pensar 10 De dónde vengo, ni adónde Mis pasos me llevarán.
VII
Del salón en el ángulo obscuro, De su dueño tal vez olvidada, Silenciosa y cubierta de polvo 15 Veíase el arpa. ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas Como el pájaro duerme en las ramas, Esperando la mano de nieve Que sabe arrancarlas! 20 ¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio Así duerme en el fondo del alma, Y una voz, como Lázaro, espera Que le diga: «Levántate y anda!»
LIII
Volverán las obscuras golondrinas 25 En tu balcón sus nidos á colgar, page 123 Y, otra vez, con el ala á sus cristales Jugando llamarán;
Pero aquellas que el vuelo refrenaban Tu hermosura y mi dicha á contemplar, 5 Aquellas que aprendieron nuestros nombres... Ésas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas De tu jardín las tapias á escalar, Y otra vez á la tarde, aun más hermosas, 10 Sus flores se abrirán;
Pero aquellas, cuajadas de rocío, Cuyas gotas mirábamos temblar Y caer, como lágrimas del día... Ésas... ¡no volverán!
15 Volverán del amor en tus oídos Las palabras ardientes á sonar; Tu corazón de su profundo sueño Tal vez despertará;
Pero mudo y absorto y de rodillas, 20 Como se adora á Dios ante su altar, Como yo te he querido... desengáñate, ¡Así no te querrán! page 124 LXXIII
Cerraron sus ojos Que aun tenía abiertos; Taparon su cara Con un blanco lienzo; 5 y unos sollozando, Otros en silencio, De la triste alcoba Todos se salieron.
La luz, que en un vaso 10 Ardía en el suelo, Al muro arrojaba La sombra del lecho; Y entre aquella sombra Veíase á intervalos 15 Dibujarse rígida La forma del cuerpo.
Despertaba el día Y á su albor primero Con sus mil rüidos 20 Despertaba el pueblo. Ante aquel contraste De vida y misterios, De luz y tinieblas, Medité un momento: 25 «_¡Dios mío, qué solos Se quedan los muertos!_» page 125 De la casa en hombros Lleváronla al templo, Y en una capilla Dejaron el féretro. 5 Allí rodearon Sus pálidos restos De amarillas velas Y de paños negros.
Al dar de las ánimas 10 El toque postrero, Acabó una vieja Sus últimos rezos; Cruzó la ancha nave, Las puertas gimieron, 15 Y el santo recinto Quedóse desierto.
De un reloj se oía Compasado el péndulo, Y de algunos cirios 20 El chisporroteo. Tan medroso y triste, Tan obscuro y yerto Todo se encontraba... Que pensé un momento: 25 «_¡Dios mío, qué solos Se quedan los muertos!_» page 126 De la alta campana La lengua de hierro, Le dió, volteando, Su adiós lastimero. 5 El luto en las ropas, Amigos y deudos Cruzaron en fila, Formando el cortejo.
Del último asilo, 10 Obscuro y estrecho, Abrió la piqueta El nicho á un extremo. Allí la acostaron, Tapiáronle luego, 15 Y con un saludo Despidióse el duelo.
La piqueta al hombro, El sepulturero Cantando entre dientes 20 Se perdió á lo lejos. La noche se entraba, Reinaba el silencio; Perdido en las sombras, Medité un momento: 25 _«¡Dios mío, qué solos Se quedan los muertos!»_ page 127 En las largas noches Del helado invierno, Cuando las maderas Crujir hace el viento 5 Y azota los vidrios El fuerte aguacero, De la pobre niña Á solas me acuerdo.
Allí cae la lluvia 10 Con un son eterno; Allí la combate El soplo del cierzo. ¡Del húmedo muro Tendida en el hueco, 15 Acaso de frío Se hielan sus huesos!...
¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo? ¿Todo es vil materia, 20 Podredumbre y cieno? ¡No sé: pero hay algo Que explicar no puedo, Que al par nos infunde Repugnancia y duelo, 25 Al dejar tan tristes, Tan solos los muertos! page 128
DON VICENTE W. QUEROL
EN NOCHE-BUENA
Á mis ancianos padres
I
Un año más en el hogar paterno Celebramos la fiesta del Dios-Niño, Símbolo augusto del amor eterno, Cuando cubre los montes el invierno 5 Con su manto de armiño. 5
II
Como en el día de la fausta boda Ó en el que el santo de los padres llega, La turba alegre de los niños juega, Y en la ancha sala la familia toda 10 De noche se congrega. 10
III
La roja lumbre de los troncos brilla Del pequeño dormido en la mejilla, Que con tímido afán su madre besa; Y se refleja alegre en la vajilla 15 De la dispuesta mesa.
IV
Á su sobrino, que lo escucha atento, Mi hermana dice el pavoroso cuento, page 129 Y mi otra hermana la canción modula Que, ó bien surge vibrante, ó bien ondula Prolongada en el viento.
V
Mi madre tiende las rugosas manos 5 Al nieto que huye por la blanda alfombra; Hablan de pie mi padre y mis hermanos, Mientras yo, recatándome en la sombra, Pienso en hondos arcanos.
VI
Pienso que de los días de ventura 10 Las horas van apresurando el paso, Y que empaña el oriente niebla obscura, Cuando aun el rayo trémulo fulgura Último del ocaso.
VII
¡Padres míos, mi amor! ¡Cómo envenena 15 Las breves dichas el temor del daño! Hoy presidís nuestra modesta cena, Pero en el porvenir... yo sé que un año Vendrá sin Noche-Buena.
VIII
Vendrá, y las que hoy son risas y alborozo 20 Serán muda aflicción y hondo sollozo. No cantará mi hermana, y mi sobrina No escuchará la historia peregrina Que le da miedo y gozo. page 130 IX
No dará nuestro hogar rojos destellos Sobre el limpio cristal de la vajilla, Y, si alguien osa hablar, será de aquellos Que hoy honran nuestra fiesta tan sencilla 5 Con sus blancos cabellos.
X
Blancos cabellos cuya amada hebra Es cual corona de laurel de plata, Mejor que esas coronas que celebra La vil lisonja, la ignorancia acata, 10 Y el infortunio quiebra.
XI
¡Padres míos, mi amor! Cuando contemplo La sublime bondad de vuestro rostro, Mi alma a los trances de la vida templo, Y ante esa imagen para orar me postro, 15 Cual me postro en el templo.
XII
Cada arruga que surca ese semblante Es del trabajo la profunda huella, Ó fue un dolor de vuestro pecho amante. La historia fiel de una época distante 20 Puedo leer yo en ella.
XIII
La historia de los tiempos sin ventura En que luchasteis con la adversa suerte, page 131 Y en que, tras negras horas de amargura, Mi madre se sintió más noble y pura Y mi padre más fuerte.
XIV
Cuando la noche toda en la cansada 5 Labor tuvisteis vuestros ojos fijos, Y, al venceros el sueño á la alborada, Fuerzas os dió posar vuestra mirada En los dormidos hijos.
XV
Las lágrimas correr una tras una 10 Con noble orgullo por mi faz yo siento, Pensando que hayan sido por fortuna, Esas honradas manos mi sustento Y esos brazos mi cuna.
XVI
¡Padres míos, mi amor! Mi alma quisiera 15 Pagaros hoy la que en mi edad primera Sufristeis sin gemir lenta agonía, Y que cada dolor de entonces fuera Germen de una alegría.
XVII
Entonces vuestro mal curaba el gozo 20 De ver al hijo convertirse en mozo, Mientras que al verme yo en vuestra presencia Siento mi dicha ahogada en el sollozo De una temida ausencia. page 132 XVIII
Si el vigor juvenil volver de nuevo Pudiese á vuestra edad, ¿por qué estas penas? Yo os daría mi sangre de mancebo, Tornando así con ella á vuestras venas 5 Esta vida que os debo.
XIX
Que de tal modo la aflicción me embarga Pensando en la posible despedida, Que imagino ha de ser tarea amarga Llevar la vida, como inútil carga, 10 Después de vuestra vida.
XX
Ese plazo fatal, sordo, inflexible, Miro acercarse con profundo espanto, Y en dudas grita el corazón sensible: --«Si aplacar al destino es imposible, 15 ¿Para qué amarnos tanto?»
XXI
Para estar juntos en la vida eterna Cuando acabe esta vida transitoria: Si Dios, que el curso universal gobierna, Nos devuelve en el cielo esta unión tierna, 20 Yo no aspiro á más gloria.
XXII
Pero en tanto, buen Dios, mi mejor palma Será que prolonguéis la dulce calma page 133 Que hoy nuestro hogar en su recinto encierra: Para marchar yo solo por la tierra No hay fuerzas en mi alma.
DON RAMÓN DE CAMPOAMOR
PROXIMIDAD DEL BIEN
En el tiempo en que el mundo informe estaba, Creó el Señor, cuando por dicha extrema 5 El paraíso terrenal formaba, Un fruto que del mal era el emblema Y otro fruto que el bien simbolizaba.
Del miserable Adán al mismo lado 10 El Señor colocó del bien el fruto; Pero Adán nunca el bien halló, ofuscado, Porque es del hombre mísero atributo Huir del bien, del mal siempre arrastrado.
El fruto que del mal el símbolo era 15 Puso Dios escondido y muy lejano; Pero Adán lo encontraba donde quiera, Abandonando en su falaz quimera, Por el lejano mal, el bien cercano.
¡Ah! siempre el hombre en su ilusión maldita 20 Su misma dicha en despreciar se empeña, page 134 Y al seguirla tenaz, tenaz la evita, Y aunque en su mismo corazón palpita, ¡Lejos, muy lejos, con afán la sueña!
¡QUIÉN SUPIERA ESCRIBIR!
I
--Escribidme una carta, señor Cura. 5 --Ya sé para quién es. --¿Sabéis quién es, porque una noche obscura Nos visteis juntos?--Pues.
--Perdonad; mas...--No extraño ese tropiezo. La noche... la ocasión... 10 Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo: _Mi querido Ramón_:
--¿Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto... --Si no queréis...--¡Sí, sí! --_¡Qué triste estoy!_ ¿ No es eso?--Por supuesto. 15 --_¡Qué triste estoy sin ti!_
_Una congoja, al empezar, me viene_... --¿Cómo sabéis mi mal? --Para un viejo, una niña siempre tiene El pecho de cristal.
20 _¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura. ¿Y contigo? Un edén._ --Haced la letra clara, señor Cura; Que lo entienda eso bien. page 135 --_El beso aquel que de marchar á punto Te di_...--¿Cómo sabéis?... --Cuando se va y se viene y se está junto Siempre... no os afrentéis.
5 _Y si volver tu afecto no procura,_ _Tanto me harás sufrir..._ --¿Sufrir y nada más? No, señor Cura, ¡Que me voy á morir!
--¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo?... 10 --Pues, sí, señor, ¡morir! --Yo no pongo _morir_.--¡Qué hombre de hielo! ¡Quién supiera escribir!
II
¡Señor Rector, señor Rector! en vano Me queréis complacer, 15 Si no encarnan los signos de la mano Todo el ser de mi ser.
Escribidle, por Dios, que el alma mía Ya en mí no quiere estar; Que la pena no me ahoga cada día... 20 Porque puedo llorar.
Que mis labios, las rosas de su aliento, No se saben abrir; Que olvidan de la risa el movimiento Á fuerza de sentir. page 136 Que mis ojos, que él tiene por tan bellos, Cargados con mi afán, Como no tienen quien se mire en ellos, Cerrados siempre están.
5 Que es, de cuantos tormentos he sufrido, La ausencia el más atroz; Que es un perpetuo sueño de mi oído El eco de su voz...
Que siendo por su causa, el alma mía 10 ¡Goza tanto en sufrir!... Dios mío ¡cuántas cosas le diría Si supiera escribir!...
III
EPÍLOGO
--Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo: _Á don Ramón_... En fin, 15 Que es inútil saber para esto, arguyo, Ni el griego ni el latín.
EL MAYOR CASTIGO
Cuando de Virgilio en pos Fué el Dante al infierno á dar, Su conciencia, hija de Dios, 20 Dejó á la puerta al entrar.
Después que á salir volvió, Su conciencia el Dante hallando, page 137 Con ella otra vez cargó, Mas dijo así suspirando: Del infierno en lo profundo, No vi tan atroz sentencia 5 Como es la de ir por el mundo Cargado con la conciencia.
DON GASPAR NÚÑEZ DE ARCE
¡EXCELSIOR!
¿Por qué los corazones miserables, Por qué las almas viles, En los fieros combates de la vida 10 Ni luchan ni resisten?
El espíritu humano es más constante Cuanto más se levanta: Dios puso el fango en la llanura, y puso La roca en la montaña.
15 La blanca nieve que en los hondos valles Derrítese ligera, En las altivas cumbres permanece Inmutable y eterna.
TRISTEZAS
Cuando recuerdo la piedad sincera 20 Con que en mi edad primera Entraba en nuestras viejas catedrales, page 138 Donde postrado ante la cruz de hinojos Alzaba á Dios mis ojos, Soñando en las venturas celestiales;
Hoy que mi frente atónito golpeo, Y con febril deseo 5 Busco los restos de mi fe perdida, Por hallarla otra vez, radiante y bella Como en la edad aquella, ¡Desgraciado de mí! diera la vida.