El Estudiante de Salamanca and Other Selections
Chapter 9
Y vió luego Una llama Que se inflama Y murió; [1665] Y perdido Oyó el eco De un gemido Que espiró.
Tal, dulce [1670] Suspira La lira Que hirió En blando Concento [1675] Del viento La voz,
Leve, Breve Són. [1680]
En tanto en nubes de carmín y grana Su luz el alba arrebolada envía, Y alegre regocija y engalana Las altas torres el naciente día: Sereno el cielo, calma la mañana, [1685] Blanda la brisa, trasparente y fría, Vierte a la tierra el sol con su hermosura Rayos de paz y celestial ventura.
Y huyó la noche y con la noche huían Sus sombras y quiméricas mujeres, [1690] Y a su silencio y calma sucedían El bullicio y rumor de los talleres; Y a su trabajo y a su afán volvían Los hombres y a sus frívolos placeres, Algunos hoy volviendo a su faena. [1695] De zozobra y temor el alma llena;
¡Que era pública voz, que llanto arranca Del pecho pecador y empedernido, Que en forma de mujer y en una blanca Túnica misteriosa revestido, [1700] Aquella noche el diablo a Salamanca Había, en fin, por Montemar venido!... _Y si, lector, dijerdes ser comento, Como me lo contaron, te lo cuento._
CANCIÓN DEL PIRATA
Con diez cañones por banda, Viento en popa, a toda vela, No corta el mar sino vuela Un velero bergantín: Bajel pirata que llaman [5] Por su bravura el _Temido_, En todo mar conocido Del uno al otro confín.
La luna en el mar rïela, En la lona gime el viento, [10] Y alza en blando movimiento Olas de plata y azul; Y ve el capitán pirata, Cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, [15] Y allá a su frente Stambul.[1]
[Nota 1: Nombre que dan los Turcos a Constantinopla]
«Navega, velero mío, Sin temor, Que ni enemigo navío, Ni tormenta, ni bonanza [20] Tu rumbo a torcer alcanza, Ni a sujetar tu valor.
«Veinte presas Hemos hecho A despecho [25] Del Inglés, Y han rendido Sus pendones Cien naciones A mis pies. [30]
«Que es mi barco mi tesoro, Que es mi Dios la libertad, Mi ley la fuerza y el viento, Mi única patria la mar.
«Allá muevan feroz guerra [35] Ciegos reyes Por un palmo más de tierra; Que yo tengo aquí por mío Cuanto abarca el mar bravío, A quien nadie impuso leyes. [40]
«Y no hay playa, Sea cualquiera, Ni bandera De esplendor, Que no sienta [45] Mi derecho Y dé pecho A mi valor.
«Que es mi barco mi tesoro....
«A la voz de '¡barco viene!' [50] Es de ver Cómo vira y se previene A todo trapo a escapar; Que yo soy el rey del mar, Y mi furia es de temer. [55]
«En las presas Yo divido Lo cogido Por igual: Sólo quiero [60] Por riqueza La belleza Sin rival.
«Que es mi barco mi tesoro....
«¡Sentenciado estoy a muerte! [65] Yo me río. No me abandone la suerte, Y al mismo que me condena Colgaré de alguna entena, Quizá en su propio navío. [70]
«Y si caigo, ¿Qué es la vida? Por perdida Ya la di, Cuando el yugo [75] Del esclavo, Como un bravo, Sacudí.
«Que es mi barco mi tesoro....
«Son mi música mejor [80] Aquilones; El estrépito y temblor De los cables sacudidos; Del negro mar los bramidos Y el rugir de mis cañones. [85]
«Y del trueno Al són violento, Y del viento Al rebramar, Yo me duermo [90] Sosegado, Arrullado Por el mar.
«Que es mi barco mi tesoro, Que es mi Dios la libertad, [95] Mi ley la fuerza y el viento, Mi única patria la mar.»
EL CANTO DEL COSACO
Donde sienta mi caballo los pies no vuelve a nacer yerba.--Palabras de Átila
CORO ¡Hurra, Cosacos del desierto! ¡Hurra! La Europa os brinda espléndido botín: Sangrienta charca sus campiñas sean, De los grajos su ejército festín.
¡Hurra! a caballo, hijos de la niebla! [5] Suelta la rienda, a combatir volad. ¿Veis esas tierras fértiles? las puebla Gente opulenta, afeminada ya. Casas, palacios, campos y jardines, Todo es hermoso y refulgente allí; [10] Son sus hembras celestes serafines, Su sol alumbra un cielo de zafir.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
Nuestros sean su oro y sus placeres, Gocemos de ese campo y de ese sol; [15] Son sus soldados menos que mujeres, Sus reyes viles mercaderes son. Vedlos huír para esconder su oro, Vedlos cobardes lágrimas verter.... ¡Hurra! volad: sus cuerpos, su tesoro [20] Huellen nuestros caballos con sus pies.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
Dictará allí nuestro capricho leyes, Nuestras casas alcázares serán, Los cetros y coronas de los reyes [25] Cual juguetes de niños rodarán. ¡Hurra! volad a hartar nuestros deseos; Las más hermosas nos darán su amor, Y no hallarán nuestros semblantes feos, Que siempre brilla hermoso el vencedor. [30]
¡Hurra, Cosacos del desierto....
Desgarraremos la vencida Europa Cual tigres que devoran su ración; En sangre empaparemos nuestra ropa Cual rojo manto de imperial señor. [35] Nuestros nobles caballos relinchando Regias habitaciones morarán; Cien esclavos, sus frentes inclinando, Al mover nuestros ojos temblarán.
¡Hurra, Cosacos del desierto.... [40]
Venid, volad, guerreros del desierto, Como nubes en negra confusión, Todos suelto el bridón, el ojo incierto, Todos atropellándoos en montón. Id, en la espesa niebla confundidos, [45] Cual tromba que arrebata el huracán, Cual témpanos de hielo endurecidos Por entre rocas despeñados van.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
Nuestros padres un tiempo caminaron [50] Hasta llegar a una imperial ciudad; Un sol más puro es fama que encontraron, Y palacios de oro y de cristal. Vadearon el Tibre sus bridones, Yerta a sus pies la tierra enmudeció; [55] Su sueño con fantásticas canciones La fada de los triunfos arrulló.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
¡Qué! ¿No sentís la lanza estremecerse, Hambrienta en vuestras manos de matar? [60] ¿No veis entre la niebla aparecerse Visiones mil que el parabién nos dan? Escudo de esas míseras naciones Era ese muro que abatido fué; La gloria de Polonia y sus blasones [65] En humo y sangre convertidos ved.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
¿Quién en dolor trocó sus alegrías? ¿Quién sus hijos triunfante encadenó? ¿Quién puso fin a sus gloriosos días? [70] ¿Quién en su propia sangre los ahogó? ¡Hurra, Cosacos! ¡Gloria al más valiente! Esos hombres de Europa nos verán. ¡Hurra! nuestros caballos en su frente Hondas sus herraduras marcarán. [75]
¡Hurra, Cosacos del desierto....
A cada bote de la lanza ruda, A cada escape en la abrasada lid, La sangrienta ración de carne cruda Bajo la silla sentiréis hervir. [80] Y allá después en templos suntüosos, Sirviéndonos de mesa algún altar, Nuestra sed calmarán vinos sabrosos, Hartará nuestra hambre blanco pan.
¡Hurra, Cosacos del desierto.... [85]
Y nuestras madres nos verán triunfantes, Y a esa caduca Europa a nuestros pies, Y acudirán de gozo palpitantes, En cada hijo a contemplar un rey. Nuestros hijos sabrán nuestras acciones, [90] Las coronas de Europa heredarán, Y a conquistar también otras regiones El caballo y la lanza aprestarán.
¡Hurra, Cosacos del desierto! ¡Hurra! La Europa os brinda espléndido botín. [95] Sangrienta charca sus campiñas sean, De los grajos su ejército festín.
EL MENDIGO
Mío es el mundo: como el aire libre, Otros trabajan porque coma yo; Todos se ablandan si doliente pido Una limosna por amor de Dios.
El palacio, la cabaña [5] Son mi asilo, Si del ábrego el furor Troncha el roble en la montaña, O que inunda la campaña El torrente asolador. [10]
Y a la hoguera Me hacen lado Los pastores Con amor, Y sin pena [15] Y descuidado De su cena Ceno yo; O en la rica Chimenea, [20] Que recrea Con su olor, Me regalo Codicioso Del banquete [25] Suntüoso Con las sobras De un señor.
Y me digo: el viento brama, Caiga furioso turbión; [30] Que al són que cruje de la seca leña, Libre me duermo sin rencor ni amor.
Mío es el mundo: como el aire libre....
Todos son mis bienhechores, Y por todos [35] A Dios ruego con fervor; De villanos y señores Yo recibo los favores Sin estima y sin amor.
Ni pregunto [40] Quiénes sean, Ni me obligo A agradecer; Que mis rezos Si desean, [45] Dar limosna Es un deber. Y es pecado La riqueza, La pobreza [50] Santidad; Dios a veces Es mendigo, Y al avaro Da castigo, [55] Que le niegue Caridad.
Yo soy pobre y se lastiman Todos al verme plañir, Sin ver son mías sus riquezas todas, [60] Que mina inagotable es el pedir.
Mío es el mundo: como el aire libre....
Mal revuelto y andrajoso, Entre harapos Del lujo sátira soy; [65] Y con mi aspecto asqueroso Me vengo del poderoso, Y adonde va, tras él voy.
Y a la hermosa Que respira [70] Cien perfumes, Gala, amor, La persigo Hasta que mira, Y me gozo [75] Cuando aspira Mi punzante Mal olor. Y las fiestas Y el contento [80] Con mi acento Turbo yo, Y en la bulla Y la alegría Interrumpen [85] La armonía Mis harapos Y mi voz,
Mostrando cuán cerca habitan El gozo y el padecer, [90] Que no hay placer sin lágrimas, ni pena Que no transpire en medio del placer.
Mío es el mundo: como el aire libre....
Y para mí no hay _mañana_, Ni hay _ayer_; [95] Olvido el bien como el mal, Nada me aflije ni afana; Me es igual para mañana Un palacio, un hospital.
Vivo ajeno [100] De memorias, De cuidados Libre estoy; Busquen otros Oro y glorias, [105] Yo no pienso Sino en hoy. Y doquiera Vayan leyes, Quiten reyes, [110] Reyes den; Yo soy pobre, Y al mendigo, Por el miedo Del castigo, [115] Todos hacen Siempre bien.
Y un asilo dondequiera Y un lecho en el hospital Siempre hallaré, y un hoyo donde caiga [120] Mi cuerpo miserable al espirar.
Mío es el mundo: como el aire libre, Otros trabajan porque coma yo; Todos se ablandan, si doliente pido Una limosna por amor de Dios. [125]
SONETO
Fresca, lozana, pura y olorosa, Gala y adorno del pensil florido, Gallarda puesta sobre el ramo erguido, Fragrancia esparce la naciente rosa.
Mas si el ardiente sol lumbre enojosa [5] Vibra del can en llamas encendido, El dulce aroma y el color perdido, Sus hojas lleva el aura presurosa.
Así brilló un momento mi ventura En alas del amor, y hermosa nube [10] Fingí tal vez de gloria y de alegría.
Mas ¡ay! que el bien trocóse en amargura, Y deshojada por los aires sube La dulce flor de la esperanza mía.
A TERESA DESCANSA EN PAZ
Bueno es el mundo, ¡bueno! ¡bueno! ¡bueno! Como de Dios al fin obra maestra, Por todas partes de delicias lleno, De que Dios ama al hombre hermosa muestra; Salga la voz alegre de su seno A celebrar esta vivienda nuestra; ¡Paz a los hombres! ¡gloria en las alturas! ¡Cantad en vuestra jaula, crïaturas! DON MIGUEL DE LOS SANTOS ÁLVAREZ, "María"
¿Por qué volvéis a la memoria mía, Tristes recuerdos del placer perdido, A aumentar la ansiedad y la agonía De este desierto corazón herido? ¡Ay! que de aquellas horas de alegría, [5] Le quedó al corazón sólo un gemido, Y el llanto que al dolor los ojos niegan Lágrimas son de hiel que el alma anegan!
¿Dónde volaron ¡ay! aquellas horas De juventud, de amor y de ventura, [10] Regaladas de músicas sonoras, Adornadas de luz y de hermosura? Imágenes de oro bullidoras, Sus alas de carmín y nieve pura, Al sol de mi esperanza desplegando, [15] Pasaban ¡ay! a mi alredor cantando.
Gorjeaban los dulces ruiseñores, El sol iluminaba mi alegría, El aura susurraba entre las flores, El bosque mansamente respondía, [20] Las fuentes murmuraban sus amores.... ¡Ilusiones que llora el alma mía! ¡Oh! ¡cuán süave resonó en mi oído El bullicio del mundo y su ruïdo!
Mi vida entonces cual guerrera nave [25] Que el puerto deja por la vez primera, Y al soplo de los céfiros süave, Orgullosa despliega su bandera, Y al mar dejando que a sus pies alabe Su triunfo en roncos cantos, va velera [30] Una ola tras otra bramadora Hollando y dividiendo vencedora;
¡Ay! en el mar del mundo, en ansia ardiente De amor volaba, el sol de la mañana Llevaba yo sobre mi tersa frente, [35] Y el alma pura de su dicha ufana. Dentro de ella el amor cual rica fuente, Que entre frescura y arboledas mana, Brotaba entonces abundante río De ilusiones y dulce desvarío. [40]
Yo amaba todo: un noble sentimiento Exaltaba mi ánimo, y sentía En mi pecho un secreto movimiento, De grandes hechos generoso guía: La libertad con su inmortal aliento, [45] Santa diosa, mi espíritu encendía, Contino imaginando en mi fe pura Sueños de gloria al mundo y de ventura:
El puñal de Catón, la adusta frente Del noble Bruto, la constancia fiera [50] Y el arrojo de Scévola valiente, La doctrina de Sócrates severa, La voz atronadora y elocuente Del orador de Atenas, la bandera Contra el tirano macedonio alzando, [55] Y al espantado pueblo arrebatando;
El valor y la fe del caballero, Del trovador el arpa y los cantares, Del gótico castillo el altanero, Antiguo torreón, do sus pesares [60] Cantó tal vez con eco lastimero ¡Ay! arrancada de sus patrios lares, Joven cautiva, al rayo de la luna, Lamentando su ausencia y su fortuna;
El dulce anhelo del amor que aguarda, [65] Tal vez inquieto y con mortal recelo, La forma bella que cruzó gallarda, Allá en la noche entre el medroso velo, La ansiada cita que en llegar se tarda Al impaciente y amoroso anhelo, [70] La mujer y la voz de su dulzura, Que inspira al alma celestial ternura,
A un tiempo mismo en rápida tormenta Mi alma alborotaban de contino, Cual las olas que azota con violenta [75] Cólera, impetüoso torbellino; Soñaba al héroe ya, la plebe atenta En mi voz escuchaba su destino; Ya al caballero, al trovador soñaba, Y de gloria y de amores suspiraba. [80]
Hay una voz secreta, un dulce canto, Que el alma sólo recogida entiende, Un sentimiento misterioso y santo, Que del barro al espíritu desprende, Agreste, vago y solitario encanto, [85] Que en inefable amor el alma enciende, Volando tras la imagen peregrina El corazón de su ilusión divina.
Yo, desterrado en extranjera playa, Con los ojos, extático seguía [90] La nave audaz que argentada raya Volaba al puerto de la patria mía; Yo cuando en Occidente el sol desmaya, Solo y perdido en la arboleda umbría, Oír pensaba el armonioso acento [95] De una mujer, al suspirar del viento.
¡Una mujer! En el templado rayo De la mágica luna se colora, Del sol poniente al lánguido desmayo Lejos entre las nubes se evapora; [100] Sobre las cumbres que florece el mayo Brilla fugaz al despuntar la aurora, Cruza tal vez por entre el bosque umbrío, Juega en las aguas del sereno río.
¡Una mujer! Deslízase en el cielo [105] Allá en la noche desprendida estrella; Si aroma el aire recogió en el suelo, Es el aroma que le presta ella. Blanca es la nube que en callado vuelo Cruza la esfera y que su planta huella, [110] Y en la tarde la mar olas la ofrece De plata y de zafir donde se mece.
Mujer que amor en su ilusión figura, Mujer que nada dice a los sentidos, Ensueño de suavísima ternura, [115] Eco que regaló nuestros oídos; De amor la llama generosa y pura, Los goces dulces del placer cumplidos, Que engalana la rica fantasía, Goces que avaro el corazón ansía; [120]
¡Ay! aquella mujer, tan sólo aquella Tanto delirio a realizar alcanza, Y esa mujer, tan cándida y tan bella, Es mentida ilusión de la esperanza; Es el alma que vívida destella [125] Su luz al mundo cuando en él se lanza, Y el mundo con su magia y galanura Es espejo no más de su hermosura;
Es el amor que al mismo amor adora, El que creó las sílfides y ondinas, [130] La sacra ninfa que bordando mora Debajo de las aguas cristalinas; Es el amor que recordando llora Las arboledas del Edén divinas, Amor de allí arrancado, allí nacido, [135] Que busca en vano aquí su bien perdido.
¡Oh llama santa! ¡celestial anhelo! ¡Sentimiento purísimo! ¡memoria Acaso triste de un perdido cielo, Quizá esperanza de futura gloria! [140] ¡Huyes y dejas llanto y desconsuelo! ¡Oh mujer! que en imagen ilusoria Tan pura, tan feliz, tan placentera, Brindó el amor a mi ilusión primera...!
¡Oh Teresa! ¡Oh dolor! Lágrimas mías, [145] ¡Ah! ¿dónde estáis que no corréis a mares? ¿Por qué, por qué como en mejores días No consoláis vosotras mis pesares? ¡Oh! los que no sabéis las agonías De un corazón, que penas a millares [150] ¡Ay! desgarraron, y que ya no llora, ¡Piedad tened de mi tormento ahora!
¡Oh! ¡dichosos mil veces! sí, dichosos, Los que podéis llorar y ¡ay! sin ventura De mí, que, entre suspiros angustiosos, [155] Ahogar me siento en infernal tortura! Retuércese entre nudos dolorosos Mi corazón, gimiendo de amargura!... También tu corazón, hecho pavesa, ¡Ay! llegó a no llorar, ¡pobre Teresa! [160]
¿Quién pensara jamás, Teresa mía, Que fuera eterno manantial de llanto Tanto inocente amor, tanta alegría, Tantas delicias y delirio tanto? ¿Quién pensara jamás llegase un día, [165] En que, perdido el celestial encanto, Y caída la venda de los ojos, Cuanto diera placer causara enojos?
Aun parece, Teresa, que te veo Aerea como dorada mariposa, [170] Ensueño delicioso del deseo, Sobre tallo gentil temprana rosa, Del amor venturoso devaneo, Angélica, purísima y dichosa, Y oigo tu voz dulcísima, y respiro [175] Tu aliento perfumado en tu suspiro.
Y aun miro aquellos ojos que robaron A los cielos su azul, y las rosadas Tintas sobre la nieve, que envidiaron Las de mayo serenas alboradas; [180] Y aquellas horas dulces que pasaron Tan breves ¡ay! como después lloradas, Horas de confïanza y de delicias, De abandono, y de amor y de caricias.
Que así las horas rápidas pasaban, [185] Y pasaba a la par nuestra ventura; Y nunca nuestras ansias las contaban, Tú embriagada en mi amor, yo en tu hermosura; Las horas ¡ay! huyendo nos miraban, Llanto tal vez vertiendo de ternura, [190] Que nuestro amor y juventud veían, Y temblaban las horas que vendrían.
Y llegaron en fin.... ¡Oh! ¿quién impío ¡Ay! agostó la flor de tu pureza? Tú fuiste un tiempo cristalino río, [195] Manantial de purísima limpieza; Después torrente de color sombrío, Rompiendo entre peñascos y maleza, Y estanque, en fin, de aguas corrompidas, Entre fétido fango detenidas. [200]
¿Cómo caíste despeñado al suelo, Astro de la mañana luminoso? Ángel de luz, ¿quién te arrojó del cielo A este valle de lágrimas odioso? Aun cercaba tu frente el blanco velo [205] Del serafín, y, en ondas fulgoroso, Rayos al mundo tu esplendor vertía, Y otro cielo el amor te prometía.