El Estudiante de Salamanca and Other Selections
Chapter 8
Calado el sombrero y en pie, indiferente [1100] El féretro mira Don Félix pasar, Y al paso pregunta con su aire insolente Los nombres de aquellos que al sepulcro van.
Mas ¡cuál su sorpresa, su asombro cuál fuera, Cuando horrorizado con espanto ve [1105] Que el uno Don Diego de Pastrana era, Y el otro ¡Dios santo! y el otro era él!...
Él mismo, su imagen, su misma figura, Su mismo semblante, que él mismo era en fin; Y duda, y se palpa, y fría pavura [1110] Un punto en sus venas sintió discurrir.
Al fin era hombre, y un punto temblaron Los nervios del hombre, y un punto temió; Mas pronto su antiguo vigor recobraron, Pronto su fiereza volvió al corazón. [1115]
«Lo que es, dijo, por Pastrana, Bien pensado está el entierro; Mas es diligencia vana Enterrarme a mí, y mañana Me he de quejar de este yerro. [1120]
«Diga, señor enlutado, ¿A quién llevan a enterrar?» «--Al estudiante endiablado Don Félix de Montemar,» Respondió el encapuchado. [1125]
«--Mientes, truhán.--No por cierto. --Pues decidme a mí quién soy, Si gustáis, porque no acierto Cómo a un mismo tiempo estoy Aquí vivo y allí muerto. [1130]
«--Yo no os conozco.--Pardiez, Que si me llego a enojar, Tus burlas te haga llorar De tal modo que otra vez Conozcas ya a Montemar. [1135]
«¡Villano!... mas esto es Ilusión de los sentidos, El mundo que anda al revés, Los diablos entretenidos En hacerme dar traspiés. [1140]
«¡El fanfarrón de Don Diego! De sus mentiras reniego, Que cuando muerto cayó, Al infierno se fué luego Contando que me mató.» [1145]
Diciendo así, soltó una carcajada, Y las espaldas con desdén volvió; Se hizo el bigote, requirió la espada, Y a la devota dama se acercó.
«Conque, en fin, ¿dónde vivís? [1150] Que se hace tarde, señora. --Tarde, aun no; de aquí a una hora Lo será.--Verdad decís, Será más tarde que ahora.
«Esa voz con que hacéis miedo [1155] De vos me enamora más. Yo me he echado el alma atrás; Juzgad si me dará un bledo De Dios ni de Satanás.
«--Cada paso que avanzáis [1160] Lo adelantáis a la muerte, Don Félix. ¿Y no tembláis Y el corazón no os advierte Que a la muerte camináis?»
Con eco melancólico y sombrío [1165] Dijo así la mujer, y el sordo acento, Sonando en torno del mancebo impío, Rugió en la voz del proceloso viento.
Las piedras con las piedras se golpearon, Bajo sus pies la tierra retembló, [1170] Las aves de la noche se juntaron, Y sus alas crujir sobre él sintió;
Y en la sombra unos ojos fulgurantes Vió en el aire vagar que espanto inspiran, Siempre sobre él saltándose anhelantes, [1175] Ojos de horror que sin cesar le miran.
Y los vió y no tembló; mano a la espada Puso y la sombra intrépido embistió; Y ni sombra encontró ni encontró nada, Sólo fijos en él los ojos vió. [1180]
Y alzó los suyos impaciente al cielo, Y rechinó los dientes y maldijo, Y, en él creciendo el infernal anhelo, Con voz de enojo blasfemando dijo:
«Seguid, señora, y adelante vamos: [1185] Tanto mejor si sois el diablo mismo, Y Dios y el diablo y yo nos conozcamos, Y acábese por fin tanto embolismo.
«Que de tanto sermón, de farsa tanta, Juro, pardiez, que fatigado estoy; [1190] Nada mi firme voluntad quebranta: Sabed, en fin, que, donde vayáis, voy.
«Un término no más tiene la vida: Término fijo; un paradero el alma: Ahora adelante.» Dijo, y en seguida [1195] Camina en pos con decidida calma.
Y la dama a una puerta se paró, Y era una puerta altísima, y se abrieron Sus hojas en el punto en que llamó, Que a un misterioso impulso obedecieron; [1200] Y tras la dama el estudiante entró; Ni pajes ni doncellas acudieron; Y cruzan a la luz de unas bujías Fantásticas, desiertas galerías.
Y la visión, como engañoso encanto, [1205] Por las losas deslízase sin ruido, Toda encubierta bajo el blanco manto Que barre el suelo en pliegues desprendido; Y por el largo corredor en tanto Sigue adelante, y síguela atrevido, [1210] Y su temeridad raya en locura, Resuelto Montemar a su aventura.
Las luces, como antorchas funerales, Lánguida luz y cárdena esparcían, Y en torno, en movimientos desiguales, [1215] Las sombras se alejaban o venían Arcos aquí ruinosos, sepulcrales, Urnas allí y estatuas se veían, Rotas columnas, patios mal seguros, Yerbosos, tristes, húmedos y oscuros. [1220]
Todo vago, quimérico y sombrío, Edificio sin base ni cimiento, Ondula cual fantástico navío Que anclado mueve borrascoso viento. En un silencio aterrador y frío [1225] Yace allí todo: ni rumor, ni aliento Humano nunca se escuchó: callado, Corre allí el tiempo, en sueño sepultado.
Las muertas horas a las muertas horas Siguen en el reloj de aquella vida, [1230] Sombras de horror girando aterradoras, Que allá aparecen en medrosa huída; Ellas solas y tristes moradoras De aquella negra, funeral guarida, Cual soñada fantástica quimera, [1235] Vienen a ver al que su paz altera.
Y en él enclavan los hundidos ojos Del fondo de la larga galería, Que brillan lejos cual carbones rojos, Y espantaran la misma valentía; [1240] Y muestran en su rostro sus enojos Al ver hollada su mansión sombría; Y ora en grupos delante se aparecen, Ora en la sombra allá se desvanecen.
Grandïosa, satánica figura, [1245] Alta la frente, Montemar camina, Espíritu sublime en su locura, Provocando la cólera divina: Fábrica frágil de materia impura, El alma que la alienta y la ilumina [1250] Con Dios le iguala, y con osado vuelo Se alza a su trono y le provoca a duelo.
Segundo Lucifer que se levanta Del rayo vengador la frente herida, Alma rebelde que el temor no espanta, [1255] Hollada sí, pero jamás vencida: El hombre, en fin, que en su ansiedad quebranta Su límite a la cárcel de la vida, Y a Dios llama ante él a darle cuenta, Y descubrir su inmensidad intenta. [1260]
Y un báquico cantar tarareando, Cruza aquella quimérica morada, Con atrevida indiferencia andando, Mofa en los labios, y la vista osada; Y el rumor que sus pasos van formando, [1265] Y el golpe que al andar le da la espada, Tristes ecos, siguiéndole detrás, Repiten con monótono compás.
Y aquel extraño y único rüido Que de aquella mansión los ecos llena, [1270] En el suelo y los techos repetido, En su profunda soledad resuena; Y espira allá cual funeral gemido Que lanza en su dolor la ánima en pena, Que al fin del corredor largo y oscuro [1275] Salir parece de entre el roto muro.
Y en aquel otro mundo y otra vida, Mundo de sombras, vida que es un sueño, Vida que, con la muerte confundida, Ciñe sus sienes con letal beleño; [1280] Mundo, vaga ilusión descolorida De nuestro mundo y vaporoso ensueño, Son aquel ruido y su locura insana La sola imagen de la vida humana.
Que allá su blanca, misteriosa guía, [1285] De la alma dicha la ilusión parece, Que ora acaricia la esperanza impía, Ora al tocarla ya se desvanece; Blanca, flotante nube que en la umbría Noche en alas del céfiro se mece [1290] Su airosa ropa, desplegada al viento, Semeja en su callado movimiento;
Humo süave de quemado aroma Que al aire en ondas a perderse asciende; Rayo de luna que en la parda loma [1295] Cual un broche su cima al éter prende; Silfa que con el alba envuelta asoma Y al nebuloso azul sus alas tiende, De negras sombras y de luz teñidas, Entre el alba y la noche confundidas. [1300]
Y ágil, veloz, aérea y vaporosa, Que apenas toca con los pies al suelo, Cruza aquella morada tenebrosa La mágica visión del blanco velo: Imagen fiel de la ilusión dichosa [1305] Que acaso el hombre encontrará en el cielo, Pensamiento sin fórmula y sin nombre Que hace rezar y blasfemar al hombre.
Y al fin del largo corredor llegando, Montemar sigue su callada guía, [1310] Y una de mármol negro va bajando De caracol torcida gradería, Larga, estrecha y revuelta, y que girando En torno de él y sin cesar veía Suspendida en el aire y con violento, [1315] Veloz, vertiginoso movimiento.
Y en eterna espiral y en remolino Infinito prolóngase y se extiende, Y el juicio pone en loco desatino A Montemar que en tumbos mil desciende, [1320] Y, envuelto en el violento torbellino, Al aire se imagina, y se desprende, Y sin que el raudo movimiento ceda, Mil vueltas dando, a los abismos rueda;
Y de escalón en escalón cayendo, [1325] Blasfema y jura con lenguaje inmundo, Y su furioso vértigo creciendo, Y despeñado rápido al profundo, Los silbos ya del huracán oyendo, Ya ante él pasando en confusión el mundo, [1330] Ya oyendo gritos, voces y palmadas, Y aplausos y brutales carcajadas,
Llantos y ayes, quejas y gemidos, Mofas, sarcasmos, risas y denuestos; Y en mil grupos acá y allá reunidos, [1335] Viendo debajo de él, sobre él enhiestos, Hombres, mujeres, todos confundidos, Con sandia pena, con alegres gestos, Que con asombro estúpido le miran Y en el perpetuo remolino giran. [1340]
Siente por fin que de repente pára, Y un punto sin sentido se quedó; Mas luego valeroso se repara, Abrió los ojos y de pie se alzó; Y fué el primer objeto en que pensara [1345] La blanca dama, y alredor miró, Y al pie de un triste monumento hallóla Sentada en medio de la estancia, sola.
Era un negro solemne monumento Que en medio de la estancia se elevaba, [1350] Y, a un tiempo a Montemar ¡raro portento! Una tumba y un lecho semejaba: Ya imaginó su loco pensamiento Que abierta aquella tumba le aguardaba; Ya imaginó también que el lecho era [1355] Tálamo blando que al esposo espera.
Y pronto, recobrada su osadía, Y a terminar resuelto su aventura, Al cielo y al infierno desafía Con firme pecho y decisión segura: [1360] A la blanca visión su planta guía, Y a descubrirse el rostro la conjura, Y a sus pies Montemar tomando asiento Así la habló con animoso acento:
«Diablo, mujer o visión, [1365] Que, a juzgar por el camino Que conduce a esta mansión, Eres puro desatino O diabólica invención,
«Siquier de parte de Dios, [1370] Siquier de parte del diablo, ¿Quién nos trajo aquí a los dos? Decidme, en fin, ¿quién sois vos? Y sepa yo con quién hablo:
«Que más que nunca palpita [1375] Resuelto mi corazón, Cuando en tanta confusión, Y en tanto arcano que irrita, Me descubre mi razón
«Que un poder aquí supremo, [1380] Invisible se ha mezclado, Poder que siento y no temo, A llevar determinado Esta aventura al extremo.»
Fúnebre [1385] Llanto De amor Óyese En tanto En son [1390]
Flébil, blando Cual quejido Dolorido Que del alma Se arrancó: [1395] Cual profundo ¡Ay! que exhala Moribundo Corazón.
Música triste [1400] Lánguida y vaga, Que a par lastima Y el alma halaga; Dulce armonía Que inspira al pecho [1405] Melancolía, Como el murmullo De algún recuerdo De antiguo amor, A un tiempo arrullo [1410] Y amarga pena Del corazón.
Mágico embeleso, Cántico ideal, Que en los aires vaga [1415] Y en sonoras ráfagas Aumentado va; Sublime y oscuro, Rumor prodigioso, Sordo acento lúgubre, [1420] Eco sepulcral, Músicas lejanas, De enlutado parche Redoble monótono, Cercano huracán, [1425] Que apenas la copa Del árbol menea Y bramando está; Olas alteradas De la mar bravía [1430] En noche sombría, Los vientos en paz, Y cuyo rugido Se mezcla al gemido Del muro que trémulo [1435] Las siente llegar; Pavoroso estrépito, Infalible présago De la tempestad.
Y, en rápido _crescendo_, [1440] Los lúgubres sonidos Más cerca vanse oyendo Y en ronco rebramar; Cual trueno en las montañas Que retumbando va, [1445] Cual rugen las entrañas De horrísono volcán.
Y algazara y gritería, Crujir de afilados huesos, Rechinamiento de dientes [1450] Y retemblar los cimientos, Y en pavoroso estallido Las losas del pavimento Separando sus junturas Irse poco a poco abriendo, [1455] Siente Montemar; y el ruido Más cerca crece, y a un tiempo Escucha chocarse cráneos, Ya descarnados y secos, Temblar en torno la tierra, [1460] Bramar combatidos vientos, Rugir las airadas olas, Estallar el ronco trueno, Exhalar tristes quejidos Y prorrumpir en lamentos: [1465] Todo en furiosa armonía, Todo en frenético estruendo, Todo en confuso trastorno, Todo mezclado y diverso.
Y luego el estrépito crece [1470] Confuso y mezclado en un són, Que ronco en las bóvedas hondas Tronando furioso zumbó; Y un eco que agudo parece Del ángel del juicio la voz, [1475] En tiple, punzante alarido Medroso y sonoro se alzó; Sintió, removidas las tumbas, Crujir a sus pies con fragor,
Chocar en las piedras los cráneos [1480] Con rabia y ahinco feroz, Romper intentando la losa, Y huir de su eterna mansión, Los muertos, de súbito oyendo El alto mandato de Dios. [1485]
Y de pronto en horrendo estampido Desquiciarse la estancia sintió, Y al tremendo tartáreo ruido Cien espectros alzarse miró:
De sus ojos los huecos fijaron [1490] Y sus dedos enjutos en él; Y después entre sí se miraron, Y a mostrarle tornaron después;
Y, enlazadas las manos siniestras, Con dudoso, espantado ademán [1495] Contemplando, y, tendidas sus diestras, Con asombro al osado mortal,
Se acercaron despacio, y la seca Calavera, mostrando temor, Con inmóvil, irónica mueca [1500] Inclinaron, formando en redor.
Y entonces la visión del blanco velo Al fiero Montemar tendió una mano, Y era su tacto de crispante hielo, Y resistirlo audaz intentó en vano: [1505]
Galvánica, crüel, nerviosa y fría, Histérica y horrible sensación, Toda la sangre coagulada envía Agolpada y helada al corazón....
Y a su despecho y maldiciendo al cielo, [1510] De ella apartó su mano Montemar, Y temerario alzándola a su velo, Tirando de él la descubrió la faz.
_¡Es su esposo!!_ los ecos retumbaron, _¡La esposa al fin que su consorte halló!!_ [1515] Los espectros con júbilo gritaron: _¡Es el esposo de su eterno amor!!_
Y ella entonces gritó: _¡Mi esposo!!_ ¡Y era (¡Desengaño fatal! ¡triste verdad!) Una sórdida, horrible calavera, [1520] La blanca dama del gallardo andar!...
Luego un caballero de espuela dorada, Airoso, aunque el rostro con mortal color, Traspasado el pecho de fiera estocada, Aun brotando sangre de su corazón, [1525]
Se acerca y le dice, su diestra tendida, Que impávido estrecha también Montemar: «--Al fin, la palabra, que disteis, cumplida, Doña Elvira, vedla, vuestra esposa es ya;
«Mi muerte os perdono.--Por cierto, Don Diego, [1530] Repuso Don Félix tranquilo a su vez, Me alegro de veros con tanto sosiego, Que a fe no esperaba volveros a ver.
«En cuanto a ese espectro que decís mi esposa, Raro casamiento venísme a ofrecer: [1535] Su faz no es por cierto ni amable ni hermosa; Mas no se os figure que os quiera ofender.
«Por mujer la tomo, porque es cosa cierta, Y espero no salga fallido mi plan, Que, en caso tan raro y mi esposa muerta, [1540] Tanto como viva no me cansará.
«Mas antes decidme si Dios o el demonio Me trajo a este sitio, que quisiera ver Al uno u al otro, y en mi matrimonio Tener por padrino siquiera a Luzbel: [1545]
«Cualquiera o entrambos con su corte toda, Estando estos nobles espectros aquí, No perdiera mucho viniendo a mi boda.... Hermano Don Diego, ¿no pensáis así?»
Tal dijo Don Félix con fruncido ceño, [1550] En torno arrojando con fiero ademán Miradas audaces de altivo desdeño, Al Dios por quien jura capaz de arrostrar.
El carïado, lívido esqueleto, Los fríos, largos y asquerosos brazos, [1555] Le enreda en tanto en apretados lazos, Y ávido le acaricia en su ansiedad; Y con su boca cavernosa busca La boca a Montemar, y a su mejilla La árida, descarnada y amarilla [1560] Junta y refriega repugnante faz.
Y él, envuelto en sus secas coyunturas, Aun más sus nudos que se aprietan siente, Baña un mar de sudor su ardida frente, Y crece en su impotencia su furor. [1565] Pugna con ansia a desasirse en vano, Y cuanto más airado forcejea, Tanto más se le junta y le desea El rudo espectro que le inspira horror.
Y en furioso, veloz remolino, [1570] Y en aérea fantástica danza, Que la mente del hombre no alcanza En su rápido curso a seguir, Los espectros su ronda empezaron, Cual en círculos raudos el viento [1575] Remolinos de polvo violento Y hojas secas agita sin fin.
Y elevando sus áridas manos, Resonando cual lúgubre eco, Levantóse en su cóncavo hueco [1580] Semejante a un aullido una voz Pavorosa, monótona, informe, Que pronuncia sin lengua su boca, Cual la voz que del áspera roca En los senos el viento formó. [1585]
«Cantemos, dijeron sus gritos, La gloria, el amor de la esposa, Que enlaza en sus brazos dichosa Por siempre al esposo que amó; Su boca a su boca se junte, [1590] Y selle su eterna delicia, Süave, amorosa caricia Y lánguido beso de amor.
«Y en mútuos abrazos unidos, Y en blando y eterno reposo, [1595] La esposa enlazada al esposo, Por siempre descansen en paz; Y en fúnebre luz ilumine Sus bodas fatídica tea, Les brinde deleites, y sea [1600] La tumba su lecho nupcial.»
Mientras, la ronda frenética, Que en raudo giro se agita, Más cada vez precipita Su vértigo sin ceder; [1605] Más cada vez se atropella, Más cada vez se arrebata, Y en círculos se desata Violentos más cada vez;
Y escapa en rueda quimérica; [1610] Y negro punto parece Que en torno se desvanece A la fantástica luz, Y sus lúgubres aullidos Que pavorosos se extienden [1615] Los aires rápidos hienden Más prolongados aún.
Y a tan continuo vértigo, A tan funesto encanto, A tan horrible canto, [1620] A tan tremenda lid, Entre los brazos lúbricos Que aprémianle sujeto Del hórrido esqueleto, Entre caricias mil, [1625]
Jamás vencido el ánimo, Su cuerpo ya rendido Sintió desfallecido Faltarle Montemar; Y a par que más su espíritu [1630] Desmiente su miseria, La flaca, vil materia Comienza a desmayar.
Y siente un confuso, Loco devaneo, [1635] Languidez, mareo Y angustioso afán; Y sombras y luces, La estancia que gira, Y espíritus mira [1640] Que vienen y van.
Y luego a lo lejos, Flébil en su oído, Eco dolorido Lánguido sonó, [1645] Cual la melodía Que el aura amorosa Y el agua armoniosa De noche formó;
Y siente luego [1650] Su pecho ahogado Y desmayado, Turbios sus ojos, Sus graves párpados, Flojos caer; [1655] La frente inclina Sobre su pecho, Y, a su despecho, Siente sus brazos Lánguidos, débiles [1660] Desfallecer.