Doña Perfecta

Chapter 17

Chapter 173,959 wordsPublic domain

[10] --Bien sé lo que digo... Buenos tiempos van a venir--añadió la excelente mujer, forzando más el sonsonete llorón con que hablaba.--¡Dios mío! ¿Qué va a ser de nosotros? ¡Ah! Sólo el corazón de una madre siente estas cosas... Sólo las madres son capaces de sufrir tantas [15] penas por el bienestar de un hijo. Usted, ¿cómo lo ha de comprender? No: una cosa es tener hijos y pasar amarguras por ellos, y otra cosa es cantar el _gori gori_ en la catedral y enseñar latín en el Instituto... Vea usted de qué le vale a mi hijo el ser sobrino de usted y el haber sacado [20] tantas notas de sobresaliente, y ser el primor y la gala de Orbajosa... Se morirá de hambre, porque ya sabemos lo que da la abogacía, o tendrá que pedir a los diputados un destino en la Habana, donde le matará la fiebre amarilla....

--¡Pero mujer!

[25] --No, si no me apuro, si ya callo, si no le molesto a usted más. Soy muy impertinente, muy llorona, muy suspirona, y no se me puede aguantar, porque soy madre cariñosa y miro por el bien de mi amado hijo. Yo me moriré, sí señor, me moriré en silencio y ahogaré mi dolor, me beberé [30] mis lágrimas para no mortificar al señor canónigo... Pero mi idolatrado hijo me comprenderá, y no se tapará los oídos como usted hace en este momento... ¡ay de mí! El pobre Jacinto sabe que me dejaría matar por él, y que le proporcionaría la felicidad a costa de mi vida. ¡Pobrecito niño de mis entrañas! Tener tanto mérito, y vivir condenado 196 a un pasar mediano, a una condición humilde, porque no, señor tío, no se ensoberbezca usted... Por más que echemos humos, siempre será usted el hijo del tío Tinieblas, [5] el sacristán de San Bernardo... y yo no seré nunca más que la hija de Ildefonso Tinieblas, su hermano de usted, el que vendía pucheros, y mi hijo será el nieto de los Tinieblas ... que tenemos un tenebrario en nuestra casta, y nunca saldremos de la obscuridad, ni poseeremos un pedazo [10] de terruño donde decir: "esto es mío," ni trasquilaremos una oveja propia, ni ordeñaremos jamás una cabra propia, ni meteré mis manos hasta el codo en un saco de trigo trillado y aventado en nuestras eras... todo esto a causa de su poco ánimo de usted, de su bobería y corazón amerengado....

[15] --¡Pero... pero mujer!

Subía más de tono el canónigo cada vez que repetía esta frase, y puestas las manos en los oídos, sacudía a un lado y otro la cabeza con doloroso ademán de desesperación. La chillona cantinela de María Remedios era cada vez más [20] aguda, y penetraba en el cerebro del infeliz y ya aturdido clérigo como una saeta. Pero de repente transformóse el rostro de aquella mujer, mudáronse los plañideros sollozos en una voz bronca y dura, palideció su rostro, temblaron sus labios, cerráronse sus puños, cayéronle sobre la frente algunas [25] guedejas del desordenado cabello, secáronse por completo sus ojos al calor de la ira que bramaba en su pecho, levantóse del asiento, y no como una mujer, sino como una harpía, gritó de este modo:

--¡Yo me voy de aquí, yo me voy con mi hijo!... [30] Nos iremos a Madrid; no quiero que mi hijo se pudra en este poblachón. Estoy cansada de ver que mi hijo, al amparo de la sotana, no es ni será nunca nada. ¿Lo oye usted, señor tío? ¡Mi hijo y yo nos vamos! Usted no nos verá nunca más; pero nunca más.

Don Inocencio había cruzado las manos y recibía los furibundos 197 rayos de su sobrina con la consternación de un reo a quien la presencia del verdugo quita ya toda esperanza.

--Por Dios, Remedios--murmuró con voz dolorida,--por [5] la Virgen Santísima....

Aquellas crisis y horribles erupciones del manso carácter de la sobrina eran tan fuertes como raras, y se pasaban a veces cinco o seis años sin que D. Inocencio viera a Remedios convertirse en una furia.

[10] --¡Soy madre!... ¡Soy madre!... y puesto que nadie mira por mi hijo, miraré yo, yo misma--rugió la improvisada leona.

--Por María Santísima, mujer, no te arrebates... Mira que estás pecando... Recemos un Padre nuestro y un [15] Ave María, y verás cómo se te pasa eso.

Diciendo esto, el Penitenciario temblaba y sudaba. ¡Pobre pollo en las garras del buitre! La mujer transformada acabó de estrujarle con estas palabras:

--Usted no sirve para nada; usted es un mandria... [20] Mi hijo y yo nos marcharemos de aquí para siempre, para siempre. Yo le conseguiré una posición a mi hijo, yo le buscaré una buena conveniencia, ¿entiende usted? Así como estoy dispuesta a barrer las calles con la lengua, si de este modo fuera preciso ganarle la comida, así también [25] revolveré la tierra para buscar una posición a mi hijo, para que suba, y sea rico, y personaje, y caballero, y propietario, y señor, y grande, y todo cuanto hay que ser, todo, todo.

--¡Dios me favorezca!--exclamó D. Inocencio dejándose caer en el sillón e inclinando la cabeza sobre el pecho.

[30] Hubo una pausa, durante la cual se oía el agitado resuello de la mujer furiosa.

--Mujer--dijo al fin D. Inocencio,--me has quitado diez años de vida; me has abrasado la sangre; me has vuelto loco... ¡Dios me dé la serenidad que para aguantarte necesito! Señor, paciencia, paciencia es lo que 198 quiero; y tú, sobrina, hazme el favor de llorar y lagrimear y estar suspirando a moco y baba diez años, pues tu maldita maña de los pucheros, que tanto me enfada, es preferible a [5] esas locas iras. Si no supiera que en el fondo eres buena... Vaya, que para haber confesado y recibido a Dios esta mañana, te estás portando.

--Sí, pero es por usted, por usted.

--¿Porque en el asunto de Rosario y de Jacinto te digo [10] "resignación"?

--Porque cuando todo marcha bien, usted se vuelve atrás y permite que el Sr. Rey se apodere de Rosarito.

--¿Y cómo lo voy a evitar? Bien dice la señora que tienes entendimiento de ladrillo. ¿Quieres que salga por [15] ahí con una espada, y en un quítame allá esas pajas haga picadillo a toda la tropa, y después me encare con Rey y le diga: "o usted me deja en paz a la niña o le corto el pescuezo"?

--No, pero cuando aconsejé a la señora que diera un [20] susto a su sobrino, usted se ha opuesto, en vez de aconsejarle lo mismo que yo.

--Tú estás loca con eso del susto.

--Porque "muerto el perro se acabó la rabia."

--Yo no puedo aconsejar eso que llamas susto y que [25] puede ser una cosa tremenda.

--Sí, porque soy una matona, ¿no es verdad, tío?

--Ya sabes que los juegos de manos son juegos de villanos. Además, ¿crees que ese hombre se dejará asustar? ¿Y sus amigos?

[30] --De noche sale solo.

--¿Tú qué sabes?

--Lo sé todo, y no da un paso sin que yo me entere, ¿estamos? La viuda del Cuzco me tiene al tanto de todo.

--Vamos, no me vuelvas loco. ¿Y quién le va a dar ese 199 susto?... Sepámoslo.

--Caballuco.

--¿De modo qué él está dispuesto?...

[5] --No, pero lo estará si usted se lo manda.

--Vamos, mujer, déjame en paz. Yo no puedo mandar tal atrocidad. ¡Un susto! ¿Y qué es eso? ¿Tú le has hablado ya?

--Sí, señor; pero no me ha hecho caso, mejor dicho, se [10] niega a ello. En Orbajosa no hay más que dos personas que puedan decidirle con una simple orden: usted o doña Perfecta.

--Pues que se lo mande la señora si quiere. Jamás aconsejaré que se empleen medios violentos y brutales. [15] ¿Querrás creer que cuando Caballuco y algunos de los suyos estaban tratando de levantarse en armas, no pudieron sacarme una sola palabra incitándoles a derramar sangre? No, eso no... Si doña Perfecta quiere hacerlo....

--Tampoco quiere. Esta tarde he estado hablando con [20] ella dos horas, y dice que predicará la guerra favoreciéndola por todos los medios; pero que no mandará a un hombre que hiera por la espalda a otro. Tendría razón en oponerse si se tratara de cosa mayor... pero no quiero que haya heridas; yo no quiero más que un susto.

[25] --Pues si doña Perfecta no quiere ordenar que se dé sustos al ingeniero, yo tampoco, ¿entiendes? Antes que nada es mi conciencia.

--Bueno--repuso la sobrina.--Dígale usted a Caballuco que me acompañe esta noche... no le diga usted [30] más que eso.

--¿Vas a salir tarde?

--Voy a salir, sí señor. Pues qué, ¿no salí también anoche?

--¿Anoche? No lo supe; si lo hubiera sabido, me hubiera enfadado, sí señora.

--No le diga usted a Caballuco sino lo siguiente: "Querido 200 Ramos, le estimaré mucho que acompañe a mi sobrina a cierta diligencia que tiene que hacer esta noche, y que la defienda si acaso se ve en algún peligro."

[5] --Eso sí lo puedo hacer. Que te acompañe... que te defienda. ¡Ah, picarona! tú quieres engañarme, haciéndome cómplice de alguna majadería.

--Ya... ¿qué cree usted?--dijo irónicamente María Remedios.--Entre Ramos y yo vamos a degollar mucha [10] gente esta noche.

--No bromees. Te repito que no le aconsejaré a Ramos nada que tenga visos de maldad. Me parece que está ahí....

Oyóse ruido en la puerta de la calle. Luego sonó la voz [15] de Caballuco que hablaba con el criado, y poco después el héroe de Orbajosa penetró en la estancia.

--Noticias, vengan noticias, Sr. Ramos--dijo el clérigo.--Vaya, que si no nos da usted alguna esperanza en cambio de la cena y de la hospitalidad... ¿Qué hay en [20] Villahorrenda?

--Alguna cosa--repuso el valentón sentándose con muestras de cansancio.--Pronto verá usted si servimos para algo.

Como todas las personas que tienen importancia o quieren dársela, Caballuco mostraba gran reserva.

[25] --Esta noche, amigo mío, se llevará usted, si quiere, el dinero que me han dado para....

--Buena falta hace... Como lo huelan los de tropa no me dejarán pasar--dijo Ramos riendo brutalmente.

--Calle usted, hombre... Ya sabemos que usted pasa [30] siempre que se le antoja. Pues no faltaba más. Los militares son gente de manga ancha... y si se pusieran pesados, con un par de duros, ¿eh? Vamos, veo que no viene usted mal armado... No le falta más que un cañón de a ocho. Pistolitas, ¿eh?... También navaja.

--Por lo que pueda suceder--dijo Caballuco, sacando 201 el arma del cinto y mostrando su horrible hoja.

--¡Por Dios y la Virgen!--exclamó María Remedios, cerrando los ojos y apartando con miedo el rostro.--Guarde [5] usted ese chisme. Me horrorizo sólo de verlo.

--Si ustedes no lo llevan a mal--dijo Ramos cerrando el arma,--cenaremos.

María Remedios dispuso todo con precipitación, para que el héroe no se impacientase.

[10] --Oiga usted una cosa, Sr. Ramos--dijo D. Inocencio a su huésped cuando se pusieron a cenar.--¿Tiene usted muchas ocupaciones esta noche?

--Algo hay que hacer--repuso el bravo.--Ésta es la última noche que vengo a Orbajosa, la ultima. Tengo que [15] recoger algunos muchachos que quedan por aquí, y vamos a ver cómo sacamos el salitre y el azufre que está en casa de Cirujeda.

--Lo decía--añadió bondadosamente el cura, llenando el plato de su amigo,--porque mi sobrina quiere que la [20] acompañe usted un momento. Tiene que hacer no sé qué diligencia y es algo tarde para ir sola.

--¿Va a casa de doña Perfecta?--preguntó Ramos.--Allí he estado hace un momento; no quise detenerme.

--¿Cómo está la señora?

[25] --Miedosilla. Esta noche he sacado los seis mozos que tenía en la casa.

--Hombre: ¿cree usted que no hacen falta allí?--dijo Remedios con zozobra.

--Más falta hacen en Villahorrenda. Dentro de las [30] casas se pudre la gente valerosa, ¿no es verdad, señor canónigo?

--Señor Ramos, aquella casa no debe estar nunca sola--dijo el Penitenciario.

--Con los criados basta y sobra. ¿Pero usted cree, Sr.

D. Inocencio, que el brigadier se ocupa de asaltar casas 202 ajenas?

--Sí; pero bien sabe usted que ese ingeniero de tres mil docenas de demonios....

[5] --Para eso... en la casa no faltan escobas--manifestó Cristóbal jovialmente.--Si al fin y al cabo no tendrán más remedio que casarlos... Después de lo que ha pasado....

--Señor Ramos--dijo Remedios súbitamente enojada,--se [10] me figura que no entiende usted gran cosa en esto de casar a la gente.

--Dígolo porque esta noche, hace un momento, vi que la señora y la niña estaban haciendo al modo de una reconciliación. Doña Perfecta besuqueaba a Rosarito, y todo era [15] echarse palabrillas tiernas y mimos.

--¡Reconciliación! usted con eso de los armamentos ha perdido la chaveta... Pero en fin, ¿me acompaña usted o no?

--No es a la casa de la señora donde quiere ir--dijo el [20] clérigo,--sino a la posada de la viuda de Cuzco. Estaba diciendo que no se atreve a ir sola, porque teme ser insultada....

--¿Por quién?

--Bien se comprende. Por ese ingeniero de tres mil o [25] cuatro mil docenas de demonios. Anoche mi sobrina le vió allí y le dijo cuatro frescas, por cuya razón no las tiene todas consigo esta noche. El mocito es vengativo y procaz.

--No sé si podré ir...--indicó Caballuco,--como ando ahora escondido, no puedo desafiar al D. José Poquita [30] Cosa. Si yo no estuviera como estoy, con media cara tapada y la otra medio descubierta, ya le había roto treinta veces el espinazo. ¿Pero qué sucede si caigo sobre él? Que me descubro; caen sobre mí los soldados, y adiós Caballuco. En cuanto a darle un golpe a traición, es cosa que no sé hacer, ni está en mi natural, ni la señora lo consiente 203 tampoco. Para solfas con alevosía no sirve Cristóbal Ramos.

--Pero hombre, ¿estamos locos?... ¿qué está usted [5] hablando?--dijo el Penitenciario con innegables muestras de asombro.--Ni por pienso le aconsejo yo a usted que maltrate a ese caballero. Antes me dejaré cortar la lengua que aconsejar una bellaquería. Los malos caerán, es verdad; pero Dios es quien debe fijar el momento, no yo. No [10] se trata tampoco de dar palos. Antes recibiré yo diez docenas de ellos que recomendar a un cristiano la administración de tales medicinas. Sólo digo a usted una cosa (añadió, mirando al bravo por encima de los espejuelos), y es, que como mi sobrina va allá, como es probable, muy [15] probable, ¿no es eso, Remedios?... que tenga que decir algunas palabrejas a ese hombre, recomiendo a usted que no la desampare en caso de que se vea insultada....

--Esta noche tengo que hacer--repuso lacónica y secamente Caballuco.

[20] --Ya lo oyes, Remedios. Deja tu diligencia para mañana.

--Eso sí que no puede ser. Iré sola.

--No, no irás, sobrina mía. Tengamos la fiesta en paz. El Sr. Ramos tiene que hacer y no puede acompañarte. [25] Figúrate que eres injuriada por ese hombre grosero....

--¡Insultada... insultada una señora por ese!...--exclamó Caballuco.--Vamos, no puede ser.

--Si usted no tuviera ocupaciones... ¡bah, bah! ya estaría yo tranquilo.

[30] --Ocupaciones tengo--dijo el Centauro levantándose de la mesa;--pero si es empeño de usted....

Hubo una pausa. El Penitenciario había cerrado los ojos y meditaba.

--Empeño mío es, Sr. Ramos--dijo al fin.

--Pues no hay más que hablar. Iremos, señora doña María. 204

--Ahora, querida sobrina--- dijo D. Inocencio entre serio y jovial,--puesto que hemos concluído de cenar, tráeme la jofaina.

[5] Dirigió a su sobrina una mirada penetrante, y acompañándolas de la acción correspondiente, profirió estas palabras:

--Yo me lavo las manos.

XXVIII

De Pepe Rey a D. Juan Rey

_Orbajosa 12 de Abril_.

"Querido padre: perdóneme usted si por primera vez le desobedezco no saliendo de aquí, ni renunciando a mi propósito. [10] El consejo y ruego de usted son propios de un padre bondadoso y honrado: mi terquedad es propia de un hijo insensato; pero en mí pasa una cosa singular; terquedad y honor se han juntado y confundido de tal modo, que la idea de disuadirme y ceder me causa vergüenza. He [15] cambiado mucho. Yo no conocía estos furores que me abrasan. Antes me reía de toda obra violenta, de las exageraciones de los hombres impetuosos, como de las brutalidades de los malvados. Ya nada de esto me asombra, porque en mí mismo encuentro a todas horas cierta capacidad [20] terrible para la perversidad. A usted puedo hablarle como se habla a solas con Dios y con la conciencia; a usted puedo decirle que soy un miserable, porque es un miserable quien carece de aquella poderosa fuerza moral contra sí mismo, que castiga las pasiones y somete la vida al duro [25] régimen de la conciencia. He carecido de la entereza cristiana que contiene el espíritu del hombre ofendido en un hermoso estado de elevación sobre las ofensas que recibe y los enemigos que se las hacen; he tenido la debilidad de abandonarme a una ira loca, poniéndome al bajo nivel de 205 mis detractores, devolviéndoles golpes iguales a los suyos, y tratando de confundirles por medios aprendidos en su propia indigna escuela. ¡Cuánto siento que no estuviera usted [5] a mi lado para apartarme de este camino! Ya es tarde. Las pasiones no tienen espera. Son impacientes, y piden su presa a gritos y con la convulsión de una espantosa sed moral. He sucumbido. No puedo olvidar lo que tantas veces me ha dicho usted, y es que la ira puede llamarse la [10] peor de las pasiones, porque transformando de improviso nuestro carácter, engendra todas las demás maldades, y a todas les presta su infernal llamarada.

"Pero no ha sido sola la ira, sino un fuerte sentimiento expansivo lo que me ha traído a tal estado, el amor profundo [15] y entrañable que profeso a mi prima, única circunstancia que me absuelve. Y si el amor no, la compasión me habría impulsado a desafiar el furor y las intrigas de su terrible hermana de usted, porque la pobre Rosario, colocada entre su afecto irresistible y su madre, es hoy uno de los seres [20] más desgraciados que existen sobre la tierra. El amor que me tiene y que corresponde al mío, ¿no me da derecho a abrir, como pueda, las puertas de su casa y sacarla de allí, empleando la ley hasta donde la ley alcance, y usando la fuerza desde el punto en que la ley me desampare? Creo [25] que la rigurosísima escrupulosidad moral de usted no dará una respuesta afirmativa a esta proposición; pero yo he dejado de ser aquel carácter metódico y puro, conformado en su conciencia con la exactitud de un tratado. Yo no soy aquel a quien una educación casi perfecta dió pasmosa [30] en sus sentimientos; ahora soy un hombre como irregularidadotro cualquiera; de un solo paso he entrado en el terreno común de lo injusto y de lo malo. Prepárese usted a oír cualquier barbaridad, que será obra mía. Yo cuidaré de notificar a usted las que vaya cometiendo.

"Pero ni la confesión de mis culpas me quitará la 206 responsabilidad de los sucesos graves que han ocurrido y ocurrirán; ni ésta, por mucho que argumente, recaerá toda entera sobre su hermana de usted. La responsabilidad de doña [5] Perfecta es inmensa, seguramente. ¿Cuál será la extensión de la mía? ¡Ah, querido padre! No crea usted nada de lo que oiga respecto a mí, y aténgase tan sólo a lo que yo le revele. Si le dicen que he cometido una villanía deliberada, responda que es mentira. Difícil, muy difícil me es juzgarme [10] a mí mismo en el estado de turbación en que me hallo; pero me atrevo a asegurar que no he producido deliberadamente el escándalo. Bien sabe usted a dónde puede llegar la pasión favorecida en su horrible crecimiento invasor por las circunstancias."

[15] "Lo que más amarga mi vida es haber empleado la ficción, el engaño y bajos disimulos. ¡Yo que era la verdad misma! He perdido mi propia hechura.... Pero, ¿es esto la perversidad mayor en que puede incurrir el alma? ¿Empiezo ahora o acabo? Nada sé. Si Rosario con su [20] mano celeste no me saca de este infierno de mi conciencia, deseo que venga usted a sacarme. Mi prima es un ángel, y padeciendo por mí, me ha enseñado muchas cosas que antes no sabía."

"No extrañe usted la incoherencia de lo que escribo. [25] Diversos sentimientos me inflaman. Me asaltan a ratos ideas dignas verdaderamente de mi alma inmortal; pero a ratos caigo también en un desfallecimiento lamentable, y pienso en los hombres débiles y menguados, cuya bajeza me ha pintado usted con vivos colores para que los aborrezca. [30] Tal como hoy me hallo, estoy dispuesto al mal y al bien. Dios tenga piedad de mí. Ya sé lo que es la oración, una suplica grave y reflexiva, tan personal que no se aviene con fórmulas aprendidas de memoria; una expansión del alma que se atreve a extenderse hasta buscar su origen; lo contrario del remordimiento, que es una contradicción de la 207 misma alma, envolviéndose y ocultándose con la ridicula pretensión de que nadie la vea. Usted me ha enseñado muy buenas cosas; pero ahora estoy en prácticas, como [5] decimos los ingenieros; hago estudios sobre el terreno, y con esto mis conocimientos se ensanchan y fijan.... Se me está figurando ahora que no soy tan malo como yo mismo creo. ¿Será así?"

"Concluyo esta carta a toda prisa. Tengo que enviarla [10] con unos soldados que van hacia la estación de Villahorrenda, porque no hay que fiarse del correo de esta gente."

_14 de Abril_.

"Le divertiría a usted, querido padre, si pudiera hacerle comprender cómo piensa la gente de este poblachón. Ya sabrá usted que casi todo este país se ha levantado en [15] armas. Era cosa prevista, y los políticos se equivocan si creen que es cosa de un par de días. La hostilidad contra nosotros y contra el Gobierno la tienen los orbajosenses en su espíritu, formando parte de él como la fe religiosa. Concretándome a la cuestión particular con mi tía, diré a usted [20] una cosa singular, y es que la pobre señora, que tiene el feudalismo en la médula de los huesos, ha imaginado que yo voy a atacar su casa para robarle su hija, como los señores de la Edad Media atacaban un castillo enemigo para consumar cualquier desafuero. No se ría usted, que es [25] verdad: tales son las ideas de esta gente. Excuso decir a usted que me tiene por un monstruo, por una especie de rey moro herejote; y los militares con quienes he hecho amistad aquí no merecen mejor concepto. En casa de doña Perfecta es cosa corriente que la tropa y yo formamos una [30] coalición diabólica y antireligiosa para quitarle a Orbajosa sus tesoros, su fe y sus muchachas. Me consta que su hermana de usted cree a pie juntillas que yo le voy a tomar 208 por asalto la casa, y no es dudoso que detrás de la puerta habrá alguna barricada."

"Pero no puede ser de otra manera. Aquí tienen las [5] ideas más anticuadas acerca de la sociedad, de la religión, del Estado, de la propiedad. La exaltación religiosa que les impulsa a emplear la fuerza contra el Gobierno, por defender una fe que nadie ha atacado y que ellos no tienen tampoco, despierta en su ánimo resabios feudales, y como [10] resolverían sus cuestiones por la fuerza bruta y a sangre y fuego, degollando a todo el que no piense como ellos, creen que no hay en el mundo quien emplee otros medios."