Chapter 13
No sabemos qué sutiles trazas empleó el ladino militar, [5] maestro en ardides del mundo; pero lo cierto es que a los tres días de alojamiento había logrado hacerse muy simpático en la casa. Agradaba su trato a doña Perfecta, que no podía oír sin emoción sus zalameras alabanzas del buen porte de la casa, de la grandeza, piedad y magnificencia [10] augusta de la señora. Con D. Inocencio estaba a partir un confite. Ni la madre, ni el Penitenciario le estorbaban que hablase a Rosario (a quien se dió libertad después de la ausencia del feroz primo); y con sus cortesanías alambicadas, su hábil lisonja y destreza suma, adquirió en la casa [15] de Polentinos considerable auge y hasta familiaridad. Pero el objeto de todas sus artes era una criada, que tenía por nombre Librada, a quien sedujo (castamente hablando) para que transportase recados y cartitas a Rosario, fingiéndose enamorado de ésta. No resistió la muchacha al [20] soborno, realizado con bonitas palabras y mucho dinero, porque ignoraba la procedencia de las esquelas y el verdadero sentido de tales líos; pues si llegara a entender que todo era una nueva diablura de D. José, aunque éste le gustaba mucho, no hiciera traición a su señora por todo el [25] dinero del mundo.
Estaban un día en la huerta doña Perfecta, D. Inocencio, Jacinto y Pinzón. Hablóse de la tropa y de la misión que traía a Orbajosa, en cuyo tratado el señor Penitenciario halló tema para condenar la tiránica conducta del Gobierno, [30] y, sin saber cómo, nombraron a Pepe Rey.
--Todavía está en la posada--dijo el abogadillo.--Le he visto ayer, y me ha dado memorias para usted, doña Perfecta.
--¿Hase visto mayor insolencia?... ¡Ah! Sr. Pinzón, no extrañe usted que emplee este lenguaje, tratándose de un sobrino carnal... ya sabe usted... aquel caballerito 145 que se aposentaba en el cuarto que usted ocupa.
--¡Sí, ya lo sé! No le trato; pero le conozco de vista y de fama. Es amigo íntimo de nuestro brigadier.
[5] --¿Amigo íntimo del brigadier?
--Sí, señora, del que manda la brigada que ha venido a este país, y que se ha repartido entre diferentes pueblos.
--¿Y dónde está?--preguntó la dama.
--En Orbajosa.
[10] --Creo que se aposenta en casa de Polavieja--indicó Jacinto.
--Su sobrino de usted--continuó Pinzón,--y el brigadier Batalla son íntimos amigos, se quieren entrañablemente, y a todas horas se les ve juntos por las calles del pueblo.
[15] --Pues, amiguito, mala idea formo de ese señor jefe--repuso doña Perfecta.
--Es un... es un infeliz--dijo Pinzón en el tono propio de quien por respeto no se atreve a aplicar una calificación dura.
[20] --Mejorando lo presente, Sr. Pinzón, y haciendo una salvedad honrosísima en honor de usted--afirmó la señora--no puede negarse que en el ejército español hay cada tipo....
--Nuestro brigadier era un excelente militar antes de darse al espiritismo....
[25] --¡Al espiritismo!
--¡Esa secta que llama a los fantasmas y duendes por medio de las patas de las mesas!...--exclamó el canónigo riendo.
--Por curiosidad, sólo por curiosidad--dijo Jacintillo [30] con énfasis,--he encargado a Madrid la obra de Allan Cardec. Bueno es enterarse de todo.
--¿Pero es posible que tales disparates?... ¡Jesús! Dígame usted, Pinzón, ¿mi sobrino también es de esa secta de pie de banco?
--Me parece que él fué quien catequizó a nuestro bravo 146 brigadier Batalla.
--¡Pero, Jesús!
--Eso es; y cuando se le antoje--dijo don Inocencio [5] sin poder contener la risa--hablará con Sócrates, San Pablo, Cervántes y Descartes, como hablo yo ahora con Librada para pedirle un fosforito. ¡Pobre Sr. de Rey! Bien dije yo que aquella cabeza no estaba buena.
--Por lo demás--continuó Pinzón,--nuestro brigadier [10] es un buen militar. Si de algo peca es de excesivamente duro. Toma tan al pie de la letra las órdenes del Gobierno, que si le contrarían mucho aquí, será capaz de no dejar piedra sobre piedra en Orbajosa. Sí, les prevengo a ustedes que estén con cuidado.
[15] --Pero ese monstruo nos va a cortar la cabeza a todos. ¡Ay! Sr. D. Inocencio, estas visitas de la tropa me recuerdan lo que he leído en la vida de los mártires, cuando se presentaba un procónsul romano en un pueblo de cristianos....
[20] --No deja de ser exacta la comparación--dijo el[20] Penitenciario, mirando al militar por encima de las gafas.
--Es un poco triste; pero siendo verdad, debe decirse--manifestó Pinzón con benevolencia.--Ahora, señores míos, están ustedes a merced de nosotros.
[25] --Las autoridades del país--objetó Jacinto,--funcionan aún perfectamente.
--Creo que se equivoca usted--repuso el soldado, cuya fisonomía observaban con profundo interés la señora y el Penitenciario.--Hace una hora ha sido destituído el alcalde [30] de Orbajosa.
--¿Por el gobernador de la provincia?
--El gobernador ha sido sustituído por un delegado del Gobierno que debió llegar esta mañana. Los Ayuntamientos todos cesarán hoy. Así lo ha mandado el ministro, porque temía, no sé con qué motivo, que no prestaban apoyo 147 a la autoridad central.
--Bien, bien estamos--murmuró el canónigo frunciendo el ceño y echando adelante el labio inferior.
[5] Doña Perfecta meditaba.
--También han sido quitados algunos jueces de primera instancia, entre ellos el de Orbajosa.
--¡El juez! ¡Periquito!... ¿Ya no es juez Periquito?--exclamó doña Perfecta con voz y gesto semejantes [10] a los de las personas que tienen la desgracia de ser picadas por una víbora.
--Ya no es juez de Orbajosa el que lo era--dijo Pinzón.--Mañana vendrá el nuevo.
--¡Un desconocido!
[15] --¡Un desconocido!
--Un tunante quizás.... ¡El otro era tan honrado!...--dijo la señora con zozobra.--Jamás le pedí cosa alguna que al punto no me concediera. ¿Sabe usted quién será el alcalde nuevo?
[20] --Dicen que viene un corregidor.
--Vamos, diga usted de una vez que viene el Diluvio, y acabaremos--manifestó el canónigo levantándose.
--¿De modo que estamos a merced del señor brigadier?
--Por algunos días, ni más ni menos. No se enfaden [25] ustedes conmigo. A pesar de mi uniforme, soy enemigo del militarismo; pero nos mandan pegar... y pegamos. No puede haber oficio más canalla que el nuestro.
--Sí que lo es, sí que lo es--dijo la señora, disimulando mal su furor.--Ya que usted lo ha confesado.... Con [30] que ni alcalde ni juez....
--Ni gobernador de la provincia.
--Que nos quiten también al señor obispo y nos manden un monaguillo en su lugar.
--Es lo que falta.... Si aquí les dejan hacerlo-- murmuró D. Inocencio, bajando los ojos,--no se pararán 148 en pelillos.
--Y todo es porque se teme el levantamiento de partidas en Orbajosa--exclamó la señora, cruzando las manos y [5] agitándolas de arriba a bajo, desde la barba a las rodillas. Francamente, Pinzón, no sé cómo no se levantan hasta las piedras. No le deseo mal ninguno a usted; pero lo justo sería que el agua que beben ustedes se les convirtiera en lodo.... ¿Dijo usted que mi sobrino es íntimo amigo del [10] brigadier?
--Tan íntimo que no se separan en todo el día; fueron compañeros de colegio. Batalla le quiere como un hermano y le complace en todo. En su lugar de usted, señora, yo no estaría tranquilo.
[15] --¡Oh! ¡Dios mío! ¡Temo un atropello!...--exclamó ella muy desasosegada.
--Señora--afirmó el canónigo con energía.--Antes que consentir un atropello en esta honrada casa, antes que consentir el menor vejamen hecho a esta nobilísima familia, yo [20] ... mi sobrino... los vecinos todos de Orbajosa....
Don Inocencio no concluyó. Su cólera era tan viva, que se le trababan las palabras en la boca. Dió algunos pasos marciales, y después se volvió a sentar.
--Me parece que no son vanos esos temores--dijo [25] Pinzón.--En caso necesario yo....
--Y yo....--repitió Jacinto.
Doña Perfecta había fijado los ojos en la puerta vidriera del comedor, tras la cual dejóse ver una graciosa figura. Mirándola, parecía que en el semblante de la señora se [30] ennegrecían más las sombrías nubes del temor.
--Rosario, pasa aquí, Rosario--dijo saliendo a su encuentro.--Se me figura que tienes hoy mejor cara y estás más alegre, sí.... ¿No les parece a ustedes que Rosario tiene mejor cara? Si parece otra.
Todos convinieron en que tenía retratada en su semblante 149 la más viva felicidad.
XXI
=Desperta, ferro=
Por aquellos días publicaron los periódicos de Madrid las siguientes noticias:
[5] "No es cierto que en los alrededores de Orbajosa se haya levantado partida alguna. Nos escriben de aquella localidad que el país está tan poco dispuesto a aventuras, que se considera inútil en aquel punto la presencia de la brigada Batalla."
[10] "Dícese que la brigada Batalla saldrá de Orbajosa, porque no hacen falta allí fuerzas del ejército, e irá a Villajuán de Nahara, donde han aparecido algunas partidas."
"Ya es seguro que los Aceros recorren con algunos ginetes el término de Villajuán, próximo al distrito judicial de [15] Orbajosa. El gobernador de la provincia de X... ha telegrafiado al Gobierno diciendo que Francisco Acero entró en las Roquetas, donde cobró un semestre y pidió raciones. Domingo Acero (Faltriquera) vagaba por la sierra del Jubileo, activamente perseguido por la Guardia [20] civil, que le mató un hombre y aprehendió a otro. Bartolomé Acero fué el que quemó el registro civil de Lugarnoble, llevándose en rehenes al alcalde y a dos de los principales propietarios."
"En Orbajosa reina tranquilidad completa, según carta [25] que tenemos a la vista, y allí no piensan más que en trabajar el campo para la próxima cosecha de ajos, que promete ser magnífica. Los distritos inmediatos sí están infestados de partidas; pero la brigada Batalla dará buena cuenta de ellas."
En efecto; Orbajosa estaba tranquila.--Los Aceros, 150 aquella dinastía aguerrida, merecedora, según algunas gentes, de figurar en el _Romancero_, había tomado por su cuenta la provincia cercana; pero la insurrección no cundía en el [5] término de la ciudad episcopal. Creeríase que la cultura moderna había al fin vencido en su lucha con las levantiscas costumbres de la gran behetría, y que ésta saboreaba las delicias de una paz duradera. Y esto es tan cierto, que el mismo Caballuco, una de las figuras más caracterizadas de [10] la rebeldía histórica de Orbajosa, decía claramente a todo el mundo que él no quería _reñir con el Gobierno_ ni _meterse en danzas_ que podían costarle caras.
Dígase lo que se quiera, el arrebatado carácter de Ramos había tomado asiento con los años, enfriándose un poco la [15] fogosidad que con la existencia recibiera de los Caballucos padres y abuelos, la mejor casta de guerreros que ha asolado la tierra. Cuéntase además que por aquellos días el nuevo gobernador de la provincia _celebró una conferencia_ con este importante personaje, _oyendo de sus labios las mayores [20] seguridades_ de contribuir al reposo público y evitar toda ocasión de disturbios. Aseguran fieles testigos que se le veía en amor y compaña con los militares, partiendo un piñón con este o el otro sargento en la taberna, y hasta se dijo que le iban a dar un buen destino en el Ayuntamiento de la capital [25] de la provincia. ¡Oh! cuán difícil es para el historiador, que presume de imparcial, depurar la verdad en esto de las opiniones y pensamientos de los insignes personajes que han llenado el mundo con su nombre! No sabe uno a qué atenerse, y la falta de datos ciertos da origen a lamentables [30] equivocaciones. En presencia de hechos tan culminantes como la jornada de Brumario, como el saco de Roma por Borbón, como la ruina de Jerusalén, ¿qué psicólogo, ni qué historiador podrá determinar los pensamientos que les precedieron o les siguieron en la cabeza de Bonaparte, Carlos V y Tito?--¡Responsabilidad inmensa la nuestra! Para 151 librarnos en parte de ella, refiramos palabras, frases y aun discursos del mismo emperador orbajosense, y de este modo cada cual formará la opinión que le parezca más acertada.
[5] No cabe duda alguna de que Cristóbal Ramos salió, ya anochecido, de su casa, y atravesando por la calle del Condestable, vió tres labriegos que en sendas mulas venían en dirección contraria a la suya, y preguntándoles que a dó caminaban, repusieron que a la casa de la señora doña [10] Perfecta a llevarle varias primicias de frutos de las huertas y algún dinero de las rentas vencidas. Eran el señor Pasolargo, un mozo a quien llamaban Frasquito González, y el tercero, de mediana edad y recia complexión, recibía el nombre de Vejarruco, aunque el suyo verdadero era José [15] Esteban Romero. Volvió atrás Caballuco, solicitado por la buena compañía de aquella gente, con quien tenía franca y antigua amistad, y entró con ellos en casa de la señora. Esto ocurría, según los más verosímiles datos, al anochecer, y dos días después de aquél en que doña Perfecta y Pinzón [20] hablaron lo que en el anterior capítulo ha podido ver quien lo ha leído. Entretúvose el gran Ramos dando a Librada ciertos recados de poca importancia que una vecina confiara a su buena memoria, y cuando entró en el comedor ya los tres labriegos antes mencionados y el señor Licurgo, que [25] asimismo por singular coincidencia estaba presente, habían entablado conversación sobre asuntos de la cosecha y de la casa. La señora tenía un humor endiablado; a todo ponía faltas, y reprendíales ásperamente por la sequía del cielo y la infecundidad de la tierra, fenómenos de que ellos los [30] pobrecitos no tenían culpa. Presenciaba la escena el Sr. Penitenciario. Cuando entró Caballuco, saludóle afectuosamente el buen canónigo, señalándole un asiento a su lado.
--Aquí está el personaje--dijo la señora con desdén.--¡Parece mentira que se hable tanto de un hombre de tan poco valer! Dime, Caballuco, ¿es verdad que te han dado 152 de bofetadas unos soldados esta mañana?
--¡A mí! ¡A mí!--dijo el Centauro levantándose indignado cual si recibiera el más grosero insulto.
[5] --Así lo han dicho--añadió la señora.--¿No es verdad? Yo lo creí, porque quien en tan poco se tiene.... Te escupirán, y tú te creerás honrado con la saliva de los militares.
--¡Señora!--vociferó Ramos con energía.--Salvo el [10] respeto que debo a usted, que es mi madre, más que mi madre, mi señora, mi reina... pues digo que salvo el respeto que debo a la persona que me ha dado todo lo que tengo... salvo el respeto....
--¿Qué?... Parece que vas a decir mucho y no dices [15] nada.
--Pues digo que salvo el respeto, eso de la bofetada es una calumnia--añadió, expresándose con extraordinaria dificultad.--Todos hablan de mí, que si entro o si salgo, que si voy, que si vengo.... Y todo, ¿por qué? Porque [20] quieren tomarme por figurón para que revuelva el país. Bien está Pedro en su casa, señoras y caballeros. ¿Que ha venido la tropa?... malo es; ¿pero qué le vamos a hacer?... ¿Que han quitado al alcalde y al secretario y al juez?... malo es; yo quisiera que se levantaran contra [25] ellos las piedras de Orbajosa; pero di mi palabra al gobernador, y hasta ahora yo....
Rascóse la cabeza, frunció el adusto ceño, y con lengua cada vez más torpe, prosiguió así:
--Yo seré bruto, pesado, ignorante, querencioso, testarudo [30] y todo lo que quieran; pero a caballero no me gana nadie.
--Lástima de Cid Campeador--dijo con el mayor desprecio doña Perfecta.--¿No cree usted, como yo, señor Penitenciario, que en Orbajosa no hay ya un solo hombre que tenga vergüenza?
--Grave opinión es ésa--repuso el capitular, sin mirar 153 a su amiga ni apartar de su barba la mano en que apoyaba el-meditabundo rostro.--Pero se me figura que este vecindario ha aceptado con excesiva sumisión el pesado yugo del [5] militarismo.
Licurgo y los tres labradores reían con toda su alma.
--Cuando los soldados y las autoridades nuevas--dijo la señora,--nos hayan llevado el último real, después de deshonrado el pueblo, enviaremos a Madrid, en una urna de [10] cristal, a todos los valientes de Orbajosa para que los pongan en el Museo o les enseñen por las calles.
--¡Viva la señora!--exclamó con vivo ademán el que llamaban Vejarruco.--Lo que ha dicho es como el oro. No se dirá por mí que no hay valientes, pues no estoy con [15] los Aceros por aquello de que tiene uno tres hijos y mujer y puede suceder cualquier estropicio; que si no....
--¿Pero tú no has dado tu palabra al gobernador?--le preguntó la señora.
--¡Al gobernador!--exclamó el nombrado Frasquito [20] González.--No hay en todo el país tunante que más merezca un tiro. Gobernador y Gobierno, todos son lo mismo. El cura nos predicó el domingo tantas cosas altisonantes sobre las herejías y ofensas a la religión que hacen en Madrid.... ¡Oh! había que oírle.... Al fin dió muchos gritos en el [25] púlpito, diciendo que la religión ya no tenía defensores.
--Aquí está el gran Cristóbal Ramos--dijo la señora, dando fuerte palmada en el hombro del Centauro.--Monta a caballo; se pasea en la plaza y en el camino real, para llamar la atención de los soldados; venle éstos, se espantan [30] de la fiera catadura del héroe y echan todos a correr muertos de miedo.
La señora terminó su frase con una risa exagerada que se hacía más chocante por el profundo silencio de los que la oían. Caballuco estaba pálido.
--Señor Pasolargo--continuó la dama, poniéndose seria,--esta 154 noche, cuando vaya usted a su casa, mándeme acá a su hijo Bartolomé para que se quede aquí. Necesito tener buena gente en casa; y aun así, bien podrá suceder que el [5] mejor día amanezcamos mi hija y yo asesinadas.
--¡Señora!--exclamaron todos.
--¡Señora!--gritó Caballuco levantándose.--¿Eso es broma o qué es?
--Señor Vejarruco, Sr. Pasolargo--continuó la señora, [10] sin mirar al bravo de la localidad;--no estoy segura en mi casa. Ningún vecino de Orbajosa lo está, y menos yo. Vivo con el alma en un hilo. No puedo pegar los ojos en toda la noche.
--Pero ¿quién, quién se atreverá?...
[15] --Vamos--exclamó Licurgo con ardor,--que yo, viejo y enfermo, seré capaz de batirme con todo el ejército español si tocan el pelo de la ropa a la señora....
--Con el Sr. Caballuco--dijo Frasquito González,--basta y sobra.
[20] --¡Oh! no--repuso doña Perfecta con cruel sarcasmo.--No ven ustedes que Ramos ha dado su palabra al Gobernador....
Caballuco volvió a sentarse, y poniendo una pierna sobre otra, cruzó las manos sobre ellas.
[25] --Me basta un cobarde--añadió implacablemente el ama,--con tal que no haya dado palabras. Quizás pase yo por el trance de ver asaltada mi casa, de ver que me arrancan de los brazos a mi querida hija, de verme atropellada e insultada del modo más infame....
[30] No pudo continuar. La voz se ahogó en su garganta y rompió a llorar desconsoladamente.
--¡Señora, por Dios, cálmese usted!... Vamos... no hay motivo todavía....--dijo precipitadamente y con semblante y voz de aflicción suma D. Inocencio.--También es preciso un poquito de resignación para soportar las 155 calamidades que Dios me envía.
--Pero ¿quién... señora? ¿Quién se atreverá a tales vituperios?--preguntó uno de los cuatro.--Orbajosa toda [5] se pondría sobre un pie para defender a la señora.
--Pero ¿quién, quién?--repitieron todos.
--Vaya, no la molesten ustedes con preguntas importunas--dijo con oficiosidad el Penitenciario.--Pueden retirarse.
[10] --No, no, que se queden--manifestó vivamente la señora, secando sus lágrimas.--La compañía de mis buenos servidores es para mí un gran consuelo.
--Maldita sea mi casta--dijo el tío Lucas, dándose un puñetazo en la rodilla,--si todos estos gatuperios no son [15] obra del mismísimo sobrino de la señora.
--¿Del hijo de D. Juan Rey?
--Desde que le vi en la estación de Villahorrenda y me habló con su voz melosilla y sus mimos de hombre cortesano-- manifestó Licurgo,--le tuve por un grandísimo... no [20] quiero acabar por respeto a la señora.... Pero yo le conocí... le señalé desde aquel día, y yo no me equivoco. Sé muy bien, como dijo el otro, que por el hilo se saca el ovillo, por la muestra se conoce el paño, y por la uña el león.
--No se hable mal en mi presencia de ese desdichado [25] joven--dijo la de Polentinos severamente.--Por grandes que sean sus faltas, la caridad nos prohibe hablar de ellas y darles publicidad.
--Pero la caridad--manifestó D. Inocencio con cierta energía,--no nos impide precavernos contra los malos; y [30] de eso se trata. Ya que han decaído tanto los caracteres y el valor en la desdichada Orbajosa; ya que este pueblo parece dispuesto a poner la cara para que escupan en ella cuatro soldados y un cabo, busquemos alguna defensa uniéndonos.
--Yo me defenderé como pueda--dijo con resignación 156 y cruzando las manos doña Perfecta.--¡Hágase la voluntad del Señor!
--Tanto ruido para nada.... ¡Por vida de!... ¡En [5] esta casa son de la piel del miedo!...--exclamó Caballuco, entre serio y festivo.--No parece sino que el tal D. Pepito es una _región_ (léase legión) de demonios. No se asuste usted, señora mía. Mi sobrinillo Juan, que tiene trece años, guardará la casa, y veremos, sobrino por sobrino, [10] quién puede más.
--Ya sabemos todos lo que significan tus guapezas y valentías--replicó la dama.--¡Pobre Ramos, quieres echártela de bravucón cuando ya se ha visto que no vales para nada!
[15] Ramos palideció ligeramente, fijando en la señora una mirada singular en que se confundían el espanto y el respeto.
--Sí, hombre, no me mires así. Ya sabes que no me asusto de fantasmones. ¿Quieres que te hable de una vez con claridad? Pues eres un cobarde.
[20] Ramos, moviéndose como el que tiene por diversas partes de su cuerpo molestas picazones, demostraba gran desasosiego. Su nariz expelía y recogía el aire como la de un caballo. Dentro de aquel corpachón combatía consigo misma por echarse fuera rugiendo y destrozando, una [25] tormenta, una pasión, una barbaridad. Después de modular a medias algunas palabras, mascando otras, levantóse y bramó de esta manera:
--¡Le cortaré la cabeza al Sr. Rey!
--¡Qué desatino! Eres tan bruto como cobarde--dijo [30] palideciendo la señora.--¿Qué hablas ahí de matar, si yo no quiero que maten a nadie, y mucho menos a mi sobrino, persona a quien amo a pesar de sus maldades?
--¡El homicidio! ¡Qué atrocidad!--exclamó el Sr. D. Inocencio escandalizado.--Ese hombre está loco.
--¡Matar!... La idea tan sólo de un homicidio me 157 horroriza, Caballuco--dijo la señora cerrando los dulces ojos.--¡Pobre hombre! Desde que has querido mostrar valentía, has aullado como un lobo carnicero. Vete de [5] aquí, Ramos; me causas espanto.
--¿No dice la señora que tiene miedo? ¿No dice que atropellarán la casa, que robarán a la niña?
--Sí, lo temo.