A First Spanish Reader

Chapter 3

Chapter 34,252 wordsPublic domain

--¡Maravilloso!--exclamó el padre y dirigiéndose a su tercer hijo Enrique, dijo:--¿Qué oficio has aprendido, Enrique?--Soy cazador, pero un cazador sorprendente. Cuando veo a un animal no hago más que decir: '¡Muérete!' y el animal se muere en seguida.

El padre viendo una ardilla le dijo:--Mata aquella ardilla y creeré lo que dices.--Enrique dijo: '¡Muérete!' y la pobre ardilla cayó muerta. Por fin el zapatero preguntó a su hijo menor Felipe:--¿Qué oficio has aprendido tú?--He aprendido a robar,--respondió Felipe;--pero no soy un ladrón ordinario; no hago más que pensar en la cosa que deseo tener, y esta cosa viene por sí mismo a mis manos.

Como el padre quería ver la ardilla muerta por Enrique, dijo al astrólogo:--¿Dónde está la ardilla?--Debajo de aquel árbol,--respondió Ramón. En seguida Felipe, el ladrón, pensó en la ardilla y ésta apareció al instante sobre la mesa.

El viejo zapatero estaba muy contento y orgulloso de las habilidades de sus hijos. Un día los cuatro hermanos supieron que la princesa Eulalia, la única hija del rey, se había perdido. El rey ofreció su reino y la mano de su hija al caballero que pudiese hallarla y traerla al palacio. Los hermanos fueron al palacio, y dijeron al rey que ellos podían hallar a la princesa. El rey muy contento les repitió su promesa.

Durante la noche el astrólogo miró al cielo y vio en una isla lejana a la princesa, a quien un dragón tenía prisionera. Los cuatro hermanos después de un viaje penoso y largo llegaron a la isla. Cuando el ladrón vio a la princesa que se paseaba por la playa, exclamó:

--¡Deseo a la princesa en nuestro barco!--e inmediatamente la princesa estuvo en el barco; pero como el dragón vio esto, con rugido terrible se precipitó sobre el barco. El cazador exclamó al instante: '¡Muérete!' y el dragón cayó muerto en el agua. Al caer el dragón chocó con el barco y casi lo hizo pedazos, y cuando ya se hundía el barco, el zapatero dijo: '¡Remiéndate!' y el barco fue remendado.

Apenas regresaron al reino, empezaron los hermanos a altercar entre sí.

--Yo he hallado a la princesa,--dijo el astrólogo,--por lo tanto debe ser mi esposa.

--De ninguna manera,--respondió el ladrón,--la mano de la princesa es mía, porque yo se la robé al dragón.

--¡Necios!--exclamó el cazador,--yo debo ser el marido de la princesa porque yo maté al dragón,--a lo que el zapatero replicó coléricamente:

--La princesa debe ser esposa mía, porque yo remendé el barco y sin mi ayuda todos Vds. estarían muertos.

Después de mucha discusión, y sin poder arreglar nada, los hermanos decidieron ir a ver al rey a su palacio.

--Señor,--le dijeron,--Vuestra Majestad decida quien de nosotros debe casarse con la princesa.

--Muy bien,--dijo el rey,--la cuestión es muy simple; he prometido la princesa al caballero que la encontrase. Por lo tanto ella debe casarse con el astrólogo. Pero como cada uno de Vds. ayudó a la salvación de ella, cada uno debe recibir la cuarta parte de mi reino.

Los hermanos, muy satisfechos con esta distribución, vivieron felices en sus reinos. Cada vez que nacía un príncipe o una princesa los tres solteros aumentaban los impuestos para comprar magníficos regalos para el recién nacido.

40. ADIVINANZAS. (I)

1. ¿En qué se parece un esqueleto a una comida de viernes? En que le falta la carne.

2. ¿Qué es lo que va de Madrid a Toledo sin moverse? El camino.

3. ¿En qué se parece un gallo a un monte? En la cresta.

4. ¿Por qué en invierno sale tarde el sol? Porque, como hace frío, no le da la gana de madrugar.

5. ¿Por qué es más frío el aire en el invierno que en el verano? Porque en el invierno le cierran las puertas de las casas, y tiene que estarse en la calle.

6. ¿Qué es lo que se nos aparece una vez en un minuto, dos veces en un momento, y nunca en un siglo? La letra M.

7. ¿En qué estado se coge un cordero para matarlo? Vivo.

41. ARGENTINA

Argentina es el país más importante de la América del Sur después del Brasil. Está limitada al este por el Atlántico, al oeste por los Andes, al norte y nordeste por Bolivia, el Paraguay, el Brasil y el Uruguay, al sur por Chile y el Atlántico.

Este país es más grande que todo el territorio de los Estados Unidos al este del río Misisipí. Su población en 1912 era de cerca de 7,470,000 de habitantes y va aumentando rápidamente. Argentina podría sostener 70,000,000 de habitantes con mucha facilidad.

Argentina es una república federal, formada por catorce estados, diez territorios y un distrito federal. El poder ejecutivo está confiado a un presidente quien es elegido por seis años. El Congreso nacional, que consiste en la Cámara de Senadores y la Cámara de Diputados, ejerce el poder legislativo. Las provincias se gobiernan por sí solas.

La mayor parte de la población se compone de descendientes de los antiguos colonos españoles y de los inmigrantes llegados de algunos países de Europa; especialmente de Italia, Alemania, Francia y España. Gran parte de la población vive en las ciudades; la capital, que es Buenos Aires, tiene por sí sola casi la quinta parte de la población total.

La república Argentina tiene recursos agrícolas inmensos, pero en gran parte todavía no están desarrollados. La mayor parte del país es plana, y en esas planicies o pampas cubiertas de pastos se encuentran millones de reses vacunas, caballos, carneros y cabras. La industria principal, por consiguiente, se relaciona con estos animales.

Sus exportaciones principales son trigo, maíz, avena, lana, cueros, pieles de cabra, carne de res en conserva y helada. Vino y azúcar son también cultivados y exportados. El comercio de Argentina en 1913 representó un valor de $877,000,000 que fué mayor que el de China o del Japón.

Cerca de 33,000 kilómetros de caminos de hierro ponen en comunicación la costa con las ciudades del interior y con Chile.

Buenos Aires es la mayor ciudad de la América del Sur y una de las más grandes del mundo. Es el gran puerto de mar de la Argentina. La mitad de su población es europea, y la ciudad está construida a la manera de las grandes ciudades de la América del Norte y de Europa. Tiene avenidas hermosas, paseos bellos, parques magníficos y edificios monumentales, notablemente el capitolio.

Deben también mencionarse los muelles modernos, un teatro magnífico de la ópera, casinos suntuosos y diarios modernos como "La Prensa." Además de ser un centro comercial, es el lugar donde se hallan excelentes institutos de educación.

42. EL BARBERO DE LA CORUÑA

Un día llegó a una fonda de la Coruña un forastero de gran talle, corpulento y fuerte, con centellantes ojos negros y rostro cubierto de larga y espesa barba. Su vestido negro añadía algo de siniestro a su apariencia.

--¡Posadero!--gritó en voz alta,--tengo mucha hambre y me estoy muriendo de sed. Tráigame algo que comer y una botella de vino. ¡Pronto!

El posadero, medio espantado, corrió a la cocina, y pocos minutos después sirvió una buena comida y una botella de vino al extranjero. Este se sentó a la mesa y comió y bebió con tanto gusto que en menos de diez minutos había devorado todo.

Una vez terminada su comida, preguntó al posadero:--- ¿Hay en este pueblo un buen barbero que pueda afeitarme?

--Ciertamente, señor,--contestó el posadero, y llamó al barbero que vivía no lejos de la fonda.

Con su estuche en una mano y el sombrero en la otra, entró el barbero, y haciendo una profunda reverencia preguntó:--¿En qué puedo servir a Vd., señor?

--Aféiteme Vd.,--gritó el forastero con voz de trueno.--Pero le advierto que tengo la piel muy delicada. Si no me corta le daré cinco pesetas, pero si me corta le mataré sin piedad. Ya he matado más de un barbero por esa causa; ¡con que tenga cuidado!--añadió por vía de explicación.

El pobre barbero que se había espantado al oír la aterradora voz de su cliente, ahora temblaba como la hoja de un árbol agitada por el viento otoñal.

El terrible hombre había sacado del bolsillo de su levita un grande y afilado cuchillo y lo había puesto sobre la mesa. Era muy claro que la cosa no era para bromas.

--Perdone Vd., señor,--dijo el barbero con voz trémula,--yo soy viejo y me tiembla la mano un poco, pero voy a enviar a Vd. a mi ayudante, que es joven. Puede Vd. fiarse de su habilidad.

Diciendo esto, salió casi corriendo de la fonda. Cuando estuvo fuera, dando gracias a Dios de haber escapado, decía para sí:--Ese hombre es malo como un demonio; no quiero tener negocios con él. Tengo una esposa y ocho niños y debo pensar en ellos. Es mejor que venga mi ayudante.

A los diez minutos se presentó el ayudante en la fonda.--Mi maestro me ordenó que viniera aquí para...--Sí, su maestro dice que es Vd. un hombre hábil y espero que tenga razón,--le interrumpió el forastero con voz ronca.--Le advierto que tengo la piel muy delicada. Si me afeita sin cortarme le daré cinco pesetas, pero si me corta, le mataré con este cuchillo tan cierto como mi barba es negra.

Al oír esto el ayudante palideció un poco, pero recobrando el ánimo replicó:--Ciertamente, señor, soy muy hábil y tengo una mano muy segura. Tendría mucho gusto en afeitarlo, pero Vd. tiene una barba muy espesa y necesito una navaja muy afilada. Desgraciadamente no tengo ninguna en mi estuche ahora, pero afortunadamente el aprendiz afiló sus navajas esta misma mañana. Le voy hacer venir al instante.

Con esto escapó precipitadamente diciendo para sí:--¡Cáspita! ¡Ese barbón se parece al mismísimo diablo! Lo que es a mí, no me mata. Que vaya el aprendiz, que es joven. Aquí tiene una buena ocasión de aprender algo. Por fin vino el aprendiz. Era un muchacho de unos diez y seis años, con ojos vivos y cara inteligente.

--¡Ola!--gritó el forastero, soltando una carcajada que hizo retemblar las paredes.

--¿Te atreves tú a afeitarme? Pues bien, muchacho. ¡Mira! Aquí tienes esta pieza de oro y este cuchillo. La moneda de oro vale cinco pesetas y será tuya si me afeitas sin cortarme; pero como eso no es muy fácil, porque tengo la piel muy delicada, te advierto que si me cortas te mataré con este cuchillo.

Y miró al pobre aprendiz con unos ojos que parecían salir chispas centellantes.

Mientras tanto, el muchacho reflexionaba de esta manera:--¡Cinco pesetas! Eso es más de lo que gano en seis meses. Con esa suma me puedo comprar un traje nuevo para la feria y, además, un nuevo estuche. Con que me voy a atrever. Si este bruto mueve el rostro y lo corto, ya sé lo que debo hacer.

Con gran calma saca todo lo necesario de su estuche; sienta al forastero en una silla, y sin el menor miedo pero con mucho cuidado termina el muchacho felizmente la operación.

--Aquí tienes tu dinero,--dijo el terrible matasiete.--¡Chispas, niño! tú tienes más valor que tu maestro y su asistente, y a la verdad mereces el oro. Pero dime: ¿no tenías miedo?

--¿Miedo? ¿Por qué? Vd. estaba enteramente en mi poder. Tenía yo las manos y mi más afilada navaja en la garganta de Vd. Supongamos que Vd. se mueve y yo le corto. Vd. intenta asir el cuchillo para matarme. Yo lo impido y con una sola tajada lo deguello. Eso es todo. ¿Entiende Vd. ahora?

Esta vez fue el forastero el que se puso pálido.

43. EL PERRO DEL VENTRÍLOCUO

Entró una vez en una fonda un ventrílocuo acompañado de su hermoso y muy inteligente perro. Se sentó a una mesa, llamó al mozo y dijo:

--Tráigame Vd. un biftec.

Estaba ya al punto de irse el mozo para ejecutar la orden, cuando se detuvo pasmado. Oyó distintamente que dijo el perro:

--Tráigame a mí también un biftec.

Estaba sentado a la misma mesa en frente al ventrílocuo un ricazo que tenía más dinero que inteligencia. Éste dejó caer el tenedor y el cuchillo y miró al perro maravilloso. Mientras tanto había vuelto el mozo. Puso un biftec sobre la mesa delante del dueño, y el otro en el suelo delante del perro. Sin hacer caso del asombro general, hombre y perro comieron con buen apetito. Después dijo el dueño:

--Mozo, tráigame Vd. un vaso de vino.--Y añadió el perro:--Tráigame a mí un vaso de agua.

En esto todos en la sala cesaron de comer, y se pusieron a observar esta escena extraordinaria. Volviéndose al ventrílocuo preguntó el ricazo:

--¿Quiere Vd. vender este perro? Nunca he visto animal tan inteligente.

Pero el amo contestó:

--Este perro no se vende. Es mi mejor amigo, y no podemos vivir el uno sin el otro.

Apenas hubo concluido éste, cuando dijo el perro:

--Es verdad lo que dice mi amo. No quiero que me venda.

Entonces el ricazo sacó la bolsa, y poniendo sobre la mesa un billete de quinientos duros sin decir palabra, dirigió al ventrílocuo una mirada interrogativa.

--A fe mía,--dijo éste,--esto ya es otro cantar. Veo ahora que puede hablar también el dinero. Es de Vd. el perro.

Después de haber concluido la comida el ricazo, muy alegre y ufano, partió con el animal, que al momento de salir pronunció con voz casi ahogada de disgusto y de cólera estas palabras:

--Miserable, me ha vendido Vd. Pero juro por todos los santos, que en toda mi vida no diré otra palabra.

44. EL CANAL DE PANAMÁ

Ni los franceses ni los norteamericanos han sido los primeros en intentar esa grande obra. Ya en tiempo de los Reyes Católicos (1515) se buscó una línea acuática a través del istmo. El emperador Carlos V en 1534 pensaba en hacer este canal. Pero las guerras en Europa distrajeron su atención de los asuntos de América y aquel canal no pasó de ser un proyecto.

Pero el éxito alcanzado con la construcción del canal de Suez hizo pensar de nuevo en la conveniencia de construir un canal desde el océano Atlántico al Pacífico, y en el año 1870 envió el gobierno de los Estados Unidos dos comisiones de ingenieros a reconocer el terreno de los istmos de Darién en Colombia, y de Tehuantepec en Méjico, para determinar cuál de las dos vías presentaba menores dificultades y ofrecía mayores ventajas.

Después de varios estudios y no pocos gastos se abandonó la idea de construir el canal por esos dos istmos. Entonces Fernando de Lesseps y otros ingenieros franceses trazaron el proyecto de un canal por el istmo de Panamá y formaron una compañía por acciones para llevarlo a cabo. Se invirtieron en las obras muchos millones, pero el fracaso era inevitable. Entonces el gobierno de los Estados Unidos compró a los franceses y al gobierno de Panamá la concesión en 250 millones de francos.

El día 4 de Mayo de 1904 se hicieron cargo los ingenieros civiles norteamericanos de las obras del canal. Por fin, el día 10 de octubre de 1913, el Presidente de los Estados Unidos, oprimiendo un botón eléctrico, a una distancia de 3,000 kilómetros, hizo saltar el último obstáculo que quedaba en el canal con una carga de 20 toneladas de dinamita. Entonces las aguas del Atlántico se juntaron con las del Pacífico. El primer buque pasó por el canal el 14 de mayo de 1914. El canal fué inaugurado para el tráfico general el 13 de agosto de 1914.

El canal, que representa un esfuerzo colosal de ingeniería, tiene unos 72 kilómetros de uno a otro extremo. Su anchura es desde la mínima de 90 metros hasta la máxima de 300, y su menor profundidad es de 12.5 metros. Como su parte más elevada está a 25 metros sobre el nivel del mar, para llegar a ella tendrán que remontar los buques tres esclusas por una vertiente y descender otras tantas por la otra vertiente. Un buque de tonelaje regular emplea de diez a doce horas en ir de un océano a otro. El costo de esta obra colosal, incluyendo el dinero pagado a la compañía francesa y a la República de Panamá, es de 330 millones de dólares.

45. PROVERBIOS. (II)

Cuanto sabes no dirás, cuanto ves no juzgarás, si quieres vivir en paz. Cuanto mayor es la subida, tanto mayor es la descendida. Entre padres y hermanos no metas tus manos. En tierra de ciegos el tuerto es rey. En cada tierra su uso, y en cada casa su costumbre. En boca cerrada no entran moscas. En buen día, buenas obras. El viejo en su tierra y el mozo en la ajena, mienten de una misma manera. El tiempo cura al enfermo, que no el ungüento. El que tiene tejado de vidrio, no tire piedras al de su vecino. El mozo perezoso por no dar un paso da ocho. El melón y la mujer, malos son de conocer. El gato escaldado del agua fría huye.

46. EL COMPETIDOR

Un día a eso de las seis de la tarde llegó a una posada un hombre. Se sentó y demandó:

--¿Puedo obtener que comer por mi dinero?

El posadero, hombre muy cortés y oficioso, replicó con una reverencia profunda:

--Sin duda, señor; mande Vd. lo que desee, y contentaré a Vd.--Y a la verdad, no era mala la cena. Mientras comía con mucho gusto, el posadero preguntó al huésped:

--¿Acaso le gustará a Vd. una botella de vino?

--Me conviene si puedo obtener algo bueno por mi dinero,--repuso el hombre. Concluida la cena, sirvió el café el posadero y demandó otra vez:

--¿Sin duda le gustará a Vd. un excelente tabaco?

--A mí me gusta todo, si puedo obtener algo bueno por mi dinero,--fué la contestación. Al fin el posadero presentó la cuenta que ascendió a cinco pesetas. Sin examinarla ni mirarla el hombre entregó al posadero una vieja pieza de cinco centavos. Éste la rechazó preguntando con cólera:

--¿Qué quiere decir esto? Vd. ha ordenado las mejores cosas. Vale tres pesetas la cena, una peseta el vino y otra peseta los tabacos.

--Yo no he mandado nada,--repuso el hombre.--He pedido que comer por mi dinero, y esta pieza es todo el dinero que tengo.

Estaba el posadero para ponerse muy colérico, cuando se le ocurrió una buena idea.

--Amigo,--dijo con una sonrisa muy fina,--ya no hablaremos más de eso. No me pagará Vd. nada. Le presento a Vd. graciosamente la cena, el vino y los tabacos. Además, tome Vd. este billete de diez pesetas, si quiere hacerme un gran favor. Dos calles más arriba está la posada del León de Oro, cuyo amo es mi competidor. Vaya Vd. al León de Oro, y haga la misma calaverada.

Tomó el dinero, se lo metió en el bolsillo y se despidió el huésped. Llegado a la puerta se volvió y dijo con burla mal disimulada:

--Muchas gracias y buenas noches. Pero es su competidor de Vd. quien me ha hecho venir aquí.

47. EL ESTUDIANTE DE SALAMANCA

Un estudiante volvía desde Salamanca para su tierra después de haber concluido su curso. Llevaba poco dinero, y así en todas las posadas ajustaba su bolsa con la huéspeda, para que no se le acabase antes de, concluir su viaje. La economía de que usaba era suma. Sucedió que iba a pasar la noche en una posada donde la huéspeda era mujer de lindo entendimiento, lindo modo y mucho agrado. Ella le preguntó qué quería cenar. Respondió que quería un par de huevos.

--¿Nada más, señor licenciado?--dijo la huéspeda. El estudiante contestó:--Me basta, pues yo ceno poco.

Trajéronle los huevos. Mientras comía, la huéspeda le propuso unas truchas muy buenas que tenía. El estudiante resistía a la tentación.

--Mire Vd., señor licenciado,--dijo ella--que son excelentísimas, porque tienen las cuatro efes.

--¿Qué quiere decir eso, las cuatro efes?

--¿Pues no sabe Vd. que las truchas han de tener las cuatro efes para ser magníficas?

--Nunca he oído tal cosa,--repuso el estudiante--y quisiera saber qué cuatro efes son ésas. ¿Qué significa este enigma?

--Yo se lo diré, señor,--respondió la huéspeda.--Quiere decir, que las truchas más sabrosas son las que tienen las cuatro circunstancias de Frescas, Frías, Fritas y Fragosas.

A esto replicó el estudiante:--Ahora comprendo. Pero, señora, si las truchas no tienen otra efe más, no sirven nada para mí.

--¿Qué otra efe más es ésa?

--Señora, que sean Fiadas; porque en mi bolsa no hay con que pagarlas por ahora.

La agudeza del estudiante agradó tanto a la huéspeda, que no sólo le presentó las truchas graciosamente, sino también le llenó la alforja para lo que le restaba de camino.

48. ADIVINANZAS. (II)

1. ¿Quién es él que sin ceremonia, y con el sombrero calado, se sienta delante del rey, del emperador o del presidente de una república? El cochero.

2. ¿En qué años hablan menos las mujeres? En los comunes, porque tienen un día menos que los bisiestos.

3. ¿Dónde se halla el Gran Turco cuando se pone el sol? A la sombra.

4. ¿En qué se parece un viernes a un martes? En que tiene 24 horas.

5. ¿Qué es lo que ponemos sobre la mesa, partimos por la mitad, y sin embargo no comemos? Una baraja de naipes.

6. ¿En qué se parecen una boca y un molino? En las muelas.

7. ¿En qué se parecen un elector y una pelota? En que aquél vota, y ésta bota.

8. ¿En qué se parece Madrid a un cuchillo? En que tiene corte.

49. CUBA

La república de Cuba, llamada la "perla de las Antillas" es la más fértil y la más hermosa de las Antillas. Esta isla es más grande de lo que generalmente se cree, pues tiene casi tantos kilómetros cuadrados como el estado de Pensilvania.

El suelo de Cuba es fecundísimo. Abundan en sus hermosos bosques maderas ricas y en su suelo se encuentran el hierro, el platino y el asfalto. La gran riqueza de la isla, sin embargo, consiste en las vegas de tabaco, de caña de azúcar, de café y de algodón.

Grandes ingenios de caña de azúcar cubren sus ricos valles donde se encuentran las mejores y más modernas maquinarias para la preparación del azúcar. Los campos de tabaco, situados principalmente en la parte occidental de la isla en la provincia Pinar del Río, producen abundante y rico tabaco del cual se hacen los famosos cigarros de la Habana.

Cuba exporta enormes cantidades de tabaco y de azúcar. Sus exportaciones a los Estados Unidos en 1913 fueron más de $131,000,000; as importaciones de los Estados Unidos fueron cerca de $75,000,000. El valor total del comercio fué cerca de $300,000,000.

Durante muchos años de guerra y revoluciones trataba Cuba de libertarse del dominio español. La última revolución empezó en 1895 y fué terminada con una guerra entre España y los Estados Unidos. Esta guerra terminó en 1898, fecha en que España abandonó todos sus derechos sobre la isla.

La Habana es la capital y el puerto más importante de Cuba. Está situada en una de las más hermosas bahías del mundo. La vista de la bahía es magnífica. El aspecto de la ciudad es también hermoso. La Habana posee edificios hermosos, paseos espléndidos, una universidad y muchas fábricas, principalmente de tabacos. Otros puertos importantes son: Santiago de Cuba, Cienfuegos y Guantánamo.

50. EL TONTO

Vivían en cierto pueblo un labriego y su mujer. Su única fortuna eran su cabana, una vaca y una cabra. El marido, que se llamaba Juan, era muy tonto, tanto que sus vecinos le habían puesto por apodo "El Tonto". Pero María, la esposa, era muy inteligente y a menudo remediaba las tonterías que había hecho su marido.

Una mañana María dijo a Juan:

--Juan, ahora hay feria en la aldea. Vendamos nuestra vaca. Ya es muy vieja, da poca leche y el precio del heno ha subido mucho este año.

Juan después de pensar un poco opinó como su mujer. Se puso su vestido de domingo, tomó su sombrero y se fué al establo para llevar la vaca al mercado.

--Aviva el ojo, Juan, y no te dejes engañar,--dijo la mujer.

--No tengas cuidado, mujer. Tiene que madrugar mucho el que me quiera engañar,--contestó el tonto campesino, que se tenía por muy inteligente.

Juan se fué al establo; pero una vez allí no sabía claramente distinguir cual era la vaca y cual la cabra.

--¡Caramba!--dijo para sí después de cavilar largo rato.--La vaca es más grande que la cabra. Por lo tanto me llevo al animal más grande.

Diciendo esto desató la vaca y se la llevó.

No había andado Juan muchos kilómetros cuando le alcanzaron tres jóvenes, que también iban a la feria. Llevaban estos jóvenes poco dinero, e iban hambrientos y con mucha sed. Cuando vieron al lugareño con su vaca resolvieron darle un chasco. Uno de ellos había de adelantarse y tratar de comprarle la vaca. Poco después el segundo debía hacer lo mismo, y por último el tercero.

--¡Ola, amigo!--saludó el primero.--¿Quiere Vd. vender su cabra? ¿Cuánto vale?